EL MUNDO NECESITA DE NUEVO ORDEN INTERNACIONAL DE LA INFORMACIÓN Y LA COMUNICACIÓN 



DEBE IMPONERSE EL FLUJO EQUILIBRADO DE NOTICIAS 



Rodrigo Santillán Peralbo
A partir de la década de los años sesenta, los sistemas de comunicación social de los países subdesarrollados y particularmente de América Latina comienzan a ser cuestionados en sus fundamentos teóricos y en sus aplicaciones prácticas que originaron profundas redefiniciones conceptuales sobre: libertad de prensa, expresión y opinión; el derecho a la comunicación, a la información, la necesidad de la comunicación alternativa, horizontal, particularmente comunitaria, popular; la planificación de la comunicación social, el flujo equilibrado de noticias, definición de políticas de comunicación, rol de los medios de comunicación; responsabilidad social de los periodistas o comunicadores sociales; necesidad de democratización de la comunicación a nivel nacional y exigencias socio-históricas-políticas para establecer un NUEVO ORDEN INTERNACIONAL DE LA INFORMACIÓN Y LA COMUNICACIÓN.
Sin duda, se han dado pasos positivos en la conformación de un marco teórico sobre el rol de los medios de comunicación social y de los comunicadores sociales. Diversas investigaciones demuestran que los primeros, insertados en el sistema de libre empresa, de carácter privado del negocio e industria de la información y la comunicación, no solo son beneficiarios de la plusvalía que genera el comercio de la noticia y la opinión, sino que también se han constituido en instrumentos de dominación y propulsores de la dependencia de y hacia el poder hegemónico de las metrópolis imperiales; sedes y guardianes del capital transnacional. Los segundos, carecen de poder participatorio en la elaboración de políticas comunicacionales del Estado o de la empresa, por lo que su rol se limita a recoger y procesar la información bajo el yugo de normas y reglas escritas e impuestas por el patrono - empleador.
De esas circunstancias coyunturales y permanentes, surgió la necesidad de establecer una nueva Deontología Profesional para los comunicadores sociales de este tiempo y conforme a exigencias de las realidades latinoamericanas, regionales, subregionales y nacionales.
Una multiplicidad de factores endógenos y exógenos, complejos, simplistas, objetivos y subjetivos intervienen en la elaboración de la no acabada teoría sobre la ética del periodista, porque su misma actividad se relaciona directamente con el Estado y el Gobierno, con la economía y la sociedad, con los hechos culturales y políticos inmersos en el sistema social-económico imperante.
La obvia vinculación periodista-realidad, determina la existencia de principios y valores que se deben acatar y observar. Naturalmente que los valores se interpretan de acuerdo con la óptica del sistema de dominación; pero fundamentalmente y de conformidad con la formación profesional, ideológica, cultural y pertenencia de clase del periodista. Así por ejemplo; el valor universal de la libertad de expresión del pensamiento difiere en contenido y forma entre un marxista y un demoliberal como distinta es su concepción y uso en el socialismo y el capitalismo.
En el primero, la libertad es un bien social; en el segundo, un principio irrenunciable, tras el que se esconden los intereses económicos empresariales de los dueños y detentadores de los medios de producción; usufructuarios del valor libertad de expresión, convertido también en propiedad privada. Por lo tanto; el derecho de los pueblos a la libertad de expresión es y seguirá siendo una utopía en tanto se mantenga el carácter privado de los medios de comunicación social, inscritos en sistemas empresariales, ávidos de incrementar la plusvalía, el valor dinero o valor fortuna. De allí que cualquier norma ética o concepción de conducta del periodista y la comunicación social, ineludiblemente deben surgir del análisis de la realidad del sistema imperante y de las necesidades de transformación y cambio que los pueblos exigen. El escollo fundamental está en la estructura privada de los medios de comunicación, cada uno con intereses de lucro que acaba por imponer modos conductuales a través de particulares y privados códigos de ética y políticas de comunicación.
