LA IZQUIERDA ATOMIZADA Y A LA DERIVA EN ESTA AMÉRICA LATINA ANTIIMPERIALISTA 



UNIDAD PARA LA LIBERACIÓN DE LOS PUEBLOS  



Rodrigo Santillán Peralbo
Los gobiernos populistas de América Latina que se definen de izquierda, e inclusive revolucionarios, progresistas y democráticos, algunos de ellos carentes de formación y firmeza ideológica, triunfaron en elecciones diseñadas por el sistema capitalista-burgués con el apoyo de sectores de izquierda que consideraban que podrían conquistar los cambios y transformaciones que venían proclamando durante los últimos cien años. Esos apoyos incondicionales atomizaron más a la izquierda ya dividida en facciones por diversas tácticas y estrategias, y por liderazgos que nunca entendieron el valor de la unidad para alcanzar la liberación de los pueblos y consolidar el antiimperialismo.

En estos tiempos es ineludible que las izquierdas planifiquen y ejecuten los procesos de unificación desde la centro izquierda hasta las izquierdas radicales y ultristas. Sin esa unidad, seguirán a la deriva, sin identidad verdadera, ni programas doctrinarios, ideológicos y políticos que justifiquen su existencia ante los ojos de las colectividades.

La unificación exige renunciamientos que podrían ser legítimos al considerar que sólo sus grupos tienen razón y que sólo sus convicciones, principios y propuestas son únicos, verdaderos e irremplazables, pero la historia demuestra que es indispensable la búsqueda de todos los caminos posibles e imposibles para alcanzar objetivos superiores, revolucionarios, y para, sin sectarismos ni ortodoxias, pero con el ejercicio de la autocrítica y el análisis dialéctico de las cambiantes realidades, encontrar los fundamentos teórico-prácticos que conformen la unidad de todas las tendencias.

La unidad es una utopía realizable a partir del más amplio de los debates en los que intervengan todos los sectores: dirigentes políticos, intelectuales, trabajadores del campo y la ciudad, organizaciones y movimientos indígenas y sociales, organizaciones de mujeres, de maestros, estudiantes, jóvenes y viejos y hasta los que se equivocaron de buena fe. Sólo deberían ser marginados los que se vendieron por un plato de lentejas a los gobiernos de turno, los que se transformaron en contrarrevolucionarios y siguen llamándose de izquierda y los traidores que simbolizan todas las miserias humanas.

Se requiere construir nuevas definiciones conceptuales que posibiliten la unidad dentro de la diversidad y pluralidad; es decir, se necesita con urgencia aprender a respetar las diferencias, a ser tolerantes y pacientes para escuchar, dialogar y encontrar nuevos y amplios rumbos por los que transiten juntos y enarbolando la misma bandera. Ya no hay lugar para el divisionismo en este mundo cada vez más globalizado en lo económico y más cerrado en las fronteras para impedir la circulación de los seres humanos.

La lucha contra el capitalismo rapaz y contra las guerras de agresión del imperio y sus aliados europeos demanda la unidad de los pueblos sojuzgados en diferente nivel y neocolonizados en diverso grado. Como dirían las paredes de Paris en la Revolución de Mayo del 68, hay que ser realistas, hagamos lo imposible para enfrentar la espantosa realidad de las sociedades de consumo, la cosificación del ser humano, para combatir la alienación de las masas, su desnaturalización y desnacionalización para beneficio del centro hegemónico imperial.

La izquierda de estos tiempos debe enfrentar nuevos retos y desafíos si aspira a permanecer en la vanguardia de los pueblos en lucha. Para ese fin es necesario un esfuerzo para estudiar y comprender las nuevas realidades y la situación económica, política, social y cultural de los trabajadores y sus organizaciones, del movimiento indígena y sus variados niveles de organización al igual que el conjunto de la sociedad y sus organizaciones.

