EL PUEBLO CUBANO NUNCA HA ABRIGADO SENTIMIENTOS DE ANIMOSIDAD HACIA EL PUEBLO ESTADOUNIDENSE, DIJO RAÚL CASTRO 



LAS V ISITAS DE OBAMA A CUBA Y ARGENTINA 



Rodrigo Santillán Peralbo
Algunos creen que las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, y la visita de Estado de Obama, significan el principio del fin de la Revolución, del socialismo, del comunismo. Hay quienes piensan que el socialismo es un fracaso y otros creen que mañana volverán al capitalismo y la democracia al estilo estadounidense. A propósito manipulan verdades, u olvidan que Cuba y su Revolución son y serán ejemplo de dignidad, valor y heroísmo del pueblo que no se rindió jamás, ante ninguna agresión imperial.
Hablan de democracia, libertades, derechos humanos y se olvidan que Estados Unidos ha usado esos valores irrenunciables y que, con el pretexto de defenderlos, los ha aniquilado al pisotear derechos, ejecutar seres humanos, propiciar desaparición forzada de personas, encarcelar ilegalmente y torturar a millones de personas a lo largo y ancho del planeta.
Lincoln dijo que la democracia es el gobierno del pueblo, para el pueblo, pero los anglosajones que se consideran la “raza superior” para cumplir con el “destino manifiesto y gobernar al mundo”, dijeron que la democracia es de los ricos y para los ricos. Derechos, libertades son de ellos y para ellos.
Raúl Castro y su pueblo han sido claros en advertir que harán respetar la soberanía de Cuba y su derecho a la autodeterminación. Cuba nunca volverá a ser colonia estadounidense, y no se normalizarán las relaciones en tanto Estados Unidos mantenga el bloqueo genocida y Guantánamo.
Obama también fue a Argentina y se reunió con Macri y su derecha, para ofrecerle apoyo total. Acudió al Parque de la Memoria. Pidió perdón por los más de 30 mil asesinados y desaparecidos por la dictadura fascista que Estados Unidos instaló hace 40 años, para “defender la democracia y los derechos” al modo estadounidense.

LAS LECCIONES HIPÓCRITAS DE ESTADOS UNIDOS A CUBA

Marjorie Cole*

LOS DÍAS PREVIOS a la histórica visita del presidente Barack Obama a Cuba se especulaba en Estados Unidos sobre si este podría presionar a aquel país para que mejorara la situación de los derechos humanos. Pero si comparamos el historial de derechos humanos de ambos países veremos que es Estados Unidos el que debería aprender de Cuba.
La Declaración Universal de Derechos Humanos está formada por dos categorías diferentes: por un lado los derechos civiles y políticos y por el otro los derechos económicos, sociales y culturales. Entre los primeros están el derecho a la vida, a la libre expresión, a la libertad de religión, el derecho a un juicio justo, a la autodeterminación, así como a no recibir torturas, tratamiento cruel o detención arbitraria.
Los derechos económicos, sociales y culturales comprenden el derecho a la educación, a los cuidados sanitarios, a la seguridad social, al seguro de desempleo, a la baja remunerada por maternidad, a un salario equitativo por un mismo trabajo, la reducción de la mortalidad infantil, así como la prevención, tratamiento y control de enfermedades y el derecho a la sindicación y a la huelga.
Este conjunto de derechos humanos está consagrado en dos tratados: el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (ICCPR, por sus siglas en inglés) y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ICESCR, ídem). Estados Unidos ha ratificado el primero de ellos, pero se ha negado a firmar el segundo. Desde los tiempos de la Administración Reagan, EEUU solo ha considerado derechos humanos a los derechos civiles y políticos. Los derechos económicos, sociales y culturales se descartan por considerarlos cercanos a la asistencia social o al socialismo.
El gobierno estadounidense critica los derechos civiles y políticos en Cuba a la vez que ignora su acceso universal a la vivienda, a la sanidad y a la educación, así como la baja maternal remunerada y la igualdad de salarios garantizadas.
Al mismo tiempo, el gobierno estadounidense ha perpetrado graves violaciones de los derechos humanos en suelo cubano, entre ellas la tortura, el trato cruel y las detenciones arbitrarias en Guantánamo. Y, desde 1960, ha interferido claramente en los derechos económicos de Cuba y en su derecho a la autodeterminación mediante el embargo económico.
El embargo económico a Cuba, convertido en bloqueo en la actualidad, fue iniciado por el presidente Dwight D. Eisenhower durante la Guerra Fría en respuesta a una circular de 1960 escrita por un funcionario de alto nivel del Departamento de Estado. Dicha nota proponía “una línea de actuación que haga todo lo posible por impedir la llegada de dinero y de suministros a Cuba, con el fin de reducir los salarios reales y provocar el hambre, la desesperación y la caída del gobierno [de Castro]”.
Dicho objetivo ha fracasado rotundamente, pero el bloqueo de castigo ha dificultado la vida en Cuba. No obstante, a pesar de ese esfuerzo inhumano, Cuba garantiza a su población una notable gama de derechos humanos.
Sanidad
A diferencia de los Estados Unidos, en Cuba la atención sanitaria es considerada un derecho. La sanidad es universal y gratuita. Cuba posee la mayor ratio médicos/pacientes del mundo: 6,7 médicos por cada 1.000 habitantes. La tasa de mortalidad infantil en 2014 era de 4,2 por cada mil nacidos vivos, una de las más reducidas del planeta.
