GRAN MOVILIZACIÓN CONTRA LOS REPRESORES Y ASESINOS DE ESTUDIANTES 



¿VÁNDALOS SON LOS QUE MARCHAN AL FRENTE DE COMBATE, O LOS QUE ASESINAN ESTUDIANTES DESDE EL ESTADO? 



por Pedro Echeverría V.

1. Luego de ubicar a la libertad de manifestación como una de las conquistas “más importantes de nuestra democracia”, el presidente Peña Nieto –como representante del poder del Estado- denunció a quienes “están interesados en atentar contra esa libertad fundamental al provocar y realizar actos vandálicos”. Aseguró que la ciudadanía “está harta de sentirse vulnerable, está cansada de la impunidad y de la delincuencia”. Hizo un “amplio reconocimiento” a las fuerzas federales del orden y de la policía del Distrito Federal por su “estrecha coordinación, su esfuerzo compartido para hacer respetar la ley, para actuar con la ley en la mano”.
2. Sin embargo, los 500 mil gargantas de manifestantes que llegaron al Zócalo de la ciudad de México desde el Ángel de la Independencia, el Monumento de la Revolución, la Plaza de Tlatelolco y muchos lados más, exigían la renuncia de Peña Nieto, Murillo, Mancera, Chuayffet y de toda su camarilla, acusándolos de delincuentes y de asesinos de los que están hartos. Gritaban: “Los auténticos vándalos, los asesinos de estudiantes, campesinos, de trabajadores, están en el gobierno y forman parte del Estado explotador y opresor”. No me engañan; estuve en las tres marchas y en el Zócalo para escuchar el sentir de la gente.
3. Recuerdo que en los años 50 y 60 la campaña en México y mundial contra el comunismo fue brutal; tuvimos que llevar una vida política en pequeños partidos o grupos clandestinos o en la semiclandestinidad porque las campañas anticomunistas llevaban a persecuciones y asesinatos; pero una vez que los llamados “comunistas-progresistas” comenzaron a recibir subsidios, se hicieron electoreros, diputados, senadores, gobernadores y demás, el gobierno-Estado comenzó a firmar acuerdos con los “progresistas” y lanzó todas sus armas y su furia contra los anarquistas. Ahora todas las campañas y la represión son contra los jóvenes radicales.
4. Ayer desde las dos de la tarde la gente comenzó a ocupar la escalinata del “Ángel”; a las 16 horas comenzó una llovizna persistente que obligó a miles a cubrirse; a esa hora llegaron unos 25 autobuses del estado de Guerrero, pero fueron enviados a reforzar a otros contingentes. Me trasladé al Monumento a de la Revolución que el grupo que salió primero hacia el Zócalo. Fue sólo hasta el Eje Central cuando me integré a la marcha que venía de Tlatelolco. Hasta las 21 horas las dos avenidas (Tacuba y Cinco de Mayo) tenían ocupadas unas ocho cuadras sin poder entrar al Zócalo. No pude ver más, pero seguramente otras tres se encontraban igual.
5. El descontento contra el gobierno y sus asesinatos era unánime. Parecía que todos los manifestantes habían profundizado su odio contra la clase gobernante y estaban dispuestos a hacerla trizas y pisotearla. Pero seguramente pasadas unas 24 horas la gente comience a olvidar y las cosas regresen a su nivel porque los medios de información (televisión, radio, prensa y sus cientos de miles de ignorantes repetidores) se han dedicado a acusar de “vandalismo” a los jóvenes más conscientes y aguerridos de las marchas. Toda la campaña anticomunista de hace 50 años se ha transformado en campaña antianarquista y antiradical de la burguesía y su Estado.
6. Sin embargo, aunque el gobierno de Peña esté muy madreado o jodido, porque la economía mexicana comienza a hundirse al no crecer, el precio del petróleo se desploma, el desempleo se extiende, la corrupción presidencial es denunciada y México está cada vez más desprestigiado internacionalmente por los 43 estudiantes desaparecidos o ya asesinados por el Estado, no hay que confiarse porque la fiera herida –aunque sea de muerte- siempre da enormes coletazos. Y el Estado-gobierno mexicano nunca en su historia ha estado en peligro de desplome. En México, así como en muchos países, el Estado capitalista ha creado los llamados “Escuadrones de la Muerte”, “Brigadas Blancas”, “Muros”, para asesinar.
