¿TERMINÓ “LA LARGA NOCHE NEOLIBERAL” O PERSISTEN LAS PESADILLAS? 



REAGAN EN AMÉRICA Y TATCHER EN EUROPA IMPUSIERON EL NEOLIBERALISMO 



¿TERMINÓ “LA LARGA NOCHE NEOLIBERAL” O PERSISTEN LAS PESADILLAS?
REAGAN EN AMÉRICA Y TATCHER EN EUROPA IMPUSIERON EL NEOLIBERALISMO
Rodrigo Santillán Peralbo
En los inicios de la década de los 80´s, Ronald Reagan, Presidente de Estados Unidos y Margareth Tacher, la “Dama de Hierro”, Primera Ministra de Inglaterra, impusieron en sus respectivas áreas de influencia, el modelo económico llamado neoliberalismo, sobre las bases teóricas de la economía de “Los Chicago boys” liderados por Milton Friedman y por las teorías de Friedrich August Von Hayek, un austríaco-alemán, naturalizado en 1938 en Gran Bretaña, que creía en un mundo globalizado de exclusiva propiedad de los sectores privados de la economía. Reagan en América y Tatcher en Europa, inauguraron la “la larga noche neoliberal” que produjo el consenso de Washington, el desmesurado enriquecimiento de las transnacionales y empresariados nacionales, y la pobreza-miseria de los pueblos.

35 años después, la pesadilla neoliberal o “capitalismo salvaje”, según una expresión del Papa Juan Pablo II en su encíclica social Centesimus annus, golpea a nuestros pueblos con saña inaudita y hasta en países gobernados por quienes se dicen de izquierda, esa noche reaparece y se bifurca, en una serien de “medidas de ajuste” que surgen en momentos de crisis económica como producto de la improvisación, del populismo clientelar o la reducción de los precios del petróleo, la baja del valor de exportación de materias primas, la revisión del papel del Estado en la economía o privilegios concedidos para financistas-banqueros-inversionistas que inyecten divisas a cajas fiscales en apuros.
El Neoliberalismo es una doctrina económica, que tiene como fundamento "la mínima intervención del Estado y la máxima libertad de los agentes que intervienen en la actividad económica...", es decir que sea solo el mercado y “sus leyes” el que regule todos los proceso económicos.
Las teorías antiintervencionistas de Hayek, y el monetarismo de Friedman y la Escuela de Chicago son las “bases científicas” del neoliberalismo que tiene como fin la absoluta libertad del mercado y la nula participación o intervención del Estado en la economía, lo que deja a los pueblos en total indefensión frente a la gula y voracidad del sector privado-empresarial, financiero-bancario que son los únicos beneficiarios del sistema.
En los últimos años del siglo XX, emparejado con el neoliberalismo surgió la globalización de la economía que no es otra cosa que el libre tránsito de capitales o libre flujo de dinero para facilitar los negocios entre los dueños del capital en tanto que los pueblos de todos los países son marginados o son meros espectadores de los “nuevos procesos” que afianza la riqueza de unos pocos para condenar a la miseria a unos muchos.
El gran capital se ha reforzado y consolidado sobre la base del empobrecimiento de los pueblos que son impedidos de cruzar las fronteras. En otras palabras, sólo el dinero tiene libre flujo y desconoce las fronteras, mientras hombres y mujeres encuentran mayores barreras que les impide circular de un país a otros.
El dinero no conoce de límites ni de ideologías y tampoco apesta como los pobres de la tierra que huyen de sus patrias con la esperanza de no morir de hambre o de bombardeos y balas que el mismo capitalismo siembra en cada guerra imperial que desata para apoderarse de los recursos naturales. Además, encontró otra forma de sembrar la muerte y destrucción al desbocar al terrorismo internacional, sin duda, patrocinado, entrenado, financiado y armado por el imperio y sus aliados. Guerras, terrorismo y dinero se han globalizado con el neoliberalismo convertido en depredador implacable de los pueblos.
El neoliberalismo es una amenaza que impone reformas económicas perjudiciales para los pueblos que son engañados con propuestas de desarrollo global, con el aparente propósito de impulsar a los países para que no se rezaguen en la marcha triunfal del mundo globalizado; sin entender que los países soportan la pesada carga del desarrollo desigual impuesto por el mismo capitalismo colonizador y neocolonizador que, inclusive, roba cerebros de las patrias empobrecidas, cerebros que al final se convierten en nuevos soportes del progreso científico-técnico del capitalismo que entró en su fase superior: el imperialismo.