A partir de ese conocimiento se podría intentar la formulación de un diagnóstico acertado de la problemática existente, para proceder a proponer soluciones realistas y configurar un plan de lucha sin excluir ninguna de sus formas. Los procesos electorales de la burguesía deben ser usados para difundir programas, tesis, doctrinas, filosofías e ideologías. La izquierda dentro del proceso unitario debería acceder a todas las ideas, tácticas y estrategias sin desdeñar ninguna de ellas. El análisis determinaría la validez de las propuestas programáticas.

Rodríguez Sacoto sostenía que no se tiene precisión de cómo lograr los programas políticos. El problema de los métodos y de la combinación acertada de las formas de lucha, deviene hoy en uno de los mayores obstáculos de las tendencias de izquierda, así como de las políticas tendientes a la unidad, a crear un frente común para dar la batalla frontal al neoliberalismo y lograr un adecuado equilibrio entre reforma y revolución, que conduzca al cambio revolucionario de transformación a fondo de todo el sistema socioeconómico y sociopolítico capitalista contemporáneo, teniendo bien determinado que el capitalismo y sus sistemas de relaciones contradictorias, expoliadoras y disolventes de la esencia humana no son la solución. En tal sentido compartimos los criterios del destacado filósofo cubano Joaquín Santana cuando afirma que:

Si bien la izquierda no ha logrado aún sacudirse del todo la polvareda levantada por la caída del muro de Berlín, su propio desarrollo le impone repensar la teoría y ponerla a tono con el mundo de hoy. Este ejercicio teórico requiere también de la investigación seria y concienzuda del ayer, precisa del reencuentro con el marxismo clásico y del estudio de todo el pensamiento social, sobre todo de aquel que desde una postura revolucionaria se mostró original y creativo, a fin de que el análisis contribuyan a la necesaria recomposición de la teoría en esta paradójica era de globalización y modernidad posmoderna.

José Antonio Soto Rodríguez agregaba en su análisis que era preciso abordar la problemática desde una perspectiva no ortodoxa. Un análisis actualizado de la izquierda y sus proyecciones teóricas y prácticas ante los desafíos del presente se delimitan las distintas posturas del ser de izquierda en la actualidad y como cada una de estas tendencias asume el problema del poder eje central de la polémica en torno a los proyectos emancipatorios

Un análisis que se pretenda objetivo de la situación económica, política y social que existe en la actualidad latinoamericana, tiene que partir de que aún la contradicción fundamental que se manifiesta está dada entre la apropiación privada y la explotación de la mano obra y por tanto el enfoque clasista de las luchas que hoy se dan en América Latina no puede ser soslayado, aunque no es el único modo en que se proyectan estas luchas en el contexto latinoamericano, por la propia complejidad de las contradicciones que se dan, que hacen emerger nuevos actores en los variados proyectos de lucha de las diversas fuerzas y tendencias de izquierda.
Las condiciones que impone el neoliberalismo y la globalización en la región ha traído por consecuencia determinada movilidad clasista que se da fundamentalmente en la esfera de los servicios, así como en la manifestación de la proletarización de muchos sectores de las clases medias y de los propios profesionales sometidos a las nuevos designios de la explotación capitalista de las transnacionales que han invadido todos los terrenos de la vida social, imponiendo la lógica del mercado. Por tanto esta sigue siendo la contradicción fundamental, pero no la única se dan otras contradicciones:

La que se manifiesta entre el sector marginal desclasado y la marginación a que se ven sometidos por los estados neoliberales y por la políticas excluyentes de los capitales nativos ligados a las transnacionales.

La lucha por mantener las identidades nacionales y la política de las transnacionales de barrer con la soberanía de las naciones periféricas y por imponer sus patrones culturales.
La que se expresa entre los elementos más dinámicos y progresistas de la sociedad civil y la incompetencia manifiesta de los estados nacionales de resolver los problemas cruciales de las mayorías latinoamericanas.

