LA VERDADERA IZQUIERDA SE FUNDAMENTA EN EL SOCIALISMO CIENTÍFICO 



SIN TEORÍA REVOLUCIONARIA, NOA HAY REVOLUCIÓN 



Rodrigo Santillán Peralbo
“El Socialismo, desde que se ha convertido en una Ciencia, exige que se le considere una Ciencia, es decir, que se le estudie” sostenía Carlos Marx, el bueno. Este pensamiento es fundamental para comprender y practicar el socialismo científico, que incluye el estudio del materialismo dialéctico y del materialismo histórico, fundamentos de todo proceso revolucionario y de quienes se consideren revolucionarios. “Sin teoría revolucionaria, no hay práctica revolucionaria.”
El materialismo dialéctico define la materia como la esencia de la realidad sea concreta o abstracta;(pensamiento). El materialismo filosófico según las conceptualizaciones de Engels y Marx, ampliadas por Lenin, enseña la primacía e independencia de la materia para conocer, explicar y analizar el mundo, sus seres y sus cosas. La materia tiene primacía sobre la conciencia. Toda idea está en la naturaleza. Para explicar la naturaleza se utilizan las leyes de la dialéctica que, en tanto ciencia, se opone al idealismo filosófico.
En “el materialismo dialéctico las ideas tienen un origen físico, esto es, lo primero es la materia y la conciencia lo derivado. Como tal, el materialismo dialéctico se apoya en los datos, resultados y avances de las ciencias y su esencia se mantiene en correspondencia y vigencia con la tradicional orientación progresista del pensamiento racional científico”
El materialismo histórico analiza y explica la concepción materialista de la historia que conduce a comprender y racionalizar la historia humana que evoluciona sobre la base de las relaciones de producción que posibilitan la existencia de la estructura económica que origina la superestructura jurídica y política que determinan la conciencia social.
El socialismo científico es marxismo-leninismo. Las izquierdas, cualesquiera sean sus estrategias y tácticas, en su esencia, son un proceso revolucionario marxista-leninista, que se basa en teorías, doctrinas y filosofías iniciadas por Engels y Marx, enriquecidas por Lenin y por centenares de pensadores, y por la praxis revolucionaria donde quiera que se haya dado y haya triunfado por la fuerza de las armas. Si alguien afirma que se ha producido una revolución por la vía pacífica engaña y se autoengaña, pues en ninguna parte del mundo, infelizmente, se impone la justicia social sin lucha de clases, pues las burguesías y sus élites no renuncian jamás a sus privilegios de clase a favor de las masas proletarias, de las masas menos favorecidas, expoliadas, marginadas, de los olvidados, de los pobres, de los “condenados de la tierra” como diría Franz Fanon.
La izquierda, con cualquier membrete pretende tomar el poder del Estado por la vía que sea necesaria, incluida la electoral. Sin embargo, el triunfo en las urnas alcanzado por Salvador Allende en Chile, demostró que ese no era el camino, porque nunca contó con un poder armado que respalde y defienda el poder político constitucional. Allende fue asesinado por respetar la “legalidad” burguesa y dentro de ella aspirar a organizar un gobierno socialista. Si la izquierda llega al poder en la cola de un gobierno burgués, del centro izquierda o simplemente populista, bien se podría decir que ha renunciado a sus principios y lo que es más grave e imperdonable es que los dirigentes o líderes de esos grupos, partidos o movimientos vegeten a la sombra del poder por un salario, o que les gustó la pequeña parcela que les concede el gobernante que puede ser reformista, menos revolucionario, así en su discurso se presente como tal.
Una persona para ser de izquierda, inexorablemente, debe ser una persona con principios marxistas-leninistas que sea capaz hasta de entregar su vida por amor a la humanidad por la que se lucha, y en defensa de su principios que son diametral y radicalmente diferentes a una persona de la derecha. La persona de izquierdas es poseedora de una ideología marxista-leninista definida
