AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE BAJO PERMANENTE AMENAZA DEL IMPERIO YANQUI 



¿ZONA DE PAZ CON BASES MILITARES Y LABORATORIOS? 



Estados Unidos, en su papel imperial, es la potencia más grande de la tierra y es una amenaza permanente para la paz mundial y en especial para América Latina y el Caribe que fue declarada Zona de Paz y libre de armas nucleares. Falta que el Presidente pro témpore de la CELAC, Rafael Correa Delgado, en la IV Cumbre a realizarse el 27 de Enero, declare zona libre de armas químico-bacteriológicas.
Sólo será una verdadera zona de paz, libre de armas nucleares y químico- bacteriológicas, cuando los gobiernos lacayos del imperio yanqui comprendan que no habrá paz, ni respeto a la soberanía nacional e independencia de nuestras patrias, mientras el imperio mantenga bases militares y laboratorios de investigación bacteriológica para su particular concepción de la guerra químico-bacteriológica que quiere monopolizar, para dominar al mundo.
Estados Unidos comenzó a instalar bases militares en territorio latinoamericano y caribeño, prácticamente, desde inicios del siglo XX. En un principio estableció campamentos de su ejército en Cuba durante la guerra de liberación Hispano-Americana, y aún mantiene arbitraria e ilegalmente la Base de Guantánamo convertida en cárcel de torturas a cargo de la CIA. Luego instaló bases militares en Panamá con el pretexto de proteger la construcción del Canal por parte de Estados Unidos. “Estas bases han servido explícitamente para proyectar y proteger al gobierno de EE.UU. y sus intereses comerciales en la región, como parte de su proyecto imperial”.
Más recientemente, “el gran interés militar y el financiamiento de EE.UU. para el Plan Colombia, que ocurrió luego del retiro de las bases militares estadounidenses de Panamá en diciembre de 1999, dio lugar a una proliferación de nuevas bases y acuerdos de acceso militar en la región. El incremento de bases forma parte de un proyecto de descentralización de la presencia militar de EE.UU. en la región, constituye una respuesta de Washington a la resistencia de los líderes regionales de albergar grandes bases militares o complejos de EE.UU, mientras se mantiene un afianzamiento militar más amplio.
Lo que el Comando Sur llama la "arquitectura del teatro", es una compleja red de instalaciones militares y funciones de EE.UU. en la región. Esta estructura entrelazada está en transición. Las instalaciones militares de Estados Unidos representan compromisos tangibles con relación a sus prioridades políticas como asegurar el acceso a los recursos estratégicos, especialmente al gas y al petróleo, y desarrollar una guerra contra la droga por el lado de la oferta, que responsabiliza a los extranjeros del consumo de drogas en Estados Unidos.
El Pentágono también ha invertido en nuevas infraestructuras en la región, contando con cuatro nuevas bases militares en Aruba; Curazao y Comalapa, en El Salvador. El Comando Sur también opera 17 radares, sobre todo en Perú y Colombia Además, en Perú mantiene 3.000 soldados “para combatir el narcotráfico internacional” y dos laboratorios de Investigación en Lima e Iquitos. En Lima se llama MUNRO6.
Hay algunos estudios que contabilizan 47 bases militares extranjeras en América Latina. En síntesis:
La soberanía territorial y política está bajo amenaza directa en América Latina y El Caribe. Sin contar con Puerto Rico, el Movimiento por la Paz, la Soberanía y la Solidaridad entre los Pueblos (MoPPaSSol) ha contabilizado 47 bases extranjeras en Abya Yala. Una alerta necesaria sobre la militarización de la región.
No todas las bases tienen un tamaño similar, algunas son muy pequeñas y otras de gran extensión; unas son bases militares de las fuerzas armadas del país sede, las cuales, por convenio o de facto, son utilizadas por las potencias de la OTAN. Pero todas forman parte de un mismo entramado bélico liderado por Estados Unidos.
La presencia militar extranjera presenta formas muy variadas. Por ejemplo, la militarización de la lucha antidroga en México o Guatemala.
Colombia es el país con más pistas y centros usados por Estados Unidos
Argentina: (2) en el archipiélago de Malvinas ocupado colonialmente por Gran Bretaña, la Fortaleza de la OTAN en Mount Pleasant, Isla Soledad, cuya pista mayor tiene una longitud de 2.600 metros. La actual dinamización de la militarización en el Atlántico Sur posiciona a la Fortaleza Malvinas como la fuerza más importante de la OTAN en esa región.
