WASHINGTON MODERNIZA SUS PRÁCTICAS INTERVENCIONISTAS EN BRASIL Y A.L. LA EFICACIA DEL GOLPE BLANDO 



SÓLO TRAGEDIAS DESPUÉS DEL GOLPE BLANDO 



Atilio Borón-Resumen Latinoamericano

Washington ha modernizado sus prácticas intervencionistas. La vieja metodología de lanzar a sus carniceros de uniforme y charreteras para acabar con los gobiernos que no eran de su preferencia ha sido declarada obsoleta y, por lo tanto, fue discontinuada.

En consonancia con las nuevas teorizaciones de Joseph Nye y sus discípulos ahora la Casa Blanca apuesta por la eficacia del “golpe blando”. Los viejos golpes de Estado con sus militares de torva mirada y métodos brutales han cedido lugar a formas más sutiles pero no por eso menos eficaces de ejercer la violencia contra sus enemigos.

La extensa nómina de líderes de movimientos sociales, campesinos e indígenas; de militantes de base y de periodistas muertos y desaparecidos después de los “golpes blandos” en Honduras (2009) y Paraguay (2012) o como práctica sistemática en países con gobiernos de derecha, como México, Colombia y Perú demuestra con elocuencia que el soft power es apenas otra manera de reprimir a los disconformes. El carnicero abandona su delantal ensangrentado y se viste con un traje de colección para continuar con su faena.

Estados Unidos tiene, como es sabido, muchas agencias de inteligencia. Tan es así y tan secretas son ellas que uno de los debates más tórridos (no álgidos, porque no son fríos sino bien calientes) que alteran los nervios de los burócratas, militares y políticos de Washington es si su número es 16 o 17.

Aunque parezca increíble ni ellos parecen saber a ciencia cierta cuantas son. En todo caso, en lo que a los ciudadanos comunes y corrientes nos concierne, las chances de que haya alguna filtración de las agencias de seguridad se multiplican por 16 o 17. Antes había que esperar alguna falla en los dispositivos de seguridad de la CIA; hoy son muchas las que pueden experimentar filtraciones, con lo cual las probabilidades de acceder a información antaño rigurosamente vigilada se acrecientan significativamente.

La sátira política es casi tan vieja como la política. Allí donde el gobernante o los dominadores oprimían a sus pueblos o acallaban las voces del disenso la sátira era el camino por el cual se abría camino la resistencia y la protesta.

En la Grecia clásica las obras de Aristófanes, comenzando por “Las Nubes”, marcan el glorioso inicio de una larga tradición que llega hasta nuestros días. Maquiavelo y Tomás Moro apelaron también a este artificio para decir y nombrar lo que no podía ser dicho o nombrado. Lo que sigue es una tentativa de transitar por ese mismo camino para entender, con la ayuda del humor, lo que está sucediendo en América Latina.

Días atrás la suerte me sonrió: recibí una comunicación de un hacker que, compadecido ante las persistentes intrusiones en mi cuenta de correo electrónico y en las redes sociales, me hizo llegar una filtración de una de aquellas agencias de inteligencia, pero sin decirme de cual. Se trataba de un breve pero muy didáctico compendio con las instrucciones que uno de los jefes le envió a un agente destacado en algún país de la región para destituir a un gobierno desafecto a Washington, seguramente una feroz dictadura. Su contenido resumía el voluminoso manual operativo (en la jerga de la Comunid8ad de Inteligencia esto se llama S.O.P., por standard operating procedures ) con el que esas instituciones instruyen a sus agentes y al cual estos deben ceñirse para cumplir con la misión de sembrar la libertad y la democracia que Dios le encomendó al pueblo de los Estados Unidos. A continuación glosaré sus principales directivas.

Primero -decía el mensaje al agente- no se equivoque. Como por razones de seguridad no lo enviamos directamente a su país “target” sino que lo hacemos circular por varios para confundir a los agentes de la contrainteligencia comunista al llegar asegúrese bien que está en el país correcto y frente al gobierno que tiene que ayudar a derrocar.

Si no conoce bien la región podría debilitar a un gobierno amigo de Estados Unidos y eso sería imperdonable para la agencia. Si tal cosa llegara a ocurrir tendría suerte si para castigarlo lo enviásemos a Corea del Norte a seguir los pasos de Kim Jong-un, un “mother fucker” que despacha a quienes le caen mal tirándolos a una jaula repleta de perros hambrientos. Recuerde que nuestros vecinos del sur son muy complicados. Hubo uno que dijo que “en América Latina lo que es no parece, lo que parece no es, y todo es como si lo fuera”. (Nota de AB: el remitente del mensaje ignoraba que quien acuñó esa frase fue el sociólogo y economista brasileño Ruy Mauro Marini). Por eso –sigue el mensaje- tenga cuidado. Desconfíe de los discursos.

Los latinos son buenos para discursear. No se asuste si escucha a un jefe o jefa de estado pronunciar un discurso virulentamente antinorteamericano. Es muy probable que sea un buen amigo nuestro que, por debajo de la mesa, esté negociando con Washington alguna prebenda o un acuerdo que precisa ser cubierto por una espesa cortina de altisonantes ataques verbales a nuestro país. Ha habido muchos casos de esos.

Y no confíe en los que se deshacen en elogios a nuestro modo de vida y nuestras instituciones. Si sobreactúan su admiración es porque la DEA les descubrió un chanchullo, están a punto de perder las elecciones o ser derrocados por una revuelta popular y están preparando su dorado exilio en nuestro país.

Para no equivocarse siga estas pocas reglas: fíjese si el gobierno que le fue asignado para destituir se adhirió al ALBA, versión tropical de la Internacional Comunista de Stalin; averigüe como votó en Mar del Plata cuando hundieron el ALCA en el 2005.

Si se plegó a la arenga antinorteamericana de Chávez es el enemigo a vencer; si no lo hizo es uno de los nuestros. Otro criterio: fíjese si el gobierno ha desarrollado un programa nuclear. Los latinos son muy vengativos y traicioneros, y lo más probable es que algo aparentemente inocente, concebido supuestamente para usos pacíficos, sea una pantalla para cubrir un acuerdo bélico con países como Irán o Corea del Norte.

Por eso: si tiene un programa nuclear usted está en el lugar correcto y póngase a trabajar de inmediato. Si no lo tiene conecte su GPS y recalcule su trayectoria. Otro: vea si ese país lanza o no satélites al espacio exterior. Si lo hace, como lo hizo la Argentina hace poco, su inconfesable finalidad es facilitar a rusos y chinos el monitoreo satelital de los desplazamientos de la Cuarta Flota por el litoral latinoamericano. Ultimo criterio: abra bien los ojos y vea si hay un número inusual de chinos o rusos en el lugar en que se encuentra. En Latinoamérica hay negros, indios y mestizos, y unos pocos blancos que quieren ser como nosotros, como lo comprobó uno de nuestros asesores: Samuel P. Huntington, de Harvard.

