EL DESPRECIO A LAS IDEOLOGÍAS ES UNA TENDENCIA DE LAS DERECHAS EN BUSCA DE ALIANZAS ELECTORALES 



EXISTE MANIPULACIÓN IDEOLÓGICA 



Rodrigo Santillán Peralbo
Cada vez suenan con mayor fuerza las voces de las derechas que dicen despreciar las ideologías porque impiden la formación de alianzas electoreras con la tendencia del centro izquierda a la izquierda. Cierto que existe manipulación ideológica que nace de su propia debilidad cuando la conciencia individual y social tiende al pragmatismo.
Los pragmáticos surgen del capitalismo egoísta y rapaz, del neoliberalismo que ideológicamente privilegia y exacerba el individualismo, los que rebuscan ideas para denigrar a las ideologías y aborrecerlas, e imbuidos en esas formas de pensar y ser, comienzan a odiar a los revolucionarios y a las ideologías revolucionarias, porque saben, perfectamente, que un revolucionario se vuelve molesto e incómodo para sus propias cosmovisiones acomodaticias; y, porque presienten que cuando menos principios tienen mayores son las posibilidades del "éxito" material de sus tristes vidas a las que aman, sólo en tanto logran satisfacciones materiales y económicas, sin que les importe la suerte de los demás. Las derechas incendian a los pueblos para la satisfacción de sus ansias de riqueza y poder.
Para esa clase de personas, la ideología y los principios son cosas molestas y nada prácticos y de esa especie de razón surge la necesidad de combatirlos, mucho más si provienen del marxismo militante, quizá porque desconocen que Marx y Engels también denigraron la concepción de la ideología, porque consideraron que era una conciencia tergiversada, utópica, ilusoria, opuesta cualitativamente a la concepción científica del mundo, de la sociedad y del hombre, en la cual se toman como punto de partida la existencia de los hombres y los procesos vitales reales, según el análisis de Konstantín Nikoláev que agrega que, de esa conceptualización se concibe, se deduce todo lo incluido en el contenido de las ideas, las leyes de su aparición y transformación, sus relaciones estructural-funcionales.
En otras palabras, los iniciadores del marxismo no caracterizaron como ideología a la doctrina de la teoría científica del socialismo. Pero a medida de que se difundía el marxismo, la doctrina comunista, se requirió tomar una nueva conciencia de esa interpretación, diremos sin ambages, unilateral de la noción ideología. La práctica mostraba que la ideología no es simplemente, ni obligatoriamente, ilusiones o errores; las representaciones concretas se tornan en éstos debido al nivel histórico del desarrollo de la sociedad, de la ciencia y de la esfera cultural en general. La ideología como forma de conciencia social es algo cualitativamente distinta, mayor que una suma de sus ideas y representaciones concretas. Tiene funciones que es necesario cumplir, porque de otro modo la sociedad no podrá vivir normalmente" sostiene Nikoláev.
Mientras el marxismo se sumía en confrontaciones ideológicas internas, en la búsqueda de argumentaciones que precisaran la ideología de las masas, del proletariado y sus necesidades revolucionarias, la ideología pragmática del capitalismo sé concretaba en éxitos económicos, políticos y culturales, en el éxito del desarrollo de la ciencia y de la tecnología con fines de aplicación práctica que refuerzan la idea de riqueza y fortuna, poder y expansión de los sectores dominantes, pues de tan pragmáticos, la sociedad en su conjunto integral y sus problemas irresolutos, valían muy poco o nada frente al relumbrón de la revolución cien- tífico-técnica.
Es preciso recordar que la ideología es una ciencia y a esa categoría la elevó W. I. Lenin al definir al marxismo como una ideología científica que se desarrolla por sus propias y particulares leyes. La ideología, según Lenin, no es simplemente una percepción del conocimiento científico sino también una formulación, sobre esta base, de las recomendaciones para la organización de la sociedad, su realización práctica, inclusive por la vía revolucionaria. Así, con el desarrollo del socialismo científico, con*la praxis revolucionaria que se concretó con el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917 y la estructuración del primer Estado Socialista, la ideología dejó de ser una cosa ilua, una utopía, un mero ejercicio intelectual o un experimento del pensamiento desarrollado.
