SOLSTICIO DE INVIERNO: PRENDER EL FUEGO PARA AYUDAR A QUE EL SOL SIGUIERA SU CURSO 



LOS PRIMEROS HOMBRES SABÍAN LEER EL CIELO 



El cristianismo ha hecho un cortar- pegar con el revoltijo de todo lo que precede a las religiones. Me gusta especialmente el reciclaje de cultos paganos solares que saturan la religión de Cristo.

Los primeros hombres sabían leer el cielo, saben el eterno retorno de las cosas, el ciclo del día y la noche, así mismo de las estaciones. Las palabras hacen falta para decir lo que sabían, ellos entendían el mecanismo de los solsticios y equinoccios, y celebraban los grandes momentos cósmicos.

Con el cristianismo, el regreso de la estrella solar en el solsticio de invierno se convirtió en la Navidad. La memoria y los registros dicen que antiguamente se prendía el fuego para ayudar a que el sol siguiera su curso.

En el año 130, (E.C.) el Papa Telesforo decidió celebrar este acontecimiento, el 6 de enero. Pero los paganos siguen celebrando el 25 de diciembre, fecha del solsticio en el calendario juliano, que corresponde al nacimiento de Mitra, el dios del sol invicto.

Para hacer de la necesidad una virtud, la Iglesia renuncia a la fecha del 6 de enero y en el siglo cuarto, ella opta para el 25 de diciembre. Por lo tanto, capta ventajosamente la multitud de fanáticos fieles para su propia adoración.

Del mismo modo, el gallo se sienta encima de nuestros campanarios también toma nota del mismo reciclaje de la religión pagana del sol invicto: es el animal que da la bienvenida a la salida del sol con una canción que da la buena noticia a todo el mundo. Esta ave del alba es como una brújula, con ello nos estamos orientando, leemos y decodificamos el cielo y el espacio.

La misma lógica aplican en varios ritos cristianos, la Pascua, la construcción de la Catedral de Chartres en Francia, etc. etc., conforme con el pronunciamiento del filósofo francés contemporáneo Michel Onfray,

Marcelo Ordóñez es un hombre de cultura, maestro de danza contemporánea e insaciable buscador de nuevas expresiones artísticas y entre ellas encontró el Solsticio de Invierno que decidió celebrarlo y compartirlo al decir: Muchos de ustedes han pasado la experiencia asistiendo en otra ocasión a la conmemoración del Solsticio de Invierno.

Nuestro deseo al conmemorarlo en esta fecha 21 de diciembre, tiene un propósito simbólico, sin que pretendamos poner de manifiesto algún lineamiento, solo nuestra intención familiar es fijar un referente histórico para acercarnos a la verdadera historia.

La navidad ha llegado a su culminación comercial a nivel planetario, inmersa en una sociedad que es esencialmente consumista.

Entonces comenzaron algunas lecturas referenciales, luego intentaron efectuar el acto del fuego y finalmente todos estuvieron invitados todos a compartir, con este propósito de acercamiento a la tierra y a la naturaleza, sin dejarnos atrapar del subconsciente colectivo de las religiones, propiciaremos momentos de esparcimiento, decía Marcelo Ordóñez en su calidad de anfitrión.

Lo vital es encender el fuego interior para lo que se realiza la ceremonia del fuego. En el Solsticio de Invierno, el sol se ha alejado del hemisferio y la tierra se prepara para trabajar interiormente al igual que los seres humanos que aran la tierra para en los surcos abiertos depositar la semilla que se fructifica hasta que haya llegado el momento.

Los frutos de la cosecha anterior están siendo recogidos. Es el momento para seleccionar los mejores frutos, obtener sus semillas y volver a sembrar. Es el ciclo de la vida, es la Pacha Mama que se renueva a sí misma para alimentar a sus hijos: todos los seres vivos que mueren para dar paso a otras vidas en el incesante trajinar de los soles y las lunas, las lluvias y los vientos.