En cuanto a los medios estatales o públicos, los periodistas permanecen en constante confusión al no definirse los objetivos y fines de esos medios. Ignacio Ramonet al referirse a los medios estatales o públicos del Ecuador, afirmaba que éstos viven en plena infancia y que han sido incapaces de desarrollar políticas editoriales y comunicacionales propias por lo que creen que lo público equivale a gobierno, cuando en realidad equivale a estatal; es decir que los medios públicos no son propiedad del gobierno de turno, sino de toda la colectividad nacional, por lo la ética de los periodistas debe ajustarse con miras a servir a los pueblos y sus intereses y no ponerse o estar al servicio de los intereses de los gobiernos.
El informe McBride o Un mundo, muchas voces, al referirse a las empresas nacionales e internacionales de comunicación social sostuvo: " En el mundo de la comunicación el sector privado tiene con respecto al establecimiento de los modelos sociales y a la orientación de las actividades públicas y de comportamiento, un poder comparable al de los gobiernos, e incluso a veces, mayor todavía debido a la importancia de los recursos financieros que están en juego". Con lo que se demuestra que las normas de conducta de las empresas y los periodistas que trabajan en ellas, se subordinan al interés económico del sistema y de sus usufructuarios y también se subordinan, lamentablemente, al poder político que se cree dueño de esos medios..
El mismo documento señala: "Las empresas privadas que explotan medios de comunicación social en los países industrializados tienen características comunes: expresión, concentración o integración horizontal y vertical, existencia de vínculos entre la industria de la fabricación y de la información, papel decisivo en la publicidad, creación de grandes campañas que persiguen múltiples objetivos y concentración de la distribución. Aunque estas características sean más acusadas en Europa Occidental, en América del Norte y en ciertos países del Pacífico, se observan también en muchos países en desarrollo”. América Latina no ha escapado del modelo generado por las transnacionales.
El sistema de propiedad privada de los medios de comunicación social que responden a las estructuras y superestructuras de los Estados Latinoamericanos con excepción de Cuba; impuso cánones éticos a los periodistas, precisamente, para salvaguardar el sistema y los privilegios que concede y garantiza a los empresarios. Los códigos de ética obligaban y obligan a los periodistas a ser objetivos, imparciales, oportunos, veraces. La objetividad ha sido manejada por el sistema para ver los hechos políticos, económicos, sociales, culturales, a través de los ojos oficiales de los gobiernos y de las empresas nacionales y transnacionales de comunicación. Ser un periodista objetivo a menudo significa negarle al periodista su capacidad de observación, análisis y crítica. "El periodismo objetivo casi siempre favorece las posiciones del Establishment" confesó el periodista norteamericano Tom Ticker. Es que la empresa, en el sistema capitalista está en manos o está controlada por el Establishment. Por eso defiende sus intereses y se convierte en el instrumento de mantenimiento del status quo. Concomitantemente, el periodista " objetivo " se vuelve dócil criatura del sistema. En aras de la objetividad se le despoja de la libertad de pensar. Se ha probado hasta la saciedad que es imposible la existencia de un periodismo objetivo.

La imparcialidad, neutralidad e independencia del periodista han sido conceptos manejados con mucha efectividad, sutileza e incluso truculencia por el sistema y los dueños de las empresas de comunicación social. No existe ser humano a no ser que sea un débil mental definido que pueda ser independiente, neutro e imparcial. Se es o no se es, se está a favor o en contra de algo o de alguien. Sin embargo de estas innegables realidades, bajo las concepciones demoliberales, se ha definido a la imparcialidad como una categoría de valor de la profesión periodística. Al respecto, en la Declaración Fundamental del Código de Ética del Periodista Ecuatoriano se expresa: El periodista "está obligado a ser leal y consecuente con los principios y aspiraciones de su pueblo, de su comunidad y su familia. No es ni puede ser neutral porque en la sociedad humana es imposible esa neutralidad como no sea para favorecer directa o indirectamente intereses antipopulares."
