¿DÓNDE NACIÓ COLON? 



LO QUE INTERESA ES QUE COLÓN LLEGÓ A AMÉRICA 




Fausto Jaramillo Y.
A esta altura de la historia, ¿qué importancia puede tener el conocer el sitio de nacimiento de Cristóbal Colón?
Si Colón nació en España o en Italia, o en cualquier otro país, no debería ser importante, porque lo que interesa es que ese señor llegó a las costas de un continente que hasta el 12 de octubre de 1492 no constaba en ningún mapa de la época. Y, claro que no podía constar porque la teoría dominante de aquellos días era que nuestro planeta Tierra era plano y que más allá del horizonte, a donde la mirada humana no podía entrar, existía un lugar que encandilaba la imaginación y cualquier teoría, por más loca y absurda que pareciera, era proclamada; y lo más grave, era aceptada.
Por supuesto, la teoría de un planeta plano no era la única que circulaba. Desde la antigüedad a ésta se oponía otra que sostenía la curvatura de la Tierra. Entre los filósofos griegos, Tales de Mileto no vacilaba en proclamar una Tierra plana. Por su parte, Anaximandro creía que la Tierra era un corto cilindro con una superficie plana y circular. Aristóteles, en el siglo IV A.C. da una explicación razonada de por qué la Tierra es una esfera. Sin embargo estas teorías hasta los tiempos de Colón, no tenían un sustento comprobable en la realidad.
Volvamos a la pregunta inicial. ¿Qué importancia tiene, a estas alturas de la historia, el origen del Almirante Colón?
Ubiquemos el viaje de Colón en su etapa histórica.
Hacia el 200 de nuestra era, la península empezó a formar parte del Imperio romano, constituyendo la provincia de Hispania. Tras la caída de Roma, en esas tierras se estableció el Reino visigodo que se inició en el siglo V y se mantuvo hasta comienzos del siglo VIII. En el año 711 se produjo la primera conquista musulmana desde el Norte de África; en pocos años el Islam llegó a dominar gran parte de la península ibérica, la que en los 750 años siguientes sería conocida como al-Ándalus.
Pero, claro, a nadie le gusta vivir eternamente de esclavo. Poco a poco la idea de libertad fue creciendo en la mente de los pobladores de la península. Amparados en creencias religiosas los reinos cristianos arrebataron progresivamente el territorio a los musulmanes. Comenzó la Reconquista, aproximadamente, en 722 y culminó con la toma de Granada en 1492; es decir, el mismo año de la llegada de Colón a costas americanas.
Por otro lado, en la lucha contra los moros no participaron todos los pueblos y reinos de la península y el triunfo no garantizaba su incorporación al reino que nacía: había que encontrar o inventar razones que unificaran sus aspiraciones y sueños con los de los triunfadores.
La unión de Castilla y Aragón, los dos reinos de mayor importancia en la península, por el matrimonio en 1469 de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, posibilitó la unificación de España bajo una sola dirección y el fin de la presencia de los moros en esa tierra.
La guerra de Reconquista, como todas las guerras, de todos los tiempos y de todo lugar, trajo como una de sus consecuencias, la pobreza y hasta la miseria económica de los combatientes.
