PROCESOS DE CONSTRUCCIÓN DE GOBERNABILIDAD EN DEMOCRACIA 



LA DEMANDA DE INFORMACIÓN ES JUSTA 



Ramiro E. Mantilla V.
Sociólogo y Comunicador Social.

La justa e irrenunciable demanda de información de los habitantes de nuestra jurisdicción, exige de los poderes públicos y entidades privadas una permanente gestión que nos involucre en los procesos para alcanzar el progreso social. La comunicación social por su caracterización fundamental es consustancial con la humanidad desde sus orígenes de presencia en el planeta Tierra. Nos están asignadas históricamente actitudes intransferibles, no delegables: pensar; elaborar saberes y conocimientos, expresarnos en la gama de lenguajes sin miedos, no hipotecando la libertad de ser auténticos.

Nuestro ejercicio de trabajadores de la palabra, periodistas, comunicadores, lectores, presentadores, operadores; cada vez con retos de todo orden, se vuelve indispensable en la dinámica social de una provincia en desarrollo. No hay tregua al silencio y la tergiversación o peor, incondicionalidad a otros actores que se apropian de la opinión pública con intereses variadísimos que atraviesan las subjetividades y pueden estar sujetas a la manipulación.

Acepten el pensamiento envuelto en afecto; fruto de la comparecencia con una sociedad que puede caerse a pedazos y que obliga a expresar abiertamente mis preocupaciones y compromisos de enmienda contando con sus orientaciones críticas.

Porque me considero un militante de la vida con esperanzas, me permito compartirles algunas reflexiones, frutos de los andares aprendiendo en el periodismo y la sociología

Nunca como hoy, la sociedad demanda de los testigos de los hechos cotidianos, una condición honesta frente a la existencia y sus congéneres, en la perspectiva de construir nuevos paradigmas que traspasen los linderos de las buenas intenciones y se arriesguen a ser parte sustancial de las transformaciones irreversibles de la nación ecuatoriana y la Patria Grande.

No se puede seguir discriminando, difamando, menospreciando a todos quienes nos hacen sombra y luego nos aterramos de cualquier persona que “hace periodismo” con estatura intelectual y formación académica distinta que vulnera.

No es posible, seguir tolerando el manejo sórdido de personajes siniestros mercantilizados que privilegian sus ganancias haciendo uso del amarillismo y convulsionando los espectros más íntimos de lo personal, el respeto a la autoridad y la institucionalidad en nombre de la afirmación: “es lo que el público
quiere saber…”, que no es lo mismo que confrontar con valentía la estulticia del poder en manos del oportunismo y el aprovechamiento del Estado para mantener las condiciones de exclusión grosera de los ciudadanos en las decisiones y hechos que atañen a la obra pública, la actividad empresarial con responsabilidad social y las trascendentes expresiones de la cultura. Es hora de consensuar en una agenda mínima en cada Provincia amazónica, que ayude al PROGRESO SOCIAL integral del territorio.

No se trata de suplantar, ni sustituir a los líderes sociales y de opinión con estatura ética universal; no se puede ejercitar una actitud farisea de la información, la tribuna social o la cátedra que solamente hacen ruido y enconan el ambiente empobreciendo miserablemente la conciencia humana. Corremos el riesgo de ser individuos residuales con disonancia cognitiva, peligro de ser especie en extinción.

Compartamos como actores, no espectadores de procesos innovadores, genuinos, originales que nos desinstalen de las apatías, el conformismo, la comodidad doméstica, la neutralidad, la imparcialidad que no existe; hagamos honor a los precursores del periodismo comprometido con la humanidad en todas las latitudes; trastoquemos las entelequias y el anacronismo enfermizo; venzamos la actitud pancista que se subyuga a la mediocridad; démosle la oportunidad definitiva a nuestro yo profundo de ser gestores de nuestro destino sin tener que avergonzarnos por el “no pude”, “no intenté”, “no leo, porque no tengo dinero para los libros”, o el acomodo miserable de formas corruptas de sobrevivencia, chantajeando a los poderes, medrando de ellos y convirtiéndonos en caníbales carroñeros de los colegas.

Es la hora de la verdad; o somos parte de una nueva historia o somos lastre parasitario que merece extirparse en fidelidad a los ideales que algún día juramos defender.

NO A LOS MIEDOS Y MIEDOSOS.

Los retos son innumerables, diversos e insospechados. Reclaman conductas disciplinadas, coherentes, respetuosas de los compromisos, las honras y la dignidad; son necesarias profundas introspecciones y replanteamientos que inclusive nos obliguen a renuncias, sacrificios extremos en aras de la enmienda con humildad. Es la hora de extirpar los miedos, los miedosos, haraganes, ociosos mentales y quejumbrosos.

Son necesarias, para seguir vigentes en el oficio de la palabra, la incorporación del enorme dispositivo científico tecnológico ligado a los recursos electrónicos, análogos, digitales, satelitales; la asimilación sistematizada de los nuevos estilos, géneros comunicacionales; ya no se puede estar ajeno a las metodologías del periodismo ciudadano, científico, digital, viajero, económico, jurídico, médico; son abundantes las demandas del periodismo público, cívico y comunitario con recursos alternativos y alterativos. La pedagogía de la esperanza se vuelve nutriente salvífico que nos obliga a construir los enteros de comunicación que superen en proceso sustancial a los medios en manos de algunos inescrupulosos.

Por lo tanto, la situación privilegiada de estar involucrados en la comunicación social, obliga humanamente a ser personas productivas sin excusas ni pretextos; eficientes, eficaces, diligentes; que además nos mostremos a la faz de la humanidad con autenticidad, para no ser susceptibles de estar envueltos en las redes de la ignominia y el desprecio.

Somos culpables del silencio de los verdaderos actores ciudadanos; somos corresponsables de los gritos que emancipan; los fraudes que pululan para ocultar las desvergüenzas reclaman de nuestra audacia para descubrirlos y enfrentarlos; las acciones de algunos empresarios, dueños de partidos políticos y candidatos con aires mesiánicos anulan nuestra inteligencia. Los centellantes signos del cambio de época y la irrefrenable avanzada de gobiernos locales democráticos, mancomunidades y alianzas geopolíticas nos reclaman ser consecuentes hasta la muerte.

Los pensadores, hacedores, seguidores y constructores de nuevas realidades estamos obligados a superar con creces los desafíos estructurales, tecnológicos, mentales de la nueva ERA. No hay espacios para mezquinos, pusilámines, cobardes, traidores, timadores de la fe pública.
Extiendo mi mano a la generosa respuesta.