LA CIUDAD CON METÁSTASIS: QUITO 



EL CRECIMIENTO DE QUITO ES DESCONCERTANTE Y ALARMANTE 



Jorge Benavides Solís1
I
Cada cuatro o seis años he vuelto a la ciudad donde nací, estudié con los jesuitas en el
colegio San Gabriel y en la Universidad Central. Después de graduarme fui a Madrid a sacar el doctorado y luego a Italia. Me quedé en Roma trabajando durante cinco años. Ahora vivo en Sevilla como Profesor Titular de Universidad de Urbanística y Ordenación del Territorio (en concurso nacional por oposición y merecimientos). En esa condición he tenido que viajar, conocer, estudiar, leer y publicar libros, ponencias y artículos, incluso en los principales diarios de España. Con dos nacionalidades a cuestas y una Patria: San Gabriel -ojalá siga siendo uno de los pueblos más bonitos del Ecuador –, como se decía antes, me hallo en Sevilla, una de las ciudades más hermosas del mundo que, entre otros tesoros, guarda en el Archivo General de Indias todos los documentos administrativos de los cuatrocientos años de nuestra historia colonial y una de las dos bibliotecas más importantes del mundo sobre América la desunida y parte de la de los estados unidos (Texas, California, Florida). Esta desacostumbrada introducción sólo trata de dar alguna referencia a mis opiniones. Carece de ambiciones de todo género .
En la Historia del Urbanismo (desde hace 7000 años) o de la Urbanística (dese hace 150
años), no se encuentra casos semejantes a los acelerados procesos de expansión de las ciudades hispanoamericanas. En Quito, en los últimos veinte y cinco años se ha construido un asentamiento humano, en su mayor parte disperso sobre el territorio (¿urbano?), de un millón de habitantes. Es un hecho desconcertante y si se prefiere, alarmante: ¿Por qué, cómo, dónde, con qué características, con qué recursos, con qué normativa, bajo qué procedimientos? ¿Con cuáles resultados? ¿A toda esa extensión urbana le basta estar mimetizada con la ciudad legal y convencional para decir que también es ciudad cuando un alto porcentaje no dispone ni dispondrá de servicios básicos dentro de un plazo previsible? ¿Es legal, ilegal, paralegal? ¿Qué hacer para convertirla en ciudad con derechos y deberes ciudadanos?
La ONU llamó la atención al mundo: a partir de 2008, 1 de cada 2 personas del planeta ya
Habitaba en núcleos urbanos (en Ecuador sólo 4 de cada 10 se han quedado haciendo maletas en el campo). Esta realidad cuantitativa llevó a los Organismos Internacionales a establecer nuevas tipologías urbanas: mega-ciudades (a partir de 15 millones de habitantes), regiones urbanas (unión de varias ciudades grandes existentes) y corredores urbanos (centenares de kilómetros de longitud).
Habría que añadir una tipología más que toma en cuenta aspectos cualitativos: la ciudad con
metástasis, por ejemplo, Quito. Porque hace falta estudiar las tipologías que además de la extensión y del número de habitantes, tomen en cuenta: la ubicación, las singularidades de cada región, la historia, las condiciones y las formas de relacionarse con el entorno, el nivel de desarrollo, la calidad de vida y hasta el índice de felicidad con el cual ya se trata de comprender mejor la realidad. Ésta no es solamente lo que se ve sino, también es aquello intangible. El habitante de Calcuta (India) es diferente al de una ciudad andina (Quito) o al de Europa (Madrid) o al de África (Lagos): piensa, come, siente, festeja, baila, escucha música y se relaciona con los demás de diferente manera. Estas singularidades corresponden a sociedades que acumulan, desarrollan y generan la cultura de manera diferente además usan el espacio público de manera diferenciada; por lo tanto, los procesos de expansión de las ciudades son distintos. Llegan a resultados y productos perfectamente caracterizados. La ciudad es lo que la sociedad es.
Quito hasta antes de haberse iniciado la etapa de exportación del petróleo (1972) más allá de las ordenanzas, crecía de manera Contigua, Continua y por lo tanto, Compacta. Levantando una casa contigua, junto a otra se obtenía continuidad del tejido urbano lo cual daba como resultado final una ciudad compacta, diferenciada en forma clara del campo y con bordes reconocibles. Es así como surgió la ciudad que yo llamo de las 3C.
Como consecuencia de la cuarta revolución industrial y del capitalismo globalizado comenzó a generarse el otro Quito, la ciudad que yo llamo de las 4D: Distinta a la anterior, Dispersa (con indiscriminada ocupación del suelo), Depredadora (pérdida de la biodiversidad) y Despilfarradora de los recursos naturales no renovables que son precisamente los 4 elementos de la vida (constan en el horóscopo): tierra (suelo), agua, aire y fuego (energía, petróleo).