La ideología se transformó en una realidad que originaba nuevas realidades y posibilidades de organización social, económica y política; pero a la
vez, con el primer triunfo del socialismo aparecieron sus contrarios que ligaron, casi indisolublemente, las palabras ideología, socialismo, comunismo, revolución, para posteriormente extenderse a aquello de la "amenaza comunista", "avance del comunismo internacional", "subversivos, terroristas, revolucionarios" o simplemente "delincuentes", definiciones que expresaban la ideología de las burguesías, del capitalismo y del imperio.
Pronto el capitalismo, con él uso de la propaganda, con el abuso de los medios de comunicación, prolíficamente utilizados, difundió por el mundo una serie de estereotipos y prejuicios sobre la "amenaza comunista" y posteriormente, con la aplicación
de la sicología social experimental, crearon las teorías y las técnicas de la guerra sicológica, para con ella satanizar al socialismo, al comunismo y la necesaria e inevitable revolución social liberadora.
Como el marxismo, en su esencia, propone cambiar la propiedad privada por la propiedad social, debía ser combatido y atacado, calumniado y envilecido, por el capitalismo, sus voceros e ideólogos. Era natural que así ocurriese porque el marxismo atacaba la parte vital del capitalismo: el sistema de propiedad y los dueños y usufructuarios de ella no iban a cruzarse de brazos. Lo asombroso fue que utilizaron a los pobres y oprimidos, a los proletarios del mundo, para perseguir y combatir al marxismo y sus realizaciones socialistas porque, además, de los países socialistas surgieron científicos que desarrollaron la ideología hasta configurarla como una ciencia social con sus propias leyes, principios y postulados que entre otras leyes, destaca que la ideología no debe sustentarse en estimaciones, preferencias o juicios subjetivos sino en criterios y verdades objetivos que es una exigencia para la ciencia verdadera. Igualmente, la ideología es un fenómeno evaluable por su contenido, cuantificable por sus efectos, cualificable por su esencia.
La ideología es un sistema de ideas y sólo se prueba su validez en la práctica social. Si es un sistema de ideas, la ideología es, consecuentemente, la organización, la sistematización de las ideas, la unificación integral de las representaciones y significados sobre el mundo, sus seres y sus cosas y, por tanto, de las representaciones que el hombre se hace sobre la sociedad y su organización, sobre el hombre en sus interacciones con su entorno, de la sociedad con la naturaleza; y del origen y desarrollo de las interacciones de la persona y de la sociedad con su ambiente; es decir, explica científicamente las relaciones e interrelaciones, las interacciones y la interdependencia del hombre con los hombres, del yo con el nosotros, del ser como ser social con la sociedad, del ser individual con el ser colectivo, del hombre y la mujer con la sociedad, la economía, el derecho, la cultura, la religión; pero siempre en una especie de doble vía, en la que la persona humana tanto da como recibe de la sociedad en la que interactúa.
La ideología confiere a la persona la posibilidad de trascender de su existencia biológica-síquica hacia estadios superiores de comprensión del mundo, ya que le otorga un programa de conocimientos científicos y un plan de acción para insertarse en la sociedad con la que interactúa y para que se eleve sobre ella y denuncie las formas muertas o mostrencas, al tiempo que propone transformaciones para una mejor y superior organización social, económica, política y cultural. Ese es el valor de la ideología científica que es irrefutable, precisamente por el carácter científico que posee.
Sostener que la ideología sólo pertenece a los marxistas, a los revolucionarios y subversivos es un sofisma de la peor especie, tanto como afirmar que Estados Unidos es el paradigma de la democracia en la que conviven todas las ideas, agregaríamos, siempre que no representen un peligro para el sistema capitalista, ¿por qué, entonces, el capitalismo estadounidense tiene leyes que condenan de por vida o con pena de muerte a los sediciosos y subversivos porque han violado la Ley de Seguridad Nacional o porque han puesto en peligro de existencia y pervivencia de la sacrosanta democracia occidental y cristiana? Después del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos, ha fortalecido la ideología de un Estado policíaco, mediante la expedición de leyes que violan los derechos humanos esenciales, para someter a los sospechosos de terrorismo, a tribunales especiales y, otra vez, pretende consolidar su rol de gendarme universal, con la propalación de la ideología de la defensa de la libertad y la democracia, o de "justicia infinita", según las particulares concepciones del imperio guerrerista.
