LA COMUNICACIÓN SE TRANSFORMÓ DE DERECHO HUMANO EN SERVICIO PÚBLICO 



¿EL ESTADO SE ASEGURA EL CONTROL DE LA PRENSA? 



Rodrigo Santillán Peralbo
Como por arte de magia, pero en realidad por obra y gracia de la Revolución Ciudadana que lidera el Presidente de la República del Ecuador, Rafael Correa, la comunicación que es derecho humano fundamental y por tanto, inalienable, indivisible, irrenunciable e inherente al ser humano, se transformó en servicio público como si la comunicación se tratase de un servicio de transporte o de recolección de basura.
La Revolución Francesa en 1789, en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano ya garantizaba el derecho a la comunicación al garantizar: “La libre comunicación de pensamientos y opiniones es uno de los derechos más valiosos del Hombre; por consiguiente, cualquier Ciudadano puede hablar, escribir e imprimir libremente, siempre y cuando responda del abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley”.
En la IX Conferencia Internacional Americana, realizada en 1948 en Bogotá (Colombia) se dictó la Declaración Americana de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, antes de la Asamblea General de la ONU.

En el artículo IV se estableció: “Toda persona tiene derecho a la libertad de investigación, de opinión y de expresión y difusión del pensamiento por cualquier medio”
El artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dictada por la Organización de las Naciones Unidas, del 10 de diciembre de 1948, proclama: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”
El Pacto de San José (Costa Rica) en el artículo 13 sobre la Libertad de Pensamiento y de Expresión ordena:
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección.
2. El ejercicio del derecho previsto en el inciso precedente no puede estar sujeto a previa censura sino a responsabilidades ulteriores, las que deben estar expresamente fijadas por la ley y ser necesarias…”:
Los derechos humanos son derechos inherentes a todos los seres humanos. La ONU declaró que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos…” y, por tanto son titulares de todos los derechos pasados, presentes y futuros, “sin distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua, o cualquier otra condición. Todos tenemos los mismos derechos humanos, sin discriminación alguna. Estos derechos son interrelacionados, interdependientes e indivisibles.
Los derechos humanos universales están a menudo contemplados en la ley y garantizados por ella, a través de los tratados, el derecho internacional consuetudinario, los principios generales y otras fuentes del derecho internacional. El derecho internacional de los derechos humanos establece las obligaciones que tienen los gobiernos de tomar medidas en determinadas situaciones, o de abstenerse de actuar de determinada forma en otras, a fin de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales de los individuos o grupos”.
Por otra parte, los derechos humanos son universales e inalienables. “El principio de la universalidad de los derechos humanos es la piedra angular del derecho internacional de los derechos humanos. Este principio, tal como se destacara inicialmente en la Declaración Universal de Derechos Humanos, se ha reiterado en numerosos convenios, declaraciones y resoluciones internacionales de derechos humanos. En la Conferencia Mundial de Derechos Humanos celebrada en Viena en 1993, por ejemplo, se dispuso que todos los Estados tenían el deber, independientemente de sus sistemas políticos, económicos y culturales, de promover y proteger todos los derechos humanos y las libertades fundamentales”.
Con excepción de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, de la Revolución Francesa, el Ecuador es Estado parte de los instrumentos, tratados, declaraciones y convenciones internacionales sobre los derechos humanos; en consecuencia, de conformidad con el Derecho Internacional, el Ecuador está en la obligación legal, jurídica y ética de respetar y hacer respetar los derechos humanos, mucho más si la Constitución reconoce toda la materia nacional e internacional sobre derechos humanos.
El derecho a la comunicación es irrenunciable porque es inherente a la naturaleza del ser humano que nace dotado de variados sistemas de comunicación. ¿Acaso un lenguaje: la mímica, el lenguaje de señas de los sordomudos, los gestos, la palabra oral, escrita, gráfica o audiovisual, por ejemplo, es un servicio público?