En aquel país, la sanidad hace hincapié en la prevención en vez de en el tratamiento, en parte debido al acceso limitado a los medicamentos provocado por el bloqueo estadounidense. En 2014, la revista médica Lancet afirmaba que “si los logros de Cuba se hicieran extensivos a un amplio espectro de países de renta baja y media, la salud de la población mundial se transformaría”. Cuba ha desarrollado tratamientos pioneros en la prevención y cura del cáncer de pulmón y en la prevención de amputaciones diabéticas. Sin embargo, a causa del bloqueo, en Estados Unidos no podemos beneficiarnos de ellos.
Educación
La educación gratuita, incluida la superior, es un derecho universal. Cuba dedica a ella mayor proporción de su PIB que cualquier otro país del mundo. Si los niños no pueden asistir a la escuela, son atendidos en casa por “profesores móviles”. Muchas escuelas ofrecen a los padres que trabajan y no cuentan con apoyos familiares hacerse cargo de sus hijos después de las clases y antes de que empiecen por la mañana. Los estudios para licenciarse en medicina son gratuitos. Existen allí 22 facultades médicas, frente a las 3 que existían en 1959, antes de la Revolución cubana.
Elecciones
Las elecciones para el parlamento cubano (la Asamblea Nacional) tienen lugar cada cinco años y las elecciones para las asambleas municipales cada dos años y medio. Los delegados de la Asamblea Nacional eligen posteriormente el Consejo de Estado, el cual nombra a su vez al Consejo de Ministros del que sale elegido el presidente.
A partir de 2018 (fecha de las próximas elecciones generales en Cuba), todos los puestos de máxima responsabilidad tendrán un tope de dos mandatos de cinco años, incluido el presidente. Cualquiera puede ser candidato, sin necesidad de pertenecer al Partido Comunista. No está permitido destinar dinero alguno a la promoción de los candidatos y los partidos políticos (incluido el comunista) no pueden hacer campaña durante las elecciones. Ningún personal militar presta servicio en los colegios electorales: los escolares son responsables de vigilar las urnas.
Derechos laborales
La legislación cubana garantiza el derecho a crear o afiliarse de forma voluntaria a los sindicatos, que son independientes legalmente y autónomos en su financiación. Independientes del Partido Comunista y del Estado y financiados por las cuotas de sus miembros. Los derechos laborales protegidos por los sindicatos incluyen un contrato escrito, una semana laboral de 40-44 horas y 30 días de vacaciones anuales remuneradas en el sector público.
Los sindicatos tienen derecho a interrumpir cualquier trabajo que consideren peligroso. Tienen derecho a participar en la gestión de la empresa, a recibir información sobre dicha gestión, a espacio y materiales para sus oficinas y a facilitar tiempo para sus representantes. Se requiere el acuerdo sindical para los despidos, los cambios en el horario laboral, las horas extras y el informe anual sobre seguridad en el trabajo. En Cuba, los sindicatos cumplen también un papel político y tienen el derecho constitucional de ser consultados sobre legislación laboral, así como de proponer nuevas leyes a la Asamblea Nacional.
Mujeres
En Cuba, las mujeres son mayoría dentro de los jueces, abogados, científicos, trabajadores técnicos y de salud pública y profesionales en general. Cuba se encuentra en el primer lugar de la clasificación del Índice Mundial de Madres de los “países menos desarrollados” elaborado por la ONG Save the Children. Cuenta con un 48% de parlamentarias, el tercer país con más representación femenina en la cámara legislativa del mundo. Las mujeres tienen derecho a 9 meses de baja por maternidad con salario completo, seguidos de otros 3 meses con un 75%. El gobierno financia la planificación familiar y el aborto, da gran importancia al cuidado prenatal y ofrece “viviendas maternales” a las mujeres antes del parto.
Esperanza de vida
Según la Organización Mundial de la Salud, en 2013 la esperanza de vida de las mujeres en Cuba era de 80 años y 77 para los hombres. La probabilidad de morir entre los 15 y los 60 años era de 115 entre mil para los hombres y de 76 para las mujeres.
En ese mismo periodo, la esperanza de vida femenina en EE. UU. era de 81 años y la masculina 76. En cuanto a la probabilidad de morir en esa franja etaria de 128 y 76 respectivamente.
Pena de muerte
Según un estudio realizado por la Cornell Law School, en octubre de 2015 no había en Cuba ninguna persona sentenciada a muerte ni esperando la ejecución. El 28 de diciembre de 2010, el Tribunal Supremo cubano conmutó la pena capital del último preso sentenciado a muerte, un cubanoamericano hallado culpable de asesinato durante una invasión terrorista a la isla realizada en 1994. Desde entonces no se conoce ninguna otra sentencia a la pena capital.
Por el contrario, a 1 de enero de 2016 había 2.949 personas esperando en el corredor de la muerte en centros estatales de EE. UU y otras 62 esperando ejecución en prisiones federales, según Death Penalty Information.
Desarrollo Sostenible
En 2006, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), una ONG ecologista global, Cuba era el único país del mundo que había logrado un desarrollo sostenible. Jonathan Loh, uno de los autores del informe de WWF, afirmó que “Cuba ha alcanzado un buen nivel de desarrollo según los criterios de la ONU, gracias a su elevado nivel de alfabetización y una gran esperanza de vida, mientras que su huella ecológica no es importante por tratarse de un país con un bajo consumo de energía”.