Sin ideología el capitalismo no hubiese sido siquiera concebido y sin ideología no podría sobrevivir. Las ideas sobre la democracia del voto o sufragio "libre", las ideas sobre libertad, el impulso al individualismo, la exacerbación del egoísmo personalista, aquello del respeto a la iniciativa privada y a la propiedad privada, la defensa de los valores de la cultura occidental y cristiana, la motivación para que el hombre defienda "el mundo libre", constituyen los fundamentos de la ideología capitalista e imperialista y de sus hijos bastardos como el fascismo y el neoliberalismo.
Los ideólogos del capitalismo hacen gala de cinismo cuando niegan las ideologías o pretenden desideologizar a los pueblos, Estados y naciones.
Proyectos, programas, planes, objetivos y metas, métodos y mecanismos que se utilizan para alcanzar esos objetivos y metas, son el resultado directo de la aplicación de una determinada ideología que, también, es instrumento de los intereses de una clase, de una sociedad o de un sector de ella. De tal manera que los intereses generales o particulares están profundamente unidos a las definiciones ideológicas, por tanto, cualquier ideología existe, actúa o influye en una sociedad de conformidad con sus intereses y de acuerdo con las metodologías instrumentadas desde el conocimiento científico-dialéctico. En consecuencia, la ideología puede estar al servicio de los intereses concretos de la sociedad y de los objetivos que se hayan planteado; por tanto, la ideología es una necesidad vital de las sociedades contemporáneas e inclusive de aquellos que niegan su valor y existencia, y de aquellos que pregonan su fin. Inclusive quienes tienen una idea o un sistema de ideas para negar la ideología, quienes crean o poseen argumentos para liquidar a la ideología, de hecho son dueños y portadores de normas, reglas, programas, orientaciones para combatir a la ideología y en consecuencia son ideólogos o dependientes de la ideología desideologizadora, de la contraideología, de la antiideología.
La ideología no ha llegado a su fin. Existe y tanto que al empezar el milenio continúa la lucha ideológica entre marxismo y capitalismo, entre los desideologizadores y defensores de la validez de las ideologías porque, además, la lucha ideológica va indisolublemente ligada a los intereses de clase y defensa de los intereses sociales de cada sector de la colectividad humana. Cada sector, cada grupo y cada hombre administran los métodos para la consecución de objetivos ideológicos y políticos que a su vez son instrumentos de clase para alcanzar el poder político que, inexorablemente, tendrá como meta la imposición de una determinada ideología y por ende, dialécticamente, una ideología subordinada y dominada puede pasar a ser una ideología dominante.
En una sociedad de clases existen intereses sociales y económicos contrapuestos y en permanente lucha que son apuntalados y consolidados por una o varias ideologías. "El carácter de los medios, de los métodos y de las formas de defensa y afirmación de los intereses es uno de los indicadores más importantes del nivel de civilización de las relaciones sociales y de la sociedad en su conjunto", concomitantemente a este criterio, la lucha ideológica adquiere profundidad en su significado y objetivos, cuando la ideología esté caracterizada por la tolerancia; es decir cuando el hombre o el grupo militante aprenda a respetar la ideología ajena y combata la violencia irracional, el fanatismo cruel, el dogmatismo ignaro, el sectarismo infantil. En este momento histórico es preciso encontrar métodos nuevos que permitan el triunfo de la ideología revolucionaria con el menor costo humano. ¿Será posible una revolución incruenta, una revolución blanca? ¿El imperio, pacíficamente va a perder sus privilegios, prebendas e intereses capitalistas y monopólicos? No, por desgracia, porque la noción imperial y su concreción son el producto de la violencia guerrerista y económica y porque el imperio es una mentira rotunda a la civilización y convivencia pacífica de ideologías y sistemas políticos y económicos diferentes. El imperialismo no admite competencias.
La ideología capitalista-imperialista-burguesa está en constante lucha contra la ideología marxista-leninista, socialista, proletaria y si una de ellas llega a imponerse total y radicalmente sobre la otra, lo hará con la práctica de la violencia y la violencia nunca será un producto de la civilización. La ideología proletaria sólo puede triunfar por medio de los siguientes procesos:
1.- Por la evolución de las condiciones sociales de conformidad con las leyes generales del desarrollo, progresiva de la conciencia social-histórica.
