PERÚ: EL RESURGIMIENTO DE LA IZQUIERDA 



EL DESEMPEÑO DEL FRENTE AMPLIO HA SIDO EXTRAORDINARIO 



Steven Levitsky
Sean cuales sean los resultados, el desempeño del Frente Amplio ha sido extraordinario. Luego de 25 años en los márgenes políticos, la izquierda compite seriamente por la presidencia. Aun si pierde, el FA tendrá una bancada importante en el Congreso y una candidata fuerte para 2021. Son pasos importantes hacia la reconstrucción de una izquierda viable.
Aunque la derecha se vuelva histérica (otra vez), el fortalecimiento de la izquierda beneficia a la democracia. Una izquierda sólida mejora la calidad de la representación, fomenta el debate programático, reduce el espacio para el populismo, y da impulso a las políticas redistributivas necesarias para combatir a la desigualdad social. (Varias investigaciones muestran que la democracia es menos viable en un contexto de extrema desigualdad.)
El ascenso electoral de Verónika Mendoza ha sido espectacular. Subió de 1% a 20% en las encuestas sin muchos recursos, organización partidaria, o amigos en los medios. No tiene ni una fracción del financiamiento que tienen Keiko, PPK, y Alan.
Sin duda, Mendoza tuvo buena suerte. Su ascenso se debe, en parte, a la lamentable exclusión de Acuña y Guzmán (gracias a la cual la revista británica The Economist describe la elección peruana como una “farsa peligrosa”).

Pero el éxito de Mendoza no es pura casualidad. De hecho, hay tres lecciones de ese éxito que quiero resaltar. Primero, el espacio electoral se llena. Los que pensábamos hace un año que la elección terminaría siendo una competencia entre varios sabores de derecha nos equivocamos. Gran parte del electorado se quedaba sin representación. Muchos peruanos buscaban a un candidato más alejado del poder –alguien que no era del establishment limeño. Alguien como Acuña, Guzmán, o Mendoza.
Y existía un espacio en la izquierda. De hecho, una encuesta publicada en marzo por el Instituto de Opinión Pública de la PUCP sugiere que este espacio ha crecido desde 2011. Según la encuesta, el 40% del electorado quiere un gobierno que realice “cambios radicales” en la política económica, comparado con el 33% en 2011. Y una sólida mayoría (52%) cree que “Promover una mayor intervención del Estado es la única forma en que el Perú puede desarrollarse”, comparado con 42% en 2011. Solo el 36% de los encuestados cree que el mejor camino es “promover una economía privada de mercado”.
Existía entonces una brecha entre la oferta conservadora del trío Keiko-PPK-Alan y la demanda electoral. Gran parte del electorado buscaba a un candidato más estatista y más alejado del poder. No necesariamente Mendoza, pero la candidata del FA tenía el perfil correcto.
Una segunda lección del éxito de Mendoza es que la unidad de la izquierda no es necesaria. El mito de la unidad –basado en la experiencia de la IU en los 1980– se ha roto. El Frente Amplio nació como proyecto de unidad pero rápidamente dejó de serlo. La mayoría de las organizaciones de izquierda lo abandonaron. Ciudadanos por el Cambio, Fuerza Social, Partido Humanista Patria Roja, PC formaron UNETE por la Democracia, que naufragó y quedó marginado. Goyo Santos y Vladimir Cerrón no entraron al frente. Y muchas figuras progresistas, como Susana Villarán, Vladimiro Huaroc, César Villanueva, Susel Paredes, Rosa Mávila, Sergio Tejada, y Julio Arbizu quedaron afuera.
En el inicio de la campaña, entonces, el Frente Amplio ya se había reducido a un frente bastante estrecho. Casi todas las organizaciones y figuras de izquierda más conocidas estaban afuera del FA, y la izquierda en su conjunto estaba más fragmentada que nunca. Se perfilaban cinco candidaturas: Mendoza, Santos, Cerrón, Simon, y la de UNETE.
Y Mendoza despegó igual. Hoy, el grueso de la izquierda apoya a la candidata del FA, pero esa unidad es la consecuencia y no la causa del éxito de Mendoza.
El ascenso de Mendoza demuestra que la unidad importa poco. En una democracia presidencialista sin partidos, la que importa es la candidata. Y Verónika Mendoza ha sido una buena candidata.
Mendoza no arrancó bien. Carecía de experiencia. Hablaba a la militancia y no al electorado. Pero trabajó duro y aprendió rápido. Aprendió a defenderse bien en la televisión, muchas veces en un ambiente hostil. Enfrentó ataques disfrazados como entrevistas –jamás pidió su Víctor Andrés Ponce– y salió bien parada.
Mendoza viajó de manera incesante por todo el país. Y a diferencia de sus rivales, se veía cómoda hablando con peruanos de todo tipo. Escuchándolos. Tocándolos. Comiendo su comida. Mostraba más empatía con la gente y más interés en sus problemas que sus rivales. Gracias a ese trabajo (y un nocaut inolvidable a Aldo Mariátegui), pasó de ser una candidata desconocida a ser una candidata que generaba simpatía, sobre todo en los sectores pobres y rurales. (En la última encuesta publicada por GfK, Mendoza tenía mayor intención de voto que PPK y Barnechea juntos en los sectores D y E y en el sector rural).

