EL FESTÍN NO PARA, LA PATRIA SIGUE EN VENTA. 



VENTA DE GASOLINERAS DE PETROECUADOR 



Por Galo Benítez
Periódico OPCION
El reciente anuncio del presidente Rafael Correa de ordenar la venta de las gasolineras de Petroecuador me produjo no solo indignación, sino un profundo pesar, al ser testigo del nuevo asalto al patrimonio de los ecuatorianos.

La política del régimen sigue la tónica del despojo y la privatización de las áreas estratégicas de la nación, al promover la entrega a la empresa privada de un sector tan importante como es la comercialización de combustibles. Cuando el gobierno habla de una competencia desleal al referirse al costo menor de la gasolinera super, de USD 2,00 versus 2,30 de las privadas, se pretende desconocer que por ley a Petroecuador le corresponde intervenir en esta fase de la industria, no solo para ofrecer calidad y cantidad en el servicio, sino y sobre todo para regular al monopolio privado de la venta de combustibles.

Desleal y antinacional es el hecho de que en el país existan 1023 estaciones de despacho, de las cuales apenas 49 le pertenecen a la empresa pública, es decir que menos del 5% del mercado es controlado por el Estado. El restante 95% se reparten empresas privadas locales y extranjeras, como PRIMAX, TERPEL, P&S, etc.

Tal como sucedió con los campos petroleros concesionados por el gobierno, en los que el país invirtió cientos de millones de dólares en desarrollarlos, el régimen pretende entregar un negocio redondo al voraz sector privado. Por ejemplo, solo la gasolinera de la Av. Eloy Alfaro y Amazonas atiende sobre los 5 000 vehículos diarios. Asimismo, en vano se invirtió 3,6 millones de dólares en la gasolinera de Ponciano al norte de Quito, la misma que es referente de servicio, bajo precio y calidad, bajo estándares de cuidado ambiental y ahorro en beneficio de miles de usuarios del sector.
Cabe otra pregunta, ¿acaso le interesa al gobierno controlar el monopolio dominante de las gasolineras privadas o proteger el interés nacional? El control y participación en la venta de combustibles es también parte estratégica de la seguridad nacional, habida cuenta que todo vehículo motorizado utiliza combustibles, para el transporte público o privado. Además, desprenderse de las gasolineras significaría afectar el control del contrabando. El contrabando genera cuantiosas pérdidas al fisco, pues la venta clandestina de combustibles será siempre rentable, por el bajo precio local, en relación a Colombia y Perú.

Un verdadero gobierno de izquierda, hace rato que hubiera tomado control de todas las gasolineras privadas, para obtener los ansiados ingresos, en aras de ayudar a cubrir no solo la brecha fiscal existente, sino de obtener recursos permanentes para la inversión social. Hagamos números: si una gasolinera en promedio reporta ingresos netos diarios de 5 mil dólares, proyectemos la rentabilidad si el Estado administrara las 1000 gasolineras privadas que existen en el país. El gobierno recibiría no menos de 5 millones de dólares diarios, o 1 800 millones al año.

Solo a un loco irresponsable y anti patria se le puede ocurrir vender las áreas estratégicas de la industria petrolera a favor de la empresa privada. En el caso de Venezuela, el ingreso generado por las más de 200 gasolineras que tiene PDVSA en EE.UU. ha alimentado por lustros el fondo multimillonario que financia las misiones sociales. Lo propio ha sucedido en Ecuador, con los ingresos obtenidos por la venta de combustibles y la explotación del petróleo en la Amazonía, Petroecuador ha impulsado múltiples obras en los asentamientos humanos donde tiene presencia la empresa pública.
No sorprende que el presidente Correa lidere la decisión de vender las gasolineras estatales, pues ha sido el promotor de la entrega de los campos petroleros al sector privado. En nuestro país, la complicidad de los gobiernos de turno a favor de la empresa privada tiene vieja data. Recuerdo cómo durante la administración municipal del “chatarrero del Cenepa” se consintió el cierre y desmantelamiento de la planta de envasado y despacho de gas de uso doméstico del Beaterio en Quito, para favorecer a las comercializadoras privadas. En aquel entonces (año 2002), la planta procesaba 36 mil cilindros diarios con ingresos mensuales cercanos a los 2 millones de dólares.