2- Por la vía revolucionaria.
La ideología revolucionaria no quiere esperar la evolución histórica que aniquile al capitalismo y al imperialismo; y en con-secuencia propugna los grandes saltos dialécticos para apresurar los procesos históricos. Y, es la ideología revolucionaria la que asusta, hasta el paroxismo, a los capitalistas y sus ideólogos y también a los pueblos sojuzgados que han sido víctimas de la propaganda capitalista, de la guerra sicológica desatada por Estados Unidos y sus aliados capitalistas. En estas condiciones, la lucha ideológica es desigual.
Pero, la dialéctica enseña que el desarrollo de la conciencia social no se detiene, que el progreso siempre irá hacia adelante y que la historia sobrepasa todas las barreras. Es más, la esencia del desarrollo social continuo desbarata las tesis de la contraideología ya que en tanto como niega lo viejo y caduco de las formas sociales, presenta alternativas de lo nuevo; es decir de nuevas formas ideológicas que posibiliten la continuidad de las luchas de los pueblos por alcanzar niveles de igualdad y bienestar. El peligro radica en que las ideas revolucionarias de hoy; mañana pueden ser viejas, si la revolución conquistó sus objetivos y realizó sus metas.
De la constatación de esta realidad nace la idea de la revolución permanente, pues una verdadera y profunda revolución ideará nuevos objetivos y metas y jamás se conformará con alcanzar unos cuantos resultados. Si la constante del ser humano es su predisposición síquica para buscar nuevos objetivos una vez que alcanzó los que se propusieron, si en su naturaleza anida la inconformidad, es lógico que una revolución siempre proponga nuevos objetivos hacia metas más elevadas. La revolución es obra de seres humanos y por tanto cometerá muchos errores; pero en su dialéctica encontrará las alternativas que posibiliten la perfectibilidad. No entender si son justas o erróneas las realizaciones revolucionarias, es condenarlas al fracaso. La filosofía, la ideología marxista-leninista no ha fracasado y nadie ha sido capaz de enrostrarla errores conceptuales que resulten impracticables. Quienes fracasaron fueron los hombres responsables de su aplicación práctica y con ese fracaso condenaron a la humanidad a un largo retroceso histórico y esto no es una "nostalgia dinosáurica" según ridícula acusación de los parlantes de la triunfalista ideología del capitalismo, sino una posición consciente de la realidad, con la esperanza de que la humanidad evolucione para que sea capaz de retomar los procesos revolucionarios que permitan la construcción de una sociedad comunista universal.
Hemos observado los sorprendentes cambios ocurridos en la última década del siglo XX y desde los niveles de la conciencia crítica y social, es posible asumir los errores del socialismo, las experiencias positivas y negativas, los avances de la ciencia y la tecnología y las condiciones reales del proceso histórico y de la ideología para, desde sus fundamentos irrebatibles, construir y reconstruir la teoría y prácticas revolucionarias, de tal manera que incidan en la apertura de nuevos horizontes para la humanidad que no puede dejarse estar en la grosera inacción impuesta por el capitalismo imperialista y sus doctrinas neoliberales.
El socialismo es la única posibilidad de supervivencia de la humanidad porque sólo el socialismo que procura la liberación social y nacional, permite que los pueblos tomen la historia en sus manos y la hagan para servir al hombre en la plenitud de sus derechos y libertades, entendida que la libertad sólo es posible cuando se la ejerce con responsabilidad y conciencia social, porque se fundamenta en el conocimiento, se enriquece en la cultura. "Por eso, el hombre podrá lograr una emancipación verdadera sólo en la medida en que confirme sus conquistas socio-económicas, políticas y jurídicas con la civilización de su espíritu y conocimientos subordinados a la moral del humanismo", en palabras de K. Nicoláev.