Verónika Mendoza, mucho más que su partido o su programa, ha sido la fuente principal del éxito de la izquierda. Sin ella, el FA probablemente no hubiera superado la valla de 5%.
Una tercera lección del éxito de Mendoza es que la izquierda no tenía que moderarse mucho. Al principio de la campaña, muchos analistas –yo entre ellos– sugeríamos que la mejor manera de superar la valla y entrar al Congreso (porque nadie pensaba seriamente en la presidencia) era moderarse y buscar al voto de la clase media progresista, con un discurso centrado más en la anticorrupción que en el estatismo. Y marcar distancias con el autoritarismo venezolano. El FA no nos hizo caso. Mendoza mantuvo un discurso principista. Descartó una Hoja de Ruta. Y se negó –a toda costa– a utilizar palabras como “dictadura” o “preso político” en referencia a Venezuela. Aunque el programa del FA está (muy) lejos de ser “socialista” o “chavista”, es mucho más ecologista, estatista, y defensor de los derechos de las minorías que el ultraortodoxo Consenso de Lima que impera desde 1990.
Y Mendoza despegó igual. Una campaña principista tiene varios beneficios. Primero, genera militancia. Poca gente se dedica a trabajar día y noche por varios meses sin sueldo por una causa moderada y pragmática. Los militantes necesitan creer en algo. Los militantes del FA no solo buscan puestos. Creen en su proyecto. Y eso fortalece a su partido y su campaña. Segundo, al mantener su discurso principista Mendoza se ha diferenciado de los demás candidatos. En una sociedad donde la gente detesta a los políticos, por su corrupción, sus mentiras, sus traiciones ideológicas, y su transfuguismo, un discurso principista puede ser un activo. Mendoza es percibida como más auténtica. Nadie duda que ella cree lo que dice. ¿Se puede decir lo mismo de Keiko, PPK, Alan, o Toledo?
El FA apostó por un proyecto menos amplio y más ideológico que muchos esperábamos—y le salió bien. Las consecuencias de esta apuesta para una posible segunda vuelta (o para un posible gobierno frenteamplista) son temas para futuras columnas. Por ahora, el desempeño electoral del FA ha sido espectacular. Aun si pierde, ha convertido la izquierda peruana en una fuerza electoral viable por la primera vez en una generación. No es poca cosa.