Para recuperar la esperanza y mirar con cierto optimismo el futuro, los pueblos crean sus héroes, los que les permiten sentir su identidad y reconocerse en ciertas virtudes y defectos. Inventar héroes o transformar a valientes soldados en héroes unificadores ha sido, en toda la historia, una tarea política que la élite gobernante ha cumplido. En aquellos días, los reyes de Castilla deben haber pensado en lograr encandilar el imaginario popular para someter a los habitantes de aquellas tierras, a su reino. Así, entonces, aparece el caballero Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como el El Cid campeador, quién pasó de la vida al cielo de los héroes, cabalgando en un corcel y luchando contra los enemigos, a pesar de que su espíritu ya había abandonado su cuerpo.
Pero, ¿un solo héroe? Quizás habría sido suficiente en el campo militar, pero si se quería forjar un nuevo y gran imperio hacía falta otros personajes-héroes que cohesionaran a esos pueblos tras los nuevos objetivos.
Cuenta la leyenda o la historia, no importa, que Isabel llamada la “católica” empeñó sus joyas para financiar el proyecto del navegante Cristóbal Colón en la búsqueda de una nueva ruta comercial con Asia a través del océano Atlántico, es decir, había una poderosa razón económica en esta transacción: la corona financiaba el viaje pero a cambio controlaría una ruta más rápida y económica del comercio mundial, y con ello, deben haber pensado, la recuperación económica sería rápida y sobresaliente.
Así fue, la llegada al nuevo mundo y la posterior conquista de América forjaron la creación del Imperio español. Durante los siguientes siglos España se alzaría como actor principal del mundo occidental y primera potencia de la época.
Cristóbal Colón fue uno de aquellos héroes creados por la naciente sociedad española. Su viaje encandiló a las gentes, abrió nuevos horizontes comerciales y las ingentes riquezas americanas comenzaron a ingresar a las arcas del nuevo imperio. Por eso, Colón debía ser español. No podía haber nacido en otro lugar que no sea la península Ibérica. Había que inventar el sitio de su nacimiento y para ello había que esconder la verdad. Solo así Colón cumpliría a cabalidad su tarea unificadora de España y el Imperio no vería el peligro en su horizonte ninguna amenaza de dispersión de sus tierras.
Han transcurrido más de 500 años de ese evento y la verdad exige su reconocimiento, aunque no sea sino como un juego. El lugar de nacimiento de Colón no desluce ni un ápice, en caso de no ser español, el importante papel de Castilla en el llamado Descubrimiento de América o Encuentro de dos culturas. No es relevante ese dato, porque, indiferentemente de dónde nació, el navegante recibió la ayuda española en el momento clave y se relacionó con españoles la mayor parte de su vida.
Todas las teorías sobre su lugar de nacimiento dedican más esfuerzos en deslegitimar que naciera en Génova que en presentar pruebas que defiendan sus hipótesis.
Varios documentos legales refuerzan la teoría de que Colón era originario de Génova, en Italia. En uno de ellos firmado por el propio Colón el 22 de febrero de 1498 ante notario, afirma que “siendo yo nacido en Génova, les vine a servir a los Reyes Católicos aquí en Castilla”, y reclama a su hijo Diego que una vez que él hubiera fallecido “tenga y sostenga siempre en la ciudad de Génova una persona de nuestro linaje que tenga allí casa y mujer… pues que de allí salí y en ella nací”.
Por su parte, el testamento de su hijo mayor –otorgado en Sevilla el 3 de julio de 1539– tampoco deja dudas: se identifica ante un notario como “hijo de Cristóbal Colón, genovés, primer almirante que descubrió las Indias”. Aceptemos de una vez, ser genovés no era ni es ningún crimen, ni reduce en nada su presencia en las páginas de la historia española.