Ya basta de dar lecciones a Cuba: Levantad el bloqueo
Cuando Cuba y Estados Unidos entablaron negociaciones sobre derechos humanos hace un año, el presidente de la delegación cubana, Pedro Luis Pedroso declaró: “Hemos expresado nuestra preocupación por las pautas de discriminación y racismo presentes en la sociedad estadounidense, el empeoramiento de la violencia policial, los actos de tortura y las ejecuciones extrajudiciales en el marco de la lucha contra el terrorismo así como por el limbo legal en el que se encuentran los detenidos en la prisión de Guantánamo”.
La hipocresía del gobierno estadounidense cuando intenta dar lecciones a Cuba sobre derechos humanos a la vez que niega muchos derechos humanos básicos a sus propios ciudadanos es flagrante. Estados Unidos debería levantar el bloqueo. Obama debería cerrar Guantánamo y devolvérselo a Cuba.
Selección en Internet: Melvis Rojas Soris
*Profesora de la Thomas Jefferson Shool of Law desde 1991. En el verano de 2016 será nombrada profesora emérita y continuará con sus clases, sus escritos y sus análisis para los medios de comunicación.

Cubadebate difundió la declaración a la prensa del General de Ejército Raúl Castro Ruz en el Palacio de la Revolución en la que dijo: “Nos complace recibirlo en la primera visita de un mandatario de los Estados Unidos a nuestro país después de 88 años.
Deseamos que durante su breve estancia en la isla pueda apreciar la hospitalidad del pueblo cubano, que nunca ha abrigado sentimientos de animosidad hacia el pueblo estadounidense, al que nos unen lazos históricos, culturales y afectivos.
Su visita es un paso importante en el proceso hacia la mejoría de las relaciones bilaterales, que esperamos contribuya a impulsar mayores avances en nuestros vínculos, en beneficio de ambas naciones y de la región.
Acabamos de sostener un constructivo y útil encuentro, que da continuidad a los dos anteriores que sostuvimos en Panamá y Nueva York.
Constatamos que en los 15 meses transcurridos desde que anunciamos la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas hemos obtenido resultados concretos.
Reanudamos el correo postal directo y firmamos un acuerdo para restablecer los vuelos regulares.
Hemos ampliado la cooperación en áreas de interés mutuo. Suscribimos dos memorandos de entendimiento sobre protección del medio ambiente y áreas marinas, y otro para mejorar la seguridad de la navegación marítima. Hoy se firmará uno más sobre cooperación en la agricultura.
Actualmente se está negociando otro grupo de instrumentos bilaterales para cooperar en esferas como el enfrentamiento al narcotráfico, la seguridad del comercio y de los viajeros, y la salud. Sobre esta última, hemos acordado profundizar la colaboración en la prevención y tratamiento de enfermedades transmisibles como el Zika y de enfermedades crónicas no transmisibles, incluyendo el cáncer. Esta cooperación es beneficiosa no solo para Cuba y Estados Unidos, sino también para nuestro hemisferio.
A partir de las decisiones adoptadas por el presidente Obama para modificar la aplicación de algunos aspectos del bloqueo, empresas cubanas y sus contrapartes estadounidenses trabajan en la identificación de posibles operaciones comerciales que se pudieran concretar en el marco aún restrictivo de las regulaciones en vigor.
Algunas se han materializado, especialmente en el área de las telecomunicaciones, ámbito en el que nuestro país cuenta con un programa basado en sus prioridades de desarrollo y en la necesaria soberanía tecnológica, que garantice el uso apropiado de estas al servicio de los intereses nacionales.
También se avanza en negociaciones para la adquisición de medicamentos, equipos médicos y equipamiento para generación de energía y protección del medio ambiente, entre otras.
Mucho más pudiera hacerse si se levantara el bloqueo de los Estados Unidos.
Reconocemos la posición del presidente Obama y de su gobierno contra el bloqueo y los reiterados llamados que ha hecho al Congreso para que lo elimine.
Las últimas medidas adoptadas por su gobierno son positivas, pero no suficientes. Intercambié con el Presidente sobre otras medidas que pensamos pueden tomarse para eliminar restricciones aún vigentes y hacer una importante contribución al desmantelamiento del bloqueo.
Esto es esencial, porque el bloqueo continúa en vigor y tiene componentes disuasivos y efectos intimidatorios de alcance extraterritorial, sobre lo cual le expuse algunos ejemplos al Presidente para mostrarle sus consecuencias negativas para Cuba y otros Estados.
El bloqueo es el obstáculo más importante para nuestro desarrollo económico y el bienestar del pueblo cubano. Por eso, su eliminación será esencial para normalizar las relaciones bilaterales. También será beneficioso para la emigración cubana, que desea lo mejor para sus familias y su país.
Para avanzar hacia la normalización también será necesario que se devuelva el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval en Guantánamo.
Ambos temas, por ser los principales obstáculos, fueron abordados, una vez más, en el Editorial publicado el 9 de marzo pasado en el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba y, hace solo cuatro días, en la conferencia de prensa de nuestro canciller Bruno Rodríguez Parrilla, ampliamente divulgados por la prensa.
