HOMENAJE ESPECIAL A EUGENIO ESPEJO, FUNDADOR DEL PERIODISMO ECUATORIANO 



EN EL ECUADOR SE PRETENDE HACER VERDAD DE LA MENTIRA 



Wellington Toapanta
Francisco Xavier Eugenio de Santa Cruz y Espejo vive y está presente esta noche solemne del Colegio de Periodistas de Pichincha, recordándonos que los asuntos y negocios públicos son inseparables de la cotidianidad personal y social ecuatoriana, porque su contribución hace posible la obra pública, sujeta a escrutinio público, y que el periodismo no lisonjea a nadie.
Razón del periodismo es realizar productos objetivos, veraces y oportunos, sin concesiones: Nuestro Prócer escribió en la cuarta edición de Primicias de la Cultura de Quito, del jueves 16 de febrero de 1792:
“Cierto profesor… que llevaba la voz de cierta asamblea, y que nunca imaginó honrar nuestras producciones literarias con su suscripción, tuvo el aliento de representarla, que Quito no debía comprar aquellas piezas, porque a él mismo no le pregonan sabio”.
Ummm, parece que Espejo está por aquí. Preguntémonos: ¿cómo el profesor podía alentar la compra de Primicias si éste no satisfacía su ego, su vanidad?
Al respecto, Espejo nos previno de personas que “han hecho ostentación de despreciar (los) impresos, nada más que por adocenarse en la turba numerosa de los malignos, y por cantar con estos el triunfo que solicitan de la abolición de los periódicos, y del abatimiento y ruina del Autor”.
Hoy sabemos que esas prácticas no son patrimonio de las monarquías. Lo que Espejo no testimonia es que los señoríos hayan triturado Primicias, como casi se ha vuelto usual con los periódicos en tiempos supuestamente revolucionarios y parece ser política de Estado perseguir al periodismo investigativo e independiente, atentando a la libertad de expresión y de opinión, trascendental garantía humana.
Sí. Son los nuevos señoríos, como aquel que Espejo reflexionó sobre “Las edades de los Incas, que algunos llaman políticas, cultas e ilustradas, ( y) se absorbieron en un mar de sangre y se han vuelto problemáticas; pero, aunque hubiesen siempre y sucesivamente mantenido en su mano la balanza de la felicidad, ya pasaron y no nos tocan de alguna suerte sus dichas”.
En el siglo XXI, “la balanza de la felicidad”, de la que habla Espejo, parece haberse hecho agua por la orfandad para administrar la bonanza económica, aunque subsisten dispendios para financiarla solo como spots televisivos.
Sin embargo, señoras y señores, hay certeza que la felicidad se alimenta con verdades, así sean dolorosas; pero en el Ecuador campea la osadía de pretender hacer verdad a la mentira, como muestra la investigación sobre la repotenciación de la Refinería de Esmeraldas publicada esta semana por EL UNIVERSO. La política como servicio para el bien público ha sido degradada, así como también los estadios superiores de desarrollo humano: el socialismo y comunismo que son vilipendiados.
Si, señoras y señores. Si Espejo nos lega que los productos periodísticos para ser publicados deben ser elaborados con método, conocimiento pleno de las materias y ética, tenemos derecho a preguntar las bases teóricas del denominado Socialismo del Siglo XXI, pero hasta ahora no existe respuesta convincente, no lo saben; pero tienen la certeza que el actual estado de crisis es consecuencia de la monopolización del poder, de la falta de transparencia, o lo que es lo mismo, de la corrupción, no por imperialismos ni oposición.
La corrupción no solo esta en la relación entre el poder político y el poder del dinero. Corrupción también es ocultar y manipular información, sobre lo que Espejo previno que “nada importa, o nos impide el que demos a conocer que sabemos pensar, que somos racionales, que hemos nacido para la sociedad. Estamos en la agradable persuasión de que los extraños que han tocado con sus manos los espíritus de Quito, si nos niegan amplitud de noticias, penetración de materias y grandeza de observaciones, nos conceden ingenio, sagacidad, talentos y aptitud para entrar con decoro al palacio de las ciencias abstractas y naturales”.
Sí. Espejo tiene razón. El periodismo no se perturba “Si nos niegan amplitud de noticias”, porque tenemos a la investigación, razón suprema de nuestra profesión para transparentar el ejercicio de la función pública, lo que disgusta al Poder y así se entiende la implacable persecución al periodismo investigativo.
Pero estos desencuentros no se darían si hubiese transparencia en la información pública. No habría especulaciones, imprecisiones, rectificaciones, réplicas, contraréplicas si el sector público solo cumpliera con lo dispuesto en la Constitución, la Ley Orgánica de Transparencia y Acceso a la Información Pública y la llamada Ley Orgánica de Comunicación: entregar toda la información de interés público.
Si no lo hace, el sector público continuará aumentando su deuda con la ética. Ocultar, manipular, limitar la información de interés público nada bien hacen a los administradores de la misma; al contrario, les hacen vivir espejismos y afectan al desarrollo político, económico y social del Ecuador.
