SOLO CON IDEOLOGÍAS DE IZQUIERDA SE PUEDEN FORMAR ALIANZAS PARA PARTICIPAR EN PROCESOS ELECTORALES 



LO MÁS GRAVE ES LA CARENCIA DE SÓLIDAS IDEOLOGÍAS 



Rodrigo Santillán Peralbo
La oposición política de diversa ideología, en los procesos electorales tiende a derrotar a caudillos populistas, generalmente autoritarios, que ansían eternizarse en el poder ya sea para satisfacer sus insuflados egos o para tapar todas las corrupciones habidas y que habrán. Entonces hablan de alianzas y estrategias para llegar a acuerdos realistas y, otras personas, totalmente despistadas o ignorantes de ideologías y compromisos sociales, se presentan como posibles presidenciales a sabiendas que no conseguirán ni cien votos, pero más puede el ansia de figuración y el instante de fama que el dictado de la razón. Hablan de alianzas, inclusive, contra natura. ¿O acaso, puede haber alianzas entre ideologías de izquierdas e ideologías de derechas?

Lo más grave es la carencia de sólidas ideologías, la falta de conciencia social y pertenencia a una clase, generalmente, por siempre dominada. En tiempos electorales aparecen una serie de oportunistas que son o fueron parte movimientos populares, sindicales, sociales, indígenas, culturales, profesionales, grupos y partidos ideológicos de izquierda o definidos y declarados de izquierda que, con total desvergüenza o cinismo, promueven y ansían alianzas con candidato presidenciales de las derechas oligárquicas, financieras, bancarias.

Esos oportunistas se unen, dialogan, bajan la cerviz y exponen “argumentos y razones” para unirse a sus explotadores y amos, tal vez con la esperanza de recoger las migajas del posible banquete. ¿Eso es política o tontería pragmática?

En el Ecuador, los componentes del Acuerdo Nacional por el Cambio que construyen la unidad desde el centro izquierda a la izquierda tienen dificultades para alcanzar el gran objetivo. Mucho ha avanzado en las definiciones de puntos programáticos y en el Plan de Gobierno. Necesita el impulso que demuestre la decisión de llegar al poder para servir al pueblo.

Organizaciones, movimientos y partidos que se definan de izquierda y no sean parte del Acuerdo Nacional por el Cambio, por las razones que fuesen, cometerían una especie de traición a este país. Unirse es una exigencia histórica, pero no cualquier unión, sino la que provenga de raíces ideológicamente profundas. Es lícito, por razones de participación en los proceso electorales creados por las burguesías, formar alianzas, inclusive con la social democracia, entendiendo que la participación en un proceso electoral no es un proceso revolucionario, sino un medio parta difundir entre el pueblo, tesis programáticas, planes de gobierno popular, democrático, progresista, liberador, Siempre será positivo acudir a la ideología, antes de proponer o crear alianzas.

La ideología intenta descifrar el sistema o sistemas de concepciones e ideas políticas, filosóficas, jurídicas, morales, religiosas, artísticas; concomitantemente la ideología pretende estudiar las ideas, las leyes del desarrollo de las ideas y del conocimiento y su incidencia en las leyes de la política, y en las concepciones de los pueblos y, en especial, de sus vanguardias intelectuales y políticas, acerca del desarrollo social, de las aplicaciones de las teorías sobre la moral, la cultura, la civilización y los procesos de innovación, cambio y transformación. Cada ser humano, de acuerdo a sus particularidades determinadas por su personalidad, adquiere ideas y se forma una cosmovisión del mundo exterior, del mundo de los objetos y por tanto tiene una capacidad personal para "leer" la realidad. Esa cosmovisión es la ideología en sus interacciones y en sus relaciones con las estructuras y superestructuras, con los modos de producción, con la sociedad en la que crece, desarrolla y se realiza, con la cultura que recibe y a la que aporta en cuanto tiene oportunidad. En consecuencia, nin¬gún ser humano, sin que importe su nivel de desarrollo, deja de poseer una ideología y, por tanto, cada sociedad o un sector de ella, está motivada por una ideología, cualquiera que sea, porque la ideología, en sí, es relativamente independiente y por eso mismo ejerce un gran influjo sobre las concepciones económicas y la evolución de las sociedades.
