“MI PLUMA LO MATÓ”. PRÓLOGO DE RAMIRO MANTILLA 



DAVID RUIZ SEVILLA ENTREVISTA A MONTALVO 



Juan Montalvo, hijo predilecto de la humanidad; animal puro en vigencia plena; implacable, certero, crítico, sabio, en perspectiva al privilegio de ser considerado junto a Eugenio Espejo, José Peralta, Eloy Alfaro, padres de la patria y hermano mayor de Morazán, José Martí, Vargas Vila, Mariátegui, Neruda, Fidel, Cortázar, Gioconda Belli, Eduardo Galeano.

Qué acontecimiento más oportuno, necesario y nutriente para nuestras luchas cotidianas, resulta tener su pensamiento envuelto materialmente en una amena, sesuda, bien trazada entrevista con David Ruiz Sevilla. El ingenioso recurso periodístico nos devuelve la capacidad de comparecer con la historia, en la lucha colectiva de los seres humanos con esperanzas forjadas en los saberes, aprenderes y sueños por alcanzar el Progreso Social como medio, objetivo, utopía de los hacedores incansables, los imprescindibles de toda la vida caracterizados por Bertolt Brecht.

Seguro que se despertará el avispero, las criaturas de la barbarie de estos tiempos utilizarán la diatriba y la desacreditación por su esencia artera; cuántos imbéciles acostumbrados al lenguaje embadurnado e hipócrita morderán el polvo del camino; los predestinados al usufructo del gobierno y el Estado desnudarán sus miserias intelectuales, conductuales e intimidades. Educadores serviles, instructores con cuadratura mental gorilezca, profesores quejosos, periodistas sumisos y asalariados, editorialistas parlantes, burócratas ineptos y sectarios, predicadores anacrónicos, guardianes de la ley y el orden, oportunistas de la política, medradores de las crisis, embaucadores, timadores de la fe pública, atracadores de los bienes públicos; tontos voluntariosos con poder; los torquemadas y la santa inquisición ponen las barbas en remojo. ¡Ya era hora!

Se acabó el tiempo de ser simples espectadores, contemplativos de los hechos y la realidad; de lo que se trata ahora para responder la encrucijada de los tiempos nuevos es de conocer, entender, interpretar y transformar la sociedad en todas sus estructuras.

Precisamente, en el aquí y ahora del mundo ante la crisis global del capitalismo; entre quienes se interesan por el destino histórico, insurge con vigor renovado la ineludible tarea de releer los clásicos universales del pensamiento dialéctico. El terrorismo mediático implementado desde los desfallecientes imperios, la implementación de las guerras de cuarta generación, las premoniciones de la extinción de naciones enteras por luchas fratricidas; el desgaste evidente del discurso tenebroso de los agoreros del apocalipsis, la creciente actitud crítica de ciudadanos universales; la contradicción universal entre defensores del planeta y los depredadores a ultranza; los desafíos de nueva ciencia y tecnología para superar las necesidades de alimentos y energía; nos obligan sin excusas a estar a tono intelectualmente como afirma Juan Montalvo, con las verdades y la conducta humana consecuente: no hay espacio para el parasitismo, la estupidez, cobardía, complicidad y debilidad mental.

La tragedia de los pensadores lacayos, sofistas, positivistas, entre los cuales figuran cerebros prominentes, reside en que sus sistemas especulativos de ningún modo están en capacidad de marchar al compás con la realidad. La VIDA avanza inexorablemente a recoger la materia sin vida, envolverla, profundizarla, proyectarla en su constante movimiento y variación. La historia de la humanidad sobrepuja en conmociones revolucionarias profundas. Las condiciones objetivas de todo proceso transformador se encuentran en un punto alto de ebullición. Emergen desde la periferia de las grandes metrópolis, los actores como David Ruiz Sevilla, para provocar con sus grafemas fraguados en su trinchera de educador comprometido y probado en la lucha sin cuartel al anacronismo circundante que tiene sus adeptos encaramados en siniestros espacios oliendo a cloroformo.

En virtud de lo dicho antes, las respuestas frontales, sin tapujos, de Juan Montalvo a las preguntas rigurosas de mi entrañable amigo David, comprenden fragmentos, consignas, sentencias, tesis labradas que enfocan problemas políticos, éticos, ideológicos, sicológicos que tienen que ver con los momentos actuales. Tal estructura del libro se debe a que también hoy, las obras de los clásicos emancipadores de nuestra Patria Grande, que son un todo único, están llamadas a brindar un panorama científicamente objetivo de las tendencias y perspectivas tanto del mundo contemporáneo en sus expresiones globalizantes en depresión inocultable, como las nuevas expresiones de movimientos vigorosos que han irrumpido para proclamar y hacer en la praxis otro mundo posible. Contribuyamos generosos a empujar el tren de la historia en nuestro Ecuador.


