EL CHE, MEDIO SIGLO DESPUÉS 



HOMENAJE AL CHE EN SANTA CLARA 



por Atilio Borón
Economista y periodista argentino, quien dirigió Clacso.
CUBADEBATE

El Diario del Che en Bolivia, anotación del 26 de Julio de 1967.
“Por la noche di una pequeña charla sobre el significado del 26 de Julio; rebelión contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios.”
“El socialismo económico sin moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación.”
Las dos citas del epígrafe que preceden este trabajo resumen admirablemente el pensamiento del Che. La primera está contenida en su célebre Diario redactado durante la campaña guerrillera en Bolivia. La segunda en una entrevista que le hiciera Jean Daniel en Argelia. Ambas delimitan los contornos de su proyecto político integral, irreductible a las estériles fórmulas del marxismo soviético imperante en aquellos tiempos y a la redefinición en clave economicista de la gigantesca empresa de construir un hombre y una mujer nuevos. Es necesario recordar estos planteamientos en vísperas del quincuagésimo aniversario del asesinato del Che en Bolivia. Las circunstancias del crimen son archiconocidas y no tiene sentido reiterar aquí lo que es por todos sabido. Nomás basta con recordar que caído en combate, el día anterior, las heridas del Che no ponían en riesgo su vida. Pero la orden emanada de la CIA fue terminante: “mátenlo y desaparézcanlo.” Que no haya un santuario donde descansen sus restos y se convierta en un lugar de peregrinación para sus seguidores de todo el mundo. “Que siga la suerte de Patrice Lumumba”, habrán pensado sus asesinos. El asesinato del comunista congoleño fue aún más vil y canallesco que el del Che. A éste lo mataron de un balazo, uno sólo, disparado a quemarropa. Al africano lo acribillaron a balazos, lo enterraron en un lugar secreto y, poco después, dos oficiales de la policía belga, expertos en esta clase de crímenes, exhumaron el cadáver, lo cortaron en trozos y lo sumergieron en ácido sulfúrico para disolver sus restos y eliminar cualquier posibilidad de encontrarlos. La obsesión del imperio y sus aliados, en el caso de Lumumba los británicos y los belgas, era no sólo matar sino hacer olvidar. La misma obcecación perturbaba el sueño de los estadounidenses cuando capturaron al guerrillero heroico. El plan funcionó con el congoleño, pero fracasó por completo con el Che. Aún desaparecido su presencia se tornó cada día más gravitante y el guerrillero heroico se convirtió en un ícono revolucionario mundial, una bandera de todas las luchas en cualquier lugar del planeta. Allí donde un explotado o un oprimido se levanta contra una injusticia la imagen del Che –inmortalizada en aquella fenomenal fotografía captada por Alberto Díaz (Korda)– se convierte de inmediato en el símbolo universal de la lucha, en bandera de combate contra toda forma de opresión. Treinta años después de su asesinato los restos del Che aparecieron en una fosa común en Valle Grande de donde fueron enviados de regreso a Cuba y hoy descansan para siempre en Santa Clara, la ciudad en donde libró y ganó la decisiva batalla que abriría de par en par las puertas para el triunfo de la Revolución Cubana.
Decíamos que los trazos principales de su biografía son de sobra conocidos.[1] Baste con decir que si bien el Che provenía de una familia y un ambiente social progresista, claramente identificado con los republicanos durante la Guerra Civil española y por ello netamente antifascista, su proceso de formación ideológica tuvo un vuelco decisivo con la constatación in situ de la lacerante situación de las clases populares durante sus dos viajes por América Latina en los cuales Bolivia fue una necesaria estación de su odisea continental. Dueño de una curiosidad inagotable y de una inmensa capacidad de trabajo, sus numerosas lecturas fueron dando forma a una cosmovisión revolucionaria que la asumiría íntegramente (y la profundizaría) el resto de su vida.[2]

EL CHE: TEÓRICO DE LA PRÁCTICA, PRÁCTICO DE LA TEORÍA

Cabe preguntarse, en tiempos dominados por el eclecticismo posmoderno y la desilusión con la política y la democracia burguesas, ¿qué es lo que queda del mensaje del Che para las actuales generaciones? Muchas cosas, por supuesto. Por algo sigue siendo fuente de inspiración para los luchadores sociales de todo el mundo. Queda su inquebrantable coherencia, la inescindible unidad entre teoría, pensamiento y práctica que rigió toda su vida; su absoluta convicción de que este mundo es inviable y que sólo una revolución a escala planetaria podrá salvarlo de la némesis que lo lleva a su autodestrucción. Suficiente para comprobar la excepcional actualidad del Che y la vigencia de sus enseñanzas, de sus escritos, sus discursos, su ejemplo.

En esta ocasión quisiera adentrarme un poco más en su legado teórico forjado, como decíamos más arriba, por su práctica política que arranca con sus dos viajes por Latinoamérica donde establece su primer contacto orgánico con el marxismo a través de un médico sanitarista peruano, el doctor Hugo Pesce Pescetto, especialista en el tratamiento de la lepra. Pesce había sido, junto a José Carlos Mariátegui, co-fundador del Partido Socialista Peruano y a la sazón era uno de los máximos dirigentes del Partido Comunista del Perú. El Che lo conoce en su primer viaje cuando arriba a Lima, en Mayo de 1952, y es a partir de ese diálogo que se profundiza su conocimiento del marxismo. Esto lo reconoce el Che quien, años después, al enviarle de obsequio un ejemplar de “La Guerra de Guerrillas.”

Escribe en su dedicatoria lo siguiente:
«Al Doctor Hugo Pesce, que provocara, sin saberlo quizás, un gran cambio en mi actitud frente a la vida y la sociedad, con el entusiasmo aventurero de siempre pero encaminado a fines más armoniosos con la necesidades de América.»
Y firma, “Faternalmente, Che Guevara.”

Su vínculo con Hilda Gadea, peruana radicada por entonces (año 1953) en Guatemala profundiza su familiarización con los clásicos del marxismo. Los dramáticos acontecimientos que tienen lugar en 1954 en ese país: la invasión organizada por la CIA al mando del coronel Castillo Armas y el derrocamiento de Jacobo Arbenz habrían de completar con las duras lecciones de la praxis el proceso formativo del joven médico argentino. La continuación de su viaje hacia Ciudad de México, luego del afortunado encuentro en Guatemala con el “moncadista” cubano Antonio “Ñico” López (que sería quien rebautizaría a Guevara con el “Che” que lo haría célebre) lo pone en contacto primero con Raúl Castro Ruz y luego con su hermano, Fidel. Tal como lo cuenta el mismo Guevara, bastó una noche de conversación con el Comandante para que se convirtiera el médico de los expedicionarios del Granma y sin atisbarlo, iniciara el camino que lo transformaría en el más famoso guerrillero del mundo. En sus propias palabras, según una confesión que le hiciera a Jorge Masetti y que la reprodujera en una carta que enviara a sus padres desde México: “Charlé con Fidel toda una noche. Y al amanecer ya era el médico de la futura expedición”. La admiración que se prodigaban recíprocamente era extraordinaria, y se hizo patente en esa larga conversación de diez horas a mediados de Julio de 1955 en Ciudad de México. El Che percibió rápidamente que Castro era “un hombre extraordinario… Tenía una fe excepcional en que una vez que saliera hacia Cuba, iba a llegar. Que una vez llegado iba a pelear. Y que peleando, iba a ganar. Compartí su optimismo. Había que hacer, que luchar, que concretar. Que dejar de llorar, y pelear”.
En las páginas que siguen echaremos un vistazo a una de las facetas menos conocidas -o, tal vez, la más olvidada- de este personaje extraordinario. Su condición de recreador del pensamiento marxista en clave latinoamericana. Desconocimiento u olvido explicable por la celebridad adquirida como “el guerrillero heroico”, por la productividad de su praxis histórica que, lógicamente, eclipsa todas las demás. Valiente hasta el punto de llegar a la temeridad, como lo reconocería Fidel, y a la vez noble y generoso como pocos con sus vencidos, el Che guerrillero ejerce tal fascinación que desplaza hacia las sombras al fecundo teórico marxista. Este extraño combatiente, este hombre de acción, luchaba con las armas en la mano mientras cargaba en su mochila las poesías de León Felipe y Pablo Neruda. En sus campamentos en la selva boliviana había más de un centenar de libros, muchos de los cuales eran verdaderas joyas del pensamiento social universal. No fue entonces casualidad su capacidad para recibir críticamente algunas de las categorías del marxismo soviético y para someter a implacable crítica la grotesca deformación que éste había sufrido a manos de la Academia de Ciencias de la URSS y sus insoportables manuales de “marxismo-leninismo”.[3] Hay un sugestivo paralelo entre Gramsci y el Che: ambos repudiaron las codificaciones “escolásticas” del marxismo, sean éstas de la Segunda o la Tercera Internacional. Gramsci, burlándose de la interpretación canónica de El Capital instaurada por la Segunda Internacional. Lo hace en su breve escrito a propósito del estallido de la Revolución Rusa, “La revolución contra El Capital”. El Che, haciendo lo propio con los manuales soviéticos que también decretaban la imposibilidad de la revolución en los países atrasados.