Cabe señalar que existen múltiples definiciones de lo qué es y para qué existe un servicio público. Por ejemplo, el Dr. Diego Paredes González, especialista en Derecho Administrativo, en la Revista No. 5 “Temas Constitucionales” que editaba el Tribunal Constitucional del Ecuador, sostenía: “El ordenamiento jurídico ecuatoriano por otro lado, no define que es un servicio público, lo que nos trae algunos problemas al determinar las potestades de servicio público que el Estado puede titularizar en favor de terceros”.
Acerca de la noción del servicio público, afirmaba que el fin fundamental de Estado, sin duda es el bien común de las personas; esto se manifiesta a través del interés público, en donde la administración pública aparece como titular de dicha actividad fundamental… Se propone dar u otorgar bienes y servicios a los administrados. Este tipo de actividad estatal rompe el esquema que antiguamente muchos Estados tenían, y que era el Estado abstencionista en donde su única misión era la de asegurar el orden público mediante una función de policía, dejando la satisfacción de las necesidades de la colectividad al libre juego de las fuerzas sociales.
Posteriormente, el Estado evoluciona de este sistema abstencionista, asumiendo por parte de la administración pública los llamados servicios asistenciales y sociales, en donde se garantizan los derechos de los administrados a la conservación de la vida, salud, desarrollo de la personalidad, seguridad social, sanidad y educación, por parte del Estado, asegurando así el interés colectivo que en fin de cuentas se traduce en bien común de la sociedad, sin dejar de lado que no solo el Estado está llamado a prestarlos, sino que también puede hacerlo en virtud de la titularización a terceros otorgándoles un status activae civitatis, generando así no solo relaciones jurídico-administrativas, sino también relaciones jurídico-privadas.
La llamada escuela realista -que nace de la escuela francesa, y cuyo fundador es León Duguit propone un concepto amplio de servicio público determinando que toda actuación administrativa deviene así en una actuación de servicio público.
Después Gastón Jéze continúa la escuela con una visión unilateral, poniendo el acento sobre el procedimiento jurídico especial por el que se rige la gestión de los servicios públicos, es decir, el procedimiento del servicio público y su régimen jurídico-administrativo.
En consecuencia surge así el servicio público como la justificación teleológica del poder, lo que del lado de su legitimación no deja de tener una importancia fundamental.
En consecuencia, basta decir, que la doctrina al tratar de solucionar el problema que representa definir, conceptuar y caracterizar al servicio público, de una manera objetiva examina las concreciones en que el interés público puede manifestarse, esto es:
1. Asegurar la continuación en la satisfacción de un interés social;
2. La uniformidad de su prestación, es decir, la igualdad de tratamiento de los administrados;
3. Garantizar ciertos actos ante la confianza pública, o hacer posible finalmente su gratuidad.
El servicio público en fin de cuentas viene a sistematizar aquella parte de la actuación administrativa que se concreta en prestaciones ofrecidas al público por la administración a través de una organización montada por razones de interés público, sin comprometer las explotaciones que el Estado conserva en sus manos única y exclusivamente por motivos fiscales, sin prejuzgar el carácter público o privado del régimen jurídico al que esta sometida esta actuación administrativa”.
Las conceptualizaciones diversas coinciden en decir que un servicio público es prestado por el Estado o por el sector privado, previa delegación o autorización estatal. ¡De dónde nace la idea de que la comunicación es un servicio público o para el público?
NECESIDAD DE CONTROLAR LA COMUNICACIÓN
Sin duda, ha existido y existe un afán de controlar la comunicación social por parte del bloque en el poder que bien sabe que los medios de comunicación, junto al sistema educativo, la iglesia y la propaganda, son los principales reproductores de la ideología dominante o que pretende ser dominante. Si el grupo, llámese partido o movimiento político ansía conservar el poder, ineludiblemente deberá pensar en el mejor uso de la infraestructura instalada, sea pública o privada, de los medios de comunicación social.