La ideología para que sea fuerte y posible debe fundamentarse en el conocimiento científico y en la praxis social. La ciencia -como la materia- se transforma en procesos constantes y por tanto la ideología también se transforma y cualitativamente se desarrolla a través de los conocimientos y experiencias acumulados por toda la humanidad. La ideología es un acerbo de la humanidad y no es ni puede ser propiedad particular de un grupo, de un sector, de una sociedad y menos propiedad privada de persona alguna.
Si la ideología se transforma, es lógico que luche contra la inercia social y cultural de la sociedad humana que es propiciada por el ambiente impuesto por las clases dominantes seguidoras del capitalismo imperialista. La penetración cultural e ideológica es tan fuerte que inmoviliza a grandes sectores de la colectividad y tan fuerte como las medidas económicas tendentes a apuntalar el sistema de injusticias y privilegios, medidas que golpean con extrema dureza a los pueblos que, al recibir los golpes, sólo atinan a responder con débiles protestas, generalmente, acalladas o aniquiladas por los aparatos represivos del sistema y esto ocurre por la debilidad ideológica de la población explotada y excluida y naturalmente por la debilidad ideológica-política de los líderes que se ahogan en la falta de iniciativas y en la carencia de claridad de los objetivos, tanto que parecen desconocer que la revolución es necesaria para resolver los problemas de la sociedad, si la sociedad está preparada para asumir y asimilar los procesos revolucionarios que son posibles cuando se unen las condiciones objetivas y subjetivas que sub- yacen en las masas.
La ideología es el sustento de la conciencia social y fundamento de cualquier proceso revolucionario que sólo puede desarrollarse si se basa en la experiencia social, en la racionalidad de las propuestas para construir una nueva sociedad democrática, popular, libre y soberana. Una ideología revolucionaria luchará para aniquilar a la ideología burguesa que esconde la naturaleza de la ideología de dominación y explotación porque le conviene ocultarla para dar rienda suelta a sus apetitos de acumulación y re acumulación de capital.
Terminada la "guerra fría", la ideología del capitalismo imperialista se reacomodó a las nuevas realidades e impuso o trata de imponer el neoliberalismo, la neoglobalización y la consolidación del imperio, para moldear al mundo bajo las reglas de la neodominación y neocolonización y como los fines supremos del capitalismo son los negocios y las ganancias, es lógico que sus ideólogos sostengan que el dinero no tiene ideología y traten de desideologizar la explotación y depredación de la humanidad y la tierra. Entonces una ideología revolucionaria tiene, también, que luchar contra la desideologización y en el proceso destruir el engaño y la mentira, y sacar a flote la ideología imperialista en la que se acuna la ideología de las transnacionales y de los monopolios del capitalismo mundial.
La ideología es esencial para la humanidad. Suele decirse que las ideas no mueren, sólo cambian, se desarrollan, se transforman. Si la ideología es un sistema de ideas, es imposible que la ideología muera o haya llegado a su fin. Sostener esta barbaridad es también una toma de posiciones ideológicas que a la postre resultan falsas, porque también hay ideas falsas y éstas si están condenadas a la muerte. Una ideología cuando es verdadera y lo es si se fundamenta en el conocimiento científico, es una necesidad social insoslayable e indestructible, precisamente, porque cumple también una función social demostrada por Nikoláev al precisar: "El carácter de las necesidades sociales que originan uno u otro fenómeno o proceso se deduce con bastante claridad de las funciones sociales que cumplen. La función integracional. La ideología integra a la sociedad sobre una base socio-económica e ideológica determinada.
La función justificativa: La ideología fundamenta y con ello defiende el orden que existe en la sociedad. Las funciones organizativa y educadora son evidentes y comprensibles. La función protectora de intereses de una u otras clases o grupos sociales estipula la defensa ideológica de quienes sacan mayor provecho del régimen social existente. La función cognoscitiva consiste en que la ideología no sólo emplea el saber que ya existe, también orienta de manera determinada al hombre y a la sociedad a obtener e interpretar una nueva información, un nuevo saber: La función cultural estriba en que la ideología influye poderosamente en la cultura, el arte y las artesanías del pueblo tanto directamente como por medio de su influencia en la sicología social".
DEL FIN D ELA IDEOLOGÍA
La tesis es correcta que, enterrar a la ideología y cantar himnos en honor de su deceso, es una posición ideológica muy propia del capitalismo imperial que, sin duda, será aniquilado por los falsos hijos que engendra en su inútil propósito de dominar por tiempo indefinido a toda la humanidad.