Tanto uno como el otro libraron una batalla sin cuartel contra el “economicismo” décadas antes de que algunos intelectuales, arrepentidos de sus pecados juveniles, renacieran como infecundos posmarxistas y “descubrieran” el determinismo economicista que, según ellos, condenaba irremisiblemente la teoría marxista al cementerio de las ideas. Carentes del talento y la audacia intelectual que les sobraban a Gramsci y el Che, se rindieron ante las caricaturas del marxismo y en lugar de repensarlo creativamente arriaron sus banderas, borraron su propia historia y su identidad y optaron por adherir a la ideología del nuevo bloque dominante o, en el mejor de los casos, por un estéril eclecticismo.

Heredero de una noble tradición, de la cual José Carlos Mariátegui fue el gran precursor, el Che concebía al marxismo en sintonía con la Tesis Onceava de Marx: en vez de interpretar el mundo, de lo que se trata es de cambiarlo. Como Lenin, creía que “el marxismo no era un dogma sino una guía para la acción”. Por eso, si la teoría se daba de bruces con la realidad aquélla debía ser meticulosamente revisada. Si el eurocentrismo del marxismo originario no le hacía lugar a la revolución socialista en la periferia había que liberarlo de esos condicionamientos y, sin tirar al niño junto con el agua sucia de la bañera, recrear la teoría para dar cuenta del inédito desafío práctico que no había sido previsto por los padres fundadores. Y si los “manuales” soviéticos postulaban una visión etapista y mecanicista según la cual no podía haber revolución socialista sin que antes hubiera una revolución democrático-burguesa liderada por la burguesía nacional, lo que había que hacer era arrojar esos textos por la borda y repensar todo de nuevo. En esta operación el Che demostró, al igual que los grandes clásicos del pensamiento marxista, que la teoría no es un edificio acabado sino una obra en construcción y, por lo tanto, en permanente revisión y reconstrucción. Demostró también que el abandono de ciertas proposiciones (y sus correlatos político-prácticos) y su reemplazo por otras puede hacerse sin necesariamente menoscabar el argumento central del marxismo; la teoría de la plusvalía como la viga maestra que revela el carácter insanablemente injusto, explotador y predatorio del capitalismo. Y que el proyecto socialista trasciende el marco económico o el productivismo: que de lo que se trata es de crear un hombre y una mujer nuevos, una nueva cultura, una democracia participativa integral, una nueva economía, un internacionalismo concreto y eficaz, basado en la solidaridad efectiva y el altruismo. Todo esto requiere de un sustento material; pero si en este todavía sobreviven los elementos constitutivos del capitalismo el proyecto socialista habrá muerto antes de nacer.

El legado teórico del Che es inmenso y la tarea de recuperarlo está lejos de haber sido realizada. Sus pesimistas apreciaciones sobre la escena internacional de su tiempo, dominada por la doctrina de la “coexistencia pacífica” proclamada por la URSS, fueron proféticas. La “guerra de las galaxias” de Reagan y la ofensiva final de George Bush (padre) terminaron destruyendo a la Unión Soviética y evidenciando el yerro de aquella doctrina; su visión de que no se puede construir el socialismo “con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo” es irrebatible a la luz de la experiencia. Su premonición de que la URSS ya había iniciado el retorno hacia el capitalismo, formulada a mediados de los sesentas, revela el incisivo carácter de su mirada. Además, sus análisis sobre la naturaleza incorregible y brutal del imperialismo fueron corroborados sin solución de continuidad. Así lo prueban las atrocidades perpetradas en Hiroshima y Nagasaki pasando por los horrores perpetrados durante once años en la Guerra de Vietnam, los “bombardeos humanitarios” de Bill Clinton en los Balcanes, el criminal bloqueo primero y la destrucción después de Irak, el posterio saqueo y destrucción de Libia -con linchamiento de Muammar el Gadafi incluido- el brutal ataque a Siria, la “invención” del ISIS y, entre nosotros, su no menos criminal ofensiva lanzada contra la Revolución Cubana desde sus inicios y, posteriormente, contra cuanto gobierno haya tenido la pretensión de luchar por la autodeterminación nacional y la justicia social. La brutal escalada violenta lanzada contra la Revolución Bolivariana en Venezuela es apenas el último eslabón de una siniestra cadena de crímenes. Por esto, y por muchas otras razones, a cincuenta años de su asesinato el Che es nuestro contemporáneo y sigue siendo permanente fuente de inspiración.

CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA DEL CAPITALISMO Y DEL SOCIALISMO

El Che fue un implacable crítico del capitalismo como sistema, y de los diversos proyectos que en Nuestra América trataron de presentarlo con un rostro amable y progresista. En ese sentido sobresalen las reflexiones volcadas en el brillante discurso que pronunciara el 8 de Agosto de 1961 en la Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social de la OEA celebrada en Punta del Este.[4] La reunión había sido impulsada por la Administración Kennedy con dos objetivos: organizar el “cordón sanitario” para aislar a Cuba y lanzar con bombos y platillos la Alianza para el Progreso (ALPRO), como alternativa a los ya inocultables éxitos de la Revolución Cubana. En el tramposo marco de esa conferencia el Che no sólo refutó las calumnias lanzadas por el representante de Washington, Douglas Dillon y sus lenguaraces latinoamericanos, sino que también hizo gala de su notable ironía para dejar en ridículo a quienes proponían como panacea universal para América Latina a la ALPRO, la “mal nacida”, como la fulminara en su obra el inolvidable Gregorio Selser.[5] Anticipándose a una crítica que posteriormente adquiriría generalizada aceptación el Che dirigió sus dardos en contra de los proyectos de desarrollo pergeñados por la tecnocracia internacional del Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial o el FMI, obra de “técnicos muy sesudos” -decía, mientras su rostro se iluminaba con una sarcástica sonrisa- para los cuales mejorar las condiciones sanitarias de la región no solo era un fin en sí mismo sino un requisito previo de cualquier programa de desarrollo. Guevara observó que, en línea con esa premisa, de 120 millones de dólares en préstamos desembolsados por el BID la tercera parte correspondía a acueductos y alcantarillados.

Y añadía que “Me da la impresión de que se está pensando en hacer de la letrina una cosa fundamental. Eso mejora las condiciones sociales del pobre indio, del pobre negro, del pobre individuo que yace en una condición subhumana; ‘vamos a hacerle letrinas y entonces, después que le hagamos letrinas, y después que su educación le haya permitido mantenerla limpia, entonces podrá gozar de los beneficios de la producción.’ Porque es de hacer notar, señores delegados, que el tema de la industrialización no figura en el análisis de los señores técnicos (entre los cuales figuraba con prominencia Felipe Pazos, economista cubano que había buscado “refugio” en Estados Unidos ni bien triunfara la revolución). Para los señores técnicos, planificar es planificar la letrina. Lo demás, ¡quién sabe cuándo se hará!” Y remataba su ironía diciendo que “lamentaré profundamente, en nombre de la delegación cubana, haber perdido los servicios de un técnico tan eficiente como el que dirigió este primer grupo, el doctor Felipe Pazos. Con su inteligencia y su capacidad de trabajo, y nuestra actividad revolucionaria, en dos años Cuba sería el paraíso de la letrina, aun cuando no tuviéramos ni una de las 250 fábricas que estamos empezando a construir, aun cuando no hubiéramos hecho Reforma Agraria.”[6]