Si hay muchos chinos estamos en problemas. Son muy ladinos y arteros, y dan cobertura a sus tropas tras fachadas aparentemente inocentes. Por ejemplo, pequeños supermercados barriales cuya finalidad bélica se oculta contratando paraguayos, bolivianos y peruanos supuestamente encargados de la venta de frutas, hortalizas y carnes. Ingénieselas para penetrar en la trastienda de esas pequeñas fortalezas y seguramente encontrará un impresionante arsenal militar de última generación destinado a abastecer a la base que ya han instalado en el sur de la Argentina.

En Perú la soldadesca china se esconde tras una sospechosa cantidad de “chifas”, restaurantes que ofrecen una comida china barata mezclada con exóticos e indigeribles productos de la gastronomía local. Los chifas parecen inofensivos pero no lo son: toda esa gente, desde los cocineros a los meseros, sacarán a relucir sus armas ni bien Beijing dé la voz de mando para atacanos. Por eso, ni se le ocurra ir a comer allí.

En Lima hay muchos Kentucky Fried Chicken y McDonald’s como para arriesgarse a morir envenenado o apuñalado en caso de que la contrainteligencia de los asiáticos haya detectado sus movimientos. En estos dos países, Argentina y Perú, los chinos aplicaron la metodología insurreccional de un resentido social italiano que aconsejaba destruir nuestras sociedades mediante la estrategia de guerra de posiciones: en la política, la cultura y también en el comercio minorista. Los supermercados o los chifas son la fachada que oculta un plan siniestro de dominación mundial.

Con los rusos su tarea será más difícil, porque a diferencia de los chinos, que son amarillos, los ruskies son blancos y por afuera se parecen mucho a nosotros. Por adentro no, porque son colectivistas (por eso Lenin y su pandilla pudieron destruir al zarismo que nos había vendido a precio razonable Alaska), borrachines y holgazanes y no creen en la democracia, la libertad y los derechos humanos. Su única chance para descubrir a los rusos es hacerlos hablar: párelos en las calles, hágase el turista confundido y tome nota de su habla. Recuerde que Rusia es el primer gran enemigo a vencer, por su temible arsenal atómico. Cuando se desintegró la URSS gracias a la valentía de Ronald Reagan que los obligó a batirse en la “guerra de las galaxias” y a Juan Pablo II, que movilizó la religiosidad de los polacos y los convirtió en el ariete que perforó las murallas del Kremlin, muchos creímos que habíamos derrotado a los rusos definitivamente. Nos equivocamos y como la yerba mala que renace con renovados bríos reaparecieron con más fuerza que antes de la mano de un comunista disfrazado de demócrata pero que hasta lleva el nombre de Lenin. Tenga esto en cuenta.

Y una vez liquidados los rusos nos encargaremos de los fucking chinos. Para resumir: si en el país nota que hay demasiados rusos es mala señal y quiere decir que tendremos que extremar nuestros recursos para operar allí. Ponga manos a la obra siguiendo al pie de la letra estas instrucciones.

Segundo: no se deje llevar por sus impulsos mesiánicos, a pesar de la indignación que le produzca comprobar la malignidad de los planes antinorteamericanos en ese país. Cálmese y repórtese de inmediato a nuestra embajada: allí encontrará una fenomenal base de operaciones: comunicaciones, logística, armas, contactos, informantes, vehículos, disfraces, drogas, todo lo necesario. Pero tenga cuidado al interactuar con los nativos: cuando ellos hablan de “la embajada”, o cuando escuche que la insultan, tenga presente que sólo se refieren a la nuestra y a ninguna otra. A ella le achacan las culpas de todos los males producto de su indolencia e irresponsabilidad. En su insalubre mezcla de envidia y resentimiento, los latinos no conciben otra embajada que no sea la de Estados Unidos. Evo ha elevado la crítica a “la embajada” al rango de un onceavo mandamiento de la ley de Dios, pero no le haga caso. Nuestras embajadas son indispensables para nuestra misión civilizadora. Pese a que la cobardía de Obama nos hizo retirarnos de Irak los boys de la comunidad de inteligencia y los del Pentágono lo obligaron a dejar nuestra embajada en Bagdad, con 15.000 diplomáticos. ¿Diplomáticos? En realidad el 95 por ciento de ellos son militares, mercenarios (no usamos esa palabra cargada de malos recuerdos; los llamamos “asesores”) y agentes de inteligencia como usted. En los tiempos actuales los diplomáticos valen poco o nada, son dinosaurios incapacitados de actuar en un mundo en donde lo único que cuenta es el lenguaje disuasivo de las armas. Nuestras embajadas tienen como finalidad dar cobertura al ejército de espías, asesores, consultores políticos, neuromarketineros y activistas antigubernamentales, disimulados las más de las veces como “agregados culturales”, en realidad agitadores de la “sociedad civil” y cuya tarea es organizar la oposición.

Por eso, apenas el 5 por ciento de los funcionarios que tenemos en “la embajada” son diplomáticos. El resto es gente de acción, como usted, o personal de apoyo para su labor que hablan su lenguaje y con los cuales se entenderá inmediatamente. El eclecticismo y la cobardía de nuestros diplomáticos nos costaron muy caro: perdimos la China a manos de Mao y a buena parte de Europa, por casi medio siglo, después de la Segunda Guerra Mundial. Por eso mismo perdimos Cuba a fines de los cincuenta, y de milagro no se nos fueron Indonesia y las Filipinas. Todo gracias a esos afeminados del Departamento de Estado. Por suerte Trump y la Clinton entienden esto y ya nos aseguraron un refuerzo presupuestario para enfrentar a nuestros enemigos de la única manera posible: con la fuerza.

Tercero, “la embajada” tiene muchos amigos en el país. Échele una miradita a los Wikileaks y verá como aún sin la invitación de nuestros embajadores los admiradores de Estados Unidos se desviven por ir en tropel a “la embajada” para hablar mal de su propio país y sus gobernantes, y para urdir planes sediciosos; o para rogarnos que los invadamos para acabar con la peste populista y comunista. En cada país esa lista es enorme, y puede elegir entre gente muy calificada para pasar a la acción. Acuerde con ellos y comience por lanzar una campaña de rumores. Esto es muy efectivo allá: denuncie la insoportable corrupción del gobierno y hágalo sistemáticamente y sin pausas. Promueva también una campaña denunciando el fraude de la última elección o la incompetencia de sus funcionarios. Colegas suyos están organizando el desabastecimiento de bienes esenciales para provocar el malhumor de la población. Los latinos adolecen de un cierto fatalismo en relación al tema de la corrupción y dicen que desde 1492 en adelante todos los gobiernos fueron corruptos, salvo unas pocas excepciones (que no eran precisamente nuestros amigos). Pero si insiste con el tema y planea una buena ofensiva mediática con los principales medios de comunicación (que son todos nuestros y los coordinamos desde Washington a través del Grupo de Diarios de América, donde están los grandes baluartes de la libertad de prensa como O Globo, El Mercurio, La Nación, El Tiempo y otros) comprobará que al cabo de un tiempo se producirá una formidable mutación en la opinión pública.

