CONSIDERACIONES INTEMPESTIVAS SOBRE EL CASO NISMAN 



EL COMIENZO DE UN BORRADOR CON ALGUNAS IDEAS PRELIMINARES 



Por Maximiliano Pedranzini*

1 PRIMERA LECTURA DE LOS DIEZ DÍAS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

Me prometí a mi mismo no escribir nada respecto a la mediática muerte del fiscal Alberto Nisman ocurrida el 18 de enero de este año. Pero la dinámica de los acontecimientos amerita esbozar algunas palabras sobre el caso que mantuvo obnubilada a la cuarta parte de la Argentina.
Toda muerte es dolorosa y provoca consternación, pero esta muerte no es una muerte más en el Necronomicón nacional. Muere un personaje ignoto en la escena política nacional que ha tomado trascendencia por la sorpresiva denuncia contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el canciller Héctor Timerman por el supuesto delito de “encubrimiento” en la causa del atentado a la AMIA a cambio del comercio de granos y petróleo con Irán y el Memorándum de entendimiento con la nación islámica firmando en 2013 considerado inconstitucional [1]. Esto ha surgido en un contexto muy particular a nivel mundial: el atentado terrorista a la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo ocurrido en Francia el 7 de enero. ¿Casualidad? ¿Coincidencia? Cuestión que el retorno de Europa del encumbrado fiscal donde se encontraba pasando sus vacaciones (muy cercano a los sucesos en París) nos deja pensando y dispara las primeras dudas en esta historieta de Ian Fleming que continua abrumando la arbitraria agenda nacional.
2 ¿CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA?
En el proemio de esta historia, la muerte surcaba en la cornisa de dos posibles hipótesis: el suicidio o el asesinato. La balanza se vino inclinando en los primeros días por el homicidio, abriendo nuevas e intrincadas conjeturas antes que disipar las dudas que cortan el aire como un cuchillo. El carácter mafioso que trae esta segunda hipótesis puso -con la mano invisible de los medios- al gobierno entre la espada y la pared de las acusaciones y lo sitúa casi literalmente como el principal responsable de la muerte del fiscal. Autor intelectual y hasta material del hecho que oscurecía hasta hace unos meses la imagen del oficialismo y lo dejaba indefenso ante la opinión pública que, como bien sabemos, no es homogénea ni tampoco un factor determinante pero actúa como un elemento de desgaste político. “Cristina tiene las manos manchadas de sangre” fue una de las tantas frases virulentas que circularon por estos días haciendo clara alusión a la responsabilidad directa del Ejecutivo. Hipótesis que deja de ser hipótesis para convertirse en teoría que confirma la culpabilidad del gobierno. La hipótesis se transforma en afirmación, no en la voz del emisor comunicacional, sino en la recepción subjetiva de la opinión pública que inmediatamente elabora esta conclusión otorgándole legitimidad en la sociedad. ¡Misión cumplida! Algo elemental para instalar un tema tan pesado y escabroso que el efecto es más que predecible. Nada, absolutamente nada se puede exceptuar cuando se cruzan en el escenario institucional tiempos de definición política. Un tema de índole jurídico que antes de la muerte de Nisman estuvo contaminado por intereses políticos. La pulsión político-mediática hizo efecto en una parte de la sociedad para hacer de Nisman el “Charlie Hebdo argentino”.
La muerte necesaria. La muerte buscada. Como anillo al dedo para todo el arco de la “magna oposición” (capital transnacional, corporaciones mediáticas, aristocracia judicial, sectores políticos). La muerte de Nisman responde a una estrategia de desestabilización. Antes que tomara relieve mediático, el fiscal mantuvo vínculos estrechos con la embajada de EE.UU. y una correspondencia ideológica e informativa reciproca que lo hicieron dependiente de la diplomacia norteamericana, según confirman los cables de Wikileaks que expone el periodista argentino Santiago O´Donnell en sus libros ArgenLeaks (2011) y PolitiLeaks (2014).
Por otra parte, la politización de la muerte de Nisman es una cuestión predecible por donde la miremos. La apropiación política es indubitable y las aves de rapiña del extenso arco opositor querrán hacerse con el aún tibio cadáver. Algunos ya se hicieron un festín. Otros se están quedando con las ganas. Se arrojan en caterva no sólo sobre Nisman, sino sobre las 85 víctimas del atentado a la AMIA para subir algunos puntos en las encuestas que los deje bien parados de cara a la contienda electoral.
Ahora bien, no estamos frente a la muerte de un ciudadano común. Si no ante la de un fiscal que apareció con una denuncia de tamaña envergadura que prometía un golpe certero al corazón del gobierno. La muerte tuvo mayor contundencia que la propia acusación, cuyo efecto solidificó el endeble golpe de las 300 fojas que tenía la tan mentada denuncia de encubrimiento (de las que se sospechan no fueron escritas por Nisman). Una acusación inverosímil y sin ningún sustento probatorio que tiene fines más políticos que judiciales. Lo que le quita toda seriedad a dicha pesquisa. Por lo que su muerte daría entidad a una denuncia “floja de papeles”.
Si bien fue un hecho contundente, la muerte del fiscal Nisman no pone en riesgo a la democracia. Como acontecimiento no cambia objetivamente la vida social de los argentinos ni modifica a grandes rasgos su comportamiento social ante la muerte de un fiscal que adquirió un determinado peso mediático y que a priori nunca debió estar al frente de la causa AMIA [2]. Como fenómeno no tiene la suficiente consistencia como para dañar la vida democrática. A lo sumo resquebrajan la imagen y la credibilidad del gobierno de cara a la sociedad. Quienes afirman eso como una máxima incuestionable no son más que operadores políticos que a través de los medios siembran miedo y zozobra en la sociedad (o en una parte de ella). Que son los mismos que afirman con vehemencia que este episodio es el más trágico de la historia de la democracia moderna, calificándolo como “la víctima Nº 86 de la AMIA”, como un “magnicidio”; trazando una analogía con la muerte de José Luis Cabezas, dos muertes diametralmente opuestas; o comparando al gobierno con el terrorismo de Estado de la última dictadura militar. Epítetos que rayan el absurdo y la banalidad ¿Qué ocurre con las muertes de Maximiliano Kosteki, Darío Santillán y todos los que se llevó puesto la crisis de 2001? Hay muertes que valen más que otras y este es un imperativo cultural de esta sociedad burguesa. Pues, la muerte de Nisman intentó reinstalarse el discurso del miedo, potenciarlo desde los medios. Al principio lograría tener cierto éxito, pero se desvanecería con el paso del tiempo. Para el establishment, esta es “la muerte argentina”, “el crimen del siglo”, como mejor le guste al espectador. En este escenario, los “nadie” no tienen historia, pero si un personaje proveniente de una minoría social que busca posicionarse en nuestra historia y cuya investigación, pese a sumergirse