EL LEGADO DEL REALISMO SOCIALISTA QUE SE EXTENDIÓ POR EL MUNDO Y AMÉRICA LATINA 



LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA DESTRUYÓ LOS CIMIENTOS DEL SISTEMA CAPITALISTA 



Periódico Opción
Por Antonio Guerrero /UNAPE
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La victoria de la Revolución Socialista de Octubre destruyó los cimientos del sistema capitalista en Rusia y levantó, sobre esas bases, como parte de la superestructura política de la dictadura del proletariado, las ciencias, la educación y las artes.

La capacidad creadora de los trabajadores de la ciudad y el campo, del campesinado, de las masas y de la intelectualidad artística comunista, democrática, antiimperialista, tras la conquista del poder popular bajo la dirección del Partido Comunista (b) logró, impulsando la fuerza creadora de las masas con su capacidad, destreza y conocimientos teórico políticos construir el socialismo instaurando una nueva cultura material y espiritual que pasó a ser dominante tras aplastar la vieja cultura feudal burguesa e imperialista de la Rusia de los Zares.
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La cultura dominante del proletariado fue guía para la construcción de la cultura artística proletaria que atrajo y guió las expresiones artísticas originarias de los pueblos de la URSS como el folklore de los pueblos de la nación rusa y de las nacionalidades de la URSS; como la cultura general y la cultura artística realista, progresista, democrática, de la historia de la humanidad en arquitectura, escultura, pintura, en la música clásica; es conocida la orientación dada por Lenin que se aplicó para que durante el Asalto del Palacio de Invierno no fueran destruidas por las tropas y pueblo armados revolucionarios las esculturas y obras de arte que guardaba el zarismo. Las obras de Beethoven, de List, de Chopin, Paganini, el teatro, la danza, fueron llevadas a las masas, a la juventud y la niñez, por la intelectualidad artística comunista y democrática superando desviaciones durante la dictadura del proletariado en la URSS. Este impulso dado a las artes durante la construcción del socialismo en la URSS contribuyó a la construcción económica, política, científica y social de la dictadura del proletariado.
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La ciencia general de la estética que había sido colocada al servicio de las circunstancias históricas de los diversos sistemas opresores que habían devenido en la historia luego de la comunidad primitiva y que promovió las estéticas esclavista, feudal y capitalistas que proclamaron que la belleza era un arquetipo de los amos, de los señores de la tierra y de la burguesía, los que, creados por la intelectualidad artística al servicio de las sociedades opresoras generaron como prototipos a los representantes de la propiedad y del poder: Los faraones, los reyes, los dueños del capital financiero.
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Estos arquetipos y prototipos fueron echados abajo con la Revolución de Octubre: La concepción estética dio un salto de calidad: El arquetipo de la belleza de quienes transforman con sus energías físicas y mentales la naturaleza y las sociedades: Los trabajadores, los pueblos, de entre quienes surgen los auténticos héroes, fue la base de la construcción de la nueva estética proletaria.
En la literatura y las artes, en el cine, la danza, el teatro, los protagonistas fueron quienes hacen producir las mercancías en las fábricas; quienes roturan, siembran y cosechan los productos del campo; la intelectualidad al servicio de los auténticos creadores de la riqueza social; por supuesto, en las artes particularmente en la literatura, la pintura y la escultura se resaltaron los momentos históricos en que el partido bolchevique y sus líderes, Lenin y Stalin lideraron las victorias arengando a las masas trabajadoras o en escenarios en que ejercieron la dirección como líderes del partido comunista en su lucha por la conquista del poder y la construcción de la sociedad socialista.
Aquellas obras que sirvieron de cultivo para la revolución proletaria como “La Madre” de Gorky, la poesía de Mayacoswky, generaron nuevas obras en literatura, música, danza, teatro, pintura, cine: “La Joven Guardia” que resalta el papel de los juventud revolucionaria; “Así se Templó el Acero” escrita por un militante comunista que sufrió, enfrentó y superó los rigores que como comunista requería la preparación de la revolución proletaria escrita cuando aquel, Nicoláy Obstrovsky, había quedado ciego y estaba tendido en su lecho casi paralizado; “La carretera Bolokolamsk” de Alexander Beckt que recoge la lucha contra la agresión fascista en el territorio de Rusia; el cine de Eisenstein, la pintura realista de Ilia Repkin fueron expresiones de un movimiento revolucionario en las artes que brotó en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la URSS. El fenómeno de ver levantarse libérrimos en torbellinos recios a los hombres y mujeres, quienes, dirigidos por los comunistas bolcheviques liderados por Lenin y Stalin hizo erizar la tierra entera llenando de esa verdad histórica las novelas, los cuentos, la poesía, la pintura, la escultura, el gravado, la música y el canto, la fotografía y el cine.
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Esta corriente de las artes proletarias connotada como “realismo socialista” se extendió por el mundo de los explotados y oprimidos durante las circunstancias históricas de la Revolución Socialista de Octubre. La revolución proletaria, la teoría y praxis que la condujo a la victoria generó una influencia en el pensamiento y la praxis política en los Estados Unidos, en México y en América Latina: La intelectualidad progresista y la intelectualidad con aptitudes artísticas, eclosionó ante la victoria del proletariado sobre la burguesía en el país donde dominaba la reacción zarista feudal, burguesa e imperialista; incidió en la formación de movimientos de izquierda ligados a la lucha de los obreros norteamericanos a uno de los cuales perteneció el escritor Jhon Reed quien escribió “Diez Días Que Conmovieron al Mundo”; de esos años es la literatura realista de Jhon Steinbeck y el cine de Charles Chaplin.