La actual forma voraz y absurda de consumir el suelo en Quito llega a niveles que llevarán al desastre y al Colapso (ver libro con ese nombre). Por lo pronto ya se ha esterilizado y se han reducido las manifestaciones de la biodiversidad. La mayor parte de los amplios valles orientales está cubierta con casas, cemento y asfalto. El suelo ya no absorbe agua y con ello, se ha alterado el ciclo natural del medio ambiente y de la vida. Es la manera irracional de consumir con intensidad la naturaleza y de despilfarrar los recursos naturales.
Es absurdo, definitivamente insostenible, construir ciudad con densidades de menos de
viviendas/Hectárea como se está haciendo en las lomas de Quito, en el fecundo valle de los Chillos y en Turubamba, otro valle cuya capa vegetal es una de las de mayor espesor del fértil del callejón interandino. Por eso se instaló allí la Estación Experimental Santa Catalina (INIAP). Si fuera a visitarla, seguramente la encontraré rodeada de casas y fraccionamientos parcelarios con la pretensión de ser residenciales o de un suelo con actividad especulativa antes que productiva.
Resulta imposible resumir en un solo artículo de periódico el tremendo impacto que me ha dado la ciudad con metástasis. ¿Qué hacer para atenuar su proceso patológico de expansión?

QUITO. EL PROCESO PATOLÓGICO DE EXPANSIÓN

Los quiteños permanecen auto secuestrados al menos 45 días al año. En el Seminario Internacional sobre Ordenación del Territorio y Planeamiento Urbano realizado el pasado octubre en Portoviejo con el auspicio del gobierno provincial, el investigador colombiano de origen griego Arq. Ioannis Alexiou dijo que el 60% de los 1.587 km² de Bogotá, 7.363.782 habitantes (censo 2010), correspondía a los asentamientos humanos llamados informales, ilegales o de invasión y que, si se mantiene el actual proceso de ocupación del suelo, se prevé que en 15 años, la enorme y fértil sabana de Bogotá quedará para siempre esterilizada. Será cubierta completamente de casas, asfalto y cemento. Por lo pronto se está reduciendo el área de cultivo de flores para la exportación. Guardando las proporciones, en Quito (extensión 423,0 Km², censo del 2010, 2.385.605 habitantes) sucederá algo equivalente. Son ejemplos representativos de cuanto sucede en todas las capitales panamericanas, una situación insostenible. Para comprobarlo basta sobrevolarlas.
La ciudad formal o legal, equivale a menos de la mitad del total de la ciudad; quiere decir que 1 de cada 2 de sus habitantes de Quito vive en condiciones precarias, difíciles de superar sin la intervención del estado, sin una política demográfica, sin Universidades en las que se investigue y se enseñe a intervenir en estas partes de la ciudad, sin una Ley del Suelo y sin un Plan de Ordenamiento del Territorio ni un Plan de Ordenamiento Urbano acorde con la realidad local. El problema se agudizará cada vez más con las negativas consecuencias que se aprecian en otras ciudades hispanoamericanas: ocupación del territorio con baja densidad de vivienda, carencia de servicios básicos, insuficientes sistemas de movilidad, baja velocidad de circulación, saturación del sistema principal de vías, alto índice de contaminación del aire, aumento de la inseguridad ciudadana, de la delincuencia, de las bandas juveniles, de la agresividad, en suma, alejamiento del “buen vivir”, fin principal del gobierno. Ese ha sido el proceso y la experiencia en otras ciudades.
Esta realidad obliga a ser considerada como consecuencia y constatación del fracaso del
sistema económico adoptado por los ecuatorianos, de los alcaldes elegidos por los quiteños, de los planes urbanísticos, de la ausencia de un marco jurídico (todavía no existe una Ley del Suelo) y de la insuficiente capacitación con la que salen los profesionales de la universidad; a todo ello se suma la ausencia de un sistema de gobierno interactivo (políticos – sociedad) proactivo y propositivo, no unidireccional sino bidireccional
Construir ciudad es construir sociedad. ¿El Quito contemporáneo periférico es el que merecen los quiteños? La ciudadanía no se genera a través de la acumulación de derechos porque se paga o no los impuestos; se debería generar también por la asunción y el cumplimiento de deberes.
El deber obliga a tomar en cuenta al otro, a los demás, a la sociedad, a la ciudad; el derecho no debería entenderse como dádiva electoral sino como consecuencia vinculada al deber cumplido. Lo dicho es de sentido común, en apariencia fácil y lógico de asumir pero, difícil de hacerlo realidad; por eso digo que la ciudad que tenemos de alguna manera es la constatación de un fracaso urbano anunciado: físico, social y político. Ventajosamente tiene remedio. Cuanto antes se establezca una política de gobierno para atenuar la expansión urbana, mejor.