Esa podría ser la razón primigenia para que se haya decidido transformar el derecho a la comunicación y el derecho de los pueblos a la información, en servicio público, tal como ya lo habían hecho, en tiempos pasados, los regímenes totalitarios y fascistas.
Por ejemplo, al llegar al poder el fascismo en 1922 se creó la Oficina de Prensa para ejercer el control sobre la radio y la prensa italianas. De ello se encargó la Agencia de Alberto Di Stefani.
El fascismo impulsó el diario Il Popolo d’ Italia fundado por el propio Benito Mussolini. En 1928 fue impuesto el libro del registro de los periodistas, ideado para que la prensa aportase al desarrollo del fascismo bajo las consignas de un pueblo italiano unido, un mundo organizado y “dejase de mostrar artículos de crónica negra. Ejemplos de ello fueron las publicaciones estatales Il Corriere della Sera y La Stampa.
Cuando la Oficina de Prensa pasó a manos de Galeazzo Ciano durante la década de los 30, “se transformó en una subsecretaría de prensa y propaganda controlada cien por cien en manos del Estado. Los nuevos medios de comunicación de Ciano sufrieron una censura minuciosamente estudiada que incluyó la cinematografía, la música y el teatro. En 1937 se fundó el Minculop o Ministerio de Cultura Popular presidido por Dino Alfieri que estableció una normativa a la prensa denominada Comisión para el Saneamiento del Libro con la finalidad de prohibir todos los libros antiitalianos.
“La radio se convirtió en un estupendo medio para las masas al que el fascismo supo sacar mucho partido para que todos los italianos se sintiesen parte de la nación. Las primeras emisiones radiofónicas en Italia se iniciaron por primera vez en 1924. En 1927 la radio se transformó en un importante aparato del Estado que se dio a conocer rápidamente entre todos los italianos gracias al Ente Italiano de Audiciones Radiofónicas (EIAR).
“El Instituto Duce fue el primer edificio que se construyó en la Italia Fascista para la industria cinematográfica, el Cineguf. Luigi Freddi fue elegido futuro director para dirigir la Ciudad del Cine inspirada en el Hollywood de los Estados Unidos, aunque nunca este plan llegó a materializarse. Para promulgar la industria del cine el hijo del Duce, Vittorio Mussolini, fundó el Centro Experimental de Cinematografía que en 1937 se convirtió en unos estudios llamados Cinecittà. Victorio también editó la revista Cinema para aficionar a las masas a que acudiesen al cine. Las primeras películas de carácter fascista se produjeron después del décimo aniversario de la Marcha sobre Roma y de la Exposición de la Revolución Fascista, siendo las más famosas Vecchia Guardia de Alessandro Blasetti en 1935 y Escipión el Africano de Carmine Gallone en 1937 para exaltar el nuevo Imperio Italiano.
Prensa escrita, radio y televisión fueron controlados por el gobierno fascista presidido por Benito Mussolini. La propaganda difundida por el poder mediático fascista acabó por obnubilar al pueblo sometido a una serie de eslóganes: “Mussolini ha sempre ragione (Mussolini siempre tiene razón)”, “si avanzo seguidme, si retrocedo matadme”, “muchos enemigos, muchos honores”, “el arado abre el surco, pero la espada lo defiende”, “vivir peligrosamente” o “más vale comportarse un día como un león que cien como un cordero”.
(Bibliografía: Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo. “El Aparato de Control / Los Medios de Comunicación y el Régimen / El cine es el arma más poderosa / La Radio y el Instituto Duce / La mostra de cine de Venecia”, Susaeta)
Para Adolf Hitler, el líder supremo del nazismo alemán, el control de los medios de comunicación y la propaganda siempre eficiente eran el arma más importante para someter a los pueblos y obligarlos asumir la ideología nacional socialista y el pensamiento o ideario constante en el libro “Mi lucha” de Hitler.