Asimismo, otras políticas debieran ser suprimidas para que pueda haber relaciones normales entre Cuba y los Estados Unidos. No debiera pretenderse para ello que el pueblo cubano renuncie al destino que libre y soberanamente ha escogido y por el que ha hecho inmensos sacrificios.
Intercambiamos además sobre temas internacionales, en particular, aquellos que pudieran afectar la paz y la estabilidad regional.
Especialmente estaba previsto y no hubo tiempo para concluirlo, el abordar nuestra preocupación por la situación de desestabilización que se intenta fomentar en Venezuela, lo cual es contraproducente para el ambiente en el continente, pero lo expreso en esta ocasión.
Igualmente, dialogamos sobre la marcha del proceso de paz en Colombia y los esfuerzos para poner fin a este conflicto.
Existen profundas diferencias entre nuestros países que no van a desaparecer, pues tenemos concepciones distintas sobre muchos temas, como los modelos políticos, la democracia, el ejercicio de los derechos humanos, la justicia social, las relaciones internacionales, la paz y la estabilidad mundial.
Defendemos los derechos humanos. Consideramos que los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales son indivisibles, interdependientes y universales. No concebimos que un gobierno no defienda y garantice el derecho a la salud, a la educación, a la seguridad social, a la alimentación y al desarrollo, al salario igual por trabajo igual y a los derechos de los niños. Nos oponemos a la manipulación política y el doble rasero sobre los derechos humanos.
Cuba tiene mucho que decir y que mostrar en esta materia y, por ello, le reiteré al Presidente nuestra disposición a mantener el diálogo que iniciamos.
El pasado 17 de diciembre de 2014, cuando anunciamos la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas expresé: “debemos aprender el arte de convivir, de forma civilizada, con nuestras diferencias”.
El 15 de julio de 2015 ante nuestro Parlamento señalé: “Cambiar todo lo que deba ser cambiado es asunto soberano y exclusivo de los cubanos. El Gobierno Revolucionario tiene la disposición de avanzar en la normalización de las relaciones, convencido de que ambos países podemos cooperar y coexistir civilizadamente, en beneficio mutuo, por encima de las diferencias que tenemos y seguramente tendremos, y contribuir con ello a la paz, la seguridad, la estabilidad, el desarrollo y la equidad en nuestro continente y el mundo”.
Hoy ratifico que debemos poner en práctica el arte de la convivencia civilizada, que implica aceptar y respetar las diferencias y no hacer de ellas el centro de nuestra relación, sino promover vínculos que privilegien el beneficio de ambos países y pueblos y concentrarnos en lo que nos acerca y no en lo que nos separa.
Coincidimos en que nos queda por delante un largo y complejo camino por recorrer. Pero lo importante es que hemos comenzado a dar pasos para construir una relación de nuevo tipo, como la que nunca ha existido entre Cuba y los Estados Unidos.
Destruir un puente es fácil y requiere poco tiempo. Reconstruirlo sólidamente es una tarea mucho más larga y difícil.
Después de cuatro intentos fallidos, en una muestra de voluntad y perseverancia, el 2 de septiembre del 2013, la nadadora estadounidense Diana Nyad, logró cruzar a nado el estrecho de la Florida, sin jaula antitiburones.
Por esa hazaña de vencer la distancia que separa geográficamente a nuestros países, el 30 de agosto del 2014, bajo los acordes de los himnos nacionales de Cuba y Estados Unidos, fue condecorada con la Orden al Mérito Deportivo, otorgada por el Consejo de Estado cubano.
Esta proeza contiene un fuerte mensaje, debería servirnos de ejemplo para las relaciones bilaterales, ya que confirma que si ella pudo, entonces nosotros también podremos.
Le reitero al presidente Obama nuestro agradecimiento por su visita y la voluntad del Gobierno de Cuba de seguir avanzando en los próximos meses por el bien de nuestros pueblos y países.
Muchas gracias.
OBAMA Y LA ECONOMÍA CUBANA: ENTENDER LO QUE NO SE DIJO
Por: Agustín Lage Dávila
Destacado científico cubano. Director del Centro de Inmunología Molecular de La Habana.
Tuve la oportunidad de participar en varios encuentros con la delegación que acompañó al Presidente Obama y escucharlo en tres intervenciones; y siento ahora el deber de compartir con mis compañeros lo que interpreté de lo que se dijo, y también de lo que no se dijo, pues en política lo que se deja de decir suele ser tan importante como lo que se dice.
Hay dos direcciones complementarias de pensamiento para interpretar esta visita y todo el proceso de intento de normalización de las relaciones: interpretar lo que significa para una valoración del pasado, e interpretar lo que significa para una proyección hacia el futuro.
De cara al pasado es evidente que el proceso de normalización recién iniciado en las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos hay que interpretarlo como una victoria mayúscula del pueblo revolucionario y socialista cubano, de sus convicciones, de su capacidad de resistencia y sacrificio, de su cultura, de su compromiso ético con la justicia social; así como también como una victoria de la solidaridad con Cuba de América Latina.
Hay cosas que nos resultan tan evidentes a los cubanos que a veces olvidamos subrayarlas.
• Se inició esta normalización en vida de la generación histórica que hizo la Revolución, y conducida por líderes de esa misma generación.
