EL TRIÁNGULO ESTRATÉGICO IRÁN-CHINA-RUSIA  



LAZOS ECONÓMICOS, POLÍTICOS Y MILITARES 



por CEPRID
F. William Engdahl
Journal-Neo
Traducido para el CEPRID (www.nodo50.org/ceprid) por María Valdés
Los lazos económicos, políticos y militares que se desarrollan entre Irán, China y Rusia forman lo que yo veo como un emergente triángulo de oro en Eurasia, que busca penetrar en regiones aisladas. Esto sucede mientras que parece que la estrategia geopolítica de EEUU bajo la perspectiva de la administración Trump es el alejamiento de Washington de Irán y China, haciendo así resaltar un posible relajamiento del enfrentamiento entre Washington y Moscú. La geopolítica clásica, al estilo de Halford Mackinder o de Kissinger, buscaba evitar una guerra en dos frentes que estaba a punto de volverse contra un Washington aferrado a su intento de modificar el equilibrio de poder. En la actualidad, la dinámica de una cooperación mas estrecha, iniciada en estos últimos años, entre los tres Estados pivotes del corazón euroasiático, está ganando impulso estratégico. La última señal de ello es la visita del ministro chino de Defensa y de altos responsables rusos a Teherán.
El 15 y 16 de noviembre en Teherán, durante el encuentro de alto nivel entre el ministro chino de Defensa, general Chang Wanquan y el presidente iraní Hassan Ruhani y el ministro de Defensa Hossein Dehghan, los dos principales países euroasiáticos han firmado un acuerdo para mejorar su cooperación militar. El acuerdo prevé la intensificación de la formación militar bilateral y una cooperación mas estrecha respecto a lo que Irán considera cuestiones de seguridad regional, con el terrorismo y Siria a la cabeza de la lista. El Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, general Mohammad Hossein Baqeri, ha dicho que Irán está dispuesto a compartir con China su experiencia en la lucha contra los grupos terroristas en Irak y en Siria. Dehghan ha añadido que ese acuerdo representa una “mejora en la cooperación militar y de defensa a largo plazo con China”.
En estas últimas semanas China se ha comprometido directamente, uniéndose a Rusia, con Irán y a la demanda del gobierno del presidente sirio Bashar Al-Assad, en la guerra contra el Califato Islámico y otros grupos terroristas, incluyendo el Frente Al-Qaeda/Al Nusra y sus numerosos asociados. El acuerdo formal con Teherán, que tiene una considerable experiencia práctica en la lucha en Siria, representa claramente una profundización en las relaciones bilaterales entre China e Irán.
Mientras China e Irán se reunían en Teherán, Viktor Ozerov, jefe del Comité de Defensa y Seguridad del Consejo de la Federación Rusa, la cámara alta del Parlamento, también estaba en Teherán. Allí declaró a RIA-Novosti que Rusia e Irán estaban en conversaciones para una venta de armas por un importe de alrededor de 10.000 millones de dólares. Rusia entregaría tanques T-90, sistemas de artillería, aviones y helicópteros a Irán.
En resumen, tenemos una profundización de los vínculos militares de militar entre los tres puntos del triángulo euroasiático emergente. Esto tendrá enormes consecuencias no solo para la estabilización de la situación en Siria, Irak y Medio Oriente. También dará igualmente un impulso a las relaciones económicas emergentes entre las tres grandes potencias del Corazón de Eurasia.
Halford J. Makinder, el padre de la geopolítica británica, ha calificado a menudo a Rusia de potencia del Corazón de Eurasia y hacia el fin de su vida, en un artículo de 1943 en Foreign Affairs sugirió que China podría también jugar el mismo papel geográfico y político que Rusia en esa misma zona en cuestiones energéticas.
Hoy en día, dado el enorme crecimiento desde 1943 de la importancia geopolítica de los países petrolíferos y gasísticos del Golfo Pérsico para la economía mundial, el acercamiento de Irán a China y Rusia está dando forma a una nueva potencia del Corazón de Eurasia.