La que se da entre las fuerzas de izquierda y sus luchas por abrirse paso en la lid electoral y llevar a la práctica sus proyectos emancipatorios y la política de fraude electoral y de corrupción ejercida por los gobiernos neoliberales en la región para imponer barreras al ascenso de la izquierda.

La contradicción que se manifiesta entre el monopolio informativo que ejerce la derecha neoliberal, con el poder de distorsionar la verdad y la necesidad de la izquierda de abrirse paso con sus mensajes para dar a conocer su proyecto y que el mismo llegue a las más amplias capas de la población para llevar la verdad y denunciar los males y las contradicciones del capitalismo neoliberal eh la región.

La contradicción que se da entre las necesidades perentorias de la población y los problemas que se manifiestan en los sectores más marginados y explotados de la población latinoamericana y las proyecciones teóricas y prácticas de las fuerzas de izquierda para responder a ellas.

Las respuestas más adecuadas y las acciones prácticas encaminadas a resolverlas estará en dependencia de cómo las distintas fuerzas de izquierda en sus proyectos fundamenten en el orden teórico y práctico sus posturas ideológicas y la solución a las contradicciones. Por tanto hoy día el problema de los sujetos involucrados en las luchas emancipatorias en América Latina se corresponde objetivamente con un carácter plural.
El actual proceso de hegemonía del imperialismo norteamericano, así como la expansión ideológica del pensamiento único que fundamenta al modelo neoliberal han provocado que la tendencia marxista de la izquierda latinoamericana haya tenido que abrirse paso y profundizar en sus concepciones programáticas y teóricas, renovando todo el arsenal del marxismo y recontextualizándolo a tono con las propias concepciones del socialismo como paradigma emancipatorio; reconsiderando sus principios tácticos y estratégicos en función de la unidad, del poder y de las propias concepciones sobre la democracia.

Como ya se dijo anteriormente, sólo desde el diagnóstico acertado de la situación actual es posible llegar a consensos con el respaldo de la praxis de todos los movimientos populares; es decir hay que aprovechar las fortalezas de las masas y potenciarlas para que se pueda construir una fuerza antisistema, como diría Rodríguez. Añadía que para lograr esta unidad y una verdadera hegemonía es necesario construir un instrumento político que logre representar a todos los sectores sociales discriminados y excluidos económica, política, cultural y socialmente. Por eso Marta Harnecker plantea que debe abandonarse la concepción anterior que se tenía del partido como representante de una sola clase fundamental, debe echarse a un lado el reduccionismo clasista y construir un frente amplio antisistema. El marxismo clásico nunca argumentó que la contradicción entre trabajo-capital era la única presente en la sociedad. Ni Marx ni Engels afirmaron que la sociedad está totalmente, y sin excepción, dividida en clases; solamente recalcaron que la contradicción entre trabajo y capital era crucial y que sin tomarla en cuenta no podrían resolverse otros problemas y contradicciones.

Cabe reproducir algunas de las propuestas de Rodríguez cuando afirmaba que si la izquierda revolucionaria quiere triunfar y tener un alto poder de convocatoria y de movilidad social, debe poner énfasis en la socialización no sólo de la economía en el nuevo proyecto emancipatorio, sino en la política y en todos los ámbitos de la movilidad social e individual de las personas, es la aspiración a lograr la libertad real y más amplia. De lo que se trata es de materializar la realización plena de la democracia.
La reconsideración de la democracia es de vital importancia en el análisis del proyecto socialista y marxista de la izquierda latinoamericana como eje central de su paradigma emancipatorio y como proyección teórica y práctica en torno al poder. Para este empeño cobran vigencia las ideas de Gramsci y Mariátegui sobre la democracia y el socialismo, las que no están intencionalmente desarrolladas a la manera de la intelectualización de los conceptos, pero sí en las esencias con que abordan trascendentales problemas, tales como: la sociedad civil y sus relaciones con el Estado, hegemonía y bloque histórico, la democratización orgánica del partido, el papel de la intelectualidad en la revolución y de la cultura en el proceso democratizador de la sociedad socialista.

