EL IMPERIO EN SU DECADENCIA INTENTA GOLPES DE ESTADO PARA INSTALAR GOBIERNOS TÍTERES EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE 



DOCUMENTO "ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NACIONAL 2015" PROVOCARÍA DESESTABILIZACIONES  



, nos mantendremos trabajando con todos los gobiernos intere“Igualmente, apoyamos a los ciudadanos de países donde el ejercicio completo de la democracia esté en riesgo, tales como Venezuela. Aunque algunos pocos países en la región siguen atrapados en viejos debates ideológicossados en cooperar con nosotros en caminos prácticos para reforzar los principios enumerados en la Carta Democrática Interamericana”. Este párrafo constante en el documento: “Estrategia de Seguridad Nacional 2015” del Gobierno de Estados Unidos, firmado por el presidente Obama, expresa de manera abierta y categórica la injerencia imperial para desestabilizar, provocar golpes de Estado e instalar gobiernos títeres en América Latina y el Caribe, con la intencionalidad de recuperar su dominio en la región.
El objetivo inmediato de la Casa Blanca es Venezuela, y si sus planes intervencionistas triunfan en la patria de Bolívar, inmediatamente se ejecutarían “en algunos pocos países en la región, (que) siguen atrapados en viejos debates ideológicos”. ¿Acaso serán Nicaragua del gobierno de Daniel Ortega, Bolivia del presidente Evo Morales, Argentina del gobierno de Cristina Fernández acosada por una oposición ciega y beligerante con apoyos externos de Estados Unidos, Israel y el Reino Unido? ¿Esos “países atrapados en viejos debate ideológicos” podrían ser Brasil del Gobierno de Dilma Rousseff o acaso el del presidente Correa de Ecuador que mantiene un discurso antiimperialista y una “revolución” reformista?
El caso de la República Bolivariana de Venezuela es paradigmático porque ha soportado con valor y heroísmo golpes de Estado, y varios intentos de golpes de Estado desde los tiempos del Coronel Hugo Chávez hasta estos días del gobierno de Nicolás Maduro.
El imperio, en su calidad de amo y señor de las derechas más reaccionarias de la República Bolivariana de Venezuela, intentó otro golpe de Estado contra el presidente Nicolás Maduro quien expresó: “Hemos desmantelado un atentado golpista contra la democracia, contra la estabilidad de nuestra patria. Se trata de un intento de utilizar a un grupo de oficiales de la Aviación Militar para provocar un hecho violento, un atentado, un ataque; es un coletazo del ‘golpe de Estado azul’ de hace un año, de marzo”, según informaba VTV. Ese Plan habría sido orquestado por algunos oficiales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) y algunos civiles que pertenecen a la dirigencia opositora.
Por su parte, AVN sostuvo que siete oficiales de la Fuerza Aérea están detenidos por estar involucrados en un intento de golpe de Estado. De acuerdo a planes conocidos por los sistemas de investigación, un avión Tucano, especialmente artillado, operaría sobre algún sitio abierto donde se encontraría el presidente de la República Nicolás Maduro.

Se tiene conocimiento que algunos políticos de oposición están comprometidos con el intento. El Plan contemplaba la ejecución de ataques en zonas de Caracas donde convergen instituciones del Estados y áreas residenciales, así como la participación de factores extranjeros que formaban parte del plan golpista, desmontado por las autoridades venezolanas que informaban que los golpistas contaban con la participación de efectivos de la Aviación Militar.
Estos detalles fueron revelados en una emisión especial del programa Con el Mazo Dando, transmitido por Venezolana de Televisión, con la participación de Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello, integrantes del Alto Mando Político de la Revolución.
En el citado espacio televisivo, ambos dirigentes detallaron que los blancos para los ataques eran el Palacio de Miraflores, el Ministerio Público, la Cancillería, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), la Alcaldía de Libertador, Casa Amarilla, Telesur, así como los ministerios de Defensa, Educación y Relaciones Interiores, Justicia y Paz.
Tales puntos de la capital fueron seleccionados por el diputado opositor Julio Borges, militante del movimiento opositor Primero Justicia, de acuerdo con las declaraciones hechas por uno de los implicados en el plan, el general de brigada de la Aviación Oswaldo Hernández Sánchez.
“Él general menciona al diputado Julio Borges como la persona que escogió estos objetivos tácticos. Tendría que el diputado Borges, en una situación legal y jurídica, que contradecir lo que este señor general Hernández está diciendo”, refirió Jorge Rodríguez, también alcalde de Caracas.
