CHILE: 43 AÑOS SIN ALLENDE…. 



CRONOLOGÍA DEL 11 Y 12 DE SEPTIEMBRE DE 1973.  



Salvador Allende murió en La Moneda. Poco antes de morir se dirigió por última vez al pueblo a través de la única emisora de radio que no estaba aún en manos de los militares sublevados. Su voz era tan pausada y firme, sus palabras tan precisas y proféticas, que esa despedida no parece el postrer aliento de un hombre que va a morir, sino el saludo digno de quien entra para siempre en la historia.
Alejandra Rojas.

No crean, señores, que si intentan sacarme de este sillón por la fuerza, yo seré como otros presidentes de América Latina que se suben a un avión y se marchan al extranjero .!No! Yo estaré acá [en La Moneda]. Y me defenderé hasta la última bala…perdón…hasta la penúltima. Yo sé lo que haré con la última.

Presidente Allende, 10 de septiembre de 1973.

CRONOLOGÍA DEL 11 Y 12 DE SEPTIEMBRE DE 1973. (1)

El día del golpe el Presidente es despertado a las 5: 00 de la mañana, en la casa de Tomás Moro 200, por uno de los miembros de su guardia personal, con el fin de que atienda una llamada del Subdirector de Carabineros, general Jorge Urrutia, quien le informa que el Golpe se encuentra en marcha. Una hora más tarde Allende es avisado que en Valparaíso la Marina se ha sublevado contra el gobierno constitucional, ante lo cual ordena a Carabineros cerrar la carretera que une Santiago y Valparaíso.

6: 00 Barcos de la Armada que habían zarpado el día 10 con el fin de participar en la Operación Unitas XIV, regresan, inesperadamente, al puerto de Valparaíso. En Santiago el Comandante en Jefe de la Armada, el Almirante Raúl Montero C., leal al Presidente, ha sido retenido durante la noche en su propio domicilio por un comando de marinos golpistas, los que encadenaron la reja de la casa del Almirante y cortaron sus líneas telefónicas, privándolo así de toda movilidad y comunicación con el exterior.

A partir de las 6: 30 el Presidente trata de comunicarse, sin ningún éxito, con los jefes de las tres ramas de las FF.AA., quienes, astuta pero cobardemente, evitan responder a sus llamadas.

A las 6: 35 el Presidente se comunica con Orlando Letelier, su Ministro de Defensa, le informa del alzamiento militar, y le ordena concurrir al Ministerio de Defensa para desde allí tomar control de la situación.

A las 7: 00 Allende llama por teléfono a Clodomiro Almeyda, su Ministro de Relaciones Exteriores.

A las 7: 10 vuelve a llamar a los jefes de las tres ramas de las FF.AA., quienes continúan sin responder.

A las 7:15 el Presidente abandona la casa de Tomás Moro 200, protegido por su fiel guardia personal fuertemente armada, acompañado por Joán Garcés, René Olivares y el general Jorge Urrutia, subdirector de Carabineros. Se dirigen a toda velocidad en dirección a La Moneda por las calles desiertas de Santiago, en una caravana de cinco autos FIAT 1500 y dos tanquetas de Carabineros con los números 198 y 219, encargadas de la custodia de la casa presidencial. Más atrás lo siguen en otros vehículos el capitán de Carabineros José Muñoz, un grupo de escoltas del GAP encabezado por Jaime Sotelo, y formado por Juan Montiglio, Oscar Valladares y Manuel Mercado, además del doctor Danilo Bartulín y Ricardo Pincheira.

7: 20 La Radio Agricultura, de oposición al gobierno, interrumpe su programación habitual para informar sobre el alzamiento militar en curso.

A las 7: 30 el Presidente Allende ingresa a La Moneda escoltado por su guardia personal, y con su fusil de asalto AKMS al hombro, procede a ocupar su puesto de mando y de combate.(2) En esos momentos el antiguo edificio se encuentra flanqueado por tres tanquetas Mowag de Carabineros y, supuestamente, protegida por la Guardia de Palacio. El Ministro de Defensa, Orlando Letelier, es hecho prisionero por los golpistas al intentar ingresar al edificio de su ministerio.

A las 7: 40 Sentado tras su escritorio, Allende se comunica por última vez con su esposa, Tencha Bussi, quien en ese momento se encuentra en la casa presidencial de Tomás Moro 200, bajo la protección de un grupo de hombres del GAP a cargo de Domingo Bartolomé Blanco. A esa misma hora llegan a La Moneda, en cuatro microbuses, unos 300 carabineros, para reforzar la guardia de Palacio.

7: 45 Allende llama por teléfono a Carlos Altamirano, Secretario General del Partido Socialista, a Rolando Calderón, Ministro de Agricultura del Gobierno Popular entre noviembre del 72 y marzo del 73, y a Luis Figueroa, Presidente de la Central Única de Trabajadores, para ponerlos al tanto de la situación.

A las 7: 50 : En el Aeropuerto Carriel Sur, de Concepcion, aviones Hawker Hunter de la fuerza aérea insurrecta se preparan para atacar los «blancos» de ese día: destrucción de las antenas de las radioemisoras favorables al gobierno popular, bombardeo del Palacio de La Moneda y de la casa presidencial .

A las 7: 55 el Presidente se dirige al país por primera vez, desde la Moneda, por las ondas de Radio Corporación, Portales y Magallanes. En esta alocución informa al pueblo sobre el golpe de Estado en marcha, que ha comenzado en el puerto de Valparaíso, pero que a esa hora aún no se ha extendido a Santiago. Conmina a los trabajadores a ocupar sus sitios de trabajo y a mantener la calma. Allende manifiesta, por primera vez aquella mañana, su decisión de permanecer en el Palacio Presidencial, y desde allí defender su gobierno.

Dado que carece aún de información confiable acerca del número de regimientos o unidades militares con las que podría contar para detener el golpe, el Presidente hace un llamado a las FF. AA., conminándolas a que se mantengan fieles a sus juramentos y que sepan cumplir con su obligación constitucionalmente establecida de defender el gobierno legítimo, en ese momento amenazado.

«Les habla el Presidente de la República desde el palacio de La Moneda. Informaciones confirmadas señalan que un sector de la marinería habría aislado Valparaíso y que la ciudad estaría ocupada, lo cual significa un levantamiento en contra del Gobierno, del Gobierno legítimamente constituido, del Gobierno que está amparado por la ley y la voluntad de los ciudadanos.