Existe además un terreno autorizado para el uso de Estados Unidos por el ex gobernador de Tierra del Fuego, en la localidad de Tolhuin. En febrero de 2012 se hace pública en Resistencia, Prov. del Chaco, la instalación de un Centro Anticatástrofes y Ayuda Humanitaria, financiado por el Comando Sur del Pentágono. Se inaugurarse el Aeropuerto Internacional de Resistencia.
Las bases militares yanquis se distribuyen así:
Aruba: (1) base aérea Reina Beatriz, de EEUU.
Belice: (1) un espacio para entrenamiento de efectivos de Gran Bretaña (OTAN), y, lógicamente de Estados Unidos.
Colombia: (8) Con fecha 30 de octubre de 2010, el Gobierno de Colombia suscribe con los Estados Unidos un convenio de cooperación militar en el cual se señalan las siguientes bases militares colombianas para que sean usadas por los EEUU: la base aérea de Apiay, en el departamento del Meta; la base aérea de Malambo, ubicada en el área metropolitana de Barranquilla; la base aérea de Palanquero, situada en Puerto Salgar, en el departamento (provincia) de Cundinamarca, que cuenta con una pista de aterrizaje de 3500 metros; la base aérea de Tolemaida, en Melgar, Tolima, es el fuerte militar más grande de Latinoamérica y tiene una importante fuerza de despliegue rápido; la base naval de Bahía Málaga, en el Pacifico colombiano, cerca de Buenaventura; la base naval de Cartagena, en la costa del mar Caribe.
A ellas se suman las que ya venían siendo utilizadas por soldados de Estados Unidos: la base aérea de Tres Esquinas ubicada en el departamento de Caquetá y la base aérea Larandia, en el mismo departamento.
Y se agrega el uso del puerto de Turbo (muy cercano a la frontera con Panamá) para aprovisionamiento de la IV Flota, así como muchas otras instalaciones de las Fuerzas Armadas colombianas.
Costa Rica: (2) Existe una base de EEUU en Liberia. Hay que tener en cuenta además la “invasión” de buques y miles de soldados USA autorizada por el Gobierno.
Honduras: (3) Base aérea estadounidense Soto Cano, en Palmerola, con una pista de 2.600 metros; otra más nueva en Puerto Lempira, sobre la laguna Caratasca, en el departamento Gracias a Dios.
Curazao: (1) Base de EEUU. Hato Rey
Chile: (1) Con autorización del Gobierno de Sebastián Piñera se ha instalado en el Fuerte Aguayo, en Concón, cerca de Valparaíso, una base militar de los EEUU. El emplazamiento “imita una zona urbana, con 8 modelos de edificios, fue construido con un aporte de casi 500 mil dólares proporcionados por el Comando Sur de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos bajo la denominación de que sirve para “ejecutar operaciones de mantención de la paz o de estabilidad civil”, según indica la misma Embajada norteamericana.
El acuerdo insiste en la lógica de que las Fuerzas Armadas deben intervenir en conflictos sociales o “estabilidad civil” lo que renueva la práctica de la Doctrina de la Seguridad Nacional.
El Salvador: (1) Una base en Comalapa, muy próxima al aeropuerto internacional de San Salvador.
Guadalupe: (2) Dos bases militares de Francia (OTAN) en este pequeño archipiélago de las Antillas, en el mar Caribe que forma un departamento de ultramar de Francia y una región ultraperiférica de la Unión Europea.
Guayana Francesa: (3) En este territorio (remanente colonial francés en América del Sur) se concentran tropas principalmente en Cayena, San Juan de Maroni y otros lugares. Pero la más importante es la base aeroespacial francesa en Kourou, ahora gestionada por la Agencia Espacial Europea. Sus instalaciones son de las más avanzadas del mundo en la función que desempeña. Está preparada para el lanzamiento de satélites con objetivos diversos.
Haití: (1) Además de la presencia, desde 2004, de la MINUSTAH, se registra una presencia de tropas de EEUU cuyo número no se ha podido determinar, así como el atraque de naves de la IV Flota. Desde la invasión de más de 20.000 efectivos USA con motivo del terremoto de enero de 2010, organizaciones de Haití vienen denunciando que han quedado remanentes de esas tropas y que todo su territorio puede considerarse una gran base militar extranjera.