Por su parte, el Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello informó que se han realizado allanamientos en los que se han encontrado computadoras, uniformes militares, teléfonos y pistolas que serían utilizados en el Golpe de Estado contra Venezuela.
Estas evidencias, agregó el Presidente de la Asamblea Nacional (AN), demuestran que este plan forma parte de “una cadena de eventos planificados que produzcan inestabilidad social y están fundamentados en los lineamientos de la Escuela de Las Américas, en el Pentágono”.
Además, se inscribe en la línea desestabilizadora que fue denunciada por el Alto Mando de la Revolución en mayo de 2014, cuando se mostraron pruebas de correos electrónicos entre dirigentes derechistas, así como con funcionarios de Estados Unidos donde quedaba al descubierto un plan de magnicidio contra el presidente Nicolás Maduro.
El plan golpista también contaba con la participación de agentes internacionales, pues se contemplaba el empleo de aviones modelo Tucano “que no son venezolanos, que iban a entrar desde otra parte al país para efectuar este plan”.
La búsqueda de esas unidades involucró a efectivos militares como el Teniente José Antich Zapata, quien es piloto instructor de las aeronaves Tucano. Él, actualmente detenido, era “el enlace con la embajada de Estados Unidos” y efectuó el trámite para la solicitud de visas de él y otros integrantes del movimiento que pretendía asesinar al presidente Nicolas Maduro.
Además, un hombre identificado como “Alias Guillermo”, financista del plan denominado “Golpe Azul” (neutralizado hace un año), al igual que el 1er. Teniente Eduardo Figueroa Marchena, están involucrados en el plan desarticulado y se encuentran en Panamá.
En este plan golpista también están involucrados Héctor Noguera Figueroa, José Suárez, Maximiliano Hernández Vásquez, César Pérez, Wilfredo Castillo, Henry Salazar (detenido), Miguel Salazar, Carlos Esquera (detenido), Jafre de Jesús Trejo, Piter Guevara, Luis Lugo, dado de baja tras el primer intento de golpe en 2014 y quien fungió como contacto del nuevo plan; Jesús Garzón, Jesús Salazar Moncada (detenido), Luis Lugo Calderón y Luis Colmenares.
Las acciones desestabilizadoras de la derecha contra Venezuela también incluye el Plan Jericó, que buscaba la captación de militares para generar acciones subversivas en el país.
“Ya estábamos en conocimiento de una operación, llamada ‘Operación Jericó’, que incluía la presencia de unos militares que habían captado y comprado para dar un Golpe de Estado y generar una situación de inestabilidad que les permitiera colarse y conseguir sus fines”, destacó Rodríguez en el programa.
También, como parte de estos planes, el alcalde metropolitano, Antonio Ledezma, y el diputado opositor Julio Borges diseñaban el año pasado un plan para eliminar físicamente al dirigente de Voluntad Popular, Leopoldo López. Esta fue la razón para que López se entregara a la justicia, pues prefirió estar preso a estar muerto por sus propios compinches.
De acuerdo con Diosdado Cabello, el objetivo era generar más caos en el país, derrocar al gobierno legítimamente constituido del presidente Nicolás Maduro y promover a Ledesma como líder de la oposición.
“Entre estos dos personajes, Antonio Ledezma y Julio Borges, existía un plan para eliminar físicamente a Leopoldo López, y así generar un mayor caos que facilitaría la caída definitiva del gobierno y la oportunidad a Antonio Ledesma de asumir el liderazgo de la oposición”, precisó en el espacio televisivo, según AVN.
El plan habría contado con el total apoyo de Washington. Se iniciaría con la generación de dos muertos durante la marcha opositora del pasado 12 de febrero. Seguidamente, se mostrarían un video a través de las cadenas televisivas internacionales para correr la noticia del golpe de Estado en el mundo. El video se ampliaría con los resultados de los bombardeos a los ministerios de la Defensa, del Interior y al canal oficialista Telesur, en Caracas.
El presidente Maduro señaló que tiene las pruebas de estos hechos y que ya el golpe “está desmontado”. “Todos los oficiales involucrados están presos y están declarando en este momento. Algunos se han arrepentido de palabra”. Agregó: “Les pagaron en dólares, les activaron, les dieron una misión, les dieron la visa norteamericana con fecha de tres de febrero y le dijeron desde la embajada de EEUU que si esto falla pueden entrar por nuestras fronteras”, aseguró.
