EL IMPERIO Y SUS ALIADOS SON ESTADOS TERRORISTAS QUE SIEMBRAN MUERTE Y DESTRUCCIÓN EN EL MUNDO 



DESOLACIÓN Y REGUEROS DE SANGRE SON HUELLAS IMPERIALES  



Rodrigo Santillán Peralbo
Estados Unidos encabeza una lista de Estados terroristas que, conjuntamente con sus aliados europeos y la OTAN, desencadenan guerras de agresión, invasiones armadas, imponen sanciones a países soberanos y acaban por matar a millones de personas y destruir pueblos, ciudades y naciones. Desolación y regueros de sangre son las huellas imperiales en Irak, Afganistán, Pakistán, Libia, Líbano, Yemen, Somalia, Sudán.
Alguien pensará que las matanzas en masa son cosa del pasado si recuerda los bombardeos atómicos ordenados por el presidente Truman en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en el Japón, la guerra de Corea, la invasión a Vietnam, la destrucción de Yugoeslavia o las agresiones armadas a República Dominicana, Nicaragua, Panamá, Granada, Cuba o la imposición de crueles y sanguinarias dictaduras fascistas en nuestra América.
El Medio Oriente es un polvorín: El terrorismo es cotidiano en Siria, Irak, Pakistán, Afganistán. Especialistas y analistas sostienen que el ISIS o Estados Islámico es consecuencia del “trabajo” estadounidense en Irak y Siria. Rememoran que el líder de Al Qaeda Osama Bin Laden fue una creación de Estados Unidos por intermedio de sus tétrica CIA y que la “Primavera Árabe” sirvió para asesinar a Omar Gadafi y provocar un polvorín en llamas en el Medio Oriente y en el norte de África mientras se mantienen protegidas e incólumes las satrapías en Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Bahrein, Kuwait, Omán, en tanto arma hasta con bombas nucleares a Israel que causa tantos crímenes en la Franja de Gaza y Cizkordania.
Varias Organizaciones internacionales, especializadas en estudios sobre las consecuencias de las guerras de agresión de Estados Unidos y su aliados de UE informan que han provocado alrededor de 4 millones de muertos en Afganistán, Pakistán e Irak desde 1990 a más de la destrucción de sus economías, fábricas, complejos industriales e inclusive patrimonios de la humanidad al bombardear museos y sitos históricos de incalculable valor al mismo tiempo que han ocasionado diásporas de pueblos enteros con graves crisis humanitarias. Millones de refugiados carecen de alimentos, medicinas, condiciones sanitarias mínimas, escuelas y fuentes de trabajo.
Las naciones otrora prósperas o que luchaban contra siglos de opresión y miseria han sufrido irrecuperables retrocesos en educación, servicios de salud, desarrollo de la infraestructura y han perdido, además, la soberanía e independencia; todo porque sus territorios y pueblos son inmensamente ricos en recursos hidrocarburíferos. La riqueza petrolera se convirtió en una trágica maldición, gracias a apetencia gúlica de Estados Unidos y sus amigos de tropelías que son sus socios de la Unión Europea. La humanidad entera está en riesgo por las ansias de dominación del más poderoso imperio que ha producido la historia a los largo de su evolución.
La Red Voltaire en un artículo de Nafaez Mosaddeq Ahmed, politólogo británico y autor de varios inmporahtes ensayos yq que ha sido difundido por Rebanadas de Realidad afirma que vista desde el Asia, las guerras occidentales no han aportado ayuda ni democracia. Tampoco han vengado los atentados del 11 de septiembre de 2001. Sólo han senbrado muerte y desolación.
El importante estudio de Mossaddeq demuestra que la «guerra contra el terrorismo» encabezada por Estados Unidos ha matado a 2 millones de personas. Pero sólo se trata de un conteo parcial de las más de 4 millones de muertes de las que Occidente es responsable en Irak y Afganistán desde hace más de una década. El mes pasado, Physicians for Social Responsibility (PSR), prestigiosa ONG con sede en Washington DC, publicó un estudio clave en el que demuestra que el balance sobre las pérdidas de vidas humanas de más de una década de «guerra contra el terrorismo», desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, se eleva como mínimo a 1,3 millones de muertos. Según esta ONG, ese conteo podría alcanzar incluso los 2 millones. La realidad supera las estadísticas políticamente manipuladas, razón por la que otros estudios independientes cifran la cantidad de víctimas mortales producidas por las guerras de agresión en unos 4 millones y muchos millones más de heridos, desaparecidos y desplazados.
