EL NAZIFASCISMO ESTÁ VIVO Y VIGENTE EN BUENA PARTE DEL MUNDO 



"MUSSOLINI Y FRANCO TAMBIÉN HICIERON GRANDES CARRETERAS" 



Rodrigo Santillán Peralbo
La entrevistadora María Josefa Coronel de “Teleamazonas” de Quito, mencionó que Benito Mussolini, creador del fascismo italiano y Francisco Franco, el dictador fascista de la Falange Española, sostuvieron –en su oportunidad- que la comunicación era un servicio público, de idéntica manera a lo que desea imponer la Revolución Ciudadana en el Ecuador. Su entrevistado, Fernando Alvarado, Secretario de Administración Pública y que pertenece al entorno inmediato del presidente de la República del Ecuador, Rafael Correa Delgado, respondió: “Si, pero ellos también hicieron grandes carreteras, grandes transformaciones”. ¿Le traicionó el subconsciente porque en realidad admira a esos fascistas o sus palabras querían resaltar la obra que moderniza la infraestructura ecuatoriana para consolidar el sistema capitalista que ejecuta el presidente Correa?
En el gobierno del Presidente Correa hay altos funcionarios que provienen de las derechas políticas y económicas que han sido denunciados constantemente por las izquierdas que no están en el poder, y que a más de uno, lo ha calificado de fascista; en tanto otros sectores políticos no vacilan en afirmar que la totalidad del gobierno de la Revolución Ciudadana es de derecha con ínfulas fascistas, debido a que el Presidente Correa ha asumido todas las funciones del Estado hasta ejercer un control total sobre ellas, para configurar un Estado totalitario, concentrador, con un líder único. Los partidos políticos de las derechas por medio de sus voceros y dirigentes consideran que Correa y su gobierno son de izquierda, pertenecientes al anacrónico “socialismo”, “comunismo” o que por lo menos representa al fracasado Socialismo del Siglo XXI que ha conducido a Venezuela al caos.
Cualesquiera sean las percepciones de uno u otro sector, lo cierto es que el fascismo fundado en Italia por Benito Mussolini, tiene en el Ecuador y en el resto de América Latina y el mundo, a seguidores fieles y fanáticos, sobre todo admiradores de Pinochet y demás fascistas que desangraron a nuestros pueblos en las décadas de los setentas y ochentas. Tampoco faltan los admiradores de Hitler y su nacionalsocialismo. Unos y otros, junto a las derechas radicales desestabilizan gobiernos, provocan revueltas y caos, polarizan sociedades y pueblos con la esperanza de algo pescar en ríos revueltos. Lo que ocurre en Venezuela es un dramático ejemplo del accionar nazifascista.
El nazifascismo es una de las expresiones de las extremas derechas políticas y de las oligarquías dependientes del capital transnacional y del imperio que no entendieron que se trata de una aberración histórica por la obsolescencia de su ideología corporativista de carácter violento, militarista-gorilesco que exige una férrea y demencial disciplina de las masas frente a las disposiciones-órdenes del líder, caudillo o Jefe de Gobierno que deben ser acatadas sin protesta, y sin mirar siquiera otras opciones.
Los fascistas contemporáneos de esta parte del mundo añoran y admiran a Mussolini, Franco y hasta Hitler para luego encontrar en los Pinochet, Videla, Galtiere, Bordaberry, Branco, Banzer, los ejemplos a seguir y emular. Para el fascismo el Estado es todo, el líder o caudillo es el soberano que lo representa, que jamás se equivoca, el que piensa por todos y el que decide el destino de todos y todas.