Al exponer las falacias de la ALPRO, mismas que con diferentes imágenes hoy sostienen los ideólogos del neoliberalismo y del libre cambio, el Che atacó también la pretensión de los economistas que presentan sus planteamientos políticos como si fueran meras opciones técnicas. La economía y la política, decía, “siempre van juntas. Por eso no puede haber técnicos que hablen de técnicas, cuando está de por medio el destino de los pueblos.” Al insistir en la inherente politicidad de la vida económica el Che subrayaba una verdad que la ideología dominante ha ocultado desde siempre, haciendo que las opciones de política económica que deciden quién gana y quién pierde, quién se empobrece y quién se enriquece, aparezcan como meros resultados de inexorables ecuaciones matemáticas, “objetivas”, incontaminadas por el barro de la política. Si hoy en la Argentina o Brasil, como en Estados Unidos o Europa, crecientes sectores de la población son arrojados al desempleo o por debajo de la línea de la pobreza mientras que la rentabilidad de las grandes empresas y los salarios de sus máximos ejecutivos se miden en millones de dólares esto no puede ser adjudicado a ningún factor político sino que es el gélido corolario de un juicio estrictamente técnico. Si el ajuste neoliberal empobrece a los pobres y enriquece a los ricos no es porque se haya tomado una decisión política en contra de los primeros sino porque así lo dicta un argumento técnico, optimizador de los equilibrios macroeconómicos requeridos para el crecimiento de la economía. Sólo un espíritu estrecho podría pensar que una tal decisión refleja las prioridades de una clase dominante interesada en promover ese resultado y para la cual es preferible salvar a los bancos antes que salvar a los pobres. Guevara destruyó implacablemente estos argumentos, predecesores de los actuales que hoy resurgen con fuerza en la Argentina de Mauricio Macri y en el Brasil de Michel Temer en donde las ideas que el Che combatió con enjundia en Punta del Este reviven bajo nuevos ropajes pero con las mismas intenciones.

Pero más allá de su crítica a estos proyectos ensayados en Nuestra América el Che sometió al escalpelo de su incisiva inteligencia la burda codificación de la teoría económica de Marx realizada por la Academia de Ciencias de la Unión Soviética y que se plasmó en un “Manual” que, como observara el economista cubano Osvaldo Martínez, se convirtió en los años sesenta en una especie de “Biblia económica” que en la práctica, sustituía a El Capital . Ese “ladrillo soviético” planteaba lo que según sus autores era nada menos que la economía política de la transición al socialismo y perfilaba, en grandes rasgos, los contornos del socialismo desarrollado.[7] Huelga decir que dicho texto no era otra cosa que la exaltación del proceso único e irrepetible seguido por la experiencia de la Unión Soviética durante el estalinismo, elevado a la categoría de “modelo” de ineludible implementación por todos los países que iniciaran el escabroso sendero de la revolución socialista. El Che se impuso la tarea de examinar los problemas, falencias y desviaciones de la experiencia soviética –que pasaban inadvertidos para la mayoría de los observadores y militantes- con el “mayor rigor científico posible” y con “la máxima honestidad”. Agregaríamos que, también, con la máxima discreción. Sus críticas a la Unión Soviética, sobre todo a su modelo económico y a la teoría de la “coexistencia pacífica”, eran bien conocidas y compartidas in pectore por Fidel y buena parte de la dirigencia del Partido. Pero Fidel, en cuanto Jefe de Estado, no podía decir lo que, una vez desvinculado de sus cargos formales en Cuba –en el Partido, en las fuerzas armadas revolucionarias, en el aparato estatal- el Che podía ya decir sin impedimentos. La Cuba bloqueada y agredida, sometida a atentados permanentes y a una ofensiva diplomática, política y mediática brutal tenía demasiados enemigos y no podía darse el lujo de criticar abiertamente a los pocos amigos con los que contaba en este mundo. La URSS lo era, más por razones de conveniencia geopolítica para Moscú que por una genuina identificación con la Revolución Cubana, y hubiera sido un gesto de enorme irresponsabilidad que Fidel, como Jefe de Estado, diera a conocer públicamente su concordancia con las críticas del Che.[8]

Es preciso reconocer la coherencia de la actitud del Che y la responsabilidad con que manejó sus críticas porque para ese entonces la URSS era la aliada estratégica –casi diríamos que única- de Cuba y lo último que quería era deteriorar con sus críticas las relaciones de cooperación económica que existía entre ambos países.[9] Además, tampoco quería llevar agua al molino del imperialismo con sus críticas al modelo soviético, a diferencia de tantos “izquierdistas de cafetín”, como dice Álvaro García Linera, que en su afán de criticar los procesos emancipatorios en curso en América Latina no dudan un instante en asumir como propias las críticas del imperialismo a aquellas experiencias. Un ejemplo: la absoluta irresponsabilidad con que “infantoizquierdistas” como los trotskistas, autonomistas y anarquistas cantan a coro que “Maduro es una dictadura”, para beneplácito de “la embajada” y la prensa canalla de Argentina y toda América Latina.

Con certera mirada el Che dice algo que es válido, según mi parecer, al día de hoy, a saber: que “la investigación marxista en el campo de la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente.”[10] En línea con esta capacidad de análisis el Che pronostica, precozmente, “que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP) han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa… (por lo cual) se está regresando al capitalismo”. Tal como ocurriera en otros ámbitos de la vida social y política de la URSS lo que al principio surgió como una imperiosa necesidad, la NEP, poco después se convirtió en virtud y en modelo a emular. Como observa con razón Osvaldo Martínez, de la reflexión guevariana “se desprende la falsedad del mito manualesco sobre la irreversibilidad del socialismo una vez establecido, y la suprema lección de que es en la conciencia y no en el estímulo material de los humanos donde el socialismo puede hacerse irreversible, si esa conciencia se educa y se alimenta con valores de solidaridad.” Tal como él lo estableciera en numerosas ocasiones, la divulgación de esta cosmovisión socialista choca contra cinco siglos en los cuales el capitalismo socializó a la población en sus propios valores individualistas, egoístas, consumistas, y cambiar esa conciencia no es tarea sencilla. “El capitalismo recurre a la fuerza” -dice el Che- pero además educa a la gente en el sistema” ¡y lo viene haciendo desde hace quinientos años!

Producto del economicismo que inficionaba al modelo soviético esa tarea refundacional en materia educativa y cultural, esa “batalla de ideas”, no se pudo hacer en la URSS y, más cercana a nuestra experiencia, tampoco se llevó a cabo en las experiencias emancipatorias o “progresistas” de América Latina a partir de finales del siglo pasado. Frei Betto lo sintetizó magistralmente cuando dijo que por más que aquellas hubieran obtenido significativos logros en la reducción de la pobreza y en otras materias –derechos humanos, democratización de los medios de comunicación, igualdad de género, etcétera- se fracasó en la tarea de crear una nueva cultura y construir ciudadanos. Lo que se construyó fueron consumistas, y ese es uno de los talones de Aquiles de todos estos procesos, sin excepción. Consumistas que, en el plano político, se fueron inclinando progresivamente hacia la derecha en las recientes elecciones. Porque, la historia lo enseña una y otra vez, la otra cara de la ideología del consumismo es el conservadurismo político.
El imperialismo y las contradicciones del sistema internacional

Medio siglo después, los análisis del Che lo pintan como un personaje dotado de una clarividencia fuera de lo común. Imposible enumerar en estas pocas líneas tanta sabiduría condensada. En su “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental” el Che realiza un par de significativos aportes para la comprensión del mundo actual. [11] Entre otras brillantes iluminaciones esa que sostiene que en Nuestra América la sumisión de las clases dominantes a los dictados del imperialismo nos impide hablar de “burguesías nacionales”. En Latinoamérica, esas clases carecen por completo de capacidad (o voluntad) de oponerse a los designios de Estados Unidos y están resignadas a funcionar como “su furgón de cola” de los imperialistas. Por eso propone hablar más bien de “burguesías autóctonas” porque eso de “nacionales” les queda grande y no se ajusta a su insignificante capacidad de librar una lucha por la autodeterminación nacional.

Según su análisis “América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobiernos títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden imponerse a las órdenes del amo yanqui.” Es obvio que medio siglo más tarde esta caracterización debería matizarse porque otros capitales –europeos, chinos, japoneses, coreanos, canadienses, etcétera- han penetrado en algunos casos muy profundamente en las economías de la región. Pero pocas dudas caben de que la voz cantante la llevan los norteamericanos, y esto por una simple razón: porque cuentan detrás suyo con el respaldo del único “gendarme mundial” del capitalismo. Tal como lo demuestran Leo Panitch y Sam Gindin en numerosos trabajos, en el complejo entramado del condominio imperialista global hay un “primus inter pares” y este es precisamente Estados Unidos.[12] Su formidable capacidad militar (aproximadamente la mitad del total del gasto bélico mundial), sus mil y tantas bases militares establecidas en todos los rincones del planeta, sus múltiples instituciones “interamericanas” de carácter militar, político, económico o cultural que amarran con fuerza a los países de la región le otorgan un peso decisivo, sobre todo en Latinoamérica que, a ojos de Fidel y el Che, constituye la reserva estratégica del imperio.