El Dr. Hans von Sponeck, ex secretario general adjunto de la ONU, describe este informe del PSR como una «importante contribución para reducir el abismo entre los estimados confiables sobre las víctimas de la guerra –en particular la cifra de civiles en Irak, Afganistán y Pakistán– y los balances tendenciosos, manipulados e incluso falsificados».
Este estudio contiene un reexamen científico de los antiguos estimados sobre el número de víctimas de la «guerra contra el terrorismo». En el caso de Irak, el estudio es particularmente crítico al referirse al balance habitualmente citado por los grandes medios de difusión, o sea los 110 000 muertos que expone el Iraq Body Count (IBC). Esas cifras se obtuvieron mediante el conteo de las bajas civiles anunciadas en los medios de prensa. Pero el PSR ha encontrado graves lagunas y otros problemas metodológicos en esa forma de conteo.
Por ejemplo, de los 40 000 cadáveres enterrados en Nayaf desde el inicio de la guerra de Irak en 2003, el IBC contó solamente 1 354 muertos en esa ciudad durante el mismo periodo. Ese ejemplo indica la gran diferencia entre las cifras del IBC en la ciudad de Nayaf y el balance real. En este caso, las cifras reales son 30 veces superiores.
La base de datos del IBC está llena de esas diferencias [entre las cifras que registra y la realidad]. En otro ejemplo, esta organización registró solamente 3 incursiones aéreas en cierto momento de 2005. En realidad, la cantidad de ataques aéreos había aumentado aquel año de 25 a 120. Nuevamente, los datos reflejados son 40 veces inferiores a la realidad.
Según el informe del PSR, el controvertido estudio de la revista británica The Lancet, que había estimado en 655 000 el número de muertos en Irak entre 2003 y 2006 –y en más de 1 millón hasta hoy, mediante una extrapolación– estaba probablemente mucho más cerca de la realidad que las cifras del IBC. En realidad, este informe confirma un cuasi consenso entre los epidemiólogos sobre la confiabilidad del estudio publicado en The Lancet.
A pesar de una serie de críticas justificadas, la metodología estadística aplicada en ese trabajo es el modelo universalmente reconocido para determinar la cantidad de muertos en las zonas de conflicto. Por cierto, es la que utilizan los gobiernos y las agencias internacionales.
El autor destaca que la guerra en Irak no comenzó en 2003 sino en 1991, con la primera guerra del Golfo, a la que siguió la aplicación de un régimen de sanciones impuesto a través de la ONU. Después de la retirada de la coalición encabezada por Estados Unidos, [la primera guerra del Golfo] prosiguió en el plano económico, a través de las sanciones de la ONU, impuestas por Estados Unidos y Gran Bretaña. El pretexto que se invocó para justificar aquellas sanciones fue impedir que el presidente Sadam Husein lograse tener acceso a los elementos necesarios para la fabricación de posibles armas de destrucción masiva. Pero bajo aquel embargo, los bienes cuyo acceso se prohibió a Irak incluían gran cantidad de productos de primera necesidad, indispensables para la población civil.

Después de la retirada de la coalición encabezada por Estados Unidos, [la primera guerra del Golfo] prosiguió en el plano económico, a través de las sanciones de la ONU, impuestas por Estados Unidos y Gran Bretaña. El pretexto que se invocó para justificar aquellas sanciones fue impedir que el presidente Sadam Husein lograse tener acceso a los elementos necesarios para la fabricación de posibles armas de destrucción masiva. Pero bajo aquel embargo, los bienes cuyo acceso se prohibió a Irak incluían gran cantidad de productos de primera necesidad, indispensables para la población civil.