Podría argumentarse que de todas formas, el Quito actual con respecto al de años atrás ha mejorado. En parte es cierto. Lo conseguido en el Centro Histórico sin duda es positivo más allá de su exagerada tercialización pero en los bordes de la ciudad y en su periferia, no cabe hablar de desarrollo porque allí se están reproduciendo de manera perniciosa, procesos y procedimientos negativos empleados hace décadas.
Si ahora 4 de cada 10 ecuatorianos residen en el campo ¿Qué sucederá cuando apenas
queden 2 o ninguno? ¿Quiénes producirán los alimentos? Un taxista con mucho sentido común me dijo: terminaremos en la situación de los venezolanos, el dinero del petróleo les sirve sólo para importar alimentos porque ya no saben trabajar la tierra. Desde hace décadas Ecuador importa leche y el 90% del trigo que consume. Al mismo tiempo, siendo la ciudad sobre todo un centro de consumo, ¿en qué trabajarán los campesinos que deciden hacerse urbanitas? ¿Cómo conseguir que el proceso de adaptación no sea traumático? ¿Qué modelo de ciudad tiene en mente el actual Ayuntamiento?
La ciudad tal como se está expandiendo y funcionando resulta hostil, des-acogedora, fea y, sobre todo ineficiente: los habitantes de Quito permanecen encerrados en los medios de transporte, el equivalente de al menos 45 días al año; tiempo que podían dedicar a su familia, a sus amigos o a una actividad productiva. A ello habría que sumar la pérdida de muchos millones de horas de trabajo y el permanente desasosiego de la gente.

QUITO 56 KILÓMETROS DE LARGO.

Los Planes de Ordenación Urbanística en Quito, contrariando a sus elementales objetivos, dan la impresión de ser y de haber sido solamente guías para la especulación inmobiliaria, útiles también para legitimar y legalizar las descontroladas iniciativas empresariales que con el pretexto de dinamizar la economía y de aportar modernidad, construyen priorizando sus intereses, obviando su responsabilidad ética y estética frente a la ciudad. Y con el sistema económico vigente, es difícil que lo hagan como deberían, si el Concejo Municipal en persona del Alcalde, no tiene idea ni voluntad de control, menos todavía cuando la poca ciudadanía antaño reconocida como quiteñidad (amor a la
ciudad) representada por la Sociedad Amigos de Quito, se ha diluido de manera aparentemente irreversible debido:
a) Al intenso proceso de crecimiento poblacional (diariamente llegan más de 600 nuevos habitantes). b) A la insostenible expansión que continua esterilizando suelo con densidades menores a 20 viv/Ha. c) A la forma urbana generada a lo largo de los 56 Km que hay entre Tambillo y Calderón; lo cual supone 4 horas para llegar en autobús de uno a otro de los puntos extremos de la ciudad. d) A la ausencia de una opinión pública y publicada. Hace varios años, el periódico principal tenía una página de Arquitectura y de Urbanismo, varios arquitectos y periodista publicaban sus opiniones sobre el estado y los proyectos que de alguna manera frenaban la intervención urbanística irrespetuosa y orientaban a los ciudadanos. Al respecto, ojalá se recuerde y se haya hecho un homenaje a Don Cesar Larrea y e) por la débil cuando no ambigua forma de ejercer y de construir la ciudadanía desde el gobierno.
No conozco otra capital de país iberoamericano conformada con estas características. Difícil de gobernar y de controlar si no se tiene al menos un modelo referencial para intervenir en los factores señalados, ni tampoco los instrumentos adecuados de disciplina urbanística. Los impulsos desesperados de buscar soluciones en la modernidad, con frecuencia empujan a empezar la casa por las ventanas: ya está en pie la estructura de hormigón de la terminal del futuro Metro cuando aún no está financiado y por lo tanto, todavía no se sabe el día en que empezará a funcionar.
Solamente el Casco Antiguo o Colonial (fines del siglo XIX), ni siquiera el Centro Histórico que incluye los ensanches de la América y la Mariscal del primer cuarto del siglo XX, se ha librado de las catastróficas alteraciones del tejido urbano que tenían una notable homogeneidad predominante. La Mariscal hace mucho tiempo dejó de ser el barrio residencial de la gente bien; la mayor parte de sus chalets cuando no han desaparecido, estén o no protegidos por la Ley de Patrimonio, se han convertido en chiringuitos impersonales con aspecto provisional de pueblo, dedicados a usos no previstos en un inexistente Plan de Protección: discotecas, restaurantes, hostales, y tiendas.
