EL TERREMOTO CONVIRTIÓ EN DANTESCO ESCOMBRO A MANABÍ, ESMERALDAS… LA COSTA ECUATORIANA 



¿QUE DESPUÉS DE TANTA MUERTE? 



Alexis Ponce
I
¿Qué, después de tanta muerte? ¿Qué, luego de ver estas mis ciudades, con tantos edificios derrumbados, llenas de polvo y luto calles enteras, que hasta parecían ciudades de mi Palestina, o Libia, de Irak o Siria, después de cada bombardeo?
¿Qué decir, "ahora que la muerte se ha llevado el último jirón de tu vestido"? ¿Qué puede decir la vida, después de mirar, y no olvidar, las numerosas muertas manos de tantas madres muertas, entre los escombros los restos de sus nombres, el último alarido sin que Dios escuche, intentando sostener las manitas de sus hijos, intentando empujarlos a la vida, ellos muertos también, última imagen que las cámaras develan ahora, debajo del dantesco escombro en que se convirtieron Pedernales, Portoviejo, Manta, la Costa ecuatoriana, el pequeño país de mi Tahís?
¿Qué decir puede ya la vida, tras mirar esta otra imagen: la de un papá, vuelto estatua fallecida de polvo y mucha piedra, con sus dos brazos aniquilados, no vencidos, escultura de carne y humo, en su gesto final intentando abrazar a su hija adolescente, ella igual de muerta, con vestido rojo vestidita, como si fuese la versión manabita de la niña de 'la Lista de Schindler', brazos lánguidos, extintos, hacia abajo, sin poderle responder al padre que intentaba abrazarla para salvarla, para juntos salir cogidos de los brazos a la superficie?
Después del terremoto que sacudió al Ecuador entero, y que según el cable internacional habría sido veinte veces más potente que el del Japón; después de que la cifra aumenta cada día, la de muertos, de muertes, de vidas yertas, de desapariciones... ¿qué?, ¿qué más?, ¿qué más viene? ¿qué decirles?
Que la vida continúa. Que esta liga contra el cáncer de seno es la liga contra la muerte, o mejor aún: la liga de la vida por la vida. Que la esperanza, pequeña como una lucecita, se hace grande cuando se la alcanza a mirar, a lo lejos, desde bien abajo, desde el fondo de la tierra mirando para arriba, desde abajo del escombro, diciéndonos: "Ya vienen por mí, ya me sacan, ya dieron conmigo, ya viví..".
II
La orden oficial se entiende, la entiendo, la entendemos, especialmente los montones interminables de pacientes o familiares agolpados este mediodía en el piso 1 del H-CAM, ahí solidariamente esperanzados con los heridos de Manabí, Guayas o Esmeraldas que están por llegar. El momento es de grave conmoción nacional: "Cero cirugías ya planificadas, en todos los hospitales del H-CAM a nivel nacional" fue la noticia dada ayer.

