UNA CASA DEL TAMAÑO DE UN PAÍS 



LA CASA DE LA CULTURA ECUATORIANA ES UNA OBRA DE BENJAMÍN CARRIÓN  



El gran José Martí creía que la historia del hombre podía ser contada por sus casas.

Si porque la dialéctica de la vida, el comportamiento social, las vicisitudes humanas se reflejan en la casa. Más aún si esta casa es tan grande como un país, si es tan sabia como el abuelo, si es tan generosa como la madre.

Un libro sobre la Casa de la Cultura, es también una casa, porque una casa es quien la habita, abre sus puertas históricas, recoge los pasos del pensamiento ecuatoriano, abre ventanas, prende luces, inserta grafías, para que entre el mundo y se entere de que por su interior aún gravita y se agita la libertad, la creatividad, la utopía, ese sueño de una democracia sin fin, esos hombres y mujeres que enriquecieron la cultura, que dignificaron las luchas libertarias, que agitaron la idea de volver a tener patria, cuando ésta fue humillada y ofendida, no por un pueblo hermano, sino por los sicarios de oligarcas y de guerras
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"Nadie es la patria, pero todos lo somos todos, dice Borges, y de la misma manera creemos que nadie es la cultura pero todos 1o somos. La cultura es a la patria como la madre al hijo, su protección y su abrigo, por eso en una sociedad no reina el juez, sino el creador, y es ese creador hombre y mujer, joven y niño, el que alienta estas páginas. Páginas recogidas con amor, con respeto, para dejar marcado el camino de setenta años, el camino que el pensador, el artista, el músico, el teatrero, el poeta, el sabio han hecho al andar las tortuosas calles de la vida.

Hoy, al cumplirse un aniversario más de esta Casa de sueños, como lo dije algún momento, ya se está regando la voz de que es una Nueva Casa, una Casa renovada, un espacio público descentralizado, democrático, incluyente, cuyo mensaje se replica en los 23 Núcleos Provinciales de cada rincón de la patria, es decir, donde trabajamos todos, colectivamente, a fin de inventar las condiciones necesarias para que surjan los miles de artistas que deambulan con su maravilla oculta, invisibilizados por una sociedad alienante, cruzada infamemente por el espectáculo mediocre, por las burdas aspiraciones del mercado del entretenimiento, por los grotescos prototipos de comportamiento que no nos pertenecen.

La cultura, si, esa cultura como la expresión más rica y sabia del pueblo es la esencia viva v permanente de la convivencia humana, de la relación que establecemos con el otro, con la naturaleza y con las expresiones de la sensibilidad y del espíritu revolucionario, porque pensamos, junto a Brecht, que nuestro país, cualquier país, necesita de la cultura, del arte, para hacer practicable lo que políticamente es justo.

El ser humano, antes de todo. Esa es la consigna ahora, el ser humano antes del capital. Es decir, no una cultura del espectáculo, sino una política cultural que dignifique, aliente, proteja al artista auténtico, al artista diverso, a la rica expresión multicultural e intercultural. No necesitamos una persona, sino una personalidad colectiva, porque la interculturalidad es una sociedad integrada. Es disfrutar v aceptar distintas formas de saberes, integrarnos con nuestros propios saberes. La cultura está. La cultura no muere; se lleva en las venas. La interculturalidad es una forma de vida y de respeto al otro. No hay culturas mejores o peores Todas son reales, diferentes, dialécticas, necesarias.

Abrir entonces estas páginas, porque aquí está e1 milagro y el testimonio de cuál es el camino que se recorre a fin de educar para ser y no educar para tener Porque primero hay que enriquecer la sensibilidad, el corazón, para que el conocimiento sea fuente de so1idridad y respeto a los demás.

Ya 1o decía Neruda: "mis deberes caminan con mi canto", los nuestros también.

Raúl Pérez Torres
Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana
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MENSAJE DE BENJAMIN CARRIÓN

Creo que ha llegado la hora de hablar de una cosa que me interesa entre todas, a la que he dedicado mi vida, esta fe, este optimismo incurable, que son la sola fortuna que poseo. ¡Y me creo por ello inmensamente rico! Esa cosa de la que hoy quiero hablar es la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Tras ella mi nombre se ha borrado.

Ella se adelanta, para hablar a los hombres de mi pueblo, de mi pueblo de indios, sí de muchísimos indios; de mi pueblo de mestizos y de un poco de blancos.

Fue después del gran dolor nacional de los años de 1941 y 1942. Años malvados para mi tierra, para América, en que dos pueblos -Ecuador y Perú- hermanos por todas las dimensiones de la historia y de la geografía y sobre todo hermanos por su común destino, se fueron a las manos.