Seamos claros, competencia desleal es la que utilizan las Telefónicas privadas al controlar el 97% del mercado, a vista y paciencia del régimen; competencia desleal es la que ejerce la Coca Cola al controlar el mercado de la venta de bebidas gaseosas, la de la Ford y/o Chevrolet que acapara gran parte del mercado de automotores del país. Competencia desleal es la que imprimen los grandes supermercados que a diario aplican el dumping comercial, para comprar la producción local a precios ínfimos, a fin de manipular los precios a su conveniencia, afectando al pequeño tendero de la esquina. O también es competencia desigual la que tienen que enfrentar las boticas independientes, que apenas sobreviven ante la amenaza de las cadenas farmacéuticas privadas.

Para concluir, el Estado es el principal agente de subsidio de los combustibles, que en el caso de la gasolina puede costar hasta 11 dólares el galón, en el mercado internacional. Quienes se han beneficiado de los bajos precios han sido –y con derecho- los consumidores ecuatorianos; pero qué derecho tiene el sector privado de sacar partido, o si se quiere de lucrar de este subsidio. Cada año el régimen debe gastar más de 3 000 millones de dólares en la compra de derivados, los mismos que se transportan y despachan a las gasolineras para su comercialización, utilizando los poliductos y terminales del Estado, para su almacenamiento y transporte. Quien debe beneficiarse es Petroecuador y sus estaciones de servicio, como es obvio, no solo por ser dueña de la infraestructura existente, sino porque el fruto de la venta de los combustibles no va a parar a bolsillos de capitalistas privados, sino a contribuir a los ingresos fiscales para financiar la obra pública. El privatizar las gasolineras, como dijo Correa allá en el 2 005 en relación a la entrega de los campos petroleros, es también TRAICIÓN A LA PATRIA. Juzgue Ud. amigo lector.


VENTA DE GASOLINERAS DE PETROECUADOR, ¡una mancha más al tigre!

Por: Ing. Mariano Santos N.

El pasado 3 de octubre, en su acostumbrada "sabatina", Rafael Correa se preguntaba, como si no lo supiera, ¿por qué Petroecuador tiene gasolineras, por qué vende gasolinas?, ¿por qué tiene una cadena de gasolineras con la franquicia de Petroecuador?; luego afirmaba, con un tono claramente visceral, que eso era una ¡competencia desleal hacia las compañías privadas!

Más tarde dio la disposición para que todas las gasolineras que tengan el membrete de Petroecuador, sean éstas las propias o las afiliadas (franquicias), DESAPAREZCAN!, es decir, sean vendidas.

En estos más de 8 años de gobierno, Correa ha dado muestras de mucha inmadurez, que se manifiestan en dos comportamientos: el personal y el político, que se han ido agudizando con el tiempo.

Sus acciones político-económicas son evidentemente torpes y atolondradas, que lo desenmascaran como un político de derecha pese a su palabrería de izquierda y que generan perjuicios a los ecuatorianos.

Está claro que de por medio está la crisis derivada del mal manejo económico y la baja de los precios del crudo y otras materias primas, que hacen notar en Correa una desesperación incontrolada por obtener recursos. Así se explican algunas acciones como la eliminación del aporte del 40% al IESS, el asalto al Fondo de Cesantía de los maestros, la emisión de bonos a tasas elevadas (que antes él mismo, al inicio de su gobierno, las consideraba chulqueras) por citar solo tres de muchos varios ejemplos, y ahora esto de las gasolineras.

Vale una ligera explicación sobre este tema.

Sixto Durán Ballén, mediante Decreto Ejecutivo No. 1433 publicado en el Registro Oficial No. 369 del 28 de enero de 1994, instituyó la intermediación en la comercialización de los combustibles.

Así, entonces, las compañías extranjeras se beneficiaron, pues solo necesitaban prestar su nombre, la marca, para hacer dinero fácil, en perjuicio de los propietarios de las gasolineras y del propio Estado.

De acuerdo a esta norma, los propietarios de las gasolineras estaban (están) obligados a firmar un contrato de uso de marca con las comercializadoras, para operar en el mercado nacional de combustibles.

