ASEGURAN QUE LA CIA CONOCÍA QUE EL 11-S NO TENÍA NADA QUE VER CON IRAQ 



HACE MÁS DE 20 AÑOS, OSAMA BIN LADEN ERA UN HÉROE PARA LA PRENSA OCCIDENTAL 



Cubadebate
El senador demócrata, declara que ello fue producto de una campaña “para vincular a Iraq con el horror de los ataques del 11 de septiembre en la opinión pública”, según el reporte de AP. Para demostrar lo anterior, dijo que las encuestas de la época manifestaban que un 70% de la población norteamericana estaba segura de que el ex líder iraquí, Saddam Hussein, estaba envuelto en los atentados.
Levin recordó cómo el 9 de diciembre de 2001, el entonces vicepresidente Dick Cheney apareció en el programa “Meet the Press” para decir: “Está bastante confirmado que Mohamad Atta fue a Praga y se reunió con un funcionario de alto rango del servicio de inteligencia iraquí en abril pasado, varios meses antes del ataque”. Atta fue el hombre que encabezó el secuestro de los aviones usados en el ataque del 11-S.
“Las conexiones entre Saddam y el 11-S o Al Qaeda eran ficción”, puntualizó Levin y presentó como prueba un cable que recibió del director de la CIA, John Brennan. El documento señala que es posible que dicho encuentro hubiera tenido lugar, pero que no fue en Praga en las fechas mencionadas, ya que Atta se encontraba en EE.UU. por aquellos días.
El mismo cable detalló que la información sobre la presunta reunión provenía de una sola fuente y que la CIA advertía en aquel momento que era muy probable que fuera falsa. “No existe un solo experto antiterrorista o del FBI que haya dicho que tiene evidencia o conocimiento de que (Atta) ciertamente estuvo en Praga. De hecho, el análisis ha determinado más bien lo contrario”, concluyó el documento.
(Tomado de Russia Today)

LA GRAN ESTAFA

Una de las mayores en la historia va develándose. Los lacayos y seguidores del imperio están en silencio. Han implicado a sus países en una gran mentira cuyo fin era el saqueo y la dominación imperial en la Región. Entre los "silenciosos" se cuentan casi todos los "progresistas", todos los socialdemócratas, y un sinnúmero de "izquierdistas" de diverso tipo. Mantienen el silencio porque deben de enfrentar a su propia opinión pública cuando embarcaron a todos sus países en el histérico genocidio, incluyendo a sus propios soldados que murieron por esta estafa. Una clara lección acerca de los métodos del imperio. Hoy está Venezuela en la mira: que no se repita la masacre es el desafío para todos los antiimperialistas.
El informe senatorial sobre la tortura confirma que al-Qaeda no está implicada en los atentados del 11 de Septiembre

por Thierry Meyssan
Los fragmentos del informe de la Comisión senatorial estadounidense sobre el programa secreto de torturas de la CIA revelan los contornos de una organización criminal de gran envergadura. Después de leer cuidadosamente las 525 páginas de ese informe, Thierry Meyssan encuentra en ese documento estadounidense la prueba de lo que él ha venido proclamando desde hace años.
Red Voltaire | Damasco (Siria)

El 9 de diciembre de 2014, Dianne Feinstein, presidenta de la Comisión del Senado estadounidense a cargo de los servicios de inteligencia, hizo público un fragmento de su informe clasificado sobre el programa secreto de torturas de la CIA [1].
Presentación del informe
El fragmento desclasificado sólo representa una doceava parte del informe inicial.
El informe en sí no trata sobre el vasto sistema de secuestros y encarcelamientos arbitrarios que la US Navy instauró bajo los mandatos del presidente George W Bush Jr., programa que dio lugar a los secuestros de más de 80 000 personas en todo el mundo y al encierro de esos secuestrados en 17 barcos estacionados en aguas internacionales (se trata de los navíos: USS Bataan, USS Peleliu, USS Ashland, USNS Stockham, USNS Watson, USNS Watkins, USNS Sister, USNS Charlton, USNS Pomeroy, USNS Red Cloud, USNS Soderman, USNS Dahl, MV PFC William B Baugh, MV Alex Bonnyman, MV Franklin J Phillips, MV Louis J Huage Jr., MV James Anderson Jr.). El texto se limita al estudio de 119 casos de personas utilizadas como conejillos de Indias en la realización de experimentos sicológicos en [la base naval estadounidense] de Guantánamo y en unas 50 cárceles secretas, desde el año 2002 y hasta finales de 2009, o sea un año después de la elección del actual presidente Barack Obama.
Los fragmentos del informe no indican bajo qué criterios fueron seleccionados esos cobayos humanos. Se limitan a indicar que cada prisionero denunciaba al siguiente y también indican que esas confesiones no les fueron arrancadas sino inculcadas. En otras palabras, lo que hizo la CIA fue justificar sus propias decisiones fabricando denuncias que las confirmaban a posteriori.
En el informe inicial, los nombres de los agentes y de los contratistas de la CIA implicados fueron reemplazados por seudónimos. Además, los fragmentos desclasificados han sido ampliamente censurados, fundamentalmente para borrar los nombres de los cómplices extranjeros de la CIA.
El contenido del informe

