¿LAS CUMBRES DEJAN PARA LA HISTORIA EL FIN DE 50 AÑOS DE IGNOMINIA IMPERIAL? 



NUNCA MÁS SERÁN EL PATIO TRASERO Y LAGO PARTICULAR DEL IMPERIO 



Rodrigo Santillán Peralbo
Más allá de los discursos antiimperialistas de las Presidentas de Argentina y Brasil y de los presidentes de Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia en la VII Cumbre de las Américas, queda para la historia el encuentro que sostuvieron los Presidentes de Cuba, Raúl Castro y de Estados Unidos, Barack Obama para poner fin a más de 50 años de ignominiosa política imperial, y queda la sensación de que América Latina y el Caribe, nunca más serán patio trasero y lago particular de la potencia del norte.

Ojalá pronto se normalicen las relaciones entre Cuba y Estados Unidos si la potencia pone fin al bloqueo genocida, saca a Cuba de la lista de países terroristas en la que “nunca debería haber estado”, y aprende a respetar la dignidad revolucionaria de la Isla.

La paralela Cumbre, de los Pueblos que se reunió con más de 3.500 delegados/as representando a centenares de organizaciones obreras, sindicales, campesinas, pueblos originarios, estudiantiles, de mujeres, sociales y del movimiento popular respaldó la Proclamación de América Latina y el Caribe como Zona de Paz y libre de armas nucleares y de destrucción masiva. Rechazó la presencia de bases militares de Estados Unidos.

Respaldó al pueblo cubano y su Revolución, a la Revolución Bolivariana, rechazó la injerencia estadounidense que señaló a Venezuela como una amenaza a su seguridad. Defendió el derecho a la independencia de Puerto Rico, apoyó el proceso de paz FARC-Gobierno de Colombia; manifestó la necesidad de construir una sociedad nueva con justicia social y equidad de género, la defensa de los recursos naturales, biodiversidad, soberanía alimentaria y de los derechos ancestrales de los pueblos originarios. Todo un programa que debería ejecutarse prioritariamente por gobiernos y pueblos.

“Las Cumbres de las Américas son una serie continua de cumbres que reúnen a los líderes de Norteamérica, Centroamérica, el Caribe y Sudamérica. La función de estas cumbres es fomentar la discusión de una variedad de temas que afectan al hemisferio occidental. En la década de 1990, lo que antes eran "cumbres ad hoc" llegó a ser institucionalizado en un programa regular de conferencias como "Cumbres de las Américas". ¿Pero sirven para el desarrollo, progreso y liberación de los pueblos, o son una larga lista de discursos presidenciales, tal vez con buenas intenciones?

PRESENCIA DE CUBA EN LA CUMBRE

El sábado 11 de abril, tras más de 50 años, se produjo el primer encuentro entre los presidentes de Estados Unidos y Cuba. Barack Obama lo consideró un encuentro histórico y Raúl Castro manifestó su aprecio por su par norteamericano, al que calificó como «un hombre honesto». En su discurso, Raúl Castro condenó el bloqueo económico a la isla y la ocupación de Guantánamo. También afirmó que la normalización de las relaciones entre ambos países demandarán paciencia y mucho trabajo conjunto.

CASO VENEZUELA

Los presidentes de UNASUR condenaron por unanimidad la orden ejecutiva del gobierno de Estados Unidos, que calificó a Venezuela como una amenaza a la «seguridad nacional».
Discurso del General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la VII Cumbre de las Américas, Panamá, el 11 de abril de 2015.

(Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)
Ya era hora de que yo hablara aquí a nombre de Cuba.
Me informaron al principio que podría hacer un discurso de ocho minutos; aunque hice un gran esfuerzo, junto con mi Canciller, de reducirlo a ocho minutos, y como me deben seis cumbres de las que nos excluyeron, 6 por 8, 48 (Risas y aplausos), le pedí permiso al presidente Varela unos instantes antes de entrar a este magnífico salón, para que me cedieran unos minutos más, sobre todo después de tantos discursos interesantes que estamos escuchando, y no me refiero solo al del presidente Obama, sino también al del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, a la Presidenta Dilma Rousseff y otros.
Sin más preámbulos, comenzaré.
En primer lugar, expreso nuestra solidaridad con la Presidenta Bachelet y el pueblo de Chile, por los desastres naturales que han estado padeciendo.
Agradezco la solidaridad de todos los países de la América Latina y el Caribe que hizo posible que Cuba participara en pie de igualdad en este foro hemisférico, y al Presidente de la República de Panamá por la invitación que tan amablemente nos cursara. Traigo un fraterno abrazo al pueblo panameño y a los de todas las naciones aquí representadas.
Cuando los días 2 y 3 de diciembre de 2011 se creó la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en Caracas, se inauguró una nueva etapa en la historia de Nuestra América, que hizo patente su bien ganado derecho a vivir en paz y a desarrollarse como decidan libremente sus pueblos, y se trazó para el futuro un camino de desarrollo e integración, basada en la cooperación, la solidaridad y la voluntad común de preservar la independencia, soberanía e identidad.
El ideal de Simón Bolívar de crear una “gran Patria Americana” inspiró verdaderas epopeyas independentistas.
En 1800 se pensó en agregar a Cuba a la Unión del Norte como el límite sur del extenso imperio. En el siglo XIX, surgieron la Doctrina del Destino Manifiesto con el propósito de dominar las Américas y al mundo, y la idea de la Fruta Madura para la gravitación inevitable de Cuba hacia la Unión norteamericana, que desdeñaba el nacimiento y desarrollo de un pensamiento propio y emancipador.
Después, mediante guerras, conquistas e intervenciones, esta fuerza expansionista y hegemónica despojó de territorios a Nuestra América y se extendió hasta el Río Bravo.
Luego de largas luchas que se frustraron, José Martí organizó la “guerra necesaria” de 1895 —la Gran Guerra, como fue llamada también, empezó en 1868— y creó el Partido Revolucionario Cubano para conducirla y fundar una República “con todos y para el bien de todos” que se propuso alcanzar “la dignidad plena del hombre”.
Al definir con certeza y anticipación los rasgos de su época, Martí se consagra al deber “de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América” —fueron sus palabras textuales.
Nuestra América es para él la del criollo, del indio, la del negro y del mulato, la América mestiza y trabajadora que tenía que hacer causa común con los oprimidos y saqueados. Ahora, más allá de la geografía, este es un ideal que comienza a hacerse realidad.
Hace 117 años, el 11 de abril de 1898, el entonces Presidente de los Estados Unidos solicitó al Congreso autorización para intervenir militarmente en la guerra de independencia que por cerca de 30 años libraba Cuba en esos momentos, ya ganada prácticamente al precio de ríos de sangre cubana, y este —el Congreso americano— emitió su engañosa Resolución Conjunta, que reconocía la independencia de la isla “de hecho y de derecho”. Entraron como aliados y se apoderaron del país como ocupantes.
Se impuso a Cuba un apéndice a su Constitución, la Enmienda Platt —conocida así por el nombre del senador que la propuso—, que la despojó de su soberanía, autorizaba al poderoso vecino a intervenir en los asuntos internos y dio origen a la Base Naval de Guantánamo, la cual todavía usurpa parte de nuestro territorio. En ese periodo se incrementó la invasión del capital norteño, posteriormente hubo dos intervenciones militares y el apoyo a crueles dictaduras.
