DIEZ AÑOS DE “REVOLUCIÓN CIUDADANA”: PROHIBIDO OLVIDAR 



EL CAMUFLAJE DEMOCRÁTICO CONSOLIDÓ LA DICTADURA CORREISTA 



Por Ramón Fuentes
PERIÓDICO OPCIÓN
Después de 10 años del gobierno de la autodenominada “revolución ciudadana” -el más largo constitucionalmente de la historia del Ecuador- es pertinente hacer un análisis de su efecto en la estructura del Estado, la Constitución y las leyes, las funciones del Estado, el aparato gubernamental y otros ámbitos de la vida nacional.
En la Constitución de Montecristi -que regiría por 300 años en expresión del Presidente Correa- se establecieron las bases para la nueva organización del Estado. Llevó al control de todas las funciones del Estado mediante diferentes mecanismos, pero principalmente a través del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, de poderes extremadamente amplios que nombra a los miembros del Tribunal Constitucional, Consejo Nacional Electoral, Contralor, Fiscal, Defensor del Pueblo; todo esto con la venia del Presidente y su discurso de la “revolución ciudadana” y la “democracia participativa” que en la práctica fue populista y autoritaria. “El nuevo texto constitucional, presentado al pueblo esperanzado como la panacea para la solución de sus más hondas y acuciantes necesidades, no es más que el instrumento, a modo de camuflaje democrático, para consolidar la dictadura correísta”. (2).
La nueva Constitución que tantas esperanzas despertó en la mayoría de ecuatorianos fue una desilusión. La Constitución es muy extensa: 444 artículos, 30 Disposiciones Transitorias y 30 del Régimen de Transición; es retórica, repetitiva, ambigua y confusa. Al parecer fue una cortina de oropel para ocultar el verdadero propósito: imponer un “proyecto político” para 300 años. Ya van 10 años y el Ecuador está al borde de la quiebra institucional y económica.
El nuevo modelo –según algunos analistas- fue mentalizado por asesores extranjeros para asegurar que el presidente de la Republica concentre y controle todos los poderes del Estado, someta a la Asamblea Nacional, actúe como colegislador y bloquee toda iniciativa de fiscalización de los actos del Gobierno. Sobre ese andamiaje se puso en ejecución el “proyecto político” que tuvo como eje central la propaganda a través de los medios de comunicación controlados por el Ejecutivo para difundir la “verdad” oficial, única e infalible, en cadenas informativas y sabatinas para el adoctrinamiento de la población, ataque a toda disidente con el pensamiento oficial y descalificación a los adversarios políticos, ante el aplauso de personas movilizadas desde diferentes ciudades con fondos públicos y con la asistencia obligada de empleados del Gobierno bajo amenaza de ser cancelados de sus cargos.
LA DÉCADA PERDIDA
Para el gobierno de Alianza País ha sido la década ganada, pero para la ciudadanía de todo el país ha sido la década de los nuevos ricos, que han levantado grandes fortunas entonando canciones protesta y loas al “socialismo del siglo XXI” y la “revolución ciudadana” que nunca llegó. El ciudadano bien informado sabe que fue la década perdida para el desarrollo, cuando el país recibió los mayores ingresos de la historia (bonanza mal administrada), que devino en una gigantesca deuda pública; fue la década en la que no hubo fiscalización de las obras realizadas por el Gobierno a costos elevados -por los sobreprecios y las coimas a las que se les llamó “propinas”-. Algunas de esas obras han sido calificadas como “elefantes blancos”, cuya factura pagará la presente y las futuras generaciones. La historia no les absolverá.
La herencia de correísmo deja una grave ruptura de la institucionalidad del Estado, caos e inseguridad jurídica, un modelo económico insostenible, endeudamiento externo e interno, tributación excesiva, corrupción, restricción de la libertad de pensamiento y opinión, criminalización de la protesta social, excesivo gasto público y derroche, hipertrofia del aparato de gobierno (muchos ministerios y secretarías de Estado).
UNA NUEVA CONSTITUCIÓN: EL IMPERATIVO NACIONAL
“La Constitución vigente ha permitido un ejercicio concentrador del poder y, por lo tanto, arbitrario y autoritario; por lo mismo, se plantea la necesidad de preparar las condiciones políticas, jurídicas y sociales para propiciar una profunda reforma política a través de una Asamblea Constituyente que desmantele las características más peligrosas del aparato estatal introducido en la Carta Fundamental vigente y que dicte una nueva Constitución, que garantice el ejercicio de una democracia participativa e independencia de las funciones públicas, así como los límites del poder, para precautelar los derechos individuales y colectivos”. (3) Esta propuesta es compartida por destacados juristas, académicos, medios de comunicación, líderes sociales y políticos.