• Implicó un reconocimiento de la institucionalidad revolucionaria cubana, reconocimiento que no hubo hacia el Ejército Libertador en 1898, ni hacia el Ejército Rebelde en 1959 (si lo hubo, sin embargo, hacia las dictaduras de Gerardo Machado y Fulgencio Batista).
• Incluyó un reconocimiento explícito de los logros de la Revolución, al menos en Educación y Salud (que fue lo que se mencionó)
• Incluyó un reconocimiento explícito a la ayuda solidaria de Cuba hacia otros pueblos del mundo, y su aporte a causas nobles tales como la salud mundial, y la eliminación del apartheid en África.
• Incluyó una aceptación explícita de que las decisiones sobre los cambios y los modelos socioeconómicos en Cuba corresponden exclusivamente a los cubanos, que tenemos (hemos ganado) el derecho a organizar nuestra sociedad de manera diferente a como otros lo hacen.
• Implicó la declaración del abandono de la opción militar y subversiva, así como la intención de abandonar la coerción, como instrumentos de la política norteamericana hacia Cuba.
• Expresó el reconocimiento del fracaso de las políticas hostiles contra Cuba de las administraciones precedentes, lo que implica (aunque no fuese declarado así) el reconocimiento de resistencia consciente del Pueblo Cubano, ya que las políticas hostiles solamente fracasan ante las resistencias tenaces.
• Reconoció el sufrimiento que el bloqueo ha causado al Pueblo Cubano.
• No partió este proceso de concesiones cubanas en uno solo de nuestros principios. Tampoco en los reclamos de cese del bloqueo y devolución del territorio ilegalmente ocupado en Guantánamo.
• Incluyó el reconocimiento público de que los Estados Unidos estaban aislados en América Latina y en el mundo por su política hacia Cuba.
No creo que haya nadie medianamente lúcido e informado en el mundo que pueda interpretar este proceso de normalización en curso como otra cosa que no sea una victoria de Cuba en su diferendo histórico con los Estados Unidos.
De cara al pasado es esa la única interpretación posible.
Ahora bien, de cara al futuro las cosas son más complejas, y hay al menos dos interpretaciones extremas posibles, y sus variantes intermedias:
• La hipótesis de la conspiración perversa
• La hipótesis de las concepciones divergentes sobre la sociedad humana
En las calles de Cuba se discute hoy sobre ambas. Alerto al lector en este punto que no voy a argumentar por ahora a favor o en contra de una de estas dos hipótesis, o de las combinaciones diversas de ambas. Los acontecimientos futuros se encargarán de hacerlo, y cada cual sacará “sus propias conclusiones” en este “pasaje a lo desconocido”.
Quienes se adhieren a la hipótesis de la conspiración perversa ven las palabras del Presidente Obama como una falsa promesa o un sutil engaño que responde a un plan concebido para que abramos las puertas al capital norteamericano y a la influencia de sus medios de comunicación; para que permitamos la expansión en Cuba de un sector económicamente privilegiado, que con el tiempo se iría transformando en la base social de la restauración capitalista y el renunciamiento a la soberanía nacional. Serían los primeros pasos del camino de retorno hacia la Cuba de ricos y pobres, dictadores y mafiosos, que teníamos en los años 50.
Los cubanos que piensan así, tienen derecho a hacerlo: hay muchos hechos en la historia común que justifican esa enorme desconfianza. Son conocidos y no necesito enumerarlos aquí.
Mucha gente recuerda la famosa frase atribuida al Presidente Franklin D. Roosevelt cuando dijo del dictador nicaragüense Anastasio Somoza: “Tal vez Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.
Ciertamente ni el Presidente Obama, ni las actuales generaciones de norteamericanos de buena voluntad (que hay muchos) tienen la culpa, como personas individuales, de las primeras etapas de esa trayectoria histórica. Pero también es innegable que esa historia está ahí, y que impone condicionamientos a lo que ellos pueden hacer, y a nuestra manera de interpretar lo que ellos hacen. Los procesos históricos son mucho más largos que una vida humana, y eventos ocurridos hace muchas décadas influyen en nuestras opciones de hoy, porque condicionan actitudes colectivas que tienen una existencia objetiva, relativamente independiente de las ideas y las intenciones de los líderes.
Aún distanciando al Presidente Obama de las políticas agresivas e inmorales de administraciones precedentes, que organizaron invasiones, cobijaron terroristas, estimularon asesinatos de líderes cubanos e implementaron el intento de rendir por hambre al Pueblo Cubano; aún estableciendo esa distinción, no se puede olvidar que Obama solo no es la clase política de los Estados Unidos. Hay muchos otros componentes del poder ahí, que siempre han estado presentes, lo están hoy, y lo estarán cuando termine el mandato de Obama dentro de algunos meses, y en el futuro previsible. Los estamos viendo en la campaña electoral en curso.
Para ser honesto con todo el que lea esta nota, debo reconocer que el Presidente Obama no dio aquí la impresión de ser el articulador de una conspiración perversa, sino la de ser un hombre inteligente y culto, que cree en lo que dice. Lo que sucede entonces es que las cosas en las que él cree (con todo su derecho) son diferentes a las que creemos nosotros (también con todo nuestro derecho).
Esa es la segunda hipótesis, la de las concepciones divergentes sobre la sociedad humana, las cuales fueron muy evidentes en todos los momentos de la visita a Cuba del Presidente Obama y su delegación, en todo lo que se dijo, y también en lo que se dejó de decir.