http://larepublica.pe/impresa/opinion/758664-el-resurgimiento-de-la-izquierda

PERÚ: EL PAÍS DE LAS CASTAS RESPIRA TRANQUILO
Alejandro Lira
Finalmente, a pesar de la enorme ilusión desatada, de la generosa y valiente movilización de miles de jóvenes peruanos contra los poderes fácticos, sus medios y su tenebrosa campaña demonizadora, no se pudo.
A Verónika Mendoza, joven cuzqueña de 35 años y candidata del Frente Amplio de izquierda en Perú ─después de haber estado respirándole en la nuca al segundo en liza, Pedro Pablo Kuczynsky─, le faltaron los votos necesarios para entrar en lo que hubiera sido una final electoral de infarto en Perú: entre Keiko Fujimori, representante del neoliberalismo salvaje, y Mendoza, encarnando la tenaz resistencia popular a un modelo que consagra la depredación del medio ambiente; que ha corrompido todas las instituciones habidas en Perú; que garantiza la evasión y elusión tributaria para las grandes corporaciones; que lleva la desigualdad económica y social a niveles sólo comparables con la democracia de castas hindú; y donde la precariedad en salud, educación, transporte y trabajo, haría que los peruanos tomasen el modelo actual de austeridad europea como una vida propia para ricos.
La descripción anterior no es ciertamente la narrativa que abunda en las radios, televisiones y prensa escrita de Perú. Un solo grupo empresarial posee más del 85% de los medios de comunicación peruanos y, por consiguiente, el trozo del pastel publicitario respectivo. Y, lo más importante, la capacidad de difundir un relato sobre la realidad del país que coincida con sus propios intereses.
La sola posibilidad de que la izquierda cuestione electoralmente el modelo económico, ─intacto desde el golpe de Estado dado por Fujimori en 1992─, les hizo saltar todas las alarmas. La visita que el embajador estadounidense, Brian A. Nichols, le hiciera a Verónika Mendoza nueve días antes de las elecciones (un auténtico cambio de tornas en un país donde todos los candidatos a la Presidencia realizan intensos lobbies para conseguir una discreta audiencia con el embajador de EEUU en Perú, para garantizarle su mejor voluntad y sumisión en caso de salir electos) fue tomada como una señal de pánico. En efecto, Mendoza consiguió evidenciar en las encuestas tal crecimiento durante las últimas tres semanas que prácticamente, por lógica estadística, su pase a la segunda vuelta estaba casi asegurado.
Fue entonces cuando el Poder puso en funcionamiento su maquinaria mediática. Por aire, mar y tierra los peruanos fueron bombardeados con información que revelaba los oscuros nexos entre el fallecido Hugo Chávez y Mendoza: cómo ella había anotado en una agenda ajena palabras que confirmaban la financiación de la izquierda peruana con dinero venezolano; que no sólo era chavista sino también terruca (peruanismo por terrorista) y que su lista para el Congreso estaba conformada por simpatizantes del terrorismo, cuando no por auténticos terroristas; o que su padre tenía intereses en la minería informal. No faltó en esta orgía de acusaciones la incursión de la Santa Madre Iglesia, que a través de uno de sus más connotados pastores convocó los horrores del infierno anunciando que los católicos incurrirían en grave pecado en caso de votar por ella.
Fueron tres semanas de espanto y pesadilla para las élites en Perú, un conglomerado de castas asociadas a las grandes corporaciones, que tienen a su disposición los fondos de pensiones de los trabajadores peruanos para tapar sus agujeros financieros, sus caídas en Bolsa y para jugar a inversionistas del primer mundo. Según sus propios instrumentos de auto referencia, consultan con sus espejos contables y éstos les dicen que su Perú, salvo los dos últimos años, es el país que más ha crecido en América Latina durante la última década. Que la pobreza se ha reducido y en el horizonte surge una clase media emergente como lo era su mercado de materias primas.