He leído detenidamente las 525 páginas de fragmentos provenientes del informe. A pesar de ello, estoy aún lejos de haber sacado de esos fragmentos toda la información que puede obtenerse de ellos ya que habrá que realizar numerosas investigaciones para poder interpretar los párrafos mutilados por la censura.
Las sesiones de condicionamiento se realizaban en unas 50 cárceles secretas bajo la responsabilidad de «Alec Station», la unidad de la CIA a cargo de la búsqueda de Osama Ben Laden. Las infraestructuras, el personal y los transportes funcionaban bajo la responsabilidad del «Grupo de Capitulación y Detención» de la CIA. Las sesiones se concebían y realizaban bajo la supervisión de 2 sicólogos contratados que incluso crearon una firma en 2005. Las autorizaciones para la aplicación de las técnicas de condicionamiento se concedían desde el más alto nivel, sin especificar que el objetivo de esas torturas no era arrancar información a las víctimas sino condicionarlas.
El vicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney; la consejera de Seguridad Nacional Condoleezza Rice; el secretario de Justicia John Ashcroft; el secretario de Defensa Donald Rumsfeld; el secretario de Estado Colin Powell y el director de la CIA George Tenet participaron en reuniones sobre ese tema realizadas en la Casa Blanca. Asistieron a simulaciones en la Casa Blanca y visionaron grabaciones de video de varias sesiones, grabaciones que posteriormente fueron destruidas ilegalmente. Es evidente que el objetivo de aquellas reuniones era implicar a esas personalidades, pero no resulta posible determinar cuáles de ellas sabían para qué se utilizaban esas técnicas.
Sin embargo, en junio de 2007, el contratista de la CIA que supervisaba aquellos experimentos explicó personalmente a Condoleezza Rice en qué consistían. La consejera de Seguridad Nacional autorizó la continuación de los experimentos, limitándose a reducir la cantidad de torturas autorizadas.
Los fragmentos publicados del informe contienen un análisis detallado de cómo la CIA mintió a las demás ramas de la administración Bush, a los medios de prensa y al Congreso.