Hay analistas que suelen afirmar que “el neoliberalismo nace en los años ochenta en Estados Unidos, en donde algunos pensadores económicos de Estados Unidos, Alemania e Inglaterra, apoyados por profesionales de la economía, son contratados por organismos financieros internacionales como el FMI (Fondo Monetario Internacional) para lograr un nuevo modelo económico, modelo que terminaría por extenderse a gran parte del mundo.

El neoliberalismo hace una crítica constante al llamado Estado de bienestar, que fue un tipo de Estado que funcionó en Europa y en los países escandinavos con éxito durante algunas décadas, pero que en los años setenta, debido a la crisis mundial que se vivía, quedó en entredicho.

Es así como el neoliberalismo pretende excluir al Estado de la participación y del control sobre el mercado, ya que de lo contrario no podrían llevarse a cabo los siguientes puntos:

- Rechazo a la intervención del Estado en la economía, bien sea en un Estado de bienestar o en un régimen fundamentado en la noción de socialismo real.

- Defender el mercado como única forma para lograr la regulación económica en todos los países.

- Defender y promover constantemente, para lograr el desarrollo máximo de la economía global, la libre competencia económica.

Sin embargo, para lograr esto es obvio que se deben llevar a cabo algunas reformas para que tales pretensiones sean posibles:

- Reducción estatal. Se busca que el Estado sea más eficiente y sea más fácil de controlar.

- Apertura comercial. Se busca, por medio de la eliminación de aranceles, que las importaciones y las exportaciones funcionen más fluida y efectivamente.

- Ajuste estructural. Por medio de los procesos de ajuste se busca que la economía de los países sea más eficiente”.

En última instancia, el neoliberalismo se ha convertido en arma eficaz de la metrópoli imperial para dominar al mundo globalizado, puesto que Estados Unidos y sus aliados europeos son dueños del capital que circula planetariamente. Así la tierra quedaría en manos de las potencias de la economía, sólo que los impulsores del neoliberalismo se olvidaron de pensar en el surgimiento de nuevas economías como las llamadas emergentes que conforman nuevos bloques, tal es el caso de los del BRICS que tienen alternativas económicas para ofrecer al mundo y acabar con el imperio del dólar, del FMI y BM, por ejemplo. Estas economías emergentes podrían ser una respuesta efectiva a la vorágine neoliberal pensada desde los centros del poder económico y trasladado a las periferias para sumir a los países en dolorosos y hasta trágicos programas económicos que incrementaron la dependencia no sólo económica sino política porque FMI y BM en calidad de usureros internacionales decidían, mediante prácticas injerencistas, qué producir, qué exportar, que obras construir, que políticas económicas usar para permitir las privatizaciones y desmantelar a los Estados y arrebatar el patrimonio de los pueblos.

El mexicano Alfredo Cobos sostenía que “vivimos bajo políticas y preceptos que no han sido diseñados para nosotros, se trata de una generalidad inmensa y exhaustiva que está llevando al mundo a su autodestrucción, el tan prometido mundo del futuro que está acabando con el futuro del mundo.

A este pensamiento predominante y cuasi obligatorio se le denomina neoliberalismo, se entiende así como un modelo económico que busca bajo toda circunstancia que las decisiones de política económica se tomen en el mercado, que sea el mercado y no el Estado el ente que controle la vida no solo económica, sino también social y política de los países a voluntad de las grandes corporaciones y las organizaciones internacionales, que controlan las economías de los países pobres a su conveniencia, y obviamente con ello minimizar al Estado y a los ciudadanos a simples espectadores del devenir económico.

Los defensores de este modelo económico argumentan que el neoliberalismo es la opción para erradicar la corrupción de los gobiernos, Lorenzo Meyer expone que en los países centrales, el neoliberalismo surgió como una visión de la economía, la sociedad y el individuo, que proponía el abandono, por ineficientes, corruptos y corruptores, del Estado interventor y del Estado de bienestar (Ensayo “Liberalismo autoritario. Las contradicciones del sistema político mexicano.”), en la practica el neoliberalismo ha demostrado tener un efecto muy contrario a sus propuestas teóricas.