Fue muy claro que la dirección principal de la relación de los Estados Unidos con Cuba estará en el campo de la economía, y dentro de este, la estrategia principal será relacionarse con el sector no estatal y apoyarlo.
Fue muy claro, en el discurso y en los mensajes simbólicos, en tomar distancia de la economía estatal socialista cubana, como si la propiedad “estatal” significase propiedad de un ente extraño, y no propiedad de todo el pueblo como realmente es.
En la necesidad de que exista un sector no estatal en la economía cubana no tenemos divergencias. De hecho la expansión del espacio de los cuentapropistas y las cooperativas es parte de la implementación de los Lineamientos surgidos del 6º Congreso del Partido. Donde está la divergencia es en el rol que debe tener ese sector no estatal en nuestra economía:
• Ellos lo ven como el componente principal de la economía; nosotros lo vemos como un complemento al componente principal que es la empresa estatal socialista. De hecho hoy ese sector no estatal, si bien se acerca a ser el 30% del empleo, no alcanza a aportar el 12% del PIB, lo que indica su carácter limitado para la generación de valor agregado.
• Ellos lo hacen equivaler a “la innovación”; nosotros lo vemos como un sector de relativamente bajo valor agregado. La innovación está en la alta tecnología, la ciencia y la técnica, y sus conexiones con la empresa estatal socialista. El espíritu innovador del pueblo cubano se expresó en estos años de muchas otras maneras, tales como el desarrollo de la biotecnología y sus medicamentos y vacunas, la formación masiva de informáticos en la UCI, la agricultura urbana, la revolución energética y otros muchos logros del periodo especial, nada de lo cual se mencionó en los discursos de nuestros visitantes.
• Ellos ven el emprendimiento privado como algo que “empodera” al pueblo; nosotros lo vemos como algo que empodera a “una parte” del pueblo, y relativamente pequeña. El protagonismo del pueblo está en las empresas estatales, y en nuestro gran sector presupuestado (que incluye la salud, la educación, el deporte, la seguridad ciudadana) que es donde se trabaja realmente para todo el pueblo y donde se genera la mayoría de la riqueza. No se puede aceptar el mensaje implícito de hacer equivaler el sector no estatal con “el pueblo cubano”. Eso no fue dicho de esa manera tan brutal, pero se interpreta del discurso de una forma demasiado clara.
• Ellos separan tácitamente el concepto de “emprendimiento”, y el de propiedad estatal. Nosotros vemos en el sector estatal nuestras principales opciones de emprendimientos productivos. Así lo explicamos en el Foro de empresarios al ilustrar la organización en que trabajo (El Centro de Inmunología Molecular) como “una empresa con 11 millones de accionistas”.
• Ellos ven al sector no estatal como una fuente de desarrollo social; nosotros lo vemos en un rol doble, pues también es una fuente de desigualdades sociales (de lo que ya tenemos evidencias, como ilustran los recientes debates sobre los precios de los alimentos), desigualdades que habrá que controlar con una política fiscal reflejo de nuestros valores.
• Ellos creen en la función dinamizadora de la competencia (aunque este concepto ha sido cuestionado ya incluso por ideólogos serios de la economía capitalista). Nosotros conocemos su función depredadora y de erosión de la cohesión social, y creemos más en la dinámica que proviene de programas de país.
• Ellos creen en que el mercado distribuye eficientemente la inversión respondiendo a la demanda; nosotros creemos que el mercado no responde a la demanda real sino a la “demanda solvente”, y profundiza las desigualdades sociales.
• Ellos se apoyan en la trayectoria de desarrollo empresarial de los Estados Unidos, cuya economía despegó en el Siglo XIX, en condiciones de la economía mundial que son irrepetibles hoy. Nosotros sabemos que las realidades de los países subdesarrollados de economía dependiente son otras, especialmente en el Siglo XXI, y que el desarrollo económico y científico-técnico no ocurrirá a partir de pequeños emprendimientos privados en competencia, ni intentando reproducir la trayectoria de los países hoy industrializados, con 300 años de diferencia. Sería la receta de la perpetuación del subdesarrollo y la dependencia, con una economía diseñada como apéndice y complemento de la economía norteamericana, cosa que ya ocurrió en el Siglo XIX, cuando esa dependencia nos sumió en el monocultivo y cerró el camino de la industrialización. Para entender eso sirve la Historia, y por ello no podemos olvidarla.
Emprender el camino de la convivencia civilizada “con nuestras diferencias”, implica conocer bien a fondo y por todo el Pueblo Cubano, dónde es que están esas diferencias, para poder evitar que decisiones puntuales aparentemente racionales ante problemas económicos tácticos, nos puedan llevar a errores estratégicos; y peor aún, que otros nos empujen a ello, a través de las cosas que se dicen y las que no se dicen.
Supimos evitar esos errores en los inicios del periodo especial, ante la desaparición del campo socialista europeo y la marea ideológica neoliberal de los 90. Sabremos hacerlo mejor ahora.
La convivencia civilizada ciertamente nos aleja del riesgo y la barbarie de la guerra (militar y económica), pero no nos exonera de dar la batalla en el plano de las ideas.
Necesitamos vencer en esa batalla de ideas para poder vencer en la batalla económica.