Asimismo, el mandatario hizo un llamado a sus seguidores para que “si le pasa algo” están autorizados a “decretar un 13 de abril y derrotar el golpe con una ofensiva cívico-militar”. “Están autorizados para radicalizar la revolución hasta el máximo nivel que hayamos conocido jamás”, dijo.
El ex vicepresidente de la República Bolivariana de Venezuela, José Vicente Rangel se preguntaba ¿Nos van a invadir? Sostenía que el imperio pierde la paciencia con Venezuela. Cuando el general Vincent Stewart, director de Inteligencia del Departamento de Defensa de EE UU, compareció ante una comisión de la Cámara de Representantes para informar sobre la estrategia de seguridad de EE UU.
En 2015, mencionó a Venezuela y pronosticó algo muy concreto: una ola de protestas violentas en el país, coincidente con las elecciones parlamentarias de este año. ¿Cómo lo sabe el alto funcionario? ¿Quién le suministró el dato? ¿Lo obtuvo a través de la oposición interna o de los canales que tiene el gobierno norteamericano para enterarse de lo que ocurre en la región? No deja de ser curioso que un destacado personaje del Gobierno de EE UU –de un entramado de seguridad y defensa—, se atreva a abordar un tema delicado que, en otras circunstancias, trataría el órgano encargado de la política exterior, el Departamento de Estado. La explicación para mi está en que cada día se hace más evidente que Venezuela es considerada por el gobierno norteamericano como un asunto que compete más al ámbito militar que al diplomático. En otras palabras, que estamos en presencia de la militarización del caso. O de su “pentagonización”.
¿Qué significa esto? Ante todo que para el establecimiento político-militar estadounidense, la oposición venezolana no garantiza un cambio de gobierno en el país. En Washington están conscientes de su debilidad, de sus divisiones y escasa capacidad de convocatoria. Al mismo tiempo consideran que el chavismo conserva su fuerza, cohesión y capacidad para enfrentar dificultades. Para salir airoso, como lo ha demostrado en distintas circunstancias. Derrocar a Maduro no es fácil, y más si quienes se lo proponen no constituyen opción para la mayoría del pueblo venezolano. Al mismo tiempo, en la región el Gobierno chavista cuenta con amplia solidaridad y cualquier intento por acabar con la institucionalidad democrática y con un gobierno, producto de elecciones libres, provocaría un contundente rechazo. ¿Está en condiciones de hacer frente a un repudio generalizado y militante un Gobierno frágil como el de Obama, que afronta graves problemas internos y complejos desafíos militares en diversas áreas del mundo? ¿Qué sentido tiene seguir escalando un conflicto que puede manejarse en el marco del diálogo?
La lógica indica que el Gobierno de EE UU debería abstenerse de incurrir en el error de apelar a aventuras. La lamentable experiencia en este tipo de acciones debería servirle de advertencia. No obstante, si algo demuestra la historia es que los imperios sucumben a la tentación de avasallar pueblos. No soportan que su vocación de dominio encuentre resistencia en naciones a las que desprecian. En tales circunstancias cunde la desesperación en sus dirigentes. Es esta la situación que se le plantea al Gobierno de la primera potencia mundial respecto a Venezuela. Desde el inicio del proceso bolivariano EE UU está obsesionado. Sus gobiernos, Republicanos o Demócratas, embisten contra Venezuela. Han probado todos los formatos para acabar con el proceso bolivariano: golpe de Estado (11-A), sabotaje petrolero, terrorismo; guarimba, guerra económica, bloqueo parcial, financiamiento de la oposición, campañas mediáticas, y el resultado siempre fue la derrota. ¿Qué le queda por intentar? De antemano sabe, y lo ha comprobado en cada uno de esos episodios, que la revolución cuenta con sólido apoyo popular y militar. ¿Golpe de Estado exitoso sin militares? ¡Imposible! ¿Rebelión popular exitosa sin pueblo? ¡Imposible! ¿Triunfo electoral sin oposición seria? ¡Imposible! ¿Qué hacer? Solo falta intentar la invasión armada. Quizá parezca exagerado decirlo, porque se trata de algo que choca con prácticas civilizadas que hoy se exaltan, pero que a la hora de la verdad los poderosos y sus cipayos las pisotean. La opción invasión —o intervención— está envuelta en la falsa defensa de los derechos humanos, la reivindicación de la Carta Democrática, el respeto a la democracia y a la libertad, cuando en realidad lo que pretenden es acabar con la soberanía nacional, los cambios sociales, devolverle el poder a las elites que lo controlaban e instaurar de una dictadura. ¿A quién engañan? Se engañan ellos, pero no la mayoría del pueblo. Por consiguiente, lo que cuenta para los venezolanos es cerrar filas y estar alertas. En la situación que vive el país no tiene cabida lo impredecible. Preferible es prever a flotar, irresponsablemente, en la desprevención”.