Es un imperativo de supervivencia del país es luchar por la reinstitucionalización del Ecuador, el restablecimiento de la auténtica democracia, la libertad y los derechos humanos, la dignidad y el honor nacional, en suma, luchar por la restauración del Estado de derecho en el país.
Referencias
(1) Rodríguez Vicéns, A, No son tiempos de callar. Paradiso Editores, Quito, 2013.
(2) Rivadeneira, H, “Necesidad de una reforma política para ampliar la democracia y la participación”. En: Ciencias Jurídicas. Revista de la Sección de Ciencias Jurídicas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión. No. 6 Época II, Quito, 2016.
CORREÍSMO: 10 AÑOS DE MACHISMO Y AGRESIONES
Por: Amparo Sigcha
Las agresiones a las mujeres no son nuevas, lamentablemente este problema continúa enraizado en gran parte de la sociedad ecuatoriana, que mantiene pensamientos machistas, y que son aupados por las reacciones de un primer mandatario que durante su período (10 años) ha calificado como: “fracasadas, mediocres, desadaptadas, poco inteligentes, gordita horrorosa, malcriadas o politiqueras”, a las mujeres que piensan distinto, o simplemente que no le muestran miedo o sumisión al gobernante; mientras que a sus obedientes seguidoras las califica con piropos morbosos como diosas del olimpo, o que tienen buenas piernas, y así las mantiene sumisas.
Si bien es cierto en este gobierno un importante número de mujeres ostentan puestos de dirección en los tres poderes del Estado, como muestra de que se aplica la tan discutida “equidad de género”, también es cierto que esas féminas no tienen capacidad de mando o control, pues las órdenes salen desde Carondelet sin posibilidad de discusión, como también ocurre en la Asamblea y otras instancias.
Rodrigo Tenorio Ambrosi, en su atinado artículo sobre la agresión a las mujeres, señala al respecto: “Por supuesto que se las introduce en los gabinetes ministeriales, pero no por un convencimiento profundo de la equidad absoluta de ellas. Son apenas concesiones indispensables, producto de la presión de los discursos más que de los profundos convencimientos necesarios para que el derecho no sea un simple enunciado y una mofa”.
Para los sectores feministas “la equidad de género” consiste solo en colocar mujeres en un número superior o igual al de los hombres, en cargos o puestos de representatividad; sino en la aplicación de una verdadera participación en la toma de decisiones o elaboración de políticas públicas, que es lo no se ha dado. Para estos grupos activistas este gobierno ha relegado las demandas de las mujeres y ha restado sus derechos, por lo que lo califican como una década de retroceso en cuanto a derechos.
Para Cristina Cachaguay, presidenta de Mujeres por el Cambio, la agresión de género inicia desde el Presidente de la República, al que su séquito gubernamental le ha otorgado implícitamente inmunidad y poder total sobre mujeres, hombres y la política en general; garantizándole también inmunidad para atentar sicológicamente en contra de cualquier ciudadano.
Cristina señala que “en este régimen las mujeres han sido objeto de calificativos denigrantes, misóginos, machistas, homofóbicos, y trata de ubicarlas como seres inferiores, como se pensaba en épocas medievales”, y añade que “para el presidente la mujer no es un ente primordial del desarrollo de una sociedad justa y equitativa”.
Para esta joven líder, las políticas adoptadas por Correa y su gobierno son muestra de esa visión machista, y menciona como ejemplos al Plan Nacional de Fortalecimiento de la Familia, que impulsa la premisa ultraconservadora que promueve entre la juventud la “abstención” sexual como solución a los embarazos adolescentes, y no la información y educación sexual adecuada y oportuna.
También están las reformas al Código del Trabajo y a la Ley de Seguridad Social para las amas de casa, que no permiten el acceso a los beneficios básicos de la seguridad social; o la erradicación de la violencia de género que se quedó solo en enunciados. No hay celeridad en los procesos judiciales en casos de feminicidio, que a la fecha ya suman 33, mientras se incrementa la judicialización por aborto.
La aprobación del TLC con la Unión Europea, la Ley de Semillas que atenta contra la soberanía alimentaria y el extractivismo, que destruyen a la naturaleza, afectan a los pueblos en los que la mujer es el eje primordial y sostén de la vida comunitaria, dice Cristina.