En las sociedades de clases se producen posiciones antagónicas porque existe la tendencia de que la ideología de la clase dominante trate de imponerse a la ideología de la clase dominada. En esta etapa tempo-espacial surge la lucha de clases y, por tanto, se inicia la lucha ideológica debido a la intransigencia de posiciones asumidas por el sector dominante y por el dominado; es decir, se produce la lucha entre la ideología burguesa contra la ideología del proletariado que acaba por reflejar la oposición de la ideología capitalista a la ideología del socialismo, como dos sistemas contrapuestos por la radical diferencia de entender al hombre en sus relaciones con el mundo. Naturalmente que la ideología, en cuanto parte del ser social, es esencia del nivel del desarrollo de la conciencia
Mientras mayor sea el grado de desarrollo de la conciencia social, mayor es la posibilidad de desarrollo de la ideología
Los ideólogos de la burguesía capitalista asumen el conservadurismo, y el revolucionario se fundamenta en las ideas, doctrinas y filosofías de las fuentes marxistas-leninistas, que posibilitan el desarrollo de la conciencia social; en consecuencia, asume con plenitud su compromiso de clase, porque comprender a cabalidad las leyes objetivas de los procesos de transformación de las sociedades, las leyes generales del desarrollo progresivo de las sociedades, y las leyes generales de la transformación de la materia. Así informa el materialismo dialéctico.
La ideología burguesa es caduca y reaccionaria; pero por su gran experiencia histórica en los procesos de dominación a las mayorías y a los pueblos, tiene una gran capacidad de reproducción y regeneración, con la intencionalidad múltiple y manifiesta de tergiversar las relaciones sociales, obstaculizar los procesos de cambio, detener y destruir los procesos revolucionarios y, por ende, frenar el desarrollo de las sociedades; todo para mantener el "establishment", el statu quo, el régimen de privilegios de los minúsculos grupos gobernantes sobre inmensas mayorías a las que niegan -inclusive- el derecho a poseer una ideología.
Los ideólogos de la burguesía capitalista y del imperialismo tratan de demostrar lo indemostrable y así crean, acientíficamente, argumentos, tesis, teorías, tendientes a justificar o fundamentar la necesidad de preservar y fortalecer el capitalismo; y allí radica el origen del resurgimiento del neoliberalismo y de las doctrinas de neodominación, neocolonialismo, neodependencia y neoglobalismo, con las que tratan de consolidar el imperio, como centro hegemónico del capitalismo mundial.
El marxismo-leninismo es la base de la ideología del proletariado mundial del campo y la ciudad, de los sectores sociales y poblacionales marginados, excluidos, explotados que, cada día, suman nuevos miles de millones en un mundo empobrecido por el imperio y el capitalismo transnacional que ha globalizado el neoliberalismo, para sumir en la miseria a todos los pueblos de la tierra. En la ideología marxista-leninista está la ideología de la liberación, del progreso de las sociedades y de la lucha por conquistar el bienestar para las mayorías. Esta ideología es la que ofrece un análisis auténticamente científico de la realidad, de la sociedad, de los fenómenos de la evolución de la vida, de la evolución de las relaciones económicas y de los modos de producción, de los saltos dialécticos y revolucionarios para acceder a nuevos estadios de organización social y económica. En la ideología marxista-leninista que es la ideología del proletariado, de los trabajadores del campo y la ciudad, de los sectores más progresistas y democráticos de los pueblos, están representados y defendidos los intereses de las clases populares que coinciden "totalmente con las necesidades objetivas del desarrollo de la sociedad, con las necesidades históricas de la sustitución del capitalismo por el socialismo y el comunismo", de conformidad con el pensamiento marxista.
El carácter de clase de la ideología marxista-leninista responde a los verdaderos intereses de los pueblos y, en particular, de la clase trabajadora (obrera-proletaria) que es también la indígena y campesina de nuestro Ecuador y de nuestra patria grande: América Latina. En esta ideología están los fundamentos de la igualdad social y económica y, consecuentemente, de la justicia social, de la democracia, de la libertad, y de la práctica efectiva de los derechos humanos. En esta ideología está la concreción cierta y posible de muchas utopías y de la realización plena del humanismo, porque se apoya en las leyes innegables del desarrollo de las sociedades y, porque científicamente demuestra que los procesos de transformación de la materia, de la naturaleza y de las sociedades son permanentes e indetenibles.
La ideología revolucionaria es profundamente humanista y por tanto solidaria entre pueblos, naciones y Estados. De esta premisa surgió el internacionalismo proletario que es uno de los principios básicos del marxismo-leninismo que, además, cohesiona al movimiento obrero-sindical internacional y a toda la humanidad progresista en la lucha por la paz, la democracia y el progreso social. Esta realidad no ha muerto, así diga y sostenga lo contrario, la propaganda imperial-capitalista.