En esta parte del mundo, el imperio está cada vez más solo y su aislamiento se extiende por los cuatro puntos cardinales de América Latina y el Caribe. Esta realidad no ha sido captada por el emperador de turno del imperio y por sus halcones, por lo que el premio Nobel de la Paz Barack Obama, convertido en el Señor de las Guerras, aún cree –con torpe empecinamiento- que Latinoamérica es su “patio trasero” y que el Caribe es su “lago particular”, lugares en donde puede hacer lo que le da la gana, tal como ocurría a hasta fines del siglo XX. Claro que todavía existen gobiernos entreguistas y naturalmente que las derechas, incluidas las fascistas, son aliadas o sirvientes incondicionales del imperio y, en particular, de las derechas radicales estadounidenses agrupadas en el famoso Tea Party Movement.
Estos son los tiempos de la integración y de la unidad latinoamericana y caribeña, consiguientemente son tiempos de la solidaridad entre repúblicas y naciones hermanas. Por ello, tan pronto como Maduro pidió a Unasur y a la Celac intermediar con el Gobierno norteamericano para colocar en el terreno político y diplomático el diferendo con EE UU, de inmediato expresaron su apoyo a la Revolución Bolivariana y rechazaron los planes injerencistas de Washington que apresuradamente negó tal posibilidad e invocó la bilateralidad. De manera persistente el Gobierno venezolano le ha propuesto dialogar al de EE UU sin obtener respuesta. Es decir, que el Gobierno de Obama no quiere ni lo uno ni lo otro. ¿Qué quiere? Por ahora mantener la tensión mientras avanza el plan desestabilizador. Los miembros de Unasur y la Celac.
En la actitud de EE UU influye la campaña electoral que está en marcha. Cuba deja de ser tema para la derecha y el lugar lo ocupa Venezuela. Obama cede a las presiones de los lobbys y la ultraderecha, y pretende neutralizarlos agitando el fantasma venezolano.
También influye la convicción de que la oposición carece de músculo. Que no es opción. Cada día hay más decepción en los círculos gobernantes de EE UU porque lo que les llega de la oposición interna son solicitudes de ayuda económica y no informes sobre sus avance organizativo y crecimiento. A lo cual se agrega que la división en el sector es inocultable.
Los líderes guarimberos del año pasado se quitan ahora las máscaras y llaman a “un acuerdo nacional para la transición”. Se trata de la proclama que serviría de plataforma a la violencia que se avecina, según el pronóstico del general Vincent Stewart, director de Inteligencia del Departamento de Defensa de EE UU.
Emilio Marín afirma que está escalando la campaña estadounidense para derribar al presidente Maduro que ganó legítimamente las elecciones de 2013. Tomando nota de esa mayor temperatura golpista, se reunían cancilleres de Unasur en Montevideo, entre ellos el ecuatoriano Ricardo Patiño y los de Venezuela, Delcy Rodríguez; de Colombia, María Angela Holguín y de Brasil, Mauro Vieira, más el titular de Unasur, Ernesto Samper.
A medida que la situación se ponga más peligrosa habrá otras reuniones de Unasur y la Celac, que en su reciente cumbre de Costa Rica, con 29 de los 33 presidentes miembros, incluyó un pronunciamiento de apoyo al gobierno bolivariano.
Maduro recibió en el Palacio de Miraflores a Samper y le reiteró las denuncias contra el injerencismo norteamericano, con el material acumulado de las últimas semanas.
Entre otros signos de esas maniobras, Venezuela hace hincapié en las declaraciones del vicepresidente Joe Biden en contra de Petrocaribe, en una reunión sostenida con autoridades caribeñas. El vice confió a algunas de éstas que el deseo de Estados Unidos es cambiar el gobierno venezolano sin importar que fue electo hace menos de dos años.
El mandato del sucesor de Hugo Chávez llega hasta 2019, un plazo demasiado largo para las expectativas norteamericanas y de la derechista Mesa de Unidad Democrática (MUD). Esas elecciones quedan demasiado lejos...