El marxismo y el leninismo, fundidos en un haz, llegaron a Indo América y con éste la construcción de los partidos comunistas en este continente que fraguó en las mentes de la intelectualidad progresista y revolucionaria, de los artistas y escritores que se incorporaron a las filas de los partidos comunistas y asumieron la ideología del socialismo científico, arma con la cual se abrió paso a una corriente artística de amplio espectro antiimperialista y anti oligárquico, democrático y progresista formidable cuyas resonancias artísticas se hicieron sentir vigorosamente en América Latina. El realismo proletario, realismo social y otras denominaciones de esta corriente recogió las movilizaciones, luchas, huelgas, tomas de tierras, acciones de la juventud y la mujer contra la dominación imperialista particularmente norteamericana y contra la explotación y opresión de las oligarquías criollas en cada país de Indo América: Las aprehendió estéticamente y transformó en obras de arte y literatura proletarias y populares cuya identidad está en el arquetipo estético que todas ellas construyeron: Los protagonistas de las tramas artísticas y literarias fueron los trabajadores, los campesinos, la juventud popular, la mujer trabajadora, los pueblos alzados contra la explotación y opresión extranjera y criolla.
La obra de arte y literatura construida por la intelectualidad artística revolucionaria se internó en la profunda realidad de los trabajadores y pueblos de América Latina recogiendo las vertientes étnicas y culturales populares indoamericanas, nuestras identidades mestiza, indígena, negra y sus diversas mezclas y variables étnicas enraizadas con las clases sociales oprimidas y alzadas por su libertad. Fue una literatura de clase resultado de la poderosa influencia de la cultura clasista devenida de la Revolución bolchevique proceso artístico literario que creó nuevas formas artísticas y literarias. De aquella vigorosa influencia espiritual y material deviene un proceso que construye, crea formas artísticas y literarias nuevas porque lleva a la literatura, la pintura, el teatro, la música, los fragores, el temple, la energía que se plasma en los tendones y en los músculos, en la mirada penetrante y altiva, en los rubores enrojecidos de los rostros de hombres, mujeres, jóvenes trabajadores, campesinos, alzados que echaron abajo el capital y a sus ejércitos, a sus huestes reaccionarias.
La construcción de las obras de arte y literatura de aquel rico período tienen sabor y olor al follaje, a los terruños americanos, a nuestros ríos y montes; se construyó palpando nuestras tierras, sus pájaros de fuego. Nuestras artes fueron indoamericanas con olor a la pólvora nacida de la huelga contra las bananeras gringas, contra la explotación latifundista; contra los dictadores como en “El Señor Presidente” de Miguel Ángel Asturias; contra el latifundismo en “Doña Bárbara”; y en la lucha antiimperialista como en “Mamita Yunai”; “Demonio a caballo” de Pablo de Rokha; “Macunaíma” de Mario de Andrade; “La Galera” de Tiberio (crónica del canal de Panamá); “Cubagua” de Bernardo Núñez; “Túneles de la Libertad” tríada de novelas proletarias del escritor comunista brasilero Jorge Amado; “Huasipungo” de Jorge Icaza; “Residencia en la Tierra” de Pablo Neruda; “Yo El Supremo” de Roa Bastos; “El tirano Banderas” de Ramón del Valle Inclán; “La Vorágine” de Eustasio Rivera; “Don Segundo Sombra” de Ricardo Güiraldes; “Raza de bronce” de Alcides Arguedas; “Zurzulita” de Mariano Latorre; “Las Cruces Sobre el Agua” de Gallegos Lara; “Nuestro Pan” de Gil Gilbert; “El Poder Omnímodo” de Pareja Diez Canseco (el populismo velasquista); “Juyungo” de Adalberto Ortiz; “Cuando los Guayacanes Florecían” de Estupiñán Bass.
De mano de aquella literatura se fraguó la pintura de Diego Rivera, Frida Khalo y Alfaro Siqueiros en México que se extendería en nuestro país con Pinto, Kingman, Guayas amín; a todo ese torrente artístico y literario se sumó el desarrollo de la canción protesta, el teatro popular, la poesía con acústica y sabores propios; prolífica producción artístico literaria que reflejó la lucha de clases en América Latina y puso en la escena protagónica no a los señores feudales ni a los capitalistas sino a los hombres y mujeres trabajadores, campesinos engarzados a nuestras culturas mestizas, indígenas, negras, enraizadas con las clases sociales oprimidas y alzadas por su libertad.
En nuestro país se produjo un salto: “En el siglo XX insurge con gran fuerza telúrica la Generación del 30. Son autores que abrazan el realismo, que dejan atrás el terciopelo y las musas y se adentran en el ser y el habla de los ecuatorianos de abajo, del indio, del huasipunguero, del arrimado y del montubio y en menos escala del habitante urbano. Se incorporan así, al lenguaje escrito las expresiones y los modismos de un español mordizqueante que se aclimató durante siglos en la campiña ecuatoriana” “A partir de los años 60 del siglo pasado, la literatura ecuatoriana se renueva vigorosa con nuevas expresiones y autores. La revolución social, la clase obrera, el campesinado, la intelectualidad y la juventud son los protagonistas de esta nueva expresión de la lengua literaria. El ser interior y no solo la descripción califican esta literatura” destaca Pablo Miranda*1
Por supuesto no solo influye en estos ámbitos del pensamiento artístico literario la Revolución de Octubre sino otras revoluciones devenidas en ese proceso como la Revolución Cubana pero todas éstas tienen un catalizador común: La primera revolución social en que las clases explotadoras son dejadas atrás en la historia y conquista el poder la clase obrera y su partido, la Revolución Socialista de Octubre es el hilo que enmadeja este proceso de cambios materiales y espirituales de la historia mundial.
