LOS PROCESOS PARA UNA CONDUCTA AMBIENTAL RESPONSABLE  



RECLAMAMOS DERECHOS SIN RUBORIZARNOS 



Ramiro Mantilla
El imperativo acto humano del momento, supera ser habitante, contribuyente, ciudadano, persona e individuo. La condición de género entra la encrucijada de la desaparición como especie en su totalidad.
No se trata de enlistar unas cuantas admoniciones moralistas, ni vacías expresiones de púlpito; tampoco es el fanatismo de hijos de papito que quieran llamar la atención con pirotecnia verbalista que más saben a complejos de culpa ajena por supervivir en una sociedad cargada del más aberrante comportamiento, esclavizados de la compulsiva actitud consumista carente de reflexión y respuesta madura frente a la vida. Parecemos criaturas homogenizadas que repetimos consignas que saben a banalidad y superchería confiando en la astrología, las loterías y los golpes de buena suerte que nunca llegan; en definitiva especímenes parasitarios que no producimos. Conformamos la masa insulsa que come y defeca. Las facultades fundamentales que nos distinguen en el mundo animal y que construyen los paradigmas civilizatorios están en desuso, arcaicas, anacrónicas. Nos pasan los días, las semanas, los meses y los años.
Las economías nacionales apuestan a impulsar políticas de Estado que favorezcan el turismo como cadenas de valor altamente rentables. Sin embargo, las estrategias implementadas parecieran insuficientes por tener que afrontar situaciones estructurales de las naciones, las culturas y los pueblos.
Si miramos atentos con ojos críticos los tramos que separan de la casa al puesto de trabajo; recorremos por un mercado de barrio; un puesto de salud pública; el estadio de fútbol, las mecánicas, los almacenes de electrodomésticos, los parques recreativos; una iglesia con feligreses en procesión; una escuela de formación; los talleres artesanales; las tiendas de víveres; una vidriería, farmacia, bazar; carnicería, frutería, panadería, licorería; un café net; un prostíbulo camuflado, el salón de billar, la cantina bar; las ferreterías, almacenes de repuestos automotrices; un banco, intendencia, la defensoría del pueblo, fiscalía, control de taxis, paradas de buses; restaurantes en fila; botica, consultorios médicos, hospital, hotel, un pequeño parque …vendedores informales, griterío de choferes y controladores; pitos de policías; tubos de escape botando CO2 en grosería; la gasolinera, la llantera, vulcanizadora, mini y supermarket. Por ahí distante en compromiso la universidad. La Academia tiene deudas pendientes con la sociedad, ya sea por su ostracismo o por la exhibición veleidosa de ofertas formativas que fragmentan los conocimientos, saberes, tecnologías y repercuten en los tejidos humanos por las actitudes mercantiles carentes de responsabilidad con el devenir.
Por la misma acera y en la vereda del frente otros sujetos históricos disímiles y con preocupaciones terrenales a cuestas. Niños presurosos llevando las tareas para el implacable escrutinio docente; jóvenes que casi nunca sonríen atrapados por la incertidumbre; adultos con enormes responsabilidades sobre sus espaldas; ancianos que nos miran con sorpresa y lástima. Las piedras, el barro y el cemento atestigüa nuestra radiográfica contextura del día a día.
Salimos del aparente ambiente de paz que es nuestra casa; atravesamos el mundo real de los entornos vivos y nos instalamos en la rutinaria vivencia de un trabajo que nos carcome el alma; nos traga la tecnología con los celulares, las redes electrónicas, los microondas, las puertas magnéticas, las luces blanquecinas, los aromas sofisticados y por sobre todo lo material un mundo autómata, anónimo, hipócrita que hace de los seres humanos simples marionetas de la realidad concreta.
Somos campeones quejosos. Reclamamos los derechos sin ruborizarnos. Las responsabilidades sociales estás ausentes en nuestras certezas. La doble moral y el juicio de valor hecho estilete agudo. Preconizamos la libertad como baratija. Despilfarramos el tiempo. Trampeamos con la fe pública. Nos damos golpes de pecho como santurrones en los ritos. Presumimos de angelicales iconos meritísimos para que nos homenajeen. Nos embadurnamos de halagos, adulos y prebendas. Usamos los recursos públicos para promocionar figuras de pacotilla. Vituperamos, juzgamos, condenamos, absolvemos, despreciamos, abusamos; ocupamos un lugar en el espacio sideral como lastre, semilla o suelo fértil. Somos seres humanos de carne y hueso simplemente.