Anteriormente sosteníamos que el fascismo es un sistema político, económico, social y cultural de extremado carácter nacionalista, sin considerar la realidad mundial que exige la interacción entre pueblos y Estados. El fascismo proclama al Estado como la entelequia suprema que ordena y manda, permite o prohíbe. El Estado es ley irrebatible, es el líder que encarna al Estado y su palabra es verdad suprema absoluta e indiscutible, porque el Estado piensa y habla por boca del caudillo que gobierna.
Los derechos del Estado están por sobre los derechos de las personas y, por tanto, se suprimen libertades y posibilidades hasta de disentir. La opinión ajena y el pensamiento que no coincidan con el caudillo gobernante, sustentador de la doctrina fascista, deben ser perseguidos y suprimidos con cárcel, torturas y muerte. El miedo es la mejor arma del fascismo porque sabe que un pueblo o conglomerado social que vive con temor e incertidumbre no protesta, calla, consciente y acata.
El fascismo por su propia definición, cuando alcanza el poder, se convierte en una dictadura cruel porque es la antítesis de la democracia y sus garantías fundamentales. Si suprime derechos básicos no tiene impedimento legal, ni ético para eliminar la vida o retacearla hasta su mínima expresión.
Edgardo Ricciutti sostiene que “el fascismo, como ideología política, ostenta una infinidad de perfiles muy disímiles y contradictorios”. Afirma que en sus posturas más pragmáticas, el fascismo tiene la pretensión de basar su estructura económica en un corporativismo de inspiración medieval por su organicidad social, mas no por su independencia del poder centralizado. Se evidencia, como la vinculación de las masas al proceso, que representan un factor clave para el sustento del líder, que afianza un ordenamiento totalitario y personalista, mediante técnicas de comunicación perfectamente estudiadas…”
Los actuales líderes y caudillos de los movimientos fascistas suelen prometer y hasta ejecutar cambios en el aparato industrial, en el cambio de la matriz productiva, en la ejecución de obras faraónicas para el desarrollo de la infraestructura que demanda la inversión de miles de millones de dólares usufructuados por los fieles empresarios militantes o los nuevos ricos que produce; obras y cambios que encandilan a las masas hasta enceguecerlas, fanatizarlas y cosificarlas para hablar de inmediato que promueven un cambio social, un despertar de los pueblos que adquieren una mayor conciencia social gracias a la labor de los fascistas que ganaron procesos electorales para alcanzar el poder o fuera del poder que pretenden tomarlo por asalto, precisamente con el apoyo de las masas manipuladas hasta el fanatismo, por efecto de la propaganda.
Los analistas de las doctrinas fascistas coinciden en afirmar que propugnan y destacan los roles interpretados por cada estrato de la población. Existía una preocupación elevada por las paupérrimas condiciones humanas en las que vivían las clases pobres de la sociedad, sobre todo los sectores rurales que no se beneficiaban, en la práctica, de los adelantos de la nueva industrialización.
Por otra parte suele decirse que “el proyecto político del fascismo es instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista, mientras su base intelectual plantea una sumisión de la razón a la voluntad y la acción, un nacionalismo fuertemente identitario con componentes victimistas que conduce a la violencia contra los que se definen como enemigos por un eficaz aparato de propaganda, un componente social interclasista, y una negación a ubicarse en el espectro político (izquierdas o derechas), lo que no impide que habitualmente la historiografía y la ciencia política sitúen al fascismo en la extrema derecha y le relacionen con la plutocracia, identificándolo algunas veces como un capitalismo de Estado, o bien lo identifique como una variante chovinista del socialismo de Estado.
