RECUERDOS DE ÉL… Y UN LIBRO PÓSTUMO 



LOS INDIGNADOS DE AMÉRICA LATINA Y EL MUNDO HAN PERDIDO A UNO DE SUS GUÍAS. 



Alexis Ponce
Va primero un abrazo trunco, ilegible, a las amigas y amigos que esta noche recuerdan a Galeano y Grass, bien sea leyendo, o cantando, o tomando: vino, café o ron; o después bailando milonga o tango en el Cafélibro (¿por qué no?); o diciendo… o callando. Porque, por igual, todo lenguaje humano, que no sea el olvido o el odio, son bienvenidas maneras de recordarlos y, en especial, de volver a traer al corazón a Eduardo. (Duele la boca decir su nombre, mucho o poquito, pero duele).

Y aunque el encuentro es por los dos, por Grass y Galeano, ya que sus vidas y libros superan ese inacabable día 14 de abril, séanos permitida la mezquindad de referirnos, desde hoy, a Eduardo. De seguro un empedernido amigo de Latinoamérica como lo fue Günter Grass, sabrá perdonarnos el desliz, la perrada del dolor, estos recuerdos.

De todas sus historias, preferí lecturas sobre ‘Ellas’, y no es casualidad, sino deber. Porque a ellas -o con ellas, para todos- dejó en impuntual imprenta, listo para leerse desde mayo, su último libro: “Mujeres”, sobre las cuales escribió de la primera a la última página, y donde Helena, su Ella, vuelve a caminar descalza, recibiendo la dedicatoria como en c/u de sus muchos textos:

Alexandra

Para que el amor sea natural y limpio, como el agua que bebemos, ha de ser libre y compartido; pero el macho exige obediencia y niega placer. Si la revolución social no miente, debe abolir, en la ley y las costumbres, el derecho de propiedad del hombre sobre la mujer y las rígidas normas enemigas de la diversidad de la vida.

Palabra más, palabra menos, eso exigía Alexandra Kollontai, la única mujer con rango de ministro en el gobierno de Lenin. Gracias a ella, la homosexualidad y el aborto dejaron de ser crímenes, el matrimonio ya no fue una condena a pena perpetua, las mujeres tuvieron derecho al voto y a la igualdad de salarios, y hubo guarderías infantiles gratuitas, comedores comunales y lavanderías colectivas.

Años después, cuando Stalin decapitó la revolución, Alexandra consiguió conservar la cabeza. Pero dejó de ser Alexandra.


Aclarando, Eduardo…

No fui tu ‘amigo personal’, como el Edison Miño rematara un mensaje masivo de correo electrónico que, por suerte, solo lo leyeron ustedes, pero no la audiencia de Radio Universal.

Qué no hubiera dado por llamarme tu amigo, o -más todavía- “amigo personal”; ni siquiera una foto de vos o a tu lado conservo (he de aclarar: con nadie, ni siquiera con los Restrepo, que ya es decir bastante). Lo siento, nunca acostumbré pedir, ni a vos ni a nadie: “¿me permite una fotito?”, con las fotos ‘al lado de’ en el siglo 20; ni en el 21 pude nunca con los selfies, de esos donde se posa sonriente, para el Facebook, con primeros o segundos mandatarios, ministros, asambleístas y otros artistas y personalidades; o con compañeros de lucha, como vos, o con mis viejos camaradas Washo y Edison de la Radio Pichincha.

Pero hay un vestigio de cierta travesura tuya… tu oriental manera de burlarte y darte entero digo yo; una linda ilustración que me diste un día, celebrando a tu manera un tiempo de lucha que no cesa, que no debe cesar jamás, y que me diste, que nos diste a los militantes de la APDH del Ecuador de entonces, y que por años conservé, guardé, legué y… se extravió.

Allí escribiste riéndote. Como hoy, en tu homenaje, te recuerdo yo.

GALEANO SÍ CONTESTA…

Si nos vimos dos veces fue mucho, aquí en Quito una, y en Porto Alegre la otra, durante el esperanzador eco del Foro Social Mundial. Si hablamos un par de veces, igual, cortantemente corteses, fue por milagro de la Virgen de Coromoto desde Caracas, y por obra y gracia de la Virgen de los 33, a Montevideo.

Mantuve -eso sí, Edison- correspondencia, serísima o desesperada, siempre por ‘el más peor’ de los temas humanos: los derechos humanos, a veces de manera personal, dirigida solo a él, o copiándole -como malcriado troll de red social- informaciones maltrechas que se las entregaba por igual y en ese entonces a nuestros Jorge Enrique Adoum, Luis Britto García, Piero y León Gieco-.