Mi pequeña patria sufrió en su carne y en su esperanza. Y nuestra misión, la de los fundadores de la Casa de la Cultura, fue la de conseguir que no pereciera su optimismo, su certidumbre nacional, su fe.

Nos acordamos de la teoría keyserliniana de la fecundidad del insuficiente para -como se dice en español- sacar fuerzas de flaqueza. Y ser. Ser una pequeña patria, por su vocación a la cultura y a 1a libertad.

El sauce podado de Toynbee tenía gran poder en sus raíces y en su tronco. Las ramas que le quedaban, sanas y vitales, crecerían en altura y se robustecerían, pero era necesario guiarlas, dirigirlas, para que la esencia no se perdiera, para que los brotes nuevos fueran el trasunto del poder nutritivo de la savia.

Que esa pequeña gran patria -que ha llegado a 1a certidumbre de que sus dos líneas vocacionales jamás desmentidas son Cultura y Libertad- escuche las voces mayores de su historia: en esta tierra mía, no se han tolerado tiranías.

Todas nuestras grandes voces han sido de Libertadores y guías intelectuales, conjugadas las dos cosas en la misma persona: Espejo, el gran indio sabio y libertador; Montalvo, el prosista sin igual todavía en nuestras tierras, fusta y puñal los tiranos; Olmedo, el cantor de Bolívar, libertador de pueblos y defensor de indios. Ellos nos han dado el mandato de la patria: no el héroe clarinete de caballo encabritado, con la espada en alto, en marcha hacia la gloria terrible del combate. Nosotros, no. El héroe de la idea, el conocimiento y la palabra.

Mi tierra, este Ecuador de los contrastes violentos y de los hombres buenos, es, orgullosamente, una nación pequeña, una gran nación pequeña, si se quiere, a pesar de la paradoja aparente y de la verdad real. Porque no pretende, no debe pretender una grandeza militar que conduzca al ridículo.

Porque hoy ya no tiene una grandeza territorial, perdida por la imbecilidad y la traición; una risible grandeza diplomática, vestida de ornamentos y marcada de genuflexiones.

Esta nación pequeña no es una nación resentida, una patria amargada.

Y esta tierra mía está animosa, debe estar animosa a pesar de las contradicciones v de los males transitorios.

Nos quitaron la patria que tuvimos. Ahora es preciso "volver a tener patria".

La Casa de la Cultura, cuya raíz arranca de la definida e irrevocable vocación nacional, tiene como misión profunda y alta a la vez, desentrañar las esencias de nuestro destino, por medio de la indagación de su geografía y de su historia, de su potencial de suelo y de hombres. Ofrecer posibilidades a las realizaciones de cultura, hasta entonces cosa merecedora de escaso apoyo del Estado entre el acervo de las actividades del hombre ecuatoriano.

La Casa de la Cultura es la expresión de todo eso. No la Academia que se pasa todo el año -ancianos venerables que son como niños- jugando con el divertido juguete del vocablo, para lustrarlo y esplenderlo. No la Sociedad Literaria, creada para editar libracos y revistas. La Casa de la Cultura es la prefigura de mi pueblo. Por eso ella se entiende con el pueblo, va hacia él, para hacer con su concurso la obra de la patria.
La Casa de la Cultura Ecuatoriana fue fundada para luchar por que no se mantenga al pueblo del Ecuador en el engaño y al servicio de sus eternos explotadores.

Para decirle al Ecuador que no es una hacienda grande, con dueños, mayorales y capataces.

ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS DEL MAESTRO BENJAMÍN CARRIÓN MORA

(Loja, 7897 - Quito , 7979)

Fue una de las figuras capitales del Ecuador en el siglo XX.

Escritor, diplomático, político socialista, catedrático, periodista. En todos los ámbitos y latitudes siempre defendió a su país, su pueblo y su cultura: "Él hizo más grande nuestra patria/ la llevaba orgulloso como una flor en el ojal a donde iba" , dijo Jorge Enrique Adoum sobre Benjamín.

Cónsul del Ecuador en Le Havre, México, Lima y Bogotá; profesor de Literatura de la Universidad Central de Quito; dirigió los periódicos EI Día y El Sol; fue candidato a la vicepresidencia de la República, en 1960, en binomio con Antonio Parra Velasco, y fue presidente del Tribunal Supremo Electoral en 1.967.