Análogamente es época de pensar en nuestros objetivos para el nuevo ciclo, conforme a la experiencia adquirida en un periodo de amor y solidaridad, explicaría Marcelo Ordóñez y añadía:

En nuestros genes, está el registro del estrecho lazo que se comparte con la naturaleza. Nuestros ancestros seguían el ritmo de la Tierra madre.

En la antigüedad las tribus guardaban la cosecha para alimentarse durante el invierno y entre ellos, se apoyaban para sobrevivir en una clara percepción de amor solidario.

Llegaba la nieve para cubrir la tierra y enfriaba las casas y helaba el rostro y las manos, mientras el fuego interior refulgía en rescoldos de grandeza para jamás renunciar a la vida. Como el invierno es frio, la tierra se toma un tiempo y, entre tanto, hay escaseces de alimentos, pero lo que había se compartía cuando los miembros de la tribu se congregaban en torno al fuego que abrigaba y al socaire del calor, en actos de ternura, convidaban lo que tenían: los frutos guardados celosamente en los días de soles.

Estos hechos, de tanto repetirse, se transformaron en una celebración y una ceremonia que alumbraron diversas expresiones culturales,

El fuego representa el sol momentáneamente alejado. Es también el elemento transformador de todo.

Pero ante todo y a pesar de todo es noche de solidaridad, de amor y de esperanza.

En esa noche especial se otorgaban obsequios que alimentan y cobijan del frio como lo hacían nuestros ancestros .Es el momento de compartir.

Llegaba el momento en que piensas en tus riquezas, tienes cualidades, virtudes, experiencias y valor.

Eres capaz de sonreír, de abrazar, de escuchar atentamente, de estimular, de motivar.

Es el momento de comenzar a dar algo de ti mismo, exclamaba Marcelo Ordóñez en tanto el fuego danzaba en piruetas imposibles.

El Solsticio es el fenómeno exacto en cuanto el sol alcanza su mayor o menor altura aparentemente en el cielo en sur ¬-23 grados 27 minutos con respecto al ecuador terrestre.

La palabra viene del latín SOLSTITIUM que se traduciría como sol quieto .La existencia de los solsticios está producida por la inclinación del eje de la Tierra sobre el plano de su órbita .El solsticio, en nuestro hemisferio, se produce entre el 21 y 22 de junio de cada año con una longitud del día máxima y entre el 21 y 22 de diciembre cuando la longitud del día y la latitud del sol son mínimas.

En el mundo precolombino, los cultos solares y lunares fueron parte importante de los ciclos agrarios, pero, en nuestra región también, se incluyó a los montes tutelares como el Taita Imbabura, dador de agua y, por esa razón, lagunas, cascadas, vertientes y árboles que pasaron a ser consideradas deidades. Ese culto aun sobrevive y se enriqueció con el aporte de otras culturas que, en su momento, fueron adversas.

En la cultura celta, la festividad del solsticio de Invierno recibirá el nombre de YULE. El Yule designa el momento en que la rueda del año está en su estado más bajo, preparada para subir de nuevo.

En Escandinavia existía una tradición de celebrar el Yule con bailes y fiestas. También se sacrificaba un cerdo en honor de Frey, dios del amor y la fertilidad que, según creencia, controlaba el tiempo y la lluvia.

Durante la fiesta de Yule era tradicional quemar el tronco de Yule, un largo tronco de árbol que iba ardiendo lentamente durante toda la temporada de celebraciones, en honor del nacimiento del nuevo Sol. De esa tradición proceden los pasteles en forma de tronco, que hoy en día se comen en Navidad como en Francia la búche de Noel.

EL CULTO DE LOS ARBOLES:

Los antiguos celtas creían que el Árbol representaba un poder y que ese poder protegía y ayudaba al árbol. Los bosques sagrados servían como templos a loa germanos .Para los galos, la encina era un árbol sagrado sobre el que los druidas, sacerdotes celtas, guardianes de la tradición, recogían el muérdago siguiendo un rito sagrado.