Fascismo (del italiano fascio, haz, fasces, a su vez del latín fasces, pl. de fascis) es una especie de ideología y un movimiento político que surgió en la Europa de entreguerras (1918-1939) en oposición tanto a la democracia liberal (el sistema político que representaba los valores de los vencedores en la Primera Guerra Mundial, como Inglaterra, Francia
El fascismo exalta la idea del Estado frente a la del individuo o clase; suprime la discrepancia política en beneficio de un partido único y los localismos en beneficio del centralismo. El fascismo italiano logró la unidad y adhesión voluntaria de la población”.
La palabra nazi que es la continuación del fascismo italiano trasplantado a Alemania por Adolf Hitler, “es la contracción de la palabra alemana Nationalsozialistische, que significa 'nacionalsocialista', y hace referencia a todo lo relacionado con el régimen que gobernó Alemania de 1933 a 1945 con la llegada al poder del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP, Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei), el autoproclamado Tercer Reich y Austria a partir de la Anschluss, así como los demás territorios que lo conformaron (Sudetes, Memel, Danzig y otras tierras en Polonia, Francia, Checoslovaquia, Hungría, Holanda, Dinamarca y Noruega). La Alemania de este periodo se conoce como la Alemania nazi que fue un término acuñado por el ministro de propaganda del régimen alemán Joseph Goebbels, que lo usó durante uno de sus discursos para referirse a los miembros de su partido”.
Nazismo y fascismo son hermanos doctrinarios, con diferencias nacionales (alemana e italiana) pero en esencia niegan a la persona humana a la que subordinan a los intereses y objetivos del Estado y, naturalmente, al líder o caudillo. En las dos formas, la violencia es la que impera para imponerlo entre los pueblos. En América Latina la doctrina es la misma que se usó en Alemania y en Italia. Niegan no sólo a la persona sino, también, los derechos y libertades fundamentales para consolidar el sistema de privilegios usufructuados por las clases burguesas, oligárquicas y feudales, agrupadas en movimientos y partidos de las derechas más recalcitrantes, retrógradas y cavernarias.
Mussolini, el fundador del fascismo italiano, en la Enciclopedia Italiana en 1932 titulada Doctrina del Fascismo, decía "Aunque el siglo XIX fuera el siglo del socialismo, el liberalismo y la democracia, eso no significa que el siglo XX deba ser también el del socialismo, el liberalismo y la democracia. Las doctrinas políticas pasan; las naciones permanecen. Somos libres de creer que este es el siglo de la autoridad, un siglo que tiende hacia 'el bien', un siglo fascista. Si el XIX fue el siglo del individuo (liberalismo implica individualismo), somos libres de creer que este es el siglo del 'colectivo', y por tanto el siglo del Estado."
"La concepción fascista del Estado, agregaba, es totalmente incluyente; fuera del mismo no puede existir ningún valor humano o espiritual, mucho menos tener valor. Comprendido esto, el fascismo es totalitario, y el Estado fascista - síntesis y unidad que incluye todos los valores - interpreta, desarrolla y potencia toda la vida de un pueblo."
“El fascismo es una concepción religiosa en la que un hombre es visto bajo la perspectiva de su relación inmanente con una ley superior y con una Voluntad objetiva que trasciende al individuo particular y le eleva a la pertenencia consciente a una sociedad espiritual. Cualquiera que no haya visto en las políticas religiosas del régimen fascista nada más que mero oportunismo, no ha entendido que el fascismo, aparte de ser un sistema de gobierno, es también, y sobre todo, un sistema de pensamiento."