El filósofo italiano Norbeto Bobbio sostenía: "Si se me concede que el criterio para distinguir la derecha de la izquierda es la diferente apreciación con respecto a la idea de igualdad, y que el criterio para distinguir el ala moderada de la extremista, tanto en la derecha como en la izquierda, es la distinta actitud con respecto a la libertad”. La izquierda marxista lucha para construir el socialismo para que los seres humanos sean libres e iguales, para que todos sean sujetos de derechos y vivan con dignidad y decoro en condiciones de equidad económica, social, cultural y de género.
Desde luego en el Ecuador, y generalmente en América Latina, la izquierda marxista no es única; es diversa, múltiple y allí radica su debilidad al mismo tiempo que posibilita la generación de nuevos aportes que enriquezcan la teoría y la praxis revolucionaria. Lo deseable, lo ideal y razonable sería que todas las izquierdas se unan en una sola y única estructura, con una sola ideología, filosofía, doctrina, y que en unidad programática se emprendan las nuevas luchas necesarias para construir la sociedad democrática, justa e igualitaria del siglo XXI.
¿Es posible la unidad de las izquierdas extremistas, radicales con las izquierdas moderadas? La unidad de las izquierdas debe forjarse con la presencia de hombres y mujeres que, desde diversas posiciones, tengan en común la concreción de las utopías: justicia social e igualdad en oposición total y absoluta a los objetivos de las derechas políticas y económicas y de los gobiernos populistas que devienen en reformistas para consolidar el sistema capitalista.
Al respecto Marta Harnecker afirma: "Cuando hablo de izquierda estoy pensando en el conjunto de fuerzas que se oponen al sistema capitalista y su lógica del lucro y que luchan por una sociedad alternativa humanista y solidaria, construida a partir de los intereses de las clases trabajadoras, libres de la pobreza material y de las miserias espirituales que engendra el capitalismo. La izquierda no se reduce, entonces, a la izquierda que milita en partidos u organizaciones políticas de izquierda, sino que incluye a actores y movimientos sociales". En otras palabras, la estructura de la nueva izquierda no estaría integrada sólo por organizaciones partidistas, sino por los movimientos sociales, el pueblo organizado y la juventud organizada opuestos al capitalismo y ciertamente con algunas ideas marxistas-leninistas.
En estos momentos históricos es indispensable impulsar la acumulación de fuerzas y trabajar tan intensamente, como sea posible, para unir y acabar con el divisionismo que nunca conduce a nada, o tal vez, sólo a la satisfacción de pobres intereses de dirigentes y líderes de sus de sus pequeñas parcelas. Esta es la hora de las definiciones: Con los pueblos y las luchas revolucionarias o con el salario que convierte a los colaboracionistas en sicarios del marxismo leninismo.
A pesar de ellos y por sobre ellos, la izquierda que se identifica con corrientes ideológicas de corte socialista y naturalmente con raíces marxistas-leninistas tiene mucho por hacer en Ecuador y en América Latina. A lo largo de la historia, la izquierda se ha enfrentado en condiciones desiguales con la derecha, el capitalismo y sus gobiernos apuntalados por fuerzas armadas y represivas estatales, y claro que ha sufrido derrotas, y ha soportado asesinatos, torturas, desapariciones forzadas, carcelazos, exilios y profundas frustraciones como las ocasionadas por el fin de la Unión Soviética y del “socialismo real”, pero el valor supremo de las izquierdas es que nunca y bajo ninguna circunstancia entregan sus banderas y dejan de luchar. La oposición al capitalismo político, social y económico y sus representantes es la fortaleza de la izquierda así las condiciones y realidades circunstanciales sean adversas en extensión y profundidad. La izquierda es la única alternativa de desarrollo real que queda a los pueblos, porque es, también, la única alternativa a la estructura capitalista que sume a los pueblos en la miseria moral, política, social y económica.
En la actualidad los pueblos viven en realidades de total frustración política y económica, Las masas han sido víctimas del engaño y del discurso populista de izquierda, centro izquierda, centro derecha o todo a la vez. Si un gobernante, así tenga un elevado respaldo popular, carece de ideología definida ya sea por su extracción de clase o por su formación académica, siempre será cabeza de un gobierno sin definición ideológica que acaba por convertirse en populista de la peor especie, porque si habla de revolución, termina por ser el protagonista del retroceso verdaderamente revolucionario. En última instancia es un retardatario ideal del capitalismo reinante.