7. Lo menos que hay que exigir es “Libertad a todos los luchadores sociales identificados con el pueblo con el rostro cubierto o no” y no a los “presos políticos” porque hay algunos presos del PRI, del PAN que son políticos presos como la señora Gordillo. ¿Cuantos luchadores sociales en el mundo han tenido que cubrirse el rostro, usar seudónimo o disfrazarse para luchar por la independencia, la revolución o la rebelión en un país? ¿Con cuántas máscaras se cubren los políticos cínicos y empresarios negociantes que aparentan decencia pero que en su vida diaria explotan y asesinan? Los anarquistas hoy son la vanguardia de los movimientos sociales y por ello los más perseguidos por los opresores. (21/XI/14)

México: Historia de una calle
Luis E. Gutiérrez Poucel
lgutierrez@aol.com
“Casa de 7 millones de dólares”, “Los muertos en Ayotzinapa”, “Un Gobernador dueño de un Banco”, “Quema de la puerta Mariana del Palacio Nacional (patrimonio histórico)”, “Incendios y desmanes en Guerrero”... Ufff que noticias tan tristes. El momento de crisis social tan difícil por el cual estamos atravesando los mexicanos me ha hecho reflexionar sobre quiénes somos como pueblo y nación. El proceso de violencia generado por criminales, narco-funcionarios, maestros disidentes y grupos marginales, es manifestación de la descomposición moral que estamos viviendo por la corrupción e impunidad endémica. No hay nada nuevo, las crisis se han venido gestando desde hace mucho tiempo atrás. Lo preocupante es que nos lleguen todas de repente y sin esperanzas visibles de solución.
Creo que a todos nos resulta más fácil criticar a nuestros gobernantes y autoridades de la situación que criticarnos a nosotros mismos. Los problemas a nivel de país, estado, ciudad, municipio, delegación y de vecindario son tan parecidos que apuntan a una causa común: el origen del problema no son los gobernantes ni las autoridades sino nosotros, sí, nosotros mismos como la materia prima de esta nación. A continuación me gustaría ilustrar mi argumento con la historia de la calle en donde vivo. ¿A ver qué piensan mis dos o tres estimados lectores?
Radico al sur de la ciudad de México, en Jardines del Pedregal, una colonia de nivel medio alto en donde se pagan de los prediales más altos del país. Sin embargo, hay una carencia total de servicios por parte de su delegación. En varias ocasiones los vecinos hemos hablado con las autoridades en turno para que nos brinden vigilancia, arreglen las banquetas, pavimenten la calle, desazolven las coladeras, cambien las luminarias fundidas del alumbrado público, pero todo sin éxito. En más de 30 años la delegación no ha arreglado las banquetas, ni pavimentado la calle, ni arreglado el alumbrado público, no ha hecho nada de nada, excepto prometer.
Ante esto, los residentes de la calle formamos una asociación de vecinos, a la cual responsabilizamos para brindar los servicios que la delegación se suponía nos debería de suministrar. Cuando nos constituimos como asociación, el 90% de los residentes contribuíamos con los gastos de operación con cuotas mensuales.
Contratamos a una compañía privada de seguridad, instalamos dos plumas de acceso (brazos mecánicos) a la entrada y salida de la calle; afortunadamente, siendo una calle secundaria, no causó mayores problemas viales al tránsito de terceros. Los robos a las casas de la calle disminuyeron drásticamente.
Debido al mal estado de las banquetas, la asociación contrató albañiles para que las arreglaran, sin embargo los trabajos se suspendieron al llegar varias patrullas de la delegación para apresar a los trabajadores. En otras palabras, la delegación no solamente no cumplía con sus obligaciones y responsabilidades, sino que además evitaba que nosotros hiciéramos su trabajo. Era claro, lo que buscaban las primeras patrullas eran gratificaciones para permitirnos continuar con nuestras reparaciones.
Vendedores de tamales y puestos de comida se empezaron a instalar en las banquetas en las mañanas y al mediodía para dar de comer a los trabajadores de las construcciones de la calle, generando problemas de basura y de paso vial. La asociación les pidió retirarse de la calle, pero al día siguiente llegó su líder con un equipo de mal encarados y con representantes de la delegación para decirnos que ellos tenían permiso para colocarse en la calle.