El elemento añadido desde 2013 es la iniciativa del presidente chino, Xi Jinping, de atravesar el conjunto de Eurasia e incluso del sur de Asia por lo que denomina “Un cinturón, una carretera”. Rusia ha acordado oficialmente colaborar con China en este vasto proyecto de infraestructuras por valor de muchos miles de millones de dólares, para enlazar los mercados emergentes de Asia central a Irán, y potencialmente a Turquía, gracias a una red de trenes de alta velocidad e infraestructuras portuarias conectadas que, de aquí a finales de esta década, comenzarán a transformar el valor económico de toda Eurasia.
El comercio China-Irán
A pesar de las duras sanciones de EEUU y la UE contra Irán, el comercio chino-iraní había comenzado a aumentar aún antes de que el acuerdo nuclear de 2015 levantara algunas sanciones. El comercio bilateral ha pasado de 400 millones de dólares en 1989 a cerca de 52.000 millones en 2014. La Cámara de Comercio e Industria Irán-China ha pasado de 65 miembros en 2001 a 6.000, lo que indica la intensidad de la cooperación económica.
Con el levantamiento de las sanciones en enero de 2016, el presidente chino Xi Jinping fue a Teherán, en donde los dos países han firmado importantes acuerdos económicos. Tras las conversaciones del 23 de enero, el presidente iraní Rouhani anunció que “Irán y China han acordado aumentar sus intercambios comerciales hasta los 600.000 millones de dólares durante los 10 próximos años”, añadiendo que ambos países “han convenido establecer relaciones estratégicas como, refleja un completo documento de prospectiva de los próximos 25 años”. Por otra parte, Irán ha aceptado la cooperación en el campo de la energía nuclear y ha participado oficialmente en la conferencia auspiciada por China “Un cinturón, una carretera”, proyecto al que Rusia y los países de la Unión Económica Euroasiática habían aceptado ya formalmente unirse en 2015.
Irán: nexo clave
El proyecto chino “Un cinturón, una carretera”, a veces también denominado la Nueva Ruta de la Seda Económica, es un brillante proyecto geopolítico, económico, militar y cultural. Permitirá a los países miembros estar mucho más protegidos contra el poder naval de los EEUU, que puede bloquear el comercio marítimo de mercancías vitales procedentes de Europa o de Medio Oriente, y que deben atravesar el estrecho de Malaca, patrullado por EEUU. En tanto que Washington y Bruselas imponen sanciones económicas al comercio ruso con Europa, la crisis ucraniana ha obligado a Rusia a un serio “giro hacia el este”, en particular hacia China.
Lo que ha surgido después del golpe de Estado ucraniano de 2014 impulsado por EEUU para enfrentarse a Rusia es una cooperación estratégica entre las tres grandes potencias, Irán, China y Rusia; exactamente lo que Zbigniew Brezezinski describía en su libro de 1997 “El gran tablero de ajedrez”, como representación del mayor desafío geopolítico al que deberá enfrentarse la supremacía excepcionalista estadounidense, tras la destrucción de la Unión Soviética por parte de Washington entre 1989 y 1991.
Brezezinski declaraba entonces que “la manera en que Estados Unidos gestione Eurasia es crítica. Una potencia que domine Eurasia controlaría dos de las tres regiones más avanzadas y económicamente productivas del mundo. Una simple mirada al mapa sugiere también que el control sobre Eurasia supondría casi automáticamente la subordinación de África, haciendo el hemisferio occidental y Oceanía (Australia) geopolíticamente periféricos al continente central del mundo. Alrededor del 75% de la población mundial vive en Eurasia, y la mayor parte de la riqueza física mundial está también allí, tanto en sus empresas como bajo su suelo. Eurasia representa alrededor de las tres cuartas partes de los recursos energéticos mundiales conocidos”.
Irán es estratégico para la cohesión euroasiática, en el marco de los avances de la infraestructura “Un cinturón, una carretera” china. No solamente es China un importante comprador de petróleo iraní, sino su mayor exportador. Irán es igualmente vital para el proyecto chino de crear centros manufactureros y logísticos totalmente nuevos o nudos estratégicos en Asia central y en Europa. Y, como señala el consultor estratégico indio Debalina Ghoshal, China “tiene un vivo interés por la situación geoestratégica de Irán, bordeando a la vez el Mar Caspio y el Golfo Pérsico. El emplazamiento permite China realizar su proyecto ‘Un cinturón, una carretera’”.