La ideología está presente en todas las esferas de la actividad humana y nadie puede prescindir de ella. Decir que la ideología ha llegado a su fin es sostener un error monumental, simplemente porque toda sociedad, cualquiera que sea su estado de desarrollo, necesita de la ideología para avanzar en la construcción del progreso y porque toda sociedad necesita ser iluminada por las ideas y los conocimientos políticos, sociales, culturales, económicos, sin prescindir de la moral social y menos de la moral revolucionaria. La ideología es vital para los procesos revolucionarios y esta es la razón de los ideólogos del capitalismo imperial para negarla, vilipendiarla y enterrarla tan prematuramente como prematuro fue el entierro del socialismo.
"El materialismo dialéctico parte del hecho de que el cono-cimiento es un reflejo del mundo en la conciencia del hombre, inseparable del objeto de conocimiento en el curso de la práctica social", según concepción de A. G. Spirkin. La ideología es el estudio de las ideas y sistemas de ideas con las que se nutre el conocimiento. Ideas y conocimientos están en la realidad del mundo material; y es en ese espacio en donde ocurre la práctica social de los hombres que incide en forma directa y determinante en todas las esferas de la vida del ser y de sus relaciones sociales, en permanente interacción con otros seres de la especie, con otras especies y con los objetos. La aplicación del materialismo y de la dialéctica permite -a través del materialismo dialéctico- el estudio de la sociedad humana. "La ampliación v aplicación de las tesis del materialismo dialéctico al desarrollo de la sociedad, es el materialismo histórico..." explica Spirkin en su obra: Materialismo Dialéctico / Lógica Dialéctica".
El materialismo histórico expone que el ser social determina la conciencia social y que el hombre, con ella, es capaz de comprender la sociedad, sus realidades, problemas, conflictos, las leyes de su desarrollo; es decir el proceso histórico de la humanidad y las fuerzas motrices que lo impulsaron: las fuerza productivas, las relaciones de producción en la interacción de sus elementos y en su evolución, el aparecimiento de la propiedad privada que inició la cadena de la explotación del hombre por el hombre, el proceso de acumulación de riqueza y poder sobre la base de la explotación irracional de los recursos humanos y naturales.
El materialismo dialéctico y el materialismo histórico explican científicamente el mundo, el hombre y sus relaciones y naturalmente explican la sociedad, el desarrollo de las ideas, la evolución del pensamiento y del conocimiento, y consecuentemente de la conformación de clases y de sus intereses en cada etapa histórica. El materialismo histórico y dialéctico es la base científica de la ideología marxista-leninista que, ciertamente, no es una simple teoría sino una concepción científica del mundo, de sus seres y sus cosas. Esta ideología no ha muerto y como el materialismo dialéctico explica, solo cambia, avanza, se transforma. La caída del Muro de Berlín, tomada por muchos como el suceso histórico que propició el fin de las ideologías y de la historia, el derrumbe del socialismo en los países de Europa Oriental y el descalabro de la Unión Soviética, no significan más que ciclos históricos que nacen y terminan de conformidad con las leyes del desarrollo de la sociedad y con la natural evolución de la especie humana. Sostener que la ideología marxista-leninista que fundamentó los procesos revolucionarios de millones de seres humanos que han luchado y luchan contra todas las formas de explotación, contra el imperialismo y su ideología de dominación, contra las guerras colonialistas y neocolonialistas y que han luchado y libran combates por la paz y la liberación nacional, ha llegado a su fin, no es más que un supuesto carente de la más mínima significación científica.
Los logros y éxitos alcanzados por la ideología marxista-leninista son incuestionables y ellos por si mismos -como ninguna otra doctrina económica, política, social- confirman la validez del materialismo dialéctico y de la concepción marxista del mundo. Es el marxismo-leninismo el que interpreta de una manera real y científica los intereses de las clases trabajadoras del campo y la ciudad y es la dialéctica marxista-leninista la que enseña a todos los seres humanos que en el mundo todo fluye, todo cambia, todo se transforma, todo se encuentra en permanente movimiento y desarrollo y naturalmente las ideas, el pensamiento, el conocimiento, la ciencia, la tecnología; es decir la ideología no llega a su fin. En consecuencia toda forma de organización social, económica, política, deviene inevitablemente en pasajera, pues lo caduco muere para dar paso a nuevas formas de organización socio-económica que, al aparecer, serán superiores, mejores y más progresistas y democráticas.