Mire lo que logramos en Brasil, donde uno de los principales corruptos del país, procesado y todo, con cuentas ilegales en Suiza alimentadas por el dinero sustraído a Petrobrás, es presidente de la Cámara de Diputados y encabezó la ofensiva para sacarnos de encima a una guerrillera comunista disfrazada de demócrata que desvió fondos públicos para ayudar a la tiranía de los Castro construyéndoles el megapuerto de Mariel. Este éxito hubiera sido impensable sin la actuación constante de nuestros agentes en Brasil, apoyándose en una red de jueces y fiscales corruptos, políticos corruptos y medios de comunicación corruptos, todos ellos coordinados desde Washington. Si esto le suena mal y no le gusta la palabra “corruptos” acuérdese del filocomunista Franklyn D. Roosevelt -que creó el IRS, Internal Revenue Service, la oficina de impuestos internos para hacer lo mismo que Lenin: expropiar a los propietarios- aunque debemos reconocer que en los asuntos hemisféricos manejó la cosa con mano de hierro. Él hablaba de la “política del buen vecino” pero apoyó a todos nuestros amigos en Centroamérica, especialmente a Anastasio Somoza en Nicaragua. Y cuando algunos blandengues de esos que nunca faltan se lo reprochaban diciendo que cómo apoyaba a Somoza, que era “un hijo de puta” él replicaba diciendo: “sí, pero es nuestro hijo de puta.” Usted siga este luminoso consejo: localice a nuestros hijos de puta de hoy y trabaje codo a codo con ellos. Ningún escrúpulo moral o chicana leguleya debe obstaculizar nuestra lucha por la libertad, la justicia y la democracia.

Cuarto, piense globalmente y actúe localmente. Para lo global (no para pensar, que eso lo hacemos aquí) contáctese con José María Aznar en España y Álvaro Uribe Vélez en Colombia. El español nos prestó un enorme servicio al acompañarnos en la decisión de invadir Irak en el 2003, pese a que algo más del 90 por ciento de los españoles estaba en contra. Bush le preguntó si ese desprecio por la opinión pública podría ser un problema para él y respondió que no, que en España las encuestas tienen un margen de error muy grande, superior al de Estados Unidos, y además a los españoles les encanta que quien ejerce el poder lo haga sin retaceos, que adoran a los caudillos y les gusta la mano dura, que por eso Franco fue tan popular. Por eso se reunió con Bush en las Azores, junto al charlatán de feria Tony Blair, uno de los mentores de la “tercera vía”, y entre los tres se sacaron una foto que dio la vuelta al mundo anunciando la buena nueva: que una coalición internacional de países democráticos invadiría Irak y enviaría al verdugo de Saddam Hussein a la justicia. A diferencia de Aznar, que siguió siendo nuestro fiel amigo hasta el día de hoy y maneja los dineros de la USAID y la NED destinados a Latinoamérica, Blair parece que procesó mal lo de Irak, abandonó la política y tuvo un inesperado quiebre religioso: abandonó la Iglesia Anglicana y buscó refugio y consuelo en la Iglesia Católica. Un agente nuestro “estacionado” en la Biblioteca Vaticana asegura que la razón de la insólita renuncia del Papa Benedicto XVI fue el arrepentimiento del pontífice alemán al haber formalizado el ingreso a la Eclesia del ex premier británico.

Volviendo a lo global, Aznar y su compadre Uribe son maestros consumados en eso de mover fondos de la NED y la CIA e influenciar a la opinión pública internacional. No se deje amedrantar por lo que dicen los National Archives de la George Washington University que el colombiano es uno de los cien mayores narcotraficantes de su país, que colaboró con el Cartel de Medellín, que era muy amigo de su capo, Pablo Escobar Gaviria, y que por eso, desde su banca en el Senado, se opuso a cualquier tipo de tratado de extradición que permitiera enviar a los narcos a nuestro país para someterlos a las leyes y la justicia estadounidenses. Esa información la discontinuamos en 1993 cuando advertimos que era falsa y que la había suministrado un agente cubano infiltrado en la DEA. Poco después comprobamos que la data era irrefutable pero desde arriba se nos dijo que nos olvidáramos del tema y que el hombre podría sernos útil en el futuro. ¡Y vaya si nos fue útil! Estaba predestinado a servirnos: ¡si hasta nació un 4 de Julio! En suma: cuente con ambos, con Aznar y Uribe, para lo que necesite. El español es un poco timorato, aunque rapidísimo para los negocios y para trasladar nuestros dineros de aquí para allá. Uribe, en cambio, es un hombre de acción, y si necesita ayuda tiene un verdadero ejército de combatientes por la libertad dispuestos a todo y que por eso la prensa comunista del continente los difama llamándolos “paracos” o “paramilitares.” Y en lo que hace a la campaña en los medios avísele a Aznar o Uribe que le pidan a Don Mario (Vargas Llosa, se entiende) que fulmine al gobierno que hay que tumbar con una de sus habituales filípicas comparando su corruptela y su despotismo con la democracia y la libertad que florece entre nosotros.

Sus palabras, y hay que reconocer que el hombre habla lindo, producirá una reacción en cadena de comentarios y acotaciones en los medios, lo que rápidamente será reproducida y su impacto agrandado por toda la prensa libre de las Américas. Don Mario es un figurón infumable, con un ego de dimensiones descomunales que ni siquiera el Premio Nobel de Literatura alcanzó a aplacar, pero es increíblemente llano y accesible a la hora de criticar a nuestros enemigos. Nomás dígale que tal o cual gobierno es populista o se reconoce como socialista para que el peruano salte al ruedo con toda la furia de su prosa.

Tras él entrarán en combate peones menos brillantes, flojos de palabras pero visceralmente nuestros como su hijo Álvaro, Carlos Alberto Montaner y toda la nómina de empleados de nuestro gobierno, que muy generosamente los recompensa por su defensa de las libertades y la democracia. Del dinero no se preocupe: el Congreso aprueba anualmente partidas de varios centenares de millones de dólares que Aznar y Uribe canalizan hacia sus asociados latinos para ayudarles a crear un clima de opinión propicio al “golpe blando.” Aparte están los dineros que aportan las transnacionales, o sea que aquí lo que sobra es el dinero y lo que falta es voluntad política para deshacernos de esos bribones. El tono general en esta fase del proceso debe girar en torno a esta consigna: “la comunidad internacional está consternada por los ataques al periodismo independiente y a la oposición democrática.” Si la campaña prende en la opinión pública lance, siempre con sus socios locales, una segunda consigna “exigiendo la liberación de todos los presos políticos.” Entre nos le digo que no los hay porque los presos son algunos de nuestros amigos que por su afán de hacer méritos ante el Tío Sam y figurar como héroes del derrumbe del totalitarismo cometieron crímenes y los muy idiotas lo hicieron a cara descubierta, desoyendo nuestros consejos. Fueron muy estúpidos, pero la verdad es que en las cárceles nos son más útiles. De todos modos no conviene menear demasiado el asunto de los venezolanos porque si lo que hicieron allá lo hubieran hecho en Estados Unidos –tentativa insurreccional, 43 muertos, centenares de millones de dólares en destrucción de vehículos e instalaciones públicas- ya habrían recibido una inyección letal en una cárcel de máxima seguridad de Alabama.