También en otras partes de la ciudad. Basta observar las diferentes avenidas: la 10 de Agosto y la Avenida de la Prensa se encuentran absolutamente deterioradas y desaprovechadas dice un arquitecto profesor universitario. Pese a ser la verdadera columna vertebral de la ciudad por donde circulan las principales líneas de transporte, es decir que cuentan con buenos servicios públicos, tienen numerosas parcelas vacías y muchas edificaciones precarias, pueblerinas, de una planta que la afean y atentan en contra de la economía de la ciudad porque la inversión municipal en infraestructuras y servicios no ha tenido ni tiene rentabilidad social ni económica. Su capacidad urbana está subutilizada. Su ancho tiene la posibilidad de soportar un índice de edificabilidad alto.
Estas avenidas piden a gritos una intervención urbanística. Ayudaría a controlar y cambiar de dirección el crecimiento dirigido sobre todo por los intereses lucrativos particulares, con seguridad muchos de ellos, en la era del capitalismo globalizado, extranjeros cuya presencia se nota en la calle El Salvador: sobre parcelas de dimensiones destinadas a un previsto uso residencial, sin preocuparse de cambiar su tipo, con igual soltura se han levantado bloques altos de quince, de diez o de siete plantas incluso con retiros laterales, sin haber cedido como es elemental en estos casos, ni un solo metro cuadrado de suelo para espacios públicos ni para equipamientos sociales. Los bloques de oficinas con espejos hacia el exterior parecen rememorar aquel comportamiento criticado a los conquistadores cuando llegaron a América. Podría estar en cualquier ciudad que carece de historia, pero tiene una cultura apegada al deificado mercado: todo está destinado al consumo.
La justificación para haber permitido la construcción de torres con uso del suelo terciario se parece en mucho a los comportamientos que se utilizan en los barrios de invasión en los cuales, con frecuencia hay que derribar precarias viviendas porque tampoco dejan espacios libres para los equipamientos públicos.
A toda esta realidad hay que sumar la falta de ordenanzas con normas con referencia a la estética de los edificios pues, de alguna manera deberían ser tratados como arte público que son, como decía Bruno Zevi. Se evitaría así las formalidades frikis o kitsch, las alturas discrecionales, las desproporciones, en suma, se evitaría la basura estética.
La parte contemporánea de las ciudades es fea, desagradable cuando no inhóspita. Todo lo contrario a los centros históricos.

QUITO. ¿DÓNDE VA?

No es posible imaginar qué habría sido del Quito legal sin el Plan Regulador (1942-1944) redactado bajo los principios de la Carta de Atenas por el Arquitecto uruguayo Jones Odriozola. Su sistema general de vías lo asumieron los cuatro Planes posteriores; por eso durante cincuenta años se lo ejecutó entre La Magdalena y Cotocollao. Ahora la ciudad se ha expandido varios kilómetros más. Prevén el Alcalde y sus asesores ¿hasta dónde llegará? Desde entonces se ha priorizado las demandas de la ciudad funcional (zonificación, vías, movilidad) frente a un modelo de ciudad sostenible en su significado original según el Informe de Naciones Unidas (1987), es decir, con responsabilidad de todos en el consumo de los recursos naturales no renovables” para hacer más propicia una mejor calidad de vida.
El equívoco del Planeamiento en Quito ha sido importar y adaptar modelos urbanos para encajar en ellos la realidad urbana local, en lugar de hacer todo lo contrario, o sea, determinar el modelo a partir de la ciudad real conformada en más de su 50%, por asentamientos humanos periféricos, informales, de invasión o ilegales poblados por ex campesinos y en el restante, por la ciudad legal, en una parte expandida a partir del centro de forma continua y en otra, de manera distinta, dispersa, depredadora y derrochadora, ciudad que denomino de las 4D; en suma, con metástasis urbana, insostenible. A nadie se le ocurriría eliminar la capa de asfalto, cemento y ladrillo con la que se ha esterilizado los valles aledaños a Quito para cultivarlos nuevamente. El suelo es un recurso natural no renovable. El agua, el aire y los combustibles fósiles son los otros. ¿Qué pasará cuando -pronto- Ecuador deje de exportar petróleo?