Otros autores como Allain Touraine no creen que exista una verdadera izquierda en América Latina, o por lo menos se mantienen escépticos con respecto a la existencia de una verdadera izquierda política. Sostiene: “"Resulta poco provechoso emplear expresiones que han sido inventadas y utilizadas para un contexto totalmente diferente. En Gran Bretaña o Francia, los términos 'derecha' e 'izquierda' se sitúan en un régimen parlamentario. Y es en Gran Bretaña donde tienen más sentido. Pero el lenguaje correspondiente a un régimen parlamentario se aplica necesariamente mal a uno presidencial o semipresidencial. En el caso latinoamericano, se ajusta tan mal que creo tener buenas razones para defender una postura muy alejada de la que se expresa más frecuentemente".
El autor se manifiesta europeizante y al parecer desconoce las realidades socio-políticas, las vivencias y experiencias de la izquierda latinoamericana, totalmente diferentes a las vivencias y prácticas europeas, “pero tampoco podemos evitar el uso de nociones que se han convertido en convicciones paradigmáticas. Si la dicotomía derecha/izquierda se ha extendido de manera tal que se propone como una necesidad y como un programa, evidencia una realidad básica de adjudicación de estructuras mal que bien combatidas en su fundamento, dice un analista y agrega. Podríamos señalar que la izquierda europea que señala Touraine, y, por fuerza, su derecha, opera en una realidad ya constituida y sancionada completamente por el Estado. Este último es obviamente un Estado (moderno) de derecho. Sólo bajo estas dos condiciones es posible actuar para 'limitar la acción de las fuerzas dominantes' y 'hacer progresar la justicia y la igualdad'" Pero tampoco es posible darlo por hecho ese tipo de políticas y de Estados cuando Europa vive una crisis integral y profunda que ha dado origen a la insurgencia de movimientos sociales nunca antes pensados como los movimiento de los indignados que exigen “democracia ya” y que condenan todas las prácticas políticas tradicionales. Por tanto, el análisis de Touraine carece de validez en los tiempos que vivimos en esta Latinoamérica ansiosa de construir su propia historia, sin tutelajes de las derechas oligárquicas, fieles aliadas del imperio injerencista.
Existe una izquierda múltiple, como consecuencia del divisionismo absurdo impulsado por las derechas, el imperio estadounidense y sus agencias como la CIA que se ha mostrado muy activa desde las décadas de los 50s. En los años sesenta dividió al Partido Comunista del Ecuador en dos posiciones aparentemente antagónicas, secuela a la vez de la confrontación entre la Unión Soviética y la República Popular China, pero el divisionismo es superable si se coincide en un objetivo superior: la transformación revolucionaria de las estructuras y superestructuras para servir al pueblo, sus sueños y esperanzas.
La izquierda es fuente inagotable de propuestas políticas tendentes a la transformación de las realidades de opresión, explotación e injusticias, planteadas en forma reiterativa, y en ocasiones, con el uso de la imaginación y expresiones originales para responder a los nuevos tiempos y circunstancias socio-políticas. Al respecto un analista sostenía: “El amor a la originalidad no nos debe llevar a una especie de snobismo terminológico, sino a la propuesta de soluciones terminantes a los problemas de mayor importancia (es decir, depurar más bien los objetivos e ideales propios de la izquierda, que no su concepto).
Concedamos el que existe una izquierda, al menos en el ámbito teórico. ¿Hacia dónde se encamina? ¿Se puede construir una sociedad prescindiendo de los ideales de la izquierda? ¿Cuáles son estos ideales? ¿Se ha distanciado realmente la izquierda de los arquetipos histórico-ideológicos del comunismo? A estas preguntas sólo podemos contestar si analizamos, aunque sea de manera escueta, la historia del pensamiento marxista y su influencia en la historia de nuestro subcontinente…”