La batalla económica del Siglo XXI cubano se dará en tres campos principales:
1. El de la eficiencia y capacidad de crecimiento de la Empresa Estatal Socialista, y la inserción de esta en la economía mundial
2. El de la conexión de la ciencia con la economía a través de empresas de alta tecnología, con productos y servicios de alto valor añadido que enriquezcan nuestra cartera de exportaciones
3. El de la limitación consciente de la expansión de las desigualdades sociales, a través de la intervención del Estado Socialista
En esos campos se decidirá el Siglo XXI de los cubanos.
La batalla de ideas consiste en consolidar pensamiento y consenso sobre hacia donde queremos ir, y sobre los caminos concretos para llegar.
Las aguas del estrecho de La Florida no deben ser un campo de conflicto bélico, y es muy bueno para todos que así sea, pero esas aguas seguirán separando por mucho tiempo dos concepciones diferentes de la convivencia humana, de la organización de los hombres para la vida social y el trabajo, y de la distribución de sus frutos. Y también es muy bueno que así sea. Nuestro ideal de sociedad humana está enraizado en nuestra experiencia histórica y en el alma colectiva de los cubanos, sintetizada magistralmente por el pensamiento de José Martí. Él estudió y entendió mejor que nadie en su tiempo la sociedad norteamericana y dijo: “nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse”.
La creencia básica del capitalismo, incluso en los que así lo creen honestamente, es la construcción de prosperidad material basada en la propiedad privada y la competencia. La nuestra se basa en la creatividad movida por los ideales de equidad social y solidaridad entre las personas, incluidas las generaciones futuras. Nuestro concepto de sociedad es el futuro, y aunque el futuro se demore, atrapado en los condicionamientos objetivos del presente, sigue siendo el futuro por el que hay que luchar.
La propiedad privada y la competencia son el pasado, y aunque ese pasado siga existiendo necesariamente dentro del presente, pasado sigue siendo.
Hay que saber siempre ver los conceptos que están detrás de las palabras que se dicen, y las razones que están detrás de las palabras que no se dicen.
La batalla por nuestro ideal de convivencia humana estará en las manos de las actuales generaciones de jóvenes cubanos, que enfrentarán en su tiempo desafíos diferentes a los de las generaciones revolucionarias del Siglo XX, pero igualmente grandes y trascendentales, y también más complejos.
Al analizar la complejidad de sus desafíos les confieso que quisiera ingresar otra vez en la Unión de Jóvenes Comunistas, cuyo carnet (Nº7784, de 1963) tengo ahora mismo sobre mi mesa. Sigo siendo comunista, pero he de aceptar que ya no puedo seguir siendo “joven”. Pero si puedo compartir con los jóvenes el análisis de lo que hoy se dice, y la develación de lo que no se dice, y construir junto con ellos las herramientas intelectuales que necesitamos para las batallas que vienen.
José Martí escribió en abril de 1895: “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: Ganémosla a pensamiento”.
¿OBAMA “EL BUENO”?
Por: Darío Machado Rodríguez
Licenciado en Ciencias Políticas y Doctor en Ciencias Filosóficas. Preside la Cátedra de Periodismo de Investigación y es vicepresidente de la cátedra de Comunicación y Sociedad del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.
Como muchos, he estado siguiendo la visita de Barack Obama a nuestro país, experimentando sentimientos encontrados: de un lado el sano orgullo patriótico y revolucionario de ver un presidente norteamericano rectificando la política hacia Cuba y repitiendo en nuestro propio suelo que hay que terminar con el bloqueo, lo que ratifica el respeto a nuestra soberanía e independencia, esas que nos hemos ganado los cubanos con nuestro sacrificio, nuestro sudor, nuestra sangre, nuestra historia y, de otro, el peligro que significa que haya quienes piensen que con estos, por ahora tibios cambios, ha desaparecido la contradicción entre los intereses del imperialismo norteamericano y los de la nación cubana. Pero solo hoy, luego de escuchar su discurso en esta mañana de lunes, me he decidido a escribir estas líneas, porque -como alertó hace más de medio siglo Fidel-, en lo adelante todo será más difícil.
¿Quién podría poner en duda la enorme complejidad de la sociedad norteamericana, en la que poco valen análisis en blanco y negro?
Una historia turbulenta en la que se entremezclan las batallas contra el colonialismo inglés por la independencia y arremetidas genocidas contra la población autóctona, un impetuoso desarrollo industrial y una cruel guerra intestina que costó la vida a más de 600 000 seres humanos, una creatividad e inventiva paradigmáticas en la ciencia y la tecnología y un belicismo expansionista del cual México y Cuba -por poner solo dos ejemplos de nuestra región- han sido víctimas cercanas, una sociedad con extraordinarias manifestaciones culturales en la música, la literatura y el cine junto con un mesianismo que no honra esos valores, una ciudadanía laboriosa y emprendedora sobre la cual, sin embargo, descansa pesadamente una maquinaria estatal imperialista, el país más rico y el más endeudado del mundo, el que más reclama a los demás los derechos humanos y quien menos los respeta como demuestra más de medio siglo de bloqueo económico contra Cuba, una sociedad en la que la violencia sirve de hilo conductor para seguir su historia.
En resumen, un país lleno de contradicciones en el que, no obstante, sería ingenuo pensar que los acercamientos actuales hacia Cuba son simplemente el resultado de los criterios, la voluntad y la habilidad de Obama y no parte integrada a los intereses del poder real de los EEUU: el del gran capital.