Honduras: (3) Base aérea estadounidense Soto Cano, en Palmerola ;en Puerto Lempira, sobre la laguna Caratasca, y en Guanaja, departamento Islas de la Bahía.
Martinica: (2) Por lo menos dos bases francesas (OTAN). En el lugar, el Ejército francés cuenta con más de 1.000 efectivos permanentes. Allí además se encuentra la Marina de Guerra con 500 efectivos y los equipos necesarios. Martinica ha servido como escala durante la Guerra de las Malvinas.
México: (2) La militarización de la lucha antidroga con la intervención directa de los Estados Unidos ha dejado en los últimos años en este país decenas de miles de muertos.
Panamá: (12) Son doce bases aeronavales en ambas costas: 7 sobre el Pacífico y 9 sobre el Caribe.
Paraguay: (2) Base en Mariscal Estigarribia, en el Chaco paraguayo, con instalaciones para albergar a varios miles de soldados y una pista de 3.800 metros de longitud. Otra base en Pedro Juan Caballero (Base de la DEA estadounidense) en la frontera con Brasil.
Perú: (3) Se menciona desde hace varios años la existencia de tres bases militares de EEUU en Perú: Iquitos, Nanay y Santa Lucía.
República Dominicana: (1) Desde hace varios años se habla del traslado de tropas USA antes estacionadas en Puerto Rico y la República Dominicana.
Estados Unidos ampliará su presencia militar en Latinoamérica, con la creación de una unidad especial en Honduras para “misiones de colaboración” en la región, que contará con 250 marines, helicópteros y un catamarán de alta velocidad.
(Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSUR bajo la siguiente dirección:
http://www.telesurtv.net/news/Honduras-Base-militar-de-EE.UU.-tendra-unidad-con-250-marines--20150401-0091.html.)
Las nuevas bases y radares monitorean el espacio aéreo y los mares de la región y son claves para las crecientes operaciones de vigilancia que lleva a cabo Estados Unidos en el marco de la guerra contra las drogas y el terrorismo en la región andina. Como parte de la creciente contribución militar de EE.UU. al Plan Colombia, estas bases conforman un cerco alrededor de Colombia. A pesar de que los acuerdos se enmarcan en la lucha contra las drogas, los acuerdos operativos de las bases en Aruba, Curazao y El Salvador explícitamente establecen que para el uso de sus instalaciones no están prohibidas otro tipo de “organizaciones DOD" (Departamento de Defensa) siempre que se obtenga la aprobación de los militares de Estados Unidos. Los aviones que operan desde las bases de EE.UU. se han utilizado para supervisar e incluso, según se reportó, para atacar los barcos de Ecuador que transportaban inmigrantes indocumentados o bombardear el campamento de las FARC comandadas por Raúl Reyes, en la Región de Angostura, en tanto operaba la base de Manta.
En los últimos años, el imperio realiza sus guerras de agresión por mano ajena. El Pentágono tiene carta blanca para subcontratar la mayor parte de las operaciones militares y el mantenimiento de sus bases militares con empresas privadas. La fuerza aérea contrató a la Dyncorp para la mayor parte de la operación de las bases conocidas como FOL (por sus siglas en inglés).
Estas bases complementan a las ya existentes en Soto Cano, Honduras, y en Guantánamo, Cuba, que no tiene fecha de terminación. Guantánamo ha servido como lugar de descanso para marineros e infantes de la Marina, lugar donde los barcos guardacostas se abastecen de combustible, y campamento para los refugiados haitianos. Estas actividades han sido eclipsadas por la controversia generada por la instalación de un campamento militar de EE.UU. para prisioneros que se sospecha pertenecen a Al Queda, la violación de las normas de la Convención de Ginebra y las denuncias de torturas y abusos.
Según analistas documentados, “las bases militares de los EE.UU. en América latina han tenido al menos nueve misiones específicas: intervenciones policiales; sanidad tropical; Defensa del Canal de Panamá, que fue interpretada a menudo a su conveniencia; entrenamiento de la tropa; pruebas de armas y de otros equipos; ingeniería ambiental, particularmente en el entorno tropical; lucha contra-insurgente; operaciones anti-drogas y tareas de inteligencia y de comunicación. Las bases de Panamá y Puerto Rico sirvieron de plataformas para lanzar intervenciones hacia países centroamericanos y caribeños, lo que Estados Unidos hizo con frecuencia desde 1900 a 1933. Aunque los estándares actuales limitan en escala las intervenciones militares, estas han sido normalmente suficientes para determinar el resultado de conflictos locales para favorecer los intereses comerciales de EE.UU.