James Mitchell y Bruce Jensen, supervisores del programa de condicionamiento de la CIA. En 2012 Mitchell fue designado obispo mormón pero tuvo que dimitir cuando la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días descubrió a qué se dedicaba.
Los experimentos del profesor Martin Seligman
Los fragmentos del informe que se han dado a conocer confirman que la CIA realizó experimentos basados en los trabajos del profesor Martin Seligman (teoría de «la impotencia aprendida»). El objetivo de los experimentos no era obtener confesiones ni información sino inculcar a los torturados un discurso o un comportamiento.
La mayoría de las citaciones que la prensa ha publicado tienden a confundir al público. En efecto, la CIA se refiere a los «métodos de condicionamiento» llamándolos «métodos de interrogatorio no estándares» (non-standard means of interrogation). Sacada de su contexto, esa denominación hace pensar que el término «interrogatorio» designa la búsqueda de información cuando en realidad designa el condicionamiento de las víctimas.
Todos los nombres de los torturadores fueron censurados en la parte desclasificada del informe. A pesar de ello, es evidente que bajo el seudónimo de “Grayson Swigert” se esconde Bruce Jessen mientras que James Mitchell aparece en el informe como “Hammond Dunbar”.
Bruce Jessen y James Mitchell supervisaron el programa desde el 12 de abril de 2002. Estaban físicamente presentes en las cárceles secretas. En 2005, formaron juntos una firma comercial, Mitchell, Jessen & Associates, designada en el informe como “Company Y”. Desde el año 2005 y hasta 2010, esa firma recibió pagos ascendentes a 81 millones de dólares. Posteriormente, el US Army [las fuerzas terrestres de Estados Unidos] los empleó para que dirigieran un programa sobre el comportamiento aplicado a 1,1 millones de soldados estadounidenses.
En mayo de 2003, un «senior officer» de la CIA recurrió al inspector general de la agencia señalando que los trabajos del profesor Seligman se basaban en las torturas que se aplicaban en Vietnam del Norte para obtener «confesiones con fines propagandísticos». Aquel oficial cuestionaba el programa de condicionamiento. Pero su denuncia no tuvo consecuencias. En todo, la denuncia contenía un pequeño error: se refería a Vietnam del Norte. Los trabajos de Seligman, al igual que las prácticas de los norvietnamitas, se basaban en trabajos coreanos.
Cómo se protegieron los torturadores
Según la Comisión senatorial, el programa de tortura de la CIA respondía a una orden del presidente George W. Bush emitida el 17 de septiembre de 2001, o sea 6 días después de los atentados contra los Torres Gemelas y el Pentágono. Tenía como único objetivo proporcionar medios extraordinarios para la investigación sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001. Pero ese programa se desarrolló de inmediato en violación de varias instrucciones del presidente. Por consiguiente, a partir de la realización de los atentados, la CIA, a espaldas de la Casa Blanca, se esforzó por fabricar falsos testimonios que “demostrarían” la culpabilidad de al-Qaeda.
El presidente George W. Bush y los miembros del Congreso fueron engañados por la CIA que
obtuvo autorizaciones para recurrir a ciertas torturas disimulando el objetivo final de tales procedimientos
y presentó falsamente como información obtenida bajo la tortura lo que en realidad eran confesiones inculcadas.
El 6 de septiembre de 2006, cuando el presidente Bush reconoció la existencia del programa secreto de torturas de la CIA, defendió esa práctica argumentando que había permitido la obtención de información que sirvió para salvar vidas. Bush se basaba en los informes plagados de falsedades proporcionados por la CIA e ignoraba que, en vez de buscar pruebas, la agencia se dedicaba a fabricarlas. A partir de entonces, la prensa atlantista se hundió en la barbarie y comenzó a debatir sobre la justificación de la tortura presentándola como algo malo que permitía lograr algo bueno.
Los torturadores tuvieron la precaución de dotarse de una cobertura jurídica. Para ello pidieron que el Departamento de Justicia los utilizara a torturar. Pero el Departamento de Justicia se pronunció únicamente sobre la legalidad de los métodos utilizados (aislamiento, encierro en una caja de pequeñas dimensiones, simulacros de enterramientos, uso de insectos, etc.) en vez de pronunciarse sobre el programa en su conjunto. La mayoría de los juristas autorizaban solamente algunas posturas en particular, pasando por alto las consecuencias síquicas que podían acarrear cuando se combinaban unas con otras. En agosto de 2002 ya se habían obtenido todas las autorizaciones.
Los dirigentes de la CIA que autorizaron esos experimentos especificaron por escrito que había que incinerar los cadáveres si las personas utilizadas como cobayos morían durante el proceso de condicionamiento y que a los sobrevivientes había que mantenerlos encerrados por el resto de sus días.
Confesiones fabricadas