Su obra magna fue la creación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, de la cual fue presidente en cuatro períodos. Entre sus obras destacan: Mapa de América (1,937), Cartas al Ecuador (1941), EI nuevo relato ecuatoriano (1951) y San Miguel de Unamuno (1954). El 1968, México le otorgó el Premio Benito Juárez, y en 1975 Ecuador le concedió el Premio Eugenio Espejo.

1944

El 9 de agosto de 1944, en el último día del ejercicio de los poderes supremos del doctor José María Velasco Ibarra, fue expedido el decreto de fundación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE), cuyo artículo primero dice: "Créase con sede en la Capital de la República la Casa de la Cultura Ecuatoriana con el carácter de instituto director y ordenador de las actividades científicas y artísticas nacionales, y con la misión de prestar apoyo efectivo, espiritual y material a la obra de 1a cultura en el país".

El primer directorio de la entidad estuvo conformado, junto con Benjamín Carrión, por las más importantes personalidades del mundo cultural de entonces:
Alfredo Pérez Guerrero, Abel Romeo Castillo, Leopoldo Benitez Vinueza, Jacinto Jijón y Caamaño, Jaime Chaves Granja, Jorge Escudero, Julio Arauz, y Humberto Mata Martínez.
Entre los miembros titulares estuvieron: Pío Jaramillo Alvarado, Ángel Modesto Paredes, Aurelio Espinosa Pólit, Carlos Cueva Tamariz, Enrique Gil Gilbert, Jorge Icaza, Alejandro Carrión, Pedro Jorge Vera, Eduardo Kingman y Segundo Luis Moreno.

Desde el inicio, la CCE se dedicó a la labor de "robustecer el alma nacional y esclarecer la vocación y destino de la patria por medio de la difusión amplia de los valores sustantivos del pensamiento ecuatoriano en la literatura, las ciencias y las artes", y también a aprovechar la cultura extranjera trayendo hombres rectores de la cultura universal o continental, para dictar conferencias y realizar exposiciones de artes plásticas, conciertos musicales, demostraciones científicas y divulgaciones técnicas.

LETRAS DEL ECUADOR

Letras del Ecuador, Periódico de Arte y Literatura, inicia su primer número en abril de 1945, con un formato de 34 x 3.5 cm.

Fue la publicación mensual de la sección de Literatura y Bellas Artes. Desde su primer número conquistó un sólido prestigio en el continente americano y en Europa. Colaboraron destacados intelectuales internacionales, entre estos: Jules Supervielle, Paul Eluard, Alfonso Reyes, Guillermo de Torre, Rafael Alberti, María Teresa León, Paul Rivet, Jorge Zalamea, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, María Luisa Bombal, Salvador Reyes, Herman Hesse, Juana de lbarbourou, Miguel Ángel Asturias, Francisco Giner de los Ríos, Juan David García Bacca, Carlos Sabat Ercasty, Pedro Salinas, Germán Arciniegas, Paulo de Carvalho-Neto, Eduardo Galeano.

Los mejores escritores ecuatorianos colaboraron en Letras durante su historia: Enrique Gil Gilbert, Pedro Jorge Vera, Leopoldo Benites Vinueza, César Dávila Andrade, Hugo Alemán, Jorge Carrera Andrade, Aurora Estrada y AyaIa, Adalberto Ortiz, Gonzalo Escudero, Abel Romeo Castillo, Joaquín Gallegos Lara, Demetrio Aguilera Malta, Efraín Jara Idrovo, Ángel F. Rojas, Jorge Icaza, José de la Cuadra, Raúl Andrade, Agustín Cueva, Eduardo Ledesma, Nelson Estupiñán Bass, Alfredo Pareja Diezcanseco, Hugo Mayo, Francisco Alexande4 Piedad Larrea Borja, Eugenia Viteri, Miguel Donoso Pareja, Francisco Tobar García, Lupe Rumazo, Euler Granda, Nela Martínez, Violeta Luna, Marco Antonio Rodríguez, Francisco Granizo, Javier Vásconez, Iván Egüez, Ulises Estrella, Huilo Ruales, Francisco Proaño Arandi, Jorge Velasco Mackenzie, Iván Carvajal, Rafael Larrea, y muchos otros escritores jóvenes.

Entre los editores de Letras podemos mencionar a Alejandro Carrión, Hugo Alemán, Jorge Enrique Adoum, Alfredo Pareja Diezcanseco, Jorge lcaza, Augusto Arias, Edmundo Ribadeneira, Raúl Pérez Torres, Francisco Proaño Arandi y Julio Pazos.

Actualmente tiene un formato de revista, en A4, y ha llegado al número 200.