Cifras de la ONU, que nunca han sido puestas en dudas, demuestran que alrededor de 1,7 millones de civiles iraquíes murieron por causa de ese brutal régimen de sanciones impuesto por Occidente y que la mitad de esos muertos fueron niños. Y parece que las sanciones tenían como objetivo provocar esa gran cantidad de muertos. Entre los bienes prohibidos [a Irak] por las sanciones de la ONU estaban los productos químicos y el equipamiento esencial para el funcionamiento del sistema iraquí de tratamiento del agua. El profesor Thomas Nagy, de la Escuela de Comercia de la Universidad George Washington, descubrió un documento secreto de la agencia de inteligencia del Pentágono (la DIA, Defence Intelligence Agency), documento que, según el profesor Nagy, constituye «un plan inicial de genocidio contra el pueblo iraquí». En un artículo científico redactado en el marco de la Asociación de Investigadores sobre los Genocidios de la Universidad de Manitoba (Canadá), el profesor Nagy explicó que el documento de la DÍA revelaba con «lujo detalles, un método perfectamente operacional para “degradar completamente el sistema de tratamiento de aguas” de toda una nación» a lo largo de una década. De esa manera, la política de sanciones crearía «las condiciones favorables a la amplia propagación de enfermedades, como epidemias de gran envergadura (…) liquidando así gran parte de la población iraquí» [3].
Por consiguiente, sólo en el caso de Irak, la guerra de Estados Unidos contra ese país mató 1,9 millones de iraquíes, desde 1991 hasta 2003. Y a partir de 2003 se registran más o menos 1 millón de muertes más. Así que la agresión de Estados Unidos contra Irak costó en total cerca de 3 millones de vidas de iraquíes.
Nafaez Mosaddeq Ahmed agrega que en Afganistán, seis meses después de la campaña de bombardeos de 2001, el periodista del Guardian Jonathan Steele reveló que entre 1. 300 y 8 000 afganos habían sido víctimas mortales directas. Steele sostenía que las consecuencias de la guerra habían provocado un exceso de mortalidad al provocar la muerte de unas 50 000 personas.
El profesor Gideon Polya aplicó la misma metodología que el Guardian para analizar los datos anuales de mortalidad de la División de Población de la ONU. Así pudo calcular las cifras plausibles del exceso de mortalidad en Afganistán. Polya llegó a la conclusión de que el total de decesos evitables en Afganistán –país en estado de guerra permanente desde 2001 y sometido a las privaciones que le impone el ocupante– se elevaba a 3 millones (entre los que se cuentan los fallecimientos de 900 000 niños de menos de 5 años).
Como en el caso de Irak, la intervención de Estados Unidos en Afganistán comenzó, mucho antes del 11 de septiembre de 2001, en 1992 bajo la forma de una ayuda militar, logística y financiera clandestina de Estados Unidos a los talibanes. Aquella ayuda secreta favoreció la conquista violenta de cerca del 90% del territorio afgano por parte de los talibanes.
En 2001, la Academia Nacional de Ciencias publicó un informe titulado Forced Migration and Mortality. En ese estudio, Steven Hansch –epidemiólogo de primer plano y director de Relief International– subrayaba que el incremento de la mortalidad provocado en los años 1990 por las consecuencias de la guerra había dejado entre 200 000 y 2 millones de muertos en Afganistán.
Al adicionarlas, esas cifras sugieren que en Afganistán el balance total de las consecuencias directas e indirectas de las operaciones estadounidenses [y occidentales] desde el inicio de los años 1990 hasta el día de hoy podría ser estimado entre 3 y 5 millones de muertos.
Como se sabe cada presidente de Estados Unidos, es decir el emperador de turno se cree en la obligación de dictar sus propias doctrinas de dominación y atraco de los recursos naturales en todo el mundo, doctrinas eufemísticamente llamadas de seguridad nacional que son el sustento teórico de Washington para agredir a países pobres, pero ricos en recursos naturales o para realizar invasiones militares para “proteger los derechos humanos, libertades y democracias” y, ha sido una constante que precisamente, en nombre de esos sagrados principios, se hayan suprimido todos los derechos, libertades y democracias, para paso a genocidios, crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y para practicar con los pueblos invadidos toda clase de torturas, ejecuciones extrajudiciales, tratos crueles y degradantes y desaparición forzada de personas que dejan millones de muertos y heridos, y países enteros devastados por bombardeos, cañonazos y asaltos a mano armada practicados por sus soldados marines.