El fascismo, en última instancia es una ideología política fundamentada en un proyecto de unidad monolítica denominado corporativismo, por ello exalta la idea de nación frente a la de individuo o clase; suprime la discrepancia política en beneficio de un partido único y los localismos en beneficio del centralismo; y propone como ideal la construcción de una sociedad perfecta, denominada cuerpo social, formado por cuerpos intermedios y sus representantes unificados por el gobierno central, y que este designaba para representar a las sociedad”.
“Para ello inculcaba la obediencia de las masas (como protagonistas del régimen) para formar una sola entidad u órgano socio-espiritual indivisible. Utiliza hábilmente los nuevos medios de comunicación y el carisma de un líder en el que se concentra todo el poder con el propósito de conducir en unidad al denominado cuerpo social de la nación”.

El fascismo es ante todo un nacionalismo que identifica tierra, pueblo y Estado con el partido y su líder. El fascismo no solo quería tomar el poder sino también crear una nueva clase de hombre y de sociedad, a través de una ideología que glorificaba la jerarquía, el nacionalismo y el patriotismo”. Ejemplos de fascismo en América Latina fueron los movimientos Tradición, Familia y Propiedad, la Triple A y en estos momentos las derechas radicales venezolanas
“El fascismo puso un gran énfasis en la propaganda. Las nuevas tecnologías, especialmente la radio, (hoy la televisión), pero también el cine y el periodismo gráfico, se utilizaron en gran una medida para unir al pueblo” en torno a la glorificación del líder hasta persuadir a las masas que el “bondadoso” Presidente-.Dictador-Caudillo es único e irremplazable, dueño de los destinos de la nación y del pueblo, dueño de la verdad, además de ser padre protector de las masas, a las que el líder niega el derecho a disentir, porque con el uso del miedo se ha impuesto el pensamiento único que es el pensamiento del supremo gobernante y de su círculo íntimo, que sólo dura el tiempo de vida del caudillo en el poder.
El fascismo “quiere organizar toda la sociedad instalando una visión nueva que rompiese con el sistema anterior, exigiendo una subordinación responsable de todas las organizaciones sociales, económicas y políticas.
El fascismo exalta los valores de la virilidad, la camaradería y el compañerismo de los hermanos de armas, todo ello en sintonía con algunas tradiciones militaristas existentes en todos los ejércitos. Serían los casos del ejército alemán, el japonés y de los que se llamaron militares africanistas españoles, que con Franco como caudillo absoluto, impusieron la sanguinaria dictadura fascista-falangista que asoló a España durante 40 años.

La componente social del fascismo pretende ser interclasista y antiindividualista: niega la existencia de los intereses de clase e intenta suprimir la lucha de clases con una política de sindicato vertical y único en que tanto trabajadores como empresarios obedezcan las directrices superiores del gobierno. Tal es el corporativismo italiano o el nacionalsindicalismo español. El nacionalismo económico, con autarquía y dirección centralizada se adaptaron como en una economía de guerra a la coyuntura de salida de la crisis de 1929.
El fascismo y otros movimientos afines apelaban al sentimiento popular y las masas como las protagonistas del régimen, especialmente por la virilidad exaltada en el trabajo manual y obrero; a pesar de ello no reconocía la libertad de asociación por motivos de clase sino la identificación de los trabajadores como seguidores del Estado.

La idea de Mussolini era usar a los capitalistas industriales para implantar en conjunto con el gobierno el corporativismo nacionalista. El corporativismo -proyecto político del fascismo- haría que todos los sectores de la sociedad deban integrarse y trabajar unificadamente al mando del gobierno.
Es propio de los movimientos fascistas, en ciertos programas económicos y sociales, la identificación con la tierra y los valores campesinos frente a la decadencia y corrupción que se denuncian en las masas urbanas desarraigadas.
El nazismo, por su parte, se preocupaba por “la mejora de la raza que no sólo implicaba la pureza racial evitando el mestizaje, sino que también debía ser interna a ésta, incluyendo la eugenesia (en el caso de Alemania también la eutanasia), en un movimiento que no era originario de los países con régimen nacionalsocialista o fascista, sino del ámbito cultural anglosajón, y que se popularizó en muchos otros (Suecia, Australia o los Estados Unidos). El fascismo tuvo una base racial en Alemania, aunque no en Italia (al menos inicialmente, hasta 1938); los nacionalsocialistas construyeron una amalgama ideológica de gran eficacia movilizadora a partir de fuentes mitológicas y literarias, así como de los textos clásicos dedicados a demostrar la desigualdad de las razas. Se destacaban dos elementos: la comprobación de la raza aria de origen nórdico (que demuestra la existencia de un pueblo indoeuropeo original, sustentada por algunos autores como Houston Stewart Chamberlain) y el antisemitismo (que se había reavivado desde la divulgación de los Protocolos de los Sabios de Sión. El antisemitismo estaba presente en muchos países de Europa central y oriental desde la Edad Media
El racismo entendido en su expresión puramente biológica, no está presente en todos los movimientos fascistas, además de estar presente en otros contextos, como el supremacismo blanco en Estados Unidos. Lo que sí aparece como una constante del fascismo, es la concepción de la etnicidad como elemento identitario.
En Italia se dio a partir de 1924 un fuerte proceso que se denominó Italianización fascista que pretendía homogeneizar toda diferencia idiomática y cultural.

