EL DOLO GOLPISTA 



EL DOLO ES VOLUNTAD DE DELINQUIR 



Rodrigo Montalvo
Escritor migrante ecuatoriano en EE.UU.

El dolo es el conocimiento y voluntad de realizar un delito o una conducta punible. Está integrado entonces por dos elementos: un elemento cognitivo: conocimiento de realizar un delito; y un elemento volitivo: voluntad de realizar el mismo.

Subvertir significa: invertir, desestabilizar o destruir lo establecido. El término subversión se relaciona con un trastorno, una revuelta, una destrucción.

Ya en el siglo XIV era usada en inglés con referencia a temas de derecho y en el siglo XV empezó a ser usada con relación a reinados. Este es el origen de su uso moderno, que se refiere a intentos de derrocar estructuras de autoridad, incluyendo al Estado. A este respecto, puede relacionarse a la palabra sedición y no sustituirla, ya que la connotación de ambas palabras es un poco diferente, puesto que sedición sugiere un alzamiento abierto contra la autoridad, mientras que subversión se refiere a las bases de la fe en el statu quo (situación profundamente estancada, cuya enorme inercia hace muy difícil cambiarla), o crear conflictos entre personas.

La actividad subversiva consiste en prestar ayuda o apoyo moral a individuos, grupos u organizaciones que promuevan el derrocamiento de gobiernos por medio de la fuerza y la violencia. Todas las actividades voluntarias que son en detrimento de los intereses del gobierno y no caen en la categoría de traición, sedición, sabotaje o espionaje se consideran subversivas.

Hay que considerar que el dolo se encuentra enmarcado en la escala de la culpabilidad como el elemento más alto de la misma. La culpabilidad tiene tres escalas, de menor a mayor: caso fortuito (no culpa), culpa, y dolo. Según Francesco Carrara el dolo es la intención más o menos perfecta de hacer un acto que se sabe contrario a la ley.

La voluntad criminal constituida por la conciencia de querer y por la conciencia de obrar traducidas en una conducta externa es el dolo que en el Derecho Romano Justiniano se denominaba "dolos", "dolos malus", "propositum". Significaba la intención encaminada al delito con conciencia del hecho criminoso que se iba a cometer. El Derecho canónico expresó el dolo con las palabras "dolos", "voluntas", "sciens", "malitia"; por eso el dolo equivalió a la malicia, astucia. En fin el dolo consiste en la voluntad de cometer un acto sabiendo que es punible.

Si nos remitimos a la democracia efectiva (no aquella meramente formal, perfecta en teoría) que es la que se ha practicado durante los últimos treinta años de aparente Estado de Derecho en Ecuador y casi toda Latinoamérica, nos encontraremos con varios golpes de estado. Para ser precisos y objetivos; en la inestable democracia del Ecuador: tres golpes de estado perpetrados en ocho años (desde 1997 al 2005) que derrocaron los gobiernos de Abdala Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez. El más reciente en Latinoamérica, en contra del presidente Zelaya en Honduras.

Si se pudiera encontrar alguna coincidencia evidente que implique delito entre estas tres defenestraciones de mandatarios ecuatorianos electos mediante procesos democráticos, no será la intención premeditada, al menos en el caso que necesite ser probada ante la ley. Se podría incluso esgrimir que se lo hizo ante el expreso clamor de un pueblo que repentinamente se levantó y salió a protestar cansado del abuso y la corrupción desmedidos.
*Un golpe de Estado (calco del francés coup d'État) es la toma del poder político de un modo repentino y violento, por parte de un grupo de poder, vulnerando la legitimidad institucional establecida en un Estado, es decir, las normas legales de sucesión en el poder vigentes con anterioridad.

Si con el fin de propiciar un levantamiento popular para que culmine en una defenestración, un grupo de ciudadanos se asociara y llevara a cabo (de antemano y de forma expresa y deliberada) la organización, planificación y despliegue de acciones desestabilizadoras en contra de un régimen legalmente constituido, entonces esta actividad expresa se convertiría en subversión y sedición; sedición que implica conductas que puedan ser estimadas por la autoridad legal como motivo de insurrección en contra del orden constitucional establecido, ya sea la exposición de discursos, el desarrollo de organizaciones, la escritura y distribución de textos u otras acciones. Estimación, que basada en el texto de la ley, de ninguna manera implicaría violación a libertades constitucionales o derechos humanos. Puesto que si bien es cierto e irrefutable que los derechos (como la libertad de expresión, por ej.) son inalienables, es la ley quien impone los limites con el fin de precautelar otros derechos igual de importantes e inalienables, como el respeto al orden constituido, a la paz y a la seguridad y el reconocimiento y respeto de los derechos y libertades de los demás, (Art. 29.2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos); para aquellos que tanto ‘defienden’ los derechos universales pero que a la vez con sus acciones y argumentos ( muchas veces falaces e injuriosos) los violan constantemente en contra de los que ellos consideran que se lo merecen. Al respecto el Artículo 12. de la misma Declaración Universal es clarísimo: Nadie
será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.


¿Se están respetando estos derechos fundamentales en el Ecuador, o se los está vulnerando so pretexto de la práctica y defensa de otros? ¿Está implementándose una asociación organizada y planificada, dentro y fuera del Ecuador, que incurriría en un dolo político con el exclusivo fin de tumbar a un régimen elegido por vía democrática y por decisión mayoritaria de los electores ecuatorianos?

¿Adoptaría, en caso de existir ya, esta asociación planificada una figura subversiva? Estas interrogantes deberían estar presentes en cada uno de los ciudadanos ecuatorianos y especialmente en aquellos que apoyamos el respeto a, y la implementación de, la nueva Constitución 2008.

Es evidente que el golpismo que constituyó la maniobra directa de las dictaduras al poder se convirtió en un vicio democrático de las élites partidócratas y sociales.