en uno de los actos terroristas más atroces de la Argentina, no simboliza -a mi juicio- la identidad colectiva del país, mucho menos de un Interior representado por otras tradiciones socioculturales predominantes. La ponderación del “ser judío argentino” y el cliché del “monopolio del sufrimiento” responden más a intereses de clase que a una representatividad etno-demográfica efectiva destinados a perpetrar el “mito de la nación judía”. Que estas opiniones no se interpreten como “antisemitismo” o “antijudaísmo”. Si me van a acusar de algo que sea de “antisionista”. Ha estas cosas está sometida la sociedad nacional. Con estas aseveraciones que se reproducen una y otra estos operadores se regodean en una impunidad que ellos llaman “información”, como un eufemismo que tapa los claros objetivos de erosión del gobierno y principalmente de la figura de la presidenta. Bien dice Ignacio Ramonet: “Una noticia sirve para tapar otra que se quiere ocultar” [3]. Este hecho alcanzó una notoriedad descomunal que ha subalternizado todas las miradas de la opinión pública y empujando la realidad nacional a la arena política 2015 (y no a un precipicio como nos quisieron hacer creer) que es por estas horas un campo minado y que abrió este año con una muerte política. Pero hay que quedarse tranquilo que esto no es Afganistán como versan algunos periodistas haciendo una comparación poco feliz con la nefasta invasión norteamericana en 2001.
3 LOS MEDIOS EN EL MEDIO
Algunos puntos que no podemos dejar de mencionar. Uno es la referencia despectiva que hacen algunos sectores de los llamados “voceros del gobierno”, poniendo el acento sobre periodistas y medios de comunicación cercanos que plantean una mirada distinta a la de los medios concentrados, pero no dicen una palabra sobre los “voceros corporativos” que de manera hipócrita se protegen tras la bandera del “periodismo independiente” y claramente responden a intereses económicos y financieros específicos. Ninguna voz (salvando la del oficialismo) salió a cuestionar a estos voceros privados, mucho menos la alevosa tergiversación que hacen de los acontecimientos. Los medios en este sentido, hacen permanente apología de la ignorancia haciendo creer a parte de la población que eso que transmiten es el relato verosímil de los hechos. Por lo que en su afán de detectives se comportan como Sherlock Holmes o Hercule Poirot peleándose por develar el misterio de la muerte del ex fiscal. El otro punto es en qué se transforma este hecho. El proceso que hacen los medios convierte a la muerte de Nisman en información y respectivamente en noticias como una mercancía de gran éxito para el mercado comunicacional que encuentra un consumo masivo en todos los niveles como carne que pasa por una procesadora. La mercantilización de las noticias es por los grandes medios un fenómeno característico en esta modernidad informativa y obtienen un enorme plusvalor por su trascendencia política y el contexto en el que éstas se desarrollan. Una tendencia elíptica de la sociedad del espectáculo como bien define Guy Debord, en el que “todo (…) se ha convertido en una mera representación” [4]. Esto produce que la sociedad en esta gula informativa esté radicalmente enferma de “opinionitis aguda”.
El caso Nisman detuvo el tiempo en la Argentina. Repentinamente dejó de haber inseguridad, cortes de luz, paritarias, inflación, cepo al dólar, corrupción, Buitres, Boudou y otras problemáticas que “trastornan” al país. “Galactus Nisman” [5] -personaje del Clarín Comics- se devoraba al mundo conocido y todo lo que había en él. Ya no se hablaba de los otros temas que colmaban hasta el hartazgo nuestra agenda de cada día. Pero a apenas pase la tormenta (¿perfecta?) regresarán de su breve migración al nido mediático. El influenciometro alcanzó niveles muy elevados en esas primeras semanas de la muerte del ex fiscal, proyectados en el comportamiento global de la opinión pública instrumentado por los medios y registrado por las principales encuestadoras, afines al capital privado. Una ecuación muy simple. Interpelan a la sensibilidad colectiva como elemento clave en la fabricación de consenso, reorientando por el tratamiento compulsivo que hacen los medios de comunicación de este tema. Con todo esto, más que enterrar una parte de la república, se ha enterrado la realidad.
Por esta razón, tenemos que apelar a la notable fórmula cartesiana “pienso, luego existo” (“cogito, ergo sum”), bien planteada por René Descartes en el Discurso del método de 1637 [6], donde la realidad existe si la vemos y tenemos contacto con ella. Si no la percibimos no tiene existencia, por lo tanto no podemos decodificarla subjetivamente. La realidad según Descartes habita en la conciencia y no fuera de ella. Establece la relación sujeto-objeto, el sujeto construye la realidad cuyo territorio es la conciencia. La figura del “genio maligno” -hipótesis elaborada por Descartes para engañar al sujeto y someterlo al error- vendrían a ser en este caso los medios que imponen verdades absolutas como leyes de las que no hay que dudar y que en efecto sirven para alterar la realidad. Habría que practicar este ejercicio cartesiano para en principio dudar de la realidad que nos intentan imponer y para dejar que esa realidad no tenga entidad ni existencia para nuestra subjetividad. Apartémonos aunque sea por un instante de esa “realidad”. Es el descanso de un pueblo del masoquismo inducido por los dispositivos mediáticos. El poder mediático le ha dado una vasta entidad al caso Nisman y nos toca a nosotros por un momento, aunque sea breve, hacer que esta pesada realidad deje de existir. Pero esto, como el mismo Descartes, es una afirmación idealista e imposible de llevar a cabo. Escapar de la hegemonía que imponen los medios pareciera ser en esta época un acto subversivo.
La realidad es una huérfana profusa que está a la intemperie y que es tomada del brazo por el poder (mediático) para hacer con ella lo que le plazca, en su afán de imponerse y ser quien pueda reinar las subjetividades. La huérfana realidad está en permanente litigio y si el poder pierde el litigio falsifica una a imagen y semejanza para legitimarse.
