UNA DOBLE MORAL PARA EL TERCER MUNDO 



POTENCIAS OCCIDENTALES SE TOMAN MUNDO ARABE  



Por: Orlando Martínez (*)
Ya son muchas las versiones que circulan por el mundo para justificar lo injustificable: las potencias occidentales y sus organismos de internacionales (OEA-ONU y sus Consejos de DD.HH y de Seguridad), junto a su brazo armado (OTAN) han concluido una nueva etapa en la toma progresa del mundo árabe: la caída de Libia y la ejecución de Muamar el Gadafi. El mismo esquema global fue aplicado antes en Afganistán e Irak.
Primero, se acusa a un país y su gobierno de un “delito” para luego desprestigiarlo mundialmente, bloquearlo económicamente para luego, emitir resoluciones amañadas de los organismos internacionales para justificar la invasión a nombre de la democracia, libertad y del pueblo.
Sin embargo, los resultados son siempre los mismos:
Cientos de miles de civiles muertos y millones de heridos, principalmente mujeres y niños; destruida toda la infraestructura física (acueductos, puentes, viviendas, hospitales, carreteras, edificios públicos y privados). Es decir, todo un país arrasado por millones de toneladas de bombas lanzadas desde la moderna tecnología militar occidental.
Segundo, colocar un gobierno títere y llamar a elecciones “libres” donde no pueden participar quienes apoyaron al gobierno derrocado y quienes se opusieron a la invasión extranjera.
Tercero, controlar la infraestructura petrolera, su producción, comercialización y venta. En el caso de Afganistán, la producción de droga (Opio), su comercialización y venta.
Y cuarto, reconstruir el país con las empresas transnacionales de occidente, principalmente de Inglaterra, Francia, Alemania y Estados Unidos. Es decir, un Negocio Redondo.
Lo único que queda claro es que el Occidente, ante la evidente caída del modelo capitalista, busca superar su crisis estructurar mediante la vía militar para controlar el mundo y prolongar aún más su existencia a costa de los pueblos que tienen otra visión de desarrollo económico, político y social.
América Latina y el Caribe tienen una larga y amarga experiencia en lo referente a la intervención militar abierta o encubierta, como fueron las dictaduras del Cono Sur en las décadas de los 70 y 80. Las invasiones a Centroamérica, en Nicaragua, Panamá y Haití, o lo ocurrido recientemente en Honduras y Ecuador, solo por citar unos casos.
Lo cierto es que, lo que ocurre en Medio Oriente y África, es una demostración de fuerza para el resto del planeta para dejar de manera lapidaria el mensaje de las potencias occidentales para cuando decidan apoderarse de las riquezas: por las buenas o por las malas.
Más allá de toda duda, queda claro que la doble moral de las potencias occidentales les genera sus frutos, ya que utilizan hasta las grandes cadenas de televisión en la guerra mediática y caliente para invadir y apoderarse de los países.
Recordemos lo ocurrido con Libia. Hasta enero de este año, varios presidentes y jefes de Estado de occidente recibieron a Gadafi como amigo, aliado e inversionista. Incluso algunos, como el presidente de Francia visito Libia, o la Secretaria de Estado de los Estados Unidos, la señora Clinton, recibió a uno de los hijos de Gadafi con bombos y platillos.
Mientras esto sucedía, occidente levantó las medidas en contra Gadafi y le pidió a cambio, desmantelar su cohetería antiaérea, ya que no había razón de armarse porque no existía ninguna amenaza contra un amigo (aplausos). Grave error, ya que una vez logrado este objetivo, se lo declaró enemigo ante el mundo y fue invadido desde el aire.
Por tierra, ya se conoce que quienes organizaron la revuelta fueron los servicios de inteligencia de occidente, los que contrataron, armaron y financiaron a miles de mercenarios para invadir Libia. Dichos mercenarios fueron dirigidos por los ex discípulos de CIA, es decir de Al Kaeda.
Esa es la lección para el Tercer Mundo y Latinoamérica: una doble moral que no puede dejarse de considera y peor aún embaucarse en el discurso de liberación que pregona occidente, cuando el objetivo último es apoderarse de las riquezas de los pueblos para salvar sus decadentes economías y someterlos a sus designios políticos.
Por ello, la tarea urgente de América Latina y el Caribe es redoblar los esfuerzos por consolidar la Unidad y construir un frente común que evite la invasión de cualquier país de la región sea cual fuere su signo político. La tarea es ardua pero no imposible.
Las farisea declaraciones de solidaridad con el “pueblo” libio de políticos, empresarios e intelectuales de Occidente solo han servido para poner en evidencia una doble moral y transformarse en cómplices de los crímenes cometidos en medio Oriente y África.
Solo preservando la paz, la justicia social, el pleno respeto a los derechos humanos y soberanía nacional de los países, garantizará una verdadera sociedad más justa y solidaria, donde la vida de las personas será el principio rector del desarrollo.
* Periodista y catedrático