Cuando los cubanos, al comienzo del siglo XX, hicieron su proyecto de Constitución y se la presentaron al gobernador, autonombrado por su país, un general norteamericano, este les contestó que ahí faltaba algo, y al preguntar los cubanos constituyentistas, les respondió: Esta enmienda que presenta el senador Platt, que da derecho a intervenir en Cuba cada vez que sea considerado por los Estados Unidos.
Hicieron uso de ese derecho; por supuesto, los cubanos lo rechazaron y la respuesta fue: Muy bien, nos quedaremos aquí. Eso se mantuvo hasta 1934.
Hubo dos intervenciones militares, además, y el apoyo a crueles dictaduras en ese periodo mencionado.
Predominó hacia América Latina la “política de las cañoneras” y luego del “Buen Vecino”. Sucesivas intervenciones derrocaron gobiernos democráticos e instalaron terribles dictaduras en 20 países, 12 de ellas de forma simultánea. ¿Quién de nosotros no recuerda esa etapa bastante reciente de dictaduras por todas partes, fundamentalmente en Sudamérica, que asesinaron a cientos de miles de personas? El Presidente Salvador Allende nos legó un ejemplo imperecedero.
Hace exactamente 13 años, se produjo el golpe de Estado contra el entrañable Presidente Hugo Chávez Frías que el pueblo derrotó. Después vino, casi inmediatamente, el costoso golpe petrolero.
El 1ro. de enero de 1959, 60 años después de la entrada de los soldados norteamericanos en La Habana, triunfó la Revolución Cubana, y el Ejército Rebelde, comandado por el Comandante Fidel Castro Ruz, llegó a la capital, el mismo día, exactamente 60 años después. Esas son las incomprensibles ironías de la historia. El pueblo cubano, a muy alto precio, iniciaba el pleno ejercicio de su soberanía. Fueron seis décadas de dominación absoluta.
El 6 de abril de 1960 —apenas un año después del triunfo—, el subsecretario de Estado Lester Mallory escribió en un perverso memorando —y no encuentro otro calificativo que darle. Este memorando fue desclasificado decenas de años después—, cito algunos párrafos: “(…) la mayoría de los cubanos apoya a Castro… No hay una oposición política efectiva. El único medio previsible para restarle apoyo interno es a través del desencanto y el desaliento basados en la insatisfacción y las penurias económicas (…), debilitar la vida económica (…) y privar a Cuba de dinero y suministros con el fin de reducir los salarios nominales y reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”. Fin de la cita. El 77% de la población cubana nació bajo los rigores que impone el bloqueo, más terribles de lo que se imaginan, incluso, muchos cubanos, pero nuestras convicciones patrióticas prevalecieron, la agresión aumentó la resistencia y aceleró el proceso revolucionario. Eso sucede cuando se hostiga al proceso revolucionario natural de los pueblos. El hostigamiento trae más revolución, la historia lo demuestra y no solo en el caso de nuestro continente o de Cuba.
El bloqueo no empezó cuando lo firmó el Presidente Kennedy en 1962, que después haré una breve referencia a él por una iniciativa positiva de ponerse en contacto con el Jefe de nuestra Revolución para comenzar lo que ahora estamos empezando el Presidente Obama y yo; casi simultáneamente llegó la noticia de su asesinato, cuando se recibía un mensaje suyo.
Es decir que la agresión aumentó. Fue en el año 1961 la agresión a Playa Girón, una invasión mercenaria, apadrinada y organizada por Estados Unidos. Seis años de guerra contra grupos armados que en dos ocasiones abarcaron todo el país. No teníamos ni un radar, y aviación clandestina —no se sabe de dónde salió—, arrojando armamento en paracaídas. Miles de vida nos costó ese proceso; el costo económico no hemos logrado llevarlo con exactitud. Fue en enero de 1965 cuando concluyó, y lo comenzaron a apoyar a fines de 1959, unos 10 u 11 meses después del triunfo de la Revolución, cuando no habíamos declarado todavía el socialismo, que se declaró en 1961, en el entierro de las víctimas de los bombardeos a los aeropuertos el día antes de la invasión. Al día siguiente nuestro pequeño ejército en aquel momento y todo nuestro pueblo fue a combatir esa agresión y cumplió la orden del Jefe de la Revolución de destruirla antes de las 72 horas. Porque si llegan a consolidarse ahí en el lugar del desembarco, que estaba protegido por la más grande ciénaga del Caribe isleño, hubieran trasladado un gobierno ya constituido —con Primer Ministro y el nombramiento de los demás ministros—, que estaba en una base militar norteamericana en la Florida. Si llegan a consolidar la posición que ocuparon inicialmente, trasladar ese gobierno a Playa Girón era fácil. E inmediatamente la OEA, que ya nos había sancionado por proclamar ideas ajenas al continente, le hubiera dado su reconocimiento. El gobierno constituido en Cuba, basificado en un pedacito de tierra, hubiera pedido ayuda a la OEA y esa ayuda estaba sobre barcos de guerra norteamericanos a tres millas de la costa, que era el límite que entonces existía de las aguas territoriales, que como ustedes conocen ahora son 12.
Y la Revolución se siguió fortaleciendo, radicalizándose. Lo otro era renunciar. ¿Qué hubiera pasado? ¿Qué hubiera pasado en Cuba? ¿Cuántos cientos de miles de cubanos hubieran muerto?, porque ya teníamos cientos de miles de armamentos ligeros; habíamos recibido los primeros tanques que no sabíamos ni manejar bien. La artillería, sabíamos tirar cañonazos, pero no conocíamos dónde iban a dar; lo que unos milicianos aprendían por la mañana, tenían que enseñárselos a los otros por la tarde.
Pero hubo mucho valor, había que ir por un solo itinerario, porque era una ciénaga por donde las tropas no se podían desplegar, ni transitar los tanques o vehículos pesados. Tuvimos más bajas que los atacantes. Por eso se cumplió la orden de Fidel: liquidarlos antes de las 72 horas.
Y esa misma flota americana fue la que acompañó a esa expedición desde Centroamérica, y estaba ahí, desde la costa se veían, a solo tres millas algunos de sus barcos.

¿Cuánto costó a Guatemala la invasión famosa en 1954?, que recuerdo bien porque estaba preso en el presidio de Isla de la Juventud —o de Pinos, llamada así entonces—, por el ataque al cuartel Moncada un año antes. ¿Cuántos cientos de miles de indios mayas, aborígenes y otros ciudadanos guatemaltecos perecieron en todo un largo proceso que durará años recuperar? Ese fue el comienzo.
Cuando ya habíamos proclamado el socialismo y el pueblo había combatido en Playa Girón para defenderlo, el Presidente John F. Kennedy —al que ya hice referencia hace un instante— fue asesinado precisamente en el mismo momento, el mismo día en que el líder de la Revolución Cubana Fidel Castro recibía un mensaje suyo —de John Kennedy— buscando iniciar el diálogo.

Después de la Alianza para el Progreso y de haber pagado varias veces la deuda externa sin evitar que esta se siga multiplicando, se nos impuso un neoliberalismo salvaje y globalizador, como expresión del imperialismo en esta época, que dejó una década perdida en la región.