En estas circunstancias, llamo, sobre todo a los trabajadores, a que ocupen sus sitios de trabajo, que concurran a sus fábricas, que mantengan la calma y la serenidad. Hasta este momento, en Santiago, no se ha producido ningún movimiento extraordinario de tropas, y según me ha informado el jefe de la guarnición, Santiago estaría acuartelado y normal. En todo caso yo estoy aquí en el Palacio de Gobierno, y me quedaré aquí defendiendo el gobierno que represento por la voluntad del pueblo. Lo que deseo, esencialmente, es que los trabajadores estén atentos, vigilantes y que eviten provocaciones.

Como primera etapa tenemos que ver la respuesta, que espero sea positiva, de los soldados de la Patria, que han jurado defender el régimen establecido, que es expresión de la voluntad ciudadana, y que cumplirán con la doctrina que prestigió a Chile y le prestigia por el profesionalismo de las Fuerzas Armadas. En estas circunstancias, tengo la certeza de que los soldados sabrán cumplir con su obligación. De todas maneras, el pueblo y los trabajadores, fundamentalmente, deben estar movilizados activamente, pero en sus sitios de trabajo, escuchando el llamado que pueda hacerles, y las instrucciones que les dé el Compañero Presidente de la República.»

A las 8: 00 horas, comienzan a llegar los médicos del equipo de La Moneda, las primeras autoridades de gobierno, así como 18 detectives de Investigaciones, encabezados por el Inspector Juan Seoane, dispuestos a defender al Presidente.(3) En ese momento Valparaíso se encuentra ya bajo el control total de La Marina insurrecta. Siete francotiradores del GAP, comisionados por el Presidente, toman posiciones defensivas en el edificio del Ministerio de Obras Públicas, en la terraza del Banco del Estado, en el Ministerio de Hacienda, y en otros altos edificios que rodean el Palacio.

A las 8: 15 Allende se dirige al país por segunda vez. Vuelve a informar al pueblo acerca del alzamiento de la Marina en Valparaíso, y que ha dispuesto que tropas del ejército (cuya lealtad al gobierno no ha sido aún confirmada), marchen sobre Valparaíso con el fin de sofocar la insurrección. Y reitera, también, el Presidente, su compromiso de quedarse en La Moneda defendiendo el gobierno popular, y que no entregará el mando hasta haber completado el período de seis años establecido por la Constitución. En último término, solicita al pueblo mantenerse atentos a la espera de sus informaciones e instrucciones:

«Trabajadores de Chile, les habla el Presidente de la República. Las noticias que tenemos hasta estos instantes nos revelan la existencia de una insurrección de la Marina en la provincia de Valparaíso. He ordenado que las tropas del Ejército se dirijan a Valparaíso para sofocar este intento golpista. Deben esperar las instrucciones que emanan de la Presidencia. Tengan la seguridad de que el Presidente permanecerá en el palacio de La Moneda defendiendo el gobierno de los trabajadores. Tengan la certeza de que haré respetar la voluntad del pueblo, que me entregara el mando de la nación hasta el 4 noviembre de 1976. Deben permanecer atentos en sus sitios de trabajo a la espera de mis informaciones. Las fuerzas leales respetando el juramento hecho a las autoridades, junto a los trabajadores organizados, aplastarán el golpe fascista que amenaza a la Patria».

A las 8: 20, mientras el Presidente habla por radio desde La Moneda, se recibe la llamada del Comandante Sánchez, su edecán aéreo, quien pide comunicarse con él con el fin de transmitirle la propuesta del general Van Schouwen, de que se rinda y acepte el ofrecimiento de un avión Douglas DC 6 que, supuestamente, lo sacaría del país junto con su familia. La respuesta de Allende al general alzado, por medio de su edecán, fue categórica: «Dígale a su general que el Presidente de Chile no se escapa en un avión; que él sepa comportarse como soldado, que yo sabré cumplir como Presidente de la República».

8: 30 Se transmite por Radio Agricultura la primera proclama de la Junta Militar golpista, que revela la traición de Pinochet y el casi total apoyo de las FF. AA. al golpe cívico-militar. Unidades militares de la Escuela de Infantería de San Bernardo, apoyadas por tanques Sherman M 41 del Regimiento Blindado No. 2, al mando del general Javier Palacios, toman posiciones de combate en torno a La Moneda.

8: 35 Miriam Contreras, la secretaria del Presidente, consigue entrar a La Moneda, mientras su hijo mayor, Enrique Roppert Contreras, y una decena de hombres del GAP armados que intentaban unirse a los sitiados, son detenidos por carabineros apostados frente al edificio de la Intendencia, ubicado en la esquina formada por las calles Morandé y Moneda.

A las 8: 45 Allende se dirige al país por tercera vez, por las ondas amigas de Radio Corporación. Esta vez lo hace en inmediata respuesta a la información revelada en la primera proclama golpista, que no ha escuchado, pero cuyo contenido le ha relatado apenas unos minutos antes Joan Garcés. Esto es, que no cuenta con ninguna unidad o regimiento con qué defender su gobierno, porque el apoyo de las FF.AA. al golpe ha sido casi unánime, entre estas el del Ejército, al mando de Pinochet, quien lo ha traicionado.

Es ante este escenario desolador que el Presidente informa al pueblo de la magnitud del Golpe, instruye a los trabajadores y reafirma su decisión de no rendirse ante los militares alzados, a quienes pone en aviso de que solo asesinándole podrán sacarlo de La Moneda:

«Compañeros que me escuchan: la situación es crítica, hacemos frente a un golpe de Estado en el que participan la mayoría de las FF.AA. En esta hora aciaga quiero recordarles algunas de mis palabras. Se las digo con calma, con absoluta tranquilidad: yo no tengo pasta de apóstol ni de Mesías, no tengo vocación de mártir, soy un luchador social que cumple una tarea que el pueblo me ha dado. Pero que entiendan aquellos que quieren retrotraer la historia y desconocer la voluntad mayoritaria de Chile; sin tener carne de mártir no daré un paso atrás. Que lo sepan, que lo oigan, que se les grabe profundamente: dejaré La Moneda cuando se cumpla el mandato que el pueblo me diera, defenderé esta revolución chilena y defenderé el gobierno porque es el mandato que el pueblo me ha entregado. No tengo otra alternativa. Solo acribillándome a balazos podrán impedir la voluntad que es hacer cumplir el programa del pueblo. Si me asesinan el pueblo seguirá su ruta, seguirá el camino, con la diferencia quizás de que las cosas serán mucho más duras, mucho más violentas, porque será una lección objetiva muy clara para las masas de que esta gente no se detiene ante nada.

Yo tenía contabilizada esta posibilidad, no la ofrezco ni la facilito. El proceso social no va a desaparecer porque desaparece un dirigente. Podrá demorarse, podrá prolongarse, pero a la postre no podrá detenerse.