Ramiro E. Mantilla V.
ramito53@hotmail.com



VIDA Y OBRA DE JUAN MONTALVO

Juan Montalvo Fiallos, el más notable de nuestros escritores, nació en Ambato, provincia del Tungurahua, el 13 de abril de 1 832. Sus padres fueron, Marcos Montalvo y Josefa Fiallos. Su abuelo paterno, al igual que su padre, fueron comerciantes, más conocidos en esos tiempos como arrieros, quienes, liando sus bultos sobre los lomos de las mulas, iban arreándolas por desolados caminos, entre recios gritos, golpes de acial y silbos sonoros.

La infancia de Montalvo transcurrió en su casa ubicada en la ciudad de Ambato y en la cercana quinta de Ficoa. A los 6 años de edad el niño fue a la escuela. El pequeño Juan había dado muestras repetidas de impaciencia por aprender, como anticipándose a lo que sería su futuro: una vida entregada a la lucha por la libertad, con el uso de esa poderosa arma que es la palabra escrita.

Cuando tenía 11 años, fue testigo de los atropellos que sufrió su hermano mayor, Francisco, en manos de los soldados de Juan José Flores. Francisco, fue opositor a la tiranía de Flores; apresado en Quito, fue llevado a Ambato para que se despida de su familia, luego lo llevaron a Guayaquil, para desde ahí embarcarlo rumbo a su destierro en el Perú. El pequeño Juan, empezaría a odiar a la injusticia y las dictaduras, en tanto acrecentaría su amor por la justicia y la libertad.

En 1 845, Francisco regresó de su destierro y llevó a Juan a Quito, lo matriculó en el convictorio de San Fernando, en donde, en 1 848, aprueba con calificaciones óptimas los exámenes de gramática latina y castellana. Después de las vacaciones de verano, ingresa al seminario San Luis, para completar la enseñanza media. Aquí estudió filosofía y recibió el título de Maestro. Seguidamente, ingresó a la Universidad Central para estudiar la carrera de jurisprudencia.

En 1 852, como delegado de la sociedad literaria “La Ilustración” -formada junto a otros jóvenes noveles practicantes de las letras-, pronuncia su primer discurso público en un acto conmemorativo por el séptimo aniversario del derrocamiento de Flores.

En 1 853, Montalvo regresa a Ambato y se concentra en el enriquecimiento de su formación autodidacta. Se mantiene en largas vigilias que a cualquier otro agotarían. Acostumbra tomar notas de sus lecturas, en cuadernos que se conservan hasta ahora.

En 1 857 viajó a Europa por primera vez, tras ser nombrado adjunto civil a la Legación de Roma, cuyo secretario era Francisco Javier Salazar. Por circunstancias ajenas a su voluntad, no llegó a ejercer sus funciones en Italia. Se quedó en París, y entabló amistad con Pedro Moncayo, que, para ese entonces, desempeñaba las funciones de ministro plenipotenciario del Ecuador en Francia. Montalvo fue nombrado su secretario. Ahí tomó contacto con algunas celebridades: Lamartine, Proudhon, entre otros.
En 1 858, viaja por Italia; y en 1 859, por España. En ambos países, experimentando la capacidad de revivir personajes y episodios de centurias distantes.

En 1 860, regresa a Guayaquil, enfermo de reumatismo; débil, al extremo que tuvo que ser llevado en parihuelas (camillas de madera) a la hacienda de La Bodeguita de Yaguachi, donde pasó unos días, hasta ser conducido de manera similar a su hogar ambateño. Desde La Bodeguita, escribió una larga carta cargada de admoniciones y amenazas al déspota García Moreno, quien hizo del Ecuador una monarquía y gobernó con intolerancia, sadismo y terror. Tras leerla, el tirano sonrió; no sospechaba que acababa de encenderse la lucha, cuyo epílogo será su muerte.

Ya en Ambato, obligado por las circunstancias a guardar silencio, pues nadie estaba dispuesto a publicar escritos que desagradasen al temible gran tirano, Montalvo se recoge sobre sí mismo y se sumerge en el mundo íntimo de la meditación. De espíritu joven y vehemente, se enamora apasionadamente de María Adelaida Guzmán, hija de un próspero comerciante ambateño, con la cual tuvo dos hijos: Alfonso, quien murió aún niño; y María del Carmen, que creció bajo el cuidado de sus tías maternas al morir su madre, luego de pocos años de haberla traído al mundo.