“La propuesta entonces de una asociación hemisférica madura resultó el intento de imponernos el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), asociado al surgimiento de estas Cumbres, que hubiera destruido la economía, la soberanía y el destino común de nuestras naciones, si no se le hubiera hecho naufragar en el 2005, en Mar del Plata, bajo el liderazgo de los Presidentes Chávez, Kirchner y Lula. Un año antes, Chávez y Fidel habían hecho nacer la Alternativa Bolivariana, hoy Alianza Bolivariana Para los Pueblos de Nuestra América.
EXCELENCIAS:
Hemos expresado —y le reitero ahora— al Presidente Barack Obama, nuestra disposición al diálogo respetuoso y a la convivencia civilizada entre ambos Estados dentro de nuestras profundas diferencias.
Aprecio como un paso positivo su reciente declaración de que decidirá rápidamente sobre la presencia de Cuba en una lista de países patrocinadores del terrorismo en la que nunca debió estar —impuesta bajo el gobierno del Presidente Reagan.
¡País terrorista nosotros! Sí, hemos hecho algunos actos de solidaridad con otros pueblos, que pueden considerarse terroristas, cuando estábamos acorralados, arrinconados y hostigados hasta el infinito, solo había una alternativa: rendirse o luchar. Ustedes saben cuál fue la que escogimos con el apoyo de nuestro pueblo. ¡¿Quién puede pensar que vamos a obligar a todo un pueblo a hacer el sacrificio que ha hecho el pueblo cubano para subsistir, para ayudar a otras naciones?! (Aplausos). Pero “la dictadura de los Castro los obligó”, igual que los obligó a votar por el socialismo con el 97,5% de la población.
Reitero que aprecio como un paso positivo la reciente declaración del Presidente Obama de que decidirá rápidamente sobre la presencia de Cuba en una lista de países patrocinadores del terrorismo en la que nunca debió estar, les decía, porque cuando esto se nos impuso resulta que los terroristas éramos los que poníamos los muertos —no tengo en la mente el dato exacto—, solo por terrorismo dentro de Cuba, y en algunos casos de diplomáticos cubanos en otras partes del mundo que fueron asesinados. Me aportan el dato ahora mis compañeros: en esa etapa tuvimos 3 478 muertos y 2 099 discapacitados de por vida; más otros muchos que fueron heridos.
Los terroristas eran los que ponían los muertos. ¿De dónde venía el terror entonces? ¿Quiénes lo provocaban? Algunos de los que incluso han estado por Panamá en estos días, como el agente de la CIA Rodríguez, que fue el que asesinó al Che y se llevó sus manos cortadas para probar por sus huellas digitales, no sé en qué lugar, que se trataba del cadáver del Che, que después recuperamos por la gestión de un gobierno amigo en Bolivia. Pero, bueno, desde entonces somos terroristas.
Realmente pido disculpas, incluso, al Presidente Obama y a otros presentes en esta actividad por expresarme así. Yo a él mismo le dije que a mí la pasión se me sale por los poros cuando de la Revolución se trata. Le pido disculpas porque el presidente Obama no tiene ninguna responsabilidad con nada de esto. ¿Cuántos presidentes hemos tenido? Diez antes que él, todos tienen deuda con nosotros, menos el Presidente Obama.
Después de decir tantas cosas duras de un sistema, es justo que le pida disculpas, porque yo soy de los que pienso —y así se lo he manifestado a unos cuantos jefes de Estado y de Gobierno que veo aquí, en reuniones privadas que he tenido con ellos en mi país al recibirlos— que, según mi opinión, el Presidente Obama es un hombre honesto. Me he leído algo de su biografía en los dos libros que han aparecido, no completos, eso lo haré con más calma. Admiro su origen humilde, y pienso que su forma de ser obedece a ese origen humilde (Aplausos prolongados).
Estas palabras las medité mucho para decirlas, incluso las tuve escritas y las quité; las volví a poner y las volví a quitar, y, al final, las dije, y estoy satisfecho.
Hasta hoy, el bloqueo económico, comercial y financiero se aplica en toda su intensidad contra la isla, provoca daños y carencias al pueblo y es el obstáculo esencial al desarrollo de nuestra economía. Constituye una violación del Derecho Internacional y su alcance extraterritorial afecta los intereses de todos los Estados.
No es casual el voto casi unánime, menos el de Israel y el propio Estados Unidos, en la ONU durante tantos años seguidos. Y mientras exista el bloqueo, que no es responsabilidad del Presidente, y que por acuerdos y leyes posteriores se codificó con una ley en el Congreso que el Presidente no puede modificar, hay que seguir luchando y apoyando al Presidente Obama en sus intenciones de liquidar el bloqueo (Aplausos).
Una cuestión es establecer relaciones diplomáticas y otra cuestión es el bloqueo. Por eso les pido a todos, y la vida nos obliga además, a seguir apoyando esa lucha contra el bloqueo.
Excelencias:
Hemos expresado públicamente al Presidente Obama, quien también nació bajo la política del bloqueo a Cuba, nuestro reconocimiento por su valiente decisión de involucrarse en un debate con el Congreso de su país para ponerle fin.
Este y otros elementos deberán ser resueltos en el proceso hacia la futura normalización de las relaciones bilaterales.
Por nuestra parte, continuaremos enfrascados en el proceso de actualización del modelo económico cubano con el objetivo de perfeccionar nuestro socialismo, avanzar hacia el desarrollo y consolidar los logros de una Revolución que se ha propuesto “conquistar toda la justicia” para nuestro pueblo. Lo que haremos está en un programa desde el año 2011, aprobado en el Congreso del Partido. En el próximo Congreso, que es el año que viene, lo ampliaremos, revisaremos lo que hemos hecho y lo mucho que nos falta todavía para cumplir el reto.
Estimados colegas:
Debo advertirles que voy por la mitad, si quieren corto y si les interesa continúo. Voy a acelerar un poco (Risas).
Venezuela no es ni puede ser una amenaza a la seguridad nacional de una superpotencia como Estados Unidos (Aplausos). Es positivo que el Presidente norteamericano lo haya reconocido.
Debo reafirmar todo nuestro apoyo, de manera resuelta y leal, a la hermana República Bolivariana de Venezuela, al gobierno legítimo y a la unión cívico-militar que encabeza el Presidente Nicolás Maduro, al pueblo bolivariano y chavista que lucha por seguir su propio camino y enfrenta intentos de desestabilización y sanciones unilaterales que reclamamos sean levantadas, que la Orden Ejecutiva sea derogada, aunque es difícil por la ley, lo que sería apreciado por nuestra Comunidad como una contribución al diálogo y al entendimiento hemisférico.
Nosotros conocemos. Creo que puedo ser de los que estamos aquí reunidos uno de los pocos que mejor conoce el proceso de Venezuela, no es porque estemos allí ni estemos influyendo allí y ellos nos cuenten todas las cosas a nosotros, lo sabemos porque están pasando por el mismo camino por el que pasamos nosotros y están sufriendo las mismas agresiones que sufrimos nosotros, o una parte de ellas.
Mantendremos nuestro aliento a los esfuerzos de la República Argentina para recuperar las islas Malvinas, las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur, y continuaremos respaldando su legítima lucha en defensa de la soberanía financiera.
Seguiremos apoyando las acciones de la República del Ecuador frente a las empresas transnacionales que provocan daños ecológicos a su territorio y pretenden imponerle condiciones abusivas.