La Federación Latinoamericana de Periodistas -FELAP- consideraba que no es posible la neutralidad, la imparcialidad. El periodista tiene dos alternativas: está al servicio del sistema o está al servicio de su pueblo y sus intereses. En base a este principio declara que: " el periodista tiene responsabilidad política e ideológica derivada de la naturaleza de su profesión, que influye en la conciencia de las masas y que esa responsabilidad es insoslayable y constituye la esencia de su función social".
La FELAP fue consciente de las dificultades de aplicación de una norma deontológica en los marcos del sistema informativo vigente, regido por la tenencia privada de los medios, y la conversión de la noticia en mercancía. Considera a "la conciencia moral como una de las formas de conciencia social, producto histórico concreto determinado por la estructura económica, por lo que es mutable y en cada caso prevalecen las normas de los sectores dominantes...".
De tal manera que ni el periodismo como profesión ni el periodista como profesional pueden ser neutros, imparciales, independientes u objetivos, como graciosamente se pretende por parte de la Sociedad Interamericana de Prensa -SIP- bajo la tutela de los Estados Unidos, por ejemplo, encasillar al comunicador social dentro de un " periodismo libre de compromisos ideológicos o parcialidad política, social, económica..."
América Latina requiere de un periodismo comprometido, solo así será capaz de construir un periodismo verdaderamente libre.
Por otra parte la veracidad informativa es radicalmente distinta para la necesidad del sistema que protege a los empresarios que para los trabajadores de los medios de comunicación y sus pueblos o colectividades nacionales. Los primeros, sujetos y objetos del "stablishment " cotidianamente manipulan la información, engañan, tergiversan los hechos, falsean la verdad, naturalmente para defender los valores y negocios de la democracia "occidental y cristiana".
Ejemplos: manipulación y tergiversación de los hechos políticos, sociales y económicos que desestabilizaron al gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende para implantar el régimen dictatorial del General fascista Pinochet. Igual ocurrió en Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia en donde, con el uso del poder mediático, el imperio impuso regímenes fascistas. Igual fórmula plagada de mentiras empleo para invadir Afganistán y mayor mentira fue la propalada por todos los medios sobre la existencia de armas químicas y bacteriológicas en Irak, para invadirlo y asesinar a Sadam Husein.-
Engaños, mentiras, falseamiento de la verdad, para que el Gobierno Reagan invada brutalmente a la pequeña Isla de Granada. Manipulación de los hechos políticos, económicos y socio-culturales que desestabilizaron el Gobierno Sandinista de Nicaragua al tiempo que apadrinaron los crímenes de los "contras". Apresamiento de Noriega, dictador agente de la CÍA en Panamá, con invasión armada de por medio, para “devolver la democracia al pueblo panameño y defender sus derechos humanos”. Estas son mentiras históricas defendidas por el sistema informativo a poder mediático controlado por el imperio. Cuántos crímenes cometidos con la ética escondida en todos los recovecos existenciales y concienciales.
¿Los miles de muertos y desaparecidos por efecto de los bombardeos y ejecuciones de qué democracia y de qué derechos humanos gozarán? Ejecución del Plan Colombia para intervenir directamente en los asuntos internos del hermano país y tratar de derrotar a las inderrotables guerrillas de las FARC-EP y ELN, con el pretexto de combatir el narcotráfico. A lo largo del proceso histórico latinoamericano, se encuentran por miles, claros ejemplos de la “verdad” difundida, propagada y defendida por el periodismo "objetivo y honesto"; según los cánones patrocinados por los Estados Unidos e impuestos por el SIP a sus socios de América Latina.
Para los periodistas democráticos, la verdad solo es posible del análisis de la realidad y de los legítimos intereses de nuestros pueblos.