Cuando Petroecuador entrega la gasolina súper en terminal, a $ 1,50 el galón, lo hace al mismo precio para todas, las privadas, las afiliadas a Petroecuador y las propias.
Si en las gasolineras de Petroecuador y afiliadas la gasolina súper se ha estado vendiendo a $2,00 y, en las privadas en $ 2,30 o más, es porque esa diferencia, $ 0,30 o más, es lo que, como mínimo, se llevan las intermediarias, solo por prestar la marca, sin invertir un centavo.

¿Cuánto es la utilidad de estas intermediarias, llámese P&S, PRIMAX, MOBIL, TERPEL, etc.
En conjunto, la utilidad de estas intermediarias estuvo en el 2014 por sobre los $80 millones. Entonces la solución no es vender las gasolineras de Petroecuador y sus afiliadas, sino ¡ELIMINAR las intermediarias! y así estos millonarios ingresos quedarían para el Estado y el precio se puede mantener.

Además, según informes de la propia Petroecuador, las gasolineras propias (48) y las 207 afiliadas son rentables, le representaron al Estado una utilidad de alrededor de $15 millones el año anterior, al igual que una seguridad en el usuario de recibir una gasolina completa en volumen y sin mezcla. De las 48 propias, la mayoría están en la frontera, tanto con Colombia como con Perú, y cumplen un rol estratégico para controlar el contrabando a los países vecinos.
Pero, claro...por la crisis, hay desesperación por conseguir dinero y, rápido...
Solamente vendiendo la gasolinera de Petrocuador de Quito, ubicada en las calles Amazonas y E. Alfaro, que es la que más vende en el país, el gobierno recaudaría no menos de $20 millones.

Entonces, vendiendo las gasolineras, lo que ya dispuso Correa, se continúa aupando la intermediación, y se da paso a la privatización total de la comercialización de los combustibles.

La privatización, en el gobierno de Correa, no debe sorprendernos.

Petroamazonas, la estatal que explora y extrae crudo, es casi una empresa privada; es la heredera de la OXY. Precisamente para mantener el modelo privado-privatizador de la Oxy, es que, con Correa, se separa de Petroecuador la exploración-explotación de crudo, que la ejercía su filial Petroproducción, dejando a Petroecuador el resto de la actividad hidrocarburífera, como la refinación, transporte, comercialización, etc. En Petroamazonas varias actividades se encuentran privatizadas-tercerizadas. Así, una actividad estratégica como la perforación se encuentra en esta situación, se realiza lo que denominan el Gerenciamiento de la perforación que consiste en que una empresa extranjera, dueña del taladro de perforación, haga todas las labores de perforación, a costos elevados, y el ingeniero de perforación de la estatal solo se limita a ser un simple MIRÓN!, En la época de Petroproducción, antes de Correa, el costo de producción no superaba los $ 5 el barril, mientras que ahora se ha multiplicado por 5, ¡bordea los $ 24!

Sin embargo, no es lo único. Los principales campos petroleros de nuestra Amazonía se encuentran en manos de 5 consorcios extranjeros. Correa logró lo que sus antecesores neoliberales siempre ambicionaron. Las "joyas de la corona": Shushufindi, Sacha, Libertador, al igual que otros 17 campos medianos y pequeños, a través de unos denominados contratos de Prestación de Servicios específicos, están enajenados. Cierto es que en el papel se dice que Petroamazonas opera estos campos, pero resulta que aquí han invertido algunas empresas extranjeras y entonces vale preguntarse: ¿será que una Cia. extranjera patriota que invierte le da a una empresa ecuatoriana su dinero para que lo administre?

El técnico, el ingeniero de la estatal está ahora al servicio de las compañías extranjeras.

Pero, no es lo único...
Ya se han privatizado TAME y FLOPEC en el 2012. En este año se acaba de vender la mayoría de las acciones del Estado en las cementeras GUAPÁN y CHIMBORAZO. Los servicios denominados complementarios en los hospitales públicos son ahora externalizados, es decir privatizados.

Por lo visto, la “Alianza público privada” marcha viento en popa.