La construcción del socialismo es un proceso dialéctico que sólo puede concluir cuando la humanidad alcance un grado evolutivo superior que permita construir la sociedad comunista. Y, tampoco en ese estadio superior de la organización socio-económica podría desaparecer la ideología y la historia llegar a su fin. Sólo se iniciaría otro ciclo histórico.
La desintegración de la Unión Soviética y la caída del "socialismo real" en los países de Europa del Este no puede interpretarse como el fracaso del marxismo-leninismo, del socialismo y del comunismo; sin embargo, esos acontecimientos apresuraron los refuerzos ideológicos del capitalismo mundial para celebrar su momentáneo triunfo que originó la tesis del fin de la historia que, de inmediato, fue propalada por el mundo con el apoyo de los sistemas de comunicación e información capitalistas que extendieron su poder e influencia con el uso y abuso de la tecnología. Así se comprende que el japonés-norteamericanizado, Francis Fukuyama, de la noche a la mañana, de casi un anónimo profesor universitario, se convierta en una celebridad mundial, cuando se le ocurrió afirmar que quizá somos testigos no solo del fin de la guerra fría o del transcurso de un período particular de la historia de la postguerra, sino de la conclusión de la historia como tal: es decir, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia de occidente como la forma última de gobierno humano".
Así como Bell decretara el fin de las ideologías, Fukuyama decretó el fin de la historia y la realidad demuestra que ni ideología, ni historia han muerto y que los pobres del mundo en su lucha contra la miseria nacida de la explotación organizada por la democracia occidental capitalista, son y serán el motor de la historia. Cierto que se ha impuesto la concepción de la democracia occidental y cristiana; cierto que el imperialismo se ha consolidado y que el capitalismo en su fase neoliberal intenta conformar un gobierno mundial dirigido por el capital transnacional; pero no es menos cierto que las contradicciones capitalistas se han incrementado y que en la aplicación de las inhumanas y crueles leyes del mercado, según la ideología del capitalismo neoliberal, los pobres del mundo son más pobres en tanto que las transnacionales y las oligarquías nacionales son más ricas y poderosas. La profundización de las desigualdades sociales, económicas y políticas y generalizada corrupción que impulsa el sistema, no sólo que impiden la muerte de las ideologías y de la historia sino que las refuerzan. Esas condiciones objetivas por las que atraviesa la humanidad, dan nuevo vigor y vigencia plena a la ideología marxista-leninista y a los consiguientes proyectos revolucionarios que se convertirán en realidades concretas en todos los pueblos de la tierra. Las injusticias socio-económicas serán combatidas porque ese estado de opresión provocará la rebelión en todas sus formas y matices; pues, no puede eternizarse esa situación de pobreza-miseria extrema.
Los pobres y explotados emprenderán las luchas de liberación nacional en sus propias patrias y los Estados sumidos en el capitalismo subdesarrollado, si aspiran a sobrevivir, tendrán que luchar contra el capitalismo desarrollado y fundamentalmente contra el imperialismo liderado y ejecutado por Estados Unidos en alianza con sus socios; Gran Bretaña, Francia, Italia, Alemania, Japón y Canadá. Será una lucha desigual y de inmensos costos humanos y sociales que emprenderán los países pobres contra los siete países ricos que, al decir de algunos analistas, han superado el modernismo y han entrado en un proceso postcapitalista. Es posible que se haya iniciado la organización de la sociedad postcapitalista; pero ¿acaso el postcapitalismo significa que se acabó la era capitalista-imperialista? De ninguna manera ya que capitalismo e imperialismo han aprendido a vivir de sus propias contradicciones y crisis cíclicas y porque se fortalecen sobre la base de los pobres, sobre el sistema de explotación.