Hace mucho tiempo hemos perdido como sujetos la sintonía real con los hechos que acaecen y se nos presentan en el trascurso de nuestra vida social. El mundo como está diseñado nos conecta (inevitablemente) a las interpretaciones y no a los hechos en sí mismos. Nos diría Friedrich Nietzsche: “…no hay hechos, sino sólo interpretaciones” [7]. Por lo tanto, el sentido de verdad se desvirtúa y carece de todo espíritu crítico al perder su esencia que nacen de los hechos. Lo que observamos no es más que una imitación cínica que se pasea impunemente por las calles de la realidad. Un mar de confusión inunda nuestro sentido común y la única salvación para muchos está en subirse al barco mediático que domina esas mismas aguas. La verdad sin hechos que la sustenten no es la verdad. La interpretación es el método para llegar a ella y no ser la verdad en sí misma. El carácter mediador de la interpretación con los hechos desaparece para ungirse como “la verdad”, por lo que los hechos pasan a tener una importancia relativa. Esta es la naturaleza constitutiva de los medios que irónicamente son los que tienen como tarea fundamental mediar con los hechos para informar. Ellos los manipulan y proscriben para dar paso al “monopolio de la verdad” y de este modo convertirse en los proveedores de insumos simbólicos y discursivos que le dan forma a la realidad contemporánea. En consecuencia, las interpretaciones se presentan como verdades incuestionables en el campo de batalla de la subjetividad y marcan su territorio en este combate por conquistar la realidad. Esta situación nos lleva a una conclusión que se repite, como se repite el quehacer de los medios de prensa a la hora de comunicar.
4 LO QUE VERDADERAMENTE (IN)SIDE EN EL DEBATE
Tomando distancia crítica de los acontecimientos, la cuestión Nisman nos ofrece varios ángulos de la situación para ir tomando nota. Uno de ellos, quizás el esencial en este caso, es la democratización de la ex SIDE, ahora rebautizada con el nombre de AFI (Agencia Federal de Inteligencia) [8]. Un organismo que, pese al cambio de nombre, mantiene la estructura heredada de la Doctrina de seguridad nacional asumida públicamente por Juan Carlos Onganía como jefe del Ejército en 1964 y consolidada con el terrorismo de Estado de 1976. Desmontar este perverso andamiaje es vital para el Estado nacional y una deuda de la democracia como bien lo anunciara la presidenta en una de sus habituales cadenas nacionales. La rearticulación de este instrumento toma autentica relevancia en este contexto atravesado por teorías conspirativas, agentes de inteligencia y guerra de espías salidos de una novela negra de Friedrich Dürrenmatt [9].
Ahora, ¿qué es lo interesante de todo esto? Que se puso sobre la mesa la cuestión de la ex SIDE, un tema espinoso y prácticamente tabú desde la vuelta de la democracia en 1983, poniendo el acento en la tensión que existe entre la inteligencia civil y la inteligencia militar como las dos aristas capitales del aparato de inteligencia del Estado.
5 TRISTE, SOLITARIO Y ¿FINAL?
Frente a este panorama desalentador para el kirchnerismo -sobredimensiado por el poder mediático-, la imagen ha mermado en los primeros meses del producto de la coyuntura de los primeros meses pero no constituye el tiro del final. Ha caído varios puntos según las últimas encuestas. Pero no significa que veamos rodar la cabeza de la presidenta. Aunque muchos por estas horas estén esperando eso. Vemos expresiones de deseo de ciertos sectores más apreciaciones concretas de la representatividad real del gobierno.
El gobierno es esclavo de esta coyuntura pero también de sus propios errores y desaciertos en materia de inteligencia y seguridad. Errores que no se pueden cometer. Esto es importante remarcarlo. Las contradicciones internas deterioran el cuerpo político del kirchnerismo y lo hacen frágil ante a este tipo de situaciones que dejan congelado cualquier acción que esté por fuera de la agenda político-mediática. Ardua tarea será salir de este pantano mediático en el que aún estamos metidos.
En estos últimos días nos hemos hecho miles de preguntas y han surgido interrogantes de todos lados respecto a lo ocurrido y la reflexión entre tantas que puedo hacer es que este acontecimiento se irá desinflando a medida que transcurra el vendaval político que atraviesa el país. Este no es un años como cualquier otro. Es un año electoral donde se define un cambio en el poder Ejecutivo y apenas se pase este ciclón electoral, Nisman sólo será un recuerdo de la historia reciente y de los obituarios. Todas las inconsistencias verborrágicas que han sido dichas quedaran en el olvido y muchos de sus autores discursivos ni siquiera las recordarán.
Pero que es un momento crítico para el kirchnerismo, de eso no cabe la menor duda. Se torna complexo torcer el brazo del destino construido por la magna oposición. La pelota la tienen ellos y han sacado una ventaja en este partido de semifinales rumbo a las elecciones de octubre. Era el partido de desempate que estaban buscando y lo encontraron de la peor manera. No podemos hablar -pese a que estamos en las vísperas del fin de una etapa política para el kirchnerismo- de un balance. Sería presuroso y prematuro. El estado definitivo de cosas lo comenzaremos a vislumbrar a partir de los comicios de octubre. La demografía política argentina sigue estando bifurcada y no precisamente por el caso Nisman. Su muerte sólo ha servido para profundizar la escisión preexistente buscando captar a sectores “conmocionados” y “conmovidos” con la dimensión del hecho. Cuestión que queda en manos de la ingeniería mediática. La construcción de poder es fundamental para mantener un proyecto político. Lo incongruente es pensar que la muerte de Nisman sea parte de una estrategia por construir poder. ¿Cómo? ¿Para qué? ¿Cuál es el sentido? Las respuestas a estos interrogantes nos lleva a la ficcionada teoría de que el gobierno es el autor de su muerte. ¡Había que quitarse de encima al fiscal de la causa! Sólo basta con leer entre líneas todo lo que se plantea desde las usinas mediáticas.
Lo positivo y plausible que ha hecho el kirchnerismo en está última década cae por su propio peso. Es una huella difícil de borrar de la memoria colectiva, pero que solo se la puede mantener con la legitimidad de la voluntad popular, aspecto que abre un interrogante de cara a la continuidad o ruptura del actual proyecto nacional. Lo que quedará en el fondo del mar del olvido es esta muerte que como efecto político ya tiene fecha de vencimiento.
Ahora, el efecto de esta muerte, de esta muerte “martirizada” cumplió su objetivo. El germen desestabilizador comienza a germinar y a enraizar la imagen del oficialismo. Es una herida que ha lesionado la credibilidad del gobierno, pero por ahora no es una herida de muerte.
Sin embargo el kirchnerismo y particularmente la presidenta, según los dictámenes de tribunal mediático, contribuyen a través de sus acciones a profundizar “la grieta” [10] y a agudizar la denominada “guerra de facciones” en el seno del propio gobierno. Un concepto construido desde los medios y arrojado -como muchos otros- a la sociedad como una bomba de Napalm.
De manera que estamos frente a una campaña de desestabilización que no pone en peligro a la democracia pero si al actual gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y a la soberanía del país, puesto que algunos opositores han manifestado como brillante propuesta la intervención de veedores norteamericanos para esclarecer este caso. Un claro intento de injerencia extranjera en las decisiones políticas de nuestro país disfrazado de justicia. Al mismo tiempo que esta campaña desestabilizadora se propone dejar completamente agotado y sin resto al kirchnerismo en la recta final de las elecciones que están a la vuelta de la esquina.