En sus delirios anunciaban que muy pronto su país iba a llegar al primer mundo. Y en honor a la verdad, es lo único cierto que han conseguido. Desde el mes pasado la geografía de las castas peruanas limita por el cielo con Europa. No precisan de visado Schengen, sólo ganas de pasear, hacer turismo y gastar en Europa todo lo que ya se han aburrido de comprar en Perú.
A pesar de estos indicadores que señalan a un país magnifico, existe un país invisible, un narco y sombrío Estado donde convive la pobreza con la violencia, donde prima la ley de la selva. En los últimos diez años, dos de cada tres peruanos han sido víctimas de un hecho delictivo; sólo uno de cada tres ha denunciado el crimen. A pesar de la propaganda constante contra el Gobierno venezolano, la prensa peruana ha escondido que el país sufre la tasa de criminalidad más alta de Suramérica.
Por otro lado, ser pobre y caer enfermo en Perú y llegar a un hospital público, es caer directamente en la antesala de la muerte; en sus laberintos habitan médicos y enfermeras, pero no existen medicinas. Es una imagen habitual ver a los familiares convertidos en mendigos que en una mano tienen la receta y en la otra la esperanza de que alguien les ayude a comprar la salvación de su pariente.
Tenemos los peores resultados continentales en educación y el último proceso electoral ha sido una auténtica pasarela de la corrupción política. Salvo una minoría de candidatos, los propios aspirantes a la Presidencia en vez de currículo contaban con un abultado historial judicial, donde podía encontrarse de todo: asesinato, blanqueo de dinero, malversación de fondos públicos, plagio, violación, perjurio… En fin, todo un paseo por los capítulos del Código Penal.
Nadie parece haberse percatado de que el país con mayor índice de desigualdad económica del continente, tiene también el índice de mayor inseguridad ciudadana. Como si los excluidos del sistema, a su manera, llevaran adelante una redistribución de la riqueza, que ciertamente la entidad recaudadora peruana no tiene ninguna intención de hacer.
Conocidos los resultados de las elecciones, los voceros del modelo económico están exultantes: la derecha entre los dos finalistas con mayoría en el Congreso. La presencia de una minoritaria pero respetable representación de izquierda cumplirá con creces la función de legitimar su democracia.
Uno de los más insignes representantes de la Casta de América, el peruano Vargas Llosa, quien pedía para España un gobierno de la Gran Coalición entre el PSOE y PP, puede estar muy contento y tranquilo con los resultados de los comicios. La hija de quien lo venciera en las elecciones presidenciales de 1990, Alberto Fujimori, quien además llevó a la práctica el shock neoliberal propuesto por el escritor en su campaña, va primera. Segundo va un conocido suyo, Pablo Kuczynsky, ─la versión peruana del Gonzalo Sánches de Lozada boliviano─ banquero, lobista y exministro de economía, a quien hace poco los ‘papeles de Panamá’ han encontrado una carta de recomendación oficial suya (en calidad de ministro) para que un ex director del Banco Central de Reserva peruano pudiese registrar una compañía en el paraíso financiero panameño.
Dada la composición del nuevo Congreso, el resultado de la segunda vuelta electoral es irrelevante, la vigencia del statu quo está garantizada. En la mañana del lunes, después de la resaca victoriosa, los portavoces de la derecha se preguntaban: ¿podemos hacer algo en aquellas regiones donde la izquierda ha tenido presencia? Con obsequioso beneplácito anuncian que el próximo Gobierno debería distribuir gratuitamente pastillas con hierro para combatir la anemia y desnutrición infantil. Según ellos, la dieta en esas zonas está muy mal equilibrada. Salud, pues, para su Perú, tan generosos han quedado.
http://www.publico.es/opinion/pais-castas-respira-tranquilo.html
PERÚ: UNA VICTORIA PELIGROSA
Gustavo Espinoza M.
Rebelión