Y es por eso que en esta parte del mundo el Che no ve demasiadas alternativas. En sus propias palabras: “No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución.” El paso del tiempo permite apreciar con más elementos esta disyuntiva radical del guerrillero heroico. Por cierto que no hubo ninguna revolución socialista después de la cubana. Pero sería injusto caracterizar a los acontecimientos en curso en Venezuela, Bolivia y Ecuador como meras “caricaturas de revolución”. Son procesos que bregan contra un conjunto de fuerzas retardatarias de enorme poder, desde las oligarquías locales, las burguesías “autóctonas”, la canalla mediática que envenena el alma de nuestros pueblos y, por supuesto, detrás de todo ello, “la embajada” que trabaja incansablemente para desbarrancar esos procesos. El voluntarismo se estrella contra la dura realidad de una formidable constelación de fuerzas conservadoras que libran batalla en todos los frentes. A diferencia del caso cubano, donde el triunfo militar y político de la Revolución produjo el desplome del estado burgués, en los procesos en curso en Venezuela, Bolivia y Ecuador las fuerzas dirigentes tropiezan contra aquella muralla defensora del orden, inexistente cuando Fidel, el Che, Raúl y Camilo entraron a La Habana. Cuando lo hicieron el Ejército estaba derrotado y sus jefes habían huido al exterior, lo mismo que buena parte de los miembros del Poder Judicial, los grandes empresarios, la prensa reaccionaria, la clase política tradicional y, en general, la clase dominante en su conjunto. A medida que el Movimiento 26 de Julio avanzaba sobre La Habana los bastiones del viejo orden se derrumbaban, dispersaban y buscaban refugio en Miami; en el caso de los procesos que arrancan con el triunfo de Chávez en 1998 los enemigos de la revolución se atrincheraron y dispusieron a dar batalla, cosa que siguen haciendo hasta el día de hoy. Por eso sería injusto caracterizar a estos procesos como “caricaturas de revolución”, pues tuvieron que vérselas con una resistencia interna que en Cuba no existió, aunque luego vendría “desde afuera” una vez que el imperialismo reagrupara los fragmentos dispersos del viejo bloque neocolonial e intentara recapturar Cuba apelando al terrorismo, la guerra, las sanciones económicas y el bloqueo. Por otra parte, la revolución jamás estuvo en la agenda de las fuerzas dirigentes de procesos como los que se vivieron en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. En estos casos el objetivo era la inverosímil construcción de “un capitalismo serio”, supuestamente amigable con la equidad social que, como era de esperar, jamás llegó a consumarse.

Como decíamos más arriba, en este y otros escritos el Che fue muy crítico de la política de “coexistencia pacífica” propuesta por la Unión Soviética, a la que condenó duramente. En el trasfondo de esta actitud se encontraba la heroica lucha del pueblo de Vietnam que, según Guevara, se debatía en una “trágica soledad” en su lucha contra la mayor superpotencia de la historia. Hay una frase que sintetiza magistralmente su pensamiento: “La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o la victoria.” Y los efectos perniciosos de la “coexistencia pacífica” se hacen sentir cuando la agresión del imperialismo no encuentra una solidaridad efectiva en otros países presuntamente socialistas que, “en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista.” Culpabilidad que principalmente les cabe a la Unión Soviética y China que mientras “mantienen una guerra de denuestos” permiten que el imperialismo yankee haga sus estragos en Vietnam. Concluye premonitoriamente Guevara que “el imperialismo se empantana” en Vietnam, pero que una derrota definitiva requiere de la solidaridad activa de los pueblos, comenzando por las naciones que se autoproclaman socialistas y sobre todo la URSS que gracias a la política de la “coexistencia pacífica” pergeñada para evitar una conflagración mundial y una guerra termonuclear con Estados Unidos deja al Vietnam indefenso.[13] Y los pueblos explotados del mundo, continúa el Che, deben aprender la lección que se escenifica en Vietnam y “atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación” al enemigo imperialista. Esa, dice Guevara, “debe ser la táctica general de los pueblos” resumida en la frase “crear dos, tres… muchos Vietnam, es la consigna.”
La Carta finaliza con una reflexión final sobre nuestra región, en donde según su autor Washington tiene tropas “dispuestas a intervenir en cualquier lugar de América Latina” en donde sus intereses se vean amenazados. Y agrega, con palabras que conservan una vibrante actualidad, que esa política “cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una máscara cómoda, por desprestigiada que esté; la ONU es de una indiferencia rayana en lo ridículo o en lo trágico.”[14] Y traza una sugestiva comparación entre América Latina y Asia cuando dice que si en ésta Estados Unidos tiene poco que perder y mucho que ganar en Nuestra América la situación es exactamente la inversa. Aquí Washington tiene mucho que perder y poco que ganar, habida cuenta de su exitoso proceso de recolonización lanzado con fuerza desde fines de la Segunda Guerra Mundial.

CONCLUSIÓN

Estas observaciones sobre los legados teóricos del Comandante Guevara pretenden estimular el estudio sobre su obra, honrar la integralidad de sus contribuciones a la construcción de una sociedad socialista teniendo en cuenta no sólo su heroico ejemplo como guerrillero sino también sus aportes al desarrollo del pensamiento marxista. En su carta dirigida a don Carlos Quijano, director de la revista uruguaya Marcha, el Che anotaba con razón que “la mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia.”[15] La superación del capitalismo, una impostergable necesidad histórica, no podrá consumarse tan sólo como producto de sus contradicciones objetivas. Estas son un prerrequisito indispensable, pero para que fructifiquen en la construcción de una nueva sociedad se requiere “la acción consciente” de las masas. De ahí que la pretensión de “realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas” del capitalismo termina en un callejón sin salida. “Para construir el comunismo” –concluye con razón el Che- “simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo”. Sin ello, sin esta gigantesca batalla cultural, la inalterada perpetuación de la mercancía y la consecuente mercantilización de la vida social harán que la empresa de construir una sociedad poscapitalista se vea acosada por innumerables obstáculos y termine en un callejón sin salida. La China y el Vietnam de hoy pueden ser los bancos de prueba en donde se verifique la certeza, o el error, de los diagnósticos y los pronósticos del Che. [16]

Elegimos, para terminar, una sentencia más válida hoy que cuando fuera originalmente expresada: “una nueva etapa comienza en las relaciones de los pueblos de América. Nada más que esa nueva etapa comienza bajo el signo de Cuba, Territorio Libre de América.” Y ante los cantos de sirena que hoy como ayer pregonan la armonía de intereses entre Washington y las naciones sometidas a su imperio nos advertía que “(E)l imperialismo necesita asegurar su retaguardia.” [17]Una retaguardia, recordemos, pletórica en recursos naturales (petróleo, gas, agua, energía, biodiversidad, minerales estratégicos, alimentos, selvas y bosques) que según informes de los estrategas norteamericanos constituyen insumos esenciales para el mantenimiento no sólo del “modo de vida americano” sino también de la seguridad nacional estadounidense.[18] Y, el Che ya lo advertía en Punta del Este, la preservación de esa retaguardia era (y es) un objetivo no negociable del imperio. Los hechos confirmaron plenamente sus pronósticos, y hoy estamos asistiendo a esta avasalladora contraofensiva (la “restauración conservadora” denunciada por el ex presidente Rafael Correa) tendiente a regresar a nuestros países a la condición existente en vísperas de la Revolución Cubana. “Golpes blandos” en Honduras, Paraguay y Brasil; acoso interminable contra los gobiernos de izquierda (Venezuela y El Salvador, principalmente, aunque este caso sea el menos conocido); articulación continental de la prensa (gráfica, TV, radio) para satanizar a dirigentes y procesos contestatarios; organización y financiamiento de la oposición en países “hostiles” a Washington, incluyendo tentativas de “invención” de líderes opositores; programas interamericanos de “buenas prácticas” para formatear el cerebro de jueces, fiscales, periodistas, legisladores, académicos y líderes políticos y sociales, actores fundamentales del “golpe blando” que reemplaza al anacrónico golpe militar de antaño; el ominoso rosario de bases militares con las cuales Estados Unidos ha cercado nuestra región (ochenta oficialmente reconocidas hasta ahora, más otras tres en ciernes negociadas en absoluto secreto por el gobierno de Mauricio Macri con la Casa Blanca), y la reactivación de la IVª Flota para patrullar nuestros mares y ríos interiores, confirman que, una vez más, el Che tenía razón. No olvidemos su consejo y actuemos en consecuencia. Y no olvidemos ni por un instante cuando decía que “al imperialismo no se le puede creer ni un tantito así, ¡nada!” Eso fue cierto en su tiempo y es aún más cierto en el nuestro.