E 13 de marzo de 1933, formalmente, Joseph Goebbels dirige el Ministerio de Propaganda e Información del III Rreich porque fue uno de los colaboradores de más confianza de Adolf Hitler. Ese Ministerio controló la redacción y la transmisión de todos los medios (periódicos, programas de radio y películas) así como los espectáculos públicos y los programas culturales (teatro, arte y música). Goebbels integra a los medios el racismo y las ideas nazis”.
Los nazis con el uso de los medios de comunicación difundieron la propaganda para manipular al pueblo e imponer su visión del mundo y el Estado. José Antonio Domínguez decía: “Supieron utilizarla para alcanzar el poder, para aprovecharse de la crisis y las frustraciones existentes, mostrándose como salvadores de la nación en quiebra, y una vez en el gobierno, pusieron todos los medios de comunicación bajo su control y los utilizaron para dominar el Estado y controlar a las masas. Sin la propaganda sistemática y el control de los medios no se explica el crecimiento de nacionalsocialismo a lo largo de los años 20 y 30. Buscaron un enemigo y lo encontraron en los judíos y los comunistas, y sobre ellos lanzaron todo el descrédito, a la vez construyeron todo su mensaje sobre la exaltación del líder y su papel como guía o caudillo: sus discursos se transmitían por la radio, su imagen estaba omnipresente en los carteles que empapelaban las calles, en los periódicos o emisiones de cine, donde se exaltaba su carisma y los logros y conquistas conseguidos. Y en todos los medios se reproducían de forma masiva desfiles solemnes, símbolos, banderas y estandartes, que asedian al pueblo alemán casi como una obsesión. Alemania se convirtió de esa manera en una "sociedad hipnotizada". El padre de todo este mecanismo propagandístico fue Joseph Goebbels, al frente del Ministerio de Propaganda y Educación Popular. Su enorme capacidad como manipulador de la información lo convirtió en uno de los personajes fundamentales del nazismo, artífice de una incansable labor de propaganda basada en los siguientes principios:

1. Principio de simplificación del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada. Por ejemplo en el Ecuador el enemigo es la vieja partidocracia y el slogan: “No volverán”.
3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.”
4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
5. Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión, escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.”
6. Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas.” De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.
7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público estará ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
10. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad.
El Generalísimo español Francisco Franco, falangista-fascista soñaba con el control total de la prensa y anhelaba que fuese un servicio público como habían pensado sus maestros Mussolini y Hitler.
Manuel Mariscal Zabala, en un estudio sobre el estado de la prensa española en el franquismo, sostenía: “La Ley de Prensa de 1938 se realiza en una situación de tensión producida por la Guerra Civil española. Franco es proclamado Jefe del Gobierno y del Estado y Generalísimo de los ejércitos en octubre de 1936 y desde ese momento inicia un nuevo marco legal paralelo a la República con el objetivo de asentar lo que sería un nuevo Estado con la perspectiva de ganar la guerra. En este proceso se realiza la Ley de Prensa de 1938 que tiene como principal objetivo situar a la prensa al servicio del régimen, lo que supone que los medios de comunicación deben colaborar con el Movimiento. Fue redactada por José Antonio Giménez-Arnau, Director General de Prensa en el Ministerio de Gobernación, dirigido por Serrano Suñer.
Con esta ley se instaura la censura previa, que no se suprime de forma parcial hasta la Ley de Prensa de 1966. Así todo escrito que directa o indirectamente tendiese a “mermar el prestigio de la Nación o del Régimen”, que entorpeciese “la labor del Gobierno”, y quienes incurrieran en “desobediencia, resistencia pasiva y, en general, las faltas de desvío a las normas dictadas por los servicios competentes en materia de prensa” serian castigados con la pena que correspondiese en cada caso.
