MÓNICA BORJA VALDIVIESO 



Rodrigo Santillán Peralbo 



Los pinceles toman vida en sus manos.
Obedecen el impulso de la sensibilidad y la ternura
y vuelan hacia sus ojos que captan instancias vitales.
Los colores vibran en los movimientos
y en la sinfonía de la naturaleza todo es fácil, todo es paz.
Surgen los cuadros y en cada creación el arte
se expresa en formas que atrapan ya sea en el Atardecer en el Manglar,
en El sueño de Fauno o en Danza Gitana.
O aparece una flor en hermosuras arrebatadas
a los jardines de la vida y más allá de todo lo imaginable
viene suavemente Dulzura Femenina o Hadas de Natura
en busca de Hojas de Otoño.
En la pincelada precisa, en el color encontrado,
Mónica Borja Valdivieso
Se piensa a sí misma
En sus sueños y en sus realidades.


ACORDES DE COLOR Y PINCELADAS EN SOL MAYOR

Jaime Rodríguez Pantoja


Se escuchan en sus cuadros sonidos únicos, briosos que abarcan fusas, corcheas y silbidos musicales en el entramado roce de sus bosques. Es la permanente intención de filosofar con las manos, llenarse de fuerza y alegría junto con sus enigmáticos palafrenes en sus propios pantanos y sus paraísos vitales.

Quien quisiera conocer al menos una parte de los sueños y las intenciones de Mónica, asunto muy complejo, son embargo vamos a aventurarnos en sus obra para decir que deja entrever en sus acrílicos, en sus acuarelas un arraigo profundo por su tierra; esa también es una forma de amarla con devoción, una liberación del color poco frecuente, sabiendo que muchas veces no lo acogemos o no lo palpamos, sintiendo al mismo tiempo que somos hijos del trópico, nos quedamos tantas veces en los colores fríos como la niebla, tal vez por la cercanía también hermosa de nuestros volcanes nevados que circundan alrededor: se nota una racionalidad en la alegría y una perplejidad ante los dones de la naturaleza que la colocan en guardia para defenderla, ausculta al mismo tiempo lo misterioso y lo intangible cuando se refunden los brotes primarios de sus manglares sobre la riada, como queriendo descubrir y replicar que esa mínima esencia de vida, nos ha permitido reflexionar el cuidado que le debemos a nuestra única y hermosa nave espacial que es nuestro mundo, el que no se acabará nunca, nosotros somos los quen terminaremos sucumbiendo ante el planeta.

Mónica Borja es artista de la textura, de la forma, del paisaje, del pincel manejado con maestría para que pinte lo que los ojos humanos ven o lo que los ojos del alma imaginan, de esas pequeñas circunstancias que solamente para el ojo de los sensibles adquiere la magnificencia de un universo a retratar y que se logra plasmar solamente cuando se ha sido bendecido por el dios de la inspiración que permite establecer un proceso de comunicación visual y conceptual con quienes tenemos la fortuna de admirar su obra.