CARLOS LASSO CUEVA: EL POETA QUE RETORNA AIRE.
Cristian López Talavera
Quito-Ecuador
El poema, revestido en el lenguaje, nos ayuda a develar el pasado e ir construyendo ese puente que enlace la memoria con el atrás. Revivir a nuestros escritores, perdidos en el tiempo y en la historia es el propósito del presente trabajo, realizar una relectura de nuestra poética, tan abandonando por un supuesto canon existente, por tanto, hacer un análisis de la poesía de Carlos Lasso Cueva (Loja, 1951) se hace ineludible para comprender una etapa de nuestra literatura y a quien considero, sin embargo, una de las piezas claves en la formación de la tradición poética ecuatoriana de los años 70 y 80.

Lasso Cueva ingresa a la vanguardia literaria aportando no sólo un lenguaje poético (técnica, figura literaria) también se apropia de un lenguaje combativo; suyo es una poética del cuestionamiento, sin dejar a un lado a la mujer como símbolo de rebeldía y belleza. Poemas de la Guerra (1978)[1]; y ¡… y saluden de mi parte a las golondrinas! (1979)[2].

Entré en contacto con el poeta Carlos Lasso Cueva hace unos cinco años, su visión crítica de la racionalidad de Occidente planteaba ideas iconoclastas. Como casi la mayoría de libros de poesía ecuatoriana, los libros de Carlos Lasso Cueva encontré en las librerías de medio uso y una apasionante lectura, a cada página iba redescubriendo líneas, versos: “porque no confiamos en la paz/ y encendimos oscuramente la claridad/ de la guerra”, “Abro la luz y aguardo/ lejos de la fiesta la noche se extingue/ como un cadáver no identificado” o “Desde un muro sin víboras verás llegar la vida al ritmo/ de viejas canciones perseguidas (las mismas que cantamos/ en la cárcel)”; ante esta lectura me surgió varias preguntas ¿Cuál fue la razón de los más de 30 años de silencio al no publicar un libro de poemas? ¿Cuál fue la relación que Carlos Lasso Cueva tuvo entre las vanguardias artísticas y políticas en América Latina con su obra? ¿Cómo asumió el combate poético y la problemática de lo moderno y la subyugación de la identidad nacional?

Hacia la búsqueda de un contexto.

La lucha de los escritores de vanguardia en el Ecuador, en los años 30, estuvo dirigida hacia los obreros y sus constantes luchas contra gobiernos dictatoriales. La corriente indigenista reformuló un proyecto de nación. El debate peruano sobre los pueblos indígenas determinaron autores cumbres; José María Arguedas, por un lado; por el otro, César Vallejo desarrollaron una tradición literaria, estableciendo un eje de desarrollo histórico.

El debate se centralizó entre el hispanismo y el indigenismo, el colonialismo y el nacionalismo, categorías en la que no encajaban escritores modernistas y románticos, esto generó un espacio para que en países latinoamericanos vayan surgiendo escritores comprometidos con su realidad Arguedas (1969) plantea al hablar del Perú, pero puede ser leído desde Latinoamérica: “No hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena y humana; todos los grados de calor y color, de amor y odio, de urdimbre y sutilezas, de símbolos utilizados e inspiradores. No por gusto, como diría la gente llamada común se formaron aquí Pachacamac y Pachacutec… Vallejo, Mariátegui…”[3], a partir de eso, movimientos como el Realismo Social, el Realismo Mágico, o también, el Boom Latinoamericano abordaron estos temas, como lo plantearía José Carlos Mariátegui, en sus ensayos peruanos, el tema principal los pocos vs los muchos. El pueblo Latinoamericano contra las grandes dictaduras.

El poema como resistencia a los muchos, dando voz al otro.

Ante esto, Poemas de la Guerra, de Carlos Lasso Cueva ahonda los, ya variados temas planteados, ese retorno a nuestro pasado, ese intentar develar un mundo cruel a las que estábamos sumidos. En Canción India, la voz poética nos dice: “Mira cómo el bosque nos llama con una canción/ la patria sabe que vamos con el color de su futuro/ en la sangre”, Carlos Lasso sabe que la reivindicación revolucionaria no solo pasa por ser un diálogo filosófico, sino que necesita rehacer una relectura de nuestro pasado, pero como una reivindicación política.

José Martí ya lo había planteado tiempo atrás, al decir que hasta que no se haga andar al indio no comenzará a andar bien la América, la idea que se necesita realizar es incorporar en el debate, tanto al indio, al cholo, al negro, pero vistos desde los nuevos sectores sociales, porque serán ellos los que le den voz al otro, al que no la tiene; en el poema La Ciudad de Barat nos dice: “Entonces la juventud, para comenzar,/ es solamente/ el simple deseo de encontrar respuestas;/ pero por sobre todo,/ es la seguridad del camino/ que conduce a hallarlas.”

