UNA CUMBRE DE LA OTAN CON LA SOMBRA DE RUSIA POR TODAS PARTES 



LA OTAN ES OBSOLETA DIJO TRUMP 



PABLO R. SUANZES
La Alianza se compromete a gastar más y se implica formalmente contra el Estado Islámico
Donald Trump humilla a sus socios de la OTAN

La agenda oficial estaba hecha a la medida: corta, sencilla, centrada en temas bien trabajados y sin ninguna discusión sobre Rusia. Todo pensado para que la primera Cumbre de Donald Trump en Bruselas discurriera sin complicaciones. La parte oficial salió bien. La parte pública fue un desastre.
En las dos Cumbres anteriores, en Varsovia y Gales, la amenaza rusa fue la gran protagonista. Hoy, en pleno escándalo de injerencias electorales, sobornos y los polémicos vínculos de la administración estadounidense con los servicios de espionaje de Moscú, la OTAN ha mirado para otro lado. Vladimir Putin era el gran ausente, no fue mencionado una sola vez, pero su presencia estaba, de fondo, en todas partes.

Sobre la mesa, dos temas. Por un lado, la petición norteamericana de que la Alianza Atlántica se involucre en la lucha contra el Estado Islámico aún más. Por otro, la "justa distribución de las cargas económicas". Ambas, demandas estadounidenses.

La coalición internacional contra el Estado Islámico cuenta con 68 países, y entre ellos, todos los miembros de la OTAN, a título individual. Pero la Alianza no participaba. Países como Francia y Alemania se resistían porque no quieren que, como ocurrió en Libia, el nombre de la institución quede manchado. Por no hablar de la mala imagen en el mundo árabe o el mayor coste económico.

Pese a todo, los líderes han tenido que aceptar una mayor implicación en la lucha contra el terrorismo. El secretario general, Jens Stoltenberg ha asegurado que ahora serán "parte total" de la misma, que "este paso "enviará un mensaje político fuerte del compromiso de la OTAN en la lucha contra el terrorismo y mejorará la coordinación en el seno de la coalición", además de "permitir que la OTAN forme parte de las deliberaciones políticas". Pero, eso sí, en ningún caso eso se traducirá en "operaciones de combate".