Para que se entienda bien, la Comisión senatorial no dice que las confesiones de los detenidos de la CIA son legalmente incorrectas por haber sido obtenidas bajo la tortura. Lo que expone es que la CIA no interrogó a esos detenidos sino que los condicionó para que declararan sobre situaciones y actos con los que no tenían nada que ver. La Comisión precisa que los agentes de la CIA ni siquiera trataron de informarse sobre lo que los detenidos ya habían declarado o confesado a las autoridades que los habían arrestado. En otras palabras, no sólo la CIA no trató de saber si al-Qaeda estaba implicada o no en los atentados del 11 de septiembre sino que su acción tuvo como único objetivo fabricar testimonios falsos para demostrar falsamente una supuesta implicación de al-Qaeda en los atentados del 11 de septiembre.
La Comisión senatorial no discute si las confesiones de los cobayos humanos les fueron arrancadas o si les fueron inculcadas. Pero, después de explicar que los supervisores no eran expertos en interrogatorios sino en condicionamiento, detalla ampliamente el hecho que ninguna de esas «confesiones» permitió anticipar nada. Demuestra que la CIA mintió al afirmar que habían permitido impedir otros atentados. La Comisión no escribe que la información sobre al Qaeda proveniente de aquellas confesiones son fabricadas pero señala que todo lo que se podía verificar era falso. De esa manera, la Comisión desmiente explícitamente los argumentos utilizados para justificar la tortura y anula implícitamente los testimonios utilizados para vincular al-Qaeda con los atentados del 11 de septiembre.
Ese informe confirma, de manera oficial, varias informaciones que nosotros ya habíamos presentado a nuestros lectores y que contradicen e invalidan los trabajos de los tanques pensantes atlantistas, de las universidades y de la prensa desde el 11 de septiembre, tanto en lo tocante a los atentados de 2001 como en lo que concierne a al-Qaeda.
Como resultado de la publicación de los fragmentos del informe queda demostrado que todos los testimonios citados en el informe de la Comisión Presidencial Investigadora sobre el 11 de Septiembre que vinculan a al-Qaeda con esos atentados son falsos. Ya no existe en este momento el menor indicio que permita atribuir esos atentados a al-Qaeda: no existe ninguna prueba de que las 19 personas acusadas como secuestradores aéreos estuviesen aquel día en ninguno de los 4 aviones y tampoco es cierto ninguno de los testimonios de ex miembros de al-Qaeda que se atribuyen la autoría de los atentados [2].

En octubre de 2009 publiqué un estudio sobre ese tema en la revista rusa Odnako [3]. Afirmaba en ese trabajo que Guantánamo no era un centro de interrogatorio sino de condicionamiento. También cuestionaba personalmente al profesor Seligman. Un año más tarde, luego de la publicación de la traducción de aquel artículo al inglés, sicólogos estadounidenses hicieron campaña exigiendo que Martin Seligman diese explicaciones sobre el asunto. La respuesta de Seligman consistió únicamente en negar su papel como torturador y emprender una acción legal simultánea contra mí y contra la Red Voltaire tanto en Francia como en Líbano, país donde yo residía en aquel momento. Pero finalmente, el profesor Seligman ordenó a sus abogados suspender toda acción legal cuando publicamos una de sus cartas acompañada de una explicación de texto [4]. Martin Seligman emprendió igualmente acciones legales contra todos los que abordaron el tema, como Bryant Weich del Hunffington Post [5].

John O. Brennan fue director adjunto de la CIA desde el año 2001 hasta el 2005 y director del Centro Nacional Antiterrorista. Brennan fue el principal artífice del programa secreto de fabricación de confesiones bajo la tortura. En 2009 se convirtió en consejero del presidente Obama para los temas vinculados a la Seguridad de la Patria (Homeland Security). El propio Obama lo nombró director de la CIA en 2013.