En Quito se está permitiendo edificar con densidades menores a 20 viv/Ha, utilizadas ya sea en las urbanizaciones cerradas (exclusivas) o en los asentamientos periféricos. No favorecen la construcción de la ciudadanía (deberes de los habitantes con la ciudad), eliminan la posibilidad de los equipamientos de cercanía e incluso del transporte público. De este modo se estimula el individualismo egoísta, los grandes centros comerciales y sobre todo, se hace imprescindible el uso del automóvil con todas sus consecuencias que lleva aparejadas: saturación de las vías, circulación vehicular con baja velocidad, exagerado consumo de petróleo, contaminación del aíre, alteración del
microclima, pérdida de millones de horas de trabajo, generación de condiciones de estrés perjudiciales para la salud.
El automóvil es un símbolo mundial de estatus, un objeto útil pero absurdo: gasta más
combustible para movilizar su propio peso (1200 Kg) que para llevar pasajeros; si es uno solo 70 Kg y si son 4, apenas 300 Kg; devora todos los espacios: calles, plazas, parcelas vacías y aparcamientos; además consume 2 veces la energía que un autobús.
5 Sólo el 65% de las personas que vive en la capital nació en Quito. Los migrantes llegaron en los años 60 y 70. Nacidos en el exterior, 728.634 nacidos Fuera de Quito, 1.459.442 nacidos en Quito. Total: 2.242.615. En las décadas posteriores el índice seguramente aumentó debido al crecimiento económico de Quito a partir de la primera exportación del petróleo, el crecimiento de la administración pública, etc. de tal forma que el porcentaje estimado correspondiente a la ciudad marginal no es exagerado. Resulta similar al de Bogotá.
Lo tienen comprobado en la ciudad de Los Ángeles: entre más congestión vehicular, más autopistas se construye; sin embargo la velocidad promedio de circulación es cada vez menor. Hace 5 años era 14 Km/hora, actualmente es 11 Km/hora, El problema se agudiza porque el transporte público allá es casi inexistente pues, no es rentable debido a las bajas densidades. En las ciudades europeas la situación es distinta. En Quito, el trole, debido al crecimiento de la población fue una solución pero resulta insuficiente a las horas punta en las cuales, con las vías colapsadas, da igual cualquiera de las alternativas: taxi, trole o autobús porque circulan a similares bajas velocidades.
Además del pico y placa bien podría implementarse otro viejo artificio: la circulación prioritaria para los automóviles que van al menos con tres personas.
La incomodidad del tráfico no es la única que soporta Quito. Otra, es consecuencia de haber entregado la ciudad al mercado de todo tipo, formal e informal, éste, difícil de eliminar: ¿cómo pueden sobrevivir honradamente los 604 ex campesinos (nuevos pobladores) que llegan todos los días del año a sobrevivir en esta ciudad? Aprenden a vender en aceras, espacios públicos y hasta en el trole y los autobuses, coetáneamente se convierten en consumidores, fin último de la sociedad en la que vivimos. El monto del dinero circulante les ayuda; parece alto. Nadie les enseña, les orienta o les ayuda a producir. Tampoco cuando vivían en el campo.
La proyección de los índices de crecimiento de la población mundial hecha por la ONU para los próximos diez años, en Ecuador ya es una realidad: 6 de cada 10 ecuatorianos se asientan en núcleos urbanos. En la costa “montubios” y en la sierra en su mayoría aborígenes, por imperativo del mercado y por necesidad, se han hecho urbanitas. Para integrarse se nota que han debido renunciar a sus signos de identidad: forma de vestir, de comer, de relacionarse e incluso de hablar. Todo lo suyo resulta más difícil y caro encontrar: trabajo, amigos, anacos, ponchos, blusas que los confeccionaban en su casa o en su aldea. Mantener sus rasgos de identidad cultural en la gran ciudad que, se les presenta como un magma informe de brutal fuerza, le resulta casi imposible. Sin embargo, la política del gobierno parece ignorar esta situación. Convendría adoptar una política cultural, demográfica y urbana.
La ciudad funcional se ha hecho ineficiente. Es indispensable definir otro modelo confiando en los técnicos cultos, bien informados, con buenas ideas pero apaciguadas por el pragmatismo y la experiencia. Por su parte, convendría que los políticos se informaran y conocieran más para reflexionar y dar soluciones a la realidad local y concreta.

QUITO. EL CRECIMIENTO Y EL PROGRESO SON DISTINTOS.

Si en Ecuador se observa el estado de las ciudades, la arquitectura, el patrimonio cultural y luego se comparte lo observado, se corre el peligro de que aparezca como una crítica o se convierta, sin quererlo en una denuncia, identificando al autor automáticamente como una persona contraria al político o al gestor de turno. Al menos esa es mi percepción e incluso mi experiencia. Ninguna razón lo justifica.