¡Ah, me olvidaba! Asegúrese que nuestros medios en la televisión saquen a TeleSUR de todas las grillas de las cableras. Nada menos que La Nación de Buenos Aires, uno de los decanos de la prensa seria a nivel mundial, dijo en un memorable editorial que el “modus operandi” de Telesur es “malicioso” y que el problema esencial con esa señal “no es su ideología, sino su rancio primitivismo panfletario para procesar las noticias.”

Si lo dice La Nación, que de esto sabe mucho y ha sentado cátedra en materia de procesamiento de noticias, hay que creerle. Esos canallas de TeleSUR ya nos hicieron quedar como unos impostores cuando revelaron lo del relevo de Mel Zelaya, que los de la CNN y los medios amigos (entre ellos La Nación) habían ocultado cuidadosamente; y también con el affaire de Bengasi cuando liquidamos a Gadaffi, porque ellos pusieron en evidencia que no hubo bombardeo alguno de la aviación libia sobre nuestros muchachos en aquella ciudad. Si tiene dudas de cómo hacerlo hable con uno de sus colegas en Buenos Aires. Allá lo convencieron rápido a Macri y ahora las cosas están mucho mejor y los argentinos informados con objetividad e imparcialidad.

Quinto: identifique cuidadosamente a sus peones en la fase final de la campaña. ¡Aléjese de los cuarteles, olvídese de los militares! Recuerde que hace veinte años empezamos a ofrecer cursos de formación en Derechos Humanos y Democracia a jueces y fiscales de todos los países latinoamericanos. ¡Si viera lo bien que nos fue! Nos sacamos de encima a Mel Zelaya con una trapisonda de libro, y tres años después la repetimos con Fernando Lugo, un obispo tan libidinoso y mujeriego que nuestro Bill Clinton y su Mónica Lewinsky quedan reducidos a figuras como la Madre Teresa por comparación al marxista-leninista de sotana. Reclute los jueces y fiscales y también a los políticos en el congreso para organizar el juicio político.

La cosa pasa por ahí: búsquenle la vuelta al presi, que algún muerto debe ocultar en su closet, alguna cuenta offshore debe tener en algún paraíso fiscal, algunos milloncitos habrá fugado del país. La mayoría de los políticos latinos dejarían a Frank Underwood y los guionistas de House of Cards como inofensivos niños de pecho. Busque en los Panamá Papers, pero tenga cuidado porque algunos de los nuestros fueron tan descuidados, para no decir estúpidos, como para dejar sus huellas digitales allí. Ningún latino, pobre o rico, es trigo limpio. No se olvide que son racialmente inferiores y por eso mismo propensos al desorden y al delito. Y cuanto más ricos y poderosos más tentados estarán en acrecentar sus fortunas por cualquier medio. Cuando los capitostes del Poder Judicial se alían con diputados y senadores, habiendo una jugosa recompensa material en el medio (que ya en parte hemos anticipado) los resultados son más devastadores de los que puedan lograr miles de soldados dirigidos por un estado mayor de ladrones incompetentes. Tampoco se olvide que hemos venido entrenando a militares y policías en Derechos Humanos y Democracia. Esta gente sabe muy bien lo que esto significa y arden en deseos de cooperar con nosotros. No sólo nos fue muy bien en Honduras y Paraguay. Estamos a punto de obtener el premio mayor: Brasil, ¡y sin disparar un solo tiro! Sus colegas en ese país hicieron una obra maestra: sin tener nada concreto, ninguna prueba, nada, sacan del juego a dos castro-comunistas irreductibles como Lula y Dilma.

Y los que tenemos en la Argentina la tuvieron todavía más fácil porque nuestros enemigos perdieron el gobierno a manos de uno de nuestros mejores amigos, pero en quién jamás habíamos pensado para la presidencia. El hombre habla muy bien el inglés, cree en la magia de los mercados pero no parece estar preparado para dirigir un país tan exótico como la Argentina, en donde gobernar no es imposible pero es inútil. Para eso se requiere de alguien con un perfil diferente y una dicción comprensible para el vulgo. Pero Macri consiguió un buen marketinero político y llegó a la Casa Rosada y nos está dando una mano más que necesaria, como la tuvimos en la época de Menem, que nos ayudó a ganar la primera guerra del Golfo.

Por eso le dijimos a Obama que ya que iba a Cuba y se desviara un poco y fuera a visitarlo, con suegra y todo. Los maricones del Departamento de Estado trataron de bloquear esta decisión diciendo que ningún presidente de Estados Unidos debe visitar a un gobierno instalado hacía pocos meses. Pero los chicos de la comunidad de inteligencia y del Pentágono les quebramos la mano a aquellos afeminados derrotistas y el presi nos hizo caso. Le dijimos que la Argentina bien valía una misa, que con el temita este de los narcos y los “paracos” Uribe se estaba desprestigiando demasiado y ya no nos servía, y que por eso Macri se había convertido en nuestro principal ariete contra el régimen dictatorial de Maduro.

También le dijimos que para ganarse la simpatía de los nativos tenía que bailar un tango y tomar esa horrible y antihigiénica infusión llamada mate que aquellos bárbaros sorben todos de una misma “bombilla” rebosante de gérmenes y bacterias que se pasan unos a otros. La verdad es que los chicos de la comunidad de inteligencia todavía no se ponen de acuerdo sobre si Obama es estadounidense o keniano; o si es cristiano o un musulmán vergonzante dispuesto a traicionarnos en cualquier momento. Pero es un actorazo, siguió nuestro guión al pie de la letra ¡y los argies quedaron fascinados con él!

Sexto: ya tiene al gobierno enemigo sitiado. Desde Washington la oposición cosechó una interminable secuencia de declaraciones manifestando la “preocupación” de nuestras autoridades y de los politiqueros del Congreso por la gravedad de los problemas que afligen al país y la necesidad de un radical cambio de rumbo. El FMI y el Banco Mundial lanzaron serias advertencias de la profundidad del abismo en que se caería a causa de la obstinación del gobierno en seguir aplicando sus políticas populistas y anti-mercado. La Unión Europea se manifestó en el mismo sentido y envió reiterados mensajes exigiendo redefinir los acuerdos comerciales desechando los residuos estatistas de los acuerdos iniciales. La SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) emitió rotundos comunicados denunciando los múltiples atropellos que sufre el “periodismo independiente” a manos del gobierno.

Las federaciones económicas (industriales, agrarias, etcétera) claman al cielo exigiendo una rectificación de las políticas oficiales. Denuncie el carácter ilegítimo del gobierno y su incorregible ineficiencia, paralizado como está por el torrente de ataques procedentes desde el exterior y la creciente belicosidad de sus enemigos internos. Los gobiernos de los países vecinos hacen saber de su preocupación por los acontecimientos y la situación se descontrola por completo. Pero un gobierno, sobre todo un gobierno como el que usted debe ayudar a eliminar, no cae si no se lo hace caer. Y para eso tiene que ganar la calle. Repase cuidadosamente los manuales golpistas de Eugene Sharp, uno de nuestros teóricos disfrazado de académico, que codificó las acciones desestabilizadoras de gobiernos enemigos a las que, burlonamente, bautizó como “no violencia estratégica”.