En este momento

En lo que constituye una muestra de valentía, la senadora Diane Feinsein ha logrado publicar parte de su informe, a pesar de la oposición del actual director de la CIA, John Brennan, quien estuvo a cargo de ese programa de tortura.
El presidente Barack Obama ha anunciado que no emprenderá acciones legales contra ninguno de los responsables de esos crímenes, mientras que los defensores de los derechos humanos luchan por poner a los torturadores en el banquillo de los acusados, que es lo mínimo que debería hacerse.
Pero no son esas las preguntas realmente importantes: ¿Por qué cometió la CIA esos crímenes? ¿Por qué inventó la CIA confesiones destinadas a vincular artificialmente a al-Qaeda con los atentados del 11 de septiembre? Y, por lo tanto, si al-Qaeda no tiene nada que ver con los atentados del 11 de septiembre, ¿a quién quiso proteger la CIA?
Y, para terminar, el programa de la CIA sólo contaba 119 cobayos humanos. ¿Qué pasó entonces con los 80 000 prisioneros de las cárceles secretas de la US Navy?
Thierry Meyssan
[1] “Study of the CIA’s Detention and Interrogation Program - Foreword, Findings and Conclusions, and Executive Summary”, US Senate Select Committee on Intelligence, 9 de diciembre de 2014.
[2] La Gran impostura, por Thierry Meyssan, La Esfera (España) / La Terrible impostura, por Thierry Meyssan, El Ateneo (America latina).
[3] «El secreto de Guantánamo», por Thierry Meyssan, Оdnako (Rusia), Red Voltaire, 6 de noviembre de 2009.
[4] «Carta de Martin Seligman», por Martin Seligman, Red Voltaire, 21 de junio de 2010.
[5] “Fort Hood: A Harbinger of Things to Come?”, Bryant Welch, Hunffington Post, 18 de marzo de 2010. Y la respuesta: “A Response to Bryant Welch”, Martin Seligman.

HACE MÁS DE 20 AÑOS, OSAMA BIN LADEN ERA UN HÉROE PARA LA PRENSA OCCIDENTAL
CUBADEBATE

Durante más de una década se le ha considerado el enemigo público número uno, el terrorista más buscado del planeta, pero no hace tanto era también un fiel aliado de las potencias occidentales, alguien que ocupaba artículos de periódicos en los que se ensalzaba su labor y se le defendía. Hablamos, como no podía ser de otro modo, de Osama Bin Laden.
El fundador de Al Qaeda y autor intelectual de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, que acabaron con la vida de más de 3.000 personas, antes de enfrentarse a Estados Unidos lo hizo con la Unión Soviética y sus acciones eran motivo de elogio y de ensalzamiento. Un artículo de 1993 del periódico británico The Independent da buena muestra de ello.
El titular es el primer gran ejemplo: “Guerrero antisoviético pone a su ejército en el camino de la paz”. El antetítulo también continúa con la explicación:
El hombre de negocios saudí, que reclutó muyahidines, ahora los utiliza para la construcción de proyectos a gran escala en Sudán.
Pero es que además el texto está lleno de perlas que poca gente creería hoy en día que vienen de un periódico occidental, tan críticos con Bin Laden, como con Al Qaeda y el terrorismo internacional en general.
“Con sus pómulos altos, los ojos estrechos y una túnica larga marrón, el señor Bin Laden parece cada pulgada del guerrero de montaña de la leyenda muyahidín”, es uno de los párrafos del texto.
Sin embargo, el paso de los años hizo que el terrorista fuese variando su posición y de fiel aliado se convirtió en su peor enemigo, ese que Estados Unidos estuvo persiguiendo sin éxito casi una década hasta que finalmente en mayo de 2011 fue abatido en Abottabad (Pakistán).
Una historia que no es la primera vez que se repite, ya que Sadam Husein fue otro aliado de Occidente y concretamente de los Estados Unidos, hasta que cayó en desgracia y terminó perdiendo el poder primero y poco después la vida al ser ejecutado en diciembre de 2006.
Dos sucesos que muestran la volatilidad de las alianzas en el sistema internacional y que prueban que lo que hoy se da por seguro, mañana puede estar en duda.
(Tomado de Yahoo Blogs)