La ideología revolucionaria es una experiencia viva, un conocimiento dialéctico-científico, una verdad que existe y que permanecerá a pesar del capitalismo, del neoliberalismo que es la expresión del “capitalismo salvaje"; y por encima del imperialismo que vive sus años de apogeo para, luego, inexorablemente desaparecer.
Debido a la fuerza y validez científica de la ideología marxista-leninista, de la ideología revolucionaria que son la esencia del proletariado mundial, de los pobres, humillados, expoliados y ofendidos, de los condenados de la tierra, como diría Franz Fanón; los ideólogos del capitalismo y del imperialismo han tratado, por todos los medios posibles de propagar la peregrina tesis del fin de la ideología y de la historia. La desideologización es una propuesta anticientífica, es una negación grosera del valor de las ideas, es una posición sofista del pensamiento social burgués que, como argumento básico de sus tesis, afirma que en tanto han desaparecido los antagonismos sociales como consecuencia de la liquidación del socialismo en Europa del Este y del derrumbe de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la ideología ha llegado a su fin. Los ideólogos del capitalismo y del imperio suelen agregar que el progreso científico-técnico conduce a los pueblos a la sociedad de bienestar general y que ese progreso y esa revolución científico-técnica resuelven los problemas sociales, económicos y políticos sin necesidad del recurso de las ideologías que, según estos neoideólogos no son más que un estorbo como "expresión subjetiva de los intereses de clase y de los grupos sociales que desvirtúan la realidad".
La desideologización ha sido refutada científicamente porque las ideas no mueren, sólo se transforman; y porque el curso de los hechos sociales y culturales y de su desarrollo, han dado un papel esencial a las ideologías que, lejos de su muerte tempranamente decretada por los ideólogos del sistema capitalista y del imperio, están más vivas que ayer y son hoy, más fundamentales que en su pasado reciente.
DEL FIN DE LA IDEOLOGÍA Y DE LA HISTORIA
El debate sobre el fin de la ideología comenzó en 1960, cuando el norteamericano Daniel Bell publicó su opúsculo 'The End of Ideology ". Cuarenta años después la ideología no ha muerto porque la tesis de Bell partía de dos hipótesis falsas: El rechazo patológico y anticientífico al marxismo-leninismo y un endiosamiento a los resultados de la revolución científico-técnica que comenzaba a consolidarse y que, según el autor, posibilitaba el crecimiento inconmensurable de la economía que no necesitaba de bases socio-filosóficas ni de doctrinas ideológicas. El capitalismo había sido capaz de usar la ciencia y la tecnología para lograr la conformación de una sociedad del bienestar general que sólo existía en la mente perturbada de Bell que, sin rubor, sostenía que la ideología sólo era un aparato subjetivo que obstaculizaba el avance del desarrollo científico-técnico y que estorbaba la realización de negocios entre el capitalismo de occidente y el socialismo de Europa del Este y del Oriente de la China comunista.
Cierto que la revolución científico-técnica permitió la solución de muchos problemas y logró un crecimiento económico sin precedentes en la historia del capitalismo. Los resultados del progreso científico-técnico eran asombrosos, espectaculares y tan trascendentes para el progreso de la humanidad; pero al mismo tiempo generaron e iniciaron nuevos problemas o incrementaron los ya existentes en buena parte de la población humana que, al desembocar en el nuevo milenio, se vio precisada a enfrentar graves situaciones relacionadas con la amenaza nuclear y graves peligros como la crisis ecológica, el cambio climático que pueden acabar con la vida tal como la conocemos.
La revolución científico-técnica ha incrementado la pobreza-miseria que se ha extendido por todos los rincones de la tierra, el subdesarrollo consuetudinario como consecuencia de la consolidación del neoliberalismo, del neoglobalismo y la neodependencia que son usufructuados por el imperialismo, para concretar sus posiciones de potencia hegemónica y unipolar, la creciente deuda externa que hunde a pueblos, Estados y naciones en el atraso perenne y en un vil pauperismo, y, la "globalización de la cultura" como resultado de la industria de la cultura propagada por los medios de comunicación de masas que utilizan tecnologías de punta, para aculturar a los pueblos lo que, a su vez, provoca un peligroso atraso en la conciencia social y la aniquilación de los valores culturales, propios de los pueblos que configuraban su identidad nacional.