Los problemas con los malos vecinos empezaron casi inmediatamente después de la constitución de la asociación. La esposa de un exlíder sindical, propietaria de una de las casas más grandes y lujosas con seis vehículos, dejó de pagar con el argumento de que era viuda. El residente más adinerado de la calle, un exfuncionario del Gobierno del Distrito Federal, puso una escuela para menores para que su esposa tuviera algo que hacer lo que creó un incómodo problema de tráfico a la entrada y salida de los estudiantes. Otros residentes empezaron a rentar sus casas a las cadenas televisivas para hacer telecomedias, ocasionando congestionamiento vial y ensuciando la calle con basura de los empleados de apoyo. Otras familias organizaron tumultuosas fiestas de paga donde se tocaba música a altos volúmenes hasta el amanecer y se les vendía bebidas alcohólicas a menores. Cuando la asociación les pidió que dejaran de hacer esto por los problemas y molestias que ocasionaban al resto de los vecinos, los residentes involucrados reaccionaron agresivamente e inclusive dejaron de contribuir a la asociación de vecinos.
Cuando la asociación trató de reducir los beneficios a aquellos residentes que no pagaban –pidiéndoles que ellos mismos levantaran la pluma cuando tenían que entrar o salir de la calle–, varios de los vecinos gorrones, en lugar de empezar a contribuir con sus cuotas, prefirieron darle gratificación a los policías de la delegación para que apresaran a nuestros guardias privados por supuestamente impedir el libre tránsito.
Una señora a quien se le pidió su identificación para entrar a la calle se molestó tanto que embistió con su coche al guardia enviándolo al hospital. El novio de una muchacha residente, al pedírsele su identificación se enojó a tal grado que se bajó a golpear al guardia. El hijo de uno de los residentes que no contribuía a la asociación, al solicitársele su identificación, se negó, aceleró y arremetió en contra de la pluma, destrozándola.
En una asamblea de vecinos me invitaron a participar en la mesa directiva. Como el presidente en turno de la asociación no entregaba informes financieros, los empecé a solicitar. Al cabo de varias solicitudes el presidente entregó unos informes sumamente condensados sin mayor detalle, pero encontramos que había estado cargando a la asociación sus gastos de gasolina durante los cinco años que había estado al frente de la asociación. Cuando le hicimos notar estos hechos, negó los cargos y contraatacó tratando de desprestigiarnos. En una álgida asamblea fue destituido y se nombró a una nueva mesa directiva. Los vecinos no le pidieron que devolviera el dinero para evitar un conflicto: prefirieron la impunidad al enfrentamiento. Ahora, dicho expresidente de la asociación no cubre sus cuotas.
Actualmente, solamente el 55% de los residentes contribuyen a los gastos de la asociación.
Guardando toda proporción, los problemas de mi calle son los problemas de México. Lo único en común de ambos lugares somos nosotros, sí, nosotros los mexicanos.
La historia de mi calle es tan sólo un microcosmos de la vida de nuestro país, pero considero que refleja muy bien la calidad humana de muchos de nosotros, seamos gobernados o gobernantes. Mientras no seamos capaces de entender que el bien de mi vecino es mi propio bien; que mi abuso es el abuso de mi vecino; que mi mordida es la mordida en contra de mis derechos; que hacerme de la vista gorda ante la corrupción e impunidad de propios es la arbitrariedad en contra mía, nuestros problemas como nación y como pueblo continuarán.
Mientras no cambiemos, nada va a cambiar, todo va a seguir siendo igual o todo va a seguir empeorando. La diferencia entre lo que somos y lo que queremos ser, está en lo que hacemos.


Dolor, vergüenza e indignación por la matanza
Carlos Reyes Romero

crr_44@hotmail.com
Así han calificado diversas personalidades de la vida pública las declaraciones del procurador Jesús Murillo Karam sobre los avances en la investigación del paradero de los 43 normalistas desaparecidos.
Vergüenza e indignación por la cachaza y la indolencia mostrada tanto por el procurador como por el presidente Peña Nieto al dar por cierto que los jóvenes están muertos.