PRISIONES SECRETAS DE LA CIA ORGANIZADAS DESDE ALEMANIA
Jan Peters/ Global Research/WSWS
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Un informe del New York Times del 13 de agosto confirma que la CIA planificó y organizó prisiones secretas desde la ciudad alemana de Frankfurt/Main. Por lo menos tres prisiones secretas fueron administradas por la oficina local de la CIA en Frankfurt desde 2003.
Esas prisiones ilegales pertenecían a la red mundial de “sitios ocultos” a los que la CIA transfirió a muchos de sus prisioneros en su “guerra contra el terror.” Hubo por lo menos ocho prisiones secretas semejantes mantenidas por la CIA fuera de EE.UU. Las prisiones dirigidas desde Frankfurt incluían dos que estaban ubicadas respectivamente en la capital rumana Bucarest y en un sitio remoto en Marruecos. Se afirma que una tercera estuvo en la ciudad polaca de Kiejkuty, cerca del aeropuerto Szymany. Una cuarta prisión estaba ubicada en Lituania.
Las prisiones secretas fueron utilizadas para extorsionar información de prisioneros mediante métodos de tortura que no hubieran sido posibles en EE.UU. El director de la oficina de la CIA en Frankfurt en esos días,
Kyle D. Foggo, dijo al Times que esas medidas fueron organizadas desde Frankfurt porque “eran demasiado delicadas como para ser manejadas desde la central.”
En septiembre de 2006, el presidente de EE.UU. de entonces, George W. Bush, admitió por primera vez la existencia de prisiones secretas. Esas prisiones de tortura fueron utilizadas para someter sistemáticamente a los considerados como sospechosos de terrorismo a privación del sueño, asfixias simuladas y golpizas para obtener información o extorsionar confesiones. La CIA arrestó a “potenciales asesinos en masa” en los “campos de batalla del mundo” y los encarceló en sitios secretos donde los sospechosos fueron sometidos a “métodos de interrogación duros, necesarios y efectivos,” como afirmara Bush.
Las prisiones secretas tuvieron que ser establecidas fuera de EE.UU., porque contravenían la ley existente en EE.UU. El hecho de que los métodos de tortura empleados por la CIA también violaban el derecho internacional fue obviamente algo indiferente para el gobierno de EE.UU. así como para las autoridades alemanas y europeas.
Cada una de esas prisiones fue planeada para acomodar a seis prisioneros y fueron construidas de modo idéntico a fin de confundir a los prisioneros respecto a su ubicación exacta. Las prisiones estaban completamente aisladas y diseñadas de manera de impedir heridas que pusieran en peligro la vida durante los interrogatorios. Los pisos estaban cubiertos de material anti-resbaladizo, con muros de madera contrachapada para amortiguar el impacto cuando los prisioneros chocaban con ellos.
Según el New York Times, el “centro de suministro de soñolientos” de la CIA en Frankfurt entró en acción después de los ataques del 11 de septiembre de 2001. El presupuesto de esa oficina recibió siete millones de dólares adicionales del gobierno de Bush. Más adelante ese presupuesto expandido fue triplicado.
Frankfurt se convirtió en la base de suministro más importante del servicio secreto de EE.UU. en Europa. Además, la ciudad se desarrolló hasta ser una importante base logística para las operaciones de EE.UU. en Iraq y Afganistán, desde la cual se organizaron vuelos de suministro para actividades de la CIA sobre una base virtualmente diaria.
Foggo, quien fue director de la oficina de la CIA en Frankfurt, era bien conocido por su pericia organizativa. Trabajó más de 20 años para la CIA antes de declararse culpable de acusaciones de corrupción en 2008 y de recibir una sentencia de siete años en prisión. Previamente, a fines de 2004, fue nombrado tercer responsable de la CIA por su importancia, después de ser enviado a Frankfurt. En los años ochenta trabajó para la CIA en Honduras. En aquel entonces, EE.UU. realizaba una sucia guerra por encargo contra Nicaragua, organizada en Honduras por la CIA por cuenta del gobierno estadounidense bajo el presidente Ronald Reagan.
El papel del gobierno alemán
Ni la oficina de la cancillería alemana, ni el ministerio del interior, o el de exteriores, o el Servicio Federal de Inteligencia alemán (BND), han comentado sobre el artículo del New York Times. Su silencio debe ser considerado como una admisión de que las agencias gubernamentales estaban informadas sobre lo que hacía la CIA.
Ante las preguntas de los medios, oficiales de la policía han declarado que no sabían nada de las actividades de agentes de la CIA en Alemania. Era asunto de los estadounidenses, afirmaron. “Incluso si hubiésemos oído algo,” dijo un alto funcionario a Süddeutsche Zeitung, “en todo caso no hubiera cambiado nada.”