“Estados Unidos amplió dramáticamente su presencia militar en Puerto Rico antes y durante la Segunda Guerra Mundial, estableciendo la estación naval de Roosevelt Roads y expropiando tierras para área de bombardeo y maniobras en las islas de Vieques y de Culebra. Las instalaciones militares de EE.UU., especialmente bases aéreas, fueron establecidas durante la guerra en muchos países del Continente (Ecuador, Perú, Guatemala, Costa Rica, Nicaragua), lo que se puede comparar con el crecimiento actual del número de bases de EE.UU. alrededor del mundo, en la “guerra contra el terrorismo”
El objetivo de dominación mundial para apropiarse de los recursos naturales de la tierra condujo al imperio guerrerista, a instalar más de 800 bases militares a lo largo del mundo, “cuyo mantenimiento cuesta unos 100.000 millones de dólares al año a los contribuyentes del país. La cantidad de esas bases podría resultar mucho más alta si se toman en cuenta las instalaciones aún abiertas en Irak y Afganistán.
La mayoría de las bases estadounidenses se construyeron después de la Segunda Guerra Mundial. La Guerra de Corea, así como la Guerra Fría contribuyeron al aceleramiento de la expansión de la infraestructura militar del país norteamericano a otros Estados, afirma el profesor de la Universidad Americana, David Vine, en su nuevo libro 'Nación de bases. Cómo las bases militares estadounidenses en el extranjero dañan a EE.UU. y al mundo' ('Base Nation. How U.S. Military Bases Abroad Harm America and the World').”
Fue la Guerra Fría y la tesis de contención del comunismo soviético, los socorridos pretextos para que Estados Unidos extendiera sus bases militares por los cinco continentes., para proteger las zonas 'vulnerables' a la influencia de la URSS. Pero incluso tras el fin de la Guerra Fría, gran parte de la infraestructura militar construida en esa época sigue estando operativa hasta hoy en día, publica el portal 'Vox'. Actualmente la mayoría de las tropas de EE.UU. están estacionadas en países aliados: Japón, Alemania y Corea del Sur, sostienen John Lindsay-Poland bajo el título Bases militares de EE.UU. en América Latina y el Caribe sostienen: “
Añaden que durante la guerra fría, la doctrina militar de Estados Unidos para América Latina y el Caribe se centró en el aumento de la capacidad de los militares nacionales para "defensa interna," es decir para combatir a las fuerzas que al interior de los países de América Latina desafiaban el orden existente. La doctrina frecuentemente no distinguía entre levantamientos armados, manifestaciones pacíficas e incluso la oposición cívica. El fuerte de Gulick en Panamá albergó a las instalaciones militares de EE.UU. conocidas como la Escuela de las Américas, que entrenó a 29.000 militares latinoamericanos entre 1949 y 1984, cuando la Escuela fue llevada a Georgia, mientras que la fuerza aérea y la Marina también entrenaban a miles de soldados latinoamericanos en otras instalaciones en Panamá. Pero Estados Unidos también entrenó y aprovechó a Panamá para sus propias aventuras militares, especialmente en el Sudeste asiático. En los polígonos de tiro situados en las zonas tropicales de este país se probaron armas (misiles, gas nervioso, uranio empobrecido) y otros equipos militares.
A diferencia de las bases de EE.UU. en Panamá, el entrenamiento de la Marina en Vieques tuvo que ver tanto con las misiones militares de los EE.UU. en Iraq y Europa, como con las operaciones en América latina, ya que grupos de combate se desplazaron directamente desde Puerto Rico al Mediterráneo y al Golfo Pérsico, donde realizaron bombardeos regulares incluso antes de que Estados Unidos invadiera a Iraq en el 2003.
Luego de que las fuerzas de EE.UU. fueron retiradas de las bases de Panamá, a la mayoría de ellas se las reubicó en las bases de Puerto Rico. La oposición al bombardeo de Vieques estalló en abril de 1999 después de que un piloto dejara caer dos bombas fuera del blanco en la zona de Vieques y matara a un guardia civil puertorriqueño. En días posteriores, los manifestantes ocuparon algunos lugares de la zona activa de bombardeo, donde permanecieron durante más que un año.