Un ecuatoriano residente en el extranjero que no vuelve con frecuencia a la tierra, por una parte, aprecia más que quienes viven aquí los cambios, las transformaciones y, por otra, no puede obviar el deseo de verificar cuanto se dice y se difunde que se ha hecho en el país. En cualquier caso, con el presente texto, se trata de compartir impresiones e ideas. Si éstas resultan útiles o de interés general, mejor.
Entre las primeras constataciones es necesario reconocer que el país ha crecido pero no se ha desarrollado en similar proporción. El crecimiento supone cantidades; en cambio el desarrollo tiene vinculaciones con la cultura, hace referencia a las cualidades de la sociedad, a las características y a otros factores, algunos intangibles cercanos a la identidad cultural.
El número de habitantes tanto del país como de Quito ha aumentado mucho, la capital en veinticinco años ha multiplicado por mil el número de taxis, ha duplicado su población y conforme pase el tiempo el índice de crecimiento, sin lugar a dudas seguirá aumentando debido al menos a dos motivos visibles: la falta de una política estatal de control demográfico y el proceso descontrolado de abandono del campo en el que quedan apenas 3 de cada 10 ecuatorianos. Este fenómeno comenzó a hacerse visible a partir de los años setenta. Pronto nos pareceremos a Venezuela donde de cada 10 solamente, estadísticamente, menos de 1 queda en el campo ¿la escasez de alimentos allá no se deberá a esta razón? En suma, Quito ha crecido y se ha expandido de una manera descontrolada pero, ¿ha progresado?
Se podría decir que sí: ¿Porque es notable el número de celulares en manos de jóvenes de todos los estratos sociales así como de locutorios y de salones de belleza?, ¿por el aumento de las narices rectificadas, de las caras indiscriminadamente maquilladas, de las fruterías (la mayor parte con frutas importadas? ¿Por la presencia de grandes palacios de consumo de pollo de todas las marcas antes inexistentes? Se podría argumentar que ha progresado porque se han prohibido palabras y expresiones y, a cambio se ha introducido el uso de frases eufemísticas de términos (“país multiétnico”, “movilidad humana”), de palabras con significados ambiguos cuando no absurdos: “¿me ayuda con su cédula?” “yo soy de la etnia mestiza”. Me ha sorprendido ver el registro racista del censo de la población.
Cómo explicar el desarrollo si ahora hay muchas universidades pero los intelectuales ya no contribuyen como antes a la construcción de una opinión pública ni de un pensamiento crítico activo; si los 12.000 arquitectos degustan el silencio; si los artistas plásticos jóvenes y consagrados son los mismos que antaño, si la biblioteca nacional es poco frecuentada y tiene un catálogo escaso y desactualizado; si se sigue escuchando los mismos pasillos que los bisabuelos, si el baile folklórico institucionalizado no ha conseguido librarse del tópico vestido y del paso inventado en los años sesena. ¿Se puede decir que se ha progresado porque ahora se celebra las fiestas de Quito con la
presencia de un cantante inglés? Es verdad que después de una ingente inversión indiscriminadamente, se han “registrado 120.00 bienes patrimoniales” aunque el Catálogo no desarrollado en la web, apenas incluye 14.766 inmuebles; pero si se pasea por la Mariscal, el Barrio Larrea, La Floresta o la Colón, fundamentales para comprender el inicio moderno de la especulación inmobiliaria en la primera década del siglo XX, se verá numerosas casas con interés cultural: derribadas para hacer sitio a los bloques sin identidad, en estado de ruina o alteradas completamente a favor de los chiringuitos turísticos.
Antes aunque débil había una opinión pública defensora de la quiteñidad en contra de estos desaguisados. Ahora no y, como quienes pueden opinar están en la administración, estimulan el silencio. Sé que Quito no es solamente el centro histórico. También pertenecen a él los numerosos barrios marginales consolidados y en formación. Este es otro tema. Pero el C.H, ha sido sobreprotegido y sigue recibiendo fuertes inversiones pero se ha tercializado y corre el peligro de quedar como un parque temático de interés turístico. Algo equivalente se observa en las plazas de los pueblos. Excepto la de Puembo, todas han sido feamente alteradas. El Quinche, nunca mejor dicho, ha sido “dejado a la mano de Dios”. Antes destacaba su unidad morfológica y la tipología de sus casas. Se han echado a perder por la presencia de pretensiosos bloques de vidrio carentes de cultura por la entrega acrítica a la simple edificación y de un elemental buen gusto. Para escapar de lo constatado, no hace falta una cantidad enorme de dinero. No. Requiere cambiar el espeso discurso sobre el cual se apoya la acción de gobierno. A la relación de valores habría que añadir los objetivos, las metas, las estrategias para conseguirlos y finalmente los instrumentos operativos de control bajo principios de participación proactiva Ecuador y Quito han crecido. ¿Han progresado?