Notas:
[1] Hay una enorme cantidad de obras sobre la vida del Che. A mi juicio la más completa y veraz es la de Paco Ignacio Taibo II, Ernesto Guevara. También conocido como el Che (Buenos Aires: Planeta 2016). Meritorio también es el estudio de Jon Lee Anderson, Che Guevara. Una vida revolucionaria (Madrid: Anagrama, 2006). Desde otro ángulo, el libro de Carlos “Calica” Ferrer, amigo de la infancia y compañero del segundo viaje del Che por América Latina aporta datos de muchísimo interés. Ver su De Ernesto al Che (Buenos Aires: Editorial Marea, edición revisada y actualizada: 2017). Una visión más teórica sobre el Che y sus enseñanzas se encuentran en el incisivo texto de Néstor Kohan, Ernesto Che Guevara: El sujeto y el poder (Buenos Aires, Editorial Nuestra América-La Rosa Blindada, 2003. Segunda edición corregida y aumentada que incluye un nuevo prólogo de Michael Löwy. Buenos Aires, Editorial Nuestra América, 2005); Che Guevara, un marxismo para el siglo XXI
(Caracas, Oficina de publicación del consejo de la presidencia, 2009); y En la selva (Los estudios desconocidos del Che Guevara. A propósito de sus «Cuadernos de lectura de Bolivia») (Caracas (Venezuela), Misión Conciencia, 2011). Por supuesto, la extensa obra del recientemente fallecido Fernando Martínez Heredia no podría estar ausente en esta breve enumeración. Ver El Che y el socialismo (México: Editorial Nuestro Tiempo, 1989); Che, el argentino (Ediciones De Mano en Mano, 1997); El corrimiento hacia el rojo (La Habana: Letras Cubanas, 2001); y Las ideas y la batalla del Che (Ruth Casa Editorial 2010), aparte de los numerosos artículos y entrevistas dedicadas al tema.
[2] Dicho esto sin olvidar que el joven Guevara se había dado a la tarea de redactar un pequeño diccionario filosófico del que, lamentablemente, hasta ahora no ha podido hacerse ninguna publicación.
[3] Manuales que el Che apostrofaba llamándolos “ladrillos soviéticos.” Ver su Apuntes críticos de la Economía Política (La Habana, Cuba: Ocean Press, 2006)
[4] “Cuba no admite que se separe la economía de la política”, disponible enhttps://www.marxists.org/espanol/guevara/escritos/op/articulos/puntadeleste/discurso.htm En las páginas que siguen nos referiremos repetidamente a este texto.
[5] Ver su Alianza para el Progreso. La mal nacida (Buenos Aires: Ediciones Iguazú, 1964)
[6] Op. Cit., p. 16
[7] Cf. Osvaldo Martínez, “Presentación del libro Apuntes Críticos de Economía Política de Ernesto Che Guevara” (La Habana, Casa de las Américas: 14 de Junio de 2006)
[8] Por conversaciones sostenidas muchos años después con el Comandante no nos cabe la menor duda que el Che decía lo que Fidel pensaba. Este lo expresó, si bien oblicuamente, cuando la Crisis de los Misiles (Octubre de 1962) y, de manera transparente, mucho después, cuando se derrumbó la URSS ante la total indiferencia de la población soviética, lo que, a su juicio, fue el indicio definitivo de la derrota intelectual, moral y política, no sólo económica, que había sufrido la Revolución Rusa desde hacía mucho tiempo.
[9] Por eso estos “apuntes” recién vieron la luz pública en el 2006, si bien las críticas del Che a la economía soviética eran conocidas por la dirigencia de la Revolución Cubana.
[10] En sus Apuntes Críticos de Economía Política el Che incluye varios escritos ocasionales anteriores. Entre ellos el prólogo que, con el título de “La necesidad de este libro”, escribiera para el libro de Orlando Borrego Che, El Camino del fuego (Buenos Aires: Editorial Hombre Nuevo, 2001). El pasaje al cual refiere esta nota está planteado en aquel prólogo y reproducido textualmente en sus Apuntes. Ver,http://www.rebelion.org/hemeroteca/cultura/che041101.htm
[11] “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”, Ediciones Varias, 1967.
[12] Leo Panitch y Sam Gindin, “American Empire or Empire of Global Capitalism”, en Studies in Political Economy, Nº3, 2014
[13] No obstante, hay que decir que informaciones posteriores que salieron a la luz pública después que el Che escribiera este mensaje demuestran que la URSS no sólo se solidarizó retóricamente con Vietnam sino que también le brindó un importante apoyo militar y logístico.
[14] Medio siglo después los hechos ratificaron rotundamente sus pronósticos: EEUU “militarizó” su política exterior, y eso impactó fuertemente en América Latina y la OEA transitó cada vez más aceleradamente hacia la ignominia, como lo prueba la repugnante conducta de Luis Almagro, su actual Secretario General, convertido en un descarado lobista a sueldo de la Casa Blanca.
[15] Ver “El Socialismo y el Hombre en Cuba”, Carta dirigida a Carlos Quijano, Director de Marcha. Publicada en Montevideo, 12 de marzo de 1965, pg. 4.
[16] Muchos años después, en 1995, el recientemente fallecido Itsván Mészáros publicaría una obra monumental: Más allá del Capital. Hacia una teoría de la transición (edición en castellano: Caracas, Ministerio del Poder Popular para la Cultura, 2009) en donde desarrollaría una tesis fundamental de claras reminiscencias guevarianas. El problema, decía Mészáros, más que el capitalismo es el “metabolismo del capital”, que si bien es el que prevalece sin contrapesos en el capitalismo puede también sobrevivir, medrar -y, si no se lo neutraliza- controlar la lógica de funcionamiento de formaciones socioeconómicas híbridas, como las de China y Vietnam en donde el metabolismo del capital sigue vigente -si bien no en todos los sectores de la economía- y bajo condiciones en principio menos favorables que en las sociedades integralmente capitalistas. Pero su potencial de expansión es capaz de producir una verdadera metástasis de las “células económicas” del capitalismo, para usar la expresión del Che, e inficionar cualquier sistema económico, aún el que persiga la construcción de una sociedad pos-capitalista.
[17] La sirena entona ha ido ensayando distintas melodías pero siempre con la misma finalidad. Llámese la “política del buen vecino” de Franklin D. Roosevelt, la “Alianza para el Progreso” de John F. Kennedy; las “doctrinas de la seguridad nacional” con las dictaduras de los años setenta; el “Consenso de Washington” de los noventas o la fallida Alianza para el Libre Comercio de las Américas (ALCA). Ahora, con Donald Trump el imperio está a la búsqueda de una nueva melodía pero aún no la ha encontrado. La debacle económica que el neoliberalismo ha causado también al interior de la economía norteamericana explica esta indefinición.
[18] Hemos estudiado esta situación, en el contexto de la decadencia imperial, en nuestro América Latina en la Geopolítica del Imperialismo (Caracas: Ministerio del Poder Popular para la Cultura, 2013), libro reproducido en otros países de América Latina.

Licenciado de Periodismo en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas. Periodista en esa institución académica
8 octubre 2017 | CUBADEBATE

El General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, a su llegada a la Plaza Ernesto Che Guevara, de la ciudad de Santa Clara, para asistir al acto político-cultural por el aniversario 50 de la caída en combate del Che en Bolivia, y el aniversario 20 del regreso junto a su Destacamento de Refuerzo, en la Plaza Ernesto Che Guevara. Villa Clara, el 8 de octubre de 2017.

HOMENAJE AL CHE EN SANTA CLARA

Más de 60 mil villaclareños acudieron a la plaza Ernesto Che Guevara, como representación del pueblo cubano y muestra del amor que se le profesa en esta tierra al Guerrillero Heroico.

En las palabras centrales del acto, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Vicepresidente cubano, resaltó el valor de realizar un acto como este en la ciudad que acoge los restos del Guerrillero Heroico y convocó a perpetuar uno de los más bellos legados de la historia de la Revolución Cubana. “Hoy el Che es un referente moral para muchas personas en el planeta, pero sobre todo para los más jóvenes”, aseguró.

El también miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, destacó las cualidades del Che como teórico, político, economista, intelectual y guerrillero. Esas cualidades, según dijo, junto a sus valores personales acumulados en la lucha lo convierten en un “ejemplo excepcional para afrontar la vida”.