Deseo reconocer la contribución de Brasil, y de la Presidenta Dilma Rousseff, al fortalecimiento de la integración regional y al desarrollo de políticas sociales que trajeron avances y beneficios a amplios sectores populares, las cuales, dentro de la ofensiva contra diversos gobiernos de izquierda de la región, se pretende revertir.
Será invariable nuestro apoyo al pueblo latinoamericano y caribeño de Puerto Rico en su empeño por alcanzar la autodeterminación e independencia, como ha dictaminado decenas de veces el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas.
También continuaremos nuestra contribución al proceso de paz en Colombia hasta su feliz conclusión.
Debiéramos todos multiplicar la ayuda a Haití, no sólo mediante asistencia humanitaria, sino con recursos que le permitan su desarrollo, y apoyar que los países del Caribe reciban un trato justo y diferenciado en sus relaciones económicas, y reparaciones por los daños provocados por la esclavitud y el colonialismo.
Vivimos bajo la amenaza de enormes arsenales nucleares que debieran eliminarse y del cambio climático que nos deja sin tiempo. Se incrementan las amenazas a la paz y proliferan los conflictos.
Como expresó entonces el Presidente Fidel Castro, “las causas fundamentales están en la pobreza y el subdesarrollo, y en la desigual distribución de las riquezas y los conocimientos que imperan en el mundo. No puede olvidarse que el subdesarrollo y la pobreza actuales son consecuencia de la conquista, la colonización, la esclavización y el saqueo de la mayor parte de la Tierra por las potencias coloniales, el surgimiento del imperialismo y las guerras sangrientas por nuevos repartos del mundo. La humanidad debe tomar conciencia de lo que hemos sido y de lo que no podemos seguir siendo. Hoy” –continuaba Fidel— “nuestra especie ha adquirido conocimientos, valores éticos y recursos científicos suficientes para marchar hacia una etapa histórica de verdadera justicia y humanismo. Nada de lo que existe hoy en el orden económico y político sirve a los intereses de la humanidad. No puede sostenerse. Hay que cambiarlo”, concluyó Fidel.
Cuba seguirá defendiendo las ideas por las que nuestro pueblo ha asumido los mayores sacrificios y riesgos y luchado, junto a los pobres, los enfermos sin atención médica, los desempleados, los niños y niñas abandonados a su suerte u obligados a trabajar o a prostituirse, los hambrientos, los discriminados, los oprimidos y los explotados que constituyen la inmensa mayoría de la población mundial.
La especulación financiera, los privilegios de Bretton Woods y la remoción unilateral de la convertibilidad en oro del dólar son cada vez más asfixiantes. Requerimos un sistema financiero transparente y equitativo.
No puede aceptarse que menos de una decena de emporios, principalmente norteamericanos —cuatro o cinco de siete u ocho—, determinen lo que se lee, ve o escucha en el planeta. Internet debe tener una gobernanza internacional, democrática y participativa, en especial en la generación de contenidos. Es inaceptable la militarización del ciberespacio y el empleo encubierto e ilegal de sistemas informáticos para agredir a otros Estados. No dejaremos que se nos deslumbre ni colonice otra vez. Sobre la Internet que es un invento fabuloso, de los mayores en los últimos años, bien pudiéramos decir, recordando el ejemplo de la lengua en la fábula de Esopo, que Internet sirve para lo mejor y es muy útil, pero a su vez, también sirve para lo peor.
Señor Presidente:
Las relaciones hemisféricas, en mi opinión, han de cambiar profundamente, en particular en los ámbitos político, económico y cultural; para que, basadas en el Derecho Internacional y en el ejercicio de la autodeterminación y la igualdad soberana, se centren en el desarrollo de vínculos mutuamente provechosos y en la cooperación para servir a los intereses de todas nuestras naciones y a los objetivos que se proclaman.
La aprobación, en enero del 2014, en la Segunda Cumbre de la CELAC, en La Habana, de la Proclama de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz, constituyó un trascendente aporte en ese propósito, marcado por la unidad latinoamericana y caribeña en su diversidad.
Lo demuestra el hecho de que avanzamos hacia procesos de integración genuinamente latinoamericanos y caribeños a través de la CELAC, UNASUR, CARICOM, MERCOSUR, ALBA-TCP, el SICA y la Asociación de Estados del Caribe, que subrayan la creciente conciencia sobre la necesidad de unirnos para garantizar nuestro desarrollo.
Dicha Proclama nos compromete a que “las diferencias entre las naciones se resuelvan de forma pacífica, por la vía del diálogo y la negociación u otras formas de solución, y en plena consonancia con el Derecho Internacional”.
Vivir en paz, cooperando unos con otros para enfrentar los retos y solucionar los problemas que, en fin de cuentas, nos afectan y afectarán a todos, es hoy una necesidad imperiosa.
Debe respetarse, como reza la Proclama de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada por todos los Jefes de Estado y de Gobierno de NUESTRA AMÉRICA, “el derecho inalienable de todo Estado a elegir su sistema político, económico, social y cultural, como condición esencial para asegurar la convivencia pacífica entre las naciones”.
Con ella, nos comprometimos a cumplir nuestra “obligación de no intervenir directa o indirectamente, en los asuntos internos de cualquier otro Estado y observar los principios de soberanía nacional, igualdad de derechos y la libre determinación de los pueblos”, y a respetar “los principios y normas del Derecho Internacional (…) y los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas”.
Ese histórico documento insta “a todos los Estados miembros de la Comunidad Internacional a respetar plenamente esta declaración en sus relaciones con los Estados miembros de la CELAC”.
Tenemos ahora la oportunidad para que todos los que estamos aquí aprendamos, como también expresa la Proclama, a “practicar la tolerancia y convivir en paz como buenos vecinos”.
Existen discrepancias sustanciales, sí, pero también puntos en común en los que podemos cooperar para que sea posible vivir en este mundo lleno de amenazas a la paz y a la supervivencia humana.
¿Qué impide, a nivel hemisférico —como ya se refirieron algunos de los presidentes que me precedieron en el uso de la palabra—, cooperar para enfrentar el cambio climático?
¿Por qué no podemos los países de las dos Américas, la del Norte y la del Sur, luchar juntos contra el terrorismo, el narcotráfico o el crimen organizado, sin posiciones sesgadas políticamente?
¿Por qué no buscar, de conjunto, los recursos necesarios para dotar al hemisferio de escuelas, hospitales — aunque no sean lujosos, un hospitalito modesto, en aquellos lugares donde la gente muere porque no hay un médico—, proporcionar empleo, avanzar en la erradicación de la pobreza?
¿No se podría disminuir la inequidad en la distribución de la riqueza, reducir la mortalidad infantil, eliminar el hambre, erradicar las enfermedades prevenibles y acabar con el analfabetismo?
El pasado año, establecimos cooperación hemisférica en el enfrentamiento y prevención del ébola y los países de las dos Américas trabajamos mancomunadamente, lo que debe servirnos de acicate para empeños mayores.
Cuba, país pequeño y desprovisto de recursos naturales, que se ha desenvuelto en un contexto sumamente hostil, ha podido alcanzar la plena participación de sus ciudadanos en la vida política y social de la nación; una cobertura de educación y salud universales, de forma gratuita; un sistema de seguridad social que garantiza que ningún cubano quede desamparado; significativos progresos hacia la igualdad de oportunidades y en el enfrentamiento a toda forma de discriminación; el pleno ejercicio de los derechos de la niñez y de la mujer; el acceso al deporte y la cultura; el derecho a la vida y a la seguridad ciudadana.
