LA PRESIÓN DE LA DERECHA CONSERVADORA SE HIZO SENTIR EN EL CAMBIO DE GABINETE QUE REALIZÓ EL PRESIDENTE DE CHILE… 



Los hijos de Pinochet en el gobierno de Piñera. 



Roberto Pizarro (Extractos de artículo)
La presión de la derecha conservadora se hizo sentir en el cambio de gabinete que realizó el presidente de Chile, Sebastián Piñera.
Debilitado por un rechazo de la opinión pública del 65%, el más alto en años de democracia, y también acosado por un movimiento cívico que exige cambios políticos y económicos, tuvo que ceder frente a las exigencias de la Unión Demócrata Independiente (UDI). Así las cosas, se incorpora al gobierno como vocero, Andrés Chadwick; Pablo Longueira como Ministro de Economía, y Joaquín Lavín sale de Educación para
asumir el Ministerio de Planificación. Los tres nuevos ministros, el presidente de la UDI, Antonio Coloma, y el actual presidente de la Cámara de Diputados, Patricio Melero, junto
al Ministro de la Presidencia, Cristián Larroulet, son hijos de Pinochet. Esos seis mosqueteros organizaron la reunión de Chacarillas en el año 1977, jóvenes de extrema derecha, que en medio de antorchas y cánticos patrióticos aplaudían al dictador, mientras la policía uniformada reprimía a obreros y pobladores y los aparatos de seguridad
torturaban y asesinaban a opositores al régimen.
Estos seis dirigentes juveniles en esa época, hoy convertidos en autoridades del país, escuchaban con admiración el discurso de Pinochet. Menos por el
dictador. Más, por quien había preparado ese discurso, Jaime Guzmán, a
la sazón asesor político del autócrata, y maestro de esos jóvenes de
derecha.

Estos jinetes del Apocalipsis, católicos conservadores, del Opus Dei y de los Legionarios de Cristo, ingresan en esos años oscuros a la vida política para construir una democracia protegida y una economía para minorías. En esa tarea el papel de Guzmán es insoslayable.

El discurso de Pinochet en Chacarillas resumía la democracia de la siguiente manera. Autoritaria y protegida, para reemplazar el Estado liberal clásico, ingenuo e inerme. Integradora, porque debe robustecer el objetivo de la unidad de la gran familia chilena, que se ha pretendido disgregar impulsando una lucha de clases que no existe y no
debe existir. Tecnificada, para reducir el margen de debate ideológico
a sus justas proporciones, aprovechar el aporte de los más capaces, y
dar estabilidad al sistema. Subsidiaria, porque consagra y respeta una
real autonomía de las agrupaciones intermedias entre el hombre y el
Estado, y valora una libertad económica que impide la asfixia de las
personas por la férula de un Estado omnipotente…
Lavín en el Ministerio de Planificación recordará el Odeplan del gobierno de Pinochet. Laboratorio neoliberal dónde se inventó un código del trabajo que impide la organización sindical, la negociación colectiva y el derecho a huelga; oficina perversa, dónde se diseñó el
sistema de AFP; centro de reuniones de jóvenes de la Universidad Católica, dónde se planificó la privatización de la educación para que los ricos reprodujeran su riqueza y los pobres su pobreza. Ese es el Chile que rechaza la sociedad civil y que inventó Lavín con sus amigos de Odeplan, convertido hoy en Mideplan.
Longueira, como Ministro de Economía, podrá desplegar todo su populismo, pero no podrá desafiar las bases de un sistema económico injusto que sus amigos economistas de la Universidad Católica inventaron. El mercado es el que decide y en esa lógica los pequeños
empresarios y consumidores se ven golpeados cotidianamente. Y si se atreve a enfrentar esa lógica deberá terminar no sólo con la estafa de La Polar, sino con la usura de las tarjetas de crédito de todas las multitiendas. Y si enfrenta la lógica del mercado todopoderoso debería
convertir el Banco Estado en un banco de fomento para los pequeños empresarios, con tasas de interés para los emprendedores que bajen de los dos dígitos. Lo dudo. El populismo no da para tanto.
Chadwick es primo del presidente, pero fue discípulo predilecto de Guzmán. En consecuencia, intentará probablemente comunicar con mayor inteligencia que la ex ministra Ena Von Baer, pero su corazón le estará pulsando permanentemente en defensa del sistema político para las élites que inventó su maestro Guzmán, y a favor de la economía
para las desigualdades de los economistas de su Universidad Católica. El senador Novoa, subsecretario del Interior de la época, no puede haber sido ciego y sordo cuando se cometían los crímenes. El empresario Ricardo Claro estaba al lado de Pinochet cuando éste conversaba con Kissinger y fundamentaba la Operación Cóndor. Apenas elegido Allende, el dueño de El Mercurio salió de Chile y se autoexilió en las oficinas centrales de la Pepsi
Cola en los Estados Unidos para trabajar en la conjura contra el presidente Allende. Y, ahora, resulta que todos estos civiles no sabían de asesinatos, exilios y torturas. La culpa recayó sólo en los militares.
Los jóvenes de Chacarillas, hijos de Pinochet, ahora se instalan en pleno en el gobierno de Piñera. Esto resulta inaceptable porque su responsabilidad en los crímenes de ese régimen y en la instalación del modelo económico y político que sufren los chilenos es ineludible.

Roberto Pizarro (Extractos de artículo)