6 LA NACIÓN EN ARMAS
El arma, la bendita arma (pistola semiautomática Bersa, modelo 62, calibre 22, propiedad del técnico informático Diego Lagomarsino muy cercano al fenecido). Lo curioso de este tema, sin entrar en detalles, es que la tenencia y portación de armas de fuego en la Argentina pareciera -para un civil como lo era Nisman a pesar de su carácter de Fiscal Federal- una práctica común, algo de todos los días. Pedir un arma, recibirla, tenerla a la izquierda de la cintura (Nisman era zurdo) como si viviéramos en EE.UU. bajo el paraguas de la Segunda Enmienda de la constitución norteamericana y seamos socios de la National Rifle Association. Si hay algo que debería jactarse el gobierno como política de Estado en los últimos años es la campaña de desarme de la sociedad civil que ha tenido sus méritos a pesar de que no logró las expectativas esperadas. Pero este ha sido el espíritu del kirchnerismo hoy nublado por la controversia. ¿Qué impulsó al fiscal a pedir el arma de un tercero? ¿La cultura del miedo y el complot lo llevó a pedírsela a un colaborador ante las supuestas amenazas recibidas por esas horas? No sabemos a ciencia cierta los motivos, pero lo que si sabemos es el desenlace que tuvo esta historia.