El bueno de Sharp hizo honor a su apellido y expuso en varios de sus informes para la CIA y la OTAN nada menos que 197 tácticas “no violentas” con las cuales poner a un gobierno enemigo de rodillas. Entre ellas incluye iniciativas tan pacíficas como “establecer doble soberanía y gobierno paralelo”, acosar y abuchear a funcionarios en la vía pública, desobediencia civil y el boicot sexual y la suspensión de las relaciones sexuales habituales hasta que no caiga el gobierno y, de este modo, promover la militancia rebelde. Recuerde que la lucha contra el comunismo también se libra en la cama, y explote esa muy sensible faceta de nuestra batalla por la libertad. Cuando todas estas condiciones están presentes la mesa está servida para la remoción del gobernante indeseable. Pero asegúrese que sus comensales tengan el aspecto apropiado. Tiene que crear un clima de derrumbe con multitudes saliendo a la calle a exigir “la salida” del gobierno enemigo. Asegúrese que muchedumbre no esté formada sólo por nuestros amigos.

Es más, dígales que se queden en casa. No sería demasiado creíble si el “tono plebeyo” que debemos darle a la destitución del gobierno (y para que el Congreso y la opinión pública en Estados Unidos aplauda nuestras acciones) fuese personificado por un prolijo y elegante desfile callejero de los ricachones de Barrio Parque y Recoleta en Buenos Aires; Vitacura y Las Condes en Santiago; Leblon e Ipanema en Río de Janeiro; o Villa Mariana en Sao Paulo; Pocitos y Carrasco en Montevideo; San Isidro y Miraflores en Lima o Tecamachalco y Las Lomas en ciudad de México. Es preciso darle calor y color populachero, y eso no se consigue con la gente de esos barrios. Si tiene dudas hable con sus colegas en la Argentina, que allá son expertos en eso. Haga que nuestros amigos digan que el afán expropiatorio del gobierno no dejará títere con cabeza. Consulte a los de Ecuador, que hicieron un trabajo notable al movilizar al pobrerío ¡en contra de la Ley de Herencia! Fue una obra maestra de nuestros agentes y sus amigos ecuatorianos, que inundaron las calles de desheredados y desposeídos, que nada heredaron y nada pueden heredar, en contra de una ley propuesta por el castro-chavista Rafael Correa que afectaba sólo a los muy ricos del Ecuador. ¡Haga lo mismo! La estocada final contra la tiranía que estamos combatiendo tiene que ser dada por grandes movilizaciones callejeras pero para eso tiene que atraer a las clases medias, siempre propensas a actuar contra gobiernos que la han beneficiado, y al “pobretariado”, como dice el cura comunista Frei Betto.

Para eso es necesario una eficaz campaña de los medios de comunicación -que nuestros enemigos llaman “terrorismo mediático” y la verdad que no se equivocan, sólo que no toman en cuenta nuestras intenciones redentoras- mediante la cual se convenza a esos sectores desposeídos y desinformados que la voracidad del gobierno acabará por expropiarlos de sus miserables propiedades.

No es sencillo pero, como lo prueba la experiencia del Ecuador, no es imposible. Una vez que tenga esa gran manifestación populachera en las calles el derrumbe del gobierno será inevitable, sometido a la doble presión de la conspiración judicial-parlamentaria y al descontento callejero de las masas. Una vez caído asegúrese que prosiga la persecución judicial y la campaña de difamaciones en contra de los personeros del anterior gobierno. No sólo hay que derrocarlos sino también mandarlos a la cárcel y humillarlos. Como hicimos con Jacobo Arbenz en la primera experiencia latinoamericana de la CIA, en la Guatemala de 1954, cuando lo hicimos desfilar por el aeropuerto en calzoncillos. Zelaya estaba sobreaviso y por eso siempre dormía con pijama y tenía el sombrero a mano, pero igual lo sacamos de la cama sin darle tiempo a que se vistiera. Como haremos con todos. El mundo libre no espera otra cosa de nosotros.
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LA FRACTURA GEOPOLÍTICA DE SUDAMÉRICA EMPIEZA EN BRASIL
Por: Rafael Bautista S.

Si la diplomacia abierta está diseñada para el consumo informativo (pues algo se tiene que informar), la política exhibida mediáticamente está concebida para moldear opinión pública. Ninguna tiene, como misión, orientar y, menos, generar una relación crítica con los hechos políticos (el nuevo circo romano es virtual); lo que se informa no contiene nada que no sea lo permitido por la función asignada, es decir, lo que se sabe es apenas lo que una administración selectiva de información permite saber (este control, por supuesto, no es del todo perfecto; su éxito es proporcional al grado de domesticación producida). La interpretación de los hechos políticos es, de ese modo, circunscrita dentro de los márgenes permisibles que establece un poder estratégico que sabe la importancia del manejo de la información.

La diplomacia abierta es un concepto que sintetiza la visión aristocrática de la democracia moderna: el pueblo no tiene por qué saber lo que realmente está en juego. El pueblo obedece, no decide. Quienes deciden son los protagonistas de la diplomacia profunda y son los artífices de la política real. Lo que se ve es apenas el teatro mediático, la tragicomedia política; pero la trama, el argumento y el meollo del asunto, no pueden exhibirse, ni siquiera en el propio desenlace. Porque descubrir esto es revelar los propósitos del nivel profundo y esto significa desenmascarar al poder detrás del trono.

Hoy en día, la mediocracia ha monopolizado toda mediación entre individuo y realidad, haciendo de la opinión pública su patrimonio privado. La información se ha convertido en un recurso estratégico de control político, haciendo de ésta la marca registrada de todo fenómeno comunicacional; pero no es la información, en sí, lo que produce conocimiento, sino la reflexión que tematiza el sentido que contiene la información; tampoco es el contacto directo con los hechos lo que permite comprensión sino el tener perspectiva, así como la objetividad no se mide por la neutralidad sino por los criterios éticos que se asume. Entonces, para tener una visión clarificada de los acontecimientos, hay que superar el cerco mediático y desenmarañar los contenidos informativos que propaga la prensa y, de los cuales, ni ella misma es consciente.

Lo que sucede en Brasil no puede sopesarse a partir de lo que se exhibe mediáticamente; esa información sólo produce confusión y no permite entrever lo que realmente está en juego. Las denuncias de corrupción gubernamental es un teatro montado para los ingenuos en geopolítica, que es el modo cómo se está definiendo la nueva reconfiguración global. En ese sentido, la posible destitución de la presidenta Dilma no está lejos de todo lo que ha venido aconteciendo desde el golpe en Honduras y Paraguay.

Bajo la nueva nomenclatura implantada por las guerras de cuarta generación, un golpe de Estado puede ahora prescindir del uso de la fuerza militar. El “impeachment” es una nueva modalidad del concepto de “golpe suave”, que se impone el “smart power” como una forma de reducir las expectativas democráticas de los pueblos, sin alteración del orden constitucional y promovida por la propia institucionalidad democrática. Lo que pareciera un contrasentido no es más que la constatación de una capitulación jurídica que la izquierda continental no ha sabido tematizar.