Hoy el médico me confirma, a las 12 del día, al contarle que llego por la morfina para Nelly, mirándome con tristeza lejana: "La orden incluye biopsias y operaciones oncológicas". Y cuando ya estoy abajo, en Farmacia, con la gente agolpada a punto de devastar la enorme sala de espera, peleando un turno, esperando una medicina, me queda viendo una mujer, una señora mayor, con los ojos más llenos de bondad en el mundo: "¿Usted es el señor de Información?". Viéndola, decido hacerme pasar -por este mal de la ternura que llevo dentro- por 'el señor de Información' que se habrá ido a almorzar "dejando botado el kiosko" (y uno necesitando aunque sea ese puesto).
Me siento ahí y les atiendo. Les digo a todos los que a punto están de pelearse de tanta espera que desespera: "Recuerden que la prioridad son nuestros hermanos de la Costa, están por llegar". Asienten decenas de cabecitas. "Señor, ¿dónde es Atención al Cliente?". No es al cliente, señora, clientes hay en los supermaxis, nosotros somos pacientes o familiares de pacientes. Suba un piso, a mano derecha, como quien va a la puerta de salida de Consulta Externa, ahí lea en una puerta pequeña "Atención al cliente, o al usuario, o a quien sea". Entre, pregunte por la licenciada Maria Augusta Lara, ella es la directora. "Señor, ¿dónde pido esta medicina, me dieron este papelito". Haga fila mija, justo ahí atrasito suyo, enseñe la cédula y si es paciente oncológica (significa: con cáncer), les dice nomás, y durito alzando la voz, porque en ventanilla algunitos no saben que los pacientes oncológicos son prioridad, aunque haya guerra, bombardeo o terremoto. "¿Sabe dónde toman muestras de sangre?". Arriba, suba un piso, a mano izquierda, todo recto hasta la mitad. Se acerca a ventanilla y abre la boca. "¿Dónde hacen los TAC?" Suba, vaya al fondo, pregunte por el licenciado Jorge Hidalgo y le dice que no le grite, porque es gritón y eso es maltrato al paciente, y le remata diciendo que va de parte de los derechos humanos. Así igualito como le digo...
Hasta que en la ventanilla del fondo dicen: Nelly Valbuena Bedoyaaaa" (¡Ella soy yo!, respondo, riéndome, y abren los ojazos las señoras a las que atendí de voluntario). "No le puedo entregar la medicina, falta un sello", me dice el ventanillero. Pero eso fue error del área oncológica, no mío, le respondo. "Sí, pero no le puedo dar". Mire señor, he estado más de una hora aquí, mi mujer no puede venir porque está agotada ahí afuerita y no puede esperarme más tiempo en el solazo porque el sol la mata, y debo ir a recibir a mi hija, llega en media hora y vivimos muy lejos y ella es una niña con discapacidad severa que no puede bajarse del bus ni cruzar la calle solita. Así que yo de aquí no me muevo hasta que no me traiga el medicamento de mi mujer'. Y cuando va a decir "tiene razón, pero va preso", una mujer, nunca la he visto, sale de algún lado y se le acerca bravísima -y lindísima- y le dice al pedazo de manganzón: "Es una paciente oncológica: aprenda lo que es pri-o-ri-dad". Y entonces el señor no tiene otra opción que darme la medicina.
III
... Ya Nelly duerme, tras la fatiga diariamente eterna de cada tarde y noche. Ya Tahís duerme, tras la incesante tos dejada por la bronco-neumonía. Recuerdo, de pronto, la luz, pequeñita, leve, que alguien en estos precisos instantes, estará mirando desde abajo, desde el fondo de los escombros, allá arriba, aquí tan cerca.
Salvemos, pronto, a ese 'alguien', ya la veo mejor, es una niña, desde abajo mira esta luz; quizás es una niña manabita, esmeraldeña o guayaquileña. Y se llama Esperanza.
UNIDAD, SOLIDARIDAD, ACCIÓN Y OPTIMISMO.
Alfonso Monsalve Ramírez
alfonsomonsalve.personal@gmail.com

Es admirable la actitud del pueblo ecuatoriano, de todos los niveles, frente a la tragedia, sin calificativos capaces de describirla, del terremoto de Manabí.
Ejemplar el comportamiento de todas las personas que vemos y escuchamos en todos los medios de comunicación, tratando cada una de hacer algo, lo que esté en sus posibilidades para salvar una vida aquí, remover un obstáculo allá, buscando agua o alimentos o auxilios, averiguando qué se necesita y explorando una solución.
Es la más grande lección de solidaridad y unidad que hemos presenciado en mucho tiempo.
Lo que está sucediendo no tiene color político ni ideológico, como no sea el de la fraternidad humana en sus más puras manifestaciones.
Es sólo el comienzo de una larga y pesada tarea histórica que no puede enfrentarse sino en esos mismos términos.
Hay que decirlo: el manejo firme, sereno y prudente de la información dio la pauta para todo lo demás. Y ruego no teñir con ningún tinte político ninguna de las palabras aquí escritas. Es sabido que, ante situaciones extremas, la guerra, los cataclismos, las grandes desgracias colectivas en general, lo primero que debe controlarse es la información. Así se ha hecho y no cabe otra apreciación.
Han asomado voces aisladas intentando aprovechar el explicable caos y desconcierto iniciales para figurar a costa de sembrar cizañas y atizar sentimientos hipersensibilizados. Es urgente decir no a estas acciones.
Cabe trazar un esquema de conductas para todo lo que tenga que ver con esta inmensa tragedia. Una especie de pacto patriótico para preservar todo lo relacionado con este magno dolor colectivo, en todos los frentes y desde todas las visiones. Comenzando por la comunicación pero ampliándolo al análisis y manejo de cada problema. Todo lo relacionado con el desastre del terremoto de Manabí aislémoslo de toda interpretación intencionada y de toda acción confrontacional.
El mundo ya ha dado muestras de admiración hacia la nación ecuatoriana, hacia todos sus estamentos, por la forma ejemplar, unitaria, solidaria de enfrentar este desastre.
Tal vez podría irse más allá: lo que se viene para la restauración y reconstrucción de lo arrasado por la tragedia es de dimensiones incalculables. En lo individual, en lo colectivo, en la salud física y emocional de todos los afectados, en lo económico, en lo material, en lo urbano, en lo vial, en lo nacional y en lo local.
Podría pensarse en la conformación de una unidad con plena autonomía, conformada por delegaciones del Estado, de la sociedad civil, de las empresas, universidades, hospitales, medios de transporte y de comunicación privados y públicos, para la conducción de todo lo relacionado con el terremoto.
Releguemos a otros terrenos nuestras diferencias, nuestras divisiones, nuestros enfrentamientos.
Preservemos lo que nos impone esta tragedia con los principios que espontáneamente han brillado hasta este momento: unidad, solidaridad, fraternidad, firmeza y optimismo.
¡Sí se puede, ecuatorianos!