Dolor de los padres de los estudiantes y de toda la sociedad mexicana por la tragedia que implica que en México sucedan estos hechos con la plena complicidad y encubrimiento de quienes pudieron haberlos evitado si hubieran actuado a tiempo para detener y llevar ante la ley al exalcalde de Iguala por el asesinato de Arturo Hernández Cardona, Félix Bandera Román y Ángel Román Ramírez; de haberse hecho así no hubieran sucedido en Iguala los crímenes de lesa humanidad que todos lamentamos.
Con la entereza y enjundia de quienes están convencidos de que promueven una causa justa, los padres de los normalistas desaparecidos condicionaron la aceptación de que los estudiantes fueron asesinados e incinerados, a que los peritos argentinos en antropología forense confirmen de manera fehaciente y concluyente que efectivamente se trata de ellos.
Asimismo, demandaron que el gobierno mexicano firme cuanto antes el convenio con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), para que especialistas de este organismo participen y asesoren en la búsqueda de los desaparecidos y también que se brinden todas las facilidades a los representantes legales de los padres de los desaparecidos para que puedan participar y tener acceso sin límites a toda la averiguación que realizan las autoridades ministeriales y gubernamentales.
Exigieron también al presidente Peña Nieto que cumpla los compromisos suscritos el 29 de octubre pasado, particularmente el de redoblar e intensificar la búsqueda de los jóvenes.
Los padres y buena parte de la sociedad mantienen la esperanza de que los normalistas todavía estén con vida.
El propio Murillo Karam mañosamente evadió dar como concluyentes los avances de la investigación que presentó y adelantó que el gobierno mexicano someterá el análisis de los cuerpos calcinados a especialistas de la Universidad de Innsbruck en Austria.
Antes de partir a su gira por China y Australia, Peña Nieto reconoció por primera vez la debilidad institucional del gobierno de Aguirre Rivero y la complicidad con el crimen organizado del gobierno municipal de José Luis Abarca Velázquez, ahora detenido junto con su esposa María de los Ángeles Pineda, y prometió que no se cejará hasta que se haga justicia.
No hay muchas razones para confiar en la palabra del Presidente, dado el involucramiento que tanto él como el secretario de Gobernación Miguel Osorio Chong y el procurador General Jesús Murillo Karam, tienen en la protección y encubrimiento del ahora exalcalde de Iguala, además de haber obstruido la justicia al no haberlo separado a tiempo del cargo y procesarlo.
Los tres sabían de la participación de José Luis Abarca Velázquez en los asesinatos arriba mencionados, como lo sabían el gobernador Aguirre Rivero, el secretario de Gobierno Jesús Martínez Garnelo, en su caso desde que era presidente del Tribunal Superior de Justicia; el fiscal general de Guerrero Iñaki Blanco Cabrera y el secretario de Seguridad Pública Leonardo Vázquez Pérez.
Todos ellos tienen responsabilidad oficial que debe ser investigada a fondo para fincarles los delitos a que haya lugar y sujetarlos a proceso. La impunidad no debe prevalecer.
El Congreso de la Unión está obligado a ir más allá de la integración de la Comisión de la Verdad y la Justicia, propuesta en el Senado de la República; debe de inmediato retirarle la inmunidad constitucional cuando menos al secretario de Gobernación y al procurador General de la República, para que respondan de sus actos.
Tan es así, que ya The Economist adelanta la necesaria remoción de Osorio Chong y hasta nomina a un posible sucesor.
Lo propio debe hacer el Congreso del Estado de Guerrero, en cuanto a la inmunidad constitucional de que todavía goza el exgobernador Aguirre Rivero. La separación del cargo no quita automáticamente la protección del fuero, que en el caso de Guerrero, de acuerdo con la nueva Constitución, se prolonga hasta dos años después de dejar el cargo.
Deben deslindarse también las responsabilidades en que pudieron haber incurrido tanto el secretario general de Gobierno Jesús Martínez Garnelo, como el exsecretario de Seguridad Pública Leonardo Vázquez Pérez, quien recién renunció al cargo.
Lo malo es que el entramado jurídico del país no permite fincarle responsabilidades a ningún servidor público de los que constitucionalmente pueden ser sujetos a juicio político o a juicio de procedencia, porque la Constitución y las leyes de responsabilidades de los servidores públicos están deliberadamente diseñadas para favorecer la impunidad y eludir la justicia.
¿Qué alternativa le están dejando al pueblo?