Ocurrió lo que se preveía. La derecha pudo cantar victoria luego de los comicios peruanos del 10 de abril. Aunque el proceso electoral registró irregularidades notables y se anotaron innegables muestras de fraude, la elección puesta en marcha concluyó con la victoria de Keiko Fujimori, con un 39.1% en la primera vuelta, contra un 24.2% de Pedro Pablo Kuczynski, y un 16.5% de Verónica Mendoza; de acuerdo a los estimados oficiales.

Que la Fujimori obtendría el primer lugar en la consulta, y que su paso a segunda vuelta era seguro, muy pocos lo ponían en duda. Era una posibilidad palpable, y una amenaza concreta que había que enfrentar a partir de una dura lucha ideológica y política y a través de una clara pedagogía de masas. Quizá si el porcentaje fue más alto de lo supuesto -debió bordear un máximo de 34%- pero los cinco puntos de diferencia bien pueden atribuirse a las cédulas marcadas con su signo, e introducidas ilegalmente en las ánforas antes del proceso dominguero; tal como se denunció en algunos lugares de votación en Chiclayo, e incluso en el Consulado del Perú en Roma.

El segundo lugar -y eso también era previsible- fue alcanzado por PPK, una versión peruana de Sánchez de Lozada, el pintoresco ex presidente boliviano radicado en USA luego de su destitución. El porcentaje que alcanzó fue mayor de lo originalmente supuesto porque se nutrió de la migración de electores que no aceptaban a Keiko, pero tampoco se animaban a votar por “la izquierda”.

Verónica Mendoza, quien representó más calificadamente este espectro electoral, descendió ligeramente en los estimados iniciales, alcanzando algo más del 16%. Logró, sin embargo, una significativa victoria en 7 regiones del sur andino y una relativamente alta votación en Arequipa y en el oriente peruano. En Cajamarca, en solitario, se impuso Gregorio Santos, el encarcelado líder regional que registraba inmensas limitaciones para desplegar su campaña por falta de libertad y de recursos. Su victoria local, y los casi 4 puntos que alcanzara su candidatura presidencial, reflejan un nivel de aceptación que no puede ser subestimado.

¿Cómo explicar ocurrido? En primer lugar al hecho que durante cinco años, contando con ingentes recursos económicos, Keiko Fujimori recorrió el país construyendo su imagen, levantando su estructura partidista y reclutando adeptos en uno y otro confín, sin que nadie la enfrentara. Un sector de la Izquierda, en todos esos años, bajó la guardia respecto a ella y no la combatió ni denunció como la expresión de la Mafia más corrupta y asesina que envileciera la vida nacional. Concentró sus fuegos contra el Presidente Humala, achacándole a él todos los males.

Ningún deslinde político ni ideológico se hizo en Lima. Ni en el norte y centro del país. Por el contrario, se la dejó correr sola, suelta en pampa y con sus talegas llenas. He ahí el resultado.

Abandonado el campo de la discusión política, se dejó la lucha a la voluntad de masas aisladas y sin recursos, que debieron enfrentar los retos del momento en las más precarias condiciones. Pero lo hicieron con honor. De ese modo, allí caló la denuncia contra la Mafia, y ella se proyectó hacia una fuerte votación por Verónica y Santos. Donde hubo luchas -en Tintaya, Tia Marìa o Conga- las masas supieron distinguir, y derrotar la campaña del keikismo.

Sólo en la recta final el país pareció tomar conciencia del peligro que acechaba. Y eso explica la inmensa movilización humana del 5 de abril, y el que ella se replicara en casi todas las capitales del interior del país. El deslinde, sin embargo, fue episódico e insuficiente. No debió ser materia de un día de entusiasmo, sino la expresión de una campaña intensa, cotidiana, de años de lucha en todos los terrenos. Esa fue una tarea que no se cumplió.

La falta de unidad de los sectores democráticos fue el segundo gran factor. No se trataba solo de forjar “la unidad de la izquierda” –que era importante- sino de construir la más amplia unidad del pueblo para enfrenar a la Mafia y batirla. Eso pasaba por ganar a todos los que pudieran venirse a nuestras filas y neutralizar a las “fuerzas intermedias” para que no jueguen sus propias cartas. Eso tampoco se hizo. Ni se logró unir a todos, ni se pudo neutralizar a nadie.

Hay que rescatar, sin embargo, la campaña de Verónica Mendoza. Nació de la nada y creció con ínfimos recursos. Ganó voluntades y llegó a muchos. Tuvo un discurso democrático y más bien progresista. Y se proyecta, a partir de lo vivido, como una fuerza significativa y en ascenso. Y tendrá una representación parlamentaria que, aunque pequeña, luce cohesionada y combativa. Bien puede ser la base de una recuperación futura, a condición que supere el entrampamiento, el sectarismo y los prejuicios que la maniataron.

Una expresión lamentable de la campaña fue el hecho que, en buena parte de ella, las distintas fuerzas -convencidas como estaban que la Fujimori ganaría la primera vuelta- se empeñaron no en derrotarla, sino en ocupar el segundo lugar para enfrentarla en la ronda de junio. Así, en lugar de hacer causa común en la lucha contra la Mafia, se mordieron entre ellos y se descalificaron mutuamente. ¿El pago? Todos bajaron su potencialidad electoral y el Keikismo alcanzó absoluta mayoría: 65 de 130 congresistas en la Cámara Unica.