La operación y luego el cierre temporal de la zona de bombardeo de Vieques, y con ella la estación naval Roosevelt Roads, mostró el entramado de una serie de instalaciones militares aparentemente distintas. Además de la mencionada zona de bombardeo en Vieques, la Marina también operaba en un radio de acción externo de casi 200.000 millas cuadradas, que parece no fue afectado por el cierre de Vieques, una zona subacuática para submarinos, y una zona de guerra electrónica en aguas cercanas a Vieques.
Las bases que pertenecen a los militares latinoamericanos pero construidas o utilizadas por soldados de EE.UU., no se consideran bases de EE.UU., sin embargo a menudo responden a propósitos similares. 1.400 militares y personal contratado de EE.UU. que operan en Colombia a tiempo completo, por ejemplo, están hospedados nominalmente en bases colombianas. Para que los militares de EE.UU. estén presentes en un país ya no se requieren instalaciones permanentes sino acuerdos bilaterales para operaciones y maniobras militares. Las tropas de EE.UU. utilizan las instalaciones de los países anfitriones para sus propios objetivos de entrenamiento militar, evitando hacer un título de propiedad, lo que le convertiría en una “base de EE.UU.”.
LOS PROBLEMAS CON LAS BASES DE LOS EE.UU EN LA REGIÓN
Los soldados y el personal contratado que EE.UU. tiene en las bases de América Latina y el Caribe exceden con creces al personal de las agencias civiles de EE.UU. en la región. La presencia de tanto personal en misiones militares fuera de las fronteras de EE.UU. envía un mensaje: Estados Unidos prefiere la fuerza a la diplomacia para solucionar los problemas en la región, incluyendo los problemas que implican conflicto con el propio Estados Unidos. Señala el Informe.
Los nuevos Puestos de Seguridad Cooperativa, aparentemente creados para supervisar el tráfico de drogas, no tienen ningún mecanismo transparente o de monitoreo por parte de la sociedad civil, y por lo tanto pueden asumir misiones, tales como la contrainsurgencia, la captura de inmigrantes en el mar y como plataforma para apoyar otras acciones militares de EE.UU.
Muchas bases militares en América Latina - como las de Estados Unidos y en cualquier otro lugar- dejan un legado ambiental devastador. En Vieques, algunos estudios han encontrado altos índices de cadmio, plomo, mercurio, uranio, y otros contaminantes en los suelos, la cadena alimentaria y los cuerpos de los habitantes de la Isla. Estos contaminantes han conducido a altos índices de enfermedad entre los habitantes de Vieques, que tienen incidencias de cáncer en un 26.9% mayor que otros puertorriqueños. En Panamá, los propios militares estiman que dejaron abandonadas más de 100.000 piezas de artillería sin explotar en las zonas de fuego y en la zona de crecimiento rápido del canal. Estados Unidos no reconoce las mismas obligaciones de limpieza en el extranjero que las que cumplen en sus instalaciones locales. Una vez que se va el Pentágono, Estados Unidos abandona la jurisdicción y la responsabilidad de la contaminación que sus militares han causado.
En el análisis se agrega: “Para estar a la altura de los ideales democráticos, Estados Unidos debe adoptar una nueva doctrina en América Latina y el Caribe que valore los lazos con los civiles más que los lazos con los militares, así como el ámbito donde se toman las decisiones democráticas. Esta doctrina debería dedicar más recursos para tratar las causas económicas del conflicto, antes que construir instalaciones diseñadas para el uso de la fuerza. También debería comprometer a Estados Unidos a ser más transparente con sus propósitos, actividades y efectos de las bases militares estadounidenses existentes en la región, especialmente si eso significa que las bases son eliminadas mediante una política democrática.
Además, Estados Unidos no debe intentar establecer acceso militar o realizar misiones militares polémicas a través de medios privados, tales como la subcontratación de operaciones militares.
Para tratar los problemas ambientales generados en las bases militares estadounidenses en América Latina así como en otras regiones, Estados Unidos debe reconocer su responsabilidad y financiar la limpieza de la bases actuales y la ex bases, de acuerdo a los estándares que protegen a las poblaciones vecinas y el ambiente de la contaminación y de los peligros que afectan a la seguridad.
