EFECTOS DE LAS SALVAGUARDIAS 



TODO SE ENCARECERÁ EN PERJUICIO DEL PUEBLO 



Por José Luis Luna Gaibor
La propia naturaleza de las -salvaguardias arancelarias- conllevan efectos económicos de múltiples e impredecibles consecuencias, pues si bien se han singularizado los items y los porcentajes de las medidas tributarias así impuestas, sin embargo sus efectos no solamente que son directos hacia los mismos productos así gravados, sino que tales efectos se van a sentir, y por ende a reflejar en todos los demás propios del consumo nacional.
En efecto, si los bienes relacionados con la comunicación o los ordenadores y demás elementos de la computación, aquellos activos que deben ser reemplazados en corto o mediano plazo, requieren, por una parte el destinar un rubro económico de reposición que ya el comerciante, el pequeño o mediano productor había previsto; sin embargo tal previsión debe ser incrementada de conformidad con el nuevo precio. Lo propio podemos señalar de otros insumos como las llantas que son imprescindibles para la transportación pública y privada, y que, por lo mismo requiere de ser provisionado mediante el destino del pertinente rubro que obviamente será mayor al que antes lo era. En consecuencia, el incremento directo e indirecto en los costos de producción y los mecanismos de comercialización, necesariamente se verán reflejados en el precio de los productos y que serán pagados indistintamente por todos los estratos sociales y económicos del país.
El decir que las llamadas salvaguardias arancelarias solamente inciden en los productos importados a los que alcanzan “los pelucones” es una falacia, como el ejemplo de las llantas al que me he referido, ya que la movilidad es universal en la sociedad actual, a igual que lo fue, obviamente con diferentes matices en todos los estadios del desarrollo de la humanidad, se pueden sumar muchísimos más.
Ya que hablamos de las llantas, y contrariamente a lo que los órganos oficiales nos maquillan sobre las salvaguardias, de que de manera alguna es un paquetazo impositivo, recordándonos que no tiene efectos inflacionarios porque no representa aumento en el precio de la gasolina ni de la luz, sin embargo, dejan de mencionar que, mientras en los países como Estados Unidos y los europeos, en los que como consecuencia de la baja de los precios del petróleo, han bajado los precios de los combustibles, hasta casi alcanzar el precio que rige en el Ecuador, y que mientras se nos induce a utilizar la energía eléctrica para todo el quehacer, los usuarios de las cocinas a gas reportan que, de manera alguna, se ha visto reflejada en su cuenta de consuma de energía eléctrica el subsidio prometido por el Gobierno.
Como consecuencia de lo dicho, estimamos que el paquetazo económico si alcanza también a los combustibles y a la energía eléctrica.
Y al hablar sobre los estadios del desarrollo de la humanidad, me viene a la mente aquellas enseñanzas que nacen desde las épocas bíblicas, en las que los pueblos –fundamentalmente agrícolas y ganaderos-, en épocas de bonanza destinaban bienes, perfectamente protegidos, para ser utilizados en las épocas de carestía, las que sobrevenían fundamentalmente como consecuencia de las plagas y las sequías o exceso de agua. Estas realidades fueron destacadas por la historia de la humanidad que terminó por sentenciar: “la época de las vacas gordas y las épocas de vacas flacas”.
La familia llamada Estado, nunca debió descuidar aquella memoria milenaria; y por ende, nunca debió dejar de prestar oídos a quienes de forma permanente vinieron advirtiendo de la ausencia de previsiones y provisiones para los malos tiempos.
Sin embargo, todas estas situaciones se las ha de dejar a los economistas, quienes con el mejor y mayor conocimiento sabrán explicarnos las razones y conveniencias para no provisionar recursos y las que se hicieron necesarias para endeudarnos en montos que nos obligan por al menos una generación completa.
La óptica de cada ciudadano se ubica en su propio conocimiento y/o conveniencia. En mi caso, siendo abogado, no tengo conveniencias, pero si conocimientos sobre el tema legal.
Prácticamente desde el comienzo del presente régimen, éste se ha empeñado en dividir a la sociedad ecuatoriana en dos polos diametralmente opuestos y que los ha enseñado a que sean antagónicos y contestatarios entre si. Los llamados pelucones y los pobres.
Bajo tales denominaciones se está denominando a las personas que forman la sociedad ecuatoriana. Y, el gobierno dice que las salvaguardias solamente afectará a los pelucones que comen manzanas chilenas –que eran más baratas que las nacionales y respecto de las cuales, todo el año era temporada- o que compran televisores de más de 20 pulgadas, cuando la televisión forma parte indispensable del menaje del hogar, respecto de lo cual, el propio gobierno propugna la modernización de este servicio, con miras a desechar aquellas que no son digitales.
Pero dejemos que los técnicos diluciden estos aspectos.
Veamos los principios legales respecto a la igualdad.
El numeral 1 del Art. 3 de la Constitución que nos rige, señala que es deber primordial del Estado, garantizar sin discriminación alguna el efectivo goce de los derechos establecidos en la Constitución y en los Instrumentos Internacionales. Por su parte, el Art. 6 de la Carta Magna, señala que todos los ecuatorianos son ciudadanos y gozarán de los derechos establecidos en ella. Por su parte, el numeral 2 del Art. 11 de la Ley Suprema señala “Todas las personas son iguales y gozarán de los mismos derechos, deberes y oportunidades”. Y agrega que “Nadie podrá ser discriminado por razones de etnia {…} condición socio – económica {…} ni por cualquier otra distinción, personal o colectiva, temporal o permanente, que tenga por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos. La ley sancionará toda forma de discriminación.”
Por su parte el Código Orgánico Integral Penal, en la sección quinta, “-Delitos contra el derecho a la igualdad-, en su Art. 176 tipifica y sanciona a la discriminación, así: “La persona que salvo los casos previstos como políticas de acción afirmativa propague, practique o incite a toda distinción, restricción, exclusión o preferencia en razón de nacionalidad, etnia {…} ideología, condición socioeconómica {…} con el objetivo de anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio de derechos en condiciones de igualdad, será sancionada con pena privativa de libertad de uno a tres años. // Si la infracción puntualizada en este artículo es ordenada o ejecutada por las o los servidores públicos, será sancionada con pena privativa de libertad de tres a cinco años.”
El propio régimen ha ponderado el hecho de que la pobreza se ha visto considerablemente disminuida y que, por el contrario, la clase media ha alcanzado mayor número de personas integrantes a ella, así como ha mejorado su condición socio cultural. Sin embargo su discurso es tremendamente duro, agresivo y ofensivo hacia quienes han alcanzado niveles de comodidad, que de ninguna manera, significa opulencia o derroche.
La ofensiva hacia los llamados “pelucones” –en los que no están todos los que son ni todos los que no son-, indudablemente constituye una discriminación y sectarismo en contra de un grupo poblacional, lo que constituye una violación constitucional y legal, ya que la Carta Magna señala como principio y derecho fundamental la igualdad de las personas, igualdad que debe ser respetada y garantizada por el Estado ecuatoriano, llámese gobierno.
-Divide y vencerás- es el principio maquiavélico del poder político que pretende perennizarse.

