LA LEGISLACION EN TIEMPOS DE REVOLUCION CIUDADANA 



EN ESTOS OCHO AÑOS LAS FUERZAS PRODUCTIVAS SE HAN CONDUCIDO DESDE EL GOBIERNO 



José Luis Luna Gaibor
La interacción entre fuerza productivas y relaciones de producción configuran la estructura económica, la misma que se evidencia en lo que Marx denominó la superestructura económica.
En estos 8 años las fuerzas productivas se han conducido desde el Gobierno quien ha manejado casi todos los mecanismos de la producción desde el Estado, entendiéndose por tal, no a la sociedad en su conjunto que forma la Nación, sino a las diversas áreas que gobiernan el país: el ejecutivo, los gobiernos seccionales y aún los gobiernos autónomos descentralizados –GAD-.
De a poco, pero con pasos muy rápidos y en un lapso muy pequeño, el estatismo captó todo aquello que puede ser considerado como fuerzas productivas. La capitalización de la obra pública y su multiplicación, la que a su vez por medio de sus ejecutores, genera empleo, así como la distribución de dinero, todo ello, gracias a la nunca concebida alza en los precios del petróleo.
De lo dicho, se puede colegir que las relaciones de producción se fincan en la polarización del Estado, la centralización de la obra pública y sus intereses hacia la población, bien dotándole de servicios, bien ocupando su mano de obra, bien pagando los onerosos subsidios; entre tantos y tantos mecanismos que tiene el Estado para captar en su entorno el cada vez más voluminoso Estado, dejando a la iniciativa y desarrollo privado los mecanismos que tradicionalmente se encontraban bajo su control, y más aun mermándolos en muchos espacios como sucede con los canales de televisión que fueron incautados, la captación y entrega de las frecuencias de radio o el manejo de la actividad de las aseguradoras, o la actividad de la construcción, como es el caso de obras civiles y urbanas asignadas al Cuerpo de Ingenieros del Ejército, como la construcción de puentes, aeropuertos o la ampliación o nuevo edificio de la Contraloría General del Estado.
La exteriorización de la estructura económica, decía Marx, se evidencia por medio de la superestructura económica que son los hechos y elementos tangibles que la sociedad advierte sobre el momento económico que vive, así pues, la literatura, la moda, la cultura, son evidencias o consecuencias de esa superestructura económica.
La camisa bordada y el traje o vestido informal que usan las principales autoridades que rigen los destinos del país, De la Banana Republik a la No Republik, el avión privado para los desplazamientos presidenciales, las canchas sintéticas de indorfútbol en la Amazonía, son pocos ejemplos de esas evidencias. .
Quien luego de formar una sociedad que gira en torno al pensamiento de la revolución ciudadana, es obvio que por salud hacia su modelo de gestión y con miras a perennizarlo en el tiempo, ha de introducir en esa sociedad el elemento más importante que es el hilo conductor de entre los miembros de la misma. La legislación y su modo de aplicarla.
En suma, las leyes y los juzgadores.
Ante una mayoría legislativa que busca mantener el estatus quo, porque me supongo –según su entender- todo es perfecto, y hemos llegado al Nirvana. En consecuencia hay que poner cerrojos a esta dicha y perfección.
La mejor y única manera de hacerlo es formando y limitando la conducta de los asociados. Las leyes
Así entendidas las cosas, veamos como las leyes que hacen del Estado un ente controlador, se han dictado fácil y rápidamente desde que la mayoría casi absoluta se encuentra en manos de Alianza País.
Nadie nos puede decir que la Ley de Comunicación, no es una norma de control y de represión al libre pensador y al comunicador social.
Nadie nos puede decir que el Código Orgánico Integral Penal, no es un mecanismo legal de represión y de control de todas las actividades humanas, mezclando los delitos, que deben ser reprimidos, con aquellas conductas fortuitas que no contienen dolo o aquellas que no hace otra cosa que exteriorizar una forma de pensar y que, para el ríspido Fiscal, puede ser un atentado contra la integridad del Estado.
No hay actividad humana que no se encuentre controlada y fiscalizada, no de otra forma se ha de entender que todas aquellas normas que contienen mecanismos de control sean, ahora Leyes Orgánicas, es decir de una superior jerarquía y que por lo mismo se encuentran sobre las generales que devienen en de menor rango y jerarquía.
En el lenguaje castellano hay un viejo dicho que se ha vuelto muy particular en el Ecuador –Hecha la Ley, hecha la trampa- y, efectivamente a lo largo de nuestra historia y en épocas de un solo pensamiento, el ciudadano de a pie, siempre ha buscado una salida o un escape a aquellas medias opresoras; y, el resquicio siempre existió. Ora porque legalmente había una salida, ora porque judicialmente podía ser cuestionada. Incluso hasta hace poco la constitucional Acción de Protección estaba vigente, porque los jueces la aplicaban. Ahora, un juez corre el serio riesgo de ser destituido si acepta una acción o recurso de protección. Ejemplos hay múltiples y con nombres y apellidos, y que no escapan miramientos, sean Ministros de la Corte Nacional de Justicia, o jueces de instancia.
En este punto llegamos al momento en que el círculo se cierra. En efecto, a más de que existe una legislación que es controladora, estatizante y punitiva, existe una Función Judicial que es sumisa y por ende condescendiente al poder. Veamos pues, como en la propaganda, eficiente por la masificación que ella, gracias a sus propios méritos ha logrado, y que nos deslumbra con un país de maravillas y alcances nunca soñados, y que con la frecuencia que otros hechos deberían tener, se dice el Concejo de la Judicatura, “Hacemos de la justicia nuestra práctica diaria”. Sin embargo de esa afirmación que está muy bien para la propaganda partidista, todos conocemos que ese, el Consejo de la Judicatura, es el órgano administrativo y de control disciplinario de la Función Judicial. Por lo mismo ese órgano de la Función Judicial, no es el que administra justicia, por lo mismo no dicta sentencias. Por el contrario, dada su naturaleza, él debe encontrarse muy aislado de la administración de justicia, es decir de los fallos que dicten los jueces, quienes , por la frase sacramental que ahora forma parte de la sentencia, se encuentran investidos de la Autoridad del Pueblo Soberano.
Y ya que abordamos este tema, no es de extrañarse que el Consejo de la Judicatura, inicie sumarios administrativos disciplinarios por las sentencias que dictan los jueces, cuando a criterio de su Suprema investidura deben hacerlo, dejando a un lado la independencia de los jueces y a su interna convicción sobre sus fallos.
Ello forma parte de la legislación en tiempos de revolución ciudadana; y, precisamente bajo el amparo de la Ley Orgánica de la Función Judicial.
Es la superestructura económica de los tiempos que vivimos.