Se trata de un fenómeno histórico, político, social, económico y militar profundo que se vio reflejado en las artes y que abarcó un período histórico significativo al formarse, luego de la Segunda Guerra Mundial el campo socialista donde tuvo una particular connotación el trabajo que en las artes proletarias y populares y en la estética proletaria se construyó en Albania Socialista que llega hasta finales de la década de los 90s; período de realización victoriosa del socialismo que ha pretendido ser hundido por el postmodernismo y el oportunismo forzando la pérdida de la memoria colectiva popular cuyo eje de los ataques a nuestra ideología es el fomento del arte abstracto, alienante, que oculta la lucha de clases y su proyección al socialismo y la estigmatización del realismo socialista y del realismo proletario y popular.
El postmodernismo echó fango sobre esta literatura y artes que afirmó dicha corriente realista en literatura y que también se expresó en la canción chilena, argentina, en la nueva trova cubana; en la pintura realista, el teatro y la danza; en la literatura se extendió al “realismo mágico” que se engarza con el llamado “boom literario” de aquellas décadas.
Durante estas recientes dos décadas el llamado “socialismo del siglo XXI” que brotó en Venezuela opuesto a la Revolución Socialista de Octubre que manipula las artes de raigambre popular y “de izquierda” para consolidarse mercantilizándolas como ocurre en nuestro país con el correísmo que ha jugado ese papel desnaturalizando el carácter realista proletario del “realismo socialista” de la URSS y de Albania Socialista construido por “Los Tzánsicos” por el “Centro de Arte Nacional”, la UNAP y la UNAPE lideradas por Rafael Larrea, Alfonso Murriagui, Armando Coronel, Alberto Carcelén.
Las actuales circunstancias de decadencia y crisis del “socialismo del siglo XXI” que en el terreno artístico en nuestro país plantea como tesis postmodernista criolla: “Todos Somos Libres e Iguales, Tan Solo Diversos” negando la cultura de clases en el terreno de las artes debe convocarnos para calificar y potenciar nuestra corriente artística y política liberadora identificada con el socialismo de la clase obrera y su partido, para, afirmándonos en las conquistas materiales y espirituales de la Revolución Socialista de Octubre; particularmente de las artes y la literatura reemprendamos un trabajo que fortalezca nuestra concepción estética proletaria para que refleje la lucha de los trabajadores, los pueblos, la juventud popular, la mujer trabajadora, contribuyendo a su educación política frente a las diversas formas de la cultura burguesa, la reformista latinoamericana hoy en crisis y la neoliberal con todas sus argucias. La vigorosa lucha librada por los trabajadores y los pueblos durante estas últimas décadas en que ha imperado la confusión demanda que como parte de la lucha política por la conquista del poder popular también libremos batallas en el terreno de la cultura proletaria de la literatura y las artes realistas, proletarias, populares, pluriculturales y emancipadoras para fortalecer la lucha por la revolución social proletaria.
21 Seminario Internacional Problemas de la Revolución en América Latina. Quito- Julio 2017

LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA DE OCTUBRE Y SUS LECCIONES PARA LA LUCHA ACTUAL DE LOS TRABAJADORES Y LOS PUEBLOS*
PCMLE / Ecuador
Por decisión tomada entre el PCMLE y la JRE, acogiendo el llamamiento de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxistas Leninistas, CIPOML, para que en las distintas regiones del mundo se celebre el Centenario de la Revolución de Octubre con diversas actividades, hemos situado como tema central del presente Seminario esta gran gesta de los trabajadores, los campesinos y los pueblos de Rusia.

En efecto, en diversos continentes se vienen organizando seminarios, mítines, reuniones internacionalistas, publicaciones, asambleas y concentraciones, que muestran el hecho de que los comunistas, la izquierda, la clase obrera y otros sectores democráticos, conmemoramos esta gran fecha, debatimos la trascendencia del acontecimiento histórico, extraemos valiosas lecciones del mismo y todo eso nos muestra que las aspiraciones del cambio social, de libertad, del fin de la explotación y la injusticia, la superación del sistema capitalista se hallan presentes en la conciencia de apreciables sectores de los trabajadores, de las personas democráticas que aspiran la justicia social. Estos valores se mantienen pese a la feroz ofensiva anticomunista que los círculos imperialistas y sus gobiernos llevan adelante en contra de los pueblos.
Significación del “Octubre Rojo”
La Revolución Socialista de Octubre constituye un hecho de gran trascendencia histórica; sin duda uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX, quizá el más importante, no solo para Rusia, sino a nivel internacional, ya que a partir de su realización, se produjo por primera vez el derrocamiento de la burguesía por parte de los trabajadores en sólida alianza con el campesinado pobre y otros sectores populares, en el más grande país de la tierra, con más de 150 millones de habitantes y uno de los atrasados en el desarrollo capitalista.
Con esta victoria de los oprimidos y explotados, el mundo entró a una nueva época histórica: la del imperialismo y las revoluciones proletarias, pues mostró a la Humanidad que era posible dejar atrás el capitalismo a través del cambio revolucionario, y en su reemplazo, edificar un nuevo sistema económico, social y político, de trabajo, justicia y bienestar, el socialismo. Abrió desde entonces esa perspectiva promisoria para los proletarios del mundo, para los pobres de la tierra.