Con esa proporción -independientemente incluso del balotagge de junio- la Mafia Fujimorista resurge y recupera casi todo su Poder. Y constituye la amenaza más grande y peligrosa que se cierne sobre el país.

Y aquí hay un tercer factor. ¿Cómo se explica que una fuerza que en el nivel parlamentario alcanzara solo un tercio de los votos, tenga la mitad más uno de los congresistas? Sólo por los mecanismos fraudulentos que regularon el proceso electoral. ¿Una prueba? En Cajamarca, el Partido de Santos obtuvo el 40% de los votos a nivel congresal. Ganó a todos. Y tendría derecho a 4 de 6 parlamentarios de la región. Pero como ese Partido a nivel nacional no “pasó la valla” -es decir, obtuvo menos del 5% de los votos- no tendrá ningún congresista y los 4, serán adjudicados a Keiko. Ella se beneficiará, también, con los votos “nulos y blancos” al ser estos considerados “válidamente emitidos”. Se repartirán, entonces, proporcionalmente, entre todos. Los de mayor votación, tendrán más. Keiko a la orden.

Este tema del “mínimo legal” -5%- fue usado también como una trampa. Originalmente se situó en el 7% de los votos. Y se mantuvo como exigencia hasta que quedó claro que García no llegaría a él. Entonces, se bajó a 5. García llegó al 5.6%, y alcanzo 6 parlamentarios.

¿Cuáles serán las consecuencias de lo ocurrido? Está claro que esta elección no es sólo una pérdida para el Perú. Es también una derrota para el proceso emancipador latinoamericano. Incluso la política exterior peruana tendrá un rumbo antibolivariano y servirá para enfrentar al movimiento anti imperialista de nuestro continente. Eso constituirá, objetivamente, un retroceso a lo actuado por el Perú en el escenario exterior en el último quinquenio.

La segunda ronda -el 5 de junio- se definirá entre dos opciones malas. Una –la de PPK- objetivamente pro yanqui en todos sus extremos. Y la otra, una Mafia que haría del Perú un país ingobernable. ¿Por quién votar? Bien podría decirse que no hay alternativa. Por eso, no se necesitará que nadie lo diga, lo disponga, o acuerde, o lo ordene. Cada ciudadano sufragará en su momento determinando, a su juicio, cuál es el enemigo peor que debe ser vencido.



NI FUJIMORI NI KUCZYNSKI, EL PUEBLO YA PERDIÓ LAS ELECCIONES !
VLADIMIR CERRÓN
En un mar de fraudes se realizó el proceso electoral general 2016 para elegir al presidente de la República los próximos cinco años. Ahora bien, esto no es un proceso atípico en el país, pues nunca el sistema convocó a elecciones sin tener previsto un ganador. La Ley de Partido Políticos trajo como consecuencia la hegemonía de determinados grupos de poder, elevando la valla electoral nacional al 5%, nivel que solamente las grandes maquinarias políticas, financiadas por el gran poder económico empresarial, puedan sobrepasarla. Pues así exista un partido muy representativo en alguna región y tenga gran arraigo en la misma, pero que no haya sobrepasado la valla, simplemente no es reconocido como autoridad por el JNE. El JNE aplicó la ley asimétricamente, excluyó a algunos con la nueva ley y a otros no, aplicó la modificatoria de la ley para algunas cosas pero no para otras, siendo el principal favorecido el Apra que no debió pasar la valla electoral y desparecer del mapa político. El JNE debió excluir a Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski (PPK) por el mismo delito que retiró a César Acuña aplicándole la nueva ley, pero no lo hizo. El resultado es catastrófico tenemos a dos derechistas como principales candidatos y lo peor de todo es que ambos son descendientes extranjeros, uno japonés y el otro alemán nacionalizado norteamericano. PPK sigue siendo tan norteamericano como antes, jamás renunció a su nacionalidad, sin dudas entregará el país más aún de lo que está, asomándose un fuerte coloniaje económico, social y cultural norteamericano. A Fujimori por línea paterna y materna tiene derecho a la nacionalidad japonesa por el padre y norteamericana por el esposo. Habría que hacer una pregunta, ¿Es tan bueno el sistema neoliberal que el pueblo apoya a sus dos candidatos o es tanto el nivel de embrutecimiento político del pueblo como dice Hildebrandt? Yo apuesto por lo segundo, pero no como un fenómeno espontáneo, sino finamente planificado por la derecha nacional y foránea. Estos son resultados de la televisión basura, la amputación de los cursos de humanidades en colegios y universidades, la concentración de medios por parte de El Comercio, la claudicación de La República que dejó de ser el vocero de izquierda cuando Mohme Llona, entre otros. Todo esto ha contribuido a que tengamos nuevas generaciones con mayoritario componente acéfalo del criterio político. Entre PPK y Fujimori, el pueblo ha perdido las elecciones hace rato. Definitivamente ninguno garantiza cambio en favor de las mayorías peruanas, sino en beneficio del reducido grupo oligarca que sigue gobernando el país. Así gane PPK no habrá contrabalance político a favor del pueblo, sino un contrabalance dentro de la propia derecha para no morderse entre ellos. Al pueblo solo le queda continuar con la lucha, pero con mayor estrategia, audacia y realismo.