Del pensamiento mariateguista cobran actualidad los problemas agudos y polémicos sobre la naturaleza de las entidades colectivas, la crítica al dogmatismo y al inmovilismo, la valoración de la crisis del marxismo y sus consecuencias para el pensamiento marxista latinoamericano, así como el problema de la necesaria democratización en las filas de los partidos y movimientos políticos de tendencia marxista.

Estas ideas resultan esenciales por la trascendencia que tienen en el tratamiento de la polémica en torno a la democracia por parte de la izquierda latinoamericana y cómo son asumidas en el redimensionamiento de las concepciones de la sociedad civil y sus relaciones con el poder, así como en la propia reestructuración orgánica de los partidos de izquierda, sus cambios profundos en la democratización interna y en las proyecciones de la unidad a lo ancho y a lo profundo.

Otras ideas expresadas por el autor se refieren a un análisis metodológico que define la presencia de un pensamiento de izquierda en la actualidad precisa partir de tres pilares básicos: en primer lugar el sentido ideológico que ella entraña como postura', en segundo lugar 'la identidad epistemológica del ser de izquierda', en tercer lugar 'el carácter del proyecto que ella asume y sus alcances'.
El sentido ideológico que ella entraña la define como una postura política contra la injusticia, la explotación, la manifestación de coerción de las libertades y derechos del hombre a su libre desenvolvimiento en lo social como en lo individual, contra todo poder despótico que implique la tiranía, contra todas aquellas políticas que se dirigen a socavar la soberanía y el derecho de las naciones a su autodeterminación, así como aquellas posturas que en lo cultural tienden a minar las identidades culturales de nuestros pueblos.

En el sentido ideológico las posiciones de izquierda defienden las justas causas de los oprimidos y de los que luchan por sus reivindicaciones y derechos de todo tipo, frente al sistema neoliberal imperante. Asumir una postura de izquierda hoy en Latinoamérica implica una posición de enfrentamiento al neoliberalismo y al imperialismo norteamericano en su política hegemónica y de sometimiento económico, político, espiritual y cultural. Pueden ser más o menos acertadas las propuestas alternativas, pero estas son las coordenadas de principio que en lo ideológico definen en la actualidad latinoamericana una postura de izquierda.

En el sentido epistemológico ser de izquierda se refiere al contenido esencial de las proyecciones que en lo teórico se adoptan. Un pensamiento de izquierda tiene que ser contestatario a toda dominación, tiene que proyectarse por ofrecer una alternativa que garantice el progreso y la libertad más plena, la más alta expresión conceptual de ser de izquierda es el pensamiento teórico revolucionario que se fundamenta en el humanismo, en las tradiciones de luchas patrióticas de nuestros pueblos, en las más altas expresiones creativas del marxismo latinoamericano y en su ideal socialista que se propone la transformación socioeconómica, sociopolítica, sociocultural y técnico científica de nuestras sociedades.

Un proyecto de izquierda consecuente y radical hoy en nuestro ámbito debe de tener un carácter revolucionario, entiéndase como tal aquella postura conceptual y accionar práctico que se ajusta a nuestras realidades y que en sus proyecciones teóricas y prácticas responden a un momento complejo para las fuerzas de izquierda en el Continente. Como estrategia de largo alcance no debe renunciar al proyecto del poder en todas sus dimensiones: trátese del poder desde arriba es decir del institucional del Estado y del poder que se construye desde abajo por las propias organizaciones y movimientos de izquierda con la participación democrática y activa de los sujetos involucrados en las luchas emancipatorias, esto implica el adecuado y dialéctico reciclaje de ambas dimensiones del poder, no debe renunciar al proyecto socialista, sin que ello implique asumir a la revolución plena y al socialismo como metas inmediatas, pero sí tiene que concebirlos como programa de futuro y todas sus proyecciones teóricas y prácticas deben potenciar estos ideales.