Algo que la visión economicista de la izquierda latinoamericana no entiende es que el neoliberalismo no es simplemente un modelo económico. No es políticamente que el neoliberalismo penetra en nuestros Estados sino jurídicamente. La doctrina del shock nos muestra cómo el dogma neoliberal penetra en nuestras sociedades pero no nos enseña cómo llega a encarnar en la estructura misma del Estado. Lo que sucede en Brasil es muestra del modo cómo el régimen normativo de los Estados es capturado por el concepto de derecho que patrocina la actual hegemonía financiera del dólar-centrismo.
Algo que el marxismo standard no ha llegado a aclararse es que el capitalismo es imposible sin un marco jurídico que haga posible el desarrollo de la lógica del capital. Marx mismo señalaba que, en realidad, no vemos relaciones económicas sino, vemos estas relaciones en el espejo de las relaciones jurídicas. Sin un derecho que justifique y legitime el robo y el despojo (al ser humano y a la naturaleza) que son, en última instancia, el contenido del concepto de riqueza moderna, el capitalismo sería imposible.

El régimen normativo que inaugura el derecho moderno-liberal es lo contenido en la subjetividad moderna que promueve el capitalismo. Desde Hegel, el derecho expresa la propiedad, como determinación de la libertad del individuo moderno; es decir, el derecho moderno es concebido para la defensa de la apropiación de lo que era común, por eso “lo privado” de la “propiedad privada” es la “privación” que se hace a los demás de lo que era común. Es un derecho pensado para los ricos. Si este derecho estructura el régimen normativo de un Estado, entonces se entiende que ese Estado desarrolle únicamente una política antipopular.

Por eso el neoliberalismo realiza un desmontaje del carácter nacional de nuestros Estados y reconfigura nuestras constituciones a merced del nuevo sujeto del derecho actual: el capital transnacional. Los nuevos tratados comerciales, como la Alianza del Pacífico (extensión del Trans Pacific Partnership o TPP, y del Trade In Services Agreement o TISA), son clara muestra de ello, estableciendo una subordinación de los propios Estados a una legislación global que protege a las empresas de todo reclamo de soberanía.

Nuestros gobiernos habían originado una recuperación del carácter nacional de nuestros Estados, pero sin alteración del régimen normativo que había implantado previamente el neoliberalismo. Ahora, cuando se había logrado, aunque sea mínimamente, la estabilidad requerida para impulsar las economías, es desde el propio sistema constitucional que se produce una recaptura del poder. Otra vez, la izquierda entrega en bandeja de plata un país a merced de un nuevo asalto conservador.

Algo que ya debía ser asunto de evaluación politológica es la empecinada denuncia de presidencialismo que promovía la derecha continental. Una de las premisas de la democracia neoliberal, inventada por los think tanks gringos, es la distribución del poder político, recortando atribuciones constitucionales que pudiese tener una cabeza –no disciplinada– gubernamental, para desviarlo al legislativo sobre todo, donde es posible establecer la lógica de los lobbies y, de ese modo, controlar siempre al ejecutivo. Esa es la democracia gringa, donde el presidente no ejerce poder, simplemente lo administra; por eso el voto es irreal, porque el presidente, aunque prometa todo, no puede hacer nada, y el poder detrás del trono actúa cómodamente desde las cámaras. Por eso, a este tipo de democracia le incomoda que un presidente pretenda recuperar atribuciones constitucionales, desde las cuales pueda promover una radical transformación del Estado.

Es curioso cómo las acusaciones de corrupción gubernamental siempre aparecieron una vez que aparecía la predisposición de realizar una “limpieza” estatal. Eso sucede en Brasil y es hasta titular en el New York Times del 15 de abril: “ella no robó nada, pero está siendo juzgada por una banda de ladrones”. Esta situación comienza desde que Dilma, el 2011, efectúa “limpiezas” en organismos públicos.

Algo que es fundamental en la implantación del neoliberalismo es la generación de una cultura de corrupción política, pues sólo de ese modo pueden los mismos connacionales coadyuvar a un desmantelamiento del carácter nacional del Estado. De ese modo la política se convierte en subsidiaria de la economía: las empresas financian campañas políticas y compran políticos para influenciar al propio poder político (el poder de Eduardo Cunha en el Congreso brasileño –el principal impulsor del “impeachment” contra Dilma–, proviene precisamente del poder que le brindan los políticos favorecidos del montaje de corrupción que originó a través de acuerdos con empresas ligadas al financiamiento de campañas y compra de políticos, a cambio de favores e influencia legislativa para hacerse de contratos públicos y estatales). El neoliberalismo no sólo promueve la desregulación bancaria sino también la inmoralidad política. La política se vuelve administradora del poder recortado que le otorga el poder económico. El Estado mismo se encuentra, una vez desmantelado, a merced del ingreso que puedan proporcionarle sectores empresariales.

Estos sectores se hallan, desde el neoliberalismo, demasiado comprometidos con el dólar. De modo que sus intereses no encajan en una recuperación del carácter nacional del Estado. Que Eduardo Cunha sea el aliado principal del vicepresidente Temer, señala una orquestación congresal que busca algo más que una simple destitución constitucional. Se trata de algo que sólo puede hurgarse en la política profunda y que escapa a las consideraciones meramente locales. Lo que está en juego en Brasil es el destino mismo de Sudamérica; no porque en Brasil se dirima una fatalidad sino que el desenlace del “impeachment” establecerá, en lo venidero, el derrotero geopolítico de toda Sudamérica en el nuevo tablero geopolítico multipolar.

La destitución de Dilma provocaría la sucesión constitucional, es decir, la asunción a la presidencia de su vicepresidente Temer, quien es el favorito, en esta contienda, de los intereses gringos. Temer es la versión brasilera de Macri, cuya misión inmediata es, y así lo está demostrando, reponer en Argentina una economía alineada a la hegemonía del dólar. De ese modo se repondría el proyecto de las elites, que no es otro que un neomonroeismo más implacable, en una situación global ya no tan halagüeña para USA. No se trata sólo de destituir a Dilma sino de anular también a Lula, para una re-cooptación absoluta de la economía del gigante sudamericano. Detrás de todo el teatro mediático se encuentra la restauración neoliberal en condiciones que ameritan la urgencia de USA por aislar a Sudamérica de la influencia de China y Rusia y de toda opción que signifique, para nuestros países, separarse de la hegemonía gringa.

El factor geopolítico viene por ese lado. Tanto USA como Rusia ya han venido declarando su más que seguro abandono, no sólo de Siria sino de todo el Medio Oriente. Esto supondría no sólo el desentenderse de los conflictos suscitados allí sino el mudar el propio teatro de conflagración geopolítica global a otra parte del mundo. USA concentra su poder bélico en el Extremo Oriente, pero su más actualizado neomonroeismo está concentrando sus esfuerzos en recuperar, lo que considera su continente, de toda influencia que merme en algo su importancia. Desde la doctrina Bush, USA ha ido perdiendo presencia en casi todo el mundo; el propio empecinamiento en Irak y Afganistán le costó, entre otras cosas, perder su control sobre Sudamérica.