Por su parte, Telma Luzzani sostenía: “Nuestra región es decisiva para el imperio. Contiene reservas de recursos naturales renovables y no renovables, es un área vital de seguridad militar y también una plataforma fundamental para la proyección de poder. Sin embargo, al ser una zona de paz y sin armamento nuclear, nada justifica la presencia del ejército más poderoso de la tierra; por eso es necesario exigir el cierre definitivo de todas las bases militares estadounidenses en nuestros países.
El presidente norteamericano Barack Obama propuso, una vez más, el diálogo y abrir una nueva etapa de acercamiento entre nuestros países durante la VII Cumbre de las Américas llevada a cabo en Panamá, en abril de 2015. Como él mismo recordó, esto ya lo había planteado en la V Cumbre (Trinidad y Tobago, abril de 2009) donde, con palabras casi calcadas, aseguró: “No vine aquí a discutir el pasado sino a pensar en el futuro. Estados Unidos quiere buscar con el resto de América una alianza entre iguales”. Lamentablemente, esas bellas palabras duraron poco. En la madrugada del 28 de junio de aquel año, el presidente hondureño Manuel Zelaya fue sacado de la cama por un comando militar y llevado a Costa Rica, pero antes el avión había hecho escala en la base José Soto Cano, en Palmerola (Honduras), donde se encuentra estacionada la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo ( JointTaskForce Bravo o JTF-B) del Comando Sur, compuesta por unidades militares rotativas del ejército, la aeronáutica, las fuerzas de seguridad conjuntas y el primer batallón-regimiento número 228 de la aviación estadounidense. Resulta imposible pensar que el Pentágono no estaba al tanto del golpe de Estado.
Días después -en julio de 2009-, el presidente colombiano Álvaro Uribe admitió que las versiones periodísticas que hablaban de un acuerdo con Estados Unidos para instalar siete bases militares en Colombia eran ciertas. Esto se sumaba a la noticia en el mundo- el reservorio de recursos naturales renovables y no renovables (agua, petróleo, minerales estratégicos, biodiversidad, alimentos, etc.) sino que además es un área vital de seguridad militar (la frontera sur, su punto más vulnerable) y también una plataforma fundamental para la proyección de poder. Si bien el proceso de militarización de Estados Unidos tiene su gran impulso en los inicios de la Guerra Fría, una vez desaparecida la Unión Soviética, en 1991, la carrera no se detuvo. Por el contrario, en 2014 el presupuesto militar norteamericano fue equivalente al 48 por ciento del total mundial. Según las cifras del Instituto de Investigación para la Paz Internacional de Estocolmo, el presupuesto militar norteamericano de 2014 fue de 640.000 millones de dólares, mientras que el de las ocho potencias que le siguen en poderío (en orden: China, Rusia, Arabia Saudita, Francia, Reino Unido, Alemania, Japón e India) todas juntas, gastaron 607.000 millones de dólares.
Tanto en la primera etapa post soviética -la del “Proyecto para un Nuevo Siglo Norteamericano”, que proponía para el siglo XXI, desde una perspectiva wilsoniana conservadora, el uso del poder militar para la expansión global y la imposición de los valores estadounidenses en todo el planeta-, como en la actualidad, cuando el gigante norteamericano se siente amenazado por potencias emergentes, siempre la opción prioritaria fue la militar. El Informe Cuadrienal de Defensa 2014 así lo certifica. Dice: “La efectividad de otras herramientas, como la diplomacia y la asistencia económica, para la influencia global de EE.UU. está absolutamente entrelazada y depende totalmente de la percepción que el mundo tenga de la fuerza, la presencia y el poder de nuestras fuerzas armadas”.
En esta propuesta la instalación de bases militares en todo el planeta fue y es decisiva. Los documentos oficiales del Pentágono distinguen dos tipos. Las bases de operaciones tradicionales (aquellas donde hay personal permanente y una fuerte infraestructura como la base de Ramstein en Alemania) y los sitios de operaciones avanzadas, con un número muy limitado de tropas que, si fuera necesario, puede llegar a expandirse.
Estas bases, conocidas en la jerga militar como “lilypads” o por sus siglas en inglés FOL (FowardOperatingLocation), están ubicadas en todo el mundo, en lugares considerados estratégicos o peligrosos para la seguridad de Estados Unidos y que pueden convertirse en puntos de partida para situaciones de crisis o guerras.