Compañeros, permanezcan atentos a las informaciones en sus sitios de trabajo, que el Compañero Presidente no abandonará a su pueblo ni su sitio de trabajo. Permaneceré aquí en La Moneda inclusive a costa de mi propia vida».

Comentario:

La tercera alocución está construida, en parte, con materiales de otras expresiones y discursos anteriores del Presidente. Como habrá advertido el lector, esta comunicación radial se inicia con la frase: «En esta hora aciaga quiero recordarles algunas de mis palabras». Y, en efecto, Allende procede a repetir, textualmente, a continuación, pasajes centrales del discurso que pronunciara en aquel acto masivo en el Estadio Nacional realizado en despedida de Fidel Castro, el día 4 de diciembre de 1971. Esto fue detectado hace ya mucho tiempo por Pierre Kalfon, el afamado escritor, periodista y corresponsal de Le Monde en Chile.(4)

Sin embargo, el periodista francés pareciera no haber conseguido establecer el origen de otros pasajes repetidos por el Presidente en esta oportunidad, porque no los identifica ni dice una sola palabra sobre ellos en su bien informado libro. Es curioso que los pasajes a los que nos referimos no hayan sido tomados de un discurso anterior del Presidente, sino de la respuesta que aquél diera a una pregunta que le hiciera Regis Debray, en el curso de una entrevista filmada en enero de 1971, la que sería posteriormente publicada en varias lenguas bajo el título de: Allende habla con Debray.

La pregunta decía así: «Puesto que su rol es el de unificador de los partidos de izquierda, de catalizador de las fuerzas populares, se le ocurre a uno que sus enemigos de fuera y de dentro del país tendrían buenas razones para eliminarlo a Ud. en este momento. Si esto llegara a ocurrir, ¿qué cree Ud. que pasaría?

La respuesta del Presidente Allende al intelectual francés fue la siguiente: «El proceso social no va a desaparecer porque desaparece uno de sus líderes. Podrá demorarse, podrá prolongarse, pero a la postre no podrá detenerse. En el caso de Chile, si me asesinan, el pueblo seguirá su ruta, seguirá su camino, con la diferencia quizás que las cosas serán mucho más duras, mucho más violentas, porque será una lección objetiva muy clara para las masas de que esta gente no se detiene en nada. Y yo tengo contabilizada esa posibilidad, no la ofrezco ni la facilito, pero tampoco vivo con la preocupación de que esto pueda ocurrir».(5)

Es decir, el Presidente ha intercalado, en las líneas finales del extenso párrafo central de su tercera alocución, no sabemos si de memoria o con la ayuda de un texto escrito, su respuesta a la pregunta formulada más de dos años antes en la referida entrevista. Se sabe que Allende tenía una excelente memoria, pero parece difícil que él pudiera haber repetido allí de manera textual aquel pasaje, que calzaba tan bien con la situación que en ese momento enfrentaba.

Cerca delas 8: 45, las fuerzas de Carabineros a cargo de la protección del Palacio Presidencial, comienzan a retirarse silenciosamente, dejando el viejo edificio y sus defensores enteramente a merced de los ataques golpistas por aire y tierra. En el mismo momento, Tropas al mando del general Palacios, apoyados por tanques Sherman M 41 toman posiciones de combate en torno a La Moneda.

A las 8: 50 consigue ingresar a La Moneda Beatriz Allende, luego de haber logrado romper, pistola en mano, una barrera policial. A esa misma hora ha caído en poder de los insurrectos la ciudad de Concepción, «sin haberse disparado un solo tiro».

A las 8:55 se retiran las tanquetas Mowag de Carabineros que se encontraban apostadas frente a La Moneda. Es en aquel instante que el Presidente se asoma brevemente por uno de los balcones del segundo piso del viejo edificio. Varios peatones que en ese momento transitaban por allí, lo ven y aplauden, al tiempo que unos jóvenes vestidos en uniforme escolar le gritan: «Deles duro, Presidente», a lo que éste responde con un breve saludo con la mano.(6)

Poco antes de las 9:00 Allende recibe a Hernán del Canto, su Ministro del Interior en 1972, el que le transmite el siguiente mensaje: «Presidente, vengo de parte de la dirección del Partido [Socialista] a preguntarle qué hacemos, dónde quiere que estemos». La respuesta de Allende fue cortante: «Yo sé cuál es mi lugar y lo que tengo que hacer. Nunca antes me han pedido mi opinión. ¿Por qué me la piden ahora? Ustedes que tanto han alardeado, deben saber lo que tienen que hacer. Yo he sabido desde el comienzo cuál era mi deber».(7) Luego de lo cual el Presidente da por terminado aquel breve intercambio.

Posteriormente, se reúne en su oficina con sus tres edecanes, quienes tratan de convencerlo de que entregue el mando a los insurrectos. El Comandante Sánchez, edecán aéreo, le vuelve a plantear que debiera abandonar el país en un avión de la Fuerza Aérea. Allende le responde que su ofrecimiento es inútil porque su decisión ya está tomada. Y para demostrar su férrea determinación, hace como si fuera a dispararse bajo el mentón con su fusil de asalto AKMS, al momento que dice: «este fusil tiene 30 tiros y el último voy a disparámelo así». José Tohá, Isabel Allende y Frida Modak ingresan al Palacio Presidencial ya sitiado. En su segundo bando insurgente los golpistas amenazan al pueblo, advirtiéndole que cualquier acto de sabotaje será castigado con la muerte.

9: 03 Cuarta alocución presidencial, por Radio Magallanes. Se inicia con dos párrafos que casi siempre son omitidos en sus versiones escritas, de allí que sean muy poco conocidos:

« … En este bando [Allende se refiere aquí a la proclama golpista que ha sido trasmitida por radio a partir de las 8:30]se insta a renunciar al Presidente de la República. No lo haré. Notifico ante el país la actitud increíble de soldados que faltan a su palabra y a su compromiso. Hago presente mi decisión irrevocable de seguir defendiendo a Chile y su prestigio, en su tradición, en su norma jurídica, en su constitución. Señalo mi voluntad de resistir, con lo que sea, a costa de mi vida, para que quede la lección que coloque ante la ignominia y la historia a los que tienen la fuerza y no la razón.