“Muchos descubren, reconocen y hacen suyo el paradigma del Che como revolucionario”, aseguró Díaz-Canel en un momento de su intervención, para enseguida agregar que resulta imprescindible alejar su legado de las “consignas vacías, como una gran repetición de palabras, porque al Che hay que asumirlo por convicción”.

En otro momento de su intervención, Díaz-Canel enumeró los principales males que afronta el planeta y llamó a revertirlos para garantizar la supervivencia de la especie humana. Igualmente, reiteró la solidaridad del pueblo cubano con la República Bolivariana de Venezuela, así como la postura de la Isla contra las acusaciones infundadas sobre supuestos ataques acústicos a diplomáticos estadounidenses en La Habana.

Del mismo modo, confirmó la decisión de los cubanos de mantener su independencia y el ritmo decidido por los habitantes del país en la actualización del modelo económico, político y social de la nación. “Cuba no realizará concesiones inherentes a su soberanía y no aceptará presiones de nadie para modificar el rumbo de nuestro proyecto social”, reiteró.

Para Leyanis Águila Gatorno, estudiante de noveno grado de la Escuela Secundaria Básica Fe del Valle, de Santa Clara, el Che está en cada uno de los derechos garantizados por Cuba a todos sus ciudadanos, especialmente en los relacionados con los niños y los jóvenes. También resaltó el compromiso de las nuevas generaciones con el ejemplo del Guerrillero Heroico. “Los momentos históricos no serán los mismos, —aseguró— pero sí las motivaciones para seguir luchando”

Igualmente, para Sara Mary Vega Fortún, alumna de doce grado en el Instituto Preuniversitario Osvaldo Herrera, también de esta ciudad, la figura de Ernesto Guevara simboliza “inspiración, reto y compromiso”. Asimismo, también valoró como fundamental el trabajo de los más jóvenes para mantener la continuidad del pensamiento y el actuar del Che.

En una jornada que inició con el tradicional cambio de flores en el Mausoleo que guarda los restos del Che y de sus compañeros de guerrilla, llevado a cabo esta vez por el General de Ejército Raúl Castro y otros asistentes a la conmemoración, 50 niños de primer grado recibieron de manos de la presidencia, familiares y profesores la pañoleta azul que los convierte en miembros de la Organización de Pioneros José Martí. A su vez, una ofrenda floral a nombre de los cubanos fue colocada en la base de la escultura del Che que preside la plaza.

Agrupaciones como Danza del Alma, la Banda Provincial de Concierto, la Orquesta Sinfónica de Villa Clara, así como alumnos de las escuelas de arte, estuvieron presentes también en el homenaje e interpretaron obras que forman parte ya del patrimonio musical e histórico del país.

Niños recibieron, de manos de los miembros de la presidencia, la pañoleta que los acredita como miembros de la Organización de Pioneros José Martí, en el acto político-cultural por el aniversario 50 de la caída en combate del Che en Bolivia, y el aniversario 20 del regreso junto a su Destacamento de Refuerzo, en la Plaza Ernesto Che Guevara, de la ciudad de Santa Clara, el 8 de octubre de 2017. Foto: Arelys María Echeverría/ ACN.

Niños de la educación primaria, que ingresan a la Organización de Pioneros José Martí, recibieron su pañoleta en el acto político-cultural por el aniversario 50 de la caída en combate del Che en Bolivia, y el aniversario 20 del regreso junto a su Destacamento de Refuerzo, en la Plaza Ernesto Che Guevara, de la ciudad de Santa Clara, el 8 de octubre de 2017. Foto: Arelys María Echeverría/ ACN.

Acto político-cultural por el aniversario 50 de la caída en combate del Che en Bolivia, y el aniversario 20 del regreso junto a su Destacamento de Refuerzo, en la Plaza Ernesto Che Guevara, de la ciudad de Santa Clara, el 8 de octubre de 2017. Foto: Arelys María Echeverría/ ACN.

El General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, preside, junto a miembros del Buró Político del Partido, del Secretariado del Comité Central y vicepresidentes del Consejo de Estado y de Ministros, dirigentes el Partid, del Estado, de la juventud y de organizaciones de masas, las FAR, el Minint, entre otros, el acto político-cultural de homenaje al Guerrillero Heroico, en el aniversario 50 de su caída en combate en Bolivia, y el aniversario 20 del regreso junto a su Destacamento de Refuerzo, en la Plaza Ernesto Che Guevara, de la ciudad de Santa Clara, en Villa Clara, el 8 de octubre de 2017. ACN

Entre los asistentes al acto estuvieron además José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba, Esteban Lazo Hernández, Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, así como otros miembros del gobierno, las organizaciones políticas y de masas del país. Asistieron también familiares del Guerrillero Heroico y sus compañeros en la guerrilla boliviana, así como integrantes de las columnas invasoras número 8 Ciro Redondo y la número 2 Antonio Maceo.

Antecedieron a este tributo una gala cultural en la noche de ayer y otras actividades desarrolladas en el territorio.


LA COLUMNA DEL CHE
CUBADEBATE

El presidente de Bolivia, Evo Morales, rindió tributo al Che en una caminata hasta La Higuera.

El presidente boliviano, Evo Morales, ratificó la vigencia del antimperialismo de Ernesto Che Guevara al encabezar una caminata desde Abra-El Batán hasta La Higuera, ruta transitada por el guerrillero y sus compañeros de lucha.

Apoyados en los ideales del Che, luchamos por la igualdad y la justicia de los pueblos, aseveró Morales, quien estuvo acompañado en la peregrinación por representantes de países latinoamericanos y europeos.

Durante casi una hora, el mandatario lideró la caminata desde Abra-El Batán hasta La Higuera, camino recorrido el 8 de octubre de 1967 por Ernesto Che Guevara y su guerrilla en tierras bolivianas.

La lucha de los pueblos sigue y seguirá mientras exista el imperialismo estadounidense, enfatizó el jefe de Estado rodeado de seguidores del pensamiento del Che, quienes portaban banderas de varios países y la wiphala (estandarte multicolor utilizado por algunas etnias de la cordillera de los Andes).

En el recorrido, Morales realizó breves paradas para rendir tributo a los guerrilleros sepultados a ambos lados del sendero mediante una sencilla reverencia ante sus nichos.
Al llegar al poblado de La Higuera, a 60 kilómetros de la ciudad de Vallegrande, el presidente boliviano depositó una ofrenda floral ante el monumento erigido al comandante Ernesto Che Guevara.

Allí conversó con el General de Brigada (r) Harry Villegas Tamayo (Pombo) y el Coronel (r) Leonardo Tamayo Núñez (Urbano), integrantes cubanos de la guerrilla del Che en Bolivia.

Consignas como ¡Hasta la victoria siempre! en honor al guerrillero argentino-cubano y ovaciones al presidente Morales se escucharon durante la trayectoria.

Caminata en Bolivia como homenaje al Che en el 50 aniversario de su caída en combate.

(Con información de Prensa Latina)


PARTIDO REVOLUCIONARIO DE LOS TRABAJADORES
PRT – ARGENTINA. POR LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

A 50 AÑOS DE LA CAÍDA EN COMBATE DE ERNESTO CHE GUEVARA: VIVA LA REVOLUCIÓN!!!