Irán está ligado ya en parte a una sección completada recientemente de este proyecto, en China. Desde el comienzo de 2015, el transporte ferroviario ha comenzado a circular por las nuevas vías entre Zhanaozen-Gyzylgaya-Bereket-Kyzyl Atrek-Gorgan, terminado en diciembre de 2014, en un impresionante período de apenas cinco años de trabajo.
Esta línea ferroviaria une Irán con China a través de Turkmenistán y Kazajstán, miembro fundador del proyecto desde que Xi Jinping lo inauguró durante una visita en 2013. La nueva unión ferroviaria, conocida bajo el nombre de Transnational Rail Corridor, une Irán al Kazajstán a través del Turkmenistán y a la frontera con China. La nueva línea de tren se extiende sobre 908 kilómetros, arrancando de Uzen en el Kazajstán (120 Km.) pasando por Gyzylgaya-Bereket-Etrek, en el Turkmenistán (700 kilómetros) y finalizando en Goran (Irán), (88 Km.). Gracias a este nuevo enlace ferroviario, el tráfico de mercancías pasa del camión al rail, porque la línea une todos los puertos y terminales claves de toda la región del Mar Caspio.
El ferrocarril entre Uzen y Gorgan, recientemente terminado dentro del marco del proyecto “Un cinturón, una carretera” transforma la importancia económica de una parte entera de Asia central. Transformará toda la importancia económica de esa vasta región. Bereket, en el Turkmenistán, en el centro de la existente línea Trans-Caspio, que une Turkmenbashi en el Mar Caspio con Uzbekistán, Kazajstán oriental y China, se convertirá en sede un gran centro de mantenimiento de locomotoras, con una terminal ultramoderna que hará de ello un importante centro de transporte de mercancías.
Además, el gobierno turkmeno está construyendo un gran puerto en Turkmenbashi que permitiría nuevos enlaces comerciales potentes con la Federación Rusa, por vía marítima. El enlace ferroviario a Gorgan en Irán está ya conectado con la red ferroviaria nacional iraní y permitirá así el transporte ferroviario entre China, Asia Central y el Golfo Pérsico. La ruta se acorta en 400 kilómetros, y reduce el tiempo de transporte más o menos a la mitad, pasando de los actuales 45-60 días a unos 25-30. Es un enorme avance económico.
Desde abril de este año, Moscú y Teherán se han comprometido en discusiones sobre la construcción de un canal marítimo que una el Mar Caspio con el Golfo Pérsico a través de Irán. Rusia Azerbaiyán e Irán también han aceptado acelerar las conversaciones sobre un corredor de transporte Norte-Sur, que en parte iría a lo largo de la costa occidental del Mar Caspio desde Rusia hacia Irán, a través de Azerbaiyán. Ese corredor Norte-Sur, una vez terminado, reducirá el tiempo de transporte desde India a Asia Central y Rusia, ahora de unos 40 días para unir Mumbai, en la India, con Moscú, en 14 días, sin pasar por el congestionado y costoso Canal de Suez.
Por todos los puntos que recorramos en Eurasia, desde el Golfo Pérsico y el Mar Caspio a Rusia, a Kazajstán, a Turkmenistán y a China, se desarrolla un proceso en curso, por primera vez desde la época de la original Ruta de la Seda, hace mas de dos mil años. Se construye un nuevo espacio económico, el Corazón de Eurasia. Si el gobierno turco se une sin reservas a este proyecto, el potencial de una transformación euroasiática sería enorme. Queda por ver lo que los Estados Unidos, bajo la presidencia de Trump, hagan o no hagan para intentar destruir este bello edificio euroasiático. Si es tan sabio como sus promesas, tendrá que reconocer que este tipo de desarrollo es el único porvenir para los Estados Unidos que no supone quiebra, depresión económica o guerras de destrucción. De cualquier forma, y cada vez más, el resto del mundo parece decidido a avanzar sin la “única superpotencia”.
F. William Engdahl es consultor de riesgo estratégico y conferenciante, licenciado en política por la Universidad de Princeton.