En 1 866, terminado el periodo de García Moreno, el país respira aires de libertad. Montalvo, de 34 años de edad, se lanza a la contienda política con el primer número de El Cosmopolita. Hasta 1 869, ha publicado nueve números de El Cosmopolita, por lo que recibe elogios de importantes autores extranjeros, como Miguel Antonio Caro y José Cuervo. Cada nuevo número era esperado con entusiasmo por jóvenes y liberales, y desataba la furia de García Moreno y los conservadores.

En 1.869, García Moreno, nuevamente en el poder, desata una nueva ola de persecuciones. Montalvo abandona a su familia, se asila en la Legación de Colombia y sale desterrado a Ipiales. Desde allí, junto a otros desterrados viajó a Panamá y luego a París.

En 1 870 viaja a Alemania, regresa a Panamá, luego viaja a Lima. Finalmente retorna a Ipiales, donde permanecerá cerca de siete años; allí escribe Siete Tratados, varios dramas y muchos otros ensayos.

En 1 871, comienza a escribir los Capítulos que se le olvidaron a Cervantes. También escribe Fortuna y felicidad, duro panfleto contra Mariano Mestanza, quien, al parecer traicionó a los liberales y los delató.

En 1-872, escribe El antropófago, ensayo contra Juan León Mera, Marcos Espinel y Mariano Mestanza. Publica otros ensayos: Prosa de la prosa y Los incurables.
En 1.873, sigue su labor de panfletario. Escribe Judas, contrarréplica a la publicación de Mariano Mestanza, titulada La verdad.

En 1874, arrecia su campaña contra la tiranía de García Moreno. Escribe el opúsculo La dictadura perpetua, en el que profetiza la muerte de García Moreno.
El 6 de agosto de 1.875, García Moreno, cae en manos de Faustino Lemos Rayo y un grupo de conjurados. Es atacado mientras sube las escaleras del Palacio de Gobierno. Trata de penetrar al interior del edificio pero no lo logra, acribillado a machetazos y balazos, se desploma sobre la plaza, “dando piruetas en el aire”, como profetizara Montalvo. Al llegar la estremecedora noticia a oídos del escritor, éste exclama: “Mi pluma lo mató”.

Muerto el tirano, regresa Montalvo al Ecuador, llega a Quito el 2 de mayo de 1 876. Inicia la publicación de El Regenerador. El 6 de septiembre, el ilustre escritor recibe un gran homenaje del pueblo de Guayaquil. El 8, Ignacio de Veintemilla, Jefe militar de esa ciudad se proclama Jefe Supremo. Montalvo rechaza al gobierno de facto y propone un triunvirato integrado por Pedro Carbo, Manuel Vega y Manuel Angulo. Esa misma noche, Veintemilla lo destierra a Panamá. Tras cuatro meses de destierro regresa a Quito. Es elegido diputado por Esmeraldas, para la Convención a reunirse en Ambato. No acepta, prevé que será servil cónclave de Veintemilla.

En 1.878, comienza a publicar en Quito y Ambato, los periódicos La Candela y El Espectador. Continúa su lucha contra el Jefe Supremo y la Convención.

En 1 879, Sigue combatiendo al gobierno corrupto de Veintemilla. Hace una airada defensa de Eloy Alfaro. Ante el riesgo de ser asesinado, regresa al destierro último y definitivo en Ipiales.

En 1 880, comienza a escribir Las Catilinarias; viaja a Panamá y con apoyo de Eloy Alfaro da a la prensa las primeras de ellas.

En 1 881, viaja a París para publicar una de sus obras fundamentales: Siete Tratados.

En 1 882, en Besanzón (Francia), comienza la publicación de Siete Tratados. Colabora ocasionalmente con revistas que se publican en París. Murió su esposa María Adelaida Guzmán. Empieza su relación sentimental con Augustine-Catherine Contoux, con quien procreó dos hijos: Jean y Suzanne. Se sabe además que, en Ipiales, Montalvo tuvo cuatro hijos más: Adán y Visitación, con Pastora Hernández; Jorge, con Elvira Terán; y otro con Mercedes Acosta.

En 1 883, Presenta los Siete Tratados, los que son acogidos con los más grandes elogios en los círculos culturales y literarios de Europa y Latinoamérica. El Gobierno de Venezuela, lo condecora; varias sociedades y academias le nombran miembro honorario. Es invitado a Madrid, donde lo recibe Emilio Castelar y otros escritores como Ramón de Campoamor y Gaspar Núñez de Arce. Es presentada su candidatura para que sea miembro de la Real Academia Española de la Lengua, pero el Secretario de la misma, un recalcitrante conservador, logra impedir su ingreso. Montalvo, diría: “Yo valgo fuera de la Academia”.