KEIKO, PPK, EL TPP Y EL NARCOESTADO – UNA CRÍTICA A LA IZQUIERDA
¿Qué intereses tan fuertes se están moviendo detrás de estas elecciones para imponernos estos resultados electorales fraudulentos?
En política no hay coincidencias ni nada es gratis. Ollanta (2006) con polo rojo se pintó de radical. El 2011 con polo blanco ganó las elecciones y metió el cuentazo “debo gobernar para todos los peruanos” (esa verdad de Perogrullo escondía su traición CONFIEP-base de la Derecha en Perú). Su infantil cuento costó muchas vidas, heridos y explosión social al límite.
Siendo Cajamarca la punta de lanza de la dignidad peruana se unió y paró en algo la traición. De esa resistencia nació la fuerza de dos actores Goyo (Pdte. Regional) y el cura Arana (creador de ONG Grufides). Hubo visos de unión entre ambos, pero infructuosos. A Goyo le impusieron una injusta prisión preventiva y a Arana lo trampearon con “lentejas”.
Con Goyo anulado, y estando ya Verónica Mendoza en la arena, empezaron, a la candidata, a motejarla de proterrorista y acusarla de ser la carta del Gobierno. Dos puntos sensibles en la actual coyuntura. Parece que la persistencia del ataque mediático (meses y a diario) contra Nadine tenía otro objetivo: Verónica. (No defiendo a Nadine, es culpable de —por lo menos— traición y frivolidad).
Alucinantemente el JNE validó la candidatura de Keiko Fujimori que había roto las leyes electorales y de la moral (que debe ser ley para los políticos). Así llegamos al 10 de abril con varias denuncias de fraude en la votación sin lograr tener resonancia en los grandes medios.
Y otra vez estamos en el ideal panorama electoral del grupo de poder económico de Perú, no de la justicia ni la de la verdad.
La posición del Frente Amplio, post 10 de abril, emocionada —y con razón— por su triunfo posicionándose en el marco político, parece tener demasiada alegría mezclada con resignación frente a la realidad de los tiempos venideros. Nadie quiere una guerra civil ni lucha armada, pero eso, estando el tablero como está, es una posibilidad.
Teniendo un congreso con 20 representantes del FA y el resto (120) que está de acuerdo con el libre mercado, con las inversiones privadas como están (algunos pocos, menos radicales, proponiendo algunos maquillajes) y lo que es peor, con el origen de los graves conflictos sociales: la Constitución neoliberal fujimorista.
¿Qué posibilidad de poner agendas progresistas existen? ¿Con la bancada fujimorista de 71 votos o sea con la ‘mayoría absoluta’? Sin embargo, sabemos que sí se pueden agendar, pero con la fuerza de las calles. ¿Significa a sangre y fuego?
Antes recuerden, Perú está lleno de conflictos sociales, sobre todo socioambientales y que, para los candidatos de la 2da vuelta, los ciudadanos son de segunda categoría: una los utiliza como una simple mercancía comprando sus votos y para el otro, los andinos, son tontos porque la altura impide que les llegue oxígeno al cerebro y, por lo mismo, les regala chelita, cañita y coquita sin atacar los problemas de fondo. Con esos pensamientos fascistas ¿cómo creen que ellos resolverán los conflictos sociales de Perú?
