LA VISITA DEL PAPA 



EL ROL DEL PAPA SIGUE SIENDO EXTRAORDINARIO 



Germán Rodas Chaves
OPCIÓN SOCIALISTA
Karol Wojtyla, el Papa Juan Pablo ll, tuvo una enorme trascendencia e influencia en aquello que se denominó la caída del muro, suceso ocurrido hace 25 años. Desde luego que las inconsistencias y desajustes del “socialismo real” contribuyeron a esta realidad, pero para nadie pasó inadvertida la tarea asumida, entonces, por la Iglesia católica y su máximo prelado.

Luego de estos sucesos, que implicaron el desmantelamiento del mundo bipolar y, a Contrapelo, la consolidación de un modelo a cuyo interior las diversas fracciones del capitalismo luchan por un modelo hegemónico, el rol del Papa y de sus estructuras religiosas sigue teniendo un peso extraordinario.

Así ha quedado demostrado, por ejemplo, en su rol mediador frente a la situación de Cuba, en momentos en que el gran capital necesita tener arreglada la situación del continente americano, cuando los sucesos de Ucrania son temibles para la propia historia de la humanidad o bien cuando las apetencias Chinas pueden dislocar la geopolítica norteamericana; y desde luego frente a las posturas rusas que van propiciando nuevas asimetrías en el mundo.

En ese contexto, llega la visita del Papa a nuestro país –y también a Cuba que lo recibirá cuando la Isla ya ha salido de la lista de países terroristas según el catalogo norteamericano-
y comenzamos a ser testigos de varios hechos que dejan ver con claridad el poco respeto a la Iglesia Ecuatoriana, a los millones de católicos del país y al propio visitante.

Un Pontífice que ha señalado al mundo la importancia de la vida recatada y moderada en materia económica; que privilegia en su discurso la espontaneidad; que ha señalado la pertinencia de la austeridad en todas las facetas humanas, arriba al Ecuador, cuando al interior del país se disputan las autoridades locales y regionales, el protagonismo y, adicionalmente, los gastos suntuosos.

Y no solamente lo señalado: también hay un prurito de aprovechamiento de la figura de Francisco. Casi hay la certeza de que el gobernante del Ecuador espera que cuando le retraten junto al Papa, la opinión pública se pregunte ¿quién es el personaje que está al lado de Correa?

Pero hay algo más: en el yo de los gobernantes ecuatorianos, la figura del Papa en el país
les es imprescindible para opacar la lucha social, para difuminar la situación política local,
para acallar a los movimientos sociales. Esta conducta de aprovechamiento será hábil y mediática.

Será, en todo caso, perversa y distante de cualquier comportamiento sincero frente a las creencias religiosas del pueblo. Frente a lo expuesto, el pueblo está en la obligación de decirle al ilustre visitante la realidad que acontece en el Ecuador, de allí que la pertinencia de una carta para que pueda ser entregada al Pontífice en donde se le explique el tipo de país que visita y las grandes desigualdades que emergen en la sociedad, es imperativo.

Tanto más que sus consejos, los del Papa, pueden contribuir para que “el buen vivir” –aquella determinación asumida por la Iglesia en el II Concilio del Vaticano- sean puestos en práctica en la realidad nacional.
Que la visita Papal al Estado Laico Ecuatoriano abra horizontes de justicia en el país y contribuya a remover las conciencias del poder, será el milagro que todos esperamos.