SALVAGUARDIAS E IDENTIDAD
Juan Carlos Morales
Más allá de los análisis económicos, las salvaguardias arancelarias nos llevan a una clave: la hora de creer, en serio, en los productos ecuatorianos pero con calidad. No en ese excesivo sentido chauvinista de preferencia de lo nacional con desprecio a lo extranjero (como el patriotero francés Chauvin), sino de optar por nuestra industria.
El tema es, además, un cambio del chip cultural. Hace algunos años, en las polvorientas carreteras del país se podía leer un letrero de una marca de neumáticos que anunciaba pomposamente: “Llantas… tecnología alemana, para caminos ecuatorianos”. Era como esa visión de los viajeros del siglo XIX que miraban piojos en los tambos y que, curiosamente, es recogida en libros que hablan de las costumbres de los ecuatorianos.
Esas visiones neocoloniales se mantienen en nuestra América. En 1891, José Martí escribía: “Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España”.
Y esto, porque nuestras élites siempre estuvieron más preocupados de la moda en París de lo que sucedía en Babahoyo, aunque allá tuvieran sus haciendas. De hecho, como se sabe, las fortunas de los Gran Cacao se acabaron muy cerca del Molino Rojo, aquel que frecuentaba Toulouse-Lautrec. Nuestras élites, nuestras pobres élites, nunca terminan de entender este país de bolón y humita.
Los curas de a pie comparten un texto de Leonardo Boff, quien dice que las élites, desde la Colonia, nunca cambiaron su ethos. Cita al historiador José Honório Rodrigues: “La mayoría fue siempre alienada, antinacional y no contemporánea; nunca se reconcilió con el pueblo; negó sus derechos, arrasó sus vidas y cuando le vio crecer le negó poco a poco su aprobación, conspiró para colocarlo de nuevo en la periferia, lugar al que sigue creyendo que pertenece”. Hoy las élites económicas abominan del pueblo. Sólo lo aceptan fantaseado en el carnaval, remata Boff.
¿Será verdad que nuestras élites piensan sólo en Miami? De allí que da urticaria escuchar a un representante de algunos empresarios (aquellos que se creen tales porque compran un auto y lo venden más caro) decir, con horror, que el whisky estará por sobre los 100 dólares. Nada mejor que la Caña manabita o el Puro Puyo, en esta época.
Martí, hace más de un siglo, decía: “Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura del sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!”. Sí, esa es la salida: crear y creer en un país de jeans de Pelileo y de textiles de Atuntaqui. Gibran Khalil Gibran escribió: pobre de la nación que no hila su propios vestidos.
Quienes en la bonanza del cacao no pusieron una fábrica de chocolate, ni en la época aún de banano hacen un patacón de exportación, no pueden darnos clases de buenas costumbres.