Pese a carencias y dificultades, seguimos la divisa de compartir lo que tenemos. En la actualidad 65 000 cooperantes cubanos laboran en 89 países, sobre todo en las esferas de medicina y educación. Se han graduado en nuestra isla 68 000 profesionales y técnicos, de ellos, 30 000 de la salud, de 157 países.
Si con muy escasos recursos, Cuba ha podido, ¿qué no podría hacer el hemisferio con la voluntad política de aunar esfuerzos para contribuir con los países más necesitados?
Gracias a Fidel y al heroico pueblo cubano, hemos venido a esta Cumbre, a cumplir el mandato de Martí con la libertad conquistada con nuestras propias manos, “orgullosos de nuestra América, para servirla y honrarla… con la determinación y la capacidad de contribuir a que se la estime por sus méritos, y se la respete por sus sacrificios”, como señaló Martí.
PARTICIPACIÓN DEL MANDATARIO ECUATORIANO RAFAEL CORREA
Un fraterno saludo y un sincero agradecimiento al Presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, a sus colaboradores y al pueblo de este hermoso país de la cintura de Nuestra América, por la cálida acogida que nos dispensan.
Deseo saludar al nuevo Secretario General de la OEA, Luis Almagro, recientemente elegido en la reunión de la Asamblea General de Washington, y tiene ante sí un reto difícil pero insoslayable: transformar radicalmente esa institución.
Enviamos un saludo solidario al pueblo de Chile y su Presidenta, Michelle Bachelet, que sobrellevan con coraje los nefastos efectos de las recientes inundaciones en sus países.
Todo nuestro apoyo al presidente Santos y su voluntad política inquebrantable de continuar en el camino hacia la paz definitiva en Colombia.
Pero la paz no es solo ausencia de guerra. La insultante opulencia de unos pocos en América Latina, al lado de la más intolerable pobreza, son también balas cotidianas en contra de la dignidad humana.
Por ello, creo que el lema de la Cumbre en lugar de “Prosperidad con equidad” debería ser “Equidad, para la Prosperidad”.
CUBA
Hoy asistimos a un evento histórico. En un triunfo irrestricto de la dignidad, la soberanía y la solidaridad entre los pueblos, acogemos a la hermana República de Cuba como un miembro de pleno derecho de este foro del que nunca debió ser excluida.
Sin embargo, nuestra alegría no puede ser completa. Aún queda por extirpar el inhumano e ilegal bloqueo contra Cuba. También está pendiente la devolución a Cuba del territorio ocupado de Guantánamo.
VENEZUELA
En la guerra fría se sostenía en la región a las dictaduras más sangrientas, entonces sí, sin importar en absoluto libertades de prensa, derechos humanos, la misma democracia. Recordemos por ejemplo que la Asamblea de la OEA de 1976 realizada en Santiago de Chile fue presidida por el canciller de Augusto Pinochet.
La acción invasiva e injerencista durante esos años se basaba en el combate al comunismo. Ahora el argumento es la “defensa de los Derechos Humanos”.
La orden ejecutiva del Presidente Obama contra Venezuela viola flagrantemente el derecho internacional y particularmente el literal e) del art. 3 de la carta de la OEA.
La respuesta que ha dado la región ha sido contundente, rechazando la Orden Ejecutiva y pidiendo su retiro. Nuestros pueblos nunca más aceptarán la tutela, la injerencia ni la intervención. Su memoria está lacerada por los abusos y la violencia del pasado. Panamá es un buen ejemplo de ello, con la invasión de diciembre de 1989 que provocó miles de muertes, para sacar al sangriento dictador que los mismos invasores habían apoyado.
Sin embargo, continúan los ilegales intervencionismos. Hace pocas semanas, funcionarios del Departamento de Estado solicitaron al Congreso de los Estados Unidos recursos para, cito, “apoyar la libertad de prensa, los derechos humanos y la democracia en el Hemisferio, incluyendo Cuba, Venezuela, Ecuador y Nicaragua”.
¿Nos interesan realmente estos temas? Pues bien, tratémoslos en este foro.
Hablemos de derechos humanos.
De acuerdo a la CEPAL, en el período 2007-2013 Ecuador es de los tres países latinoamericanos que más ha reducido desigualdad. Durante nuestro gobierno, de la histórica reducción de pobreza en 12,5 puntos, tan solo 5,4 puntos son por efecto crecimiento, y 7,1 por efecto redistribución.
En Ecuador no tenemos torturas, pena de muerte ni ejecuciones extra judiciales. Con la reforma judicial aprobada por los ciudadanos en consulta popular del año 2011, los jueces son seleccionados por concurso público de méritos organizado por un ente autónomo del Ejecutivo.
Finalmente, Ecuador es uno de los tan solo 7 países de los 35 del hemisferio que ha suscrito absolutamente todos los instrumentos interamericanos de Derechos Humanos. Muchos países ni siquiera han ratificado la Convención Interamericana de Derechos Humanos o Pacto de San José.
Reformas
La realidad es que necesitamos no solo un nuevo sistema de derechos humanos, sino un nuevo sistema interamericano. Debemos entender que las Américas al norte y al sur del río Bravo son diferentes, y debemos conversar como bloques.
La Organización de Estados Americanos, OEA, ha sido históricamente capturada por intereses y visiones de América del Norte, y sus sesgos y atavismos acumulados la vuelven ineficiente y poco confiable para los nuevos tiempos que viven Latinoamérica y el Caribe.
Un ejemplo fue la guerra de las Malvinas, donde se destrozó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, el TIAR, lo cual debió ser suficiente para que la OEA desapareciera. Nuestro abrazo solidario al pueblo argentino y su lucha por las Malvinas, ejemplo descarado de colonialismo en el siglo XXI.
Otro ejemplo fueron las décadas que Cuba estuvo absurdamente excluida de la OEA, o el mismo bloqueo criminal contra Cuba.
La Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe -CELAC- debe ser el foro para las discusiones latinoamericanas y caribeñas, y OEA debiera convertirse en el foro en el que, como bloques, CELAC y América del Norte procesen sus coincidencias y conflictos.
En cuanto al sistema interamericano de derechos humanos, es necesario un poco de coherencia: que sólo podamos participar en las diferentes instancias los países que hemos ratificado la Convención Interamericana. Por ejemplo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos tiene sede en Washington, que no ha ratificado el Pacto de San José, y -además es innecesaria. La Corte Interamericana con sede en San José puede y debe tener las funciones de promover los derechos humanos y juzgar los atentados contra éstos, como ocurre en el sistema europeo, donde no existe comisión, tan solo corte.
Como entendemos muy bien que por los intereses creados lo anterior es difícil de lograr, probablemente ya es hora de tener un sistema latinoamericano de derechos humanos. Todo está listo, porque básicamente somos los países de América Latina los que hemos ratificado el Pacto de San José, y en consecuencia somos los únicos que reconocemos y nos sometemos a la Corte Interamericana.
Y hablemos de democracia.
Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores de Estados Unidos, es el principal autor de uno de los documentos más bellos de la historia de la humanidad, la Declaración de Independencia que, en su segundo párrafo, dice: “Todos los hombres son creados iguales, son dotados por su Creador con ciertos derechos inalienables, entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.