El analista sostiene que las entre las características básicas del neoliberalismo se destaca la implantación generalizada de las siguientes políticas económicas:

• Políticas monetarias restrictivas: Aumentar tasas de interés o reducir la oferta de dinero. Con ello disminuye la inflación y se reduce el riesgo de una devaluación. No obstante con ello se inhibe el crecimiento económico ya que se disminuye el flujo de exportaciones y se perpetúa el nivel de deuda interna y externa denominada en monedas extranjeras. Así mismo, se evitan los llamados ciclos del mercado.

• Políticas fiscales restrictivas: Aumentar los impuestos sobre el consumo y reducir los impuestos sobre la producción y la renta; eliminar regímenes especiales; disminuir el gasto público. Con ello se supone que se incentiva la inversión, se sanean las finanzas públicas y se fortalece la efectividad del Estado. No obstante no se distingue entre los niveles de ingreso de los contribuyentes, donde unos puede pagar más impuestos que otros, y se grava a las mayorías mientras que se exime a las minorías, deprimiéndose así la demanda, si bien se busca apoyar la oferta, buscando el bienestar de toda la sociedad. Tampoco se reconoce que el gasto público es necesario, tanto para el crecimiento como para el desarrollo (comparar históricamente ejemplos de países industrializados); para la protección de sectores vulnerables de la economía y la población; y para la estabilidad social y económica en general.

• Liberalización: Tanto la liberalización para el comercio como para las inversiones se supone que incentivan tanto el crecimiento como la distribución de la riqueza, al permitir:

1. Una participación más amplia de agentes en el mercado (sin monopolios u oligopolios),
2. La generación de economías de escala (mayor productividad),
3. El aprovechamiento de ventajas competitivas relativas (mano de obra barata, por ejemplo),
4. El abaratamiento de bienes y servicios (al reducirse costos de transportación y del proteccionismo), y
5. El aumento en los niveles de consumo y el bienestar derivado de ello (en general aumento de la oferta y la demanda en un contexto de «libre» mercado, con situaciones de equilibrio y utilidades marginales).

• Privatización: Se considera que los agentes privados tienden a ser más productivos y eficientes que los públicos y que el Estado debe adelgazarse para ser más eficiente y permitir que el sector privado sea el encargado de la generación de riqueza.

• Desregulación: Se considera que demasiadas reglas y leyes inhiben la actividad económica y que su reducción a un mínimo necesario (sobre todo la garantización del régimen de propiedad y de la seguridad) propician un mayor dinamismo de los agentes económicos.

En todos los casos, los teóricos denominados neoliberales afirman que la mejor manera de alcanzar la distribución de la riqueza y el bienestar de los individuos es mediante un crecimiento total del producto, que por su propia dinámica permea al total de los integrantes de la sociedad (la llamada trickle down policy); como liberales promueven «mediante el beneficio individual, alcanzar el beneficio de toda la sociedad».

Después de la descripción técnica expuesta anteriormente, es tiempo de analizar y contrastar con la realidad el modelo económico neoliberal.

La primera de ellas, las políticas monetarias restrictivas representan la esencia fundamental del neoliberalismo, la especulación financiera, un entorno económico donde el capital y los rendimientos de este a costa del bienestar es la piedra angular del modelo, nada importa más que los intereses que generen los grandes capitales sin necesidad de llevarlos al terreno productivo, si no que mediante juegos financieros especular con monedas y generar las mayores ganancias para las grandes corporaciones y sus magnates dentro de mercados financieros absolutamente desregulados, sin necesidad de pagar impuestos por ello.