Los ideólogos del capitalismo, del neoliberalismo y del imperio adoran la tecnocracia, los negocios, el dios dinero y desprecian al hombre tanto como aborrecen al socialismo y a la ideología marxista-leninista a la que colman de improperios, quizá porque aborrezcan los valores esenciales del humanismo y odien todo cuanto se refiera a justicia social, igualdad de oportunidades con las mismas condiciones para todos, equidad económica, democracia profunda y verdadera, pleno respeto a los derechos humanos y vigencia de la solidaridad y la paz. Denigran a la ideología y formulan programas para consolidar la sociedad de privilegios y profundas desigualdades y planifican la eternidad del imperio, la intensificación del neoliberalismo y la perennidad del globalismo que, en esencia, son programas y planes ideológicos.
Konstantín Nicoláev encuentra flagrantes contradicciones en los ideólogos de la desideologización que no es otra cosa que "reconocer que la ideología en adelante y en toda perspectiva, estará con nosotros; que permanecerán las diferencias, aficiones y divergencias ideológicas y que, por consiguiente, tenemos que aprender a vivir con ellas y mantener las relaciones de modo que las diferencias y hasta las contradicciones en las ideologías no impidan a la comunidad mundial a vivir y sobrevivir". No es posible vivir sin ideología como no es posible entender el desarrollo de las sociedades y de la humanidad sin la necesaria confrontación ideológica y la historia misma es el resultado de la lucha ideológica, en que se fundamenta la lucha de clases a la que con razón se la ha llamado el motor de la historia". Sin embargo, es preciso reconocer que en la lucha ideológica se han exacerbado posiciones antagónicas y que muchas veces se han tergiversado los fundamentos científicos de las ideologías, precisamente para confundir a las masas, para dividirlas y reinar sobre ellas.
La lucha ideológica ha sido satanizada por quienes pretenden eternizarse en el poder económico, político, social y cultural y para satanizarla han encontrado argumentos en posiciones dogmáticas, sectarias, fanáticas y en posiciones propias del "infantilismo de la izquierda", porque revolucionarios e izquierdistas despistados han proporcionado argumentos suficientes a los detractores de la ideología al permitir identificarla con posiciones de violencia, de intolerancia política, fanatismos, prejuicios y dogmatismos, cuando en la realidad del pensamiento y del conocimiento, la ideología marxista-leninista es profundamente dialéctica y humanista.
La lucha ideológica es necesaria y vital para el progreso de los pueblos; pero los que propugnan el fin de la ideología creen que esa lucha es irracional y un obstáculo para el triunfo de la razón, casi siempre confundida con las razones e intereses de la clase dominante y del sistema capitalista que jamás serán iguales a las razones e intereses de los pueblos sojuzgados y expoliados.
Los ideólogos de la desideologización, pretenden desconocer la evolución de las ideas y su incidencia en la evolución de las sociedades, como consecuencia de la elevación de la conciencia social que genera saltos cualitativos fundamentales que permitieron el paso de los conocimientos pre científicos hacia el conocimiento científico, demostrado por el materialismo histórico y dialéctico generado por el marxismo-leninismo. Además, la cultura de Occidente y el modernismo hicieron posible que la humanidad pase del gobierno de los mitos, de los prejuicios y de la irracionalidad al racionalismo. Uno de sus exponentes es Emmanuel Kant que elevó el uso de la razón a la categoría del conocimiento científico y la expresión de Nietzsche! "Dios ha muerto "es una demostración concreta del triunfo de la razón sobre el mito.
Con estos principios, los ideólogos del capitalismo desarrollaron las tesis del modernismo que privilegió la ciencia y la tecnología como paradigmas de todo desarrollo y como el motor de la construcción de la sociedad capitalista, de un pretendido y nunca alcanzado bienestar general. Sin embargo, el modernismo impulsó el avance del conocimiento humano y una "racional" comprensión del mundo que, después de la II Guerra Mundial, determinó avances significativos en la conformación de una nueva conciencia social, cualitativamente superior a la existente en las primeras cuatro décadas del siglo XX. Esa posición posibilitó el avance significativo de la ideología de la liberación nacional, del proletariado y de las masas pauperizadas, debido a siglos de sometimiento colonial perpetrado por los Estados de Europa.