7 NISMAN: LA CONSTRUCCIÓN DE UN MITO PARA DESTRUIR OTRO
La figura de Nisman ha tenido en un tiempo muy ínfimo un ascenso meteórico que genera un enorme impacto en el terreno de la opinión pública, y constituye por estas horas el cimiento en el que se está construyendo un mito. Un mito que tiene como principales valores la búsqueda de verdad y justicia, el enfrentamiento al poder, la defensa de la integridad democrática y el heroísmo patriótico, entro otros atributos épicos. Estas características conforman el molde ideal en que se está configurando el símbolo que enfrentará al kirchnerismo, como un cristal de poder que alberga la forma de hacer caer la imagen del oficialismo. Un mito que tiene el desafío a corto plazo de eclipsar en el firmamento de la opinión pública a la figura de Néstor Kirchner, cuyo mito es fundamental en la lógica de construcción política del kirchnerismo. Nisman muere como muere Néstor Kirchner: en el umbral de una elección que define el destino de nuestro país. La batalla cultural tiene como inspiración y guía a los mitos, y se escribe un nuevo capítulo con Nisman como mártir laureado y punta de lanza de la oposición en esta ofensiva contra el gobierno nacional.

8 ALGUNAS PREGUNTAS AL AZAR
¿La muerte de Nisman marca un antes y un después en la historia reciente de la Argentina? ¿Hasta que punto su muerte es una inflexión para la democracia del país? ¿Por qué esta muerte toma mayor importancia que otras muertes en las últimas décadas? ¿A quién beneficia la muerte del fiscal de la causa AMIA? ¿Con todas las evidencias y supuestos que hay hasta ahora, podemos hablar de un “crimen de Estado”? [11] ¿Es tan grande el antikirchnerismo que tienen que construir referencias simbólicas y mitológicas donde posicionarse para producir un consenso que no proviene de sus propias virtudes sino de la utilización política de esta muerte de cara a las elecciones? Preguntas que se responden por sí solas. No hay que hacer un gran esfuerzo intelectual para saber qué es lo van a hacer de ahora en más con el cadáver de Nisman. Lo llevarán a cuestas hasta que ya no les sirva más. Cuestión que han hecho en este semestre mientras se mantenía “incorrupto”. Así de crueles son las estrategias políticas. Nisman no quedará perpetuado en la memoria colectiva como el “héroe cívico” [12] que enfrentó al poder. No tendrá una calle con su nombre o un busto en alguna plaza pública del país. Ahora ocupa las primeras planas de los diarios, pero mañana quedará archivado como los documentos amarillentos de los juzgados que solía visitar. La popularidad mediática de su figura es efímera y todo dependerá de cómo se presente el marco electoral con Nisman como un personaje sin duda activo.