En su exposición, Rodríguez señalaba que en América Latina la definición conceptual de la izquierda ha pasado por diferentes momentos históricos. Esto ha tenido que ver con la correlación de fuerzas del movimiento revolucionario a nivel internacional y con la manera con que se interpretó el programa emancipatorio atendiendo a las influencias recibidas por la desaparecida Unión Soviética desde la época de la Tercera Internacional Comunista hasta el derrumbe del socialismo eurosoviético. La etapa posterior al derrumbe ha significado una época de reconsideración, por parte de la izquierda, de su propio ser o de su propia identidad y también ha entrañado toda una reconstrucción conceptual del programa emancipatorio con toda la trascendencia del accionar político que ello ha conllevado, ante los desafíos contemporáneos del modelo neoliberal, la globalización capitalista contemporánea y el rol de liderazgo que desempeña Estados Unidos de Norteamérica a nivel planetario.

Establecidos los indicadores y las limitaciones en la concepción de qué entender por izquierda latinoamericana, estamos en condiciones de reflejar cómo se da la polémica por los pensadores de izquierda en torno al concepto de izquierda.

Fernando Martínez Heredia oponiéndose a todas estas interpretaciones reduccionistas y dogmáticas de analizar la izquierda expone que «El problema principal al que se refiere la izquierda es el de las identificaciones de los dominados y de sus luchas contra la dominación. Los comportamientos e ideas tendientes a la rebelión que pudieran ser de izquierda, forman parte de la construcción de realidades sociales de grandes grupos humanos.»

Determinar el contenido de los enfoques de izquierda entraña, de igual modo, ubicar los actores sociales que la representan en un momento histórico concreto dado, por tanto el enfoque clasista no debe ser excluido, ya que el contenido ideático de las posiciones tomadas depende mucho de las clases, grupos y sectores y su lugar en la sociedad. No obstante el reconocimiento de este aspecto no debe ser absolutizado por cuanto en muchos movimientos sociales aparecen sectores y grupos de actores no vinculados a ninguna clase, ya que no tienen nexos con la base económica que impera, y son sometidos de igual modo a la exclusión y a la explotación capitalista. Esto marca los intereses diversos que se mueven hoy en los llamados procesos unitarios de la izquierda, cuyos programas tienen que responder en lo ancho a todos estos reclamos diversos y esto influye inexorablemente en la profundidad de los proyectos liberadores de estos frentes.

En este sentido para Isabel Rauber «la izquierda son las fuerzas, o movimientos, o los actores cada vez más amplios de la vida política latinoamericana, que chocan con la brutal política de las clases dominantes y pugnan por construir una alternativa a favor del desarrollo y de los sectores populares en cada país, por rescatar la cultura de nuestros pueblos y por defender a elegir libremente el camino a seguir.»
Adolfo Sánchez Vázquez en su trabajo «¿Izquierda y derecha en la política y en la moral?, refiriéndose a las ideas expuestas por Norberto Bobbio en su ensayo «Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción posible», comparte sus criterios en cuanto a que esta distinción de izquierda y derecha se halla lejos de haber llegado a su fin y que mantiene la vitalidad de su significado, ya que Bobbio asume que en la esencia de esta delimitación política e ideoética está el ideal de igualdad, que es la estrella polar de la izquierda.

Sánchez Vázquez señala que a esta distinción le faltan elementos por precisar y necesita ser completada con el concepto de libertad y de otros criterios importantes como son: las relaciones Estado-sociedad civil, las de propiedad, las del hombre y la naturaleza, las de la iglesia y el Estado, las reivindicaciones de las minorías étnicas y que se ponderen políticas dirigidas al bienestar social, político laboral, científico, educativo, y artístico entre otras.