En América del Sur y Central, los FOL jugaron un papel fundamental al despuntar el siglo XXI tras el desalojo del Comando Sur de la estratégica base militar en Panamá, en 1999 (acuerdo Torrijos-Carter), y en el marco de la readecuación de la política exterior y de defensa que Washington había decidido adoptar para el nuevo escenario internacional post Guerra Fría, contenida en la “Estrategia Nacional para la Nueva Era” (1997).
El Pentágono hace esta distinción entre dos tipos de bases militares porque en el caso de las primeras se trata de acuerdos formales entre dos gobiernos. Las funciones primordiales de estas instalaciones son el control de zonas estratégicas delmundo; vigilar y garantizar la libre circulación de mercaderías (u obstaculizar la circulación del enemigo); el reabastecimiento y la proyección de poder. Las bases de segundo tipo, los FOL, según explica el analista Michael T. Klare, nacen de pactos no siempre transparentes (muchas veces a espaldas de los Congresos e incluso de los Poderes Ejecutivos ya que son arreglos entre las fuerzas armadas y el Departamento de Defensa de Estados Unidos), y por lo tanto “buscan no dar la impresión de que EE.UU. está buscando una ocupación permanente, del tipo colonialista, en el país en el que quiere ubicar una de esas instalaciones”.
En las declaraciones a la prensa, tanto el Pentágono como los gobiernos de los países anfitriones suelen negar que los FOL sean bases militares amparándose en el hecho de que tienen escaso personal (en muchos casos son mercenarios o “contratistas”) y que están alojadas en un perímetro acotado, en puertos o aeropuertos, que el país anfitrión “alquila” o cede temporalmente a Estados Unidos.
La antropóloga Catherine Lutz, de la Universidad de Brown, en su excelente libro Bases, imperio y respuesta global, cita las palabras de Robert Kaplan, asesor del Pentágono durante la gestión de Robert Gates (2006-2011) quien deja bien claro el tema. Dice Kaplan: “En general, el rol administrativo de un FOL lo cumple un contratista privado, casi siempre un oficial norteamericano retirado que alquila estas instalaciones al país anfitrión y luego les cobra una tarifa a los pilotos de la fuerza aérea norteamericana que pasan por esa base. Oficialmente es un hombre de negocios que trabaja para sí mismo, algo que a los países anfitriones les gusta porque pueden decir (a sus ciudadanos) que no están realmente trabajando con militares norteamericanos. Es una relación indirecta con las fuerzas armadas norteamericanas que evita tensiones”.
La realidad es que son bases militares de nuevo diseño que funcionan como plataformas portátiles, adonde el Pentágono tiene posibilidad de acceso permanente pero las autoridades del país anfitrión tienen prohibido entrar. Un ejemplo conocido fue la base de Manta en Ecuador. Hasta que el presidente Rafael Correa la cerró en 2009, el Comando Sur operaba allí con total libertad pero nunca nadie pudo saber qué hacían los aviones estadounidenses cuando despegaban de allí, qué instalaciones poseían en los hangares, qué monitoreaban sus radares o qué material almacenaban.
Los FOL de nuestra región forman parte a su vez de una red global gigantesca interconectada, en simultáneo, entre sí y con su núcleo central, ubicado en el centro de experimentación de vigilancia y guerra espacial (SpaceWarfare Center) en la Base de la Fuerza Aérea Schriever (Colorado Springs, EE.UU.) donde se almacena la formidable masa de datos que se envía permanentemente desde ellas. Regionalmente, la información de inteligencia que se recoge en los FOL de América del Sur también se procesa en el Centro Sur de Operaciones Conjuntas de Vigilancia y Reconocimiento ( JSSROC) del Comando Sur. Como prueba del enorme valor geoestratégico que tiene nuestra región para Washington y de la creciente importancia de nuestros recursos naturales, vale la pena leer las advertencias que hacía al Pentágono, en 1998, un alto oficial de la Fuerza Aérea: “Si dejamos de prestar atención militar a nuestro vital interés, en el futuro vamos a lamentar la ausencia de bases de avanzada (FOL) en el teatro de operaciones del Comando Sur. Los comandos regionales deben ser proactivos desde ahora en el establecimiento de nuevas bases. Es urgente la selección y el desarrollo de cuatro o cinco bases centrales con al menos una infraestructura mínima que sea el primer paso para asegurarse un acceso de avanzada”.