En este instante señalo como una actitud digna, que aquí está junto a mí el director titular de Carabineros, general José María Sepúlveda… [en ese mismo momento un Hawker Hunter pasa en vuelo rasante sobre La Moneda, y su estruendo impide entender lo que dice Allende. Pero luego continúa ] … y en este instante los aviones pasan sobre La Moneda. Seguramente la van a ametrallar. Nosotros estamos serenos y tranquilos. El holocausto nuestro marcará la infamia de los que traicionan la Patria y el pueblo.(8) [Luego de un breve corte, la alocución continúa con su parte conocida:

«En estos instantes pasan los aviones. Es posible que nos acribillen. Pero que sepan que aquí estamos, por lo menos con nuestro ejemplo, que en este país hay hombres que saben cumplir con la obligación que tienen. Yo lo haré por mandato del pueblo y por voluntad consciente de un Presidente que tiene la dignidad del cargo entregado por su pueblo en elecciones libres y democráticas.

En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la Patria, los llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada. Este es un momento duro y difícil; es posible que nos aplasten. Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor.

Pagaré con mi vida la defensa de los principios que son caros a esta patria. Caerá un baldón sobre aquellos que han vulnerado sus compromisos, faltando a su palabra…[y han] roto la doctrina de las Fuerzas armadas. El pueblo debe estar alerta y vigilante. No debe dejarse provocar ni masacrar, pero también debe defender sus conquistas. Debe defender su derecho a construir con su esfuerzo una vida digna y mejor».

Comentario:

Como lo señalara Pierre Kalfon, los aviones a los que se refiere Allende al recomenzar su cuarta alocución, en realidad no se disponían a bombardear el Palacio Presidencial en ese momento, sino que buscaban atemorizar a los sitiados y, presumiblemente, también, tomar las marcas para el bombardeo que solo se produciría más de tres horas después.

En el primer párrafo de su cuarta alocución, Allende contrapone su conducta ética, asumida conscientemente en cumplimiento de sus deberes como Presidente, y en respeto a la dignidad de su cargo, legítima y democráticamente consagrado por el pueblo chileno, con la conducta inmoral de los militares alzados que han roto su juramento de respeto a la autoridad civil y a la constitución.

Invocando los intereses del pueblo y de la Patria, Allende proyecta aquí una visión optimista y esperanzadora del futuro de Chile, en la que se destacan su conciencia del carácter pasajero de los hechos de aquel trágico día, y su inquebrantable fe en el pueblo.

Allende continúa, reafirmando su promesa de que defenderá, incluso al precio de su vida, el orden constitucional, y cierra con sus últimas instrucciones a sus partidarios, de que se mantengan vigilantes y no se dejen provocar, ni masacrar, por los militares golpistas.

9: 10 Ultimas palabras del Presidente, conocidas como el «Discurso final», o de «Las grandes Alamedas», las que solo fueron transmitidas por Radio Magallanes, la única emisora pro- gobiernista que no había sido aún silenciada por los rockets de la fuerza aérea golpista.

«Compatriotas:

Esta será, seguramente, la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La fuerza aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y de Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieran:

Soldados de Chile, comandantes en jefe titulares y el almirante Merino, que se autodesignó, el señor Mendoza, general rastrero, que solo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al gobierno y también se [auto]designó director general de Carabineros. Ante estos hechos, solo me cabe decir a los trabajadores: yo no voy a renunciar. Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo y les digo que tengo la certeza que la semilla que entregamos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente.

Tienen la fuerza, podrán avasallarnos pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra, la hacen los pueblos.

TRABAJADORES DE MI PATRIA:

Quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que solo fue el intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra de que respetaría la constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección. El capital foráneo, el Imperialismo unido a la reacción, creó el clima para que las fuerzas armadas rompieran su tradición, la de Schneider y que reafirmara el comandante Araya, víctimas de mismo sector social que hoy estará en sus casas, esperando con mano ajena reconquistar el poder, para seguir disfrutando de sus granjerías y privilegios.

Me dirijo sobre todo a la mujer modesta de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días estuvieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas que la sociedad capitalista le dio a unos pocos.

Me dirijo a la juventud, aquellos que cantaron, entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente en los atentados terroristas, volando puentes, cortando las líneas férreas, destruyendo los oleoductos y gaseoductos. Frente al silencio de los que tenían la obligación de proceder, estaban comprometidos. La historia los juzgará. Seguramente Radio Magallanes será acallada, y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, lo seguirán oyendo, por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal a la lealtad de los trabajadores.

El pueblo debe defenderse pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

TRABAJADORES DE MI PATRIA:

Tengo fe en Chile y su destino, superarán otros hombre este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo, que más temprano que tarde, abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

Viva Chile

Viva el pueblo

Vivan los trabajadores.

Estas son mis últimas palabras.Tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que por lo menos será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición».

Comentario:

Este discurso inmortal, enteramente improvisado, el preámbulo de la muerte del Presidente, posee una carácter multifacético, porque contiene una denuncia de la traición de las FF.AA., y sus aliados civiles, apoyados y financiados por el gobierno norteamericano; junto con una protesta moral ante ella, la reafirmación de un compromiso ético con el pueblo chileno, una promesa heroica, un mensaje final de esperanza en el futuro de Chile, un agradecimiento a los trabajadores, y una despedida.

Como todas sus alocuciones de aquel día, el discurso final del Presidente Allende se proyecta simultáneamente en dos planos que se intersectan: uno el directamente político, y el otro el plano moral. Esto se expresa en el uso que se hace allí de una serie de dicotomías éticas sobre las que se estructuran sus alocuciones, a saber: las dicotomías entre lealtad y deslealtad, o entre lealtad y traición, entre dignidad e indignidad, entre razón y fuerza, etc. Es significativo que la palabra y el concepto de lealtad se encuentran, también, en el «Discurso de la Victoria», allí donde Allende dice: «… el compromiso que yo contraigo ante mi conciencia y ante el pueblo –actor fundamental de esta victoria– es ser auténticamente leal en la gran tarea común y colectiva. Lo he dicho: mi único anhelo es ser para ustedes el compañero presidente». Y al cierre de aquel discurso Allende manifestará: «A la lealtad de ustedes responderé con la lealtad de un gobernante del pueblo: con la lealtad del compañero presidente».(9)

Tal como lo muestran su resistencia armada a la insurrección cívico-militar, y su sacrificio final, Allende prefirió morir antes que renunciar a las aspiraciones socialistas que encarnaba como líder máximo del Gobierno popular. Porque en realidad Allende no murió defendiendo la decrépita democracia burguesa chilena, como lo afirmara con justa indignación, aunque erróneamente, Gabriel García Márquez, en un famoso artículo que escribiera pocos días después del Golpe. Puesto que lo que Allende pagó con su vida no fue su defensa de la democracia chilena, a pesar que siempre respetó su legalidad, sino la defensa a ultranza del mandato socialista que el pueblo chileno le había confiado, comprendiendo que su último sacrificio sería interpretado por las generaciones actuales y futuras como una ofrenda a la causa del socialismo chileno, cuyo renacimiento predijo, por medio de la metáfora de las grandes alamedas. Como lo ha señalado certeramente la escritora Alejandra Rojas: «Allende no se pensó a sí mismo como un reformista; su lucha, su muerte, se encuadran en un proyecto cuyo norte fue la abolición del capitalismo. Todos los esfuerzos por hacer un aggionamento cosmético de su discurso chocan con la contundencia de su palabra».(10)

