UN GOBIERNO QUE HA TOCADO FONDO 



¿QUÉ SE PUEDE ESPERAR DE UN RÉGIMEN QUE DESCONOCE LA DEUDA AL IESS? 



Pablo Herrera Naranjo

Cuando el Estado central asume que sus potestades reguladoras han fracasado interviene en la sociedad organizada de manera arbitraria e ilegítima. La ley reformatoria a la Ley de Seguridad Social y a la Ley del Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, para la administración de los fondos complementarios previsionales cerrados, es un pomposo título que marcó el inicio de tan claro abuso.

Alrededor de media centena de fondos de cesantía, en todo el país, fue un jugoso plato que
se puso en la mira del Estado obeso, carente de recursos por el despilfarro y la demagogia. Los más de mil doscientos millones de dólares que se estiman son manejados por estas instituciones, que dicho sea de paso debían ser auditados en su momento, son el botín de un gobierno que busca nutrirse de dinero ajeno.

Qué se puede esperar de un régimen que desconoce su deuda con el IESS; mutila su Constitución para evadir la obligación con los pensionistas jubilados de ahora y del mañana
si logran su afán de perennizarse en el poder.

El fruto de Montecristi, escrito en piedra según dijeron, tiene sus días contados, porque en la práctica parece estar trazado en el viento. Aquellos fondos fueron constituidos con un carácter privado por la iniciativa de cientos de trabajadores y empleados públicos organizados, que depositaban, más que su dinero, la esperanza de que sus aportes sean administrados por quienes ellos confiaban, no por quienes se les impusiera a tan grave costo.

El Fondo de Cesantía del Magisterio Ecuatoriano, es probablemente el caso más mediático
por el conflicto político que provoca, tanto así que la coerción estatal en manos de la policía
nacional desorbitó la esfera de lo posible. Como si de delincuentes se tratara, intervinieron dichas instalaciones, seguramente para mostrar de lo que son capaces a quienes intenten protestar por sus derechos.

Pero el caso del FCME no es el único, son muchos más los fondos previsionales que de manera anticipada se infiere; por las auditorías a las que están siendo sometidos, serán entregados al Estado sin que fácticamente sea posible refutar estos estudios. A la final, para
el gobierno no importa si es un centavo el que el Estado aportó en algún momento para el presupuesto de los fondos, eso le da el derecho a asumir la dirección, control, manejo y gasto de todo el dinero a través del BIESS.

Un sin número de aportantes de los fondos, que desconocen cómo serán manejadas sus cuentas individuales, no pueden ser invisibilizados por la dimensión financiera o ubicación
geográfica de su organización. Todo derecho, por más pequeño y aislado que este sea, en un
Estado que se jacta de ser Constitucional merece ser justiciado.

Finalmente, la metida de mano en los fondos previsionales no es un caso aislado, sino una piedra más del sinuoso camino del abuso y la arbitrariedad. El símbolo de que el gobierno
puede, de cualquier manera, intervenir la gestión e iniciativa de la clase popular, media y trabajadora que tanto dice defender.

No se debe perder la esperanza, la sociedad civil está en proceso de reunificación, la convención nacional de organizaciones sociales, reunida el pasado 30 de mayo en Riobamba, resolvió en su manifiesto apoyar y exigir el respeto de los fondos previsionales.
Este gobierno al contrario de apoderarse de todos los fondos, debería admitir que ya ha tocado fondo.

EDITORIAL: EL GRITO ¡FUERA CORREA! TIENE UN AGREGADO: ¡GOBIERNO POPULAR!

Retrocedió, fue derrotado, perdió... Estos términos fueron usados en las redes sociales para comentar el anuncio hecho por Rafael Correa en cadena nacional, el pasado 15 de junio, acerca de que retiraría “temporalmente” los proyectos de ley referidos a las herencias y a la plusvalía de la tierra.

La imagen del Presidente ya no tiene la misma dimensión de hace un año, ni siquiera de hace meses atrás. La debacle ha sido sistemática, sostenida.
Podríamos afirmar incluso que su imagen ni siquiera es la misma que la de antes del anuncio del 15 de junio. El Presidente perdió. El famoso desafío a la oposición de ir hacia la revocatoria del mandato hace más evidente esa pérdida de fortaleza política del mandatario, que estuvo acostumbrado a decir siempre la última palabra, a imponerse con sus decisiones por más descabelladas o antipopulares que resulten ser. “Asumiremos el costo político” había dicho el 24 de Mayo, durante el informe a la nación, pero no calculó bien qué tan alto iba a ser ese costo y perdió.