La dialéctica demuestra que el capitalismo se nutre de la pobreza de los muchos y que el imperialismo basa su poder en la existencia del subdesarrollo y en consecuencia de las debilidades económicas, políticas, sociales y culturales, científicas y tecnológicas de los países del sur, condenados por efecto de la División Internacional del Trabajo y de la economía, al subdesarrollo y sólo como fuente de materias primas que son requeridas por los países industrializados, para mantener su propio status.
¿La sociedad postcapitalista ha engendrado el neoliberalismo? Es posible, puesto que esa ideología económica-política privilegia la propiedad privada generadora del sistema de explotación sobre la propiedad estatal y el patrimonio de los pueblos, para satisfacer las necesidades de reacumulación de capital por parte de las transnacionales y de las oligarquías criollas, dependientes de los monopolios del capitalismo transnacional. A ese fin supremo se encaminan las privatizaciones y desnacionalizaciones de empresas y recursos estratégicos de los países dependientes y neocolonizados. Permitir que el capital transnacional se apropie de los recursos vitales y estratégicos de los pueblos como el petróleo, la energía eléctrica, las telecomunicaciones, los minerales existentes en las minas o la seguridad social, la administración de las aduanas, de puertos y aeropuertos, es renunciar no sólo a las posibilidades de explotación de los recursos para forjar el desarrollo, sino también perder la soberanía y remplazaría por neoconceptos como la "soberanía limitada".
Inmersa la humanidad en el sistema capitalista-postcapitalista, dominada por el imperio estadounidense; sistema e imperio que subsisten por las desigualdades e injusticias sociales, económicas y político-culturales que imponen, por los subdesarrollos que propician, resulta ilógico aceptar que se ha llegado a la "conclusión de la historia como tal: es decir, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad", según la expresión de Fukuyama. Tampoco la democracia occidental se ha transformado en la última forma de gobierno, válida para todos los pueblos de la tierra; pues, la conceptualización y práctica de la democracia están profundamente cuestionados ya porque son un espejismo confundido con el derecho y obligación de elegir gobernantes o porque han devenido en formas de gobiernos burgueses corruptos y en sistemas so- cio-económico-políticos generadores de estados de pobreza crítica para las grandes mayorías nacionales. La democracia occidental ha sido un rotundo fracaso a lo largo y ancho de la tierra.
Capitalismo e imperialismo en cualesquiera de sus formas concretas y expresiones ideológicas han sido incapaces de solucionar uno solo de los múltiples problemas sociales y económicos de los pueblos, porque a ese sistema no le importa ni le interesa el desarrollo de los pueblos o su existencia misma, sino en tanto en cuanto pueden, eventual o potencialmente, convertirse en consumidores de bienes económicos y de servicios producidos por los monopolios imperialistas, las transnacionales o los grupos oligopólicos nacionales. El imperio capitalista carece de propuestas para que los países pobres accedan al desarrollo.
"Desarrollo y subdesarrollo son base de la superestructura sustancial del capitalismo monopolista y colonialista que no funcionan independientemente... Sin embargo, la historia está demandando que esta superestructura macro se transforme en una superestructura micro, lo que significaría que el subdesarrollo, hoy externo a las elites, se transformaría en subdesarrollo interno de las propias elites y de los subdesarrollados-desarrollados, tal como en la realidad lo podemos observar en los países ricos y en los países pobres", sostiene Fielden Torres en su obra: El Fin de la Historia ¿Ficción o realidad? Lo que ocurre en la práctica social es, que un país desarrollado no puede prescindir de los países subdesarrollados, éstos son la esencia de aquél y en lo que respecta a las elites nacionales, si bien en un principio de la aplicación del neoliberalismo se vieron favorecidas por enormes flujos de capital que recibieron por efecto de privatizaciones y corrupciones, los capitales y fortunas no son eternos ya que se deterioran con rapidez debido a las relaciones de producción impuestas por el capitalismo y fundamentalmente porque los precios de productos y tecnologías de los países desarrollados son infinitamente superiores a los precios de las materias primas y productos alimenticios, generados por decisión del capitalismo hegemónico, por los subdesarrollados. Mientras los precios de las manufacturas de los países industrializados crecen en proporción geométrica, los precios de los productos de los países pobres crecen en proporción aritmética. Esta situación del mercado se agrava por el servicio de la deuda externa y en estas condiciones las elites comienzan a perder el valor real de sus fortunas, generalmente, mal habidas.