¿Cuántos muertos tendrán que haber? Para la Derecha esto no es problema con tal de cumplir sus objetivos comerciales, ejemplos hay de sobra, pero para contextualizar diré dos: mano derecha de Keiko ‘Pistolita Chlimper’ prototipo pistolero portuario o la de PPK la ‘miss Baguazo Araoz’.
No obstante, para la Izquierda este escenario debería ser inaceptable. Si ya no es época de tomar el fusil y es la electorera ¿por qué no lo hicieron bien? Si la ley se cumplía para todos por igual, Keiko y PPK debieron ser retirados de la contienda. ¿Por qué no se mantuvieron firmes rechazando el evidente auto-fraude del JNE?
¿Qué cálculos del FA y demás postulantes permitieron ponernos en esta situación (“PPK es Keiko Fujimori”- Marisa Glave)? ¿Un solo muerto lo valdrá? ¿O los que cargan en sus hombros el fujimorismo no importan para premiarlos dándoles el poder otra vez? ¿Quién o qué falló en las izquierdas para evitar —la única solución posible pre elección— su fusión de éstas? El pueblo elige, es verdad, pero hubo errores visibles en las izquierdas. La gente que apoyó y cree en Verónica o Arana o Goyo o Cerrón ¿se merece a Keiko o PPK de presidente?
El futuro cercano se agrava con el mentado TPP (conocido ahora como TPPKEIKO) que está en camino de aplicarse en Perú. Es un acuerdo comercial firmado por Ollanta que subyace el dominio total de las transnacionales contra las poblaciones.
Por ejemplo, escuché en radio que ayer hubo un evento contra el tabaquismo, terrible enfermedad que mata cada día a 44 personas: (sin el TPP) aún no hay solución para evitar esta adicción. (Con el TPP) no solo no podríamos ni intentar, como particulares o como Estado, hacer algo contra ella, sino que —de intentarlo— seríamos pasibles a una demanda millonaria internacional. El TPP blindaría a la tabacalera a ‘nivel constitucional’. La tabacalera es solo un ejemplo, en realidad los puntos más sensibles serían Medicina, Soberanía, Informática y Semillas.
Obviamente Keiko y PPK aprueban el TPP, para ellos es la ‘carnecita’ de su visión neoliberal.
Por otro lado, estamos en camino de convertirnos en un narcoestado gracias a las políticas hermanas de derecha y por su ausencia de Estado crónico, sobre todo en el Perú profundo ¿Alguien tiene duda que el narcotráfico está metido en la política peruana y por ende en las decisiones más importantes? Con el fujimorismo y su aliado natural, el aprismo, expertos en las relaciones con el ‘oro blanco’, este tema tiende a ponerse color de hormiga.
Frente a este panorama, ante el simple riesgo de concretarse, lo más justo según yo, sería anular a Keiko y a PPK. Sé que van a decir que no se puede, pero la Constitución lo justifica en su primer y más importante artículo: “La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”. Y estas candidaturas atentan (en pasado y programas actuales) directamente contra él.
El FA y las demás izquierdas, en vez de entramparse en festejos o resentimientos podrían apoyar esta sed de justicia. O de lo contrario, deberían limar asperezas y formar un real bloque unitario, urgente, para enfrentar los peligrosos tiempos que se nos vienen.
Las elecciones son un juego de millones de $. No son democráticas, son para los ricos. Esta elecciones 2016 lo comprueban, no debemos aceptarlo. Así no juega o no debería jugar Perú.
Publicado por Juan Soria