Néstor García Iturbe, en Contrainjerencia, sostenía: El Gobierno de Estados Unidos, con bastante frecuencia, lleva a cabo actividades, muchas de ella punitivas, en las que aduce como justificación a lo que están realizando, que se ha visto amenazada su Seguridad Nacional.
Cualquiera de estas actividades, lo mismo puede ser la invasión a un país, el derrocamiento de un gobierno, el asesinato de un grupo de personas, que la imposición de sanciones económicas a un país o alguno de sus ciudadanos.
En el mes de febrero del 2015, el Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, firmó un documento titulado Estrategia de Seguridad Nacional, donde establecía no solamente lo que Estados Unidos considera su Seguridad Nacional, sino además las acciones que están dispuestos a realizar con el fin de garantizar esta.
Como también recientemente, el propio Premio Nobel de la Paz declaró y firmó un decreto donde establecía que nuestra república hermana, Venezuela, era una amenaza para la Seguridad Nacional de Estados Unidos, considero es conveniente entrar en el análisis de lo que considera su Seguridad Nacional el “gigante de las siete leguas”.
El primer concepto que se pone de manifiesto en el documento es que la Seguridad Nacional de Estados Unidos es necesario asegurarla mediante el dominio mundial, donde según ellos, no debe existir otro líder que Estados Unidos.
El documento dice textualmente: “La Estrategia de Seguridad Nacional permite a Estados Unidos garantizar su interés nacional mediante un liderazgo fuerte y sostenible. Esto es lo que establece los principios y prioridades para dirigir el poder de Estados Unidos y su influencia en el mundo…”
Como plantea el documento, al hablar de Seguridad Nacional, se habla de garantizar los intereses nacionales de Estados Unidos, no solamente los que pudieran situarse en el territorio de dicha nación, sino los que la misma se ha adjudicado en distintos países del mundo, hacia donde dirigen su poder e influencia.
“Estos tiempos complejos han dejado claro el poder y la centralización de lo indispensable que resulta el liderazgo de Estados Unidos en el mundo… Un fuerte consenso se mantiene a todo lo largo de nuestro actuar político, la pregunta no es cuando Estados Unidos será el líder, sino como es que actuaremos como líder con vistas al futuro.”
Según ellos mismos, resulta indispensable su liderazgo en el mundo, claro está, para poder mantener su presencia y aprovechamiento de los recursos de otros países en estos tiempos complejos, donde una serie de naciones se han apartado de la órbita de influencia estadounidense. Se pone de manifiesto la pérdida de liderazgo cuando algunos se preguntan cuándo Estados Unidos será el líder, sin embargo la idea que se desarrolla en el documento de Obama es que ya son los líderes y deben actuar pensando en el futuro. Un pensamiento que pone de manifiesto un proceder hegemónico y prepotente, donde no se respeta la soberanía de otras naciones.
“Nosotros guiaremos utilizando todos los instrumentos de poder de Estados Unidos. Nuestra influencia es mayor cuando combinamos todas nuestras ventajas estratégicas. Nuestros militares siempre estarán listos para defender nuestro interés nacional, a la vez de dar una un nivel adecuado a nuestra diplomacia.”
Esto que plantea el documento no es nada nuevo, es la ratificación de la estrategia utilizada durante años para desarrollar las guerras de rapiña llevadas a cabo por Estados Unidos, donde se combinan todos los instrumentos con que cuenta el imperio, los militares, económicos, políticos, la subversión y la mentira.
La referencia a los militares y su permanente disposición combativa, lo cual es algo que todos conocemos, es una forma de justificar la gran cantidad de dinero que ese país destina al mantenimiento de las fuerzas armadas y las operaciones militares que realiza en todas partes del mundo.
Lo del nivel adecuado a la diplomacia, es un alerta para que el actuar de los militares no sea tan inhumano y criminal, que no deje espacio para que los diplomáticos defiendan y justifiquen las acciones que los mismos realizan.