Luego preguntaba: “ ¿Qué es el socialismo? "Conjunto de doctrinas que, en oposición al capitalismo, preconizan la colectivización de los medios de producción como medida destinada a la supresión de las diferencias entre las clases sociales y necesaria para una organización racional de la sociedad". Las primeras teorías socialistas aparecieron a principios del s. XIX, pero lograron su cristalización con la publicación del Manifiesto del Partido Comunista (1848) de Karl Marx y Friedrich Engels, logrando así poner las bases del socialismo científico. Rápidamente se extendió este movimiento en toda Europa por medio de la fundación de partidos socialistas adscritos al marxismo en distintos países.

"El socialismo perfecciona incansablemente las relaciones sociales, multiplica de modo coherente lo alcanzado, acrecienta la fuerza y la convicción de su ejemplo, patentiza el humanitarismo real de todo su modo de vida, manifiesta constante disposición a participar en un amplia cooperación internacional en aras de la paz y la prosperidad de los pueblos en pie de igualdad y reciprocidad. De este modo, el socialismo levanta un valladar cada vez más sólido contra la ideología y la política de guerra y militarismo, de reacción y violencia, contra todas las formas de misantropía, y contribuye activamente al progreso social de la humanidad", afirmaba Carlos Sabino en “El giro hacia la izquierda en América Latina”.

Pese a todos los avatares, contingencias y derrotas, el socialismo no ha fracasado como suelen afirmar numerosos analistas identificados con el capitalismo, las burguesías y sus derechas, inclusive por izquierdistas derrotados por el pesimismo o por el colaboracionismo. El socialismo es dueño de una ideología invencible, vigente y fortalecida por las mismas condiciones creadas y mantenidas por las burguesías, el imperio y sus cipayos. Es una alternativa real con potencialidades no imaginadas siquiera y al fin, dialécticamente, el socialismo triunfará en el todo el mundo.

Martha Harnecker señala: "Estoy convencida, como lo he repetido muchas veces, que el único camino para estar a la altura de los desafíos que nos plantea el mundo de hoy y poder avanzar en la lucha por crear las condiciones de una profunda transformación social es evitar caer en una actitud nostálgica hacia el pasado y partiendo de la nueva realidad en la que estamos insertos decidirnos a construir creadoramente el porvenir".

Johannes Nymark, especialista en América Latina, profesor e investigador en la Universidad Noruega de Ciencias Económicas y Empresariales (NHH) en Bergen, Noruega, en Rebelión, expresaba que el análisis sobre la nueva izquierda latinoamericana y de las realidades actuales del subcontinente, nos permite concluir con una mención de los puntos esenciales de dicha izquierda en la actualidad y muy probablemente en los años por venir:

• lucha por los recursos propios (especialmente los energéticos);
• política económica contraria al neoliberalismo;
• diversificación de las relaciones comerciales con el exterior;
• política de integración latinoamericana;
• promoción de una política favorable a la integración social; y
• tendencia generalizada a llevar a nuevos grupos sociales al poder político.

A esa visión, inexorablemente se debería establecer una propuesta programática que responda a las necesidades e intereses del pueblo en estos tiempos de tanta confusión ideológica, partidista y del surgimiento de un caudillismo autoritario que pretenden apuntalar algunos partidos y movimientos de origen marxista que olvidaron que su objetivo primordial fue “hacer la revolución”. Ahora es preciso e indispensable garantizar a todos el pueblo el ejercicio pleno de todas las libertades y derechos humanos, garantizar y propender a la libre expresión del pensamiento, la libertad de organización popular, sindical, estudiantil, profesional, y de movilización, a la vez que estimular el trabajo creador de intelectuales y artistas y convertir en realidades la reforma agraria integral, la reforma urbana y garantizar el trabajo que permita erradicar la pobreza consuetudinaria y, en consecuencia, devolverle al pueblo su dignidad, su identidad, su voz y su rostro.

El Socialismo Revolucionario del Ecuador, en su Manifiesto proclama “la necesidad de mantener la lucha popular y comprometida que desde 1926 ha enfrentado al capitalismo, al imperialismo, a la derecha, el caudillismo y el oportunismo”. Expresa que mantendrá “la lucha junto a las organizaciones sociales y la crítica a las medidas antipopulares del régimen correista y que defenderá los derechos de los trabajadores, la seguridad social, el carácter nacional y democrático de la educación, los derechos a la tierra y al agua; lo mismo que respaldará a las organizaciones laborales, indígenas, afroecuatorianas, de mujeres , pobladores, estudiantes y de sectores discriminados”.

En el manifiesto asegura que se “opondrá a las políticas represivas y depredadoras del Gobierno, denunciando las violaciones a los derechos humanos y ambientales, que combatirá la corrupción imperante y que enfrentará al caudillismo correista que engaña a las masas y destruye al país”.

Considera que al seguir “las tesis sociales fundamentales, buscará la unidad de la izquierda participando en las acciones políticas con los partidos, movimientos y organizaciones afines, con otras fuerzas progresistas y con el movimiento social”.

En suma, planeta “la formación de un solo frente patriótico para la acción política, con una coordinación permanente y una expresión electoral que articulen una amplia unidad social y orgánica de diversas vertientes”.

La unidad de la izquierda es un imperativo nacional que no admite demoras.