En el caso español existió una expresión ideológica hispanista que en algunas ocasiones se ha definido como panhispanismo, y que no puede definirse como un racismo sensu stricto, aunque sí una hipervaloración de las características étnicas, religiosas, culturales e idiomáticas identificadas con lo español, sobre todo en relación con su expansión por América. Fue mantenida en varios países hispanoamericanos, destacadamente en Argentina, y se expresó en el concepto de Hispanidad (acuñado por el sacerdote vasco emigrado a Argentina Zacarías de Vizcarra —La Hispanidad y su verbo, 1926— y divulgado por Ramiro de Maeztu —Defensa de la Hispanidad, 1934—). Se llegó a instituir el 12 de octubre como fiesta del Día de la Hispanidad, que ya venía celebrándose con el inequívoco nombre de Día de la Raza desde 1915 (a iniciativa de Faustino Rodríguez-San Pedro) y que se extendió por Hispanoamérica. Las ideas o más bien tópicos de Raza, Hispanidad e Imperio eran inconfundibles en la retórica de la Falange Española que heredó el Franquismo, y el propio Franco escribió el guión de la película Raza (1941)”.
El nazifascismo no sólo utiliza la violencia física para imponerse por el miedo sino que usa y abusa de la propaganda para glorificar al líder, Jefe de Gobierno o Caudillo e imponer en el pueblo el miedo psicológico. “Un rasgo característico de la propaganda hitleriana era crear alrededor del nombre del líder una especie de leyenda de héroe nacional, para mantener a las masas en un estado de esclavitud psíquica. Hitler afirmó en su libro "Mein Kampf" ("Mi lucha") que "la propaganda política es el arte esencial de guiar políticamente a las grandes masas". Y en el congreso de Nuremberg de 1936 exclamó: "la propaganda nos ha llevado hasta el poder, la propaganda nos ha permitido conservar desde entonces el poder; también la propaganda nos concederá la posibilidad de conquistar el mundo".
Si se trata de teorizar acerca del rol de la propaganda en el III Reich, nadie mejor que los propios involucrados. Goebbels decía al respecto que "la propaganda debe tender a simplificar las ideas complicadas". Hitler precisa en su libro (transcripto en su mayor parte por su adláter Rudolf Hess en prisión luego del fallido Putsch de Munich en 1923): "hay que reducir tanto más el nivel intelectual de la propaganda cuanto mayor es la masa de hombres a los que se quiere llegar".
La propaganda hitleriana se valía del sentimiento nacional del pueblo alemán, de su tendencia chauvinista. Otros aspectos de este fenómeno eran la persecución antisemita (encarada con una brutalidad tal desde la propaganda hasta convertirse en su talón de Aquiles en el exterior) y la demagogia social desenfrenada en el orden interno. Uno de los atributos característicos del fascismo, la valoración positiva del uso de la violencia, se refleja en las siguientes palabras de Hitler: "la primera de las condiciones para el éxito consiste únicamente en la aplicación perpetuamente uniforme de la violencia". La "persuasión por la fuerza", campañas propagandísticas cuya base era el miedo, era el denominador común. Rara vez en los discursos del führer dejaba de haber un llamamiento a la violencia, una amenaza velada o una apología de la fuerza militar.
Otra regla de la propaganda fascista es la de no hablar nunca en condicional. "Sólo la afirmación indicativa o imperativa nutre la psicosis de poderío y la psicosis de terror entre los enemigos. ("Mein Kampf "). Por otro lado, Hitler le asignaba a la unidad de mando el éxito de cualquier propaganda política, ya que, según él, "el fuerte es más fuerte cuando se queda solo". Constantemente en sus discursos se repetía que los nazis eran los vencedores -o que vencerían-, para "provocar la fuerza de sugestión que procede de la confianza en uno mismo". Este precepto está estrechamente ligado a otra característica de la propaganda hitleriana: el empleo de la mentira.