Los eslabones débiles de la dominación imperialista
La revolución rusa desarrollada en diversas etapas, desde 1905, hasta la revolución democrática de Febrero de 1917, y de allí a Octubre de ese mismo año, la revolución socialista, principalmente, cumplió un papel de singular importancia para los trabajadores y los pueblos, las naciones y las nacionalidades de ese inmenso país; rompió por vía insurreccional y de masas, el frente del imperialismo, de la explotación y opresión a nivel mundial, demostrando en la práctica una de las importantes tesis del marxismo leninismo, la existencia de eslabones débiles en el sistema de dominación reaccionaria; determinados países y regiones donde convergen una serie de condiciones geográficas, económicas y políticas, donde se producen a la vez, momentos importantes y particulares que tornan sumamente vulnerables los mecanismos de la dependencia. Países y lugares donde se puede aprovechar por parte de las fuerzas revolucionarias, esa transitoria debilidad de las naciones capitalistas dominantes para levantar la lucha por la toma del poder.
Justamente, ese fue el momento que los bolcheviques rusos aprovecharon esas condiciones, en el curso de la Primera Guerra Mundial, cuando los dos principales bloques imperialistas: la Entente (Alemania, Austro – Hungría e Italia, inicialmente) y la Triple Alianza (Inglaterra, Francia y Rusia) se enfrentaron a muerte por sus intereses geopolíticos lo que provocó, inicialmente al menos, que las potencias no pudieran emplearse a fondo para combatir a la revolución que correctamente levantó las banderas de la paz, el pan y la tierra.
Esos anhelos fervientes de los trabajadores, los campesinos y los pueblos, fueron decisivos para ganarlos al campo revolucionario, al igual que las tropas que se hallaban extenuadas por la guerra y que se vieron llevadas a la lucha como el único medio para salir de esa conflagración.
La revolución socialista una revolución distinta
La Revolución de Octubre significa una revolución distinta a las anteriores producidas en el devenir de la historia. Las anteriores revoluciones como la rebelión de los esclavos o los siervos de la gleba, las revoluciones burguesas de Inglaterra, Francia o las rebeliones campesinas de Alemania, por su propia naturaleza alcanzaron el relevo o el cambio en el poder de una clase social poseedora, propietaria, por otra que le sucedió en el dominio de Estado.
La revolución social del proletariado, así mismo, por la propia naturaleza de sus actores se propuso y lo consiguió, la supresión de todos y cada uno de los grupos de explotadores, la supresión de la explotación del hombre por el hombre, la instauración del Poder en las manos de los trabajadores, la plasmación en los hechos de la dictadura del proletariado.
El nuevo poder revolucionario
Una de las significativas contribuciones de la Revolución de Octubre en Rusia es que instauró en la práctica la esencial teoría marxista leninista de la dictadura del proletariado, como la forma de Estado de transición del capitalismo al socialismo. Desde que Carlos Marx fundamentara que el Estado no es sino un órgano de dominación y opresión de una clase por otra y que no era posible la liberación de la clase oprimida sin liquidar ese instrumento de dominación que había sido utilizado por las clases explotadoras para mantener su dominio, la experiencia de la Comuna de París de 1871 y definitivamente la Revolución Bolchevique, fundó la República de los Sóviets (Consejos) de obreros, campesinos y soldados, como un Poder nuevo donde se expresaba la dictadura del proletariado.
V. I. Lenin fue muy claro en advertir que solo puede considerarse un marxista, un revolucionario proletario, aquél que hiciera extensiva la cuestión de la lucha de clases al reconocimiento de la vigencia de la dictadura del proletariado.
La dictadura del proletariado es entendida como una alianza entre los proletarios, los trabajadores, las masas trabajadoras del campo, dirigida contra el capital, contra la burguesía; alianza que tiene como fin la instauración y consolidación definitiva del socialismo. Una dictadura dirigida contra los explotadores que han sido derrocados del poder, pero una democracia de modo nuevo para las mayorías. La Revolución de Octubre es la aplicación práctica de la teoría marxista leninista de la dictadura del proletariado y mientras sus principios estuvieron vigentes se demostró efectivamente como un poder político de nuevo tipo al servicio de los trabajadores y los pueblos.
La “expropiación de los expropiadores”
Por vía revolucionaria, utilizando la insurrección armada, la violencia revolucionaria, los trabajadores en Rusia “expropiaron a los expropiadores” de los principales medios de producción de los que disfrutaban a expensas del esfuerzo y el sudor, de la explotación inmisericorde de las masas trabajadoras, la decadente nobleza zarista, los terratenientes y grandes burgueses de ese inmenso país. La revolución convirtió esa gran propiedad privada de una minoría privilegiada en propiedad colectiva, de la sociedad misma, para beneficio de las mayorías, terminando así la odiosa diferenciación social, la explotación del hombre por el hombre.
Derrumbe de la opresión nacional
El oprobioso régimen de la autocracia encabezada por el zar (“gran rey”), que representaba y defendía a una rancia nobleza, así como los intereses de los terratenientes feudales y de la burguesía, había convertido a Rusia en una “cárcel de pueblos”. Oprimía cruel y violentamente a las nacionalidades y pueblos como Armenia, el Turkestán, Ucrania, Azerbazhdian, que el régimen reaccionario ubicaba en la periferia del imperio a través de la discriminación étnica, los prejuicios religiosos, la xenofobia y el chovinismo de la “gran Rusia”. Solo la Revolución, a través de sus avanzadas y claras posiciones sobre el movimiento nacional, permitió que los pueblos, naciones y nacionalidades de Rusia encontraran en el llamamiento y organización de los bolcheviques, las motivaciones profundas para su propia liberación. Esto significó un gran aporte para el movimiento de independencia de las colonias, semi colonias y países dependientes a nivel mundial, puesto que después de la conquista del poder por parte del proletariado en Rusia, encontró una poderosa guía y ejemplo en su lucha emancipadora en contra de las metrópolis imperialistas.