Las guerras de liberación, la liberación social y nacional desbarataron el imperialismo europeo y nuevos países libres y democráticos comenzaron a construirse en el Lejano Oriente y en África. Fue la ideología marxista-leninista la que influyó en todas las esferas de los hombres y mujeres sometidos al coloniaje, y fue esa nueva toma de conciencia de la realidad, la que motivó las transformaciones y cambios que acabaron por modificar profunda mente las relaciones sociales. Sin la base ideológica no hubiese sido posible el avance de la conciencia social y sin conciencia social, habrían fracasado las luchas de liberación nacional. Por tanto, la ideología permitió abrir nuevos horizontes en la comprensión del mundo y el salto cualitativo de la conciencia que no se redujo a las corrientes políticas; pues abarcó también al campo de la cultura y la aplicación del método científico para arribar a nuevos conocimientos, a nuevas formas de pensar y actuar.
Ante las nuevas realidades, los ideólogos del capitalismo y del imperialismo advirtieron el peligro de la expansión de la ideología de liberación nacional y la atacaron por todos los medios posibles y con una agresiva difusión de argumentos sofisticados; pero acientíficos y consecuentemente falsos. Deslegitimaron las luchas ideológicas de los pueblos, con lo que justificaron las formas neocoloniales en las que sumieron a millones de personas en todo el mundo. Esa inicial desideologización no pudo destruir la ideología que había producido las grandes transformaciones socio-económicas que conoció el mundo en las décadas de los años 50, 60 y 70. Resultaba ardua tarea destruir una ideología que había acabado con el mito de la propiedad privada en que se fundamenta la organización social capitalista. Era casi imposible acabar con la ideología que preconizaba la propiedad social que, por sus valores intrínsecos y extrínsecos, iba a destruir la grandilocuente teoría y práctica de la propiedad privada, esencia del sistema de explotación del hombre por el hombre. Era innegable que la ideología marxista-leninista representaba un real peligro para los intereses económicos de los monopolios capitalistas y, por tanto, había que usar todos los medios pacíficos o guerreristas, lícitos e ilícitos, morales e inmorales, para liquidar ese peligro que pondría en jaque al capitalismo que había sobrevivido y sobrevive -para mayor tragedia del mundo- sobre la base de la explotación y depredación de los recursos humanos y naturales de casi toda la tierra.
Si la ideología de liberación nacional proveniente de la ideología marxista-leninista atacaba los cimientos del capitalismo, radicados en las concepciones de la propiedad privada, si amenazaba los intereses vitales del capitalismo, era lógico que la respuesta del sistema de explotación debía ser contundente y así desarrollaron las doctrinas militares contrarrevolucionarias, las doctrinas de dominación imperial, las doctrinas de la democracia occidental y cristiana para someter a los pueblos recientemente liberados. También era lógico que Estados Unidos, que había salido fortalecido económica y militarmente en la II Guerra Mundial, se aprovechara de la debilidad y decadencia de los imperios europeos, para expandir sus intereses geopolíticos y económicos y para afianzar sus proyectos imperiales de dominación global.
Entonces, Estados Unidos recurrió a las doctrinas guerreristas, a las tesis del chantaje nuclear, económico y político y a la vieja doctrina del "destino manifiesto", para imponer su presencia en todo el mundo. ¿Estado: Unidos hubiese podido extender su dominio a escala planetaria sin una ideología capitalista-imperialista? La respuesta es única: NO, rotundamente no. Y ahora, con mucho cinismo los ideólogos imperialistas, niegan y reniegan de la ideología, la condenan, la rechazan y la entierran.
Sin ideología no hay cambio socio-económico-político-cultural. Sin ideología el ser humano, tal vez no hubiese salido de la etapa de las cavernas. Sin ideología la conciencia social no se hubiese desarrollado y tampoco renovado el pensamiento y el conocimiento científico del mundo, de sus seres y sus cosas. Es más, sin lucha ideológica, sin confrontación ideológica, el hombre no hubiese progresado ya que las confrontaciones y los conflictos posibilitan las transformaciones, los cambios, las innovaciones y los saltos cualitativos de la especie humana.
Claro que la lucha ideológica ha producido toda clase de excesos a lo largo del siglo XX y en particular desde el triunfo de la Revolución Bolchevique, y es la Revolución rusa de 1917, la que al crear el primer Estado socialista del mundo y que estructuró la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la que debía ser enfrentada militar, política, económica e ideológicamente por Occidente y por el capitalismo mundial que ya comenzaba a ser hegemonizado y liderado por Estados Unidos que, desde 1898, había iniciado la etapa imperial.