El siguiente tema a cuestionar es uno de los más importantes, y que en definitiva se traduce en el bolsillo del ciudadano común, las políticas fiscales restrictivas, dentro del modelo neoliberal se busca gravar con más impuestos el consumo, sobre todo el consumo básico y de servicios, con lo cual se evita el acceso de las familias a una mayor calidad de vida, a lo largo del tiempo se ha podido observar que con este modelo cada vez pagamos más impuestos los mismos contribuyentes de siempre, los trabajadores, las clases medias y bajas, la pequeña y mediana empresa, mientras que los ricos y las grandes empresas se complacen de los privilegios fiscales que los gobiernos neoliberales les conceden. Como si el gravar injustamente al más desprotegido a favor de los poderosos fuere poco, este modelo exige una disminución considerable del gasto público, disminuyendo así la inversión en educación pública, en seguridad social y en el desarrollo de las comunidades rurales y de los grupos vulnerables, trayendo esto consigo una profundización de las brechas sociales y de la miseria y pauperización de los ciudadanos.

La liberalización de la cual se enorgullecen los neoliberales es una falacia más del sistema, decir que con este modelo económico se evitan los monopolios y oligopolios es querer tapar el sol con un dedo, cuando que a raíz de la implantación del neoliberalismo en nuestros países, este es el reino de la oligarquía y la carencia total de competencia. La creciente fortuna de las poquísimas familias que acaparan la mayor parte de la riqueza del país y la cifra de pobres en constante crecimiento, vienen dando al traste con el hito neoliberal de que en la medida que los particulares obtuvieran mayores beneficios económicos, redundaría en beneficios para toda la comunidad, provocando así la adecuada distribución de la riqueza, un argumento irrisorio cuando el modelo prioriza lo financiero por encima de lo económico.

La privatización es otro paradigma neoliberal que la realidad derrumba de manera aplastante, el delegar a particulares funciones que competen al Estado y que son causa de éste, termina disminuyendo aún más al Estado y sobre todo dando al traste el poder que tienen las familias de acceder al bienestar social a través de los servicios que ésta brinda, haciendo más ricos a los ricos, que compran las empresas estatales en gangas y que después explotan como se les da la gana, puesto que especulan vilmente con los precios de los servicios básicos que el Estado les regala y que son básicos e irrenunciables para la vida de los ciudadanos.

Uno de los mayores males del neoliberalismo es su tan amada desregulación, los neoliberales detestan las leyes, le tienen fobia al Estado de derecho, no están dispuestos a supeditar su actuar a un conjunto de reglamentos que nivelen la balanza entre los poderosos dueños del capital con el resto de los ciudadanos y las actividades económicas, prueba de ello son los mercados financieros, que al estar completamente desregulados causan crisis financieras que desestabilizan las economías nacionales, destruyen monedas y derriban gobiernos.

Es así como el neoliberalismo, a través de sus políticas, ha logrado no solamente invadir las esfera económica, si no trasladar su influencia a casi todos los sectores de la vida. El neoliberalismo baña con su ideología la educación, las políticas públicas y obviamente el sistema político. El pensar que limitar la vida nacional a los preceptos neoliberales llevara a nuestro país por la senda del progreso, es un simple eufemismo para disfrazar de bondad el interés desmedido de los grandes capitalistas por maximizar sus utilidades a costa de los pobres, de la pequeña y mediana empresa, de las clases medias y bajas, que a causa de este modelo, no tienen acceso a opciones de movilidad social, si no que estamos condenados inexorablemente a ser explotados, a subirnos a la ola neoliberal, eso en el mejor de los casos, o que simplemente los más desprotegidos sean borrados del mapa” decía el analista Alfredo Cobos

Por su parte, Luis Xavier Garrido, en “La crítica del neoliberalismo realmente existente, señalaba: “Las políticas de globalización han constituido un desafío al que hasta ahora los intelectuales no han sabido responder con claridad. América Latina vive un momento crucial, porque los gobiernos de la mayor parte de los países del continente, siguiendo los lineamientos del FMI, están profundizando las políticas económicas neoliberales de manera tal que ello entraña un empobrecimiento de las mayorías y un proceso de reconversión de los Estados nacionales, y ante estas redefiniciones de importancia histórica el primer reto intelectual tendría que ser el de determinar las dimensiones del cambio que se está produciendo: no sólo en las estructuras sociales y económicas sino en la naturaleza misma de los regímenes, a fin de explicar las dimensiones de estas políticas y sus consecuencias, en particular por una razón: porque los teóricos de la globalización pretenden que esta es irreversible y que el neoliberalismo llegó para quedarse. Ello supone por lo mismo plantear de nuevo, y en otros términos, los problemas del Estado y de la democracia, porque las nuevas políticas no hubieran sido posibles, desde luego, de no existir condiciones políticas para ello, como ha sido evidente en el caso de América Latina.