Por PRT

Como inicio de esta nota publicamos un texto muy poco conocido en el país, por no decir inédito. Se trata de un escrito de nuestro Partido, editado en el mes de Octubre de 1977, a 10 años de la caída del CHE. Luego del mismo, algunas apreciaciones que consideramos de vital importancia para el momento que hoy transita la lucha de clases.
“El Che Revolucionario. Hace ya 10 años, en una quebrada de la semidesértica selva boliviana, caía el Che, luego de 11 meses de lucha diaria contra el enemigo imperialista y contra el medio hostil, contra los militares contrarrevolucionarios y contra el hambre y la sed, las enfermedades, al frente de un grupo de sacrificados revolucionarios como él, sin contactos, sin recursos.
En su estilo sobrio y sin grandilocuencias, el diario de la última campaña da testimonio de esta epopeya magnífica y desolada.
Su lucha allí, o en África o en la propia Cuba, resultó el ejemplo más vivo de internacionalismo proletario para los revolucionarios que le siguieron. En la velada solemne que siguió a su muerte, Fidel dijo al pueblo: Y cuando se hable de internacionalismo proletario, ese ejemplo, por encima de cualquier otro ejemplo, es el ejemplo del Che.
Pero no debemos olvidar que la experiencia boliviana terminó en un fracaso, eso nos obliga a analizar sus causas en el contexto de las ideas del Che.
El Che era consciente de que no podía intentarse una revolución donde las condiciones objetivas para hacerla no estuvieran dadas. Dice en 1961: Las condiciones objetivas para la lucha están dadas por el hambre del pueblo, la reacción frente a ese hambre, el temor desatado para aplazar la reacción popular y la ola de odio que la represión crea.
Pero de hecho, la lucha guerrillera boliviana carece de vinculación con las masas y no se nutre de la contradicción de las clases, por lo que no pudieron aprovecharse las condiciones objetivas que debieron existir para iniciar la lucha revolucionaria.
De esta experiencia, llevada hasta sus últimas consecuencias, no puede deducirse que el Che hubiera dado por tierra con sus convicciones anteriores, como parecen creer quienes hicieron de él un apóstol de la violencia. Debe deducirse, en cambio, que hubo errores de concepción o de preparación o defecciones de último momento (particularmente la inconsecuencia de Monje, quien estaba comprometido a facilitar una vía de comunicación entre la guerrilla y la vanguardia del proletariado boliviano).
Este breve comentario sirve para salir al paso a la idea de que para el Che bastaba con abrir un frente guerrillero en cualquier lado, para llegar finalmente al poder. El mismo advirtió del peligro de este optimismo superficial, “porque el imperialismo, al contrario de algunos grupos progresistas, sí aprende con sus errores”.
En realidad, el Che fue un estudioso y práctico del marxismo leninismo, él había comprendido el valor de la violencia revolucionaria en América, para concientizar a las clases explotadas, pero sobre todo para remover el obstáculo que el poder imperialista y los ejércitos locales significaban para una situación revolucionaria ya madura. El Che rescató la importancia que Marx daba a dicha violencia como “partera de la Historia”, pero consciente de que ella podía ser aplicada cuando los elementos objetivos estaban dados y no antes.
La característica principal del pensamiento del Che era el “humanismo revolucionario” que revitalizaba la importancia del Hombre en el proceso de la lucha revolucionaria y en la construcción del Socialismo.
Daba al “elemento subjetivo”, el lugar destacado que le había otorgado Lenin y que aparecía olvidado en nuestra América Latina, donde muchos marxistas pensaban que había que esperar pacientemente la revolución que habría de llegar, sin ninguna duda, cuando fuera el momento.
Las tesis leninistas del eslabón más débil de la cadena imperialista y de que, una vez producida una situación revolucionaria, el Partido de vanguardia puede aprovechar las coyunturas para llevar al proceso revolucionario por caminos más cortos, mediante la acción consciente y decidida de sus militantes, fue estudiada, profundizada y puesta en práctica por el Che y por el grupo dirigente de la Revolución Cubana.
El Che destacaba la importancia de la conciencia revolucionaria, concebía al ser humano en el socialismo como un “Hombre Nuevo”. En ese convencimiento impulsó decididamente el trabajo ideológico sobre el conjunto de la población.
Del pensamiento y del ejemplo del Che han nacido muchos movimientos revolucionarios. Algunos de ellos pecaron de militarismo, olvidando la necesaria combinación de las formas de lucha. Otros, depurándose en el choque con la realidad y en la práctica de sus aciertos y de sus errores, buscaron su inserción en las masas, combinaron las formas de lucha, adecuaron las acciones militares al nivel de la lucha de clases.
El PRT es heredero directo de la Revolución Cubana y de las ideas del Che. Como marxista leninista, el Comandante Santucho fue un estudioso y un analista de excepción. Profundo conocedor de las ideas del Che, aspiraba a la aplicación creadora de ellas en nuestra realidad. Fue así que –tempranamente- el PRT definió su estrategia a través de la Guerra Popular Revolucionaria, al mismo tiempo que, creadoramente, buscaba y lograba su profunda inserción en la clase obrera, especialmente en el proletariado concentrado en las grandes fábricas. Sintetizó así la combinación dialéctica entre la lucha armada y no armada.
La dictadura fascista que hoy ensangrienta nuestra Patria es la respuesta que el imperialismo da a las aspiraciones de los pueblos. A diez años de su muerte, el Che sigue guiando los pasos de toda una generación de revolucionarios. Su ejemplo y el de quienes cayeron alzando su bandera, como el Comandante Santucho, Inti Peredo, Miguel Enríquez, el Negrito Fernández, Benito Urteaga, Juan Pablo Eliseo Ledesma, y tantos otros, han de servirnos de guía para infligir una vez más, una dura derrota a las fuerzas de la reacción y el imperialismo. Hasta la victoria siempre, Comandante Ernesto Che Guevara.”
Aquellas palabras, escritas hace 40 años, con muchísimos compañeros caídos, desaparecidos, presos y en el exilio, fortalecen nuestras ideas de hoy.
Este domingo 8 de Octubre, se cumplen 50 años de la muerte del gran político revolucionario que fue Ernesto Che Guevara. Qué decir de la gran indignación que nos produce ver cómo la prensa burguesa se hace eco de ello, tergiversando y tomando aspectos secundarios de su figura (como no podía ser de otra manera), olvidando el tremendo significado que constituye el legado político-ideológico del Che.
Lo embelese la burguesía, como si fuera una estrella del mundo del espectáculo, presentándolo como una figura mítica… pareciera que da lo mismo hablar de él que de El Principito, o algún excéntrico aventurero, pretendiendo reducirlo a un simple producto comercial. No menos grave son algunas posiciones pequeño burguesas que presumen de marxistas y que tratan de reducir su figura a la de “guerrillero heroico”, al tiempo que desde el oportunismo siempre rechazaron los cambios violentos que toda revolución encarna en los marcos decisivos de la lucha de clases. Aquellos que se escandalizaron con la gesta del Che en aquel momento, son los mismos que hoy lo colocan como una figura ensalzada en el bronce.
Lo que se busca, en esas diversas expresiones, es disfrazar y esconder lo que en realidad se constituyó en una de sus más extraordinarias virtudes, que fue su capacidad política y teórica, con un compromiso científico, en la búsqueda y defensa constante de cómo la clase obrera se iba dotando cada día, en todos los cambios y procesos, de una aproximación cada vez mayor, para generar una sociedad socialista capaz de sentar las bases materiales para arribar al comunismo.
Él fue capaz de dar su vida en pos de sus convicciones. Pero no en su muerte, sino en su vida, la que entregó en horas y horas de sacrificio, en el estudio, en los escritos, en largos debates y agotadoras jornadas de trabajo, despojado de todo tipo de privilegios.
Sus debates sobre el incentivo moral como un aspecto esencial en el avance y desarrollo de la producción, con el intento constante de profundizar cada vez más en el involucramiento de las masas en la construcción, participación y decisiones de la nueva sociedad, donde constantemente planteaba que la realización del individuo en una nueva sociedad se daba cuando su esfuerzo se centraba en la realización del colectivo.
Estas virtudes del Che estuvieron impregnadas de un sello característico, que fue la unidad entre el pensamiento, palabra y acción, partiendo que la mejor enseñanza era la práctica.
Nos dejó un ejemplo de lo que debe ser un comunista, siendo su preocupación central y por sobre todas las cosas, el hombre por sobre cualquier otra cuestión.
Visiones éstas que lo llevaron a criticar a la URSS porque se había desviado de la concepción socialista (en momentos en que nadie desde el “campo revolucionario” lo hacía). El Che no compartía la concepción del Partido Comunista Soviético, que partía del cálculo económico y desde la teoría del valor en la economía, en una supuesta sociedad donde el objetivo era la eliminación de la explotación del hombre (crítica largamente fundamentada en los “Cuadernos de Praga”, que muchos años después fue hecha pública en algunos libros editados desde Cuba). Dichas críticas lo llevaron a vaticinar, con mucho pesar, la caída de la URSS, y a terminar enfrentado duramente las concepciones estalinistas.
Pero más allá de que los hechos históricos le hayan dado la razón, sus aportes y premisas teóricas hoy tienen más vigencia que nunca, lo cual se constituye en un deber de todo revolucionario, profundizar y estudiar al Che político.
Porque nos encontramos en una etapa de la lucha de clases en el mundo entero donde se hace imprescindible abrazar los legados de este hombre que, al igual que Marx, Engels y Lenin, han dotado al proletariado mundial de una ciencia que, sin duda, nos arma para encontrar más rápidamente, caminos certeros que lleven a la humanidad hacia su emancipación.