La exigencia del dinero

¿En qué consiste esa implicación? En la práctica hay varios detalles. Así, por ejemplo, se destinará uno de los AWAC de la OTAN (uno de los aviones de vigilancia y alerta), que ya se usan sobre el terreno, para "ayudar a mejorar la gestión del espacio aéreo" en las zonas donde Daesh tiene más presencia. Sus funciones no cambian mucho, pero se amplían las "horas de vuelo". A diferencia de lo ocurrido en Libia, no habrá bombardeos de la OTAN, ni la Alianza tendrá ningún tipo de mando ni asumirá coordinación.
Además, la OTAN creará una "célula especial dedicada a inteligencia" y que tendrá como misión concreta supervisar a los llamados 'foreign fighters', los yihadistas salidos de otros países que van a Siria o Irak y que, en muchos casos, quieren regresar. Para ello la Alianza designará a un "coordinador especial antiterrorista", confirmó el noruego.
Pero sin duda, la cuestión más polémica de la jornada fue la del dinero. Trump y su equipo han instado a los aliados a cumplir su promesa de 2014 de llegar hasta el 2% del PIB. Incluso dijo que eso "no era suficiente". De los 28, sólo cinco (EEUU, Reino Unido, Grecia, Polonia y Estonia) lo hacen. Hay buenas palabras, excusas o quienes, como hizo el presidente Rajoy, insisten en que además del puro gasto hay que tener en cuenta a quienes dedican importantes esfuerzos en misiones exteriores.
A Trump, que presumió de "haber sido muy directo", sin embargo, no le valen excusas. Y la OTAN, como institución, está de acuerdo con él. Por eso de Bruselas sale un nuevo objetivo: la realización de "planes anual de seguimiento" para que se pueda ir monitorizando qué países van en la buena dirección para llegar a ese 2% y quiénes no. "Si todos hubieran cumplido tendríamos 119.000 millones de dólares adicionales para la seguridad colectiva", dijo Trump en su discurso, "y la OTAN sería mucho más fuerte hoy, especialmente contra las amenazas terroristas".
Pablo Rodríguez Suanzes agrega que Estaban preparados para lo malo, para las extravagancias y la superficialidad, pero lo que se encontraron superó todas las expectativas. La primera visita de Donald Trump a la OTAN estaba cargada de simbolismo, y símbolos fueron los que se encontraron Merkel, Macron, May y el resto. Un desastre de relaciones públicas, de comportamiento, de lenguaje. Una humillación pública y una decepción monumental cuando el norteamericano evitó, además, todo compromiso firme con la defensa conjunta.
Trump tuvo la oportunidad cuando vio a Tusk y Juncker y al mediodía, cuando comió con Macron, pero esperó hasta tener a todos los líderes juntos, con las cámaras en directo, para hacer lo impensable, reclamarles dinero, y evitar lo imprescindible: dar garantías de futuro.
La OTAN, esa institución que Trump considera "obsoleta", inauguraba sede nueva en Bruselas con una fiesta organizada básicamente para darle la bienvenida al nuevo presidente estadounidense, para que conozca de primera mano qué son, qué hacen y por qué es esencial que mantenga su fe en ella. En el complejo, espectacular y carísimo, la OTAN ha decidido levantar dos monumentos que sintetizan la razón de su existencia: un trozo del muro de Berlín y otro del World Trade Center.
Un recuerdo de la Alianza Atlántica que nació como paraguas frente a la amenaza soviética y otro de la Alianza más solidaria tras los ataques del 11-S . Por eso, en la ceremonia de ayer, antes de empezar la Cumbre en sí, Angela Merkel y Donald Trump tomaron la palabra. La canciller, que desayunó con Obama en Berlín, hizo un discurso muy aplaudido en defensa de las libertades, de la cooperación y la unidad, apelando a la que fue su experiencia en una Alemania dividida. "No es el aislacionismo y el levantar muros los que nos lleva el éxito, sino las sociedades abiertas", proclamó, un recado evidente al amigo americano.
En cambio, Donald Trump aprovechó el momento de emoción, tras guardar un minuto de silencio por las víctimas de Nueva York y Washington, para afear y humillar en público a todos sus aliados, reclamándoles "ingentes cantidades de dinero" que, en su particular visión del mundo, le deben. "Un acto impropio", según Jorge Benítez, experto en la OTAN del Scowcroft Center on International Security.
Discurso agresivo
Un discurso agresivo, en el lugar equivocado y ante los ojos de todo el mundo. Un discurso que habrá hecho las delicias de Moscú y que además, falta a la verdad. Los aliados se comprometieron hace tiempo a dedicar el 2% de su PIB a Defensa, y no lo están haciendo. Trump ha convertido ese objetivo en una batalla personal, y tiene toda la razón y el derecho a reclamar más inversión. Pero nadie le debe ningún dinero a Estados Unidos, el principal contribuyente.
Trump sacó el repertorio completo en su función. El lenguaje de adolescente (llamando "perdedores" a los terroristas de Mánchester y calificando el atentado como "una cosa terrible"), el comportamiento asocial (empujando bruscamente al primer ministro de Montenegro para colocarse primero en una foto). Pero sobre todo, dejó muy preocupados a sus socios, porque en contra de lo que la propia Casa Blanca había apuntado en la víspera, no hizo el esperado compromiso total con el Artículo 5. Hubo una mención, "nunca abandonar a los amigos que han estado a nuestro lado", muy vaga e insuficiente para tranquilizar al secretario general y los líderes occidentales. Trump, pese a calificar a Rusia de amenaza, no quiso decir lo que todos, desde Truman, han defendido: que si uno de ellos es atacados, el resto saldrán inmediatamente en su ayuda.
No se trata de meros gestos o palabrería. Las dudas son muy reales. Unas horas antes, ayer también, el presidente del Consejo, Donald Tusk, tras verse en el corazón del barrio europeo con Trump, avisó: "no estoy 100% seguro de que podamos decir que tenemos una posición y una opinión común sobre Rusia", destacó, "pero cuando se trata de Ucrania parece que estamos en línea". Emmanuel Macron, que almorzó con él, fue en la misma línea: "no interpretamos las cosas de la misma manera, pero hemos hablado con franqueza". Un calco del balance del primer ministro belga, Charles Michel.