En 1 884, el arzobispo de Quito, monseñor José Ignacio Ordóñez, enemigo de Montalvo, consigue que se incluya Siete tratados, en el índice de libros prohibidos por la Iglesia Católica. En los archivos del Vaticano consta esta sentencia: “Montalvo Juan. Siete tratados en dos tomos. Besanzón. 1882. Decr. 19 Dec. 1884. Pág. 274. -Index Librorumb Prohibitorum. -Sanctissimi Domininostri. -Leonis XIII. Pont. Max. -Taurini Typ. Pontificia- Petrus Marietti. 1890. Collezione Pietro Marietti No. 233”.

Fue elegido senador por la provincia de Esmeraldas, pero se excusó. No había condiciones para su regreso al país.

Escribe y publica Mercurial Eclesiástica, una diatriba contra el arzobispo Ordóñez. Colabora con algunas revistas en París, en particular con la titulada Europa y América.

En 1 885, continúa escribiendo para revistas europeas y mantiene una nutrida correspondencia con escritores españoles, en especial con la condesa Emilia Pardo Bazán, en quien despierta profundos sentimientos de admiración.

En 1 886, publica el primer volumen de El Espectador; en 1 887, el segundo; y en 1 888, el tercero; publicaciones que son recibidas con elogios por parte de la crítica internacional; pero que, al igual que Siete Tratados, son prohibidas por el Vaticano.

En 1 888, el Gobierno de Plácido Caamaño, le ofrece el consulado de Burdeus (Francia); Montalvo se excusa, a pesar de estar pasando por una precaria situación económica.

En 1 889, el 17 de enero, muere en París. Varias naciones de nuestra América lloraron como suya esa desaparición. La Asamblea Nacional de la República de El Salvador, expidió un acuerdo, el 19 de marzo de 1 889, rindiéndole homenaje y llamándole “Genio tutelar de América”. Su cuerpo llegó a Guayaquil el 10 de julio de 1 889. A pretexto de que Montalvo no se había confesado antes de morir, el clero se opuso a que se oficiaran las honras fúnebres y la inhumación de sus restos mortales. Los reclamos del pueblo fueron, por fortuna, más fuertes que esa absurda decisión. Más de tres mil personas acompañaron al gran escritor hasta su morada provisional, en la bóveda número 469, de la tercera fila de uno de los bloques del cementerio. Ahí permaneció durante casi cuarenta y tres años. En 1932, fue trasladado a Ambato. Actualmente, su cuerpo momificado reposa en un mausoleo adjunto a la casa donde nació, hoy museo.




SOBRE EL AUTOR

Segundo David Ruiz Sevilla, nació en la parroquia San José de Chaltura, cantón Antonio Ante, provincia de Imbabura, el 25 de julio de 1 963. Realizó los estudios primarios en la escuela Francisco J. Salazar; los estudios secundarios en los colegios: 17 de Julio, Víctor Mideros y Abelardo Moncayo; y los superiores en la Universidad Técnica del Norte. Realizó estudios sobre ciencias políticas en Moscú, Unión Soviética. Fue presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador (FEUE), filial de Ibarra. Es licenciado en Ciencias de la Educación, especializado en Física y Matemáticas. Fue el mejor egresado de su promoción. Labora como profesor de Física y Laboratorio en el Colegio Experimental León Ruales, de la ciudad de Mira, provincia del Carchi. Tiene 25 años de experiencia docente. Fue miembro del Consejo de Editores y articulista de la revista Nuestra Tierra Equinoccial. Fue articulista del suplemento dominical ENFOQUE. Desde hace más de cinco años, escribe artículos sobre temas educativos y políticos para diario EL NORTE. Es autor del libro Educación Siglo XXI -127 temas de análisis-, un libro de cuyo contenido, Edgar Freire Rubio*, comentó: “...Son 127 abalorios muy sugerentes, no hay tema que se le escape, que va desde el maltrato escolar y sus traumas, profesores buenos y malos, la mediocridad en la educación, el miedo a las Matemáticas, la educación amaestradora, el texto único, profesores analfabetos, la escuelitis; todo en una prosa limpia, sugestiva y hasta diría, entretenida. Nada que la letra con sangre entra, es un libro bondadoso, sin dejar de ser cáustico y lleno de coraje...”.
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*Edgar Freire Rubio, escritor, librero e historiador ecuatoriano; autor de más de diez libros, entre los que se encuentra su clásico “Quito: tradiciones, leyendas y memorias”, con varios tomos y múltiples ediciones.