RECONOCIMIENTO PÚBLICO A LOS PERIODISTAS ECUATORIANOS
En estos momentos de profundo dolor nacional queremos reconocer el trabajo que han realizado decenas de trabajadores/as de la comunicación y del periodismo.
Ellos han posibilitado que conozcamos a través de los medios de comunicación las más intensas imágenes y descripciones de las personas en situaciones de dolor, y de miles de casas, edificios, calles y carreteras destruidas por el terremoto del sábado 16 de abril de 2016, en el marco de sus contextos y realidades.
Con toda justicia se ha reconocido el enorme esfuerzo de rescatistas, militares, funcionarios públicos y miles de hombres y mujeres anónimos que trabajaron hasta el cansancio tratando de salvar vidas y bienes.
Ahora el Colegio de Periodistas de Pichincha, CPP, expresa su homenaje a los colegas periodistas y comunicadores que se dirigieron en cuanto les fue posible hasta el lugar de los acontecimientos y allí permanecieron durante varios días transmitiendo a los ecuatorianos y al mundo los pormenores de esta tragedia nacional en medio de calores intensos, haciendo milagros técnicos de todo tipo, enfrentando incomodidades de todo tipo, codeándose con los olores de la muerte, sin negar su dolor o su miedo, y conteniendo sus lágrimas, minimizando al máximo sus sentimientos , trabajaron con ahínco, pues como decía el eximio periodista polaco, Ryzsard Kapuscinsky: “Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino”.
Si bien su trabajo cotidiano les lleva permanentemente a laborar en situaciones de incomodidad o riesgo, ha sido esta cobertura un extraordinario reto de valentía, fortaleza y profesionalismo, que en gran medida ayudó a levantar este ya legendario y masivo apoyo nacional. Además de las dificultades físicas los periodistas han debido afrontar los riesgos de amenazas legales, de censura, hostigamiento y dificultad de acceso a las fuentes. En el momento más alto del trabajo el periodista profesional se esmera en respetar el Código de Ética, dejar de lado la frivolidad, respetar a las fuentes de la información y cuidar como tesoro su reputación y su credibilidad.
Reconocemos igualmente la enorme labor de centenares de profesionales y demás técnicos que en las redacciones, cabinas, cámaras, luces, transporte o actividades de apoyo logístico hacen posible que los habitantes del Ecuador podamos conocer los hechos relacionados a esta triste historia en el mismo sitio de los acontecimientos y muchas veces en tiempo real.
Reconocemos también el esfuerzo solidario de sus familias que han debido cooperar para que el periodista trabaje largas jornadas en distantes lugares.
Es menester que hagamos público este reconocimiento al tesonero laborar de los/las periodistas porque la sociedad reclama enaltecer a sus héroes que a través de narrar historias, enviar sus imágenes o palabras, manejar las más altas tecnologías digitales, nos hacen conocer el intenso dolor que sufren nuestros hermanos en las zonas castigadas por la naturaleza. No cabe duda que el gran espíritu nacional de reconstrucción física y espiritual que el Ecuador emprende desde hoy, se deberá también al trabajo de los comunicadores sociales de todo el país.

Marco Villarruel Acosta
PRESIDENTE DEL COLEGIO DE PERIODISTAS DE PICHINCHA
OPINIÓN
14% DE IVA: UN PAQUETAZO EN MEDIO DE LA TRAGEDIA
Por: Fausto Giraldo
giraldofaustorodrigo@hotmail.com
Periódico OPCIÖN

Inadmisible, por decirlo menos, semejante iniciativa económica para asignar presupuesto a los requerimientos y necesidades que han surgido con la tragedia provocada por el terremoto, que principalmente afectó a los habitantes de Manabí y Esmeraldas.

Reprochable desde todo punto de vista el incremento del IVA del 12 al 14% por parte de este gobierno, que navega hoy sin rumbo y hunde aún más con esta medida, en la más paupérrima pobreza a los pobres del Ecuador, valga la redundancia.
Respóndase usted: ¿quién adquiere los productos y servicios gravados con este impuesto?, ¿quién paga este impuesto?, pues el pueblo trabajador, que hoy verá reducido aún más sus ingresos económicos y el bajo poder adquisitivo de sus salarios.
Ejemplifiquemos mejor el asunto: un trabajador común debe pagar por el costo de un par de zapatos, el detergente de ropa, un vestido, telefonía, energía eléctrica, etc. el 12% más del precio original, por Impuesto al Valor Agregado; ahora, con la decisión del Presidente, "solidario" con dinero ajeno, se aumenta el 2% adicional a ese impuesto; es decir, un producto que cueste 10 dólares pagaba hasta ayer 1,20 dólares de IVA, osea en total cancelaba: 11,20 dólares, con el incremento pagaremos 11,40 dólares; es decir, por cada diez dólares se incrementan 20 centavos más.