La agresión física en contra de las mujeres también se ha dado desde el poder, como lo vivió la ex pareja sentimental de Orlando Pérez, quien, abusando de su cargo de director del diario El Telégrafo, y su afinidad con el gobierno, la maltrató verbalmente y la golpeó dejando marcas en todo su cuerpo. En este caso y debido a la presión mediática y social debió ser sancionado dicho funcionario, señala Cristina Cachaguay.
En este tema de agresiones sicológicas y físicas en contra de mujeres, señala la presidenta de Mujeres por el Cambio, existen informes de organizaciones feministas y de derechos humanos, en los que se evidencia que en esta década ha primado el maltrato de género, la inequidad, el machismo, la prepotencia. En el informe ‘Rafael Correa, 9 años de violencia contra las mujeres’ realizado y presentado por las representantes de la Plataforma Nacional por los Derechos de las Mujeres, Silvia Buendía y Karla Calapaqui, publicado en el 2016, cita casos como el de Guadalupe Llori, quien siendo prefecta de Orellana fue privada de la libertad bajo cargos de “sabotaje y terrorismo”, o la represión de las campesinas de Molleturo, en la provincia del Azuay; los casos de 10 de Luluncoto, Manuela Pacheco, en San Pablo de Amalí, condena a Mery Zamora y a Rosaura Bastidas, como ejemplos de criminalización de la protesta social.
El segundo informe presentado por el Observatorio de Medios, 'Déjanos en paz' bajo el título Ni gorditas horrorosas ni diosas del Olimpo, ¡Mujeres!, el pasado 8 de marzo, puso en evidencia el discurso, estigmatizante en contra de las mujeres en los enlaces sabatinos.
El informe determina que el primer mandatario utiliza al menos cinco tipos de insultos en su discurso en contra de mujeres, los que han sido clasificados como:
1. Insulto injurioso
2. Insulto descalificativo
3. Amenaza
4. Ironía
5. Piropo morboso (utilizado para sus coidearias o partidarias)

Solo del 2013 al 2016, según dicho informe, se dieron 95 agresiones a mujeres, siendo las más afectadas por el poder María Paula Romo, Elsie Monge, Natasha Rojas, Martha Roldós, Esperanza Martínez, Tania Tinoco, María Josefa Coronel, Mery Zamora, Lourdes Tibán, Cintya Viteri, las tres últimas recibieron el mayor número de agresiones.
En este ámbito, ni sus coidearias se libraron del escarnio público, pues Paola Pavón, ministra de la Política, fue sancionada y amenazada con perder su curul de asambleísta por defender el aborto por causa de violación.
Esta actitud del mandatario y de otros altos funcionarios es vista como una contradicción de hechos y palabras, visibiliza el doble discurso del régimen que ha ido enfocándose en las mujeres hasta convertirlas en el nuevo enemigo del socialismo del siglo XXI.
Así, este período se ha formado una legión que rechaza al correísmo, no solo por sus políticas machistas, o por tratar de eliminar el derecho a la libertad de expresión, sino porque la figura femenina ha sido expuesta al escarnio público como en tiempos medievales por no sucumbir al poder de la divinidad, de su majestad Rafael Correa.
En el ámbito electoral, las mujeres no le ven como opción presidencial al sucesor de Correa, y las feministas ven al correísmo como una estructura caduca, que se apoya en leyes machistas para criminalizar a la mujer, que le ha restado derechos y que le impone una falsa moral. Entonces, por qué ellas pueden dar el voto por Lenín¬¬?
DATO
El 60,6% de las mujeres ha vivido algún tipo de violencia, en la población indígena la violencia llega al 67,8%, en el país y entre la mujer afro al 66,7%, según el INEC 2011. La primera causa por la que las niñas de 10 a 17 años (74.000) acuden al hospital es por parto y sus complicaciones. La segunda causa es por aborto, con 8.705 atenciones. Más de cien mujeres han sido encarceladas por abortar.

REFLEXIONES SOBRE EL QUÉ HACER
Por Roberto Puente
Las evaluaciones sobre este proceso electoral están en curso, y arrojan algunas pistas del escenario y de los caminos que, sobre todo el movimiento popular, las fuerzas democráticas y de izquierda tienen para adelante. A continuación presentamos algunos extractos de las ideas que Mario Unda, docente universitario e investigador social, y Geovanni Atarihuana, director de Unidad Popular, expusieron en un conversatorio realizado en días pasados.