Pero, hace falta más plata... gran parte de los capitales internacionales se esconden en paraísos fiscales, que Correa hasta hace poco los satanizaba. Mucho del dinero sucio se oculta en esos "paraísos", pero con la desesperación de la contracción económica ahora busca que venga quien sea”, no importa si es MANCHADO. UNA MANCHA MÁS AL TIGRE…

La propaganda negra como recurso desesperado

POR FRANKLIN FALCONÍ

Tan solo con la propaganda no se ganan batallas, pero si se la domina, las posibilidades de lograrlo son mucho mayores. Dominar la propaganda no solo implica materia gris, sino también medios y, si se tiene el Estado se tienen los medios… Dos máximas que solo confirman lo que la historia ha demostrado: que lo fundamental en la confrontación entre las clases es el poder político del Estado; pero también que en la lucha política, el control de la información es vital.

Tres grandes sectores se enfrentan en el escenario actual, por un lado está el gobierno y la estructura de Alianza País con sus fuerzas aliadas; por otro la derecha no oficial, es decir, una facción de la derecha política que no está en el gobierno y que disputa la dirección del Estado; y por otro están las izquierdas y la diversidad de organizaciones sociales y políticas, así como culturales, que trabajan en un proceso unitario desde hace un buen tiempo y que han logrado la hegemonía principal del movimiento de masas a nivel nacional.

Los tres sectores se disputan la conciencia de los ecuatorianos, desde los tres sectores se producen mensajes, discursos, que pretenden, como es obvio, mostrarse como la representación del sentimiento general de las mayorías. Los tres sectores hacen propaganda.

Aunque lo anterior suena como una verdad de Perogrullo, es necesario tenerlo presente para interpretar lo que sucede a nivel comunicacional en el escenario actual; específicamente en casos como el de la agresión a la asambleísta Lourdes Tibán, y la posterior difusión a través de las redes sociales, de un video en el que se trata de demostrar que la agresión provino, supuestamente, de un problema extramarital. Así mismo, de la difusión de informaciones que dicen que el presidente de la Ecuarunari, Carlos Pérez, ha sido acusado de robarse celulares durante las últimas manifestaciones. Hechos que, tal como ocurrió con la maestra Mery Zamora, están orientados a destruir la imagen que la población tiene de ellos, a restarles credibilidad.

Lo nuevo es, entonces, la presencia de expresiones de “propaganda negra”, según se la definiera en el contexto de la segunda guerra mundial; expresión que, por otro lado, tiene obvias cargas racistas, pero que la mencionamos por la necesaria referencia conceptual e histórica.

Este tipo de propaganda, según Stanley Newcourt-Nowodworksi, quien siendo un adolescente participó en actividades propagandísticas de la resistencia polaca, durante la invasión nazi, es aquella dirigida a minar la moral del enemigo, a dividirlo, a generar desconfianza de los dirigidos ante sus líderes. Se lo hace de manera anónima, o adoptando identidades falsas. Se dedica a generar información aparentemente real o a presentar distorsiones o mentiras, en medio de informaciones reales.

Esta forma de actuar, en Estados Unidos se conoció como Operaciones Psicológicas (PSYOPS), en Inglaterra como “guerra política”, y en otros lugares como “operaciones de información”, adquirió tanta importancia, que muchos autores afirman que es donde tuvieron origen las teorías de la comunicación, pues aparece el interés (o más bien la urgencia) de las potencias, de estudiar lo que implica el dominio de la conciencia de las masas.

Por este origen, el mundo académico ha peyorizado al concepto de propaganda, lo ha relacionado con “manipulación”, lo ha tratado como algo malo. Aunque no por ello ha dejado de existir y de ser parte consustancial de la lucha de clases.

Según el libro de Newcourt-Nowodworksi, alemanes, británicos y polacos llevaron a cabo operaciones de propaganda negra durante la Segunda Guerra. Destaca por ejemplo la denominada Operación “N”, inicial de Niemcy, término polaco para nombrar a Alemania, llevada a cabo por la Political Warfare Executive, o PWE, organismo británico para la “guerra política”, y que dirigió la mayor campaña propagandística contra el Tercer Reich. Su instrumento por excelencia fueron las emisiones radiofónicas, con las que buscaba sembrar la confusión entre sus oyentes alemanes. Trataban de persuadir a los soldados y civiles alemanes de que su mensaje provenía del propio bando, y de que sus críticas hacia el gobierno nazi estaban inspiradas por el amor a Alemania.