Lo que Hitler comprendió a la perfección -sin conocer la teoría de los reflejos condicionados- en lo que refiere a las condiciones del éxito de su propaganda, fue la regla de su repetición. Dice al respecto: "todo el genio desplegado en la organización de una propaganda no lograría éxito alguno si no se tuviera en cuenta, siempre con el mismo rigor, un principio fundamental: debe limitarse a un número reducido de objetos y repetirlos constantemente. La perseverancia es la primera y más importante condición del éxito". Por esta razón machacaba sin cesar en las masas sus slogans o "divisas-microbio", sus símbolos sonoros y escritos”.
Joseph Goebbels -quien paradójicamente había sido criado en una casa de tradición judía al igual que su mujer, Magda- fue quizás el único verdadero intelectual de los altos mandos nazis. A cargo del Ministerio de Propaganda, se convirtió en el principal aliado de Adolf Hitler en su tarea de obnubilar a las masas mediante tácticas maquiavélicas de manipulación de información y control absoluto sobre prensa gráfica, (televisión) radio, cine, arte, literatura e incluso teatro.
Un asunto muy importante en estos menesteres era el de la credibilidad: sólo ésta debía determinar si los materiales de la propaganda habrían de ser ciertos o falsos. Para Goebbels lo importante era lo expeditivo y no lo moral. Para mantener la credibilidad, sin embargo, la verdad debía ser utilizada con la mayor frecuencia posible. Por ende, las mentiras eran útiles cuando no podían ser desmentidas.
No se tenía el menor escrúpulo respecto del uso de la censura. "La política de las noticias -aseveró Goebbels- es un arma de guerra; su propósito es el de hacer la guerra y no el de dar información". La política habitual consistía en suprimir materiales considerados indeseables para el público alemán para luego usarlos como propaganda en el exterior si eran apropiados. Por ejemplo, las historias referentes a un supuesto canibalismo de los rusos eran difundidas en países extranjeros, pero no en Alemania para no aterrorizar a los familiares de los soldados.
Un elemento manejado con maestría por parte de Goebbels era la llamada "propaganda negra". Se denominaba así a aquel material cuya fuente quedaba oculta para la audiencia. Se presumía que el hecho de desperdigar rumores para que actuaran por sí solos como propaganda tendría más posibilidades de ser creído si las autoridades alemanas no estaban relacionadas con él. También se utilizaban medidas negras para combatir rumores indeseables dentro del Reich, ya que una desmentida oficial, según Goebbels, no haría más que reforzarlos.
Otra metodología significativa era etiquetar los acontecimientos y las personas con frases y consignas distintas pero fácilmente retenibles. La tarea de Goebbels consistía en vincular los sucesos con los cliché verbales que iban a adquirir un especial significado.
LAS CATORCE CARACTERÍSTICAS DEL FASCISMO
El Dr. Lawrence Britt, politólogo, escribió un artículo acerca del fascismo que apareció en la revista Free Inquiry, una revista de corte humanista. El Dr. Britt estudió los regímenes fascistas de Hitler (Alemania), Mussolini (Italia), Franco (España), Suharto (Indonesia) y Pinochet (Chile). El encontró que estos regímenes tienen 14 puhntos enh común, los cuales llamó: "las características que identifican al fascismo".