En ese tema petróleo, las autoridades norteamericanas organizaron una reunión de países centroamericanos y caribeños en Washington, donde volvieron a la carga contra Petrocaribe. Además de los costados propiamente políticos, en esa embestida hay asuntos de negocios. El imperio ha robustecido sus reservas gasíferas y petroleras, en particular tiene planes ambiciosos de gas y crudo no convencionales. Quiere vender sus productos a esos vecinos y robar clientes a Venezuela.
En esa puja comercial puede resultarle difícil ganar la apuesta, teniendo en cuenta los precios preferenciales, formas de pago y otras ventajas de PDVSA. En Petrocaribe están Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Cuba, Dominica, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, Nicaragua, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y Las Granadinas, Surinam y Venezuela.
Durante enero el mandatario venezolano estuvo en China y luego visitó Arabia Saudita, Qatar y Argelia, buscando armonizar una estrategia ante el derrumbe de los precios del barril, de 90 dólares se había desplomado a 40. Luego fue recibido por Vladimir Putin, cuando se reafirmaron acuerdos y se firmaron otros. Esa gira internacional fue muy positiva y desairó los pronósticos de la derecha venezolana y su socio mayor norteamericano. Apostaban a que “Maduro no regresa al país”.
El bolivariano sí regresó, con un balance muy positivo. Una movilización popular fue a recibirlo al aeropuerto de La Guaira para hacer luego un acto político en Miraflores. Con el frente externo consolidado, allí se anunció una contraofensiva en el frente interno, apuntada a derrotar a los grupos empresariales que desabastecen y encarecen los productos, además de contrabandearlos a Colombia. Hacen todo eso para estimular la desesperación de los sectores populares que por esos procedimientos muchas veces carecen de artículos elementales para vivir, desde alimentos hasta papel higiénico pasando por medicamentos, etc.
Por eso el 27 de enero se formaron en el distrito Capital y en el estado de Miranda, gobernado por el opositor Henrique Capriles, los primeros comités populares-militares para librar la “guerra económica”.
El gobierno, los sindicatos y demás organizaciones sociales, el gobernante PSUV y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) conforman esos comités, que se extendieron a muchos otros estados. La idea es controlar y evitar las maniobras de acaparamiento y contrabando, incautar los productos y venderlos a precios justos por medio de redes del Estado pero también de pequeños comerciantes.
Esa ofensiva dio en el blanco. El ministro para la Seguridad y Soberanía Alimentaria, Carlos Osorio, declaró que ocuparon más de 2.500 toneladas de productos almacenados en depósitos de empresas privadas, como en “Empresa Cárnica 2005”, en el estado de Falcón. Le abrieron un procedimiento a la cadena Farmatodo por incurrir en irregularidades. Lo tienen bajo la lupa a Mauricio Tancredi, titular de la corporación Consecomercio. Los venezolanos han podido paliar esas situaciones de escasez que no eran responsabilidad del gobierno sino de cúpulas empresariales que tienen sintonía con los partidos de la MUD y los planes norteamericanos.
Según un estudio de la empresa Hinterlaces, el 84 por ciento de los encuestados considera que los empresarios son los responsables de la falta de productos y alzas injustificadas de precios. Esa lectura supone una victoria política del oficialismo.
El 2015 -que no será nada fácil para el gobierno- ha comenzado más favorable a los bolivarianos de lo que se pensaba a fines de 2014, cuando la oposición se regodeaba con la perspectiva de un estallido social. Este cálculo se basaba en la posible confluencia de dos factores de mucho peso: la inflación y desabastecimiento de productos básicos, de una parte, y el desplome de los precios internacionales del petróleo, la yugular de la economía venezolana, por la otra.
No es que los graves riesgos hayan desaparecido, pero el primer mes y medio del año ha mostrado un gobierno con iniciativa internacional y doméstica. Maduro presidió la mesa directiva del PSUV y alistó a su fuerza para proclamar en marzo sus candidatos y resolver las candidaturas en internas en junio próximo, de cara a los comicios legislativos de este año. El acuerdo es que al menos el 50 por ciento de los candidatos deben ser jóvenes de 21 a 30 años de edad, y la mitad mujeres.
En los últimos días hubo nuevas agresiones desde Washington y la prensa que sintoniza la onda del Departamento de Estado, aún desde otros países. El diario español ABC calumnió al titular de la Asamblea Nacional y vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello, calificándolo como cabecilla de un cartel del narcotráfico. Otras publicaciones locales, El Nacional y Tal Cual, repitieron esa información, por lo que Cabello anunció el inicio de acciones legales contra el diario español y sus ecos venezolanos, voceros de prensa de la MUD.