Los líderes mundiales han decidido tener mano izquierda, en la medida de lo posible. Durante la intervención de Trump, por ejemplo, Macron, Michel y el luxemburgués Bettel no pudieron contenerse y con vistosos gestos faciales cuchichearon entre ellos, sorprendidos por la falta de tacto. Pero en sus declaraciones no buscaron pelea. Tusk, por la mañana, apenas fue un poco más incisivo. "Mi mensaje a Trump ha sido que nuestra cooperación y amistad se sostiene sobre los valores occidentales: libertad, derechos humanos y respeto por la dignidad humana. La tarea más grande hoy es la consolidación del mundo libre alrededor de esos valores y no sólo por de intereses. Valores y principios primero. Es lo que Europa y América deberían decir", explicó en una breve comparecencia.
En la Cumbre, miradas, susurros y consternación. Pero sin réplicas porque hay demasiado en juego. Ni siquiera cuando, una vez más, el presidente trazó un vínculo entre la inmigración y el terrorismo. "Usted tiene miles y miles de personas entrando por sus países y extendiéndose por todas partes, y en muchos casos, no tenemos idea de quiénes son. Debemos ser duros. Debemos ser fuertes. Y debemos permanecer vigilantes", concluyó en una intervención que flirteaba con la xenofobia.
Pero desde su propio país le llegaron críticas. "Un error histórico", según Thomas Wright, de la Brookings Institution, un especialista que lleva meses avisando del peligro de la postura de Trump y de la excepcionalidad que supone su falta de compromiso con el Artículo 5. Nicholas Burns, desde su cuenta de Twitter, fue tajante: "Yo era el embajador de EEUU ante la OTAN el 11-S. Recuerdo el apoyo que nos dieron los europeos. Trump tiene que mostrar el mismo apoyo ahora para contener a Rusia", afirmó. David Kaye, experto en relaciones internacionales, coincidió: "pasé la noche del 11-S en el centro de operaciones del Departamento de Estado. El apoyo europeo llegó a borbotones. Fue impresionante, fue inmediato y fue real". Algo que, para el presidente, no es lo suficientemente tremendo.
Lo seguro es que la OTAN ingresará en la coalición internacional contra el Estado Islámico La Cumbre de la OTAN de 2016, la última de Barack Obama, fue para los expertos la más importante desde el final de la Guerra Fría. Con la amenaza rusa, iraní, norcoreana o la del Estado Islámico, la crisis de refugiados y la decisión de desplegar soldados en Polonia y países bálticos. La Cumbre de este año, realizada en Bruselas, sólo tiene un punto importante en la agenda, pero preocupa mucho a los aliados: Donald Trump.
El presidente estadounidense aterrizó en Bruselas, la ciudad que llamó "agujero del infierno" hace unos meses, tras los atentados y las conexiones yihadistas con barrios como Molenbeek. Trump hizo las paces reuniéndose con los reyes y el primer ministro del país, Charles Michel. Pocos compromisos para que llegue fresco a la OTAN.
La organización estrena la nueva, flamante y carísima nueva sede, justo enfrente de las instalaciones que ha usado hasta ahora. Lo hace con una Cumbre mucho menos importante, convocada básicamente para recibir, saludar, calibrar y tratar de agasajar el presidente estadounidense. Y para decidir uno de los puntos más polémicos de la cita: la OTAN se unirá a la Coalición Internacional liderada por EEUU contra Estado Islámico que lucha contra los yihadistas en Siria e Iraq, como ha confirmado el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg. "Esto enviará un fuerte mensaje político del compromiso de la OTAN en la lucha contra el terrorismo", indicó Stoltenberg, que precisó que la organización no participará en combates.
Fuentes diplomáticas aseguraron ayer que la participación estaba ya acordada, pero que aún había discusión en la forma y, especialmente, la financiación. Países como Francia son reacios a desembolsar aún más dinero cuando ya luchan contra el yihadismo en muchos frentes.
La OTAN apoya a la Coalición ahora mismo con sus AWACS, aviones de vigilancia, y entrenando en Irak a soldados y policías. Antes lo hacía en Jordania [este diario estuvo en una base de entrenamiento hace unos meses], pero no quiere entrar formalmente en los combates. Todos los miembros de la Alianza participan individualmente en la coalición.
Por diversas razones Francia y Alemania lideran el bloque de los reacios, aunque algunos en Washington querrían un cambio en la política actual. Consideran que el coste económico puede ser inmenso, que erosionaría las buenas relaciones con diversos países árabes, que la imagen de la Alianza ya quedó ensuciada en Libia y que se darían, además, excusas a Rusia para provocar más incidentes y enfrentamientos, sobre todo en Siria, donde Moscú apoya claramente al Gobierno de Bashar Asad.
Trump llegó a la Casa Blanca tildando de "obsoleta" a la Alianza, quitando importancia a las cláusulas de defensa mutua (la razón de ser de la OTAN, provocando escalofríos en los países limítrofes con Rusia) y arremetiendo sistemáticamente contra sus socios, a los que acusaba, con buena parte de razón, de estar aprovechándose una vez más del paraguas norteamericano, al no tener el gasto en seguridad y defensa al que ellos mismos se comprometieron en Irlanda hace unos años.
Las consignas de la Cumbre son claras: poca discusión, mensajes positivos, promesas de cumplir los objetivos de gasto y, en general, evitar cualquier cosa que pueda generar un desastre. En esta reunión hay poquísimo que ganar y muchísimo que perder.
La OTAN lleva días desmintiendo rotundamente una información publicada por 'Politico' según la cual el secretario general, el noruego Jens Stoltenberg, habría explicado a sus colegas que Trump tiene una capacidad de atención y retención mínima, "de 12 segundos, por lo que era aconsejable, si no imprescindible, hacer discursos muy cortos. Además de no tener mucha idea de los temas o de las competencias y misiones de la Alianza Atlántica.
Para buena parte de las delegaciones, el desmentido no es necesario. Es la impresión que comparten y el miedo principal, junto al hecho que dan por más que probado de que Trump compartió información clasificada y muy sensible con Rusia.
EEUU es el corazón de la OTAN. No tiene sentido ni fuerza alguna sin el liderazgo, la experiencia y el dinero norteamericano. Y por eso temen que Trump quiere forzarlos hacia caminos para los que está diseñada ni preparada.