VIGILANCIA DE AMPLIO ESPECTRO
Como quedó comprobado tras la revelaciones del estadounidense Edward Snowden, el ex agente de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en inglés) que dio a conocer parte de los documentos secretos del espionaje norteamericano, la mayoría de los datos recolectados en los FOL y enviados para su procesamiento al centro experimental Schriever incluía escuchas telefónicas, correos electrónicos e información sobre las reuniones de funcionarios de gobiernos, integrantes de partidos políticos y otros organismos sudamericanos.
Las operaciones de espionaje son numerosísimas. Vale la pena reproducir dos ejemplos publicados en el diario británico TheGuardian en 2013. El Plan Colombia, según las revelaciones de Snowden, esconde una de las mayores operaciones encubiertas de inteligencia desarrolladas por Estados Unidos. La tecnología de espionaje está instalada en aviones estadounidenses que vuelan en el espacio aéreo colombiano, localizando y decodificando planes rebeldes. Estos aviones despegan de bases de EE.UU. en territorio colombiano pero están en capacidad de captar información también más allá de las fronteras colombianas. En el marco del Plan Colombia, está confirmado que la NSA y la CIA fueron claves para el asesinato del número dos de las FARC, Raúl Reyes, en marzo de 2008, y de otros líderes guerrilleros.
El segundo ejemplo es Venezuela. Los FOL de Aruba y Curazao, a 50 kilómetros de la costa venezolana, aportan información y operan sobre ese país que se encuentra -según un memorándum oficial recopilado por Snowden- entre los seis “objetivos prioritarios a largo plazo” de la NSA. Los otros países son China, Rusia, Corea del Norte, Irán e Irak. Entre los objetivos figuran: evitar que Venezuela alcance un liderazgo regional; impedir que persiga políticas que impacten negativamente en los interesesglobales de EE.UU.; controlar la política energética; monitorear la amplitud y profundidad de las relaciones con Cuba, Rusia, China e Irán e, incluso, rastrear “los mensajes privados de funcionarios en busca de chismes que pudieran proporcionar una pequeña ventaja política”.
Queda claro entonces que aunque el discurso oficial niegue la existencia de bases o admita cierta presencia militar supuestamente con el fin de combatir el tráfico de droga, el crimen organizado y los desastres naturales, lo cierto es que los FOL estuvieron y siguen estando directamente involucrados en la recolección de datos de inteligencia humana (HUMINT), de señales (SIGINT, ELINT, para datos electrónicos), de imágenes (IMINT) o de medición (MASINT). En síntesis, los objetivos de los FOL son múltiples y entre otros son:
1) Control del negocio de la droga (producción y transporte).
2) Combate al terrorismo.
3) Espionaje, tareas de inteligencia y almacenamiento de información.
4) Control sobre los cambios políticos y económicos de la región.
5) Control de las migraciones.
6) Acceso a los recursos naturales (entre ellos la zona amazónica, esta región es la que se encuentra más cercada de bases norteamericanas) y fuentes energéticas.
7) Protección de las empresas privadas de petróleo norteamericanas o británicas.
8) Plataforma para eventuales intervenciones (asesinato de Raúl Reyes) y/o operaciones militares (hacia África, por ejemplo, a través de la base de Palanquero, en Colombia).
9) Programas vinculados con la preparación de tropas en condiciones especiales.
Las bases militares de Estados Unidos conjuntamente con laboratorios de investigación para el desarrollo de la guerra químico-bacteriológica, son un peligro para la vida saludable de la población que, con frecuencia, se ve agredida por nuevos virus que causan enfermedades, muchas veces mortales: diversa clases de dengue, chikungunya, zika y otros reforzados en laboratorio.
A más de virus y bacterias reforzados o mutados en laboratorios, la presencia de embajadas yanquis con numeroso personal diplomático civil y militar, a menudo provocan actos de grosera injerencia en los asuntos internos de nuestras patrias que se conviertes en verdaderas agresiones al propinar golpes de Estado, o apadrinar a las oligarquías para ejecutar guerras económicas o apoyar a los candidatos de las derechas en las campañas electorales, lo mismo que intervenir en los medios de comunicación para realizar campañas de propaganda en defensa de los intereses geopolíticos y económicos del imperio y sus depredadoras transnacionales. ¿Hasta cuándo tanta infamia en nombre de la democracia, los derechos humanos y libertades o en nombre de la fracasada guerra contra el narcotráfico internacional?


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