Sánchez Vázquez determina que con respecto a los criterios básicos de libertad e igualdad, la derecha ha tendido históricamente a limitar el área de las libertades reales para las mayorías de la población y frenar los avances de la igualdad social reclamados por las clases más desprotegidas. La izquierda, por el contrario, ha tendido a superar esos frenos y a ampliar la esfera de las libertades reales y de la igualdad social.
Entonces ser de izquierda significa asumir un contenido concreto: dignidad humana, igualdad, libertad, democracia, solidaridad, y derechos humanos. Ello sólo es posible a través de la realización plena del proyecto socialista.

Aunque compartimos las precisiones conceptuales de Sánchez Vázquez y la crítica que le hace a Norberto Bobbio en relación con las vaguedades terminológicas en función de los proyectos de justicia social y libertad, consideramos que este intelectual atribuye el concepto de los problemas relativos a la solidaridad, la dignidad humana y los derechos humanos, la igualdad, la libertad y la democracia solamente al proyecto socialista; sin embargo muchas de las tendencias de izquierda asumen estos problemas desde sus perspectivas con aciertos y desaciertos, e incluso la tendencia marxista tiene dificultades en sus precisiones emancipatorias referidas a la concepción de la unidad, a cómo llevar a cabo una estrategia y táctica acertadas para asumir el poder, así como en la viabilidad de las propuestas ante los nuevos escenarios económico, político y cultural del acontecer latinoamericano.

Las absolutizaciones son hoy muy costosas, pues no contribuyen a la necesaria unidad de todas las fuerzas de izquierda en un frente común alternativo al capitalismo burgués con una proyección antiimperialista. Es necesario delimitar cuáles son las esencias determinativas que defendemos de estos problemas planteados por Sánchez Vázquez, porque la derecha también se declara portadora de la asunción de estos problemas y por estas razones hay que precisar dónde están los sentidos interpretativos de las postura de izquierda y sus contenidos esenciales que se diferencian radicalmente en sus alcances de las posiciones de la derecha.

Otra de las valoraciones teóricas interesantes la ofrece Emir Sader, estudioso de la izquierda latinoamericana, el cual entiende a ésta en nuestro ámbito como parte componente de las fuerzas anticapitalistas a escala mundial, y por ello no debe excluirse a ningún movimiento, fuerza o partido que se afilie en el proyecto antineoliberal. Él es portavoz de la idea de que la verdadera izquierda debe de reivindicar un programa socialista que sea a su vez alternativo del socialismo eurosoviético, enraizado en los valores culturales latinoamericanos y cuyo objetivo primordial sea el de resolver los problemas económicos, sociales, de enajenación social e individual y de modos de concebir y construir la política que hoy existe en la región.

Esta postura de entender la izquierda latinoamericana se ajusta más a nuestro realidad y permite tomar en cuenta a todos aquellas fuerzas progresistas que se proyectan contra el neoliberalismo, a favor de la democracia más plena, libre de autoritarismos extremos y de gobiernos dictatoriales, que claman por un nivel de vida más justo para las grandes mayorías latinoamericanas empobrecidas, marginadas y sometidas a condiciones de vida infrahumana. Por ello compartimos con este autor la idea de que la lucha de la izquierda no puede dirigirse sólo a la gran meta de alcanzar el poder y todo el esfuerzo gigantesco que ello implica, sino que en el ámbito de la política que deben trazarse, debe ser cuidadosamente sopesado el problema de la correlación de lo social y lo personológico, porque es necesario abrir espacios para el trabajo en la base que involucre a todos los sujetos populares en la realización personal del proyecto emancipatorio por lo que esto puede tributarle como enriquecimiento humano, contribución impostergable y necesaria que la izquierda tiene que lograr en su lucha contra la enajenación, que es el virus más maligno que el neoliberalismo ha logrado inocular en los marginados que el mismo sistema ha generado.