EN ZÁMBIZA. ECUADOR
Soy de esta tierra sin embargo, por primera vez he percibido las cosas, la realidad total como si fuera extranjero. Siendo antropólogo, aquí, tendría mucho trabajo. La experiencia en América desunida (la opuesta es: estados unidos) en apariencia es, o debería ser semejante en cualquier otra parte del mundo pero, en realidad tiene numerosos matices diferenciadores, sobre todo en los Andes determinados por su geografía inmensa, apabullante, enorme. Ayer escuché un trueno en medio de la lluvia al pie del volcán Pichincha y, a 2.860 m. de altitud me sonó como si un inmenso altavoz hubiese ampliado el sonido que tengo oído en Sevilla (16 m).
A veces los matices son tan grandes que hacen a la realidad diferente. La percepción del
tiempo es distinta. En estas enormes cordilleras el tiempo es un dinosaurio lento; en la costa americana es una serpiente, en Europa es un animal domesticado, cautivo dentro del reloj. En Ecuador se manifiesta absolutamente en todo, la relación dialéctica entre dos cosmovisiones: la española (europea) y la andina. Veamos unos ejemplos a partir de la transcripción fonética de algunas frases que acabo de escuchar en el autobús (1,25 dólares) que me ha traído, hoy domingo desde Quito en diez minutos a este pueblo (Zámbiza): “Veaá no seaa malito cáaambiese de asiento”. Las palabras son castellanas pero la forma de dirigirse a la otra persona, usando el diminutivo es delicada y a la vez lleva implícita una especie de advertencia moral. Se podría interpretar implícitamente que si no se responde positivamente al pedido, se habría tenido un mal comportamiento con la otra persona. La frase equivalente en castellano podría ser: ¿por favor, podría cambiarse de asiento?; no expresa esa modosidad de hablarle al otro y además, a éste, lo deja en libertad para hacer el favor o no, sin ninguna consecuencia moral o de mal comportamiento.
Otra frase: Déeme pasando esta maletita. Utilizando el diminutivo y con la entonación de voz que valdría la pena registrarla, es un ruego. No es igual que decir: por favor ayúdeme con la maleta. El idioma, la forma de comunicarse es una producción anónima, colectiva, sin dueño. Es la manifestación ostensible de la sociedad, no del individuo: la cultura. En Quito durante los veinte y cuatro años de mi ausencia, no sé cómo ni dónde se ha comenzado a usar el verbo ayudar en todos sus tiempos como una muletilla: señor, ayúdeme con su cédula de identidad; le puedo ayudar con un café y otras frases7. En castellano tiene poco sentido pero aquí seguramente se lo adoptado para hacer cortés y educada la forma de dirigirse a otra persona con el matiz indígena, sin relación jerárquica vertical de la cual seguramente proviene el imperativo europeo, útil para mandar, para que se obedezca, útil para que la persona en una posición superior ordene a quien es inferior. Le puedo ayudar o ayúdeme, para evitar la frase por favor o el modo imperativo quizá sea una adopción y adaptación de la influencia yankee que aquí se nota mucho (¿traída por los migrantes en Estados Unidos?). Obedece a la forma traducida del inglés: can I help you, can you help me, pero aún si así fuera, nuevamente insisto: la forma de dirigirse está vinculada a la sensibilidad indígena.
Quiero decir que la sensibilidad humana en el uso del lenguaje está bajo la sombra de lo
andino y, las palabras, de lo español. Mis hipótesis sólo son intuitivas. El idioma comunica, transmite significados decantados en el tiempo, vinculados a la comprensión del mundo, de la realidad total. Los dos elementos, entre otros, imprescindibles de la cosmovisión son: el tiempo y el espacio, siempre relacionados con el entorno próximo (lugar) distante (espacio para el desplazamiento previsible) lejano (desconocido) y muy lejano (accesible sólo con la vista, con la mente o con la intuición: el cosmos.
La referencia espacial del sapiens europeo (750.000 años en Atapuerca, España) sin lugar a dudas (fue) es diferente al que tuvo el sapiens sapiens andino; su más antigua presencia data de hace 12.000 años. Periodos distintos con referencias espaciales diferentes que conforman la cosmovisión.
La naturaleza en la región de los Andes es enorme, poderosa, con frecuencia sorprendente, ante la cual no cabe la indiferencia. La línea de horizonte aunque esté marcada por altas montañas, siempre sugiera grandes dimensiones. El entorno natural europeo es de otra escala y de características diferentes.