Las catorce características son:

1.- Nacionalismo poderoso y permanente.
Los regímenes fascistas tienden a hacer constantes el uso de frases, slogan, símbolos, canciones y otra parafernalia patriótica. Las banderas se ven por todos lados, así como los símbolos de la bandera del partido en ropa y desplegada públicamente.
2. Disgusto por el reconocimiento de los Derechos Humanos.

Debido al miedo a los enemigos y a la necesidad de seguridad, el pueblo en los regímenes fascistas es persuadido que los Derechos Humanos deben ser ignorados, en algunos casos por "necesidad". El pueblo tiende a mirar de otra forma e inclusive a aprobar la tortura, ejecuciones sumáriales, asesinatos, largas encarcelaciones de prisioneros etc.
3. Identificación de los enemigos o chivos expiatorios como una causa unificada.

El pueblo es conducido a un frenesí patriótico sobre la necesidad de eliminar un peligro percibido como común en forma de enemigo, ya sean las minorías raciales, étnicas, religiosas, liberales, comunistas, socialistas, terroristas etc.
4. Supremacía de lo militar.
Aunque existan muchos problemas domésticos, a los militares se les da una cantidad desproporcionada de soporte financiero y la agenda doméstica es descuidada. Soldados y militares en servicio son vistos como glamorosos.
5. Sexismo rampante.
El gobierno de las naciones fascistas tiende a ser dominado casi en su totalidad por el sexo masculino. Bajo los regímenes fascistas tradicionales, se hace más rígida la importancia del género. La oposición al aborto es alta, así como la homofobia y las legislaciones anti gay en la política nacional.
6. Control de los medios de comunicación.
Algunas veces los medios son controlados directamente por el gobierno, en otros casos los medios son controlados indirectamente por las regulaciones gubernamentales, o por persuasión a los periodistas y censura a los ejecutivos, especialmente en tiempos de guerra.

7. Obsesión con la Seguridad Nacional.
El miedo es usado como una arma motivacional por el gobierno para controlar las masas.

8. La religión y el gobierno están entremezclados.
Los gobiernos en las naciones fascistas tienden a usar la religión predominante en el país como arma de manipulación de la opinión pública. La retórica religiosa y la terminología común es usada por los líderes del gobierno, aun cuando los jerarcas religiosos estén diametralmente opuestos a las acciones y políticas del gobierno.

9. El poder corporativo es protegido.

La aristocracia industrial y de los negocios de las naciones fascistas usualmente son quienes ponen a los líderes del gobierno en el poder, creando una beneficiosa relación empresas / gobierno con la elite de poder.
10. El poder Laboral es suprimido.
Porque las organizaciones de poder laboral son las únicas amenazas de los gobiernos fascistas, los sindicatos y asociaciones laborales son eliminados.

11. Desprecio por los intelectuales y las Artes.
Las naciones fascistas tienden a promover y tolerar una abierta hostilidad a la educación superior y la academia. No es poco común que profesores y otros académicos sean censurados e inclusive arrestados. La expresión libre del arte es atacada y los gobiernos usualmente se rehúsan a financiar las artes.
12. Obsesión con el crimen y el castigo.
Bajo los regímenes fascistas se le dan poderes casi ilimitados a las fuerzas represivas legales. La gente a menudo es obligada a hacerse la vista gorda sobre los abusos policiales e inclusive a abandonar libertades civiles en el nombre del patriotismo. Existe a menudo una fuerza policial nacional con poderes ilimitados en naciones fascistas.
13. Rampante amiguismo y corrupción.
Los regímenes fascistas casi siempre gobiernan con grupos de amigos y asociados que se posicionan unos y otros en los cargos gubernamentales y usan el poder gubernamental y la autoridad para proteger a sus amigos de la responsabilidad de rendir cuentas. No es infrecuente que en los regímenes fascistas los líderes gubernamentales se apropien en inclusive roben descaradamente los recursos y tesoros nacionales.

14. Elecciones fraudulentas.
Algunas veces las elecciones en las naciones fascistas son un verdadero fraude. Otras veces las elecciones son manipuladas por campañas difamatorias en contra de los candidatos opositores e inclusive el asesinato de los mismos. También usan las legislaciones para el control del número de votos, el control políticos distrital y la manipulación de los medios de comunicación. Las naciones fascistas también usan típicamente a sus tribunales de justicia para manipular y controlar las elecciones”.
El nazifascismo está vivo en Canadá, Estados Unidos, América Latina y Europa. Las extremas derechas ganaron las últimas elecciones en la Unión Europea. El fascismo con ayuda de Estados Unidos y de Europa se tomó el poder en Ucrania y en América Latina los fascistas, en ocasiones, colaboran con los gobiernos legalmente constituidos, de tal manera que si los pueblos y las izquierdas se descuidan o minimizan las actividades de las derechas radicales, el fascismo terminará por tomarse el poder para aniquilar todo proceso revolucionario marxista.