Mario Unda:
Es evidente que el correísmo ha perdido espacio, pero es necesario también tener presente que aún mantiene una votación importante. Se pueden hacer especulaciones sobre cuáles serán las continuidades y diferencias entre Moreno y Correa, pero por ahora partimos del supuesto de que muchos cambios no se van a encontrar.
Lo que se ve al momento es que Correa quiere salir del campo de juego profundizando la persecución, el atemorizamiento, para crear una situación más estable, ganar tiempo y posicionar al gobierno de Moreno. Ejemplo de esto es el juicio a la Comisión Anticorrupción, fundamentalmente porque se trata de personas que desde distintas posiciones tienen una imagen probada en defensa de los derechos de los movimientos sociales, de las organizaciones sindicales.
El mensaje que el gobierno nos envía es que va a profundizar el autoritarismo, la persecución, y que obviamente espera que nos quedemos cruzados de brazos, que nos echemos para atrás, agachemos la cabeza, para que un gobierno que entra con la legitimidad lesionada tenga tiempo de afirmarse.
Hay que tomar en cuenta que el correísmo muestra cierta capacidad para atraer a sectores que no estuvieron antes con él, como alguno de los líderes sociales que ahora acudieron al diálogo con Moreno y de una cierta intelectualidad joven, ubicada un poco hacia la izquierda que corrió tras esa candidatura. Esto quiere decir que el correísmo sí está en declive, pero este no es un declive final.
Esto nos obliga a pensar bien en la estrategia para enfrentar al correísmo. Es la primera vez que la izquierda ecuatoriana enfrenta un proyecto político de recomposición de la dominación de clase de la burguesía, con un lenguaje progresista y supuestamente de izquierda y que atrae sectores sociales y a masas en una magnitud considerable; y mantiene ese respaldo social por un tiempo largo. Las anteriores experiencias populistas que hubo en el Ecuador, desde Velasco Ibarra hasta Lucio Gutiérrez, no habían logrado profundizar en su control sobre la conciencia y la acción política de las masas, como lo ha hecho el correísmo, por tanto, como izquierda, no tenemos antecedentes con la confrontación que tenemos ahora.
Esa perspectiva estratégica debe permitirnos una aproximación que permita una respuesta para lograr aproximarnos a más sectores de masas, pues uno de los objetivos de estos regímenes es tratar de destruir a la izquierda y a las organizaciones que no se le someten, es necesario defender a los movimientos sociales y a la izquierda, y trabajar la unidad mirando para adelante a partir del proceso vivido.
Tenemos que enfrentar también la recomposición de la derecha. Más allá de nuestra voluntad y de lo que pudiéramos haber hecho, la polarización se dio entre el correísmo y la oposición de derecha. Pero sería falso creer que la votación de Lasso es un vuelco generalizado de la gente hacia la derecha, el voto útil jugó desde la primera vuelta, y eso se multiplica en la segunda vuelta, el voto consolidado y duro es menor a ese 48% de la votación de Lasso en segunda vuelta. Otra vertiente es el PSC, que creció en este proceso electoral.
Frente a eso, no podemos desvalorizar la votación que tuvo la opción de centroizquierda, tanto la candidatura presidencial de Paco Moncayo cuanto las candidaturas para asambleístas a nivel nacional al parlamento andino y en cada una de las provincia y distritos.
La izquierda cometió un error de apreciación grave en el 2013, cuando desencantados con el 3% que sacó la Unidad Plurinacional con Alberto Acosta, perdimos de vista que en los lugares en donde se presentaban conflictos sociales y resistencias de las organizaciones al correísmo, la votación fue significativa e importante; pero en la medida que todo se vio con el cristal de la derrota, no se utilizó el acumulado para comenzar un proceso de acumulación de fuerzas. Esa debilidad acumulada desde el 2013 se expresó en el 2017, sería triste que cometiéramos el mismo error.
La votación de Natacha Rojas, por ejemplo, fue por demás interesante, es una votación a partir de la cual se podría emprender una recomposición de una postura de izquierda, tanto en el nivel político general, como pensando en la problemática urbana y en la problemática de Quito. Hay que resaltar que tuvimos una alta votación en muchos lugares, que deben convertirse en el suelo político para acumular. Es necesario avanzar en una propuesta de izquierda que empiece a tener cada vez una presencia más fuerte para, en dos años, tener un piso de recomposición que nos permita mirar las tareas que seguirán estando adelante.