Según lo hemos argumentado, y demostrado, en varios artículos anteriores publicados en este mismo periódico, el Presidente se comportó en sus últimas horas del modo que lo hizo porque resistir el Golpe en el viejo edificio de los Presidentes de Chile, no fue para él una decisión de último minuto, ni tampoco una que le hubiera sido simplemente impuesta por las circunstancias de aquel día, sino la consecuencia de una decisión libre y racionalmente adoptada con mucha anticipación. Porque como ha venido a saberse con posterioridad, Allende había decidido más de un año antes del Golpe, que en caso de ocurrir un alzamiento militar generalizado en contra de su gobierno lo enfrentaría en La Moneda. Que él no haría un llamamiento a sus partidarios civiles para que salieran a las calles a defender el gobierno, y que combatiría hasta el fin. Frase esta última que debe entenderse tanto en el sentido de que pudiera encontrar la muerte en combate, como significando que si esto no llegaba a ocurrir se quitaría la vida, antes que rendirse a los golpistas.(11)

Esta trágica decisión encontraría expresión en cada una de sus alocuciones radiales de aquella mañana, pero especialmente en dos pasajes del «Discurso final». El primero es aquél en el que el Presidente pareciera proyectarse más allá de su muerte inminente y nos entrega una visión profética de la que llegará a ser su propia imagen histórica: «Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, me seguirán oyendo, siempre estaré junto a ustedes, o a lo menos, mi recuerdo será el de un hombre digno, el de un hombre que fue leal». Es decir, los valores morales por los que Allende quisiera ser recordado después de su muerte son la dignidad y la lealtad. Dignidad en la defensa de su investidura presidencial; dignidad en su valerosa respuesta frente a la traición y la fuerza bruta; lealtad hacia sus principios socialistas, hacia el programa de la Unidad Popular y hacia los trabajadores. Porque fue su profunda dignidad personal la que lo impulsó a elegir la muerte antes de rendirse y entregarse vivo a sus enemigos, sentimiento que en Allende se expresaba en una aguda conciencia de la responsabilidad que conllevaba su doble rol de líder de la Izquierda chilena y de Jefe del Estado.

El segundo lugar en el que se destaca el carácter moral autoconsciente de la decisión final de Allende se encuentra en las últimas dos frases de su discurso: «Tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano; tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición», frase en la que se reafirma lo que dijera al comienzo: «Mis palabras… serán… el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron… ». Es decir, Allende es plenamente conciente de que las palabras acusatorias que lanza contra sus enemigos, así como su sacrificio final, serán una lección y un castigo moral que los deslegitimará para siempre ante la faz del mundo y de la historia, como efectivamente ocurrió.

Con su heroica resistencia y muerte en el palacio de La Moneda, el presidente transformó su derrota político-militar en una victoria moral sobre los golpistas, convirtiéndose en el mismo acto en una figura mítica que pareció levantarse desde su tumba secreta para denunciar ante el país y el mundo, los crímenes de la dictadura cívico-militar. La decisión valiente, digna y viril de Allende de no rendirse, ni entregarse vivo a sus enemigos, puso en evidencia al mismo tiempo la bancarrota moral de los generales traidores que, con apoyo extranjero, se revelaron en contra de su gobierno legítimo y constitucional.

Pero aunque no fueran suficientes la valentía y la dignidad del Presidente para derrotar a los golpistas, por obra de la fuerza de los mismos valores que él supo defender con su propia vida, con el paso del tiempo su figura llegó a potenciarse hasta alcanzar la estatura de una especie de nuevo «Padre de la Patria», que junto con haber sido el primer acusador de los crímenes de la dictadura, se transformaría en la encarnación máxima y el símbolo de las luchas populares, tanto de hoy como del futuro de Chile.

Un detalle curioso que, al parecer, ha pasado enteramente inadvertido, es que la metáfora de las «Grandes Alamedas», que cierra su extraordinario discurso, se encuentra ya prefigurada en el así llamado «Discurso de la Victoria», es decir, en aquel que el Presidente electo pronunciara la madrugada del 5 de septiembre de 1970, desde uno de los balcones del antiguo edificio de la Federación de Estudiantes de Chile, situado en plena Alameda Bernardo O’Higgins, frente a la Biblioteca Nacional, en uno de cuyos pasajes centrales declara:

«Yo tengo plena fe, en que seremos lo suficientemente fuertes, lo suficientemente serenos y fuertes, para abrir un camino venturoso hacia una vida distinta y mejor. Para empezar a caminar por las esperanzadas alamedas del socialismo, que el pueblo de Chile con sus propias manos va a construir».

Según es manifiesto, de las esperanzadas alamedas del socialismo, a las grandes alamedas del socialismo, hay solo un paso. Es la misma metáfora de la sociedad socialista como un amplio camino, como una avenida, por la que transitarán libres los hombres y las mujeres del futuro. Llama la atención que el Presidente haya echado mano aquí, en este que pudiéramos llamar su «Discurso de la derrota», de la misma figura literaria que utilizara tres años antes en su «Discurso de la Victoria». Porque consciente o inconscientemente, la mente del líder debió haber evocado aquellas horas felices de su triunfo electoral, en total contraste con las horas tristes que antecedieron a su muerte.