“Estados Unidos utilizará su fuerza militar, unilateralmente si fuera necesario, cuando nuestros intereses lo demanden: cuando nuestros ciudadanos se vean amenazados, cuando nuestro modo de vida se encuentre en peligro y cuando la seguridad de nuestros aliados esté en juego.”
Realmente esta es la continuación de la llamada Doctrina Bush, fundamentada en atacar sin haber sido atacado. Es una declaración donde se omite todo tipo de consulta o decisión por los órganos correspondientes de Naciones Unidas. Atacarán unilateralmente cuando sus intereses lo demanden. Además serían ellos los que determinarán las circunstancias para justifica el ataque, es decir que el “cuando” no va acompañado de una decisión colectiva o de un órgano internacional.
Esto además ofrece una justificación para los propósitos intervencionistas de Estados Unidos. Todos recordamos que en el caso de Granada, dicho país consideró que un grupo de estadounidenses estaban en peligro, desembarcaron sus fuerzas y no solamente “salvaron” a los estadounidenses, sin que de paso derrocaron el gobierno establecido e implantaron otro en su lugar.
El modo de vida en Estados Unidos se ha visto amenazado, según el gobierno de dicha nación, cuando algún país productor de petróleo ha tratado de mantener una posición independiente y de beneficio a sus ciudadanos. Toda una serie de aventuras militares se han fundamentado en pretextos, como en el caso de Irak y las armas de destrucción masiva, que nunca existieron, para derrocar al gobierno, asesinar a sus líderes e implantar un gobierno que actúa acorde a los intereses de Estados Unidos.
Cuando nos referimos a la proclama del 9 de marzo, también firmada por el Premio Nobel de la Paz, donde declara que Venezuela representa un peligro para la Seguridad Nacional de Estados Unidos, argumenta el planteamiento haciendo referencia a “ la erosión de las garantías a los derechos humanos, la persecución a los oponentes políticos, restricción a la libertad de prensa, uso de la violencia y violaciones de los derechos humanos en respuesta a las protestas contra el gobierno, arrestos arbitrarios y detención de los que protestan contra el gobierno…”
Ninguno de estos argumentos forma parte de la Seguridad Nacional de Estados Unidos, acorde al contenido del documento de febrero del 2015, salvo que el mismo tenga un anexo secreto, o una cláusula que no aparece en el mismo.
La proclama del 9 de marzo es una muestra más de la injerencia estadounidense en los asuntos internos de un país, fabricando pretextos y tergiversando situaciones, que ellos mismos se han encargado en crear utilizando a sus asalariados.
La respuesta del pueblo Venezolano, de los pueblos de América Latina y de los pueblos del Mundo es una muestra de que los tiempos han cambiado y la impunidad con que actuaba el gobierno de Estados Unidos ha pasado a mejor vida.
Como decía José Martí: “Los árboles sean de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas”.
Mientras en América Latina y el Caribe comienzan a pensar que el imperio nunca más irrespetará la soberanía e independencia de los Estados y que en la VII Cumbre de las Américas, Estados Unidos fue apabullado por los encendidos discursos antiimperialistas de Cuba, Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina y Brasil, el mundo puede comenzar a, otra vez, a sentirse amenazado por el poder nuclear acumulado que podría destruirlo en más de siete veces y acabar con todas las formas de vida humana que se conocen, incluida la especie humana que podría desaparecer envuelta en los relámpagos de los hongos atómicos.
Se afirma que Washington reactiva la amenaza del Armagedon nuclea y en ese sentido se pronuncia el politólogo y economista norteamericano Paul Craig Roberts que sostiene que EE.UU. está destruyendo de forma "imprudente" la confianza que cimentaron Reagan y Gorbachov y que, por lo tanto, de nuevo, al igual que en la Guerra Fría, "el fantasma de un Armagedón nuclear cierne su sombra sobre la Tierra".
"¿Por qué Washington reactiva la amenaza de aniquilación del mundo?", se pregunta el politólogo Paul Craig Roberts en un artículo de su web, subrayando que EE.UU. con sus acciones contra Rusia podría desencadenar de nuevo una amenaza nuclear para todo el mundo. "Rusia está molesta porque Washington ha destruido los lazos de confianza formados durante la era Reagan-Gorbachov entre las dos potencias nucleares", escribe Paul Craig Roberts.