¿El Estado con esta ley se asegura el control de la prensa? Así regula el número y la extensión de los periódicos, lo que hace que pueda suprimir determinados periódicos y establecer el volumen según interese, así influye en el nombramiento de los directores de los diarios a propuesta de la empresa, que además podían ser cesados por orden del Gobierno. Se establecen las garantías sobre la solvencia del periódico al obligar a todos los periódicos y revistas a declarar los nombres de los financieros de la empresa y a probar su solvencia económica.
Se ordenaba la inserción obligatoria de cuantas informaciones, comentarios, crónicas y fotografías se estimaran pertinentes. Corresponde al Estado, según esta ley, la reglamentación de la profesión periodística. El Estado puede proponer y obligar a tratar los temas deseados o que más convengan, y para una mayor intervención, la ley prevé la creación de un Registro Oficial de Periodistas con la finalidad de controlar la capacidad y moralidad personal de los periodistas. En ella se establece la obligatoriedad de inscribirse si el periodista deseaba ejercer su profesión.
La Ley de Prensa de 1938 fue útil para conseguir los objetivos que se querían conseguir con ella pero debe quedar claro que se aleja de todos los parámetros del derecho de la información. A nivel histórico se le pueden sacar diversos aspectos negativos como el gran periodo de tiempo que permaneció vigente, hasta 1966, pues fue realizada para desarrollarse en tiempos de guerra, y debió ser cambiada antes.
(Vía | Terrón Montero, Javier: La prensa de España durante el régimen de Franco (1981) Madrid // Fuentes, Juan Francisco y Fernández Sebastián, Javier: Historia del Periodismo español (1998) Madrid).
El sueño de los dictadores fascistas y de los gobiernos populistas con ansias de controlar todos los poderes del Estado y, naturalmente, los medios de comunicación social y a los periodistas desdeñaron el derecho a la comunicación y el derecho de los pueblos a la información plural, con la intencionalidad de imponer la idea del partido único, es decir del pensamiento único. Y para ejercer un control total del la comunicación acaso hay una mejor idea que la absurda decisión de convertirla en servicio público?
En la Ley Orgánica de Comunicación, arbitrariamente ya se definió a la comunicación como “servicio público”. El art.5 dice: …” se consideran medios de comunicación social a las empresas, organizaciones públicas, privadas y comunitarias, así como a las personas comunitarias de frecuencias de radio y televisión, que prestan el servicio público de comunicación…” , pero la Asamblea Nacional, con aplastante mayoría de Alianza PAIS en el poder, aprobó que el artículo 384 de la Carta Magna sea modificado para incluir el siguiente párrafo: La comunicación como un servicio público se prestará a través de medios públicos, privados y comunitarios”. De esta manera, el mencionado artículo, que se ubica en la sección séptima de la Constitución bajo el título de “Comunicación Social” quedaría así: “La comunicación como un servicio público se prestará a través de medios públicos, privados y comunitarios. El sistema de comunicación social asegurará el ejercicio de los derechos de la comunicación, la información y la libertad de expresión, y fortalecerá la participación ciudadana…”
Es así como el derecho a la comunicación e información se convirtió en servicio público, con clara violación a la Constitución ecuatoriana y los instrumentos internacionales referidos al tema.
El mayor peligro está en que sigan los pasos de Mussolini, Hitler y Franco y se manipule la comunicación convertida por mandato constitucional en servicio público para ofrecer al pueblo, sólo la información oficial, la información única que al bloque en el poder le favorezca o le parezca con el propósito de imponer un solo pensamiento: el del Poder en ejercicio.
Definitivamente la comunicación no es un servicio público, es un derecho humano. Al ser servicio público, la comunicación se transforma en el instrumento ideal del gobierno para suprimir la libertad de expresión del pensamiento.
Los procesos de democratización de la comunicación al pasar de derecho consustancial de las personas y los pueblos a condición de simple servicio público, liquida el derecho constitucional y satisface la obsesión del caudillo de que el pueblo crea que es único, irrepetible e irremplazable por la gracias de Dios.