Pero hay algo que se echa de menos en este memorable último discurso, y en las alocuciones anteriores de aquel día, es que Allende no haga allí la menor mención a la Unidad Popular, ni a los partidos y organizaciones de la izquierda chilena. Por cierto, no creemos que esto sea algo casual, y no nos cabe la menor duda que tras aquella omisión se contiene un apenas velado mensaje crítico. Como lo señalara hace ya mucho tiempo Pedro Vuskovic (el primer Ministro de Economía del Gobierno Popular) en su testamento político Allende nos habría dejado «como claves enigmáticas, dos interrogantes no siempre advertidas: 1. «La pregunta de por qué en tales circunstancias, el hombre, el dirigente, que las pronuncia, no olvida referirse a los trabajadores, a la modesta mujer, a la campesina, a la obrera, a la madre, a los profesionales, al obrero, al campesino, al intelectual; pero al mismo tiempo no hace la menor referencia en ningún momento a sus compañeros de dirección política, ni los convoca a ocupar el lugar de dirección que deja. !Ni una palabra [sobre ellos] en este discurso fina!. 2. La pregunta de por qué cuando anuncia en su comunicación esperanzadora la apertura de las grandes alamedas del futuro, y expresa su seguridad de que el momento gris y amargo será superado, siente la necesidad de decir quiénes se harán cargo de esa superación: «Vendrán otros hombres…».(12)

Es decir, Allende omitió, premeditadamente, en cada una de sus cinco alocuciones radiales de aquella mañana toda mención a quienes le fallaron, o lo abandonaron, en los momentos más críticos, esto es, a los partidos de la Izquierda, y entre ellos, por cierto, su propio partido, el Partido Socialista, y a la Unidad Popular. Y para hacer aún más claro el significado de aquella omisión, el Presidente cerrará su última comunicación con tres inéditos vivas:

!Viva Chile!, !Viva el pueblo!, !Vivan los trabajadores!

9: 25 Acompañado por el doctor Bartulín, hombres armados del GAP, y el jefe de la escolta presidencial, Capitán José Muñóz, entre otros, Allende procede a inspeccionar La Moneda con el fin de determinar las fortalezas y debilidades de su antiguo edificio ante el inminente ataque militar.(13)

9: 35 Allende habla por teléfono con el contralmirante Carvajal, quien desde el Ministerio de Defensa lo presiona a que se rinda bajo amenaza del bombardeo de La Moneda y de la muerte de todos los que allí se encontraban, recibiendo como única respuesta los bien merecidos insultos del Presidente.

9: 40 Se inicia el «Combate de la Moneda» con una balacera infernal de armas automáticas disparadas por atacantes y defensores.

9: 45 Tres Tanques Sherman M 41 del regimiento Blindado No 1, comienzan a posicionarse amenazantes en torno a la Moneda.

10: 00 El Presidente despide a sus edecanes militares. El general Ernesto Baeza, siguiendo instrucciones de los cabecillas del Golpe continúa presionando a Allende para que se rinda y abandone el país en un avión, junto con su familia. Su respuesta: «Ustedes, como generales traidores que son, no conocen a los hombres de honor». Los tanques Sherman, apostados frente a La Moneda, comienzan a disparar contra sus muros, portones y ventanas , siendo respondidos por los sitiados y por los franco-tiradores del GAP, quienes hacen lo mismo contra el edificio del Ministerio de Defensa y la infantería golpista.

10: 04 Por las ondas de Radio Magallanes se inicia la lectura de una declaración de la Comisión Política del Partido Comunista de Chile ante el Golpe, la que es interrumpida minutos más tarde al ser voladas por la Fuerza Aérea las antenas de dicha emisora.

10: 05 Allende rechaza un plan, sugerido por algunos de sus colaboradores, que consistía en abrirse paso hasta la calle Morandé en dirección al edificio del Ministerio de Obras Públicas, y desde allí, por estacionamientos subterráneos, escaleras y ascensores, llegar a la calle Bandera, donde los esperarían varios vehículos de escape.

10: 30 Por Radio Corporación F.M., el diputado socialista Erick Schnake hace un desesperado llamado público a los partidarios del gobierno a marchar al centro de Santiago en defensa del Gobierno Popular, que muy pocos escucharon.

10: 35 Por cadena nacional de radios se da lectura al Bando No. 5: «A las 10:30 Salvador Allende ha sido conminado a rendirse, y ante su negativa se ha dado comienzo a un ataque terrestre y aéreo contra La Moneda. Acción que ha tenido por objeto evitar el derramamiento de sangre».

10: 45 Los ministros Almeyda, Briones, José Toha y Flores se reunen con el Presidente y le piden entregarse y salvar su vida, sin conseguir cambiar su decisión de no entregarse ni rendirse a sus enemigos. Allende exige a todas las mujeres que allí se encontraban, entre ellas sus dos hijas Beatriz e Isabel, que abandonen el Palacio antes de que se inicie el bombardeo, anunciado por los golpista para las 11 de la mañana, pero que terminará retrasándose hasta casi el medio día. Allende demanda a los jefes golpistas que permitan salir del edificio a seis mujeres.

10:47 Responden los alzados: «las mujeres tienen 3 minutos para salir de La Moneda, después de los cuales comenzará el bombardeo aéreo». Momentos más tarde Beatriz e Isabel Allende, Verónica Ahumada, Cecilia Tormo, Frida Modak y Nancy Julien, abandonan La Moneda, mientras la Payita se oculta en su interior. Los golpistas no cumplen su palabra y el grupo de mujeres se ven obligadas a salir a la calle en medio de la balacera.

10: 50 Por el teléfono Allende recibe indignado la noticia, de boca de Alfredo Joignant, Director de la Policía de Investigaciones, de que éste le ha entregado el mando de la institución a un funcionario subalterno. Con ello se desvaneció la última esperanza del Presidente de poder contar al menos con un cuerpo armado para defender su gobierno.

11: 00 Por medio del bando No.7 la Junta Militar anuncia que ha sido declarado el Estado de Sitio y que a partir de las 18 horas regirá el toque de queda en todo el territorio nacional. Mientras tanto, continúa el intercambio de disparos entre atacantes y defensores de La Moneda.

11: 30 Reunido en la industria Sumar el Comité Político de la Unidad Popular acuerda no ofrecer resistencia al Golpe.

11: 55 Se inicia el bombardeo de La Moneda por los aviones Hawker Hunter de la fuerza aérea insurrecta. El edificio patrimonial más importante del país, que albergó a 23 presidentes de la República, es incendiado y destruido casi en su totalidad. Los responsables directos de esta bárbara acción: los pilotos chilenos Ernesto Amador González Yarra, y Fernando Rojas Vender, el último de los cuales llegará a ser Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea bajo la «democracia tutelada». Su autor intelectual: el Comandante en Jefe de la FACH bajo Allende, quien llegara a ser uno de los cuatro miembros de la Junta Militar: el general Gustavo Leigh Guzmán.(14)

Simultáneamente con el bombardeo de La Moneda, aviones Hawker Hunter y helicópteros artillados Bell UH-1H de la fuerza aérea golpista atacan la residencia presidencial de Tomás Moro 200, en la que aún se encontraba doña Tencha Bussi, protegida por algunos hombres del GAP, quienes repelen el ataque con fuego de ametralladoras.