Otra norma manejada al gusto político en el poder se refiere al ejercicio del denominado derecho a la réplica o derecho a la rectificación. Los socios de la SIP proclaman que respetan ese derecho, pero los periodistas y los pueblos saben perfectamente que es una de las normas que más se incumplen. Reiteradamente se denuncia que el derecho a la réplica o rectificación se irrespeta flagrantemente en las empresas de comunicación social. Se dan casos en los que ni previo pago de los precios arbitrarios que imponen los medios de comunicación por la ocupación de espacios, no se publican o no se difunden las opiniones populares, si esas opiniones o puntos de vista están en contra de los intereses empresariales o del sistema de dominación. Pero lo más lamentable y repudiables es la práctica del derecho a la réplica o rectificación ejecutado por gobiernos que se dicen progresistas y democráticos al obligar a los medios a difundir y publicar “réplicas y rectificaciones” que son atentados contra los valores de la moral y contra el derecho de los medios privados a definir sus políticas editoriales.
En el estudio de los problemas deontológicos de la comunicación por parte de la UNESCO y de las organizaciones nacionales y regionales de periodistas, se ponía énfasis en la necesidad de establecer un Nuevo Orden Internacional de la Información y Comunicación Social, como un elemento básico que permita un flujo equilibrado de la información, como una forma que coadyuve a la superación de los niveles de dependencia de nuestros pueblos.
Igualmente se considera indispensable la capacitación y la profesionalización de los periodistas y su obligada colegiación como factores inherentes a la práctica del periodismo. Por supuesto; estas tesis son acremente combatidas por la SIP y por los dueños del sistema de comunicación social, que utilizan sofismas tales como que la profesionalización y colegiación del periodista, se constituyen en atentados a la libertad de expresión del pensamiento, al derecho a la información y a la sacrosanta libertad de prensa, según concepción empresarial.
La verdad es que la profesionalización del periodista es una necesidad histórica de nuestros pueblos y una garantía para el real ejercicio del derecho a la información y de la libertad de expresión de la sociedad civil de nuestras organizaciones sociales y populares. El periodista de nuestro tiempo ya no es el "chupa tinta" de la sala de redacción de las empresas de comunicación social y menos aún el punto de apoyo, el peón mensajero de los intereses empresariales. Ante todo es hombre o mujer con responsabilidades sociales, capaces de pensar por su cuenta, capaces de ser elementos críticos de sus colectividades y capaces de ser agentes de transformación y cambio. De otra manera, carece de todo sentido y significación el ejercicio y práctica del periodismo como profesión.
Las investigaciones y estudios científicos del rol de la comunicación social en América Latina, demuestran que las estructuras y superestructuras de los Estados han sido capaces de desarrollar mecanismos de control y censura a medios de comunicación y periodistas, incluso se han establecido gamas de "premios y castigos". Los sectores oficiales y los propietarios de los medios de comunicación, cuando se sienten afectados por una información, suelen tomar represalias contra los periodistas a quienes se los ataca, se los agrede, encarcela, tortura, exilian o asesinan, o, simplemente se los margina. Por su parte, los empresarios de la comunicación social son altamente dependientes del aparato productivo del Estado y de las organizaciones transnacionales y los medios públicos dependen del presupuesto estatal. En los dos casos, los periodistas sufren las consecuencias de los apetitos políticos y económicos de cada sector.