Gran labor literaria tiene este Poemas de la Guerra, porque nos conduce férreamente a la condición de una poética del decir, del cuestionamiento. Si bien el poeta, al publicar este libro, tiene 26 años, pero su discurso devela las contradicciones del capital, en el poema Y Jesús dijo: “Amaos” nos dice: “Creo, que en vista de eso,/ que se puede esculpir en el mármol/ la frase siguiente,/ franca, lisa,/ que tiene el valor de la desconfianza:/ Camarada amor,/ en donde comenzamos/ tú terminas./ Esa es nuestra manera de reivindicarte”.

Carlos Cueva Tamariz, en la contraportada del libro dice: “Joven enfrentado a las tremendas realidades contradictorias de nuestro tiempo […] más también muestra su voz delicada para cantar a la vida el amor” Y así lo ratifica el poema Adulterio: “…palpitan abrazados al gran desprecio/ de la luna,/ mientras la gran prostituta se enreda/ con el sol/ aquellas noches”.

La palabra arde y se quema ahí, adentro.

Manuel Agustín Aguirre en la contraportada del libro “¡… y saluden de mi parte a las golondrinas!, fechado en 1979, indica: “[…] el socialismo no es incompatible con la belleza”, ¿qué hace que un poema no sea un panfleto? L. Trotsky, en su ensayo “Arte revolucionario y arte socialista”[4] indica que existen dos tipos de fenómenos en el arte aquellas que reflejan la revolución, y otras que sin ser revolucionarias tienen la conciencia que surge de la revolución. Carlos Lasso en esta propuesta literaria dirá: “… la vida es/ una ceremonia de historias ansiosas/ que llegan desde el holocausto de la esperanza/ y suben seguramente verdes como la ira/ al punto donde se unen el fin y el comienzo del mundo”. El poema como humanidad. El poeta como ese ser revolucionario que intenta entender su realidad, pero se siente incapaz de transformarlo y escribe “El amor es/ un canto de libertad pronunciando/ en la mitad de la noche”

Este es el discurso en que se enmarca su segundo poemario, Carlos Lasso Cueva da un salto al reino de la libertad (Engels). Si bien este libro es más crudo en las ideas revolucionarias o en lo que denominamos, la poética del cuestionamiento, también ya se ven rasgos del surrealismo, en el poema Homenaje a mi Máquina de Escribir apunta “Tu corazón/ es una metáfora/ integrada/ al casino…/ todas las teclas en orden/ el piano es una cicatriz del sur/… pero tú subirás veredas tanques centinelas”, inmediatamente recordar el homenaje de Lautréamont a ese encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección, ¿qué de similitud mantiene Lasso Cueva con el surrealismo? Su actividad simbólica. El valor de este libro es la rienda suelta que el poeta da a su imaginación, aquí aparecen totalmente elementos, aparentemente lejanos: piano-yodo sanguíneo-caprichosa ortografía-perfume ¿recuerdo de un teatro?

Es un libro urgente. Ya Carlos Lasso Cueva es maduro en su escritura. No se incorpora al hermetismo de poetas triunfadores, transmite su lucha, él ya es un canto de batallas perdidas, sus poemas son relatos de sensibilidad, más humanos.

No sé si Carlos Lasso Cueva sea un poeta socialista, recuerdo en alguna conversa con el poeta Edison Navarro que le comentaba algún poema: “cuando se es poeta, solo sé es”. Y sí que él es poeta, no se ha engañado, ni se ha traicionado, simplemente ha creado una poesía donde nos muestra que el mirar y el pensar con imágenes, también es un acto revolucionario.
Notas:
[1] Lasso C. Carlos: Poemas de la Guerra, fechado en 1978, impreso en la Casa de la Cultura, núcleo de Guayaquil.
[2] Lasso C. Carlos: ¡… y saluden de mi parte a las golondrinas!, fechado en 1979, impreso en la Casa de la Cultura, núcleo de Loja.
[3] Arguedas, M. José: Cultura y pueblo. 1969.
[4] Trotsky, León: “Arte revolucionario y arte socialista” http://www.anticapitalistas.org/IMG/pdf/Trotsky-ArteRevolucionarioYArteSocialista.pdf