Los responsables directos y ejecutores de este cobarde ataque fueron los pilotos Eitel Von Mühlenbrocky Gustavo Leight Yates. El último de los cuales lanzará, por pura impericia, un rocket sobre el edificio del Hospital de la Fuerza Aerea, situado cerca de la calle Tomás Moro, provocando su incendio. La casa presidencial será posteriormente allanada por tropas de la Escuela Militar, y saqueada conjuntamente por éstos y por una turba de vecinos, los que robarán la mayoría de sus pertenencias.

12: 15 Finalizado el bombardeo aéreo de La Moneda, las fuerzas golpistas reinician el ataque con la infantería y los tanques Sherman M 41. En un cuarto del subterráneo del Palacio se dispara en la sien con una pistola ametralladora UZI el periodista, gran amigo, y asesor del Presidente, Augusto Olivares Becerra. Será inútilmente socorrido por el doctor Arturo Jirón, en cuyos brazos fallecerá luego de algunos minutos de agonía. El Presidente Allende, muy afectado, pide un minuto de silencio en su homenaje.

12: 20 Helicópteros Bell de la Fuerza Aérea golpista lanzan bombas lacrimógenas al interior del Palacio, aprovechando los forados dejados en sus techos por los rockets disparados desde los aviones Hawker Hunter.

12: 45 Un nuevo bando militar notifica al país que «a partir de ese instante se prohíbe toda circulación de personas en las calles».

13: 00 Continúa el combate en La Moneda ardiendo. Fernando Flores, Osvaldo Puccio e hijo, y Daniel Vergara, salen en dirección al Ministerio de Defensa con el fin de parlamentar con los generales golpistas, donde no serán escuchados, sino tomados inmediatamente prisioneros.

13: 15 Allende, veinte miembros del GAP y diecisiete detectives, logran contener por más de dos horas el masivo ataque golpista, disparando desde las ventanas de La Moneda con sus fusiles de asalto, lanzacohetes RPG y otras armas automáticas.

13: 30 Fuerzas militares atacantes ingresan a la planta baja del Palacio Presidencial.

13: 40 El Presidente comprende a estas alturas que la resistencia es inútil y que no puede continuar si es que ha de evitarse una masacre. Convoca a una reunión en el segundo piso con el propósito de convencer a sus compañeros de que depongan las armas.

13: 50 Allende organiza el desarme y la ordenada rendición de sus colaboradores, quienes en una fila, con la Payita al frente, bajan al primer piso del viejo edificio por la escalera de caracol que conduce directamente a la puerta de Morandé 80.

13: 55 Al momento de salir por la puerta de calle Morandé el último grupo de defensores de La Moneda, ingresan al lugar las fuerzas golpistas atacantes de la Escuela de Infantería de San Bernardo.

14: 00 Luego de más de cinco horas de desigual combate, el Presidente se quita la vida en el Salón Independencia. Desde la puerta semiabierta de su despacho, los doctores Patricio Guijón y José Quiroga presencian el violento alzamiento del cuerpo de Allende, provocado por efecto de uno o más disparos. (15)

14: 25 Por medio de una cadena de emisoras, los jefes golpistas informan que la situación en todo el país se encuentra absolutamente controlada por las Fuerzas Armadas. «Al renacer en esta primavera una nueva esperanza para la Patria, expresamos nuestra petición a la ciudadanía de que manifieste su adhesión a la chilenidad colocando el emblema patrio en el frontis de sus casas».

14: 30 Al salir por la puerta de Morande 80, los sobrevivientes de la «Batalla de La Moneda» son brutalmente golpeados por los soldados golpistas, lanzados al suelo y amenazados de que serán aplastados por uno de los tanques Sherman, que en ese momento se desplazaba por el costado oriente del viejo edificio, si los francotiradores del GAP no dejan de disparar.

14: 35 Se da lectura por radio al Bando No. 10 en el que se les ordena a 66 civiles entregarse en el edificio del Ministerio de Defensa antes de las 16: 30 horas. Entre ellos se encuentran seis mujeres, los más connotados políticos de los diferentes partidos de la Unidad Popular, y los más altos dirigentes del MIR.

15: 35 Más de dos horas y media después del bombardeo aéreo de La Moneda, recién pueden ingresar allí los primeros voluntarios del Cuerpo de Bomberos, impedidos de hacer su tarea por una orden expresa de Pinochet de que se dejara quemar el viejo edificio. La total extinción de los fuegos que seguirán ardiendo en sus escombros solo se logrará el día viernes 14, después de casi tres días de intenso trabajo de varias compañías de bomberos de Santiago. (16)

16: 00 A través del sistema de radio del Ejército se escucha la voz del general Gustavo Leigh: «Es necesario que las estaciones de radio repitan insistentemente que por cada miembro de las FF.AA. que sea víctima de un atentado se fusilarán de inmediato cinco prisioneros marxistas». Se inicia la evacuación de los «prisioneros» de La Moneda, quienes son introducidos a punta de culatazos en dos buses de la Armada que los conducirán al Regimiento Tacna. La mayoría de ellos serán torturados y posteriormente asesinados en Peldehue. (Véase sus nombres en la nota No.3)

16: 30 Ingresan a La Moneda siete detectives de la Brigada de Homicidios, con el propósito de realizar un peritaje forense de los restos de Presidente y del lugar de su muerte. Los peritos de la BH serán posteriormente relevados por personal de la Policía Técnica de Investigaciones.

17: 10 En una camilla de lona y cubiertos con una manta de La Ligua, los restos del Presidente Allende son sacados de La Moneda por la puerta de Morande 80, por bomberos y soldados, e introducidos en una ambulancia del Hospital Militar.

17: 30 El cuerpo sin vida del Presidente Allende llega al Hospital Militar.

18: 00 Se inicia el toque de queda en todo el país.

21: 50 Se transmite por La Televisión el bombardeo e incendio de La Moneda.

22: 00 En el Pabellón de Otorrinolaringología del Hospital Militar se da comienzo al examen post mortum de los restos de Allende, ordenado por Pinochet, en presencia de numerosos oficiales curiosos. Los informes forenses y balísticos, así como las conclusiones de dicho examen, no serán nunca reveladas por los golpistas. Recién en el 2002, es decir,29 años después del Golpe, estos documentos serán sacados a la luz por la periodista Mónica González, como anexos a su documentado libro sobre el Golpe.

12 de septiembre.

7: 00 El Comandante Sánchez es convocado al Ministerio de Defensa, donde se le ordena acompañar a Hortensia Bussi al entierro secreto de los restos del Presidente.

10: 00 Los restos mortales de Allende son embarcados en un avión DC 3 de la Fuerza Aérea, en el que también viajan Tencha Bussi y el Comandante Sánchez, con rumbo a la Base Aérea de Quintero.