El rol histórico del proletariado
La revolución rusa tiene una gran significación internacional puesto que erigió de manera categórica a los proletarios, a los trabajadores, como una clase social en el poder, y mostró que esa clase como producto genuino del capitalismo, estaba llamada a cumplir el papel de vanguardia revolucionaria de las otras clases sociales oprimidas, de fuerza social que habría de jugar el papel dirigente en las transformación social, y que ésta para ser auténtica, habría de producirse por la vía revolucionaria, insurreccional, proclamando a todos, que solo la revolución es cambio.
La clase obrera rusa, sin embargo de no ser una clase mayoritaria entre la población del país tenía a su haber una rica experiencia acumulada en sus luchas reivindicativas y políticas, en sus huelgas parciales y generales, en sus reñidos combates contra la voraz explotación de las empresas de capital francés, inglés y específicamente ruso. Empresas capitalistas que se formaron teniendo al régimen zarista como sustento y al imperialismo como garantía para establecerse y desarrollarse en ese país. Los obreros rusos habían ganado una importante experiencia en las masivas jornadas de combate que precedieron a 1905, en la lucha contra el zarismo y la explotación capitalista; habían fundado desde esa época los sóviets (Consejos) de obreros, campesinos, desde un inicio para enfrentar la lucha cotidiana, las exigencias y reivindicaciones, que se fueron convirtiendo hasta 1917 en un importante soporte de la organización y expresión política de los trabajadores y luego del triunfo revolucionario en el puntal más robusto de la construcción socialista, de la que emanaba el poder político proletario.
Por entonces, más allá de las fronteras de Rusia, se desenvolvía un poderoso movimiento obrero en Europa que enfrentaba con lucha la dura crisis originada en la guerra imperialista, maduraba en Occidente y el Oriente despertaba con la lucha de las colonias y semi colonias. Esto aseguró para la revolución, aliados fieles en su lucha contra el imperialismo mundial. La clase obrera rusa estaba jugando a nivel nacional su papel de sepulturera del capitalismo y se alimentaba del apoyo de los campesinos y soldados que aspiraban fervientemente la paz y la tierra. La lucha de los trabajadores a nivel internacional formaba parte de esos combativos afluentes necesarios para la toma y el sostenimiento del poder.
Un partido probado por su experiencia
No se podría hablar de Octubre de 1917 si no se habla del Partido de los bolcheviques rusos. Surgido en los albores del siglo pasado, asume de inicio el nombre de Partido Obrero Social Demócrata Ruso, POSDR que cumple una trayectoria apasionante en la que destacan una pléyade de dirigentes revolucionarios junto a las principales e indiscutidas figuras: V.I.Lenin y J.V. Stalin, que desarrollan de modo firme y consecuente, una intensa lucha de ideas y de acción política de gran trascendencia en las filas socialdemócratas y del movimiento revolucionario de la época para construir un partido caracterizado por ser una vanguardia consciente y de alto nivel de organización y disciplina, al servicio del proletariado. Una formación política que en un persistente proceso se construyó como el partido político de la clase obrera, lo más selecto de la clase, guía y dirigente de la revolución.
Las diversas clases, partidos y organizaciones existentes en el panorama ruso, efectivamente planteaban diversos puntos de vista sobre la realidad concreta y formulaban sus visiones y propuestas sobre lo que había que hacer y cómo enfrentar esos acuciantes problemas que se estaban viviendo. Es obvio, que cada una de esas formaciones partía, para sus opiniones y posiciones, de los intereses de las clases y sectores a quienes ideológica y políticamente se debían, por ejemplo los “eseristas” o socialistas revolucionarios, los reformistas (mencheviques y oportunistas), los liberales (kadetes) y el propio régimen zarista que manejaba la situación de acuerdo a sus intereses y designios para mantenerse en el poder y conservar sus privilegios.
En estas condiciones, sólo el Partido Bolchevique de Lenin, Stalin y otros dirigentes, pudo erigirse y ganar la confianza de la clase obrera, conseguir el apoyo firme de los campesinos pobres, de los pueblos y nacionalidades del imperio ruso para conducirlos a la denodada lucha para la conquista del poder.
Algunas lecciones que nos señala “Octubre”
Notables son las lecciones y enseñanzas que nos deja la Revolución de Octubre y que son de gran utilidad para el momento presente en que el imperialismo y el capitalismo siguen dominando en la palestra mundial; existen, para desgracia de la humanidad; sus monopolios que sobreexplotan a los trabajadores en los distintos ámbitos del planeta; oprimen de forma voraz a los países dependientes y atrasados; llevan adelante sus criminales designios de atraco, dominación y propician guerras y conflictos localizados para sacar ventaja de ellos; por sus intereses y contradicciones, ponen en vilo la paz mundial; pisotean agresivamente la independencia y soberanía de los países, naciones y pueblos; son los responsables de las oleadas de refugiados, de las migraciones, en las que se hacen tabla rasa los derechos y la dignidad humana.
Vigencia de la revolución social
Por estas razones, para cambiar y terminar esta dura situación, la única salida que está vigente y es viable para los trabajadores, la juventud, las mujeres y los pueblos sigue siendo la revolución. Para su organización, realización y su victoria, se deben tomar en cuenta los escenarios en que se desenvuelve la lucha de los trabajadores y los pueblos, el nivel de conciencia, organización y movilización de las masas trabajadoras; la situación en la que se halla el campo del enemigo en general y la perspectiva mediata e inmediata, económica, política y social de cada país; las circunstancias de orden interior y exterior y las particularidades diversas que se presentan.
La revolución en nuestros días tiene su vigencia en un país en donde se hallen presentes, en donde puedan generarse, condiciones específicas que permitan su realización. Como ayer y como hoy, no puede ser un óbice que la transformación social pueda producirse en un solo país, contando con un firme apoyo internacional de los trabajadores y los pueblos del mundo. La tesis sustentada por algunos sectores respecto de que la revolución solo puede realizarse en escala continental o regional, exclusivamente, no es resultado de la experiencia que hemos vivido en la realidad y pese a las derrotas sufridas por diversos factores, en algunos de los procesos revolucionarios, la verdad es que la lucha por la transformación social pudo levantarse en diversos países y en distintos momentos. Argelia, Cuba, China, Vietnam, son algunos de esos ejemplos.