Palabras maravillosas, pero el mismo Jefferson era propietario de centenas de esclavos. En aquella época incluso para estos extraordinarios hombres era inimaginable que los negros tuvieran derechos.
Tuvo que pasar casi un siglo desde la declaración de independencia para la eliminación de la esclavitud, y exactamente un siglo más para la supresión de la segregación racial.
Hoy en día, las élites latinoamericanas aún son incapaces de comprender que los derechos fundamentales son para todos.
Cuando estas élites denuncian el irrespeto a sus derechos humanos, es porque por primera vez están en igualdad de condiciones bajo el imperio de la ley. Cuando denuncian dictaduras y autoritarismos, es porque ya no pueden someter nuestros gobiernos a sus caprichos e intereses.
Y hablemos de libertad de prensa.
Cuando las élites latinoamericanas afirman que no existe libertad de prensa, es porque sus medios de comunicación ya no tienen impunidad para manipular la verdad, o porque nos atrevemos a contestarles, a disputar su hegemonía, a desenmascarar sus mentiras.
Cabría preguntarse si una sociedad puede llamarse verdaderamente libre cuando el derecho a la información y la propia comunicación social está en manos de negocios privados con fines de lucro.
Y aunque este es un problema planetario, en Latinoamérica —dado los monopolios de medios, su propiedad familiar, sus serias deficiencias éticas y profesionales, y su descarado involucramiento en política— el problema es mucho más grave.
Creo que todos coincidimos en que una buena prensa es vital para una verdadera democracia, pero también debemos coincidir en que una mala prensa es mortal para esa misma democracia… ¡y la prensa latinoamericana es mala, muy mala!
DIVISIÓN.
Ahora se nos acusa de dividir a nuestros países. Fíjense qué casualidad. Lo mismo le decían a Abraham Lincoln, considerado el mejor presidente estadounidense de la historia. Lo llamaron “tirano”, “déspota’,’ “fanático”, “loco” por su noble lucha por la abolición la esclavitud. Provocó una guerra civil, que en caso de derrota hubiese generado la división del país y Lincoln probablemente hubiese pasado a la historia como un criminal. Lean lo que decían los medios esclavistas de aquel entonces. Aprendamos algo de la historia.
Queridos amigos:
Con el descubrimiento del nuevo continente, Norteamérica y Latinoamérica prácticamente empezaron al mismo tiempo su historia. ¿Alguna vez se han preguntado por qué Latinoamérica no es Estados Unidos, el país más poderoso del planeta, y viceversa? Este es uno de los grandes enigmas del desarrollo. Las respuestas son múltiples y complejas, pero sin duda una de esas respuestas es la clase de élites que dominaron y dominan aún a nuestra América.
Ojalá, Presidente Obama, se entienda que por defender sus intereses o por mala información, ustedes sostienen a esas élites que tanto daño nos han hecho.
“Todos los hombres son creados iguales, son dotados por su Creador con ciertos derechos inalienables, entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.
En Ecuador y en toda América Latina, también sostenemos estos principios y los haremos realidad a cualquier costo, y no sólo para las élites o en algún momento futuro, sino ahora… ¡y para todos!
¿Prosperidad con equidad? Yo diría: equidad para la prosperidad, pero también soberanía y dignidad. Llegó la hora de la segunda y definitiva independencia para nuestra América.
ECOS Y RESONANCIAS DE LA CUMBRE DE LA OEA+CUBA.
Por: Sergio Rodríguez Gelfenstein
Los preparativos de la VII Cumbre de las Américas se caracterizaron más por los aprestos agresivos, -desde Estados Unidos de manera principal, aunque contando con el apoyo de las cavernarias derechas del continente- que por una reunión distinguida por la amistad y la cooperación.
La amenaza por quien dice sentirse amenazado, además del chantaje y la presión fue el signo unívoco de los prolegómenos de esta magna reunión. Ya desde el encuentro del vice presidente Biden con los países de Caricom, cuando les anunció que al gobierno de Nicolás Maduro “le quedaba poco” y que debían aceptar la propuesta energética que su país ofrecía, hasta la más reciente reunión del mismo vicepresidente con los países del Triángulo del Norte de Centroamérica, en la cual obtuvo la ampliación de la presencia militar estadounidense en la base de Palmerola en Honduras, se anunciaban vientos de tormenta en Panamá. En esa lógica, el 9 de marzo el presidente Obama emitió una orden ejecutiva intentando intimidar a Venezuela, buscando de esa manera polarizar la región presionando a los países más pequeños a fin de llegar a la Cumbre con América Latina y el Caribe desunida, para hacerla presa fácil de sus políticas imperiales.
Tras la “decepción” que según la subsecretaria de Estado Roberta S. Jacobson significó que ningún país de la región apoyara la decisión de Estados Unidos respecto de Venezuela, el presidente Obama viajó el pasado jueves 9 de abril a Jamaica a “torcer el brazo” a los países de Caricom, por no hacer “lo que Estados Unidos quiere”, de acuerdo a sus propias palabras. En la isla caribeña, el presidente estadounidense ofreció 20 millones de dólares para sustituir a Petrocaribe, es decir el país más poderoso de la tierra le ofreció a los ciudadanos de los países del Caricom, que son 18 millones, 1.1 dólar por persona para solucionar su demanda energética. Esos 20 millones representan la quinta parte de lo que vale un solo avión F-18 Hornet, de los cuales Estados Unidos tiene cientos en sus portaviones alrededor del mundo.
En este ámbito de amenazas y chantajes y ante el apoyo del FMLN de El Salvador a Venezuela, el cual se manifestó a través de miles de firmas de rechazo al decreto presidencial de Obama, la Embajadora de ese país en la nación centroamericana Mari Carmen Aponte, en clara expresión injerencista expuso que “el apoyo que el FMLN ha mostrado a la derogación del decreto de Barack Obama contra Venezuela dificulta la obtención de fondos estadounidenses para El Salvador”. Chantajes como ese, propios del siglo XIX, parecían desvanecidos en la región, pero la administración demócrata se ha esforzado por traernos a la realidad sobre la persistencia de la política exterior imperialista hacia América Latina.
Con ese marco comenzó la Cumbre de Panamá, arropados en 5000 efectivos de seguridad, la ocupación de la base Howard por la Fuerza Aérea de Estados Unidos y el anclaje de un portavión de la Armada de ese país en la Bahía de Panamá, según informó el destacado académico e investigador panameño Marco A. Gandásegui h. La previa Cumbre de los pueblos que nadie sabe quién organizó, (si la presidencia de Panamá, la OEA o la NED y la USAID), estuvo caracterizada por la exclusión del movimiento social cubano y los intentos de dar protagonismo a mercenarios y terroristas que por lo visto tienen derechos que se les pretenden conculcar a los pueblos. No podía ser de otra manera cuando se acude a una cita convocada por la OEA a fin de seguir prolongando la idea panamericana creada bajo el paradigma monroista de integración continental, el cual, desde el mismo momento de su concepción en 1823, recibió el contundente rechazo del Libertador Simón Bolívar como lo atestigua la convocatoria al Congreso Anfictiónico de Panamá, escrita en fecha tan temprana como el 7 de diciembre de 1824.