¿Pesimista? NO. Simplemente una constatación breve de las hechuras cuotidianas que nos engullen sin beneficio de inventario. Después todo fue nada.
Estamos viviendo a diario una trama que por ser dramática se vuelve oxígeno para sadomasoquistas personificados. Anulamos las capacidades de resolver problemas colectivamente con ingenio, por la conducta individualista empobrecedora. Alimentamos inconscientes escenarios apocalípticos de los cuales medran los dueños del capital para satisfacer necesidades banales privilegiando el buen gusto de los imbéciles, confundiendo con lo estético, el arte y la perfección. Las ingentes ganancias sacralizadas por la depresión y el paraíso fácil pregonado no se cuentan en cifras, sino en reparto de los territorios sin escrúpulos carentes de ética.
Los desatinos de la estupidez humana.
Siempre quedaran cortas las iniciativas que sean simples destellos voluntaristas propias de negligentes y mercaderes de noveleras recetas que replican consignas ambientalistas sin desperdiciar la oportunidad de seguir medrando con glotonería de la biodiversidad; identidades, pueblos, culturas, especies animal y vegetal, fondo genético, recursos naturales
El paso cierto de seres humanos consecuentes, que nos obliga el momento histórico es reconocer jurídica, política y culturalmente a la naturaleza como sujeto de derechos. El conocimiento, la producción de ciencia y tecnología para el progreso social tienen profundas raíces ancestrales que saben que somos parte consustancial de la madre tierra.
La sociedad reclama valentía, audacia, agresividad en las acciones y ambición en las metas; los valores y los ideales se los consigue con una acción constante. La premisa a impulsar es: el que contamina, paga. Sin dilatorias ni acomodos al sistema donde funcionan las corruptelas en todos los niveles. Basta darnos cuenta los personajes que desempeñan cargos públicos y direcciones de entidades ambientalistas emparentados con empresarios que usufructúan de la naturaleza con aforismo divino. No hay engaño: jamás desde los poderes tradicionales vendrán las políticas y correctivos que defiendan la naturaleza como bien de la humanidad.
Impulsar una gestión amplia, participativa, ciudadana donde los actores sociales representen conglomerados productivos en todas las áreas que se manifiesten sin miedos y con propuestas que depuren los tinglados burocráticos de las entidades estatales y privadas que siguen enquistados creyéndose los pontífices de los preceptos ambientalistas, ecologistas, conservacionistas. Las conductas ambientales no es patrimonio exclusivo de académicos trasnochados, segregacionistas, elitistas. Tampoco tienen cabida, oportunistas que llegan al ejercicio de poderes locales aupados por intereses protervos de financistas de campañas electorales que después pasan factura engañando vilmente a los ciudadanos.
Las cifras y datos que arrojan las circunstancias que nos rodean son descomunales en contenido macabro. Los 10 países superdesarrollados del G10, al ritmo, estilo y condiciones de vida que tienen ahora, necesitan 20 planetas en los próximos 100 años para sostenerse en el despilfarro y banalidad que ostentan. Las más grandes reservas de agua dulce del Chocó Manabí y la cuenca amazónica en Sudamérica están en la mira voraz de los combinados transnacionales de la minería y derivados acuíferos. Cada día se extinguen tres especies de seres vivos en el planeta. La superpoblación mundial es una bomba de tiempo que alienta guerras de destrucción masiva para superar crisis imperiales. La contaminación de las aguas, atmósfera y ruido cada vez nos embrutece sin límites. El tráfico de venta de patentes sobre semillas y especies vegetales genera poder y ganancias. El mercado macabro de armamento produce cuantiosas utilidades. Los pretextos de “intervención humanitaria” oculta verdaderos intereses de apropiación de reservas energéticas. Los desastres naturales por el calentamiento global y la afectación de las placas teutónicas provocan dolor y muerte en amplios sectores de las sociedades de toda condición. Los manejos financieros, contables del gran capital no puede resistir un sinceramiento de sus registros so pena de un descalabro en los mercados y balanzas de pagos, comerciales y bolsas de valores.