El proceso revolucionario
Organizar y hacer la revolución debe ser entendido como un proceso que tiene un camino contradictorio; avances y retrocesos, victorias y derrotas, momentos de aceleración y reanimación; de dificultades y marchas forzadas, ardua y persistente acumulación de fuerzas, en que los actores de la revolución encabezados por la clase obrera y su partido sean capaces de arrostrar todas las batallas parciales y generales, los combates reivindicativos y políticos frente a las acciones que los enemigos de clase empujan en contra de los trabajadores de la ciudad y del campo, la juventud, las mujeres y los pueblos.
Hay que insistir en la necesidad de siempre trabajar con la bandera de la unidad, para agrupar a todas las fuerzas interesadas en el cambio.
Necesitamos afirmar la concepción de que los pueblos hacen la historia, la revolución es la obra de las masas trabajadoras y ellas deben jugar un papel protagónico a condición de la conciencia y la disposición por el poder. Las masas necesitan de esa conciencia y el partido las hace conscientes; aprender a utilizar de acuerdo a las condiciones que se presentan, las diferentes formas de lucha y por vía insurreccional, por medio de la violencia revolucionaria, lanzarse en el momento más apropiado a la toma del poder como condición central e indispensable, para la edificación de la nueva sociedad, del socialismo.
Una ideología revolucionaria
Es necesario inspirarse en una ideología, una doctrina revolucionaria que tenga un carácter objetivo, cuyos postulados estén en consonancia con las ciencias que señalan el curso de las sociedades desde su génesis y su desarrollo, que permita determinar los factores que mueven el desarrollo, las fuerzas interesadas en la lucha y la transformación social; la dirección que marca el rumbo de sus objetivos. En el caso de la Revolución de Octubre, ésta tuvo inspiración en la ciencia del materialismo histórico, del marxismo – leninismo, asimilada, sostenida, difundida y practicada por el partido bolchevique que en su camino adoptó el nombre correspondiente de Partido Comunista (bolchevique) de la URSS.
Una creativa, ágil y masiva propaganda
Una gran labor propagandística y de agitación fue organizada por el partido, las diversas organizaciones proletarias en el seno de las masas trabajadoras a partir de numerosos periódicos, boletines, obras de diversos autores, artículos, que jugaron un papel importante en la forja de la conciencia y disposición de lucha en las distintas jornadas durante el proceso revolucionario, propaganda que circuló en los centros fabriles, en el campo, en las universidades y liceos; en las huelgas, levantamientos y movilizaciones. La activa labor de propaganda y agitación de los bolcheviques en el seno de los sóviets, en las fábricas e incluso en las trincheras, durante la guerra, fue decisiva en el curso de la revolución.
La necesidad del partido comunista
Un partido guiado por esa ideología, con una persistente y consecuente práctica social, con una disciplina férrea y con marcado heroísmo, supo –en un proceso– ganarse el favor, la confianza y el respeto de las masas trabajadoras, de los campesinos y otros sectores sociales de los pueblos de Rusia, avanzando en la primera línea del combate, pero que a la vez supo replegarse con acierto en los momentos de reflujo revolucionario, que tuvo innúmeros cambios de táctica en los distintos momentos del proceso para preservar sus fuerzas, reorganizarse y avanzar a las nuevas batallas que demanda la emancipación. Ésta es una magistral lección para los revolucionarios de hoy en día. Hacer de nuestros partidos y organizaciones políticas verdaderos batallones de la lucha revolucionaria, que encabecen las banderas de unidad, disciplina y consecuencia con los elevados intereses de la emancipación.
* PARTIDO COMUNISTA MARXISTA LENINISTA DEL ECUADOR. PCMLE ECUADOR.

REVOLUCIÓN SOCIALISTA DE OCTUBRE: EL PAPEL DEL PROLETARIADO Y EL PARTIDO REVOLUCIONARIO

PCR / BOLIVIA
“La Revolución no se hace, se organiza.” - Lenin
Al recordar el centenario de la Revolución Socialista de Octubre, es importante desde los Partidos y Organizaciones Marxistas-Leninistas sistematizar las lecciones que semejante hito nos dejó para las luchas actuales.
Los debates que hoy para el Socialismo del Siglo XXI parecen ser novedosos, fueron objeto de debate hace más de un siglo, separando a los bolcheviques de las diversas tendencias revisionistas.
Fue importante el proceso de discusión dentro del Partido Obrero Social Demócrata Ruso (POSDR) entre 1903 y 1917, de la Revolución de 1905, la de Febrero 1917 y la Revolución Socialista de Octubre. Son muchos los temas de discusión: desde lo nacional, el papel del campesinado, la táctica revolucionaria, la política parlamentaria, la prensa partidaria, etc. En este momento nos enfocaremos en dos puntos fundamentales: la caracterización de la revolución (por lo tanto el papel del proletariado) y la organización partidaria. Así mismo analizaremos como las lecciones aprendidas en la Revolución de Octubre han influido en las luchas populares de Bolivia y cómo orientan nuestro horizonte en el contexto actual.
El Papel del Proletariado en la Revolución
En 1898, Lenin había señalado las características generales del incipiente desarrollo capitalista y las complejas relaciones de propiedad y producción en las tierras, en su texto El Desarrollo del Capitalismo en Rusia, mientras la clase obrera lograba cada vez mayor organización. El atraso del desarrollo capitalista en Rusia fue notorio frente al de los demás estados-nacionales europeos, así como su arcaica superestructura política del zarismo absolutista. En las pugnas por el reparto territorial, la Rusia zarista entra en guerra con Japón, empeorando las ya paupérrimas condiciones de vida de las mayorías explotadas.