La razón se esconde en la doctrina neoconservadora de EE.UU., que amenaza la relaciones internacionales, opina Roberts. "La ideología neoconservadora quiere que Washington mantenga su estatus unipolar, pues es necesario para su hegemonía", escribe, destacando que sobre los neoconservadores recae la culpa por la invasión a Irak, el asesinato de Gaddafi en Libia, las revoluciones de color en antiguas repúblicas soviéticas y el golpe de Estado en Ucrania.
El politólogo subraya también que con su propaganda masiva EE.UU. intenta demonizar al presidente ruso, Vladímir Putin, lo que, sin embargo, solo "ha fortalecido el apoyo del pueblo ruso". "Putin tiene el índice de aprobación más alto jamás alcanzado por ningún líder", recuerda.
La agresividad de EE.UU. hacia Rusia, "un reflejo del clima de locura en que vivimos", afirma con la convicción de sus conocimientos.
El periodista Lucas Jackson en Reuters informaba que el filósofo Diego Fusaro, condenó de manera enérgica las declaraciones de un exgeneral estadounidense sobre la necesidad de "matar cuantos rusos sea posible en Ucrania". Esas palabras reflejan "el clima de locura" predominante y deben ser "totalmente condenadas".
"Si no supiera que eran declaraciones de un general estadounidense, creería que pertenecían a un terrorista del Estado Islámico", comenta el filósofo italiano Diego Fusaro, de la Universidad Vita-Salute San Raffaele de Milán, las palabras del exgeneral Robert Scales, que declaró en una entrevista que "para salvar Ucrania hay que matar cuantos rusos sea posible".
En declaraciones a Sputnik, el filósofo sostiene que estas afirmaciones "deben ser totalmente condenadas" y "revelan el clima de locura en que vivimos". Por otra parte, aclara Fusaro, "el general ha sido honesto en decir abiertamente lo que EE.UU. está pensando sobre Rusia y revelar lo que otros altos funcionarios estadounidenses temen decir".
El analista militar Robert Scales hizo sus declaraciones en el programa 'Lou Dobbs Tonight' de la cadena estadounidense Fox News, cuando comentaba la información sobre el próximo envío de 3.000 soldados norteamericanos a Europa Oriental, medida que -según él- "no tendrá ningún efecto" porque en Ucrania "está todo decidido".
Ante la gravedad de las amenazas yanquis, Rusia decidió abandonar el Tratado de las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa – FACE- "La Federación de Rusia ha tomado la decisión de poner fin a su participación en las reuniones del [grupo de consultoría] desde el 11 de marzo de 2015. Por lo tanto, Rusia está terminando completamente sus acciones en el Tratado sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa, como fue anunciado en 2007", según una declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Ante la gravedad de la situación mundial con guerras de agresión cada vez más cruentas y monstruosas en las que es una constante la participación directa o indirecta de Estados Unidos, existe la percepción de que "Washington es un manicomio dirigido por locos". “Las autoridades de EE.UU., unos "locos", están librando una guerra contra la humanidad. Washington tiene la intención de ampliar los límites del imperio estadounidense hasta que llegue a la dominación mundial absoluta. Y para esto está listo, incluso, a desencadenar una guerra nuclear contra Rusia, según el periodista Stephen Lendman.
En artículo publicado en 'Global Research', Lendman afirma que el presidente estadounidense, Barack Obama, quiere obtener el permiso del Congreso para una guerra sin límites bajo el pretexto de combatir al Estado Islámico. "Desde el primer día de su mandato, Obama declaró la guerra a toda la humanidad. Ningún Estado en la historia ha representado una amenaza para la comunidad mundial como EE.UU.", dice.
Los militares ucranianos que combaten en Donbass reciben órdenes del Pentágono, y al mismo tiempo decenas de instructores militares estadounidenses se preparan para ir a Siria. "Su misión es enseñar a los militantes de la llamada 'oposición moderada' a decapitar personas", asegura el periodista.