El capitalismo verde se llena la boca con soberbia sobre sus “APORTES” a la conservación. Pregunten a las empresas agroquímicas, Monsanto, Bayer y otras sobre los montos de ganancias con transgénicos, fertilizantes y preservantes.
Las luchas de nuestros pueblos nativos y originarios no pueden ser ignoradas, peor vilipendiada y ridiculizada por los poderes de corte occidental. La vida pasa factura sin contemplaciones ni lamentos.
qué hacer, para no ser parásitos?
“La única manera de potenciarnos como economía e impedir el colonialismo económico es un Estado fuerte. De lo que se trata entonces, a futuro, es de integrar Estado y sociedad civil; poner fin al colonialismo, poner fin al patronalismo, garantizar la soberanía” Alvaro García. Vicepresidente de Bolivia.
Nos están acostumbrando al terrorismo mediático como alimento espiritual insustituible. El farandulismo sazonado con la judicialización de la política es la comidilla infaltable en la mesa incluido el desayuno informativo. Las cadenas emitidas desde el poder gubernamental para convencernos que estamos en la patria de todos; Suena etéreo y pueril. Lo rutinario recoge las migajas de la inteligencia emocional y somete cualquier posibilidad de innovación que rompa los moldes de los inmóviles. Los dueños de los medios de incomunicación nos ponen y quitan la agenda según sus cálculos mercantiles y domesticación para desideologizar a los ciudadanos. Los reencauchados pontífices, desvergonzados nos pintan sofismas que algún momento impresionan y someten la masa y el lumpen. La revancha de los dirigentes fracasados se manifiesta junto a los sicarios y asalariados que fungen de periodistas independientes con las prácticas carroñeras de la presencia como verdad absoluta, el rumor, la chabacanería y lenguaje de albañal en una farra vampira donde el crápula dirige la orquesta.
El hacer conciencia del germen, causalidad, manejo, efectos y consecuencias de las otras conductas humanas es un gran paso para empezar a cambiar radicalmente las cosas. El identificar los intereses que representamos y los valores que perseguimos es avanzar decididos a encontrar nuestro destino que obligatoriamente se lo construye en solidaridad. El conocer, entender, interpretar y transformar la realidad desde lo coyuntural, estructural en el ser y deber ser pone a prueba nuestras más elevadas aspiraciones de vida que le da contenido y sentido a la existencia. Las necesarias e intransferibles opciones a esta altura del camino son contundentes e indiscutibles.
De las duras y las maduras; tenemos un horizonte cargado de esperanza. Es la hora inaplazable de profundizar las reflexiones consensuadas y las acciones concertadas. Los retos de la humanidad para producir alimentos, energía renovable, mecanismos de desarrollo limpio ponen en movimiento el enorme dispositivo de conductas ambientales de seres humanos éticos en la extensión del concepto. La coherencia entre los decires y haceres son imperativos sin pretextos. Les invito ser parte de la minoría consecuente que nos jugamos la existencia por pensar y actuar contra corriente. De lo que estoy plenamente convencido, es que siempre vamos en la vanguardia los idealistas a los pragmáticos. Nuevamente estamos a prueba: ¿somos o no somos?
En fin de fines, el planeta simplemente lo tenemos prestado por nuestros hijos y nietos. Tenemos que dar cuentas a la existencia por nuestra actitud. Impulsar procesos creativos como los GEO-PARQUES con la participación de nuestros miembros de RECINATUR junto a las comunidades organizadas con identidad definida, es una contribución concreta.
De lo que no hay pretexto ni divagación es la conducta ambiental consecuente que reconoce a los seres humanos pro-activos, propiciadores de innovaciones, con actitud solidaria desde sus peculiaridades al encuentro de los otros. El mundo andino hace miles de años que viene sosteniendo sus procesos de vida con vincularidad, reciprocidad, solidaridad con majestuosa imagen desde lo simple, lo cotidiano hecho vivencia y la capacidad de aguante ante los embates de la depredación de sus entornos.
Favor, respuestas concretas. Sin excusas de ineptos.

Ramiro E. Mantilla V.
UNP-C11-ACTIVO. OIP.
Sociólogo y Comunicador social.
Investigador RECINATUR.