Tanto Ucrania como Siria han mostrado la fractura de un mundo unipolar y que está propiciando una nueva guerra fría. Dos bloques antagónicos se enfrentan en todo conflicto que persigue la reposición de un mundo unipolar: por un lado USA, su brazo armado (la OTAN), su brazo político (la Unión Europea), y su brazo financiero (la Banca israelí-anglosajona); por el otro, los BRICS, además del Grupo de Shanghai, pero sobre todo Rusia y China. Brasil forma parte de los BRICS y, una unión más estrecha entre Brasil y China, supondría el fin de la hegemonía gringa en Sudamérica. La restauración neoliberal en Brasil persigue la desconexión entre estos dos gigantes. Si Brasil corre la misma suerte que Argentina, entonces el futuro del MERCOSUR, la UNASUR y el ALBA se hallan seriamente comprometidos y nuestros países, que no pueden vivir al margen de una integración económica, estarían a merced de los tratados comerciales promovidos por el capital transnacional. La Alianza del Pacífico ha sido diseñada para eso, pues dentro de la doctrina Obama, un punto primordial es la contención de China. Si USA promueve esta contención en la propia área de influencia de China, con mayor razón en lo que consideran los gringos su backyard.

Para estos fines el Council of Foreign Relation o CFR ha diseñado el concepto geopolítico de “North-America”, donde éste se expande hasta Venezuela, como parte de un Caribe ampliado (que USA siempre consideró como su Mar Mediterráneo). Este concepto establece la prioridad de contar con los recursos naturales y energéticos que proveen las cuencas del Orinoco y del Amazonas, como base material para garantizar la reposición de la supremacía gringa en el continente. La anulación geopolítica de Sudamérica es esencial para esta reposición. Esta fue la claridad que tenía el presidente Chávez (por eso era urgente su desaparición). Ningún otro presidente, ni siquiera Lula, ha mostrado consciencia de esta perspectiva geopolítica, necesaria a la hora de ingresar de modo soberano a una nueva reconfiguración del tablero geopolítico global.

Deshacer una integración regional sudamericana, de carácter soberano, es fundamental para debilitar al BRICS, sobre todo a Rusia y China, pues el cordón geoestratégico de las potencias emergentes tendrían que recluirse al viejo continente, una vez rota la continuidad que proporcionaban Sudáfrica y Brasil (desde Washington se orquesta las protestas estudiantiles en Hong Kong, la desestabilización en Sudáfrica, también las protestas contra la relección de Putin, así como la confabulación con la familia Saudí y la banca, para bajar el precio del petróleo e implosionar las economías de Rusia, Irán y Venezuela); desconectar a Brasil supone aislar a Sudamérica de la expansión del pacífico y no permitir, bajo ninguna circunstancia, un ingreso en mejores condiciones, de nuestra región, en la nueva cartografía tripolar (USA-China-Rusia) que no conviene para nada a la supremacía gringa.

La carencia de una lectura global de un mundo en transición nos hizo perder la gran oportunidad de consolidar un proyecto regional cuando el Imperio estaba distraído en el Medio Oriente. La resistencia de los pueblos de Irak, Afganistán, Siria, Irán, etc., nos había dado la posibilidad de originar una primavera democrática en estos lados; pero el exitismo de lo logrado, que no era sólo merito nuestro, ahora nos descubre en una coyuntura ya no tan favorable, donde las dos más grandes economías de Sudamérica se van inclinando por una nueva capitulación mucho más entreguista que las anteriores. La colonialidad de nuestras elites, tanto económicas como políticas y hasta culturales, sólo pueden manifestar un ánimo de resignación y, aunque prodiguen un anti-imperialismo discursivo, esto sólo sirve para el berrinche momentáneo y la inculpación unilateral hacia afuera (hasta para admitir responsabilidades la izquierda sólo sabe mirar hacia afuera).

En esta coyuntura, donde la integración es más difícil y el quedar aislados cancelaría lo propositivo de nuestras revoluciones, es menester reponer de modo urgente las prerrogativas que pretendían una integración política y económica, además de financiera, regional. Nadie se va a salvar solo. La salida de esta emboscada no puede ser sino conjunta. Las críticas al interior de nuestros procesos no pueden perder de vista que, lo que está en juego, es la sobrevivencia misma de nuestros Estados. Si los gobiernos muestran algo de sensatez al respecto, debieran ser los primeros en ceder su exclusivismo e infalibilidad, para promover una nueva reconexión horizontal con el carácter popular-democrático que habían inaugurado nuestros pueblos, sobre todo indígenas. Una nueva integración no puede reducirse a lo meramente comercial sino que debe proponerse en los términos geopolíticos de una reposición geoestratégica de la región, para de ese modo permitirnos un ingreso, en las mejores condiciones, en el nuevo tablero geopolítico global.

Así como las políticas que adopta Macri son insostenibles, lo mismo sucedería con Temer en Brasil. El nuevo tipo de acumulación financiera que orquestan los nuevos tratados comerciales es decididamente más despiadada y solo puede conseguir los índices acumulativos que se proponen, despojando todas las conquistas sociales logradas en este periodo. Como en Argentina, lo que se produciría en Brasil es el caos (las conquistas sociales, y hasta culturales, han constituido un nuevo sentido común que será difícil anular). Pero este panorama no ensombrece las aspiraciones del capital financiero, pues para las finanzas, el caos y la guerra constituyen siempre oportunidades para generar ganancias espectaculares.

Si USA desiste del Medio Oriente, pues ya no puede contrarrestar la superioridad bélica rusa, le resta asegurar su área inmediata de influencia. Y si, para ello, promueve un concepto geopolítico de ofensiva estratégica, como es el “North-America” ampliado, entonces la anulación de Sudamérica supondría su balcanización. Esa es tristemente la constancia de toda reconfiguración geopolítica: donde no haya integración regional sólo resta su balcanización. Cuando todo se trata de sobrevivir –hasta de las potencias–, los fuertes no hallan otra manera de hacerlo sino a costa de los débiles. Y los débiles lo son porque, en semejante situación, anteponen sus particularidades y no apuestan por su complementación. En un mundo compartido, nadie es independiente del todo, ni siquiera los imperios; se es independiente en la medida en que se toma conciencia del grado de dependencia que se tiene, de modo de aprovechar esa dependencia (porque no es unilateral) y hacerla recíproca. La independencia es subjetiva, es decir, es el tipo de relación que establezco, lo que define mi condición.

Este panorama es también el que se viene definiendo en las elecciones que se llevaran a cabo en USA. La favorita del poder financiero y los lobbies es Hilary Clinton (a quien ya llaman “Killary”) y, si la nueva administración gringa recae en la parte más conservadora, que ya no es sólo la republicana, entonces la tercera guerra mundial pasaría a ser una opción inevitable. La visión provinciana euro-gringo-céntrica de la diplomacia y la política exterior del primer mundo no concibe un mundo compartido y esa limitante sólo admite la posibilidad de la guerra.

