EL DIARIO EL TELÉGRAFO NO RESPETA SU LEY DE COMUNICACIÓN 



DURANTE LAS DICTADURAS ARGENTINAS HUBO UNA PRENSA CANALLA 



Marco Villarruel Acosta *
El diario argentino Página 12 publica ayer un interesante trabajo periodístico sobre algunas publicaciones hechas en el tiempo de la dictadura argentina. Ocurre que determinadas revistas y editoriales se inventaron entrevistas, se forjaron artículos, se acomodaron temas, así como condenaron al tacho de la basura las notas que decían la verdad sobre la dictadura.
Se la llamó “prensa canalla”.
No sabemos por qué razón exactamente nos vino a la memoria la serie de artículos y notas publicados en estos últimos días en el diario gubernamental El Telégrafo sobre varios temas de interés nacional.
Son estas notas unas verdaderas joyas del periodismo sumiso, y que desacata muchas de las disposiciones de la Constitución y de la ley de Comunicación vigentes en el Ecuador. Para no ir muy lejos veamos la campaña desatada por una Unidad de Investigación del diario en contra del Fondo de Cesantía del Magisterio Ecuatoriano, en la que con el pretexto de hacer denuncias se acogen criterios de personas descalificadas y el espacio otorgado a los personeros del FCM es mínimo y de ninguna manera ocupa el mismo espacio otorgado a los acusadores. Ocurre que la oportunidad del tema coincide con la feroz arremetida gubernamental contra esta organización. No fueron análisis confiables ni de calidad.
Se siente que el espíritu de los periodistas del diario que cubrieron la marcha del 16 de septiembre no está reflejado en los contenidos de las notas publicadas porque no dijeron toda la verdad sobre el desarrollo mismo de la marcha. Fácil es hacer un estudio morfológico y el centimetraje otorgado a los manifestantes es ridículamente menor al que se da al sector gobiernista. Y de los contenidos, ni hablar. A los colegas periodistas se les debe haber encogido el corazón al abstenerse de narrar la magnitud de la protesta o la brutalidad policial (condenada hasta por el Presidente). El problema se agrava porque la prensa privada se acogió a la autocensura y los ecuatorianos nos privamos de conocer lo que sucedió. La contrastación se dio únicamente a través de las redes sociales.
Ciertamente es necesario destacar en las apologías al régimen las expresiones del articulista Werner Vásquez con motivo de sus loas a la ley de Comunicación y a las resoluciones de la polémica Corte Constitucional: “Lo decidido por la Corte Constitucional es un triunfo para toda la sociedad ecuatoriana; es avanzar en la profundización de la libertad de expresión, en la consolidación de la democracia no solo representativa, sino participativa y, por supuesto, es consolidar y avanzar en los derechos de primera, segunda, tercera y cuarta generación” . Ni más ni menos.
Y, dado que al parecer el articulista vive en otro país, los lectores merecen reflexionar sobre esta perla: “El que a la comunicación e información se las reconozcan (sic) como derecho y servicio público es comprender que recubren todo el imaginario material, simbólico, económico, político, intercultural de la sociedad ecuatoriana”.
Estas poco felices expresiones y la posición inveterada del diario a favor únicamente del régimen, con lo cual oculta lo bueno que puede tener en otras secciones, no contribuye a la tal atmósfera feliz de la libertad de expresión ni a la consolidación de la democracia. Y nada más leer lo que dice la Constitución sirve para concluir que no la cumplen:“ Artículo 16. Buscar, recibir, intercambiar, producir y difundir información veraz, verificada, oportuna, contextualizada, plural, sin censura previa acerca de los hechos, acontecimientos y procesos de interés general, y con responsabilidad ulterior”.
El diario no cumple con estas disposiciones aprobadas resueltas por el propio gobierno. Solamente debemos leer cualquiera de sus ediciones para comprobarlo. ¿Deberemos entender entonces que Constitución que el gobierno redactó es para el cumplimiento solamente de los otros?
*Periodista y docente universitario