Ya en noviembre de 2005, el Washington Post y Human Rights Watch habían sacado a la luz las prisiones ilegales dirigidas por la CIA, y su práctica criminal de secuestrar a presuntos terroristas. Después de esas primeras denuncias el secretario general del Consejo de Europa abrió una investigación preliminar. Era dirigida por el ex fiscal público suizo Dick Marty, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Consejo de Europa. Como fiscal especial, Marty realizó investigaciones sobre las prisiones secretas de la CIA desde 2005 hasta 2007.
En junio de 2006 Marty presentó un informe inicial. Señaló que no podía probar definitivamente la existencia de las prisiones secretas, pero presentó evidencia sustancial que indicaba el uso de semejantes instalaciones por los servicios secretos de EE.UU. Marty continuó sus investigaciones y preparó un segundo informe. Descubrió una estrecha cooperación entre servicios secretos europeos y la CIA, pero se enfrentó a un muro de silencio y a la denegación por parte de los gobiernos europeos.
El segundo informe de Marty de 2007 criticó en particular a los gobiernos alemán e italiano por suprimir sistemáticamente la verdad sobre las prisiones. En Milán, las principales agencias políticas cerraron la investigación en el mismo año contra 26 agentes de la CIA que habían secuestrado abiertamente al imam egipcio Obu Omar en Italia en febrero de 2003 y lo transportaron a una prisión de tortura egipcia.
Marty dijo recientemente al Frankfurter Rundschau que había sido difícil desvelar toda la verdad sobre los presuntos terroristas secuestrados durante este período. En general, los gobiernos europeos habían “hecho pocos esfuerzos” por aclarar lo sucedido, dijo.
Entre 2005 y junio de 2009, un comité parlamentario de investigación alemán investigó los métodos utilizados por la CIA y su colaboración con el BND. La lista de tópicos a ser examinados era larga. Incluía, aparte del sistema de prisiones secretas y de los vuelos secretos de la CIA sobre Alemania, la participación de agentes del BND en la guerra de Iraq, el conocimiento de las fuentes de inteligencia alemanas de secuestros por la CIA de sospechosos alemanes de terrorismo, y el monitoreo de periodistas por el BND.
Finalmente resultó que el comité de investigación sirvió para blanquear a los servicios de inteligencia y al gobierno alemán. En su informe final del 19 de junio, el comité concluyó que el gobierno del Partido Socialdemócrata y de los Verdes de la época no sabía ni del transporte secreto de pasaportes ni de la existencia de prisiones secretas. El comité de investigación no expresó ningún interés por el hecho de que una investigación establecida por el parlamento europeo ya había descubierto algún tiempo antes que entre 2001 y 2005 aviones de transporte de la CIA habían aterrizado en no menos de 336 ocasiones en aeropuertos alemanes. Es totalmente irreal esperar que el gobierno y sus servicios de inteligencia no hayan tenido conocimiento de semejantes vuelos.
El informe final del comité del Bundestag [parlamento alemán] sirvió sobre todo para cubrir las huellas del actual ministro de exteriores alemán y candidato del SPD a canciller, Frank-Walter Steinmeier. Durante el período en el poder del gobierno SPD-Verde (1998-2005) Steinmeier fue jefe de la Cancillería Federal alemana y personalmente responsable por los servicios secretos. A fines de 2002, Steinmeier fue quien impidió que el ciudadano turco, quien vivía en la ciudad alemana de Bremen, entrara a la república federal. Acusado de ser terrorista, Kurnaz estaba detenido en el centro de detención de Guantánamo de EE.UU. Las autoridades de EE.UU. habían ofrecido liberar a Kurnaz en 2002 por falta de evidencia. Debido a la negativa de Steinmeier de readmitir Kurnaz a Alemania, sin embargo, tuvo que permanecer otros cuatro años en Guantánamo.
Steinmeier negó toda responsabilidad por la suerte de Kurnaz ante el comité de investigación. También lo absolvieron de toda responsabilidad en el caso de Khaled el-Masri. El-Masri es un ciudadano libanés residente en Alemania quien fue secuestrado en 2004 por el servicio secreto de EE.UU. en Macedonia y transportado a Afganistán – supuestamente sin conocimiento del gobierno alemán.
Los antecedentes muestran claramente que no se puede esperar ningún informe sobre su verdadero papel de las autoridades oficiales. El alcance de la complicidad del gobierno alemán en las actividades criminales y los métodos de tortura de la CIA sólo será revelado por una investigación independiente realizada por, y por cuenta de la clase trabajadora.