Y todas esas noticias, cartas o mensajes, por supuesto, referían lo que sucedía en el Ecuador de ayer y hoy, o en los lugares recónditos de América, desde donde me acostumbré abusivamente a llamarlo y escribirle al inicio de cada carta, siempre por su nombre, Eduardo, como lo tratan los suyos, sus lectores, familiares o amigos, como lo trata el mundo entero, sí, porque es nuestro Eduardo. Pero jamás me atreví a decirle ‘compañero Galeano’, como la nomenclatura nos pedía o la timidez me exigía desde un inicio.

A nuestro Adoum, su gran amigo, mi maestro siempre, nunca pude decirle Jorge Enrique, y cuando tuvo la generosidad enorme de decirme algo que yo no me esperaba, en una reunión con gente malcriadamente decente como ustedes, trastrabillé la lengua, hice el ridículo, dije algo no digno de aquel momento ni de que lo oyera el siempre querido maestro. Pero eso del “compañero Galeano” me parecía peor, así que lo empecé a llamar Eduardo… algo, no sé, tan abusivo de mi parte, como el chiste que contaba Facundo Cabral cuando encontró con sus amigotes nada menos que a Jorge Luis Borges en un café de Buenos aires y de puro miedo lo llamó “Colega”.

Unido el destino a los Restrepo y la Plaza Grande, desde 1992 los 1ros. de enero de cada año entregaba desde la APDH una tarjeta con una imagen emotiva y una frase que imaginara sueños largos, de esos que nunca pueden cumplirse o después de muchos siglos. La primera tarjeta que hicimos fue con la célebre y conmovedora fotografía de Eugene Smith: “Paseo por el jardín del paraíso”… y no calzaba mejor frase para acompañar a los dos pequeños adentrándose en un caminito de la espesura, que el ahora célebre texto armado por Galeano, que recoge una frase del cineasta argentino Fernando Birri:

“Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más para allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la Utopía? Para eso sirve: Para caminar”.

En 1996 escribí por vez primera a Galeano, tratándolo de usted y sin decirle “maestro” ni “compañero”, sino Eduardo, pero -insisto- llamándolo de ‘usted’. No sé por qué ni me pregunten cómo, pero creo gracias a Mayra Benalcázar, conseguimos el teléfono de su casa y fax (en esa época no había twitter ni mail). Recuerdo que se burlaban en la APDH, a lo ecuatoriano, creyendo que era otra de las alucinadas cartas sin respuesta, escrita a Mónica Belluci, Susan Sarandon, Hebe de Bonafini, Ofelia Medina o el Subcomandante Marcos.

Era una carta para invitarlo a solidarizarse con nuestras luchas y para que nos acompañase en nuestro cumpleaños, apenas el número 4, de callejear por la vida en la Plaza Grande. Y, encima, cometí el ecuatorial abuso de extender las sábanas y pedirle, “de una hecha”, que acepte ser “Taita” de la APDH, algo así como padrino o ‘miembro honorífico’, como dirían las ONG de ayer, hoy y siempre.

Lo peor de todo es que aceptó. Contestó la llamada, la militancia se puso frenética, le decían ‘Eduardo’ toditos, y Mayra, Tito, Fidel, Anaité, Jimmy, Mauricio, no podían creerlo. Por fax, y luego por el servicio de correo puerta a puerta, nos envió su aceptación. Recuerdo que nos dijo que la palabra “miembro honorífico” le daba terror. Y que “padrino” le sonaba como muy a bautizo. Pero que aceptaba, de agrado, ser el Taita de unos luchadores de los derechos humanos tan jóvenes (Eduardo, cumplimos 50 antecitos de que te nos vayas, y solo la utopía nos sigue haciendo andar)

Para el actito conmemorativo no llegó, ni más faltaba. Pero leímos y reprodujimos a los comensales su carta y una ilustración traviesa que, luego aprenderíamos de memoria, sabe acompañar él a sus mensajes y cartas. Nos sorprendió con un recuerdo de puño y letra y un dibujo de los que acostumbraba a hacer: una torta de cumpleaños, con 4 velitas y su célebre firma con su nombre y apellido, una frase tierna y el epígrafe querible: “Eduardo, Taita de la APDH”. Desde entonces siempre respondió nuestras preocupaciones e informaciones de variada, alegre o tensa, temática por la vida.