Esta tradición copiada y heredada a través de los siglos sirvió de inspiración para el actual árbol de Navidad. La Navidad, tal como la conocemos hoy en día, se basa en la tradición religiosa del nacimiento de Jesús, la visita de los reyes magos y los milagros hechos por Santa Claus o San Nicolás. Sin embargo, las fiestas navideñas solo se empezaron a celebrar a partir de la Edad Media. Fueron los papas de aquella época quienes fijaron la fecha del 25 de diciembre, precisamente para que los fieles prestasen menos atención a las fiestas paganas del Solsticio de Invierno y más a las celebraciones religiosas.

En los rituales antiguos de la vieja Europa, la casa debe estar decorada con ramas de muérdago, de pino, de abeto y acebo, colgados en las paredes o el techo Coronas y guirnaldas con cintas atadas en papel dorado eran los adornos de esas épocas. Cada región tuvo sus colores: rojo y amarillo en occitano.

Sobre una tabla se colocaban tres velas simbólicas encendidas

El padre encendió la vela roja diciendo: "Enciendo esta llama en recuerdo de los muertos de la familia que nos han precedido en esta tierra, y sin los cuales no seríamos lo que somos."

La madre encendía la vela azul, diciendo: "Enciendo esta llama testimonio de fidelidad a todos los amigos y familiares ausentes."

La persona más vieja encendía la vela verde diciendo: "Enciendo esta llama en la esperanza de que todos los niños nacidos en nuestra comunidad reciban, la perpetuidad del calor del sol."

Luego llega la hora de la comida

Cuando la comida terminaba, el padre elegía un pedazo de madera (Catsaou en Gascuña) decorado por la esposa con hojas de acebo, el abeto y el muérdago, rodeando de cintas de colores. Deseos o símbolos pueden ser grabados en este tronco de leña justo antes de ser colocado en el fuego.

El niño más pequeño rocía agua ardiente sobre la leña. El mayor de los niños, pone el tronco en la leña y enciende el fuego con una antorcha que fue guardada del solsticio de verano anterior.

Todo el mundo puede tirar al fuego deseos escritos en un papel o hacer una promesa, un juramento. El resto de la noche se permanece alrededor del fuego jugando, contando historias, cuentos, relatos y pensamientos.

A media noche, la madre enciende una nueva vela, símbolo del año nuevo y el renacimiento de la luz: " Encendí la primera llama del año, que ilumina de su luz y su alegría a todos los miembros de nuestra familia en el año 2015 que viene”. La luz del fuego y la luz de las velas iluminan la noche vieja hasta cuando llega el primer día del nuevo año y el Solsticio de Invierno permanece impávido para avisar la venida de otros tiempos, con otros soles que inflarán a la madre tierra, aquí, allá, en todas partes.

El grupo invitado comparte los textos, dicen sus pensamientos, afloran los sentimientos y, tal vez, una lágrima furtiva brilla con el reflejo del fuego encendido.

Los asistentes, darán una apreciación de su propia interpretación del significado del Solsticio con absoluta libertad participativa

- Todo el grupo se desplazara hacia una fogata, se prenderá el fuego según la tradición: en la rama de la última ceremonia o Catsao. Los más valientes podrán saltar encima de la llama y los anfitriones brindaran la garbure.

Hay que saber que la Garbure es un plato fuerte. Es una sopa campesina bearnaise – gascon, (del sur oeste de Francia) Ese plato da calor al cuerpo y al corazón .Es una comida completa. Se dice que con una garbure y un pastis (pastel de la provincia de los landes) uno se va a dormir contento y feliz.

Y la ceremonia continúa hasta el amanecer o hasta que el cansancio cierre los ojos para abrirlos cuando el sol renazca para seguir su curso hasta la eternidad porque el Solsticio de Invierno sólo es un momento de bajada en su viaje, pero suficiente para que la ceremonia quede en la pupila y en la memoria de los privilegiados asistentes


MO y RSP