El entorno, la naturaleza, el espacio condiciona al hombre, también en cuanto a la forma de percibir el tiempo. En Ecuador andino el sol, con pequeñas variaciones, siempre está sobre la cabeza y por la altitud, llega con fuerza; quizá por ello la piel del rostro de los nativos, no es tersa como la de quienes a baja altura. El día dura el mismo tiempo que la noche. Si pudiéramos imaginar que el sapiens andino hubiese llegado a la península euroasiática, le habría llamado la atención la diferente topografía y se habría desconcertado al notar que algunas noches son más cortas o, al revés, dependiendo de las estaciones. O quizá esta hipotética percepción se habría diluido en los largos períodos de desplazamiento. No sé.
A partir de esas dos percepciones primitivas: espacio y tiempo, es lógico pensar que comenzó a caracterizarse la cosmovisión o sea, según la RAE, “la manera de ver e interpretar el mundo en una y otra parte”. El comentario viene a cuento por las respuestas que con frecuencia he obtenido a mis preguntas prácticas; por ejemplo hoy en este pueblo de ascendencia preponderantemente andina: ¿dónde hay Internet? a) Aquicito; b) de la esquina para abajo, c) arriba pasando la plaza, d) de aquí para abajo, ahí hay. Son respuestas abiertas por lo tanto imprecisas, que dejan a quien ha preguntado en condiciones de buscarse la vida por su cuenta. Es difícil escuchar una respuesta directa, por ejemplo: yo no sé.
Cuando pregunté en un pueblo de Granada, España con calles de estructura musulmana: ¿la carreta que va a Sevilla? me dijeron: tó tieso y luego, pregunte por ahí. Respuesta concreta en cuanto a la orientación aunque no exacta como la daría un alemán, en caso de responder. Otra respuesta abierta: - “¿señora a qué hora abre la cafetería, a las 9:30 o a las 10:00? – Ajá. Y aún otra: -dónde hay una agencia del Banco de Guayaquil? – saliendo, a una cuadra (…) después de caminar esa distancia, la respuesta: -siga nomás señor aquí alado. Como no encontraba, otra vez la respuesta – aquicito nomás señor, al lado de ese edificio. Era a esa altura pero en la acera opuesta. La forma de comunicar, de usar las palabras castellanas en América andina tiene muchos implícitos y supuestos contextuales que no provienen del interlocutor sino del asunto tratado. En lugar de explicitarlos, se los utiliza como reserva para la acción porque precisamente, una cosa es la idea, la teoría, el planteamiento y otra la acción, la concreción. El Banco está ahí, en ese edificio pero no sé a cuántos metros, en todo caso, aquinomás. También en esta circunstancia, el pensamiento andino no es finalista como el europeo sino posibilista. Lo dicho me ha hecho recordar aquella particularidad del aymará que según Rojas dice, dispone de la afirmación, de la negación y también del matiz intermedio o sea, que no es sino que puede estar haciéndose. Solamente lo posible, en cualquier dirección, es una certeza. No hay amor absoluto y permanente. El amor es en un instante y en otro instante no es. El amor para ser, debe estar vinculado al des-amor. Se está haciendo y
deshaciendo al mismo tiempo. Como la llama. Solamente así es posible la vida. Una percepción más próxima a la china que a la occidental.
La cosmovisión de una sociedad a través del tiempo se concretiza en la cultura, también en la forma de comunicarse, de hablar. En Ecuador se nota.

MUSEO DEL ALABADO. QUITO. ENVIADO POR CORREO ELECTRÓNICO10

Mi experiencia sensorial y emotiva en el museo ha sido estimulante. La restauración arquitectónica sobria, rigurosa y bien hecha; la museografía minimalista, de buen gusto,
transparente, luminosa. La sala del fondo que tiene un jardín vegetal sobre un muro, bien hecha y supongo novedoso para la ciudad. Las piezas del patrimonio cultural prehispánico expuestas, son de incalculable valor artístico y significativo. Invitan a formular una teoría estética fuera de las interpretaciones clásicas, o sea independiente, próxima a la que sugieren algunas referencias que hace Dutton11 acerca de la interpretación de una Antropóloga que trabaja en Oceanía.
En resumen, un atractivo museo, con cualidades y características propios de la globalización en la que vivimos. Pienso que los textos generales de las salas bien podían haber sido concebidos más distantes del esoterismo antropológico. Echo en falta mapas que permitan localizar las distintas sociedades donde se han producido las fantásticas piezas expuestas junto con una contextualización dentro del continente y si se me apura un poco, también dentro del mundo de entonces. El criterio con el que está hecho el Atlas cultural del mundo dirigido por J. Onians podría ser una buena referencia o ayuda. Finalmente ¿las piezas son parte de las colecciones de Iván Cruz, Oswaldo Viteri y alguien más? Bien podría hacerse constar los nombres de quienes han aportado al museo.