EDUARDO Y EL ECUADOR: “PORQUE TE QUIERO… TE PEGO”

En el 2008 vino al Ecuador y escribió un hermoso texto dando a conocer que el país era el primero en inscribir los Derechos de la Naturaleza en su constitución. Cómo no recordarlo:

“La naturaleza tiene mucho que decir, y ya va siendo hora que nosotros, sus hijos, dejemos de fingir que somos sordos. Y tal vez hasta Dios escuche el llamado que está saliendo de este país andino, y amplíe al décimo primer mandamiento, que olvidó en las instrucciones que nos dio allá en el Monte Sinaí: “Amarás a la naturaleza, de la cual eres parte”.

Un año después la voz de Galeano pidió al gobierno nacional que se retracte de su decisión (de marzo de 2009) de retirar la personería jurídica a Acción Ecológica. Y escribió:

"Querido Rafael: Mis amigos me cuentan que la organización "acción ecológica" ha sido clausurada por decisión oficial. Me cuesta creerlo. Ojalá no sea cierto. Yo fui, y sigo siendo, uno de los muchos que celebramos la nueva constitución del ecuador, que por primera vez en la historia ha consagrado los derechos de la naturaleza. Y yo fui, y sigo siendo, uno de los muchos que creemos que la independencia de las organizaciones ecologistas es la mejor garantía de la defensa de esos derechos. Va el abrazo de siempre, Eduardo Galeano".

Nos queda por leer su último libro, dedicado a las Mujeres. Y, en lo personal, me queda la duda, casi contestada, aunque no estés, de cuál sería tu reacción escrita, si no hubieses sido atrapado por el cáncer, ante las penosas declaraciones de altos funcionarios de Estado sobre la sexualidad de las mujeres, o la patriarcal familiaridad de cierto Plan con el que Ecuador recibe a la segunda década del siglo XXI.

De seguro, ya la respuesta “está en el viento”, como poetizó Bob Dylan.

Chau, Eduardo

Por él. Y por Helena Villagra… sabemos que “Nacerás y volverás a morir y otra vez nacerás. Y nunca dejarás de nacer, porque la muerte es mentira”.


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Lectura de Alexis Ponce en la noche del jueves 16 de abril en el Cafelibro, en el programa "Nosotros somos las historias que vivimos", transmitido en vivo por Radio Pichincha Universal, en recuerdo de Eduardo Galeano.



LOS INDIGNADOS DE AMÉRICA LATINA Y EL MUNDO
HAN PERDIDO A UNO DE SUS GUÍAS.


EDUARDO GALEANO SE HA IDO.


Por Ericka Montaño Garfias
LA JORNADA

Los indignados de América Latina y el mundo han perdido a uno de sus guías. Eduardo Galeano se ha ido.
El escritor, periodista, ensayista uruguayo, colaborador de La Jornada, falleció este lunes en Montevideo debido a un cáncer de pulmón, confirmó su casa editorial. Pero su biografía no termina con su muerte. Inició, sí, el 3 de septiembre de 1940 en Montevideo, pero entre su nacimiento y su muerte hay miles de palabras, escritas en numerosos libros, dichas en múltiples discursos, retomadas por cientos de miles de jóvenes y adultos, hombres y mujeres inconformes con los gobiernos a todo lo largo y ancho de este planeta, en todas las entrevistas concedidas, en todas esas frases que rondan Internet, en todos los artículos que publicó en La Jornada, su casa, y en todos los sueños que compartió para hacer de este un mundo menos peor.

Entre su nacimiento y su muerte están su primer libro Los días siguientes y Mujeres, una antología que acaba de publicar en España Siglo XXI Editores. Entre esos dos Las venas abiertas de América Latina, ese libro que el entonces presidente venezolano Hugo Chávez regaló al su homólogo estadunidense Barak
Obama durante la V Cumbre de las Américas, en abril de 2009.

Están Memoria del fuego (Los nacimientos, Las caras y las máscaras y El siglo del viento), El descubrimiento de América que todavía no fue y otros escritos, Nosotros decimos no, Palabras: antología personal y Espejos.

En 2012 visitó el país por última vez. Acababa de publicar Los hijos de los días (Siglo XXI Editores). En noviembre de ese año se presentó en la Sala Nezahualcóyotl ante miles de jóvenes que ansiaban verlo, escucharlo, conocerlo en persona, y en la clausura de la asamblea del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. En ambos casos fueron decenas de personas las que tuvieron que conformarse con escucharlo fuera de la sala o el auditorio. Eso ocurría siempre.