El concepto de izquierda que nos aporta Narciso Isa Conde se ajusta más a nuestras realidades de hoy ante el proceso de recomposición del capitalismo neoliberal en América Latina. Así señala que: La izquierda transformadora que reclama la crisis y el mundo capitalista de hoy no puede ser la simple reproducción de la izquierda clásica del largo ciclo de la civilización industrial, mucho menos la izquierda dogmatizada por las influencias del fracasado proceso de tránsito revolucionario anticapitalista bajo el impacto del estatismo burocrático. Tampoco puede ser la izquierda reformista, posibilista que haga suya la nostalgia socialdemócrata, que se deja permear de las ideas liberales y se adapta el nuevo orden capitalista

La izquierda revolucionaria que se enfrente a desafíos del presente y brinde alternativas para dar vía al nuevo socialismo que debe ser construido en América Latina debe ser confrontativa, innovadora, abierta, con una capacidad de acción en todos los escenarios de lucha, que tome en cuenta todas las formas en que se manifiesta la rebeldía contra el neoliberalismo, todo lo que coadyuve a que el pueblo sea poder.

El enfoque conceptual de la izquierda revolucionaria coincide objetivamente con la situación de la izquierda mundial y en particular la latinoamericana, su proyección aspira a romper con todos los esquematismos y reduccionismos anteriores y su programa entraña la unidad de todas las fuerzas que se enfrentan hoy al neoliberalismo y al imperialismo.

La posición reformista de izquierda tiene como fundamento de su posición, la renuncia a la toma del poder político y su concepción sólo lo asume a partir de la construcción muy particular y concreta del espacio de movilidad social de las propias organizaciones y movimientos sociales de izquierda en la base. Esto limita las acciones tácticas y estratégicas que demanda la actual realidad latinoamericana, en función de los cambios estructurales que en el orden socioeconómico y sociopolítico son necesarios. Por tanto estas proyecciones al renunciar al poder estatal están limitando sus acciones en el orden de los cambios de la totalidad de los diferentes países donde se perfilan sus demandas, quedándose al nivel de las reformas que tienen un carácter muy específico, demandas de mejoramiento laboral, entrega de tierras, respeto a las identidades culturales , respeto a las libertades públicas y al espacio privado y no se plantean por tanto la ruptura con el sistema capitalista imperante en Latinoamérica.

No obstante a lo planteado anteriormente no resulta táctico marginar a estos sectores de la izquierda de los programas unitarios, hay que tomarlos en cuenta y trabajar porque radicalicen sus concepciones en el fragor de las batallas civiles contra la derecha neoliberal.

Sobre los procesos de la unidad de las izquierdas (en plural) pueden darse muchos debates, estudios, análisis, divagaciones, pero algo es común en todas las tendencias y fuerzas sin importar su tamaño: el socialismo. Para alcanzar ese objetivo en el corto y mediano plazo, las pequeñas organizaciones políticas y de masas habrán de fortalecerse en la militancia continua en todos los campos y sectores de la política.
“En la actual coyuntura sociopolítica mundial y latinoamericana en la que el imperialismo y su globalización neoliberal dominan los medios masivos de información, controlan casi absolutamente las redes informáticas, prepondera el pensamiento único que trata de hacer capitular todas las ideas de progresismo social, la izquierda que se proyecta y lleva a cabo el poder en algunos países, expresa una naturaleza antineoliberal y de defensa de los intereses de la mayoría en función de resolver problemas cardinales Esa proyección de izquierda es revolucionaria, aunque lo que intente en un primer plano, ya tomado el poder sea todo un conjunto de reformas, necesariamente estas se irán radicalizando para un establecimiento mediato de un socialismo auténtico que tenga como eje principal a la democracia.

Esto lleva a la izquierda a actualizar sus posiciones teóricas en relación con la cuestión del Estado y de las relaciones de éste con los partidos y las diversas fuerzas y agrupaciones izquierdistas, en cuanto a las formas en que se asegurará la democracia política y la política económica que debe trazarse para ponderar las áreas que se mantendrán bajo control del Estado y aquellas que quedarán en manos privadas. En esencia el problema del poder, no sólo entendido como el asalto al gobierno, está puesto al orden del día”.