12: 05 El avión aterriza en la base de Quintero.

12: 25 El vehículo que transporta el ataúd, seguido por un pequeño cortejo, ingresan al Cementerio Santa Inés de Viña del Mar, que se encontraba rodeado de militares armados y en actitud vigilante.

12: 30 Se realiza el entierro secreto del Presidente en el mausoleo de la familia Grove. Solo se encuentran presentes Tencha Bussi, Laura Allende, Eduardo, Patricio y Jaime Grove, además del edecán presidencial, y un gran número de soldados armados.

13: 00 La Junta informa escuetamente al país, por cadena radial, que el Presidente Allende se ha suicidado, y que sus restos serían enterrados en una supuesta «ceremonia privada».

OFICIALES DE LAS FUERZAS ARMADAS ECUATORIANAS QUE SE ADHIRIERON AL GOLPE FASCISTA DE PINOCHET
APLAUSO AL GOLPE DE PINOCHET[1]

Oswaldo Albornoz Peralta
Aunque no se crea, pocos días después del sangriento golpe dictatorial protagonizado por Pinochet, aparece en el diario El Comercio de la ciudad de Quito un comunicado titulado ¡Viva Chile! suscrito por varios oficiales ecuatorianos.
Allí se dice, con singular impostura, nada menos que esto:
“Las Fuerzas Armadas Chilenas, fieles a su tradición de elevado civismo y respeto absoluto a las normas constitucionales; acompañaron y sustentaron al régimen legal del Dr. Salvador Allende, en su fallido experimento de sovietizar a Chile por las vías civilizadas y pacíficas”.[2]
Se agrega, en forma por demás hipócrita, que se rinde homenaje a la viril figura humana del presidente Allende, por haber pagado con su vida su equivocada política marxista. Y se cierra el párrafo final con esta frase: “Paz y honor sobre su tumba”.[3]
Empero, la falsedad y el fingimiento, no pueden cubrir la verdadera finalidad de ese comunicado: apoyar al gorila Pinochet, el asesino de Salvador Allende, que hasta la víspera del golpe traicionero se arrastraba como sierpe a sus pies y prometía que defendería el orden constitucional. Es defensa de las infames matanzas del Estadio Nacional, donde se acalla para siempre con el bronco fragor de la fusilería, la guitarra y el canto de Víctor Jara. Es adhesión y aquiescencia al vil asesinato de los valientes militares chilenos que se opusieron con el sacrificio de sus vidas al sucio golpe dictatorial. Y es aceptación y aplauso a la intervención de la CIA y del gobierno norteamericano en los asuntos internos de Chile, vale decir, a un acto de traición a la independencia y traición de la patria.
Todo esto, y mucho más, significa el comunicado ¡Viva Chile!
He aquí los nombres y apellidos de sus autores:
General Carlos Cabrera
General Agustín Mora Bowen
General Andrés Arrata
General Antonio Morales
General Luis Cabrera
General Gustavo Banderas
Coronel Jorge Gortaire
Coronel Jorge Salvador Chiriboga
Teniente Coronel Salomón Larrea
Teniente Coronel Francisco Tamariz Palacios
Teniente Coronel Francisco Solórzano
Teniente Coronel Jorge Chiriboga
Teniente Coronel Julio Merchán
Teniente Coronel René Cueva
Teniente Coronel Luis Montalvo
Mayor Arturo Suárez
Mayor Napoleón Izquierdo
Mayor Patricio León
Mayor Eduardo Alvear
Mayor Leonidas Plaza Lasso
Capitán Jorge López
Capitán Luis Dueñas[4]
Varios de estos oficiales son ya veteranos en golpes dictatoriales, y algunos llegan alto por su destreza en esta clase de acciones, como Mora Bowen por ejemplo, ministro de Gobierno en la célebre Junta Militar presidida por Castro Jijón. Célebre Junta no por sus virtudes, sino por su oscuro origen y desmanes. Todos saben que los golpistas derrocan al presidente Carlos Julio Arosemena Monroy por orden yanqui y con la colaboración de los agentes de la CIA introducidos como cuñas estratégicas dentro de su gabinete. Y así mismo, obedeciendo al amo extranjero, renuncian al mar territorial de las 200 millas. Por esto, llenándose de indignación, un congreso declaró traidores a los responsables de este crimen de lesa patria.
Otros, brillan también, por hechos non sanctos. Solo dos ejemplos. Allí está el coronel Salvador Chiriboga, uno de los responsables de esa cobarde matanza de los obreros de Aztra. Y está el mayor Leonidas Plaza. Este es un anticomunista de tomo y lomo, con espada fulmínea, dispuesto a erradicar el comunismo de la Tierra. Promete organizar una expedición militar para “libertar” a Cuba, pero repentinamente, ante la cercanía de la hazaña, un temblor corta los arrestos del legionario y Fidel se salva de milagro…
El comunicado de marras, para que todo sea completo, contiene camuflada entre palabras melosas, una velada amenaza al régimen de esa época presidido por el general Guillermo Rodríguez Lara. “Qué esta sea una lección, una advertencia para el gobierno “NACIONALISTA Y REVOLUCIONARIO” que hoy rige los destinos de nuestra PATRIA con la mejor buena fe y la mejor de las intenciones”[5], expresan los espadones. La amenaza va dirigida a la acción positiva de ese mandatario: la defensa de nuestras riquezas naturales de la voracidad de las empresas extranjeras. Y entre los amenazadores, increíblemente, está el general Andrés Arrata, que ocupó la cartera de Defensa de ese gobierno. Por eso, quizás, la extraña combinación de amenaza y lisonja.
Enemigos de Pinochet, y enemigos odiados al extremo, son la inteligencia y la cultura. El canto a Chile, el canto más alto al pueblo de Caupolicán y de Lautaro, al pueblo de O’Higgins y Balmaceda, es sepultado en el silencio con la persecución y muerte de Neruda. Los libros, con todo el tesoro de sus páginas, imitando a sus maestros nazis, son consumidos con el fuego de las piras. Las conquistas de la ciencia y las bellezas del arte, son cubiertas con el humo de las cenizas.
Pero versos y libros, ciencia y arte, ¿qué pueden interesar a sus admiradores…?
[1] Tomado de Oswaldo Albornoz Peralta, Páginas de la historia ecuatoriana, t. II, Editorial de la CCE “Benjamín Carrión”, Quito, 2007, pp. 291-294.
[2] El Comercio, Quito, 18 de septiembre de 1973.
[3] Idem.
[4] Idem.
[5] Idem.