Lendman está convencido de que Obama está luchando en Siria a través de sus marionetas, como el grupo terrorista Estado Islámico. "Los instructores de la CIA y de las Fuerzas Especiales les enseñan a decapitar personas, etc.", dice.
El artículo recuerda que agentes de inteligencia de EE.UU. operan en 150 países del mundo utilizando como tapadera sus embajadas y consulados, así como otras organizaciones. "Su principal tarea es desestabilizar Estados, llevando a cabo una política independiente a través de golpes de Estado, asesinatos políticos o la intervención militar", según el impulsor del proyecto TomDispatch.com., Nick Turse.
Lendman señala que "en su guerra contra la humanidad EE.UU. usa armas de destrucción masiva: armas químicas, biológicas y la radiación, y realiza pruebas de nuevas armas". Eso muestra que Washington no se detendrá hasta que llegue al dominio total del mundo. "Para ello EE.UU. está dispuesto a las medidas más extremas, incluso a una guerra nuclear contra Rusia", opina.
"Requieren un agravamiento de la guerra en Siria. Medidas más decisivas para derrocar a Al Assad. Exigen tomar una postura más dura contra Rusia. Exigen un ataque preventivo contra Irán. Cuando un manicomio está dirigido por locos, eso puede terminar en cualquier cosa, incluso en lo peor", escribe el autor haciendo referencia a un conflicto militar con Rusia o Irán.
El periodista Ben Dangl considera que gran parte de la violencia en todo el mundo, hoy en día, se pueden vincular a las aventuras imperiales de los Estados Unidos en el extranjero.
Al igual que muchos estadounidenses, todas las mañanas en la escuela primaria y secundaria, tuve que pararme frente a la bandera de Estados Unidos, poner la mano en el corazón, y jurar lealtad a los Estados Unidos de América. Si bien era una rutina sin sentido para la mayoría de nosotros, el significado detrás del ritual era claro: que los EE.UU es excepcional, un faro de la libertad y justicia en el mundo. Pero después de considerar el rastro de sangre, los golpes de estado y las bombas que siguen a la bandera de Estados Unidos dondequiera que ondea, es seguro decir que los EE.UU es excepcional en muchas cosas; la libertad y la justicia no están entre ellas.
Dangl reitera que la violencia en el mundo es obra de Estados Unidos. El ascenso de ISIS en Irak, sostiene, se ha remontado a la guerra de Estados Unidos en el país. En un artículo, sobre el líder de ISIS, Abu Bakr al-Baghdadi, el New York Times explicó: “A cada paso, el surgimiento de Baghdadi ha sido moldeado por la intervención de Estados Unidos en Irak – la mayor parte de los cambios políticos que alimentaron su lucha o que llevaron a su promoción, nacieron directamente de algún tipo de acción de los Estados Unidos”. Por lo que el reciente ataque terrorista en Francia se refiere, el profesor Juan Cole, de la Universidad de Michigan, escribe que uno de los atacantes fue un “vigilante fundamentalista” a causa de la guerra en Irak y por las torturas en Abu Ghraib. La ola de violencia, relacionada con la guerra contra las drogas que está barriendo América Latina, también está directamente ligada a la participación de Estados Unidos en la militarización de la región en nombre de la guerra contra las drogas, un conflicto que desde 2006 ha causado más de 100.000 vidas en México solamente.
Nada de lo afirmado es nuevo. La política imperial de Estados Unidos es sinónimo de terror, muerte, destrucción, desolación. En sus objetivos de dominación mundial carece de ética, no tiene límites su cínica ambición que le conduce a desatar las más criminales guerras de agresión en su loca y desmedida gula para apoderarse de los recursos naturales y humanos a escala global, pero ningún imperio es eterno y bien se puede afirmar, para que la humanidad respire con alivio, que la fase imperial estadounidense está en decadencia, pero sus aletazos agónicos pueden ser muy peligrosos para el planeta tierra y todas sus formas de vida.
Es falso, de absoluta falsedad que el Premio Nobel de la Paz y Señor de la Guerra, el emperador de turno, Barack Obama haya recuperado el liderazgo mundial.