La naciente burguesía rusa aspiraba a mayores espacios de poder estatal, mientras el proletariado se alzaba en huelgas y protestas reprimidas de forma brutal (‘Domingo Sangriento’ entre otros). El POSDR se encontraba dividido entre mencheviques y bolcheviques, cada quien con tácticas de lucha distintas debido a las distintas caracterizaciones de la revolución en curso.
Respecto al papel del proletariado en las revoluciones burguesas, Lenin indica que: “El marxismo no enseña al proletariado a quedarse al margen de la revolución burguesa, a no participar en ella, a entregar su dirección a la burguesía, sino que enseña, por el contrario, que debe participar del modo más enérgico y más decidido en la lucha por el democratismo proletario consecuente, en la lucha por llevar a término la revolución.” (Lenin, t. VIII, pág. 58)
Profundiza el planteamiento de la participación activa del proletariado indicando que éste debe asumir el papel de dirección: “El desenlace de la revolución depende del papel que desempeñe en ella la clase obrera: de que se limite a ser un mero auxiliar de la burguesía, aunque sea un auxiliar poderoso por la intensidad de su empuje contra la autocracia, pero políticamente impotente, o de que asuma el papel de dirigente de la revolución popular.” (Lenin, t. VIII, pág. 32)
Para el mes de abril 1917, Lenin lanza las Tesis de Abril, en las que plantea que: “La peculiaridad del momento actual en Rusia consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado.” (Lenin, Obras Escogidas t. II, pág. 17). De este modo desnuda el carácter capitalista e imperialista del gobierno provisional y plantea el gobierno de los Sóviets como superación de la primera fase de la revolución, terminando con la guerra imperialista y dando una respuesta real a las exigencias populares.
La composición mayoritaria de proletarios y campesinos en las luchas democráticas es apropiada por la burguesía si el proletariado no cuenta con una dirección política propia con fuerza suficiente. Stalin indica que: “La burguesía de todos los países y naciones sabe apropiarse muy bien de los frutos obtenidos en victorias que no son suyas, sabe muy bien sacar las castañas del fuego con manos ajenas. Jamás ha sentido deseos de arriesgar su situación relativamente privilegiada en una lucha contra un enemigo fuerte, una lucha que todavía no es tan fácil de ganar.” (Stalin, t. I, pág. 21)
En Bolivia, las mayorías trabajadoras, campesinas y pueblos indígenas llevan siglos de luchas contra el colonialismo, el feudalismo y el capitalismo, tiempo en el cual han asumido conciencia de la necesidad de la dirección política. Después de la guerra por la independencia frente a la corona española, los dirigentes otrora realistas usurparon los espacios de poder de la naciente República relegando a las mayorías que habían luchado al olvido. En la Guerra Federal de 1900, las fuerzas liberales que se habían aliado con los indígenas de Zárate Willka encarcelaron al líder originario y mantuvieron las formas feudales de explotación. Las distintas fracciones de las clases dominantes siempre han utilizado la fuerza de lucha de los explotados para resolver sus conflictos entre sí.
Similar fue la experiencia de la Revolución Nacional de 1952, en la que las milicias de obreros y campesinos derrotan a las Fuerzas Armadas para entregar el poder al MNR de Víctor Paz Estensoro, cuyo gobierno, bajo presión de las masas, aplicaría medidas tibias (aprobadas por el imperialismo yanqui) como ser el voto universal, la reforma agraria y la ‘nacionalización’ de las minas.
Para 1970, ante un intento de golpe militar fascista, la Central Obrera Boliviana (COB) convoca a una huelga general y se proclama al General Juan José Torres como Presidente. En el gobierno de J.J. Torres las organizaciones populares convocan a la Asamblea Popular, como órgano incipiente de poder popular. La COB, en su Tesis Socialista de 1970, llegaría a la conclusión de que: “Comprobamos en carne propia que los procesos democráticos y nacionalistas que no son dirigidos por el proletariado y transformados en proceso socialista, concluyen siempre en frustración y derrota… Las nacionalizaciones hechas por tales gobiernos, del mismo modo que su lenguaje al rojo vivo del primer periodo de oposición contra el imperialismo y la reacción concluyeron siempre siendo reemplazados por el pedido de perdón por su pasado antiimperialista.”
En nuestro país, la acumulación de fuerzas en la lucha contra el modelo neo-liberal, implantado desde 1985, tiene como puntos álgidos la Guerra del Agua en Cochabamba (2000) y la Guerra del Gas (2003). La Guerra del Gas deja como programa la Agenda de Octubre que plantea la nacionalización de los hidrocarburos, la expulsión de las trasnacionales y la convocatoria a Asamblea Constituyente.
Después de que huyera del país Gonzalo Sánchez de Lozada, el cabildo bajo dirección del MAS, ante el conflicto social que iba en acenso, dictaminó la sucesión constitucional. En 2005 es electo presidente, con una mayoría histórica, Evo Morales, con el apoyo de gran parte de la izquierda tradicional (PCB, PCmlm, sectores del ELN, sectores del PS-1).
A más de una década del gobierno del MAS aún queda inconclusa la Agenda de Octubre. La ‘nacionalización’ de Evo ha significado la compra de acciones y suscripción de contratos de servicio con las mismas empresas trasnacionales; la Asamblea Constituyente concluyó con un texto constitucional pactado con la oposición derechista en el Senado. Hubo una política de represión estatal hacía los movimientos populares: discapacitados, estudiantes, maestros, indígenas, trabajadores. La política de corporativización de los movimientos sociales apunta a debilitar la resistencia popular.