9 EL ELOGIO DE LA IRRELEVANCIA
La muerte de Nisman es en términos concretos un tema irrelevante para la vida social del país. No afecta en lo más mínimo a un país con 40 millones de personas, mucho menos al Interior argentino que no participa ni forma parte del circuito mediático de acontecimientos que ocurren en el centro de la Argentina, más específicamente en la capital argentina. Un país que sigue subordinado al porteñocentrismo. Enunciados como “todo el país está conmocionado con la muerte del fiscal”, “el país marcha pidiendo justicia por Nisman” o “Je suis Nisman” (“Yo soy Nisman” en francés), apelan a un sujeto abstracto: “la gente”, “el pueblo argentino”; en un país imaginario inventado desde las salas de redacción periodística y difusión televisiva. Sectores de una sociedad alienada y colonizada por el discurso mediático que sigue ocupando un rol estratégico en la subjetividad y la construcción de sentido. Evidentemente el Interior, el resto de las provincias no son parte de este país imaginado desde los medios. Esta matriz de pensamiento es histórica y la primacía de los medios de comunicación hegemónicos profundizan esta falsa conciencia colectiva que hacen de Buenos Aires la Argentina, es decir, el triunfo ideológico de “la patria chica”. Muestra de ello son el papel que juegan los diarios porteños que se presentan como “nacionales” y relatan los eventos que ocurren en la capital y sus alrededores. Estamos desde hace tiempo sujetos al discurso hegemónico de diarios locales que se presentan como nacionales. Clarín y La Nación (por nombrar los principales) son, por lo tanto, diarios locales. El hecho-Nisman es, en consecuencia, un hecho local que no tiene porqué inquietar a la totalidad de la sociedad argentina y muchos mundial.
Los debates en la Argentina pasan por cuestiones más importantes y obedecen a una realidad no-mediatizada, lo que en este contexto suena utópico. Los medios de comunicación están ganando la pulseada y le tuercen el brazo al gobierno en esta disputa por imponer la agenda. Una agenda que queda supeditada a los intereses de la centralidad porteña y las metrópolis occidentales.
Ergo, los medios de comunicación dominantes lograron Instalar un tema de semejante espesor en la agenda política. Un gran triunfo en esta carrera rumbo a las presidenciales donde ya tienen un candidato bien definido para cristalizar su estrategia final.
10 EPÍLOGO DE UN CERTAMEN ABIERTO
La muerte de Nisman, como muchas otras muertes en la Argentina, sigue siendo una incógnita que aún no encuentra la luz que le muestre la salida de este oscuro túnel en el que está inmersa la realidad de nuestro país. El caso se ha tornado un rompecabezas que será difícil de armar si no se tienen todas las piezas. Ocultas, perdidas, imperceptibles a la vista pero que son vitales para elucidar este hecho. Dudo que sea tan sencillo dado el contexto que impide, por las condiciones mismas del caso, dar de lleno con la verdad y con los responsables intelectuales y materiales. Hasta ahora sólo datos sueltos, conjeturas e hipótesis salidas de todos lados. En nuestros sentidos sólo percibimos discursos y detrás de ellos, más discursos. Ausencia de hechos, la desaparición de la realidad secuestrada por el falcón verde del cuarto poder. Una realidad donde no hay hechos no es realidad, es una odiosa y enfermiza caricatura. Y me surge la siguiente pregunta: ¿Existe la realidad? Muere una vez más como tantas veces lo ha hecho, muriendo y reviviendo con cada amanecer. Estamos frente al crimen perfecto nos diría Jean Baudrillard, no el de Nisman, sino el de la realidad.


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

• BAUDRILLARD, Jean: El crimen perfecto, traducción de Joaquín Jordá, 3ª ed., Anagrama, Barcelona, 2000.
• DEBORD, Guy: La sociedad del espectáculo, traducción de José Luis Pardo, 1ª ed., Pre-Textos, Valencia, 1999.
• DESCARTES, René: Discurso del método, Biblioteca clásica y contemporánea, 3ª ed., Losada, Buenos Aires, 1979.
• DÜRRENMATT, Friedrich: El encargo, Tusquets Editores, Barcelona, 1988.
• GARCÍA, Santiago: La novela gráfica, 1ª ed., Astiberri Ediciones, Bilbao, 2010.
• LACLAU, Ernesto: La razón populista, 1ª ed., Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005.
• NIETZSCHE, Friedrich: Fragmentos Póstumos (1869-1874), vol. I, traducción, introducción y notas de Luis E. de Santiago Guervós, Tecnos, Madrid, 2007.
• O´DONNELL, Santiago: ArgenLeaks. Los cables de Wikileaks sobre la Argentina, de la A a la Z, Sudamericana, Buenos Aires, 2011.
• RAMONET, Ignacio: La tiranía de la comunicación, Temas de Debate, Madrid, 1998.
• ……………………..: Propagandas silenciosas, Arte y Literatura, La Habana, 2002.
• SEBRELI, Juan José: El malestar de la política, Sudamericana, Buenos Aires, 2012.



NOTAS:
[1] El Memorándum de entendimiento Argentina-Irán es un memorándum de entendimiento firmado en 2013 por el gobierno de la República Argentina durante el mandato de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el gobierno de la República Islámica de Irán, en Addis Abeba (Etiopía), sobre los asuntos relativos al atentado a la AMIA el 18 de julio de 1994. El Parlamento iraní no lo aprobó y fue declarado inconstitucional por la Sala I de la Cámara Federal de Argentina. Pese a no haber entrado en vigencia, el memorándum ha desatado varios conflictos judiciales que generaron una serie de conjeturas entre la que se encuentra el encubrimiento como disparador de la polémica que desataría esta conmoción nacional. Este memorándum fue tildado por los medios hegemónicos como un “pacto internacional de impunidad” entre ambos países, considerándola una maniobra espuria cuyo objetivo es -por medio de una triangulación entre los dos países y Venezuela- la transferencia de tecnología nuclear y de uranio enriquecido a Irán para que ésta se desarrolle como potencia bélico-nuclear y se disponga a atacar a Israel. Esto les hace suponer que detrás del memorándum existe un “pacto secreto y clandestino” que amenaza tanto al Estado de Israel como a la comunidad judía en el país. Esto se ha venido sosteniendo, tanto desde un sector del poder judicial como desde la oposición política y el poder mediático quien llevó esta afirmación hasta las últimas consecuencias. El tiempo fue volviendo efímeras estas especulaciones que jamás tuvieron soporte probatorio.
http://www.infoleg.gov.ar/infolegInternet/anexos/205000-209999/208948/norma.htm