El informe McBride, al referirse a este asunto en el capítulo "Preocupaciones Comunes" expresó: "esto nos lleva a examinar el problema de la influencia comercial sobre la prensa y la radiodifusión y particularmente de las agencias de publicidad, empresas privadas o entidades oficiales sobre la selección de noticias y su eventual cometido de censores. Incluso cuando se intenta influir directamente en los editoriales y en la selección de las noticias, la publicidad amenaza en cierta medida la libertad de los reportajes, al incitar a una cierta autocensura de los medios de comunicación social, cuya existencia misma depende financieramente de esa publicidad. Por consiguiente tales medios de comunicación social tienen que estar siempre en buenas relaciones con sus fuentes de financiación". Esta es una realidad insoslayable que incide en la problemática deontológica del rol de la comunicación social en los países latinoamericanos y en todos los países capitalistas en los que el éxito se mide por el valor del dinero y, por ese valor se permite la autocensura que se impone un periodista, cuando se somete a principios puramente económicos. Es como aceptar grilletes en los tobillos, esposas en las manos, candados en la boca a cambio de un plato de lentejas. Si un periodista, por temor a enfrentar la realidad claudica en sus principios y permite que le sometan y sojuzguen, de hecho se prostituye y prostituye a la profesión. En casos como éstos, la deontología profesional pierde su razón de ser.
El problema deontológico se debate en un mundo convulsionado, complejo, dinámico en el que los hechos sociales, económicos, políticos y culturales se superponen unos a otros con asombrosa rapidez, gracias a la acción de los medios de comunicación social beneficiados con la revolución tecnológica. Si esa revolución científico-técnica se hubiese puesto al servicio de la humanidad, bien podría haberse esperado que la ciencia, la tecnología, las innovaciones podrían transferirse a los pueblos para la consecución de su desarrollo y progreso integrales. Podría haberse pensado que la comunicación social iba a cumplir con sus más altos postulados y que la información podría impulsar los procesos de transformación y cambio hasta ubicar a los pueblos de todo el mundo en la civilización sorprendente de la última etapa del siglo XX y en el principio del nuevo milenio y en las extraordinarias perspectivas del siglo XXI. Pero la realidad es totalmente distinta a los buenos propósitos.
La comunicación social no ha sido capaz de difundir las ciencias, las artes, la tecnología para el desarrollo. Las empresas de comunicación social en los países latinoamericanos se pusieron al servicio del capital transnacional y consecuentemente sirvieron a sus propósitos: convertir al mundo en un inmenso mercado para los productos industriales, a través de la creación de sociedades de consumo. El desengaño se concretó en diversos grados de alienación y frustración. La cultura se convirtió en producto subcultural, se deshumanizaron valores irrenunciables, se masificó y cosificó al hombre. Lo superfluo se transformó en valor de éxito, la superficialidad en sabiduría, la mediocridad en virtud. Ciencia y tecnología en la comunicación al servicio de intereses transnacionales manipulados por el FMI-BM, la metrópoli imperial, el Club de Roma, el grupo Bilderberg nuevos e implacables gobernantes del mundo, nuevos detentadores del poder universal que condenan a los pueblos a humillantes esclavitudes económicas, propagadas por los medios de comunicación, como una realidad inevitable e intocable y hasta deseable en aras de una inhumana y desnacionalizadora modernización del Estado.
La revolución científico-técnica permitió el uso intensivo de medios de comunicación para respaldar y apuntalar el poder unipolar del imperio, difundir y persuadir a los pueblos sobre supuestas necesidades de modernización de los Estados, entendida como procesos de privatización que destruyen empresas de propiedad pública, que son patrimonio de los pueblos, en beneficio y función de la deuda externa.
Los procesos alienantes y deshumanizadores diseminados por los medios de comunicación social, pretenden liquidar los valores nacionales, desvirtuar la identidad de los pueblos latinoamericanos, a través de la imposición de valores culturales ajenos a la idiosincrasia de las naciones, hasta lograr un nuevo tipo de neocolonización ideológica. Las empresas de comunicación social nacionales y las agencias transnacionales de información se han encargado de negar a los pueblos el derecho a ver y comprender sus propias realidades, y se les ha obnubilado con mitos extraños, con falsos valores y estereotipos condicionantes que, en última instancia, impiden la formación de una conciencia crítica, no solo en las masas, sino en los propios orientadores de la opinión, es decir en los periodistas y comunicadores.