Y es que la propaganda negra es tal, en oposición a lo que es la “propaganda blanca”, la cual se hace a nombre del emisor verdadero, y tiene un mensaje directo. Es cuando las posibilidades de este tipo de propaganda se agotan, cuando la propaganda negra entra en acción. Persuadir al pueblo alemán, y a las tropas de ese ejército, de que se revelen contra Hitler, por ejemplo, en un momento llegó a ser casi imposible, y por eso se tuvo que recurrir a estos mecanismos.

En el escenario ecuatoriano actual, es evidente que las estrategias comunicacionales formales del gobierno, aquellas que dirigen el mensaje de manera directa, han llegado a un techo de la credibilidad en los ecuatorianos, no son ya los tiempos en que un jinlge, o ritmo musical readaptado, como el caso de la canción “Patria, tierra sagrada”, o “Hey Jude”, de los Beatles, surten el efecto impresionante que parecieron causar hace unos años.

En estos tiempos, los elementos simbólicos que dieron contenido a la propaganda de Alianza País han cambiado o han dejado de ser lo fundamental en la nueva orientación que tiene el régimen, es decir, una dirección completamente derechista. Si antes era importante hablar de la defensa de la soberanía, y enaltecer el sentimiento patriótico, nacionalista, ahora no tiene sentido frente a acciones como las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, o el acelerado y astronómico endeudamiento externo. Si antes era clave hablar de democracia, de participación, con frases como “ahora el poder es del pueblo”, eso ahora ya no tiene sentido, frente al diseño de una estructura estatal absolutamente concentradora, unipersonal, en un escenario en el que se pretende la reelección indefinida, con la premisa del control de los organismos del sufragio y de fiscalización y control político.

Son nuevos tiempos y a los creativos del régimen se les hace complicado retomar la delantera en la ofensiva propagandística. Más si se toma en cuenta que la derecha que no está en el gobierno, también ha hecho lo suyo para no dar respiro al régimen, con denuncias permanentes y campañas intensas a través de sus medios para posicionar críticas y conceptos propios, como aquel de que Correa ha generado un Estado obeso e ineficiente, que ha malgastado los recursos del Estado, que no ha ahorrado para la época de las vacas flacas, que no ha dado espacio a la inversión extranjera, que no ha generado “seguridad jurídica”; o que Correa no permite la libertad de pensamiento y de expresión, lo cual siendo cierto, es interpretado desde sus propios intereses monopólicos y de ninguna manera con intenciones de promover una verdadera democratización de este derecho.

Desde el lado de las izquierdas, el discurso y la acción práctica de la defensa de los derechos de los trabajadores y pueblos, así como el de la democracia, ha sido la fortaleza principal. A estas organizaciones siempre les ha correspondido ciertos valores fuertes, como el de la honestidad y la solidaridad, la firmeza de principios, que han hecho que la población confíe en ellas y las acompañe en la lucha. En realidad, el ecuatoriano común no quiere tener que elegir entre volver al pasado, que es lo que representa Guillermo Lasso y su derecha reciclada, o continuar con la prepotencia y la mentira de Correa, lo único que puede generarle confianza y esperanza son estas organizaciones, y eso Correa lo sabe, por ello el ataque a sus líderes es grande y multiforme.

A las puertas de un proceso de campaña electoral, pesa mucho lo que se logre en estos momento previos, es clave cómo se posicionan los actores políticos en la conciencia de las masas, por ello, anticipar y estar listos a ataques con este tipo de propaganda es fundamental. Según lo demuestra la historia, y lo certifican los estudiosos de la comunicación, mientras la sociedad esté más fortalecida en términos de valores y conciencia (que se forman en la relación directa, a nivel organizativo), más inmune será a este tipo de armas. Después de todo, es una guerra de clases, no porque alguien lo quiera así, sino porque es una realidad objetiva, históricamente determinada.

NOTA: Con la propaganda y el discurso “revolucionario” insultador, agresivo y calumniador se pretende ocultar el viraje radical del gobierno hacia el neoliberalismo y la ola privatizadora que se aproxima, junto a créditos que serán contratados al FMI y BM, los gemelos de la explotación.