[2] En la cadena nacional del 26 de enero de 2015, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner había aclarado que el poder Ejecutivo (comandado por el entonces presidente Néstor Kirchner) no fue quien designó al frente de la Unidad Fiscal de la causa AMIA a Alberto Nisman: “Quiero aclarar que la designación de (Alberto) Nisman en ningún momento dependió del Poder Ejecutivo. Fue designado por la procuración que no depende del Poder Ejecutivo, ni Poder Legislativo y Poder Judicial” (sic). De esta forma, la presidenta desestimó la vinculación que hicieron los medios entre el ex presidente Kirchner con Nisman, quien fuera designado en 2004.

[3] Para profundizar más sobre esta definición, véase de Ignacio Ramonet La tiranía de la comunicación (Temas de Debate, Madrid, 1998) y Propagandas silenciosas (Arte y Literatura, La Habana, 2002). Ambas obras indagan con mayor hondura y solvencia conceptual el rol que tiene la construcción de noticias difundidas por los medios hegemónicos para tapar otros temas y así ocultar la realidad como bien lo define el autor.

[4] Cfr. Guy Debord, La sociedad del espectáculo, traducción de José Luis Pardo, 1ª ed., Pre-Textos, Valencia, 1999.

[5] Galactus es un personaje ficticio de Marvel Comics, creado por los historietistas Stan Lee y Jack Kirby, que hace su aparición estelar en la tira Nº 48 de los “4 Fantásticos” (Fantastic Four Nº 48), en marzo de 1966. En el universo de Marvel, Galactus es un ser cósmico que se caracteriza por devorar planetas para calmar su apetito, por lo que recurre a la ayuda de heraldos que él mismo nombra. Asimismo, ha sido descripto como una fuerza que el universo necesita para su propio equilibrio. De la misma manera y con el mismo comportamiento actúan los monopolios mediáticos en el mundo real (Véase de Santiago García, La novela gráfica, 1ª ed., Astiberri Ediciones, Bilbao, 2010).
[6] Cfr. René Descartes, Discurso del método, Biblioteca clásica y contemporánea, 3ª ed., Losada, Buenos Aires, 1979.

[7] Friedrich Nietzsche, Fragmentos Póstumos (1869-1874), vol. I, traducción, introducción y notas de Luis E. de Santiago Guervós, Tecnos, Madrid, 2007, aforismo 7, p. 60.

[8] El 5 de marzo de 2015 se aprueba la nueva ley de inteligencia que disuelve el viejo organismo para crear, en su lugar, la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) en base al proyecto enviado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al Congreso de la nación. Esta nueva secretaría fue creada por la ley 27.1261 que modifica la otrora Ley de Inteligencia Nacional 25.520 sancionada en 2001.
http://www.infojusnoticias.gov.ar/upload_archivos/7295_100091_PE-AFI.pdf

[9] La novela El encargo (Tusquets Editores, Barcelona, 1988) escrita por Friedrich Dürrenmatt, describe a mi juicio los actuales vaivenes de la política argentina y en particular la del caso Nisman. Su trama laberíntica pero apasionante desnuda el lado oscuro de la política que ha tomado ribetes inesperados con la misteriosa muerte del fiscal. Como ocurre en este policial donde el autor hace que el lector naufrague en un océano de permanente confusión entre los hechos y las identidades que se presentan, en el caso Nisman ocurre algo similar donde el público como lector del hecho no discierne entre las situaciones y las identidades que transcurren alrededor del caso quedando atrapado en una confusión, muchas veces necesaria para el poder que distrae la conciencia de las masas. El personaje principal de esta novela es una periodista de la televisión suiza llamada F. que acepta El encargo de un psiquiatra danés para indagar y reconstruir la misteriosa muerte de su mujer acaecida en Marruecos. Al momento de iniciar esta misión, se ve atrapada en una red de intrigas internacionales en la que tomarán parte la policía local, el servicio secreto y un filósofo de actitud tranquila, y en la que la identidad de F. se irá confundiendo de manera progresiva con la de la mujer fallecida cuyo destino pretende rescatar. Las extrañezas se suceden, una a una, y el encargo se convierte poco a poco en un desafío para una mujer que no permite que le recuerden su condición de mujer, y menos aún en un país árabe. A pesar de ello, los hechos se irán complicando y la periodista se verá cada vez más sumergida en una red de dimensiones complejas e intrincadas. Una novela que sin duda refleja a groso modo la enigmática muerte del ex fiscal de la UFI-AMIA y que tiene connotaciones similares a la que se muestran en este interesante policial, tan intensa y apasionante en su narrativa como los hechos mismos de la realidad. Una novela que además plantea, con singular ironía, lo absurdo e insoportable de la existencia humana, exponiendo con soltura el miedo y la perversión que subyacen a la vida personal y política del siglo XX. Un relato que avanza hacia un abismo de intriga y confusión que no tiene escapatoria posible. Algún periodista y escritor argentino osó en comparar este caso con el universo de su propia novela policial publicada recientemente. Creo que no habrá tenido la oportunidad de leer esta magnifica novela que sin duda retrata de forma certera la trama que esconde este acontecimiento que parece haber salido de las entrañas mismas de este sombrío género literario.