Las empresas de comunicación social se han convertido en los mejores agentes de propaganda de los Estados Unidos, según el rol que les asignó el centro hegemónico del capitalismo imperial; y, en este sentido defienden las democracias aparentes y se oponen con todo su poder a la consecución de la justicia social, a la liberación de los pueblos y a la realización de una verdadera democracia participativa que reemplace los viejos paradigmas de la democracia representativa.
La dependencia de los medios de comunicación uncidos al capital nacional y transnacional, solo es un eslabón de la larga cadena de dominación y explotación de los recursos naturales y humanos de las naciones latinoamericanas. Es hora de retomar la conciencia nacional, de la recuperación de la voz y rostro de pueblos y periodistas, porque por largo tiempo "hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez...” para utilizar una frase de la Junta Tuitiva de la Ciudad de La Paz, en su proclama insurreccional del 16 de junio de 1809.
Inaplazable necesidad es la consecución y observancia de los códigos de ética para los periodistas latinoamericanos. No hay otra alternativa que la lucha por la liberación y el fin de la dependencia; lucha que debe darse inevitablemente, pero fundamentada en principios válidos para nuestros pueblos, tales como: el derecho de los pueblos a una información verídica que surja del análisis de la realidad, la consagración de la misión del periodista a través del análisis de la realidad y la búsqueda de alternativas como un deber supremo del periodista; la responsabilidad social del periodista porque el periodismo, la información, la noticia, la comunicación, son en sí un bien social y no una mercancía de compra-venta del sistema capitalista; la integridad profesional del periodista por el rol trascendental que desempeña dentro de la sociedad y como un derecho esencial a rechazar un trabajo que controle y coarte sus principios y que avance a la vez en la toma de decisiones, en el diseño de políticas comunicacionales; en el acceso y la participación del pueblo en los procesos de comunicación, a fin de que los perceptores dejen ser simples receptores de los mensajes; el respeto a la vida privada y la dignidad humana como valores supremos de las personas; el respeto al interés público, como defensa de la conciencia social y la moral pública; el respeto a los valores universales y la diversidad de culturas porque el periodista íntegro "es partidario de los valores universales del humanismo" a saber: la paz, la democracia, los derechos humanos, el progreso social y la liberación nacional y el respeto y rescate de los valores culturales de cada nacionalidad; la eliminación de la guerra y otros grandes males que afronta la humanidad como la violencia, el neocolonialismo, el neonacionalismo xenofóbico y fascista, el rechazo al segregacionismo y el apartheid, a los regímenes fascistas y totalitarios que son una negación de los valores del humanismo y lucha franca y decidida contra el imperialismo despiadado que explota, humilla y defrauda a nuestros pueblos.
El periodista de estos tiempos, también debe adentrarse en la lucha por la promoción y establecimiento del Nuevo Orden Económico Internacional, paralelo al nuevo Orden Internacional de la Información y la Comunicación. Estos sueños que han sido rotos por el neoglobalismo y el neoliberalismo deben recuperarse y reconstruirse porque el ser humanos sin capacidad de soñar en utopías realizables, es indigno de pertenecer a la especie humana que al vivir en el siglo XXI tiene la obligación moral de abolir para siempre las diversas formas de esclavitud, tan proclamadas por el imperialismo, tan coreadas por las clases dominantes de nuestros pueblos y tan concretadas por el capitalismo mundial.
Al periodista-comunicador de aquí y ahora, le toca escoger: o con los pueblos en lucha por su liberación o con los opresores.