Nadie debe olvidar que la mentira siempre sucumbe ante la verdad, por ello Espejo dijo que lo que escribía “podía ser para muchos libelo infamatorio” y que “los más benignos, llenos de ira y enojo, nos acusarán de temeridad”; pero, “Si no quema el papel, este quemará a muchos; y ellos harán bien tocar a fuego donde no pueden tocar a luz” y nadie ha de “impedir hablar la verdad y todo lo que convenga a la mayor felicidad (del pueblo), pues no podríamos callarlo sin delito”.
Divulgar la verdad es delito para otros, por eso Espejo también nos alertó que “el objeto político de las leyes penales es el terror de los hombres (…). El género humano tiene supremo interés en que le diga al jurista (…) cuál es el estado de un pueblo, cuando el derecho de castigar está ceñido a la venganza personal”.
Por ello también hoy el ejercicio del periodismo es peligroso, pero esto lo hace más apasionante y extravía a los presuntos recuperadores de la memoria histórica de Espejo, cuyas ideas manipulan. Para estudiar a Espejo hay que hacerlo con transparencia, por ello llamamos a las Facultades de Comunicación al imperativo de institucionalizar la “Cátedra Espejo”.
Si no lo han hecho los regentes de la política educativa, quizá es por temor, porque la palabra de Espejo es libertad, reflexión, compromiso real con la sociedad, transparencia, ética. Expectante es que autoridades y docentes se revistan de estos principios para formar a los educandos.
No olvidemos que Espejo reparó que “El maestro de niños provee al ser moral de las Repúblicas” y está para “enseñarle a hacer uso de su razón, esto es acostumbrarle a que piense y haga sus verdaderos raciocinios”.
Señoras y señores. Son 225 años de circulación de Primicias de la Cultura de Quito y 79 años desde que por primera vez se celebró el Día del Periodista Ecuatoriano, tras la institucionalización realizada por el dictador Alberto Enríquez Gallo, el 23 de diciembre de 1937.
Por su razón el periodista está obligado a proporcionar a la comunidad información objetiva, veraz y oportuna. Añejos son los tiempos en que los escritores fundaban periódicos para defender causas doctrinarias, cuya polaridad nos produjo graves desencuentros, que, de alguna forma, se limaron desde 1975, con la Ley de Ejercicio Profesional vigente.
Y Espejo creyó en la organización, muestra fue la Escuela de la Concordia, plural ideológicamente. La Ley citada instituyó la Federación Nacional de Periodistas y sus Colegios Provinciales, como organizaciones profesionales, no como apéndices de partido o movimiento político alguno. Cada socio, sin embargo, es libre de profesar su identidad ideológica partidaria.
Supeditar nuestras organizaciones y nuestro trabajo a movimiento o partido político alguno afecta el ejercicio profesional, al escrutinio que hacemos del sector público. Los prejuicios y el fanatismo son fatales para nuestra profesión. Esencial es defender nuestro ejercicio profesional, la libertad de expresión y de opinión, la reserva de la fuente, la ética, para promover el desarrollo integral del país.
Digo esto porque nuestras organizaciones no están ajenas a las apetencias de concentración de poder, como demuestra la resolución del Ministerio de Educación del 31 de agosto de 2015, al registrar como FENAPE una nómina de periodistas exaltados a dirigentes, con el fin de que publiquen opiniones afectuosas al poder de turno. No les importó atropellar nuestra Ley, Estatuto y Reglamento, pese a que trece de dieciséis colegios provinciales formaron el directorio presidido por el compañero Antonio Mosquera Solórzano.
Por ello, luce cínico que el presunto responsable político y administrativo de tales atropellos legales circule hoy por el país buscando votos para ser legislador y fiscalizador por la organización de gobierno.
Sin éxito han pretendido poner al periodismo al servicio del régimen, pero dictaron con intenciones una supuesta Ley Orgánica de Comunicación, que ha demostrado ser administrada con rigurosa discrecionalidad contra periodistas y medios de comunicación independientes y extremadamente tolerante con quienes se solazan discriminando, irrespetando la honra y reputación de las personas y afectando la verdad de la situación pública, sábado a sábado.
Sin embargo, torpe sería orar por tirar la Ley al tacho de basura. Su reforma es fundamental para garantizar las libertades fundamentales, para promover el periodismo profesional e investigativo, para regular el periodismo gubernamental y el público. Torpe es pretender regular la comunicación, la que es innata al ser humano.
El legado de Espejo ilumina nuestra profesión y se enerva con los transgresores de la transparencia informativa. Hoy, pese a nuestros esfuerzos profesionales hemos llegado a lo que el fiscal de las dictaduras argentinas, Luis Moreno Ocampo, previó para nuestras latitudes: “En un régimen de poder hegemónico no hay poderes independientes sino un poder monopólico, no se cumple la ley sino con discrecionalidad de los que detentan la autoridad y se restringe la libertad de prensa y la información afectando la transparencia”. Este, el retrato de la corrupción.
Los casos Petroecuador, Odebrechet, FENAPE y otros, son resultado de tal poder hegemónico, ante el cual el periodismo profesional antepone sus herramientas de trabajo, con investigación seria, para que este perverso juego no continúe. Seamos leales con nuestro Código de Ética, con Espejo, quien, pese a quien le pese, caracteriza a nuestra profesión como “depósito del tesoro intelectual”.