Geovanni Atarihuana:
Coincido con la necesidad de hacer una valoración colectiva en las izquierdas, de los desafíos que tenemos y, juntos, buscar respuestas que nos lleven a una praxis que incida mejor en el proceso de transformación en este país.
Las elecciones son una expresión de la lucha de clases. Los resultados electorales no deben verse solo en el número de votos que sacamos, es decir, quién ganó y quién perdió; eso es importante, porque determina quién se queda en el gobierno y en la Asamblea, y cómo queda la correlación de fuerzas, pero es necesario tener en cuenta los antecedentes y el contexto para poder explicarnos el comportamiento político de la gente.
El show realizado el 18 de abril en el coliseo Rumiñahui empezó al menos hace dos años, con la eliminación del MPD, de Ruptura, no entregando el fondo partidario a Pachakutik, en el propósito de posicionar en el imaginario de la gente que ellos, Alianza País, eran la única izquierda.
Hay que recordar que en el 2015 se planteó la reelección indefinida. Correa tenía planteada la continuidad del régimen, con él al frente.
Enfrentamos un proyecto complejo, porque el correísmo se disfraza de izquierda, tiene un gran liderazgo, trabajo comunicacional, ideológico, se ha enraizado en varios sectores populares y es un fenómeno nacional y nos ha costado al movimiento social y político enfrentarlo, nos ha debilitado, se tomó las banderas, la representación simbólica, compró dirigentes, reprimió al movimiento social.
Sin embargo, los movimientos sociales contaban con unas reservas, con las que resistió estos diez años. Sobre todo el 2015, en donde dimos batalla con movilizaciones que dieron como resultado que Correa no sea presidente ahora. La movilización de FUT, de la Conaie y grupos ciudadanos en general, hizo que Correa renuncie por cálculo político a ser candidato del 2017, ahí hay un elemento de reanimación del movimiento social.
Pese a nuestras debilidades hemos colocado varias propuestas en la agenda del debate nacional, tanto es así que en la segunda vuelta Lasso, como Moreno, han tenido que referirse a temas como el extractivismo, que lo puso en el debate el movimiento social y la izquierda, al igual que el acceso de la juventud a la universidad, la criminalización de la lucha social. En la batalla al correismo, no solo se ha quedado en la defensiva.
Luego del 2013, frente a un pueblo que reclamaba cambio y que quería salir del correísmo, dijimos que la alternativa no puede ser la derecha, que debe ser una propuesta democrática y de izquierda, y construimos el Acuerdo Nacional por el Cambio. No nos planteamos ir con Lasso en la primera vuelta, eso hubiera significado renunciar a ser de izquierda.
Hay que recoger lo acumulado, el resultado del casi el 7% de votos por Moncayo es el doble de lo que alcanzamos en 2013, pero también debemos reivindicar el 11% de Lourdes Tibán. En primera vuelta no logramos pasar y ser la alternativa, pero ese 7 % de los votantes debemos valorarlo bien, porque es una votación muy calificada que votó por una propuesta programática del centro hacia la izquierda, no se fue con las ofertas de Moreno y tampoco con el voto útil.
En ese contexto fuimos a la segunda vuelta y decidimos llamar a votar por Lasso, junto a Ayala Mora, la Cedoc Cut, Jorge Herrera de la Conaie, y movimientos ciudadanos. En los cinco millones que votaron por terminar con un gobierno corrupto y autoritario, por libertad y democracia, está el contingente importantísimo de la izquierda y sectores democráticos.
La decisión que tomamos puso en riesgo el poder del correísmo, se vieron obligados a hacer el fraude que los ha ilegitimado. Hicimos lo que debíamos hacer, que pierda el correísmo, estuvimos conectados con la base social. Tenemos un gobierno que nace ilegítimo, no nace con grandes auspicios, como en el 2006 o 2013.
Una cosa debe quedar clara, Lenin Moreno puede tener diferencia de estilo, pero tiene el ADN del correísmo, son un solo proyecto político y, como tal, tiene que ser enfrentado.
Debemos continuar en la reanimación del movimiento popular, vincularnos con la base social, entrar a la disputa de la base popular que cree que Correa es de izquierda. En términos estratégicos, necesitamos trabajar de cara al 2021, cuando habrá cambio presidencial si Moreno sobrevive a las dificultades, a la crítica situación; y debemos prepararnos por si no tiene respuesta.
Un factor clave es reposicionar lo que es la verdadera izquierda y su proyecto político, en todos los terrenos, tanto frente al correísmo que se sigue disfrazando de izquierda, como frente a la derecha.