Entre su nacimiento y su muerte están sus varios oficios: obrero, dibujante, recaudador, pintor, mensajero, cajero de banco, mecanógrafo, editor del semanario Marcha y el diario Época, y en medio de todos ellos su pasión por el futbol.

Además de un gran escuchador, como él se definía, también fue un exiliado político. Salió de Uruguay después de haber sido encarcelado por la dictadura. Cruzó el Río de la Plata para vivir en Argentina, pero de nuevo tuvo que abandonar ese país ahora con destino a España porque su nombre estaba entre los condenados por la dictadura de Videla. Fue en Cataluña, donde además de escribir para periódicos, publicó Trilogía del fuego.

Las venas abiertas de América Latina publicado años antes, en 1971, fue prohibido por el régimen dictatorial tanto en Uruguay, como en Chile y Argentina.

En 1985 regresó a su país, donde fundó el semanario Brecha, publicación que en 2010 creo el Premio Memoria del Fuego, el primero en recibirlo fue el cantante y compositor español Joan Manuel Serrat. Ese mismo año Eduardo Galeano obtuvo el premio Stig Dagerman, y a lo largo de su vida recibió varios doctorados Honoris Causa por parte de universidades en Cuba, El Salvador, México y Argentina, además del premio medalla 1808, entregado en febrero de 2011 en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento.También en 2010 recibió el Premio Manuel Vázquez Montalbán en la categoría de Periodismo Deportivo.

Siempre habló de y para los jóvenes, de y para los indígenas, en contra de los narcoestados y el neoliberalismo, en favor de la ecología y la legalización de las drogas. Habló contra el olvido.

Hace unos días presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dio a conocer que había recibido la firma de Galeano contra el decreto por el que Obama calificó al país sudamericano como una amenaza. En México, uno de sus últimos textos publicado por La Jornada fue Leo y comparto, dedicado a los 43 estudiantes desaparecidos.

“Los huérfanos de la tragedia de Ayotzinapa no están solos en la porfiada búsqueda de sus queridos perdidos en el caos de los basurales incendiados y las fosas cargadas de restos humanos.

“Los acompañan las voces solidarias y su cálida presencia en todo el mapa de México y más allá, incluyendo las canchas fútbol, donde hay jugadores que festejan sus goles dibujando con los dedos, en el aire, la cidra 43, que rinde homenaje a los desaparecidos”.

Siempre del lado de los pobres, de los indignados, su activismo social y compromiso con los desprotegidos lo llevó a Chiapas a conocer de cerca al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, experiencia que vertió durante varios años en diversos artículos, por ejemplo, en Una marcha universal, publicada por este diario el 10 de marzo de 2001.

“Año 1914, año 2001: Emiliano Zapata era en el DF por segunda vez. Esta segunda vez viene desde La Realidad, para cambiar la realidad: desde la selva Lacandona llega para que se profundice el cambio de la realidad de todo México. Desde que emergieron a la luz pública, los zapatistas de Chiapas, están cambiando la realidad del país entero. Gracias a ellos y a la energía creadora que han desencadenado, ya ni lo que era es como era.

“Los que hablan del problema indígena tendrán que empezar a reconocer la solución indígena. Al fin y al cabo, la respuesta zapatista a cinco siglos de enmascaramiento, el desafío de estas máscaras que desenmascaran, está despegando el espléndido arcoiris que México contiene y está devolviendo la esperanza a los condenados a espera perpetua. Los indígenas, está visto, sólo son un problema para quienes les niegan el derecho de ser lo que son, y así niegan la pluralidad nacional y niegan el derecho de los mexicanos a ser plenamente mexicanos sin las mutilaciones impuestas por la tradición racista, que enaniza el alma y corta las piernas”.

Eduardo Galeano es recuerdo de esas cosas que el poder -político y económico- quiere que se olviden.
Galeano eres memoria.

Uno de los últimos actos de Eduardo Galeano fue firmar por Venezuela y contra el decreto de Obama

La histórica firma de Galeano
Por: Agencias- Aporrea.org | Lunes, 13/04/2015 06:37 PM | Aporrea

Histórica firma de Galeano contra el decreto de Obama
Caracas, abril 13 -Eduardo Galeano, escritor y periodista uruguayo con alma y sangre latinoamericana y caribeña, falleció este lunes a los 74 años de edad, no sin antes haber dejado su huella, firma y legado antiimperialista.

Galeano se fue de este espacio terrenal con una de sus últimas acciones que dejaron clara su firme postura en la defensa de los pueblos del mundo, al estampar su rúbrica histórica exigiendo la derogación del decreto del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, contra la República Bolivariana de Venezuela.