El crecimiento del capital financiero y los beneficios implementados (bono de exploración) para las empresas trasnacionales coinciden con el incremento constante de la deuda externa del país bajo el discurso de ‘socios, no patrones’.
“Es imposible impulsar la revolución y conquistar la independencia total de las colonias y de los países dependientes desarrollados en el sentido capitalista sin aislar a la burguesía nacional conciliadora, sin liberar a las masas revolucionarias pequeñoburguesas de la influencia de esta burguesía, sin aplicar la política de hegemonía del proletariado, sin organizar a los elementos avanzados de la clase obrera en un Partido Comunista independiente.” (Stalin, t. VII, pág. 70)
El papel del proletariado en las Revoluciones es determinante en el rumbo de la revolución. La responsabilidad de tener una caracterización correcta de la realidad y trazar las líneas estratégicas y tácticas la tiene el Partido del proletariado. La política de seguidismo acrítico y de justificación que han asumido las tradicionales organizaciones de izquierda (con la salvedad del trotskismo), durante el gobierno del MAS, demuestra su papel servil a la burguesía nacional.
En un contexto internacional de contradicciones interimperialistas entre distintos bloques, no es de extrañarse que en la política nacional existan contradicciones entre fracciones de la burguesía. Durante el gobierno del MAS, la pugna entre la vieja burguesía ligada a la ‘media luna’ (fundamentalmente agro-industrial y financiera) y la nueva burguesía en auge (comercial, minera, etc.), ha dado lugar a un pacto (nueva Constitución Política del Estado aprobada entre MAS y PODEMOS) en el que el gobierno de Evo busca mantener las condiciones de ‘bonanza’ para las clases dominantes.
El Partido Comunista Revolucionario de Bolivia nace en un acto de reivindicación de los principios marxistas-leninistas y de posición clasista, frente a la política conciliadora y seguidista del viejo Partido Comunista.
Como Partido caracterizamos el capitalismo en nuestro país como abigarrado por su coexistencia con modos de producción secundarios (semifeudal, comunitario, etc.), por el atraso tecnológico y la dependencia económica. Consideramos que las tareas democrático burguesas pendientes no pudieron ser completadas ni por la Revolución del 52, ni por el proceso de cambio; debe ser la clase obrera con el poder popular quien enfrente esas tareas junto a la construcción del socialismo en Bolivia.
El papel de los trabajadores, campesinos, capas medias explotadas y los pueblos indígenas de Bolivia es conquistar el poder para construir una nueva sociedad; hemos aprendido que el papel de auxiliar sumiso a fracciones ‘de avanzada’ o ‘progresistas’ de la burguesía lleva a un solo destino – la frustración de los revolucionarios ante las traiciones de la burguesía. Para conquistar una nueva sociedad hace falta la construcción de una herramienta fundamental – el Partido.
El Partido
Hoy las tendencias diversas del revisionismo y reformismo nos hablan del papel de los movimientos sociales como supuesta superación de los partidos de vanguardia. Estos planteamientos no son novedosos: durante los años de debate interno en el POSDR, se discute el papel y las características del Partido: “los mencheviques van alejándose cada vez más de la revolución. Se convierten en liquidadores, exigen la liquidación, la destrucción del Partido clandestino, revolucionario, del proletariado, se apartan cada vez más abiertamente del programa del Partido y de sus tareas y consignas revolucionarias, e intentan organizar su propio partido, un partido reformista.” (Stalin, t. XIV, pág. 75)
El intento de ‘liquidar’ el Partido mediante la incorporación acrítica al aparato gubernamental, como lo han hecho diversas organizaciones de izquierda en Bolivia, es una traición a los principios marxistas-leninistas (para los revisionistas esta traición no constituye una novedad sino un modus operandi).
Para los comunistas bolivianos, la construcción de nuestro Partido – el PCRB es una tarea fundamental.
Esta construcción partidaria debe realizarse con una comprensión clara de la esencia del Partido, como unidad monolítica con aspiración de la toma del poder y actividad conspirativa: “Tiene su propio programa (objetivos inmediatos y finales del movimiento), su propia táctica (métodos de lucha) y sus propios principios de organización (forma de agrupación). La unidad de principios programáticos, tácticos y de organización constituye la base sobre la que se edifica nuestro Partido… Esto significa que puede llamarse miembro... a quien acepte el programa de dicho Partido, le preste ayuda material y participe en una de sus organizaciones.” (Stalin, t. I, pág. 65-67)
Frente a los modernos mencheviques y socialdemócratas se nos plantea una tarea difícil. Los gobiernos ‘progresistas’ se han empeñado por desgastar los términos y conceptos marxistas levantando falsas banderas de socialismo, revolución y patria. Hoy nos toca denunciar la esencia capitalista de los procesos de cambio y demostrar nuestra consecuencia en la construcción de una alternativa real para nuestros países – la revolución y el socialismo.
A un siglo de la Revolución Socialista de Octubre, debe quedar claro el papel del proletariado, no como mero auxiliar de una revolución burguesa, sino como dirección política hegemónica de la venidera revolución socialista, asumiendo las tareas inconclusas de la revolución democrática y llevando de forma ininterrumpida la revolución hacía el horizonte del poder popular y el socialismo.
Para cumplir con el papel histórico que toca a la clase obrera, es necesario construir el Partido bajo principios marxistas-leninistas, con centralismo democrático e inquebrantable y unidad en torno al programa revolucionario, para organizar la revolución, el poder popular y el socialismo.
21 Seminario Internacional Problemas de la Revolución en América Latina. Quito- Julio 2017
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