Como para darle alguna verosimilitud a esas denuncias, algunos personajes que en su momento fueron colaboradores de Chávez y que luego traicionaron a su país, exiliándose en EE UU, hicieron declaraciones en sintonía con esa campaña desestabilizadora. Por caso un ex integrante de la guardia presidencial, Leasmy Salazar, fue reclutado por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA).
Este personaje y otros militares que habrían sido también captados por EE UU, procuran dar justificativos al mundo de la campaña golpista, que tuvo un jalón en diciembre del año pasado. El Capitolio votó entonces una ley con sanciones contra Venezuela, pretextando “la Defensa de los Derechos Humanos y Sociedad Civil de Venezuela”, cuando en realidad habían sido la derecha y ultraderecha, y el opositor Leopoldo López, quienes promovieron violentas manifestaciones para “echar a Maduro”. En esos disturbios o guarimbas comenzados en febrero pasado hubo 43 muertos y 800 heridos.
López está en la cárcel de Rama Verde y para la campaña imperial es un héroe, por eso fueron a darle apoyo dos ex presidentes de orientación derechista: Andrés Pastrana y Sebastián Piñera. El gobierno les negó el ingreso a Rama Verde.
Tratando de meter una cuña al interior de la Casa Blanca, el presidente venezolano dijo en su programa de radio y televisión “En contacto con Maduro”: “creo que esas acciones (desestabilizadoras) se desarrollan a espaldas de Obama. Es la mafia de Miami quien impone la política hacia Venezuela”.
Eso lo expresó en su programa del 3 de febrero, pero seis días más tarde, la presidencia de EE UU difundió su documento “Estrategia de Seguridad Nacional para 2015”. Allí hay menciones descalificadoras contra Venezuela y pronósticos de masivas protestas -nada inocentes ni pacíficas- contra Maduro. La cancillería venezolano emitió ayer un comunicado afirmando que la mención a Venezuela en ese documento “atenta contra la paz, la democracia y la estabilidad mundial”. Añadió que “muestra la intervención sistemática estadounidense con el fin de desestabilizar las instituciones constitucionales y amenazar los derechos humanos”.
En estos últimos años la estrategia estadounidense, por caso en Argentina, apostó al llamado “golpe blando”. En Venezuela, el que propinaron Bush-Aznar y Fedecámaras en 2002 fue un golpe bien sangriento. El intentado en febrero de 2014, ídem. Y ese es el perfil del que actualmente está en curso. Pareciera un contrasentido que cuando Obama negocia pacíficamente con Raúl Castro, se endurezca con Maduro. Pero no hay tal contradicción: creen que si desbaratan a la revolución bolivariana, Cuba será más débil y vulnerable en la mesa de negociación.
El presidente de la República, Nicolás Maduro, instó a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y a la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) a detener y evitar a tiempo daños contra el pueblo bolivariano y latinoamericano, como resultado de las incesantes agresiones injerencistas del Gobierno de Estados Unidos contra Venezuela.
“Es un llamado de urgencia para apoyar al pueblo y al gobierno bolivariano que hacemos en rechazo a la conspiración que se dirige contra nuestra democracia desde Estados Unidos”, denunció el presidente Maduro.
“Estoy convocando al presidente (José) Pepé Mujica, a la Unasur, secretario general, Ernesto Samper; presidente Rafael Correa en la Celac, para que a tiempo evitemos daños contra Venezuela por la agresión abierta de Estados Unidos contra la patria de Bolívar, contra la Revolución de Chávez”, recalcó el presidente Maduro, tras denunciar una nueva agresión norteamericana contra Venezuela, luego de la circulación, este viernes, del documento Estrategia de Seguridad Nacional que emitió el gobierno de Estados Unidos para profundizar su ataque unilateral contra el pueblo venezolano.
“Confío en la Celac, confío en Unasur para ir a desmontar la agresión imperial (…) es un llamado a todos los presidentes, a todas las presidentas, han querido dividirnos nuevamente”, agregó el Jefe de Estado, quien denunció que el referido documento emitido por la Casa Blanca es de carácter intervencionista y atenta contra la democracia venezolana.
“(Obama) apunta a Venezuela y nos amenaza con un bloqueo de distintas formas”, recordó el Presidente Maduro, quien subrayó que ante esas incesantes amenazas Venezuela cuenta con la fortaleza suficiente para sobrellevarlas y superarlas.