A pesar de esto, uno de los hechos más importantes del evento fue la Cumbre de los pueblos, su desarrollo y consolidación es lo único que apunta al verdadero afianzamiento de los procesos de integración para darles a estos un carácter irreversible. En la medida que nuestros pueblos, a través de sus organizaciones, se encuentren, se conozcan, debatan e intercambian experiencias, se hagan diagnósticos sobre la situación de la región y se propongan medidas para solventar los problemas podrán generarse mecanismos de participación real que conduzcan a que los ciudadanos sean los actores protagónicos de los procesos de transformación fecundando una práctica que dará piso político y sustento estructural a las luchas por la liberación definitiva.
En el ámbito de la Cumbre de los Jefes de Estado y gobierno, el carácter histórico de esta cita viene dado por dos hechos fundamentales: en primer lugar la presencia de Cuba que como dijo la presidente argentina Cristina Fernández estaba en Panamá “por la dignidad de su pueblo en más de 50 años de resistencia”. El apoyo unánime de los países de América Latina y el Caribe para el regreso formal de Cuba a una reunión de jefes de Estado y de gobierno del continente fue un elemento esencial que obligó a la OEA a convocar al presidente cubano a estar presente en igualdad de condiciones en la magna reunión. El discurso de Raúl Castro expresó el pensamiento y el sentimiento de dignidad y valor de un pueblo contenido de hablar en este tipo de reuniones, que sin embargo, nunca perdió el contacto solidario y fraterno con sus hermanos de toda la región. Resistencia, dignidad, honor y valentía resumen el regreso de Cuba a este tipo de eventos.
Por otro lado, vale destacar la contundencia de las intervenciones de los jefes de Estado o gobierno de Ecuador, Argentina, Venezuela, Bolivia, Trinidad y Tobago, Jamaica y San Vicente y las Granadinas entre otros mostrando una región en la que, la manera de relacionarse con la potencia hegemónica ha cambiado. La cobardía del presidente estadounidense lo llevo a huir de la sala plenaria antes de seguir escuchando los reclamos bicentenarios. ¿Qué se puede esperar de un estadista que como avestruz mete la cabeza en el hueco ante las evidencias de una historia repulsiva de agresiones e intervenciones de la que contrariamente a lo que dijo Raúl Castro, él también es responsable? Incluso con Cuba, porque la imposibilidad de que la misión cubana en Washington pueda utilizar cuentas bancarias en Estados Unidos es una decisión tomada durante el gobierno de Obama bajo las reglas del bloqueo a la isla.
En el tema de Venezuela, la opinión de los países de la región fue concluyente y definitiva, el apoyo unánime no sólo fue manifestado de manera previa a la reunión en sendas declaraciones de Unasur y Celac, sino que en los discursos de los participantes se dejó sentir un punto de vista abarcador, sólo diferenciado del de Estados Unidos y una insignificante Canadá que se ha asumido como provincia estadounidense acompañando a su vecino en todas sus aventuras intervencionistas a lo largo y ancho del mundo.
Otros temas relevantes para América Latina y el Caribe fueron obviados por Estados Unidos, entre ellos las ocupaciones ilegales y de carácter colonial de Puerto Rico y Malvinas por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña respectivamente. Así mismo, una declaración final fue imposible por la negativa de las dos potencias anglosajonas de Norteamérica que se negaron a declarar la salud como un derecho del pueblo y no aceptaron rechazar el armamentismo y el espionaje y escucha ilegales.
Panamá ha significado una nueva victoria de los pueblos de América Latina, aunque los corifeos imperiales se apresuren a cantar una melodía distinta cuya partitura fue elaborada en Washington por lo que sin duda será, -como ya es costumbre- vomitada profusamente por los mercenarios de las comunicaciones a través de sus transnacionales.
Al finalizar la Cumbre, vale preguntarse sin embargo, qué importancia puede tener un foro en el que por segunda vez (lo cual marca una tendencia) no se puede consensar una declaración final que si es posible lograr en el ámbito de América Latina y el Caribe bajo el paraguas de CELAC, también surge la interrogante de hasta cuando América Latina y el Caribe va a seguir aceptando ser convocada por la OEA, un instrumento de la idea panamericana y monroista, aunque como señalara el propio Comandante Chávez ya no es el “ministerio de colonias” de Estados Unidos.
Sigo pensando que es incongruente continuar sosteniendo una idea contraria al ideal bolivariano de integración, idea que hoy tiene su manifestación organizativa en la OEA y en esas Cumbres a las que los jefes de Estado y gobierno asisten para no ponerse de acuerdo en nada. Si como región hemos logrado ser reconocidos como bloque por otras potencias mundiales como China, Rusia e incluso la Unión Europea, que han aceptado reunirse con nosotros a partir de la magna organización que nos hemos dado, qué sentido puede tener, seguir asistiendo a estas asambleas, a partir del interés de Estados Unidos de vernos las caras individualmente, para saber a quién le “quiebra el brazo” y a quién atrae a su regazo tentador y diabólico.
Le damos una emocionante bienvenida Cuba a la unión de nuestras naciones, agradecemos el apoyo afectuoso y solidario de los pueblos y gobiernos de América Latina y el Caribe ante la amenaza imperial, pero nuestro camino de futuro no transita por esa vía. Nuestro amanecer de segunda independencia debe recorrer la ruta trazada por el Libertador. Su alerta debe estar siempre presente, queremos un futuro de paz y amistad, con todos incluso con Estados Unidos y su pueblo, pero no debemos olvidar que Bolívar con su infinita visión de futuro nos previniera: "…los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria en nombre de la libertad". Que yo sepa, eso no ha cambiado.
MADURO: ENCUENTRO CON OBAMA FUE "SERIO, FRANCO Y CORDIAL"
Tras su encuentro con el mandatario estadounidense, Nicolás Maduro afirmó que le reiteró a Obama su voluntad de construir la paz a través del respeto. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, afirmó este sábado que sostuvo una reunión breve con el presidente de Estados Unidos (EE.UU.), Barack Obama, en Ciudad de Panamá y en la reunión “nos dijimos las verdades”. En declaraciones exclusivas a teleSUR, el jefe de Estado venezolano dijo que el encuentro fue “serio, franco, nos dijimos las verdades e incluso diría que fue cordial”. Afirmó que le dijo a Obama que “yo no soy enemigo de lo Estados Unidos, ni nuestro pueblo, ni nuestro Comandante (Hugo Chávez)”. Agregó además que “la Cumbre sirve para hablar y revisar temas”. “Nosotros creemos que ha sido la Cumbre de la verdad, de manera libre se han expresado todas las razones morales que tenemos para seguir uniéndonos, Venezuela ha recibido el apoyo unánime de la región, ese apoyo es un voto de paz”. Por último, expresó que “creo que con los resultados de la Cumbre pudieran abrirse en los próximos días la posibilidad de ir a un proceso de conversación con el Gobierno de Estados Unidos y explorar el camino de relaciones de respeto, y derogar ese decreto, ese es el clamor de América Latina y el Caribe”. En contexto Este sábado, el presidente de Estados Unidos (EE.UU.), Barack Obama, se reunió con su par venezolano, Nicolás Maduro, en el marco de la VII Cumbre de las Américas que se lleva a cabo en Panamá y que marcó historia porque por primera vez contó con la presencia de Cuba. Tras un encuentro histórico con su homólogo de Cuba, Raúl Castro, el jefe de Estado estadounidense también se reunió con Maduro, en un momento en el que las relaciones entre ambos países están tensas debido a la injerencia de la nación norteamericana y a sanciones impuestas arbitrariamente. El 9 de marzo de 2015 el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció la implementación de nuevas sanciones contra Venezuela y declaró una situación de "emergencia nacional" por el "riesgo extraordinario" que supone la situación en ese país para la seguridad de EE.UU. En la intervención de este sábado del mandatario venezolano, Nicolás Maduro, en la VII Cumbre de Las Américas, anunció que se habían recolectado más de 11 millones de firmas para exigir la derogación de la medida ejecutiva de Obama, la cual calificó como una agresión a la soberanía nacional.