[10] La noción de “grieta” fue popularizada por el periodista argentino del Grupo Clarín Jorge Lanata, quien desde sus programas de radio y televisión de este multimedios, asevera que en la Argentina existe una grieta que divide a la sociedad, crispada por el gobierno y en particular por el kirchnerismo, y argumentada en el aparente estilo confrontativo y de choque que tiene el oficialismo. Esta definición pobre conceptualmente pero tiene un efecto determinante en un segmento relevante de la sociedad y que apela a la ingenuidad de su sentido común, pertenece originalmente a la letra de la canción “Cuando pase el temblor” de la popular banda de rock-pop argentino Soda Stereo, escrita por el músico y compositor Gustavo Cerati en 1985 para el álbum “Nada personal”. Vemos que Lanata no es muy original en su intento de definir el diagnostico del país, ni ha hecho un hallazgo que merezca estar en los anales del periodismo, mucho menos de la historia argentina. Como bien afirma el psicoanalista Jacques Lacan, “el inconsciente está estructurado por el lenguaje” y la música popular muchas veces es fuente de inspiración para que aflore, en el que se lo observa al periodista estar esperando irascible que “pase el temblor” provocado por este tsunami populista llamado “kirchnerismo”.

[11] El concepto de “crimen de Estado” designado por algunos autores es ambiguo y no define nada en concreto. Lo único que hace es instalar desde la sospecha la hipótesis de que esto fue un asesinato perpetrado desde el poder Ejecutivo -es decir, por la presidenta de la nación- para encubrir el tráfico de armas y las cuestiones relacionadas al atentado a la AMIA (foco de esta muerte), en complicidad con otros altos mandos del gobierno y el servicio de inteligencia local que estaba atravesando por un proceso de crisis y reestructuración interno que desataría lo que se llamó la “guerra de servicios” y en el que el ex fiscal terminaría siendo la víctima señalada de esta escaramuza. En el marco de este planteo, la responsabilidad absoluta recae sobre el gobierno en lo que es “una política estatal de impunidad respecto al atentado a la AMIA” en lo es una puja de intereses interburgueses. Por lo tanto, este postulado no posee sustento que hagan suponer que esta muerte fue un crimen pergeñado desde el Estado y particular desde el mismo gobierno.

[12] La definición de “héroe cívico” fue acuñada por el filósofo argentino Juan José Sebreli en una entrevista que le realizara el canal de noticias Todo Noticias perteneciente al Grupo Clarín en las vísperas de la marcha del 18F en homenaje a Nisman a un mes de su muerte, en el que el filósofo -asiduo crítico del gobierno- caracterizara al ex fiscal con esta nomenclatura épica atribuida por haberse atrevido a desafiar al poder político. Con este tipo de definiciones como las que esboza Sebreli, se intenta elevar a Nisman al grado de prócer de la democracia moderna y representante impoluto de la ciudadanía, consignas muy propias del liberalismo al que Sebreli suscribe, en el que plantea una férrea defensa del republicanismo en contraposición al populismo al que desprecia y defenestra categóricamente. Esta concepción ideológico-filosófica está condensada y precisada en el libro El malestar de la política (Sudamericana, Buenos Aires, 2012) que se constituye -por lo menos a mi juicio- en la real crítica de La razón populista de Ernesto Laclau (Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005) -cuya tesis radica en la democracia popular- por su clara posición antitética, esencialmente en el plano ideológico.

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* Maximiliano Pedranzini es Ensayista. Bachiller con mención en Economía. Realizó estudios en Historia y Antropología Social en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM). Miembro del Centro de Estudios Históricos, Políticos y Sociales Felipe Varela. Integrante del Centro Cultural Enrique Santos Discépolo. Ha sido cofundador, editor y columnista de la Revista Desertores (2006) de la provincia de Misiones y columnista del programa radial “Desertores Radio” en FM Universidad 98.7. Forma parte del Consejo Editorial de la Revista Historia y Frontera de la misma provincia. Columnista de los diarios El Telégrafo y Crónica de Ecuador y el Correo del Orinoco de Venezuela, y colaborador del semanario Miradas al Sur de Argentina y los diarios Minuto Digital de España y el Espectador de Colombia. Publicó en diversas revistas nacionales e internacionales. Colaborador habitual en medios gráficos y digitales. Coautor de los libros: Bicentenario de la Revolución de Mayo y la Emancipación Americana (Ediciones Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche, 2010) y Diez territorios nacionales y catorce provincias. Argentina, 1860/ 1950 (Editorial Prometeo, 2012), y coordinador del libro El Pensamiento Nacional. Ensayos. Homenaje al maestro Arturo Jauretche (Editorial Punto de Encuentro, 2015).