El Presidente retrocedió. El haber retirado esos proyectos no tiene que ver con la cercanía de la visita del Papa, ese es un argumento que solo hace evidente la derrota, por lo poco creíble que resulta. Es obvio que la presión ejercida en las calles durante toda la semana, y que concluyó en una acción de recepción en el aeropuerto que, según parece, puso nervioso al mandatario, lo persuadió de dar su brazo a torcer. Se pudo notar en su gestualidad, que el país ha aprendido a reconocer claramente, gracias a las sabatinas: al finalizar la alocución, en la cadena del 15 de junio, se pudo mirar un impaciente movimiento de sus dedos contra el escritorio, así como un gesto con la cabeza, como diciendo: “ya terminemos con esto, estoy harto”.

Ahora es otro el escenario político, ya no es el Correa quien impone agenda y puede, burlonamente, mandar a callar a quien se opone, ahora está dedicado a responder, a tratar de salvar los muebles en materia económica, pero también a responder todo el tiempo a la oposición, y cada vez con menos éxito.

Si bien es cierto la discusión sobre el tema de las herencias y la plusvalía puso en el escenario a nuevos sectores sociales, sobre todo medios y medio-altos, que se atrevieron a salir a las calles a protestar, sin importar la hora o la presencia de la policía y las banderas verdes, es evidente que el escenario previo: la derrota del miedo, la demostración de que sí es posible movilizarse, vino de los sectores populares, de los trabajadores del campo y la ciudad, de los movimientos ambientalistas, de mujeres y derechos humanos, que llenaron las calles en todo el país, ante la convocatoria de la clase obrera.

También es cierto que los micrófonos y las pantallas los ocupan, una vez más, los Lasso, Nebot o Rodas, los empresarios y sus dirigentes, pero el prestigio ganado por los líderes populares, por las organizaciones sociales se mantiene. Los nuevos sectores incorporados a la lucha acogieron el grito de ¡Fuera Correa! que los trabajadores y los pueblos en general han gritado en sus movilizaciones, pero hay una diferencia esencial: para los pueblos, esa frase va acompañada de otra, que implica un cambio verdadero: ¡gobierno popular!, no un recambio para seguir en lo mismo.
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SERVICIO INFORMATIVO OPCIÓN
SEVERO GOLPE A LOS DERECHOS HUMANOS EN AMÉRICA

Por: Marco Villarruel A.*

La histórica resolución de los representantes de los gobiernos de la OEA en el sentido de nombrar a tres miembros de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y entre ellos a Patricio Pazmiño, Presidente de la Corte Constitucional del Ecuador, fija un acontecimiento de extrema gravedad en la perspectiva de la vigencia y respeto a los derechos humanos en América.

El solo anuncio de que Pazmiño era promocionado para tal dignidad despertó la desconfianza en el Ecuador y en todo el continente. Resultaba inexplicable que un gobierno que amenazó de mil formas a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y especialmente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, propugnara con un millón de dólares como capital de operación, a que el principal soporte jurídico de un gobierno que ha violado sistemáticamente los derechos humanos sea elegido vocal de la CIDH, con sede en San José de Costa Rica.

Cómo se explica que 22 gobiernos hayan votado para que una persona que quiere cambiar desde dentro, cambiar de sede, cambiar la estructura de la Corte y de la Comisión, hayan aceptado escuchar a los emisarios diplomáticos y luego depositar su voto?

La historia del Derecho Internacional enseña que la diplomacia secreta está abolida, en bien de la paz y la defensa de los derechos de la humanidad. Pero la práctica deshonesta de los gobiernos sigue manejándose con el inicuo objetivo de “qué me das, qué te doy” y al parecer eso ocurrió porque las primeras declaraciones de Pazmiño, ya en Washington, y bien seguro de su designación, fue que “trabajará por reformar desde dentro a la Corte”. O sea, nada, las cosas van a quedarse como están, las publicitadas rabietas de Correa, como muchas otras expresiones calumniosas e hirientes en este lapso histórico, se quedarán en las portadas de los periódicos, porque los delegados de los gobiernos llevan a Pazmiño para que las cosas se queden como están. Con esto gana Correa pero también se acomodan todos los gobiernos.

Los perdedores son los pueblos, los pobres, contra quienes siempre se ensañan los caudillos, los déspotas y los dictadores civiles o militares. La vigencia de los derechos humanos quedan en entredicho, especialmente las decenas de denuncias que han llegado al Tribunal y a la Comisión.

Se trata de una página muy triste en la historia de la Corte Interamericana y de su Comisión.

*Periodista y docente universitario