Si Barack Hussein Obama resultara infuncional a los poderes fácticos que rigen el Estado norteamericano difícilmente habría sido elegido presidente en 2008, ni reelegido en 2011, ni habría iniciado el cambio de política hacia Cuba.
Es el mismo Obama que solo dos meses después de haber recibido el regalo del premio Nobel de la Paz envió decenas de miles de soldados a Afganistán, el que ha autorizado cientos de ataques con drones que han costado la vida de cientos de civiles en varios países del mundo, el que participó en el complot que destruyó a Libia, el que ha armado a la llamada oposición siria fortaleciendo al autotitulado Estado islámico, el que aprobó el suministro de armas a Kiev luego del golpe de Estado, el presidente que ha estado detrás de la “primavera árabe” de fatales consecuencias en esa zona del mundo. Es el mismo Obama; como diría el poeta: “No os asombréis de nada”.
En efecto, no hay dos Obama, uno “bueno” y “otro malo”. No estamos frente a una personalidad bipolar, sino uno único, el político de carrera, quien más allá de sus características e historia personal, de sus modos domésticos de hacer política, y hasta de sus inclinaciones como individuo y de su probable objetivo de dejar como legado el de ser el presidente norteamericano que cambió la política hacia Cuba, ha sido siempre y es funcional a los intereses estratégicos de los poderes fácticos que regulan el Estado norteamericano.
Es, eso sí, un político a quien hay que reconocerle carisma, dominio escénico, sentido de la oportunidad mediática, habilidad comunicativa; probablemente el mejor y más capaz a mano para enmascarar hoy los objetivos estratégicos del imperialismo norteamericano hacia Cuba y hacia América Latina y el Caribe.
En esta visita a nuestro país, el presidente Obama no ha perdido oportunidad para reclamar el fin del bloqueo, lo que de últimas son palabras de alguien pronto a desaparecer de la escena gubernamental norteamericana, frases que puede ahora pronunciar, de las cuales puede ahora hacerse responsable porque no aspira, ni podría aspirar a un nuevo período presidencial y porque las formalidades del sistema político del país norteño le permiten presentarse olímpicamente como alguien no responsable del bloqueo, opuesto al bloqueo, sostenedor de una nueva política, cuando durante casi toda su actuación presidencial lo avaló con su inercia.
Pero volviendo al discurso de marras, no puede ser objeto de un breve artículo un análisis exhaustivo de esa intervención[1], de modo que solamente voy a recalcar algunos aspectos que resaltan a primera vista donde como han expresado varios analistas mucho hay de lo que no se dijo y es poco lo que concede, aunque lo adorna bien. Es el mismo Obama que podría hacer mucho más desde sus atribuciones presidenciales y aún no la ha hecho.
Y de eso se trata, de leer la letra chica de sus declaraciones, algo importante especialmente para los jóvenes cuyas experiencias de vida con el vecino del norte no cuentan con los sabotajes criminales, los episodios de Girón, la crisis de octubre, las bandas contrarrevolucionarias, los atentados contra nuestros líderes, las agresiones biológicas, y un largo etcétera, y a quienes los efectos del bloqueo les han llegado amortiguados por la protección de la sociedad y de las familias.
No hay dudas: Obama es la cara gentil y seductora del mismo peligro. No se disculpó por los crímenes contra Cuba, no mencionó la Base Naval de Guantánamo, no habló de la Ley de Ajuste Cubano, no dijo por qué no hace más contra el bloqueo pudiendo hacerlo, y muchas otras increíbles omisiones.
Mientras, fue evidente que él no quiere colaborar con Cuba, sino con aquella parte de nuestra sociedad a la que supone mejores condiciones para los intereses estratégicos que representa, él quiso seducir a la juventud, estimular en ella el egoísmo y el afán de mejoramiento puramente individual presentando el crecimiento capitalista como la panacea universal y no la causa de las crisis y del peligro del agotamiento de la naturaleza y la desaparición de la especie humana, él quiso contribuir a fragmentar la sociedad cubana para el propósito de recuperar la hegemonía norteamericana aquí y en nuestra región, en su discurso asomó el tono sobrador de alguien que “nos concede el derecho –que nadie tiene que otorgarnos- de resolver nuestros propios problemas”. Nos toca ahora explicar y evidenciar eso.
La visita de Obama es una victoria del pueblo cubano y de todos los pueblos de América Latina y del Caribe por lo que entraña el que los Estados Unidos de Norteamérica se hayan visto obligados a reconocer que se estrellaron contra nuestra dignidad y ahora optan por hacer un rodeo amañado. Por eso hay que recordar aquellas palabras de Julius Fucík al final de su histórico “Reportaje al pie de la horca” y “estar alertas”.
Obama terminó su visita a Cuba, fue -junto con su bella familia hacia la que los cubanos hemos sentido natural simpatía- recibido, tratado y despedido cortésmente por un pueblo y unas autoridades que hacen gala de su hospitalidad, respeto y disposición al diálogo sin imposiciones, pero cuyas mayorías saben bien el terreno que pisan y en las que bulle el espíritu soberano, martiano y fidelista, ese que coreó en el estadio latinoamericano: “Raúl, Raúl, Raúl…”.
[1] En un libro en proceso editorial en la Editorial de La Mujer de La Habana dedico un capítulo completo al análisis del discurso que ofreció el 17 de diciembre de 2014 en la