El periodista y sociólogo Ramiro Mantilla, Editor General de : “EL CARCHENSE” señala: “Nunca antes la prensa es tan cuestionada por los poderes que ven amenazados sus intereses. Lo paradójico es que son esos "otros poderes fácticos" que acechan, interpelan, cuestionan, juzgan, sentencia, condenan, exculpan, ocultan, trafican información; maquillan las noticias, especulan,linchan a los opositores. El Carchense ha recorrido ya un buen trecho para aprender que no hay independencia, imparcialidad, objetividad sumisa, sometimiento a ultranza. Los hechos son los hechos. La realidad se muestra de cuerpo entero con audiencias críticas. Asistimos al teatro vivo del flujo histórico inédito; vamos cayendo de la “defensa de las libertades individuales” ausentes de justicia, a las desvergüenzas sin descaro; de la “condición de corifeos de los poderes fácticos”, al protagonismo personalista; de “hacernos creer que son imparciales”, al burdo manejo tendencioso, arbitrario del discurso; de “tener rabos de paja bien camuflados”, a ser agresivos tergiversadores de los hechos, circunstancias, contextos de la historia de nuestro abatido país. Comentaristas, entrevistadores, periodistas asalariados, han tomado el camino de la burda farandulización de la política, que a las claras evidencian sus precariedades con el ejercicio comunicacional contemporáneo y el desprecio a la opción ineludible de ser contrapoder de los poderes reales. Los noticieros y programas de opinión en MEDIOS DE INCOMUNICACIÓN; las primeras planas, editoriales, noticias nacionales e internacionales en la prensa; la molienda musical ajena y publicidad de mal gusto, las lecturas acomodadas de textos en la radio sin decir fuentes; son muestras inequívocas de la ausencia de ingenio, creatividad, objetividad y trascendencia en los nuevos lenguajes que modifiquen sustancialmente las realidades circundantes que agobian a la población que aún con todas las adversidades materiales y espirituales se aferran a construir los nuevos paradigmas con sello de esperanza cierta. Algunos los conocemos muy de cerca: “de jóvenes incendiarios, de adultos bomberos… y de viejos, reaccionarios”. Sus manifestaciones revanchistas, cargadas de amargura por sentir el desprecio ciudadano de los intelectuales comprometidos; hicieron lo imposible por buscar el endiosamiento narcisista, chocan con la opaca refracción cayendo en el ridículo de ser chupamedias; en fin de fines, tienen que pagar los favores publicitarios y la garantía monetaria de los activos de sus empresas. ¿Dónde quedaron su conciencia social, la adhesión a las causas justas de la humanidad, el señalamiento implacable a los enemigos del pueblo…? No hay inventos espontáneos voluntaristas en las luchas sociales. Se ES o no se ES, hasta la muerte.
Tremendo coctel!! Carroñeros y apocalípticos predican en los medios de incomunicación privados + debilidad manifiesta en los argumentos de funcionarios del Gobierno + manejo sinuoso y tendencioso de medios de propaganda públicos + Ultristas entronizados en los movimientos sindicales + despistados dirigentes de los indígenas vestidos de plástico + manejos imperceptibles de titiriteros reaccionarios internacionales + Una derecha férreamente unida, agazapada y poniendo combustible + una sociedad timorata y con sectores glotones, ávidos de acumulación. El escenario; un País en ciernes, carente de agendas inclusivas y proyecto emancipador. El gobierno no abandona sus prácticas noveleras, tecnocráticas. Nos retan los desafíos para decir verdades y señalar a los actores. Pensamos y luchamos sin temores en nuestros espacios.
A lo dicho, saltarán a la palestra algunas respuestas de justificación vana, otras no tendrán más que la desacreditación, el insulto, la diatriba, el embadurnamiento de sus reales figuras puestas al desnudo. No pueden jamás merecer ser, ni las pisadas de los precursores del periodismo ecuatoriano; Eugenio Espejo -“El Duende”-, José Mejía Lequerica, Pedro Moncayo y Esparza, José Peralta, Juan Montalvo. Y lo peor, que se llenan la boca con sus nombres, jurando ser consecuentes. El Carchense se compromete ante la opinión pública a preservar y preconizar la verdad. Ramiro E. Mantilla V. EDITOR GENERAL. ramitoman@gmail.com