Usted dirá que apenas son 20 centavos y el discurso del "reyecito" será que debemos ser solidarios y no hay que oponerse a tan creativa solución. Pero frente a los bajos ingresos, el aumento de este impuesto afectará a los consumidores, incluso a los damnificados del terremoto. Los empresarios no pagan el IVA, ellos trasladan su valor a los compradores, los empresarios lo único que son es recaudadores, el dinero pasa a rentas internas y de allí vaya usted a saber, pues el ciudadano común estará obligado a, mensualmente, pagar como impuesto de sus 360 dólares de sueldo 50,40 dólares, con los que podría adquirir muchos productos para vivir.
¿Acaso no era mejor bajar los sueldos de los asambleístas, jueces, consejeros de Participación y electorales; Presidente, ministros, subsecretarios y asesores durante el tiempo que les hace falta terminar su función e irse a su casa?

Sería mejor que ya no se hagan las sabatinas y que los millones de dólares que se gastan en tanta publicidad y logística se destinen para los damnificados.También es bueno suprimir la Secretaria del Buen Vivir, y el excelente vivir de los funcionarios del régimen, porque lo hacen con dinero del pueblo y sus impuestos.

También deben vender aviones presidenciales, los canales incautados, aumentar el porcentaje de aporte al Estado de las grandes empresas telefónicas, pero de sus utilidades, sin tocar las utilidades de los trabajadores; que venda los bienes ociosos del Estado, que elimine los "ociosos" ministerios y, es más, que los "nuevos ricos" devuelvan la plata.

Cuántos corruptos andan libres haciendo sus negocios con "papers" en paraísos fiscales y otros cuántos evasores de impuestos, a los que por años no se les ha cobrado y confiscado sus bienes mal habidos.

Pero es que no se trata solo del hecho de que subirán los costos de los productos, esta es una medida recesiva de la producción, ya que si suben los precios la gente compra menos o no compra, y si se reduce la venta las fábricas cierran sus negocios o reducen personal y por tanto se genera el desempleo y empobrece por otro lado a más número de habitantes.
Qué vergüenza para el régimen, aprovechar de la tragedia nacional, de la sensibilidad y solidaridad, de momentos de consternación y angustia para aplicar un paquetazo económico con el aumento del impuesto que lo pagamos todos, como dije incluidos los damnificados.
La conciencia de nuestro pueblo hará que sólo con la Unidad podamos, más temprano que tarde, acabar con la apropiación de nuestro trabajo y conducirnos a la conquista de días mejores.

RESURGIR
Rodrigo Santillán Peralbo
DIARIO LA HORA

Ha sido un terremoto devastador que produjo centenares de muertos, miles de heridos y destrucción total en varios sectores de Manabí, Esmeraldas y afectaciones menores en Guayas, Los Ríos, Santo Domingo. Las lágrimas no restañan las heridas, el dolor de perder seres queridos y casas perdurará quizá toda la vida, pero desde el fondo de los escombros y profundas tristezas, el pueblo resurgirá por propia decisión y quizá con la ayuda generosa de todo el pueblo, del Gobierno y la asistencia internacional.

Nada será fácil, pero los ecuatorianos, en el trajinar de la historia, han demostrado coraje, valentía y decisión. La gente del pueblo no huye. Se levanta, alza los puños en suprema rebeldía y camina con la mirada puesta en el mañana. Esa es la virtud de los sectores populares que saben de abandonos y sufrimientos sin fin.

Nuevos impuestos se crearían con la Ley de Contribución Solidaria con las Víctimas del Terremoto: alza del IVA en 2 puntos porcentuales, cobro del 3% de utilidades de las empresas, 0.9 % del patrimonio de más de un millón de dólares, un día de sueldo a ingresos mayores de mil dólares, venta de activos del Estado. Cualquier sacrificio nunca será suficiente. Se espera que la recaudación genere entre 600 millones y mil millones de dólares.

El presidente Correa dijo que se vendería el Banco Pacífico y ojalá todos los bienes incautados, incluidos medios de comunicación. El ahorro es vital, con excepción del empleo. Se deberían ampliar las fuentes de trabajo e incentivar la producción y producción, procurar la inversión extrajera.

Se habla de crear un fideicomiso para administrar los fondos destinados a los damnificados. Es de esperar que sea con total honradez. No hay lugar para pillos y corruptos. Todo para los damnificados, debería ser un objetivo sagrado.