DECLARACIÓN FINAL DE LA CUMBRE D ELOS PUEBLOS
Nosotros, los Pueblos de Nuestra América, convocados en la Cumbre de los Pueblos, Sindical y de los Movimientos Sociales reunidos en la Universidad de Panamá entre los días 9, 10 y 11 de 2015, con más de 3,500 delegados/as representando a centenares de nuestras organizaciones obreras, sindicales, campesinas, pueblos originarios, estudiantiles, de mujeres, sociales y del movimiento popular.
En el marco de un debate unitario, fraterno y solidario, los participantes en conferencias y en las 15 mesas de trabajo de la Cumbre de Los Pueblos
DECLARAMOS:
Nosotros, los Pueblos de Nuestra América, expresamos nuestro firme respaldo a la Proclamación de América Latina y el Caribe como Zona de Paz y libre de colonialismo, tal como fue acordado por unanimidad por todos los Gobiernos de Nuestra América en Enero de 2014 por la Segunda Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
En tal sentido, rechazamos el acoso militar, agresiones y amenazas de toda índole que despliega Estados Unidos y sus aliados estratégicos contra nuestra Región a través de Bases Militares, Sitios de Operaciones e instalaciones similares, que sólo en los últimos 4 años han pasado de 21 a 76 en Nuestra América, 12 de ellas en Panamá y exigimos la derogación del pacto de Neutralidad, que permite la intervención militar norteamericana a la República de Panamá.
Iraq, Afganistán, Somalia, Palestina, Mali, República Centroafricana, Siria, Ucrania, Nigeria, Pakistán, Congo, Mauritania, Libia, y Yemen son sólo algunas de las más recientes intervenciones militares norteamericanas con su secuela de muerte y desolación. No queremos dicha situación en Nuestra América.
Así, apoyamos las Declaraciones de la Secretaría General de UNASUR que solicita la exclusión de todas las bases militares en nuestra Región de Paz y la afirmación de que ningún país tiene derecho a juzgar la conducta de otro ni muchísimo menos a imponerle sanciones o castigos por cuenta propia.
Nosotros, los Pueblos de América, respaldamos al pueblo cubano y su Revolución, saludamos el regreso a casa de los cinco héroes cubanos, producto de la solidaridad internacional y de la lucha incansable de su pueblo. Exigimos, junto con todos los pueblos del Mundo, el levantamiento inmediato e incondicional del bloqueo genocida contra la República de Cuba por parte del Gobierno de los Estados Unidos y el cierre inmediato de la base militar de Guantánamo, sin más condición que la del respeto a las Leyes Internacionales y a la Carta de las Naciones Unidas.
Nosotros, los Pueblos de América, expresamos, nuestro apoyo incondicional e irrestricto a la Revolución Bolivariana y al gobierno legítimo encabezado por el compañero Nicolás Maduro.
Por tanto rechazamos la injusta, injerencista e inmoral Orden Ejecutiva del Gobierno de los Estados Unidos que ha pretendido señalar a la República Bolivariana de Venezuela como una amenaza a su seguridad nacional y que ya ha merecido el rechazo unánime de todos los países de Nuestra América.
Nosotros, los Pueblos de América, reafirmamos que Puerto Rico es una Nación Latinoamericana y Caribeña, con su propia e inconfundible identidad e historia, cuyos derechos a la Independencia y la Soberanía son violados por una tutela colonial impuesta hace más de un siglo de forma arbitraria por parte del imperialismo Norteamericano, por esa lucha histórica por lograr la soberanía y autodeterminación de Puerto Rico, muchos y entre ellos purgan cárceles como Oscar López Rivera, del cual exigimos su inmediata libertad.
Nosotros, los Pueblos de América, reiteramos nuestro apoyo solidario y esperanzado a los Diálogos por la Paz en Colombia, que se realizan entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP, solicitamos la apertura de una mesa similar con el ELN con el fin de transitar en la construcción de un proceso de paz firme y duradera con Justicia Social. Saludamos las gestiones realizadas por distintos gobiernos para facilitar el éxito de este proceso.
Nosotros, los Pueblos de América, reiteramos nuestro apoyo permanente e incondicional a la República Argentina en sus gestiones para la recuperación de las Islas Malvinas, así mismo, nuestro respaldo al Estado Plurinacional de Bolivia en su justa y postergada aspiración de una salida propia al Mar. Reclamamos el inmediato retiro de las tropas de ocupación en Haití, acción que permitirá su autodeterminación. Exigimos al gobierno de México la presentación con vida de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos forzosamente en Ayotzinapa.
Nosotros, los Pueblos de América, manifestamos la necesidad imperiosa de la construcción y profundización de una sociedad nueva, con justicia social y con equidad de género, con la participación activa de los jóvenes y de los diferentes actores sociales, con la solidaridad como un principio fundamental para el desarrollo integral y soberano de nuestros pueblos. Hoy existen en Nuestra América algunas lacayos del imperialismo que intentan sostener e imponer al modelo neoliberal como la solución a los problemas y necesidades de nuestros pueblos, modelo que ha demostrado ser el más eficaz instrumento para profundizar la pobreza, la miseria, la desigualdad, la exclusión y la más injusta distribución de la riqueza que se conoce.
Ante esta situación manifestamos y convocamos a luchar y defender nuestros recursos naturales, la biodiversidad, la soberanía alimentaria, nuestros bienes comunes, la madre tierra y la defensa de los derechos ancestrales de los pueblos originarios y las conquistas y derechos sociales. La lucha por el empleo, el trabajo y salario digno, la seguridad social, las pensiones, la negociación colectiva, la sindicalización, el derecho de huelga, la libertad sindical, salud ocupacional, los derechos económicos y sociales, el respeto a los migrantes y afro descendientes, la erradicación del trabajo infantil y esclavo, justicia con equidad de género.
Todo esto es y será posible si trabajamos en unidad y con el objetivo de construir correlación de fuerzas que permita sustituir del poder al bloque dominante por uno social y político que defienda los intereses de nuestros pueblos.
A 10 años de la derrota del ALCA reafirmamos nuestra lucha contra las nuevas formas de tratados de libre comercio TLC, TPC, TISA, la Alianza del Pacífico. Así también seguimos sosteniendo que la deuda externa de nuestros países es incobrable e impagable por ilegítima e inmoral.
Nosotros, los Pueblos de América, saludamos los procesos de integración que priman la autodeterminación y la soberanía de nuestros pueblos, procesos como ALBA y la CELAC, procesos que han fortalecido la unidad latinoamericana. Creemos necesario complementar estos procesos con la participación de organizaciones sociales, sindicales, populares, para fomentar aún más una integración desde y para los pueblos.
11 de abril de 2015