Toda la propaganda actual está diseñada para legitimar una situación límite. La develación de los “panamá papers” es una de las tantas estrategias de la guerra financiera contra los enemigos del dólar. No en vano, el consorcio que investiga estas cuentas off-shore es curiosamente patrocinado por la CIA, la fundación Ford y la fundación Soros. La curiosa selectividad informativa da muestras de una interesada pesquisa, donde aparecen personajes del “eje del mal”, para darle más candela al asunto. Otra función más del circo mediático que, pretendiendo defender la libertad y la legalidad, no hace otra cosa que no sea recortar aún más la libertad global; porque esta operación no afecta al sistema financiero, que necesita estos paraísos fiscales para, precisamente, evadir las leyes estatales; esta operación sólo busca eliminar la competencia y establecer como únicos paraísos fiscales a aquellos que se encuentran en las jurisdicciones de USA, Gran Bretaña, Israel y Holanda, de ese modo, tener el control total de todos los movimientos financieros globales, legales o no.

La importancia geoeconómica de Sudamérica es clara para las pretensiones del concepto “North-America”. Para una incorporación de nuestra región, en condiciones prometedoras, a un mundo multipolar, se requiere una apertura hacia el pacífico y una conexión estratégica –soberana– con el gigante asiático. De modo aislado esto no es posible y esto lo saben los gringos, por eso, anulando a Brasil se anula una apuesta conjunta. Sólo regionalmente se estaría en condiciones de negociación favorable con alguna potencia, de lo contrario, cualquier potencia sólo nos subsumiría en su proyecto expansivo.

El concepto de “North-America” subyace al disciplinamiento del Caribe, que empezó con el golpe en Honduras, la incorporación del México neoliberal como garante energético de esta restauración expansiva, la desestabilización de Venezuela, el golpe en Brasil, la defenestración de Cristina Kirchner (cuando mostró su entusiasmo de que Argentina formase parte del BRICS) y, hasta podría decirse: caen como anillo al dedo, la derrota de la izquierda en Perú y el terremoto en Ecuador (¿habrán estado activas las antenas del proyecto HAARP?). La actual guerra fría financiera, tiene fines geoestratégicos contra el BRICS; y el interés por reducir a Sudamérica en el concepto “North-America”, implosionando sus tres más grandes geoeconomías (Brasil, Argentina y Venezuela), hace preocupante la situación nuestra en esta encrucijada.

Sudamérica se encuentra polarizada entre lo que resta del ALBA y el auspicio imperial de la Alianza del Pacífico. Si Brasil es absorbido por la restauración neoliberal, su importancia como promotor de una integración regional (cosa que, hay que decirlo, nunca se propuso de modo decidido) habrá devenido en arrastrar a todos a la capitulación. El MERCOSUR sería excluido por la Alianza del Pacífico y USA controlaría de nuevo todo para su propio y exclusivo beneficio (el CAFTA ya está bajo su control). La fractura geopolítica daría lugar a una situación de caos y desestabilización regional y una posible balcanización.

Sudamérica sería el lugar de la definición geopolítica global, donde el supremasismo gringo fundaría sus pretensiones de restaurar su hegemonía única y la reposición de un mundo unipolar. Para ello cuenta con la complicidad de las burguesías locales y todo el sistema financiero mundial, que es capaz de colapsar cualquier economía vulnerable al patrón dólar. Ahora se comprenderá por qué era urgente y necesario el funcionamiento del Banco del Sur y la consolidación de una moneda regional. Sólo con la recuperación de nuestras reservas internacionales podía haberse dado un impulso decidido a nuestra independencia económico-financiera regional; esto involucraba la transformación de todo el marco jurídico imperante (mercado-céntrico y dólar-céntrico), pero eso fue, precisamente, lo que no fue posible para la perspectiva colonial de nuestros gobiernos. Puede que sean anti-neoliberales, pero su perspectiva no es post-capitalista. Por eso todo lo que han logrado se encuentra, ahora, a merced y el disfrute de una restauración neoliberal.

La tecnocracia neoliberal, presente en los ministerios del sector económico y financiero, son el caballo de Troya que no se supo descubrir a tiempo (mientras Dilma era defenestrada, vía el gigante mediático Globo, por su osadía de pronunciarse a favor de una independencia cibernética de Brasil, cometía la imprudencia de confiar a Joaquim Levy –un funcionario del FMI– las arcas de las finanzas brasileras, no haciendo otras cosa que facilitarle su labor de sabotaje; lo que le valió después ser nombrado jefe financiero del Banco Mundial). Como se dio cuenta el presidente Chávez –en el caso de Libia–: nuestros propios gobiernos fueron los encargados en reafirmar nuestra dependencia al sistema financiero, causante del actual e inminente colapso económico global. Por eso el primer mundo, gracias a nuestra dependencia, sigue estable, a pesar de su aguda crisis financiera. De las guerras multidimensionales que emprende USA contra el BRICS, las guerras geofinancieras son las que más éxitos le han deparado; no otra cosa significa el espionaje cibernético de la National Security Agency a la PETROBRAS y que hizo poner a Brasil de rodillas cuando develó sus cuentas secretas. También las sanciones económicas contra países determinados le han sido más efectivas que el poder militar.

¿Cómo salió de la recesión del 29 el posterior ganador de la segunda guerra mundial, o sea, USA? La guerra ha sido siempre, en el mundo moderno, el campo de oportunidades más apetecido del ámbito financiero. Lo grave en nuestro presente es que una conflagración global entre potencias, pasa por el uso de armamento nuclear. Pero hasta aquello entra en los cálculos imperiales a la hora de promover el desarrollo de bombas atómicas tácticas, que son municiones nucleares de pequeñas dimensiones, que se cree disminuyen los riesgos del uso de arsenal nuclear de dimensiones mayores, sin tomar en cuenta la peligrosidad que significaría la proliferación del uso masivo de estas armas de carácter táctico.

El concepto de “North-America” es una clara respuesta a la nueva visión estratégica que había nacido en la Escuela de Geoestrategia del Brasil, el 2008, y que se expuso en la llamada “Estrategia Nacional de Defensa”; tomando en cuenta los ámbitos nuclear, espacial y cibernético y configurando dos áreas estratégicas: el Atlántico Sur y el Amazonas. Esta estrategia ponía, como es debido, un interés detenido en los asuntos de seguridad nacional y defensa. Esto, que debía haber sido promovido por la UNASUR, en sus mejores momentos, ahora parece sólo constituir una anécdota. Este año, Brasil anunció, por medio de su ministro de comercio, Armando Monteiro, la aceptación de pagos, por parte de Irán, en divisas que no sean precisamente el dólar, con el fin de eludir las sanciones económicas de USA. El sistema financiero global puede aceptar el comercio sur-sur, pero si esto involucra hacerlo al margen del dólar, entonces la reacción no se deja esperar.

La corrupción, el “impeachment”, la destitución de Dilma, etc., son parte del circo montado para el gran público. Pero lo que se apuesta en ese circo es otra cosa. El destino de toda Sudamérica está en juego, mientras se incentiva, también mediáticamente, la desilusión y el desencanto de nuestros procesos (que van más allá de los avatares de los circunstanciales gobiernos). El desenlace de lo que suceda en Brasil, marcará la disposición geoestratégica, ya sea de reclusión o expansión, del BRICS. Si Brasil cae, la supremacía gringa tendrá una carta estratégica para enfrentar a las potencias emergentes y contará, de nuevo, con nuestros recursos, para una nueva reconquista del mundo.