La lucha ideológica iba a producirse entre dos sistemas diametralmente opuestos: Socialismo y capitalismo, lucha ideológica que ni siquiera descartó la confrontación religiosa y el uso y abuso de prejuicios ancestrales, estereotipos, tradiciones y costumbres en los hechos sociales y culturales, por parte de todos los países sometidos al capitalismo.
"Por voluntad de la historia y por la lógica del desarrollo, a lo largo del siglo XX, las relaciones entre el socialismo y el capitalismo han estado en el epicentro de las luchas ideológicas. Sin embargo, no se trata sólo de la escala y profundidad de las divergencias, sino, en primer lugar de que las relaciones prácticas entre dos mundos, desde el propio comienzo, eran más que frías e, incluso, hostiles debido, frecuentemente, a causas objetivas. Pero tampoco se puede negar que su efecto se viese multiplicado por los factores subjetivos", sostiene Nikoláev. Esa diametral concepción de percibir y entender la realidad del mundo produjo la "guerra fría" que en distintas ocasiones y en diversas latitudes de la tierra, se transformó en caliente y que ocasionó múltiples conflictos que, en varias oportunidades pusieron a la humanidad al borde del holocausto nuclear.
El enfrentamiento entre estas dos ideologías definió las particularidades de la revolución científico-técnica con preponderancia en el plano militar que alcanzó dimensiones demenciales, especialmente en Estados Unidos durante la era reaganiana en la que se inició la famosa “guerra de las galaxias” con la intencionalidad de someter al mundo socialista.
Por parte del capitalismo hegemónico, la Guerra Fría superó los límites de la racionalidad preconizada por el modernismo y en aras de la m más crasa irracionalidad fueron sacrificados los pueblos de Centro América y de América del Sur, que, con México y el Caribe, conforman la Gran Patria soñada por nuestros libertadores que, desde luego, fue una definición ideológico- política, estratégica y económica de Simón Bolívar.

En los inicios del nuevo milenio la lucha ideológica es una necesidad consustancial de la especie humana si quiere sobrevivir a las razones del imperio y a las de las fuerzas de las derechas nacionales e internacionales y a los designios del dios dinero-dólar. Ningún ser humano puede escapar de esa confrontación de ideas y realidades diversas, sencillamente porque el hombre es un ser social y por tanto componente vital de la especie que mayoritariamente es subyugada, excluida y marginada de las "bondades" del capitalismo y de su democracia occidental y cristiana. Pero, esa lucha ideológica debe racionalizarse, debe "civilizarse" para no caer en las tentaciones del fácil e ignaro fanatismo y en el disparate del dogmatismo ortodoxo que, hasta se degeneran en luchas interétnicas y en conflictos religiosos absurdos y sangrientos en una serie de guerras religiosas y tribales.
Esa ideología de la violencia fanática debe ser combatida por la ideología de la revolución social liberadora, por la ideología del progreso de la conciencia social humanista fundada en la solidaridad y en el amor a la vida, en la justicia social, la libertad y los derechos humanos individuales y colectivos, económicos, sociales y culturales que, desde luego, deben subordinarse a los derechos de la colectividad que son superiores a los del individuo.
La conciencia social desarrollada se forma con principios, doctrinas, filosofías e ideologías. La conciencia revolucionaria es el resultado del conocimiento de la realidad de tantas injusticias, desigualdades y abusos del poder económico, político, social, cultural, militar, religioso y es la comprensión del hombre por el hombre en la incesante búsqueda de la realización humana con dignidad, con amor y ternura. Por eso, un revolucionario es ante todo un ser humano humanista, dotado de profundas sensibilidades y connotaciones sociales y de hondo amor y respeto a la vida, tanto que es capaz de dar su vida a cambio del respeto al derecho a la vida con justicia y verdadera democracia, para su comunidad y su pueblo. El revolucionario es una persona que desarrolla su existencia sobre la base de principios y valores con los que construye la ideología revolucionaria que se torna en irrenunciable porque pasa a ser la esencia de su vida. Esta verdad es combatida encarnizadamente por el contrarrevolucionario que basa su accionar en la ideología del pragmatismo, de la comodidad de la indiferencia egoísta y del personalismo que le lleve a ubicarse en el “yoismo” expresado en: ”Yo estoy bien y no me importa el resto”.
El pragmático es incapaz de renunciamientos porque carece de conciencia social . Es incapaz de mínimos sacrificios porque realiza su vida, únicamente, en torno a su persona y porque ha aprendido a despreciar el valor de las ideas, de los principios, de la ideología.