LOS OCHO DE OCTUBRE
EN URUGUAY SE RINDFE HOMENAJE AL CJHE

por Jorge Zabalza
A principios de los años ’60, bastante antes del deterioro de la democracia burguesa, dado el estancamiento de la producción y la caída de la tasa de ganancias, se podía preveer que el arriba necesitaría emplear la violencia contra un abajo que todavía no se movía como en el ‘69, pero no se mostraba dispuesto a pagar el costo de la crisis.

El Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) pudo , entonces, anticiparse al devenir y se comenzó a preparar para enfrentar al arriba con la violencia organizada por los de abajo. Significö un rechazo de plano a la posibilidad de acumular las fuerzas del cambio por la vía electoral y parlamentaria y elegir conscientemente el camino de la lucha guerrillera como método de acumulación política. Los tupamaros primigenios rompieron decididamente con la legalidad permitida por la clase dominante y llamaron a tomar las armas para derrocar el régimen. Tremenda responsabilidad histórica!.

A mediados de 1967, Jorge Pacheco Areco diö comienzo al uso ilegítimo de la violencia organizada por el Estado, con la consecuencia inmediata de tres estudiantes muertos por la policía y centenares de trabajadores sindicalizados detenidos por medidas prontas de seguridad. La desmesura pachequista radicalizó las luchas populares que, al influjo de la tendencia clasista y combativa, se lanzó a las calles a enfrentar la represión. La lucha social abrió espacios políticos a la lucha armada. La mentalidad combativa y la infraestructura clandestina que había desarrollado el MLN(T) en los años que llevaba preparándose, hacían posible el empleo sistemático del método guerrillero y, por consiguiente, fue la organización política en mejores condiciones para enfrentar la violencia represiva.

Desde ese momento el movimiento popular lo percibió como expresión política de su propia lucha, como la organización que defendía a los perjudicados por las destituciones, las persecuciones sindicales, los apaleamientos callejeros y los encarcelamientos injustificados. Era el movimiento que dejó atrás lo declarativo y apuntó con acciones armadas a derribar el régimen como, por otra parte, lo requerían las movilizaciones populares.
Este sábado se recuerda a Jorge Salerno, Alfredo Cultelli y Ricardo Zabalza, asesinados por la Guardia Metropolitana el 8 de octubre de 1969 en la toma de la ciudad de Pando. El MLN(T) concibió esta forma de homenajear a Ernesto Guevara también asesinado en Bolivia dos años antes, como demostración de que la guerrilla tenía la edad suficiente para pasar de las acciones “muerde y huye” a las de controlar un territorio, aunque fuere por breves momentos. Se quería transmitir el mensaje de que, en un futuro no muy lejano, sería posible tomar Montevideo como se había hecho con Pando. Es curioso pero, a pesar de que la acción terminó en derrota militar, tres compañeros muertos y más de veinte prisioneros, la operación de Pando significó el comienzo del crecimiento explosivo del MLN (T).

¿Qué estaba pasando?... pese al desastre en Pando, amplios sectores populares ya reconocían la lucha armada como alternativa real al reformismo electoral y parlamentario. La sangre derramada fructificó rápidamente en conciencia y compromiso revolucionario. Los hechos de Pando expresaron el espíritu romántico y el sentimiento épico de toda la generación que tomó la senda trazada por el Ché. No teníamos una sola duda, la vida sólo tenía valor si se ofrendaba en el altar de la emancipación social, nos entregábamos a la lucha en la más completa seguridad de estar haciendo la revolución.

Los hechos de Pando sirvieron también para refrendar la concepción que apuntaba al desarrollo de un poder paralelo y opuesto al del Estado, un poder organizado a partir de un aparato guerrillero que extendía su estructura hacia el pueblo como una telaraña de organizaciones diversas pero que, en la práctica, subordinaba el movimiento de masas y la lucha social al centro político que conducía la lucha armada. Paradójicamente, la toma de Pando, símbolo de la disposición combatiente a hacer la revolución, sirvió de plataforma de lanzamiento a la teoría del doble poder, cuya aplicación práctica culminaría en 1972 con el enfrentamiento mano a mano entre el MLN(T) y las fuerzas armadas, en la que obtuvo la victoria el aparato que contaba con los medios del Estado, con el consentimiento efectivo del imperialismo y el apoyo de sectores reaccionarios que clamaban por “mano dura”.

La clave de la derrota del MLN hay que buscarla en la teoría y práctica del doble poder, en cómo la hipertrofia del aparato relegó el movimiento popular al rol de simple espectador, el pueblo sentado en la tribuna sin involucrarse en la lucha armada contra el brazo represivo de la clase dominante. No se precisa renegar del pasado guerrillero para asumir el error y la derrota, como algunos están haciendo lamentablemente, sino que es preciso analizar a fondo las experiencias revolucionarias y elaborar las conclusiones teóricas que de ellas surjan, sin que importe lo cruda que pueda ser la crítica a cómo pensamos y cómo hicimos en el último medio siglo de historia.
Es cierto, cayeron los muros, fracasó el socialismo real y la URSS, China Popular y otras experiencias ayer revolucionarias construyen capitalismo desde el Estado, es cierto, no tenemos certezas como medio siglo atrás, pero también es muy cierto que en el sistema capitalista no hay solución para los asalariados. Por si en la historia de los pueblos no hubiera quedado claro, llegó esta última crisis para demostrar que al reproducirse, ampliarse y concentrarse, el capital solamente puede producir más exclusión y más marginación. Pueblos que hasta ayer aceptaban pacíficamente la dominación, hoy levantan sus banderas de rebeldía en Europa, África del Norte y hasta en el territorio privado de Wall Street. Se precisa una nueva teoría revolucionaria, una teoría que conciba la lucha revolucionaria como una creación autónoma del movimiento popular, de un pueblo insurrecto que se organiza y se arma a sí mismo para hacer la revolución, una teoría que no conciba al movimiento revolucionario encerrado en un aparato, dirigiendo el proceso desde su panóptico. Los viejos “hombres de aparato” cuentan con muchísmos elementos y experiencias, un testamento político que podría servir de base a quienes harán la próxima revolución.
Durante un siglo funcionaron eficazmente diferentes aplicaciones de la teoría para construir aparatos de poder revolucionario, y lo hicieron con tanta eficacia que derrotaron y sustituyeron al Estado burgués en varias naciones. Dode fracasaron esos aparatos fue en producir seres humanos con una filosofía de vida totalmente antagónica a la del capitalismo. La propia esencia del doble poder lleva a ese fracaso, porque al construir un aparato revolucionario tan poderoso, en realidad se está construyendo una forma de organización que posee idénticas características a la del Estado burgués que se quiere destruir. En consecuencias, no se forman las mujeres y los hombres con los valores del socialismo, sino que, en ese aparato esencialmente idéntico al Estado, se forman burócratas cuyos valores son los del capitalismo, la competencia a muerte por un cargo, las pujas de poder y conspiraciones internas.
Muchos viejos sobrevivientes de los procesos revolucionarios del ’70 han hecho suyos los intereses del Estado, se han integrado plena y conscientemente a la democracia burguesa y administran las políticas que favorecen los grandes negocios del capital. No los miremos con desconcierto, preguntándonos que pasó con esos sandinistas, farabundos y tupamaros, analicemos su práctica política en los aparatos donde sus cabezas aprendieron a funcionar para ejercer el poder, hacia las masas y en la interna. Luego vendrán los comportamientos pautados por los intereses personales, por sus delirios de grandeza y el autoconvencimiento de ser infalibles, de ninguna manera pueden concebir que la emancipación social de los trabajadores es asunto de los propios trabajadores y no de “vacas sagradas” o caudillos que les dictan cátedra sobre cómo liberarse.

Estamos viviendo un período de transición entre el agotamiento de la teoría del doble poder y la ausencia de una concepción global de construcción del poder revolucionario del pueblo armado y organizado. La transición y la ausencia se manifiestan como desconcierto, ya no se tienen aquellas seguridades y sentimientos épicos conque dieron la vida los tres compañeros asesinados en Pando. Son, por consiguiente, tiempos de reubicarse con sinceridad: sabemos de la necesidad de acabar con el capitalismo y transformarnos en columnas de una sociedad de seres libres libremente asociados. Son también tiempos de no dejarse coptar por el capitalismo o los cantos de sirena del poder político, de no entregarse a los valores y la filosofía del pasado, de cultivar los valores y la filosofía del futuro. Son tiempos de estacas, de clavarse en la izquierda revolucionaria y resistir los embates y los cantos de sirena. De esperar al acecho.
Jorge Zabalza