La pregunta de ¿cómo han sido posibles estas políticas?, tiene que ser respondida analizando el contexto social, cultural y político de cada país, y los medios por los que se fueron imponiendo las tesis de la globalización. El neoliberalismo es una doctrina que ha sustentado una verdadera guerra económica contra la mayoría de la población que son los asalariados. Las políticas del "neoliberalismo", decididas por los centros de poder financiero trasnacional, y que han sido bautizadas como de "la globalización", pretenden alcanzar la "eficiencia económica", escudándose en nociones tan vagas como la de "la modernidad" o la de "la sociedad tolerante", pero en America Latina han logrado precisamente todo lo contrario de lo que muchos de sus exégetas pretenden, y las cifras están ahí para probarlo una concentración sin precedentes de la riqueza, el empobrecimiento y el desempleo o el subempleo de la mayoría de la población económicamente activa y la condena a millones de seres humanos a que la desnutrición les haga crecer con sus facultades físicas e intelectuales menoscabadas, y a no tener derecho a la salud, a la educación ni a la tierra: sentenciándolos a vivir en la injusticia y sin la posibilidad de un futuro digno. Y en lo político, el desmantelamiento de los antiguos Estados de bienestar y un crecimiento desmesurado del poder trasnacional.

El problema del Estado se halla en el centro del debate de las políticas neoliberales, pues estas han tendido a reconvertir a los viejos Estados nacionales, sustentados en la tutela de los derechos sociales y de las políticas de bienestar, en Estados subordinados a los centros de poder financiero internacional y funcionales a las nuevas políticas que tienden a la reducción del ser humano en función de los intereses económicos de las grandes corporaciones. El desmantelamiento del marco constitucional y jurídico de los países para suprimir de este los derechos de la Nación sobre el subsuelo y el espacio aéreo, las antiguas formas de tenencia de la tierra, las garantías de los trabajadores y de los sindicatos (del salario mínimo remunerador a los contratos colectivos de trabajo), los sistemas de seguridad social o las universidades públicas está teniendo efectos que aún no es posible predecir.

Los Estados latinoamericanos se hallan en un proceso de transición que nadie puede asegurar hasta dónde va a llegar, pues si atrás del discurso neoliberal que promete una mayor igualdad de oportunidades son muy claros los signos de una creciente desigualdad económica, social y cultural, que sólo puede ser asegurada mediante el fortalecimiento de los rasgos autoritarios de los regímenes actuales, también es cierto que no ha habido hasta ahora una respuesta global a estas políticas con un programa alternativo, y por una razón. No puede haber una precisión de las dimensiones del desafío si no se establece claramente cuál ha sido hasta ahora el alcance de la globalización, y no se caracteriza correctamente al neoliberalismo actual más allá de lo que el propio discurso neoliberal pretende que este es, incluyendo su dimensión política o, mejor dicho, a los diversos neoliberalismos realmente existentes, en la particularidad propia de cada región: es decir, la de los regímenes políticos que los sustentan. Y si, al mismo tiempo, no se define una propuesta económica| alternativa que tendría que estar fundada en nuevas formas de vida democrática.

El neoliberalismo es un totalitarismo, ya que pretende imponer un modelo único, pero es también un dogmatismo, pues sus principios oscuros y contradictorios, se presentan como verdades incuestionables: de ahí que sea urgente superar las actuales limitaciones del análisis. En la búsqueda de una "legitimación" para las teorías neoliberales, el papel de un buen número de intelectuales ha sido fundamental, pero estos no han logrado hasta ahora ocultar algunos aspectos centrales del proyecto: de la subordinación que implica del modo de vida de los pueblos a las necesidades del capital, hasta el control monopólico de los medios masivos de comunicación con la intención de crear un "nuevo mundo" a la imagen de unas cuantas empresas multinacionales. El análisis de las políticas de la globalización ha desmitificado en los últimos años muchos de sus conceptos y entre estos el del mercado. La noción de "mercados libres", según ha demostrado Noam Chomsky, no logra encubrir que el gobierno norteamericano nunca ha apoyado mercados libres sino nuevos estándares de proteccionismo, pero aún es mucho lo que falta por hacer…”