Por su parte, Eva Golinger considera que hay un golpe de Estado en marcha en Venezuela. Las piezas están cayendo en su lugar como una mala película de la CIA. A cada paso un nuevo traidor se revela, una traición nace, llena de promesas para entregar la papa caliente que justifique lo injustificable. Las infiltraciones aumentan, los rumores circulan como reguero de pólvora, y la mentalidad de pánico amenaza con superar la lógica. Titulares en los medios gritan peligro, crisis y derrota inminente, mientras que los sospechosos de siempre declaran la guerra encubierta contra un pueblo cuyo único delito es ser guardián de la mayor mina de oro negro en el mundo.
‘The New York Times’ publicó un editorial desacreditando y ridiculizando el presidente venezolano Nicolás Maduro, calificándolo “errático y despótico” (“El señor Maduro en su laberinto”, NYT 26 de enero 2015), un periódico en el otro lado del Atlántico acusó al presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Diosdado Cabello, la figura política más destacada del país después de Maduro, de ser un capo del narcotráfico (“El jefe de seguridad del número dos chavista deserta a EE.UU. y le acusa de narcotráfico”, ABC.es 27 de enero 2015). Las acusaciones vienen de un ex oficial de la Guardia de Honor presidencial de Venezuela, Leasmy Salazar, quien sirvió bajo el presidente Chávez y fue captado por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), ahora convirtiéndose en el nuevo “niño de oro” en la guerra de Washington contra Venezuela.
Dos días después, ‘The New York Times’ publicó un artículo de primera plana atacando a la economía y la industria petrolera venezolana, y prediciendo su caída (“Escasez y largas filas en Venezuela tras caída del petróleo”, 29 de enero de 2015, ‘The New York Times’). Obvias omisiones del artículo incluyeron mención de los cientos de toneladas de alimentos y otros productos de consumo que han sido acaparados o vendidos como contrabando por los distribuidores privados y empresas, con el fin de crear escasez, pánico, descontento con el Gobierno y de justificar la especulación de los precios inflados. Además, el artículo se niega a mencionar las medidas e iniciativas en curso implementadas por el Gobierno para superar las dificultades económicas.
Al mismo tiempo, un titular sensacionalista, absurdo y engañoso fue publicado en varios diarios estadounidenses, en forma impresa y en línea, que vincula a Venezuela a las armas nucleares y un plan para bombardear la ciudad de Nueva York (“Encarcelado científico en Estados Unidos por tratar de ayudar a Venezuela a construir bombas”, 30 de enero, 2015, NPR). Mientras que el titular hace a los lectores creer que Venezuela estuvo directamente involucrada en un plan terrorista contra EE.UU., el texto del artículo deja claro que no hay ninguna participación venezolana en el suceso. Toda la farsa era una trampa creada por el FBI, cuyos agentes pretendieron ser funcionarios venezolanos para capturar a un científico nuclear que una vez trabajó en el laboratorio de Los Álamos y no tenía ninguna conexión con Venezuela.
Ese mismo día, la portavoz del Departamento de Estado, Jan Psaki, condenó la supuesta “criminalización de la disidencia política” en Venezuela, al ser consultado por un periodista acerca de la llegada del fugitivo general venezolano Antonio Rivero a Nueva York para pedir el apoyo del Comité de Trabajo de Naciones Unidas sobre la detención arbitraria. Rivero huyó de una orden de arresto en Venezuela después de su participación en protestas antigubernamentales violentas que causaron la muerte de más de 40 personas, en su mayoría partidarios del Gobierno y las fuerzas de seguridad del Estado, en febrero pasado. Su llegada a EE.UU. coincidió con Salazar, evidenciando un esfuerzo coordinado para debilitar a las Fuerzas Armadas de Venezuela, exponiendo públicamente a dos oficiales militares de alto perfil –ambos vinculados a Chávez- que se han volteado en contra de su Gobierno y están buscando activamente la intervención extranjera contra su propio país.
Estos ejemplos son sólo una parte de la creciente y sistemática cobertura negativa y distorsionada de la situación en Venezuela en los medios de comunicación estadounidenses, pintando una imagen exageradamente sombría de la situación actual del país y retratando al Gobierno como incompetente, dictatorial y criminal. Si bien este tipo de campaña mediática coordinada contra Venezuela no es nueva -los medios de comunicación constantemente proyectaron al presidente Hugo Chávez, elegido cuatro veces por una mayoría abrumadora, como un dictador tiránico que destruía al país– sin duda evidencia que se está intensificando claramente a un ritmo acelerado.
