SOMOS MÁS… 



EXISTE IRRESPETO A LAS IDEAS DIVERSAS Y CONTESTATARIAS 



Germán Rodas Chávez
OPCIÓN SOCIALISTA
En algunas oportunidades, los mozuelos, debido a las escaramuzas propias de su edad –casi siempre por motivos baladíes o como resultado de las confrontaciones lamentables de las pandillas, suelen perseguir agresivamente a algún joven de la vecindad para amedrentarlo e intentar someterlo a sus desafueros. Entonces, cuando lo cercan en gavilla, alguno de ellos vocifera: “somos más… démosle de palos”.

Estas circunstancias me recuerdan las bravuconadas de algunas esferas del oficialismo: cuando alguien en las redes sociales opina de forma distinta al pensamiento hegemónico, la orden es inmediata: “escriban confrontándole al que ha osado pensar diferente, pues somos más”; si la opinión de un periódico es contrario a los intereses del poder, los gestos histriónicos son patéticos: “rompo el periódico en rechazo a las ideas diversas a las mías, pues esas opiniones contrarían la forma de mirar el mundo de quienes, supuestamente, ‘somos más’.”

En suma, el irrespeto a las ideas diversas y contestatarias con el poder se ha constituido en un comportamiento de los que pregonan “somos más”; sus desplantes han invadido la cotidianidad para minimizar la crítica y la autocrítica, aquellas categorías fundamentales del pensamiento contra-hegemónico propio de los actores de la izquierda. Desde luego que esta aseveración no lo pueden comprender, en su verdadera significación, aquellos que nunca han militado en la izquierda social o política, más allá de que pudiesen tararear la letra de algunas canciones protesta.

Quienes desprecian las voces del pueblo, con el argumento de ser más, adicionalmente, demuestran desconocimiento de la historia del género humano y precisamente de la izquierda. ¿Acaso aquellos que asaltaron el cuartel Moncada o desembarcaron del Granma, para iniciar la lucha contra el ejército de Batista en Cuba, no fueron tan solo cerca de un centenar de patriotas?

En fin, ejemplos como estos solo nos permiten señalar que cuando se omite en el análisis político la categoría de la cualidad y se privilegia la de la cantidad –sin mantener correspondencia dialéctica entre las dos- la construcción del pensamiento queda atrapada en medio del sectarismo, del dogmatismo y muy próximo a la mediocridad. Quienes así piensan y actúan, ¿pueden ser considerados de izquierda?

En las oportunidades que se minimiza la realidad y se trata peyorativamente a quienes ejercen el derecho a pensar, el resultado de estos comportamientos se exterioriza cerrando el debate y anulando las libertades. Y lo que es más grave, estas mismas actitudes forman parte de una ecuación: dejar de lado las contradicciones fundamentales de la sociedad y dirimir las mismas –como lo ha hecho siempre el estatus quo- mediante el perverso mecanismo que se halla sujeto al software, que puede proclamar resultados electorales de dudosa veracidad. Se parapetan, entonces, detrás de lo ilegitimo para corear el supuesto de “somos más…”.

Tales procedimientos nos dejan con absoluta certeza que la insensatez no puede dar cabida a esta formidable idea: “la libertad solo para los que apoyan al gobierno, o solo para los miembros de un partido, por numerosos que sean, no es libertad. La libertad siempre es libertad para los que piensan de manera diferente”. A propósito, la frase es de Rosa Luxemburgo. ¿Sabrán los impostores de la izquierda de quién estoy hablando?


MARCHAS
Rodrigo Santillán Peralbo
Es legítimo que el gobierno utilice todos los recursos disponibles para defender sus políticas, acciones buenas, malas u omisiones que afectan a millones de administrados, pero también es legítimo que el pueblo se defienda de lo que considere son ataques desde el poder. Lo ilegítimo es que la Presidencia de la República organice contramarchas que, eventualmente, podrían degenerar en confrontaciones de un sector del pueblo contra otro. Si eso ocurriera, ¿quién se responsabiliza de las consecuencias?
Es legítimo que sindicalistas, profesionales, intelectuales, maestros, estudiantes secundarios, universitarios, movimientos sociales e indígenas, amas de casa, empleados públicos, partidos y grupos políticos se movilicen y protesten por todo cuanto consideren desaciertos y errores del Gobierno. Que se respeten los puntos de vista y criterios del gobierno, y que éste respete a quienes difieren o disientan es lo democrático y ético en una sociedad del siglo XXI. Nadie, por poderoso que sea, es el dueño de la verdad, la razón y la justicia.
Lo ilegítimo es que se divida al pueblo entre buenos y malos; se afirme que los honestos y patriotas son los que respaldan al gobierno y se descalifique con los peores epítetos y amenazas a quienes tienen opiniones diferentes. Que se diga “somos más” para agredir, perseguir, insultar, acosar a opositores y periodistas o que se utilice la propaganda hasta el hartazgo no le perfecciona, ni legitima al gobierno. ¿Quién se responsabiliza si de la verborrea agresiva pasan a las acciones lesivas?
Cuánta falta hacen mesura, tolerancia, respeto, y poner en práctica aquello que dicen que dijo Jesús: “En la vara que midiereis, seréis medidos”. La vapuleada Constitución garantiza el derecho a la resistencia. Esto es legítimo
Diario La Hora
Quito