Las elecciones constitucionales de los últimos años en América Latina no han sido más que formalmente, triunfos de la democracia política. Los procesos electorales han mostrado que existe un desfase entre lo que son los regímenes latinoamericanos y la versión que de estos dan los centros de poder financiero internacional, el gobierno de Washington o la OEA. Las elecciones mismas distan mucho de tener los rasgos de procesos democráticos y competitivos, y las vastas operaciones de propaganda que se han hecho para hacerle publicidad a la supuesta democracia continental, no puede ocultar la realidad de lo acontecido.

E1 Estado de Derecho que es el fundamento de la vida democrática se encuentra en condiciones tan precarias en la mayor parte de los países, a pesar de lo que sostiene la retórica de los grupos dominantes y de los gobiernos, que por un lado los derechos políticos individuales siguen sin estar garantizados de manera suficiente y, por el otro, los funcionarios públicos continúan actuando por encima de sus atribuciones legales y con frecuencia en la impunidad: todo lo cual tiene repercusiones en la configuración de los órganos del poder público.

El pensamiento crítico de América Latina, al repensar lo mismo una alternativa económica y social que el papel de los Estados nacionales, tiene que abordar de manera prioritaria el problema de la redefinición de las instituciones democráticas. Luego de las desastrosas experiencias de los últimos años, es urgente revisar el papel de la educación y de los medios de comunicación social y el contexto en el que se dan los procesos electorales. Estudiar la forma de ampliación de la participación, a través del referéndum o plebiscito y de la revocación del mandato, pero también de nuevas formas de decisión: asumir el principio de los campesinos indígenas de Chiapas de "mandar obedeciendo". Para revertir las políticas de la globalización y hacer reales los derechos individuales y sociales al trabajo, a la tierra, a la educación o a la salud, y construir una sociedad en la que el hombre sea dueño de su esperanza, es menester una discusión más amplia de esta nueva y compleja problemática: hacer la crítica del neoliberalismo realmente existente. Los ensayos de Noam Chomsky y de Heinz Dieterich Steffan, forman parte del análisis que apenas comienza sobre esos desafíos que las políticas de los poderes trasnacionales plantean al hombre en este fin de siglo: son parte de la nueva reflexión colectiva y contribuyen a ella de manera significativa.

A más de lo expresado por los especialistas cabe recalcar que el neoliberalismo despoja a los pueblos de sus patrimonios, liquida la propiedad estatal y no es exagerado afirmar que el Estado -al quedar en total disminución de sus obligaciones- delegaría al sector privado la construcción de carreteras, puentes y caminos, la construcción y administración de puertos, aeropuertos, muelles y servicios aduaneros, construcción de escuelas, colegios y universidades para que la educación sea privada y a elevados costos en todos los niveles; la construcción, administración y prestación de servicios de salud a costos impagables para el pueblo, la entrega a las transnacionales de sectores productivos de alta rentabilidad como los campos petroleros y gasíferos, oleoductos, acueductos, hidroeléctricas; administración de la seguridad social y, en fin, de todo cuanto existe, para llenar las insaciables faltriqueras de las transnacionales y del empresariado nacional de todo tipo, mientras el pueblo sufre de espantosa explotación, abandono y miseria..

Más aún, el Estado quedaría como mero espectador de las triquiñuelas del mercado y siempre se vería obligado a conceder todo tipo de incentivos y facilidades para atraer a la inversión extranjera: exoneración de pagos de impuestos, libre exportación de capitales lo mismo que de los productos de la tierra y el mar.

Todo para las transnacionales, los inversionistas de toda laya, los banqueros y financistas, los usureros internacionales como el FMI y BM, nada para el pueblo o tan sólo la explotación inmisericorde de la mano de obra barata o tan solo las migajas que podrían caer de la mesa del banquete cotidiano y multimillonario del sector privado.

¿En el Ecuador se acabó la larga noche neoliberal o aún se recurren a varias de sus propuestas teóricas en tiempos de crisis económicas? Como dice el dicho: “piense mal y acertará”.