En otra parte de su análisis, Eva Golinger señala: “Venezuela está sufriendo de la caída repentina y dramática de los precios del petróleo. Su economía dependiente del petróleo ha sido afectada fuertemente y el Gobierno está tomando medidas para reorganizar el presupuesto y garantizar el acceso a bienes y servicios básicos, pero la gente todavía está experimentando dificultades. A diferencia de la representación triste en ‘The New York Times’, los venezolanos no se mueren de hambre, no están sin hogar o sufriendo del desempleo masivo, como Grecia y España han experimentado bajo las políticas de austeridad. A pesar de ciertas carencias -algunas causadas por los controles de divisas y otras por acaparamiento, sabotaje o contrabando- 95% de los venezolanos consumen tres comidas al día, una cantidad que se ha duplicado desde la década de los noventa. La tasa de desempleo no llega al 6% y la vivienda está subvencionada por el Estado.
Sin embargo, hacer a la economía venezolana “gritar” es sin duda una estrategia ejecutada por intereses extranjeros y sus contrapartes venezolanos, y es muy eficaz. Mientras la escasez continúa y el acceso a los dólares se vuelve cada vez más difícil, el caos y el pánico aumentan. Este descontento social está capitalizado por agencias de Estados Unidos y las fuerzas antigubernamentales en Venezuela que presionan por un cambio de régimen. Una estrategia muy similar fue utilizada en Chile para derrocar al presidente socialista Salvador Allende. Primero destruyeron la economía, produciendo descontento social, y luego los militares se activaron para derrocar a Allende, apoyados por Washington en cada etapa. Para que no olvidemos el resultado: una brutal dictadura encabezada por el general Augusto Pinochet que torturó, asesinó, desapareció y obligó al exilio a decenas de miles de personas. No es exactamente un modelo para replicar.
Este año, el presidente Obama aprobó un fondo especial del Departamento de Estado de 5 millones de dólares para apoyar a los grupos antigubernamentales en Venezuela. Además, la Fundación Nacional para la Democracia (NED) financia grupos de la oposición venezolana con más de 1,2 millones de dólares y apoya a los esfuerzos para socavar el Gobierno de Maduro. No hay duda de que millones de dólares más para el cambio de régimen en Venezuela están siendo canalizados a través de otros mecanismos que no están sujetos al escrutinio público.
El Correo del Orinoco, en su análisis sostuvo que Venezuela atraviesa un momento complicado, marcado no solamente por una baja en la obtención de divisas debido a la caída de los precios del petróleo, sino también por una serie de afectaciones en el ámbito económico que, según lo ha expresado el Ejecutivo, son producto de una conspiración nacional e internacional similar a la que se aplicó en Chile para acabar con el gobierno socialista que instauró Salvador Allende.
El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, aseguró que la Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) superó todas las expectativas y sirvió para recibir el apoyo de los 33 países que integran el bloque regional, en respaldo contundente a Venezuela, a la Revolución Bolivariana y al pueblo.
Resaltó que durante el desarrollo de la Celac varios presidentes y primeros ministros le manifestaron su apoyo: “Nos dijeron Maduro, cuídate, porque el plan viene de los Estados Unidos; cuídate, el plan es acabar contigo, con la Revolución Bolivariana. Quieren acabar también con la moral y la unión de cuadros fundamentales, que son un soporte fundamental de la Revolución, uno de ellos nuestro compañero Diosdado Cabello. Cada ataque lo que hace es unirnos más, somos hijos de Chávez y estamos resueltos a defender a la Patria y al pueblo”.
La Unasur también respaldó al Gobierno de Venezuela y rechazó enérgicamente los intentos golpistas al repudiar la injerencia extranjera y la campaña mediática mundial que apoya los procesos desestabilizadores al desinformas, manipular y distorsionar la realidad venezolana.
El Gobierno de Maduro tiene la suficiente energía y respaldo popular para defender a su pueblo y a su revolución situación que se constató en las marchas multitudinarias que respaldaron la detención y enjuiciamiento del alcalde de Caracas Antonio Ledezma, imputado como uno de los golpistas al ser uno de los líderes de la oposición derechista radical con tintes fascistas. Sin duda prevalecerá la paz social y fracasarán los golpistas auspiciados y apadrinados por el imperio.

TRIBUNAL DIGNIDAD, SOBERANÍA Y PAZ CONTRA LA GUERRA
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